No dejéis de leer mi otra historia: La peor cita del mundo que actualizo cada semana y deseo que os encante también.

Disclaimer: El mundo de Harry Potter perteneces a la maravillosa J.K Rowling.


Capítulo 8: La Orden de Merlín

Hermione respiró tranquila una vez se sintió protegida en la seguridad de su despacho. Llevaba evitando a Malfoy demasiados días para que un fortuito cruce de miradas lograra alterarla de esa manera.

Es la magia de Morgana la que corría por sus venas y la causante de su ebullición hormonal, además de esa sensación de vértigo alojado en su pecho cuando sentía que Draco estaba cerca de ella. Podía verlo a una distancia considerable, sentía sus pupilas contraerse para focalizarlo a lo lejos y así emprender su huida antes de que él reparara en su presencia. Incluso podía olerlo, su sentido del olfato estaba constantemente alerta en relación al slytherin nublando su buen juicio cuando ese aroma mentolado penetraba en sus fosas nasales.

Era extasiante estar cerca de él pues todos sus instintos la empujaban a agarrarlo por el cuello y besarlo con urgente necesidad como un adicto deseando la más fuerte de las drogas.

Debía controlarse por su propio bien, Malfoy no era un hombre para ella. No podía cometer los mismos pasos en falso que Morgana y enamorarse de un slytherin que nunca corresponderá a su corazón. Ella tampoco se enamorará de él, lo sabía, se lo había jurado a ella misma durante cinco años. Lo que ocurrió en el pasado fue algo que hizo siendo una gryffindor, una bruja de 21 años en plena guerra que confundió sus sentimientos tan sólo un instante.

Ahora ella es una Morgan. No hay confusiones.

Dejó los pergaminos y la pluma sobre el escritorio y se dispuso a recoger el resto de documentos y libros que tenía que llevarse a casa para adelantar trabajo cuando sintió que la puerta tras ella se abría. Se tensó inmediatamente porque el único que se atrevía a entrar sin llamar antes era Malfoy pero un repentino aroma a mar hizo que su corazón se acelerara súbitamente. Sus pupilas se dilataron y un ligero temblor de manos le hizo soltar el libro que sostenía cayendo contra el suelo con un ruido sordo.

- Ya sabes lo que dicen, si no puedes con el enemigo únete a él- Dijo con su masculina voz- He tenido que cruzar el Atlántico al estilo muggle y te aseguro que no me he mareado más en mi vida subido en ese barco.

Hermione sonrió al darse la vuelta y ver al hombre que se encontraba apoyado sobre el marco de esta con aire despreocupado. Seguía exactamente igual que hace un año, tan alto y desgarbado, con pelo oscuro despeinado y la sombra de una incipiente barba que cubría su mentón. Su piel tan bronceada como consecuencia de horas y horas tomando el sol en la playa y practicando surf. Odiaba vestir como un mago si no era estrictamente necesario, por eso no se extrañó ver que llevaba unas pantalones desgastados que marcaban los músculos de sus piernas, con una camiseta gris y una camisa a cuadros roja y negra. Pero fueron sus ojos ambarinos los que terminaron por atraparla, parecidos a los de un feroz tigre de Bengala examinando a su presa detalladamente, hace tiempo podía sentirse muy intimidada pero cuando su boca se torció con esa sonrisa tan petulante supo que nada había cambiado en el tiempo que llevaban separados.

Aunque fueran enemigos declarados.

- ¡Alex!, ¿qué estás haciendo aquí? - Preguntó emocionada corriendo hacia él para abrazarlo- ¿Has venido en barco?, ¿por que no usaste un traslador?

- No me dieron permiso para venir a Londres hasta dentro de tres semanas. Quería sorprenderte ya.

- Los has conseguido desde luego- Dijo rompiendo el abrazo y alejándose un poco de él- ¿Has venido de visita?

- Tengo que reunirme con vuestro Ministro de Magia a finales de mes, pero ya que estoy aquí veré si puedo adelantar la cita.

- ¿Ocurre algo grave?, ¿qué puede querer la Embajada americana de nuestro Primer Ministro?

- Te lo contaré mientras damos un paseo- Negoció guiñándole un ojo.

- ¿Quieres hacer turismo por la ciudad mientras tanto?- Preguntó ilusionada.

- Es lo menos que puedes hacer después de que yo hiciera lo mismo en Nueva Orleans- Dijo colocándole un rizo tras la oreja.


Nueva Orleans, 2 años atrás.

Hacía un calor espantoso y con una humedad tan pegajosa que varios de sus rizos terminaban pegándosele a su cuello húmedo de sudor y a la frente. La primavera en esta ciudad es igual que recibir al verano en su más alto apogeo. El uniforme de las Morgan tampoco ayudaba a sentirse más fresquita, la blusa blanca se le pegaba a la espalda y la falda negra que le llegaba por encima de las rodillas le rozaba la cintura con el sudor. Menos mal que se había quitado las medias y mostraba sus bien torneadas piernas pálidas y largas. Sus zapatos negros con un poco de tacón se le antojaron incómodos al caminar por un suelo de asfalto que ardía. Deseaba con toda su alma un vestido de verano con vuelo y una sandalias.

De haber sabido que pasaría por este tormento soleado se habría cambiado antes de salir, pero llevaba meses prácticamente encerrada en la residencia de las brujas Morgan estudiando para sus exámenes finales del Tercer año académico. Tras cuatro horas de examen, con unas notas que esperaba que fueran excelentes, salió corriendo para visitar la playa que apenas conocía por encontrarse demasiado lejos. La residencia está escondida en la Reserva Natural Jean Lafitte y protegida con hechizos de ocultación.

No podía aparecerse como si nada, así que andar fue la mejor y única elección porque volar en escoba no entraba en sus contemplaciones.

Llegó a la costa y la brisa del mar meció sus cabellos castaños. Respiró profundamente el olor al mar y la arena caliente. No había mucha gente, tan solo un grupo de adolescentes escuchando música mientras tomaba el sol, una familia que asaban comida en una barbacoa y bebía refrescos de la nevera protegida por la sombra de la sombrilla y tres o cuatro parejas que paseaban por la orilla de la mano.

No había llegado hasta ahí para limitarse a observar. Se quitó los zapatos y los sujetó con una mano, hundió sus pies en la arena blanca y caminó por ella hasta llegar a la orilla del mar y una pequeña ola impactó contra sus tobillos y un escalofrío le recorrió el cuerpo, el agua estaba muy fría en comparación con la temperatura que reinaba.

Comenzó a pasear sin dejar de observar agua tan azul que se extendía hacia ella y se sumergió en sus pensamientos. Siempre que atesoraba un buen recuerdo que la hacía feliz recordaba a sus amigos. Miró al grupo de amigos que conversaban animadamente y se reían a carcajadas cuando uno de ellos comenzó a hacer la coreografía de algún baile al son de la música.

Desearía que Harry y Ron estuvieran con ella, tomar el sol con Ginny y Luna para broncear sus fantasmales cuerpos, incluso que Theo, Blaise y Pansy estuvieran con ellos, seguramente convenciéndolos de beber alguna botella de whisky de fuego aunque estuviera prohibido beber fuera de los bares.

Y Draco… también le gustaría que él estuviera allí y quizás pasear por la playa como esa pareja que iba unos metros por delante de ella, tan acaramelados dándose besos robados con el ir y venir de las olas.

Seguramente ellos no habrían ido así, mas bien cerca, el uno del otro discutiendo por alguna tontería como siempre, provocándose y midiéndose para ver quien ganaba esa guerra de palabras. Sus manos se rozarían de vez en cuando sin llegar a unirse por completo y cuando se hubieran alejado de sus amigos, tal vez escondidos en alguna cala de la playa, él se habría abalanzado sobre ella para besarla y quien sabe que más… Bueno, sí que lo sabía y rememorar un encuentro sexual con él hizo que se le secara la garganta.

No le dio tiempo a pensar más porque cuatro patas negras se abalanzaron sobre ella con una fuerza desorbitada hasta tirarla contra la arena justo en el momento en que una ola llegaba hasta ella y la cubrió por completo. El agua estaba tan helada que se le cortó la respiración y boqueó como un pez mientras tiritaba de frío. Una lengua larga y pegajosa le lamió desde la barbilla hasta la frente y dos patas delanteras estaban encima de ella como sujetándola para que no se moviera.

- ¡Max, maldita sea!, ¡déjala chico!.

Un chico alto y moreno apartó al enorme can negro que babeaba encima de ella y le tendió una mano para ayudarla a levantarse. Pero en el momento en que lo hizo una fuerte corriente eléctrica les atravesó a ambos y se soltaron brúscamente como si la sensación les hubiera provocado dolor.

Hermione sintió como sus pupilas se dilataron ante el chico que la miraba de arriba abajo con la sombra de la precaución en su rostro. Entonces una pícara y traviesa sonrisa se dibujó en su boca.

- Disculpa a mi perro, en realidad es adorable y está claro que no ha podido resistirse a tus encantos.

- No te preocupes, sólo estoy empapada hasta los huesos, por lo demás sigo viva- Dijo irónicamente sonriendo tímida mientras se quitaba la arena pegada a su uniforme.

- Bueno, seguro que puedes arreglarlo en seguida- Susurró de repente- con un movimiento de varita.

Hermione lo miró boquiabierta y él alzó una ceja arrogante ante su asombro. Miró a ambos lados para asegurarse que nadie les prestaba atención y sacó su varita del bolsillo trasero de su pantalón mientras realizaba un sutil movimiento en dirección a ella. De repente, estaba seca y sus rizos ordenados en una cascada de bucles sobre su espalda.

- ¡Pero cómo se te ocurre hacer magia aquí!- exclamó Hermione asombrada por estar ante un mago y encima descarado- ¡Podría habernos visto alguien!

- Nadie miraba hacia nosotros- Dijo encogiéndose de hombros- es mi forma de disculparme y de presentarme ante una bruja Morgan.

De nuevo, la mandíbula de Hermione se desencajó y el chico se rió ante su asombro, cosa qu empezó a molestarla.

- ¿Cómo sabes que soy una bruja?- Preguntó alterada.

- No una bruja cualquiera, eres una de las Morgan- Respondió encogiéndose de hombros- Lo sé por dos razones; tu uniforme con el eslogan de tu aquelarre grabado en tu camisa y por el calambre que me has dado.

Hermione se miró la M morada que adornaba su blusa y volvió a posar sus ojos castaños sobre los ambarinos del chico con desconfianza.

- ¿Qué mago eres tú?- Preguntó cruzándose de brazos.

- Pensé que resultaría evidente, bruja- Dijo sujetando a su perro que hacía verdaderos intentos por volver a saltar sobre ella, agarró un palo que encontró en la arena y lo lanzó lejos para que fuera a buscarlo- Digamos que somos enemigos naturales.

- No puede ser… - Abrió los ojos desmesuradamente- ¿Perteneces a la Orden de Merlín?.

- Efectivamente, así es.

Instintivamente, Hermione dio un paso hacia atrás. Los magos de Merlín eran exactamente igual que ella, elegidos por una combinación astronómica al azar aunque ellos sí que eran sangre pura y no nacidos de muggle como las Morgan. Sin embargo, ambos aquelarres tenían prohibido tener contacto entre ellos bajo ningún motivo. Cordelia se lo había dejado muy claro desde el primer día de instrucción en su nueva vida;

- Desde ahora en adelante debes tener mucho cuidado a quien abres tu corazón, Hermione. Sabes el peligro al que te expones y expones si no es un amor recíproco entre ambos. Pero ten esto muy presente- Dijo endureciendo sus palabras- Bajo ningún motivo, debes acercarte a un Slytherin o un Mago de Merlín porque la atracción será insostenible entre vosotros y nunca podréis acabar juntos. La maldición de Morgana prohíbe esta unión que únicamente os traerá la desgracia y seguramente, la muerte.

Hemione sabía que era la magia la que le hacía sentirse atraída por ese mago desconocido pero por alguna razón sus pies se negaron a alejarse de él.

- Me llamo Alexander Graham, pero así le dicen a mi abuelo. Puedes llamarme Alex- Dijo sacándola de su ensimismamiento.

- Encantada… Alex, me llamo Hermione- Respondió insegura, como quien es consciente de que está haciendo algo malo y sin embargo no hace nada por evitarlo- No sabía que la Orden de Merlín tuviera su Sede en Nueva Orleans.

- Y no la tiene, está en Nueva York al igual que el Colegio Ilvermorny donde estudié magia hasta los 17 años. Llevo tres años como Mago Merlín- Volvió a lanzar el palo que Max le había traído de vuelta.

- Igual que yo. Yo estudié en Hogwarts, está en Escocia aunque soy británica y el Ministerio de Magia está en Londres.

- Ah si, vuestro director Albus Dumblendore es una leyenda en Ilvermorny. Nos dios varias conferencias cuando estudiaba de adolescente allí.

Hermione sonrió al recordar a su viejo y querido director y sintió orgullo cuando Alex lo reverenció.

- ¿Y qué haces aquí?, ¿estás de vacaciones?- Preguntó curiosa.

- Mi familia vive aquí, estoy de visita durante las vacaciones de primavera. No pensé en encontrarme con una Morgan tan fácilmente.

- Si… y eso me recuerda que no deberíamos tener esta conversación.

- ¿Por qué no?, ¿te doy miedo, brujita?- Preguntó burlonamente aunque sin maldad.

- No me asustas, mago engreído- Respondió sonriendo de medio lado- Tú sabes por qué. Es peligroso que estemos cerca.

- No pienso seducirte y romperte el corazón, Hermione.

No pudo evitar ruborizarse por las confianzas del moreno al llamarla por su nombre.

- No podrías aunque tu vida dependiera de ello, Graham- Sentenció entrecerrando los ojos.

- ¡Ah, vaya con los ingleses, hablarnos por el apellido no es la mejor forma de romper el hielo!- Rió entre dientes de forma encantadora.

- No hay hielo que romper, tu perro me ha atacado y empapado, no estamos en las mismas condiciones de mantener una conversación civilizada entre iguales.

- ¿Por la dosis de humillación que has recibido?

- Exactamente- Rió Hermione encantada.

- Eso se puede arreglar.

Dio la vuelta sobre sus talones por donde arrastraba unos pantalones blancos, desgatasdos y rotos por las rodillas llenándolos de arena, se quitó su camisa azul marino y se quedólamente con la gris que llevaba debajo y ante la mirada atónita de Hermione se metió en el mar hasta donde cubría.

De verdad pensó que se había vuelto completamente loco y enrojeció de vergüenza ajena cuando el grupo de amigos cerca de ella y la familia que disfrutaba de su picnic, rompieron a reir ante semejante espectáculo.

Alex, no contento con ello, comenzó a nadar haciendo unos largos en círculo y Hermione no pudo más que reírse de la situación.

Empapado y con la mirada resplandeciente, saludó a todos los presentes que le aplaudieron y vitorearon por su osadía hasta acercarse a ella. Hermione, recorrió con la mirada la camiseta gris que se pegaba a su torso y supo perfectamente que debía estar esculpido por Miguel ángel.

- Ya estamos en paz, Hermione. Te toca a ti secarme.

- ¡Estoy de acuerdo!- Sonrió ligeramente ruborizada- Pero salgamos de la playa que ahora eres el centro de atención de todos.

Con un silbido, Alex llamó a Max que corrió al encuentro de su amo moviendo la cola y con la lengua de fuera muy contento.

- Durante mi baño, he decidido establecer una alianza con mi querida enemiga. Vamos a ser amigos.

- No podemos ser amigos sólo porque hayas decidido eso, mi opinión también cuenta- Negó Hermione poniéndose los zapatos de nuevo en el paseo marítimo- Además, la amistad no surge así como así. Y menos entre nosotros.

- Lo siento, Hermione, ya he tomado la decisión y es tarde para echarse atrás.


Londres, Ministerio de Magia. Presente.

- Me arrastraste de bar en bar ese día, Alex. Por poco de no expulsan de las Morgan.- Le reprochó con nostalgia.

- Ya te he dicho muchas veces que debes desmelenarte- Dijo acariciando su coronilla con cariño- Te ha crecido el pelo, por cierto, estás preciosa.

- Y tú te lo has cortado, también te queda bien- Le devolvió el cumplido.

Alex volvió a abrazarla y ella le rodeó el cuello con los brazos.

Entonces, el sonido de la puerta volviendo a abrirse hizo que se girara brúscamente y vio a Malfoy con el semblante duro, inmóvil y los ojos petrificados en acero en dirección a ella. Alex se giró hacia el hombre que los miraba con claros instintos homicidas. Alto y rubio, elegante y sofisticado como recién salido de una revista de modelos masculinos. Era la versión más opuesta a él que había conocido en su vida. Supo que no se llevarían bien.

- Veo que interrumpo un reencuentro enternecedor- Dijo acércándose hacia ellos lentamente sin apartar los ojos de la bruja- Granger, ¿no vas a presentarnos?

Antes de que ella dijera nada, el moreno la soltó y casi se interpuso en el camino del rubio en su afán de acercarse a ella. Eran de la misma altura y sus ojos fuego chocaron contra los helados plateados del rubio.

- Soy Alexander Graham, el amigo de Hermione- Dijo tendiéndole la mano con el rostro serio.

- Y yo Draco Malfoy- Dijo agarrando su mano con su diestra y apretándolo con sus fríos dedos- el otro amigo, de Granger- Respondió haciendo énfasis en la palabra amigo.

Hermione soltó el aire entre sus dientes despacio sin darse cuenta que lo había estado reteniendo desde que el slytherin había cruzado el umbral de su puerta. Los miró a ambos sintiéndose tremendamente pequeña en comparación con ellos y vio en sus miradas que la enemistad estaba servida y dispuesta para la acción.

Si Morgana, Salazar y Merlín levantaran la cabeza de sus tumbas apostarían por la Tercera Guerra Mundial Mágica.

Continuará...


Hola mis queridas Dramionas, como véis estoy tratando de actualizar sin dejar demasiado tiempo y es que vuestros reviews me animan mucho.

Con este capítulo trato de explicar un poco mejor la irremediable y tremenda atracción que pueden sentir los protagonistas y las fatales consecuencias de ello.

¿Qué os parece Alex?, ¿está a la altura de Draco?.

Quiero agradecer a:

Artipinck94: Gracias por ser tan leal a la historia y por dejar siempre algún comentario tan divertido con tus hipótesis e ideas sobre qué puede ocurrir a continuación. De verdad que lo valoro mucho y espero seguir leyéndote mucho tiempo. Un cariñoso abrazo!

Pichonsito23: Gracias por tus reviews que espero con gran ilusión y por mantenerte tan al día con esta historia. Espero haberte aclarado más dudas y me muero de ganas por conocer tu opinión. Un cariñoso abrazo!

Veronika-BlackHeart: Me alegro mucho que te guste esta historia y que quieras seguir leyendo más. Espero que hayas disfrutado el capítulo. Muchas gracias y un cariñoso abrazo.

¡Nos leemos dramionas!