Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
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¡Hola a todos! Bueno acá estoy de nuevo subiendo el capítulo 8 de "Seis viernes de luna". No saben como me emocioné cuando ví tantos reviews y leí sus comentarios. Gracias y por favor sigan haciéndome saber que piensan. También gracias por tomarse la molestia de leer mi humilde historia ¡Mil gracias a todos! Bueno acá los dejo con este capítulo que a mi me gustó mucho, hasta el título me pareció tierno :) Obvio es mi opinión, espero saber la suya. Gracias. Que lo disfruten. ¡Saludos y besitos!
Seis viernes de luna
VIII
"Dos cuidados y un te quiero"
El grupo de amigos salió finalmente del lugar. A decir verdad el incidente con Ino había destruido por completo el ambiente festivo y ahora todos estaban deseosos de llegar a la comodidad de sus hogares. A algunos ya los había invadido el sueño y otros solamente querían llegar a algún lugar apacible y tranquilo, comer algo caliente quizá o sencillamente descansar. Aunque aún era bastante temprano.
—¿Vamos a comer ramen? —sugirió Naruto emocionado. Todos lo miraron con el seño fruncido—. ¿Qué?
—Naruto ¿Eres idiota o qué? A estas horas Ichiraku ya está cerrado —respondió la pelirrosa perdiendo la paciencia. El muchacho se decepcionó.
—Tienes razón…
—Además yo mañana tengo una misión —explicó Kiba contemplando la plateada luna sobre ellos.
—¿Misión? —preguntó algo envidioso Naruto—. Últimamente Kakashi-sensei no nos ha dado ninguna misión a nosotros.
—Nosotros también —comentó Ino refiriéndose a ella y a Chouji, Shikamaru se giró a verla—. Debemos deshacernos de unos bandidos que están robándole el ganado a una pequeña granja ubicada no muy lejos de Konoha —Chouji asintió—. En verdad estoy muy feliz de hacer esta misión, hace mucho que no teníamos una juntos ¿No es así Chouji?
—Es verdad —admitió el muchacho también alegre por tener que hacer equipo una vez más con su amiga. Shikamaru se sintió excluido e Ino lo notó.
—Obviamente que a ti no te enviarían a una misión tan tonta Shika, siendo rango Jounin la aldea quiere guardarte para asuntos más importantes —el chico asintió ante el cumplido de su amiga pero aún no se sentía satisfecho y la mejilla inflamada aún le cosquilleaba por el golpe recibido.
—Yo tengo que ayudar temprano en el hospital mañana —comentó orgullosa Sakura.
—¡¿Todos tienen misiones menos Shikamaru y yo?! —exclamó molesto el rubio—. Entonces entrenaré con Sai y Sasuke —bufó molesto. Inmediatamente al oír aquel nombre la pelirrosa se giró hacia él, el rubio esbozó una sonrisa de complicidad.
—En verdad hacer misiones es muy problemático —exclamó el moreno bostezando larga y tendidamente. Todos los presentes lo miraron indignados, en verdad el muchacho era perezoso.
Finalmente tras recorrer un amplio sector de la aldea algunos fueron dispersándose a medida que iban llegando a sus destinos. Pronto quedaban sólo Ino, Shikamaru, Chouji y Sakura. Ahora se encontraban frente a la residencia de los Nara.
—Sakura —exclamó Ino dirigiéndose a la pelirrosa—. No te olvides de decirles a mis padres que me quedaré en tu casa. Chouji la miró extrañado.
—Pero si te quedarás acá Ino —exclamó lo obvio—. Además ya te has quedado en lo de Shikamaru otras veces y tus padres no te han reprochado nada —la muchacha negó con la cabeza—.
—Sí, pero todas las veces los papás de Shika estaban. Si mi papá sabe que estamos solos no le gustará nada —el chico quiso decir algo pero la rubia lo atajó—. Por más que seamos solamente amigos, Chouji —la muchacha rió—. Sabes que mi papá es celoso.
—Oh, aún así me parece tonto. Y si se enteran se enfadarán más contigo por haberles mentido que por quedarte aquí.
—No tienen porque saberlo —comentó seria. Luego se giró hacia su amigo que permanecía apoyado contra la pared, de brazos cruzados y alegre le dijo— Vamos Shika, hay que curarte esa herida de ahí.
—¡Qué problemática Ino! Ya te dije que no es nada —murmuró receloso él.
—¡Nada de eso! Vamos —y tomándolo por la muñeca lo jaló hacia el interior de la casa. Segundos antes de entrar se despidió de sus amigos y luego cerró la puerta.
—Ino deja de arrastrarme ¿Quieres? —pero ella lo ignoró.
—Shikamaru ¿Donde están las cosas para curarte?
—En el baño, pero te dije que… —simplemente la rubia seguía jalándolo de la mano hacia donde quería.
Tras subir dificultosamente las escaleras, debido al agarre de la muchacha, llegaron al tan familiar pasillo de la segunda planta de la casa de él. Ino conocía perfectamente el camino así que ignoró las dos primeras puertas (la habitación de los padres de Shikamaru y un pequeño cuarto tipo biblioteca) y fue directo hacia la tercera, la más próxima al cuarto del muchacho.
—Siéntate —le indicó al moreno señalando el escusado, cuya tapa se encontraba baja. Él simplemente obedeció, no tenía intenciones de llevarle la contra.
Abrió una pequeña puerta junto al espejo y empezó a revolver con prisa entre los cuatro estantes en busca del botiquín. Finalmente lo encontró, una pequeña caja de color blanco, y lo sacó para poder utilizarlo mejor. Shikamaru bufó cansino contemplando el desorden que su amiga había hecho tras la búsqueda.
—Mi madre me gritará hasta dejarme sordo cuando vea eso —murmuró señalando los estantes detrás de la muchacha, Ino se giró a ver.
—¡Lo siento! —exclamó avergonzada por su conducta y rápidamente empezó a poner todo en su lugar.
—Ino, Ino está bien —repuso intentando hacer que la muchacha apartara su atención del desorden. Cuando terminó de ubicar todas las cosas en sus respectivos estantes se giró nuevamente hacia él. Tomó la cajita entre sus manos y se agachó frente a su amigo.
—Gracias —susurró y esbozó una sincera sonrisa. Shikamaru en respuesta le sonrió, era la primera vez en tres viernes consecutivos que la muchacha se dignaba siquiera a agradecerle alguno de sus cuidados—Por defenderme, fue muy bonito de tu parte —luego rió—. Nunca me hubiera imaginado que eras del tipo de los que se pelea en un bar.
—No lo soy así que no te acostumbres —bufó molesto. Ella simplemente volvió a sonreír y empezó a revolver entre el contenido de la pequeña caja blanca. Finalmente encontró lo que necesitaba; algodón, alcohol, una compresa de agua fría y una bandita.
—Ven —le indicó con la mano que acercara su rostro, él lo hizo y con suavidad empezó a limpiar la herida. De pronto el alcohol empezó a filtrarse por el corte y la mejilla le empezó a arder.
—¡Ouch! —exclamó retirando el rostro. Ella lo miró indignada.
—¡Shikamaru no seas exagerado! Es sólo un poquito de alcohol para desinfectar tu herida —le reprochó.
—Duele —agregó él de forma infantil.
—Pareces un niñito —se burló ella y el moreno se enfadó—. Bien, bien lo siento mucho —e inclinándose suavemente sobre él posó un sonoro y fugaz beso sobre la mejilla dañada. Shikamaru no pudo evitar sonrojarse—. ¿Así esta mejor?
—Eso creo… —respondió él aún ausente sintiendo un débil cosquilleo agitarse en su estómago por el insignificante gesto de la rubia. Una vez más, lo ignoró.
Dejando aparte el algodón ensangrentado tomó la pequeña compresa de agua fría y la colocó contra la herida. El frío lo invadió de golpe y pronto su mejilla estaba empapada en las pequeñas gotas heladas que del hielo derretido se desprendía. Shikamaru tembló ante el cambio de temperatura pero luego su cuerpo se reajustó a la nueva sensación.
—Así se te deshinchara, al menos un poco —dijo con suavidad, en verdad era difícil imaginarse que aquella era la misma Ino con la que solía discutir todos los días.
—¡Qué problemática eres! Te dije que estaba bien —repuso él, confundido por la proximidad de ella.
—Shikamaru no quieras hacerte el fuerte conmigo porque no funciona. Además por mi culpa te golpearon así que lo mínimo que puedo hacer por ti es curarte.
—Está bien. Gracias —repuso él. Luego recordó el incidente—. ¿Tú estás bien?
—A mi no me golpearon —respondió en tono cantarín pero el semblante de Shikamaru permanecía serio—. Supongo…. Es solo… que no debería haber sido así ¿Sabes?
—Claro que no Ino.
—Ningún hombre me había tocado jamás antes —explicó sonrojada y evitando encontrar sus ojos en los de ella. Aunque él fuera su amigo no podía evitar sentir pudor ante el tema en cuestión. Después de todo aquello de lo que hablaba era de su intimidad. Amigo o no, aquello que ella le confiaba era algo demasiado privado—. Y se supone que yo soy quien debe elegir quien toque mi cuerpo y quien no. Se supone que sólo dejaría aquel que amara acercarse a mí de esa manera —ahora las lágrimas volvían a abarrotar sus celestinos ojos.
—Está bien Ino —respondió el muchacho soltando la compresa y rodeándola con ambos brazos para hacerla sentir protegida. La muchacha lloró un largo rato en su hombro.
—¡Los hombres son unos idiotas! —exclamó ahora molesta.
—No todos —repuso Shikamaru—. Como no todas las mujeres son problemáticas.
—Pero tú me dices problemática —murmuró ella haciendo pucheros. Él esbozó una sonrisa, su rostro le dolió ante la mueca pero ignoró el dolor.
—Porque lo eres —ella lo miró aún más indignada—. Aunque no necesariamente eso es malo —ahora estaba confundida—. En fin ¿Vamos a dormir?
—Sí —pero luego se dio cuenta de que algo faltaba—. Espera.
Tomó con delicadeza la pequeña bandita, le quitó los adhesivos teniendo cuidado de no romperla y la colocó a lo largo del corte que Shikamaru tenía en la mejilla, rozando con la punta de los dedos la piel de él. Luego tomó un pequeño espejo de mano y lo colocó frente al chico.
—Ya está ¿Qué te parece? —él contempló por un instante su reflejo y luego frunció el seño.
—¿No te parece que estoy grande para una bandita? Además fue sólo un insignificante corte Ino.
—No seas necio. Te cortaste y seguro que debe dolerte —él intentó quitársela pero ella le detuvo la mano—. Al meno déjatela por esta noche ¿Sí? —aún no parecía convencido—. Por favor, prométeme que no te la quitarás hasta que yo me haya ido mañana por la mañana, luego puedes arrancártela si quieres.
—Está bien —finalmente accedió ante las constantes insistencias de la chica—. Pero sólo hasta mañana.
—¡Sí! —repuso esbozándole una amplia sonrisa—. Gracias Shika, por todo. Te quiero ¿Sabes? Aunque a veces nos peleemos demasiado —Shikamaru la miró sorprendido, ella nunca mostraba debilidad frente a ellos. Nunca les expresaba abiertamente sus sentimientos, aunque ellos lo supieran. Se sintió mal, recordó lo del beso y se sintió aún peor. El remordimiento lo acosaba en sus sueños y él simplemente no podía escaparle. Pero tampoco podía decirle ¿Por qué le costaba hacer algo tan insignificante? Y para peor, las palabras de Ino lo hacían sentirse más miserable de lo que jamás se había sentido.
—Me alegro de tenerte como amigo —sí, la situación mortificaba pero más aún, dolía.
