Capítulo 8
Tres días después llegaron los Collins. Ellos eran una pareja de aspecto pomposo y ridículo, y su hijo se les parecía mucho, el paso por los mejores colegios de Estados Unidos no le había dado más que un leve barniz de educación y sus modales y forma de hablar hicieron que las Bennet se rieran disimuladamente apenas se presentó. A Lizzie le desagradó desde el instante en que cruzó el umbral. El joven entró a la casa siguiendo a sus padres y saludó a los señores Bennet muy ceremoniosamente.
—Señor y señora Bennet, me uno a mis padres en el gusto de visitarlos, me honra enormemente que hayan abierto las puertas de vuestro hogar para admitirnos en él. — Vio a las jóvenes que estaban junto a su madre. —Y a ustedes, señoritas Bennter, les puedo asegurar son las jóvenes más bellas que he visto en mi vida, me atrevería a decir, incluso, que son la viva imagen de su madre cuando era joven, aunque debo reconocer que sigue igual que en esos tiempos. — La señora Bennet se sonrojó y soltó una risita infantil, mientras las menores se rieron descaradamente en la cara de Collins.
Lizzie enarcó una ceja, intentando contener la risa, avergonzada de la conducta de sus hermanas, aunque no podía negar que la actitud de joven llamaba a la risa, por su pomposidad. Collins las miró, un tanto desconcertado, él esperaba impresionar a las guapas señoritas Bennet con su inteligencia y elevado vocabulario, pero lo único que había conseguido era que se rieran de él.
Luego de disfrutar un rico aperitivo, la señora Bennet los invitó a pasar a la mesa, donde los esperaba un delicioso roast beef con salsa de hierbas y acompañamiento de papas al horno con eneldo. Se sirvieron y se sentaron para comer. Tras un par de bocados el joven Collins no pudo contener un nuevo comentario, esta vez, acerca de la comida.
—Estas papas están deliciosas, señora Bennet. ¿A cuál de sus maravillosas hijas debo felicitar por este delicioso tubérculo?
Lizzie no pudo evitar poner los ojos en blanco, ¿cómo se las arreglaba ese tipo para ser tan desagradable? Cada vez que había abierto la boca, había hecho algún comentario estúpido y pomposo. Y no parecía tener sentido del humor… Definitivamente era una de las personas que Lizzie no podía soportar.
La señora Bennet lo miró, ciertamente indignada. Uno de sus mayores orgullos era poder mantener su casa con todas las comodidades existentes, y se sentía extremadamente ofendida cuando alguien osaba poner en duda que tuviera la posibilidad de tener las mismas comodidades que la gente rica.
—William, en esta casa somos perfectamente capaces de tener un cocinero. Mis hijas no tienen por qué cocinar.
—Ni sabemos hacerlo. — susurró Lizzie a Jane, que reprimió una risita, que llamó la atención de Collins al otro lado de la mesa. Jane volvió a sentarse erguida y le dirigió una sonrisa al joven, él le devolvió una mueca, que parecía intentar ser una sonrisa, y volvió su atención a su plato.
—William, ¿Qué diferencias notas entre los sistemas escolares de Estados Unidos e Inglaterra? — Le preguntó el señor Bennet. Collins empezó a explicarle las diferencias, mientras que las hijas de sus anfitriones se desconectaron de la conversación, perdiéndose en sus respectivos pensamientos.
Después de la comida, volvieron al comedor, donde la señora Bennet empezó a servir café a sus amigos. El joven Collins, recuperado de la reacción de sus anfitrionas ante sus comentarios anteriores, se arriesgó a decir otra cosa.
—Señora Bennet, permítame decirle que tiene unas hijas verdaderamente encantadoras, además de guapas, son muy inteligentes y amables. Nunca había conocido chicas tan elegantes y bien vestidas…— Lizzie bufó exasperada, y lo interrumpió, aburrida de los comentarios idiotas del joven.
—Qué amable cumplido…— el tono sarcástico de la joven no pasó desapercibido para su madre, que empezó a prestar oído a la conversación de su hija con el joven Collins.
—Es un cumplido delicado, como sé que les gusta recibir a las chicas. — Contestó él, sin acusar recibo de la impertinencia de la chica. Lizzie sonrió con malicia.
—Y esos… cumplidos… ¿Son improvisados o los has pensado desde antes? — siguió la joven, sin cambiar en lo más mínimo el tono sarcástico.
—Normalmente los improviso, pero en mis ratos libres suelo entretenerme inventando nuevos, para luego decirlos con un aire espontaneo y…
—Créeme, nadie se daría cuenta de que son ensayados. — sonrió Lizzie, mordazmente. Jane, que estaba junto a ella, disimuló una carcajada en un ataque de tos.
— ¡Lizzie! ¡Ven aquí un segundo! — La llamó su madre, indignada por la insolencia de su hija hacia un invitado. — No seas tan mal aprendida, me consta que te hemos educado mejor que eso. — susurró en el oído de su hija.
—Como tú digas mamá… — asintió la chica, con una mueca. —De todas formas, tengo que ir a dormir. Buenas noches. — dijo en voz alta, como en general y subió a su dormitorio. Un rato más tarde la siguieron sus hermanas, que estaban cansadas. Un rato más tarde se escucharon los pasos de William dirigiéndose a su pieza al fondo del pasillo. En el living quedaban los señores Bennet, acompañados por los señores Collins. La señora Collins se acercó a su amiga.
— ¿Te imaginas querida si una de tus hijas saliera con mi William? — La señora Collins tenía una sonrisa estúpida en la cara. La señora Bennet se acercó más a ella, para poder discutir en privado.
—Sería increíble. ¿Tienes a alguna en mente? — William Collins era un muchacho como los que le gustaban; elegantes, inteligentes y bien educados. A diferencia de sus hijas, ella había pasado por alto los modales ridículos y pomposos del joven.
—A la mayor, Jane… es una chica perfecta.
—Agnes, querida, Jane ya tiene novio… bueno, casi. Pero Lizzie es tan buena opción como ella. Es casi tan guapa como Jane y es muy inteligente. — Claramente, la señora Bennet había pasado por alto la actitud de Lizzie hacia el joven Collins.
—Bueno, Lizzie será. Nos divertiremos mucho juntándolos, como cuando estábamos en el colegio y le conseguíamos novios a todas nuestras amigas…— se rió la señora Collins. La señora Bennet asintió y cogió otra galleta de la bandeja.
Darcy estaba en el balcón de la terraza de Netherfields, pensando. Cuando necesitaba pensar solía buscar un lugar tranquilo y solitario. No le acomodaba el ruido que le ofrecía el mundo. En esos momentos la imagen que aparecía en su mente era la de Lizzie. Últimamente no podía evitarlo, ella parecía aparecerse en su mente cada vez que él bajaba la guardia. Y lo peor, era que él tenía muy claro que ella estaba prohibida para él. "Mierda", suspiró, y se apoyó con los codos en la baranda del balcón, mirando al infinito. No era buena idea seguir pensando en ella, si tenía algo de autorrespeto o de respeto por su familia, debía eliminarla por completo de sus pensamientos. Sí, era guapa, e inteligente, pero no podía ser. Las condiciones de sus familias no lo permitían, y si no se equivocaba, ella parecía odiarlo. Y en cambio, siempre estaba con ese idiota de Wickham. Apretó los labios y empuñó las manos, como lo hacía siempre que pensaba en él. Ese idiota era una de las miles de razones que hacían que Lizzie fuera una tentación prohibida para él mismo. Relajó la mandíbula y soltó las manos, Wickham no valía la pena, el muy desgraciado. Pero, maldito sea, tenía una suerte jodidamente buena. Lo maldijo de nuevo para sus adentros, ojalá pudiera vengarse de ese desgraciado y hacerlo pagar por todo lo que le había hecho. Sintió pasos a su espalda, se incorporó y se dio vuelta, para encontrarse con que Caroline estaba ahí.
—Fitzwilliam, que curioso que estés aquí. — dijo, acodándose en la baranda junto a él, Darcy se apartó unos centímetros, instintivamente.
— ¿Por qué sería curioso encontrarme aquí? — Le replicó, lo más secamente que pudo, esperando que la chica entendiera la indirecta y lo dejara en paz.
—No sé, es uno de mis lugares favoritos de la casa. — contestó la chica, coqueta. Se acercó un poco más al muchacho, haciendo que su brazo rozara al del joven. Darcy se apartó, incómodo. —Y parece que también el tuyo.
—Eh… si…— masculló el muchacho. La joven no parecía advertir la incomodidad de su compañero y siguió hablando.
—Es un lugar precioso. ¿No te parece? — el joven no contestó. —Y… ¿Podría saber qué te trae aquí?
—Nada en especial, solo necesitaba un lugar calmado y solitario, para pensar… — Darcy frunció el ceño, enfatizando la palabra "solitario".
La chica ignoró la indirecta y lo interrumpió descaradamente.
—No me digas que los ojos de Lizzie Bennet siguen ocupando tu mente. Pensaba mejor de ti, estaba segura de que a estas alturas ya te habrías dado cuenta de que ella no vale la pena, no está a nuestra altura y es obvio que tú te mereces a alguien mucho mejor que ella…
—Pensé que estábamos en el siglo XXI, Caroline, y estaba seguro de que ya habíamos superado ese tipo de idioteces…— masculló Darcy entre dientes.
—Y yo pensaba que tú sabrías mucho mejor que yo que esas estupideces no son cosa del pasado. Claro que podemos elegir, pero dentro de nuestro círculo. Ella no pertenece a él, no es elegante, ni su familia es la más adecuada. Ella no es como nosotros. No sé que le ves.
"Yo tampoco", pensó Darcy, sin intenciones de seguir con la conversación. Caroline apretó los labios; Darcy siempre era desagradable con ella, a pesar de que ella fuera mucho mejor partido que esa mal vestida de Lizzie Bennet. Pero lo mejor que podía hacer, era provocar que Darcy se diera cuenta de que ella era un partido más lógico que cualquier mocosa de pueblo.
—…En fin, Darcy, espero que pienses bien en lo que vas a hacer, tienes muchas opciones mucho mejores que ella. — dijo Caroline, entrando de nuevo a la casa. Darcy frunció el ceño mientras ella se alejaba de él, sacudiendo exageradamente las caderas mientras caminaba. Esa era una chica realmente estúpida.
Darcy maldijo por lo bajo. Pero a su pesar, Caroline tenía toda la razón, Lizzie estaba fuera de su alcance. Por mucho que estuviera en el siglo XXI, las cosas no habían cambiado tanto; Darcy venía de un mundo en que las familias estaban relacionadas desde hacía siglos, y no se relacionaban con gente que no fuera como ellos. Envidiaba un poco a Lizzie por eso, por la libertada que tenía la chica para hacer lo que quisiera, sin que siglos de antepasados se revolcaran en su tumba, o tíos aristócratas arrugaran la nariz. Lizzie era libre, mientras que Darcy se sentía como si estuviera encerrado en una jaula.
Sacudiendo esos pensamientos, entró en la casa y subió al segundo piso, donde estaba su dormitorio. Caroline estaba en su pieza, escuchando a algún estúpido cantante pop con la puerta abierta. Darcy puso los ojos en blanco al escuchar la estúpida melodía. Pasó ante el dormitorio de Bingley antes de entrar al suyo, y por la puerta entreabierta escuchó los ronquidos acompasados del joven. Se sonrió ante la despreocupación de su amigo, que se las arreglaba para dormir pasara lo que pasara a su alrededor, incluida la horrible música pop que escuchaba su hermana en esos momentos. Se pudo imaginar perfectamente a su amigo durmiendo boca abajo, con una de sus piernas saliendo de entre las sábanas y la almohada tirada en el suelo. Eso era típico de Bingley, dormía como podía y le daba lo mismo.
Darcy entró a su dormitorio y cerró firmemente la puerta a sus espaldas, ahogando el sonido de la música de Caroline. Se tiró de espaldas sobre su cama, aún con la cabeza embotada por los comentarios e Caroline y la imagen de Lizzie. A pesar de lo tonta que era, Caroline tenía la razón acerca de Lizzie, y seguramente él era más estúpido por saber que Lizzie Bennet no era para él, y no poder olvidarse de ella. "Mierda", pensó, "no puedo quitármela de la mente, pero debo hacerlo… tengo que hacerlo… si no, voy a volverme loco. Además esto no es justo con Anne…" Su mente divagó por un buen rato, entre esas ideas, hasta que sin darse cuenta, se quedó dormido.
¡Ojalá que les haya gustado! Espero sus comentarios, críticas (constructivas) y todo lo que se les ocurra.
