Un amor verdadero

#LucydeAndrew (seudónimo en face)

Disclaimer: Los personajes y la historia de Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyōko Mizuki y de Yumiko Igarashi, estos no se usan con fines de lucro o para obtener ganancia alguna, son solo utilizados con fines de recreación.

Capítulo 8: Fin a los tiempos difíciles

El viaje a Lakewood se había adelantado, era mejor poner Tierra de por medio, la familia temía por la salud mental y física de la pequeña rubia que aún no había vuelto a ser la misma, en la mansión todo parecía ir mejorando lentamente, pero Candy cada vez estaba más alejada de la realidad, Albert la veía con tristeza pues por más que intentaba verla bien, feliz y en paz no lo lograba, los días de felicidad parecían haberse quedado en el ayer, esto también iba cambiándolo a él poco a poco, su única felicidad era esa joven de cabellos rubios que ahora parecía muerta en vida.

Anthony veía como su hermano se iba consumiendo junto a su pequeña y eso le partía el corazón y no sólo a él sino a toda su familia, algo tenían que hacer pero qué, si ya todo lo habían intentado y nada funcionaba.

Algunos días después Albert no salía de su habitación, eso era muy raro en él, golpeaban a la puerta y no recibía contestación, entonces entraron a donde Candy hacía tiempo dormía con sus hijos, no quería tener ningún tipo de contacto con ningún hombre, por eso prefería estar con su hijos que con él y entonces le comentaron lo que estaba pasando y ella alarmada fue a verlo, era con la única persona que no se molestaría por invadir su privacidad jamás, así que abrió la puerta aunque no recibió contestación a su llamado.

Al entrar se asustó bastante pues vio al joven patriarca tirado en el suelo, un día antes él había estado mareado y con dolor en el pecho, por la debilidad y el cansancio de varios días, no puedo aguantar más y cayó al suelo desmayado, desde ese momento no había vuelto a abrir los ojos, Candy se acercó y tomando sus signos vitales se dio cuenta de que estos eran muy débiles y además tenía fiebre, eso complicaba su estado de salud, fue entonces que mandó llamar a Anthony y los demás para que la ayudaran a subirlo a la cama, mientras tanto pidió que fueran por el doctor Martin, a su llegada el galeno lo revisó, era claro que la descompensación que estaba recibiendo y el exceso de trabajo al que se sometía para no ver a su pequeña consumirse por la depresión estaban afectando su corazón.

Candy cuida de él – le dijo pensativo y preocupado por el joven- a Albert siempre le ha afectado lo que te sucede – suspiro profundamente- sólo recuerda que su corazón no está muy bien y sólo tú puedes hacer que recupere su fuerza y vitalidad.

Lo sé doctor –dijo Candy un tanto apenada y viendo a su príncipe- es que yo simplemente me encerré en mi misma y en mi dolor y olvidé a todos por completo, excepto a mis hijos, ellos eran mi fuerza en ese momento, lo siento tanto yo no quería que esto pasara.

Candy me entere de lo sucedido – la miro fijamente como solía hacerlo siempre – pero la Candy que yo conozco es más fuerte que eso y ahora no sólo debes luchar por ti, sino por él y tus hijos Candy, yo sé que puedes hacerlo.

Lo haré doctor se lo aseguro – su voz era firme y decidida, trataba de sonreír y le dio un fuerte abrazo – qué cuidados debe tener para encargarme de ello personalmente.

El doctor le anoto los medicamentos que debían administrarle por una semana que enseguida se mandaron a surtir, una dieta apropiada y algunos otros medicamentos para ayudar a la joven rubia a salir de su depresión, después de eso se retiró a la pequeña clínica que Albert le había dado en agradecimiento por toda la ayuda que había recibido de él en el pasado.

Candy se acomodó a un lado de su joven príncipe y algunas horas después él por fin abrió sus bellos ojos azules, la miro sonriendo recostada a su lado, ese era el mejor despertar que podía tener sin duda alguna – hola pequeña pecosa – acarició su mejilla – qué paso – trato de levantarse pero aún se sentía mareado – qué hora es debo ir al trabajo pequeña.

No, no lo harás. Tranquilo Bert que por algún tiempo los demás tendrán que ocuparse de eso – suspiró profundamente y besó su frente- tú debes descansar amor mío, lo siento Albert es mí culpa yo no quise lastimarte mi príncipe, pero voy a cuidarte mucho y pronto vas a recuperarte, te lo aseguro.

Amor yo estoy bien soy tan fuerte como un roble – dijo sonriendo – sólo necesito descansar un poco Candy – le dijo viendo sus hermosos ojos verdes que tanto le habían hecho falta en todo ese tiempo – y tú cómo estas mi pequeña, te sientes mejor, necesitas algo.

Estoy muy bien amor – contestó la joven admirada por el valor de su amado para soportar lo que él estaba viviendo y preocuparse por ella, sus ojos sin querer se humedecieron – feliz de ver tus lindos ojos azules de nuevo, me asustaste mucho Albert.

Nunca voy a dejarte sola pequeña – le susurró al oído y limpió sus lágrimas con sus besos – aunque físicamente ya no estuviera a tu lado jamás me alejaría de ti, te amo tanto pecosa y a nuestro hijos que jamás los dejaré.

Ese día y el siguiente Candy no lo dejo levantarse para nada y tampoco se despegó de su lado, le daba sus medicamentos, la comida, lo ayudaba a ir al baño, a ducharse, en verdad se estaba esmerando en que él mejorara pronto, no soportaba la idea de que estuviera enfermo y que fuera en cierta forma por su culpa.

Al tercer día él ya se encontraba mucho mejor, su sonrisa irradiaba de nuevo su rostro y la joven rubia también estaba de mucho mejor humor, así que después de insistirle mucho a Candy ambos bajaron al comedor, por fin la familia estaba completa, las dificultades parecían haber acabado y la pareja de rubios que hacia vibrar de alegría a la familia entera había regresado, todo era risas, bromas y preparación para una gran y hermosa boda múltiple….

Continuará…..