Hola siento mucho la tardanza con ésta historia y me hacía pena dejarla, ya que era mi primer fanfic que escribí en . He tenido algo de inspiración en éstos días y esperon que me perdonen...jeje y que me dejen reviews para ver como veen mi fanfic.

Algo de inspiración no me vendría mal.

Disclaimer: Los personages pertenecen a Rumiko Takahashi.

Lirios Celestes

El grupo de Inuyasha avanzaba por el espesor del bosque. Hacía ya varias horas que no daban con un pueblo y estaban cansados.

Inuyasha encabezaba el grupo, ya que con sus sentidos bien desarrollados podía detectar los peligros con una velocidad muy rápida y Kagome, como de costumbre, viajaba a espaldas de su querido inuyoukai. Luego seguía Miroku, que iba detrás de Inuyasha, con Shippo a su espalda. Sango, en cambio, viajaba con Kirara por el cielo para ver mejor por los alrededores.

Erica saltaba de árbol en árbol por el bosque.

Estaba tan acostumbrada a él que conocía a la perfección todos los rincones y todos y cada uno de los secretos que guardaba ése antiguo bosque.

Después de que Naraku raptara a Kagome y la intentara utilizar para sus propios beneficios, no dejó rastro alguno. El Espíritu del Bosque se extrañó que no pudiera encontrar su aroma.

Uno de los problemas que había para derrotar a Naraku era el paradero de su corazón, el cual escondió en un cuerpo que desechó en el monte Hakurei.

Inuyasha: Eh, Espíritu del Bosque, ¿percibes algo?-preguntó el hanyou peli plateado quien seguía corriendo por el bosque con Kagome a sus espaldas.

Kagome: ¡No seas tan rudo!-dijo Kagome indignada.

Inuyasha: No podemos perder el tiempo. Ése desalmado ya ha causado demasiados problemas, Kagome.

Kagome: Ya lo sé. Pero ése desalmado no es ninguno de nosotros. Así que ten un poco de respeto, Inuyasha.

Erica: No te preocupes Kagome.-dije acercándome a ellos.- Naraku no se saldrá con la suya. Eso te lo aseguro.-dije más para mí que para animar a los demás. Te vengaré, hermana Kikyo.

Miroku se miró su mano con preocupación.

Miroku: Tenemos que derrotar a Naraku, también para deshacer la maldición de mi agujero negro.

Sango, quién se encontraba encima de Kirara, lo miró con dolor y pena. Miroku. Amaba a Miroku y haría cualquier cosa por él. Pero verlo de esa forma le rompía el corazón.

Si tardamos más Miroku será absorbido por su agujero negro al igual que su padre.-pensó Sango con tristeza.

Ella también tenía sus propios motivos para luchar contra Naraku.

Su hermano pequeño Kohaku fue poseído por Naraku y mató a toda la gente de su aldea e incluso a su propio padre. -Nuestro padre-pensó Sango. Y después los arqueros dispararon flechas hasta matarlo.

Ahora sólo se mantenía con vida gracias a un fragmento de la perla.

Ahora que Kikyo había desaparecido, Kagome era la única capaz de purificarla.

Inuyasha aún se encontraba herido y frustrado por no haber podido ayudar a la mujer que había amado y que había muerto otra vez a las manos de Naraku.

No puede estar muerta...-pensó para animarse.

Inuyasha tampoco quería cometer el mismo error con la dulce y alegre pelinegra que lo había acompañado a tantas aventuras.

Inuyasha también en cierta manera amaba a Kagome. Su dulce sonrisa, que le alegraba siempre los días, pero que nunca lo reconocería porque era demasiado orgulloso.

Erica se rio para sus adentros cuando vio a Inuyasha enviar ciertas miradas a la pelinegra de sus espaldas, mientras seguían su camino.

De repente Inuyasha se paró y olfateó el aire.

Erica: Qué ocurre Inuyasha?

Inuyasha: Maldito inuyoukai...-El peli plateado hanyou moteó para sus adentros, pero no fue desapercibido por el Espíritu del Bosque. -Atención chicos me parece que tendremos problemas.

Los amigos de Inuyasha y Erica se pusieron en guardia.

-Me pregunto quién será ese sujeto.-pensó el Espíritu del Bosque.

No mucho más lejos se escucharon unos sigilosos pasos acompañados de unas pequeñas risitas y pequeñas corredizas. Cada vez se podían oír de más de cerca los pasos que parecían de un niño correteando por el bosque.

Inuyasha se paró y bajó a Kagome al suelo. Se puso delante de la pelinegra tenso y cruzó sus brazos por delante de su pecho en posición desafiante enseñando también sus colmillos.

-Vaya...pues sí que de verdad quiere protegerla.-pensó Erica.-A ver si una de vez por todas ése estúpido se le declara a Kagome de una vez por todas. Ésta mujer ya ha sufrido bastante por su comportamiento con mi hermana Kikyo o sus sentimientos hacia ella. Aunque yo quiero lo mejor para mi hermana, hace tiempo que acepté su muerte. Ahora sólo quiero ayudarla a encontrar la paz que busca a pesar de qué puede que termine dañando también a Kagome.-pensó Erica con tristeza.-Los muertos y los vivos no pueden vivir en el mismo mundo. Kikyo no puede estar con Inuyasha. Si Inuyasha quiere permanecer con ella, él debe dejar éste mundo.-Erica pensó con una mirada sombría.

De entre los árboles salió correteando una niña pequeña de cabello azabache seguida de un pequeño ser verde con cara de sapo, el cual llevaba un bastón de color marrón con la forma de dos cabezas en la punta.

Rin: Vámonos Señor Jacken. Tenemos que encontrar los pequeños lirios.

Jacken: Amo Sesshomaru va a querer mi cabeza cuando se entere que nos hemos perdido.-Se quejó el sapo verde con una mirada que reflejaba miedo.

Rin: El Señor Sesshomaru es bueno, sólo tenemos que encontrar Los Lirios Celestes.

En ése momento la pequeña pelinegra se dio cuenta del grupo de Inuyasha que se encontraba en uno de los senderos que cruzaba el bosque.

Rin: ¡Señorita Kagome! ¡Orejitas! Es bueno verlos de nuevo.

-Maldita sea...Amo Sesshomaru no le va a gustar que nos encontráramos con ellos.-pensó Jacken.

Inuyasha: Oye, niña. ¿A quién demonios le llamas orejitas?-dijo Inuyasha con un humor de perros 'literalmente'. -Sesshomaru no está con ellos, aunque puedo olerle en ellos ya que han viajado mucho tiempo juntos.-pensó el peli plata justificando la esencia de su tonto hermano en la niña y el sapo.

Kagome: Inuyasha... ¡Siéntate!-Inuyasha se estrelló contra el suelo del sendero.- ¡Cómo te tengo que decir que no tienes que hablar a la gente de ésta manera y menos si es una niña!

Inuyasha: Maldita seas, mujer.-El hanyou con orejas de perro se quejó.

Kagome: Y bueno Rin. ¿Qué haces por aquí? ¿Te has perdido?

Jacken: ¿Quién te crees que eres tonta humana? No nos hemos perdido.-dijo el sapo verde con superioridad.

Rin: Sí, no encontramos el camino.-dijo Rin con una sonrisa nerviosa.

Jacken se quedó boquiabierto. -Mira que llega a ser tonta, esta pequeña. Por qué Sesshomaru le tiene especial cariño no puedo hacerle nada...-pensó el sapo verde con desquicio.

Erica observaba con atención a la niña y el sapo verde.

-¿Quién será ese Señor Sesshomaru?-pensó el Espíritu del bosque.- ¿Y por qué Inuyasha lo odia tanto? ¿Algo se me habrá escapado mientras los vigilaba durante tanto tiempo?

Las palabras de Rin la trajeron de vuelta al mundo real.

Rin: Estábamos a un campo de Lirios Blancos, cuando recordé una historia que me contó mi hermano mayor antes de irse a la guerra.-dijo la pequeña pelinegra con tristeza.

Kagome: No te preocupes Rin. Te ayudaremos.

Inuyasha: ¿A qué juegas, Kagome? ¿Recuerdas como es mi hermano? ¿Y lo que nos ha llegado a hacer?-dijo Inuyasha frustrado.

Kagome: Inuyasha. Ella no es Sesshomaru.

Rin: Sesshomaru es bueno.-dijo Rin con una sonrisa.-Él nunca me haría daño.

-Sesshomaru es el hermano de Inuyasha? ¿Será el Lord del Oeste que la gente siempre teme? ¿El Taiyoukai?-pensó el Espíritu del Bosque con asombro.

Rin: El cuento de les Lirios Celestes.

Kagome: Tenemos tiempo para escuchar tu historia, Rin.-Los miembros del grupo asintieron con sus cabezas.-Pararemos por hoy para descansar un poco.

Sin darse cuenta el sol estaba ya tan arriba que la hora de comer se hacía muy cercana.

Jacken: Yo me niego a probar vuestra comida asquerosos humanos.-dijo el demonio-sapo verde.

Rin: ¡Vamos Señor Jacken! Será muy divertido.-Rin saltó arriba y abajo por la emoción.

Jacken suspiró pero accedió a los deseos de la niña.

En ése momento los nuevos miembros se dieron cuenta de la presencia de Erica.

Rin: ¿Quién eres? ¿Cómo te llamas? ¿Eres nueva en el grupo de Orejitas?-preguntó Rin con una sonrisa.

Inuyasha envió una mirada a Erica para que no contara más de lo necesario.

Erica: Hola pequeña. Me llamo Erica y sí ahora me he unido a ellos para ayudarles con la búsqueda contra Naraku.

Rin: Encantada.-dijo Rin con una sonrisa inocente pero radiante.-Yo soy Rin.

Erica: Me alegra haberte conocido, Rin.-dijo el Espíritu del Bosque con una sonrisa amable.-Por cierto conozco un campo de Lirios Blancos por éste bosque. Puedo llevarte hacia allí para ver si es el lugar que tú buscas.

Rin: ¿De verdad?-preguntó Rin esperanzada.

Jacken: No necesitamos tu ayuda. Podemos arreglárnoslas solos.-dijo Jacken con arrogancia.

Erica: Oh, ¿en serio? ¿Y entonces como es que aún no habéis encontrado ese lugar, uh?-preguntó el Espíritu del Bosque con una sonrisa divertida.

Jacken: ¡Cómo te atreves a hablarle de ésa forma a un fiel sirviente del Lord de las tierras del Oeste! Amo Sesshomaru va a querer tu cabeza.

Erica: Entonces no será el único-dijo con una sonrisa triunfante el Espíritu del Bosque. -Humanos, hanyous y youkais...siempre son tan aburridos a veces-pensó Erica.-ojalá hubiera otro como mí.

Una vena apareció en el la frente del sapo verde por la rabia que sintió al sentir como le hablaba ésa estúpida mujer, sin embargo, lo dejó correr por aquella vez.

El grupo se sentó alrededor de una fogata donde se cocinaban los peces que Inuyasha y Kirara habían conseguido y hablaron entre ellos sobre los últimos acontecimientos.

Rin: Sólo espero que se pueda hacer justicia.-dijo la pequeña pelinegra de repente.

El Espíritu del Bosque, Sango, Miroku y Kagome se miraron a la niña con ojos como platos. Tan pequeña y tan madura a la vez para ser sólo una niña de diez años.

Erica: ¿Y bien, Rin? Querías contarnos una historia.-dijo el Espíritu del Bosque con una mirada que trasmitía curiosidad.

Rin: Bueno...los Lirios Celestes...-dijo Rin nerviosa.

Miroku: Está bien, Rin. Puedes confiar en nosotros.-dijo el monje con serenidad para ayudar a calmar a la ahora nerviosa niña.

Rin: Los Lirios Celestes son unas flores que sólo se abren en Luna Nueva y que tienen un poder de purificación más grande que las mikos. Dice la Leyenda que una criaturas las comían para enriquecer su poder purificador y así traer al mundo más criaturas de ésas.

Erica la miró con asombro. -Ella está hablando de los Espíritus del Bosque. ¿Será que si yo llego a hacerme con una de ésas flores sea capaz de despertar mi lobo interior? ¿Cómo hizo mi padre en su tiempo? Pero nunca llegué a preguntarle a mi padre Hayato cómo lo hizo, ya que no tuve la oportunidad de terminar de aprender lo que me faltaba.

Miroku: ¿Quieres decir...que si encontramos esas flores en la noche de Luna Nueva seamos capaces de usar su poder contra Naraku?

Rin: Eso creo. Nos perdimos por qué nos alejamos a buscarlas.

Jacken permanecía en silencio sin probar bocado de la comida, aunque tenía un apetito enorme.

Erica: No te preocupes te ayudaremos. Puede ser una solución para nuestros problemas.

Rin sonrió pensando que había sido de una enorme ayuda.

Kagome sonrió a la pequeña niña y dijo:

Kagome: Pero de nada nos servirá purificarle si no sabemos dónde se encuentra su corazón.

Miroku: Tenemos que encontrar la barrera que guarda su corazón y actuar lo antes posible para evitar futuros acontecimientos.

Erica: Pero no veo por qué no podemos hacer las dos cosas a la vez. Alguien puede buscar información sobre el paradero de su corazón y otros pueden buscar acerca de los Lirios Celestes. Así cuando encontremos la guarida de su corazón podremos actuar de inmediato.-El Espíritu del Bosque dejó su sabia opinión.

Sango: Buen punto. Entonces creo que está todo arreglado.

Cuando terminaron de comer el grupo acompañó a Rin y a Jacken al campo de lirios blancos dónde Rin había estado con Jacken y el Señor Sesshomaru.

-Iremos a buscar a los Lirios Celestes cueste lo que cueste.-pensó el Espíritu del Bosque.