¡Última actualización del año!
Capítulo 8
Han pasado dos semanas y media desde el incidente con los periodistas, al parecer todo se ha calmado o Edward ha logrado mover sus influencias para mantener a la prensa a raya; supongo que no ha de querer este tipo de circo alrededor de su compromiso y con la boda a semanas de realizarse. No he recibido noticia alguna de él desde aquella noche en el restaurante, ninguna llamada, ningún mensaje, nada, únicamente a Tyler que estuvo cuidándome durante los días siguientes cuando los periodistas aparecían en cualquier lugar al que iba. De alguna medida agradecía lo que hacía Tyler y el que Edward se mantuviera alejado, eso me permitiría irlo olvidando poco a poco, que por el momento el éxito en esa tarea está nulo. Cada día me despertaba con el anhelo de tenerlo a mi lado, de recibir una sola llamada de su parte, un mensaje, algo, pero nada. El único rastro que me quedaba de él era Tyler.
Mi vida ha sido tan patética estas últimas semanas, todo era la casa y la tienda, mi único contacto con las personas eran mis clientas y Ángela. Justo ahora me encuentro en una situación bastante incómoda. Frente a Ángela y de mí está el vestido de Tanya, por fin está concluido y es realmente hermoso, quizá el más hermoso que alguna vez haya diseñado; por un momento mi pecho se llena de ira y a la vez de nostalgia, ese vestido debería de usarlo yo, no ella.
—Luciría mucho mejor en ti —comenta Ángela a mi lado—. Eres mucho más hermosa que ese palo de escoba.
—Ángela —dije en tono de advertencia.
—De acuerdo, de acuerdo, no diré nada —hace un encogimiento de hombros—. ¿Qué se supone que hagamos con él? Tanya no ha llamado para confirmar envío.
—Nuestro deber es enviarlo —no puedo evitar que se forme un nudo en mi estómago al pensar en el momento en que lo usará.
—Pero no sabemos si la boda sigue en pie —hace una mueca.
—No hemos recibido cancelación —digo con pesar—, así que quiere decir que la novia lo sigue esperando.
—No deberías dejarlo ir así de fácil —me mira directamente e intenta apremiarme a que siga su consejo.
—Ya dije que ese tema quedó en el pasado. Tanya y su prometido a partir de hoy no son más incumbencia de la tienda.
Ella vuelve a encogerse de hombros.
—Encárgate del envío.
Doy media vuelta y salgo del cuarto para dirigirme hacia mi oficina donde tengo montones de papeles que ordenar. Una novia no tarda en llegar para revisar los últimos arreglos a su vestido, pero de eso se puede encargar alguna de las otras chicas, al menos que Lilian me solicite en específico. Tiro bocetos que no fueron a parar a ningún lado, recibos vencidos, propagandas, entre muchos otros.
—Bella —se asoma Ángela por la puerta—. Ha llegado esto para ti.
Deposita un sobre blanco que tienen un par de sellos.
—Creo que no son buenas noticias.
Miro a Ángela de manera interrogante, a qué se refiere con eso. Para salir de dudas abro deprisa el sobre y saco las hojas que tiene como contenido. Comienzo por leer y me doy cuenta de que es una demanda, de nadie más y nadie menos que de mi propia madre. Renée me reclama el pago del préstamo y además el veinte por ciento de intereses. Tengo un mes para devolverle el dinero, o, de lo contrario, me quitará la tienda. Suelto una risa amarga, se atrevió; justo cuando creía que mi madre no podía hacerme más daño, lo hizo.
— ¿Qué sucede? —me pregunta Ángela.
—Renée —digo como respuesta.
—Ahora qué se supone que ha hecho la bruja de tu madre… ¡Oh, lo siento!
—No, está bien, ahora sí se ha comportado como una auténtica bruja. Me exige el pago del préstamo con todo e intereses, en caso contrario tendré que darle la tienda.
—No puedes hacer eso —me dijo Ángela asustada.
—Tengo que hacerlo si no junto el dinero. Cuando me prestó el dinero hace años esa fue la garantía, la tienda es mía, pero está en sus manos —me hundo en el sillón.
Siento como si estuviera desconectada, como si lo que estuviera pasando no fuera verdad y sólo lo estuviera observando por fuera. No sé si es preferible estar de esta manera, sin encontrar algún tipo de reacción en mí o preferiría estar alterada. Tomo los documentos y vuelvo a leerlos, y sí, es efectivamente un mes exacto el que tengo para pagar.
— ¿Cuánto se supone que le debes a Renée? —pregunta Ángela.
—Casi medio millón —saco todo el aire de golpe.
—Pero eso es demasiado dinero —me comenta.
—El préstamo original fue menor, pero al principio no podía pagarle, Renée aprovechó la situación para aumentar los intereses tanto como pudo, así que la cuenta fue creciendo y creciendo.
— ¡Es tan abusiva! —Ángela se veía realmente molesta—. ¿Por qué está haciendo esto justo ahora?
—La hice enfadar, le dije un par de verdades y ella juró que me haría pagar, no creí que lo hiciera ya que ella no sabe absolutamente nada de administrar la tienda.
—Lo siento, Bella, pero tu madre es totalmente desagradable. ¿Qué vas a hacer? —me pregunta.
—No lo sé, ni con todos mis ahorros llego a juntar el dinero, y dudo, sinceramente, que en un mes logre reunir el resto.
— ¡Ay, Bella! —Ángela corre a abrazarme—. Tampoco es mucho el dinero que tengo ahorrado, pero puede servirte de algo, así que mi cuenta bancaria a partir de hoy es toda tuya.
—Oh, no, Ángela, no, no podría aceptar eso. Es un gesto bellísimo de tu parte, pero no puedo hacerte eso.
Es en ese momento que mi cuerpo comienza a reaccionar, la tristeza y desesperación me llegan a montones que siento la manera en cómo me derriban. No tengo otra manera de expulsar todo lo que en estos momentos me embarga, por lo que lloro, dejo que cada lágrima sea expresión pura de mi pesar.
—Encontraremos la manera de sacar la tienda adelante, ya lo verás —continúa abrazándome—. Todavía nos queda un buen pago de la dichosa Tanya.
Quién diría que sentiría un alivio al pensar en entregarle mi vestido a Tanya, por lo menos el dolor en mi pecho por pensar en Edward casándose con ella serviría para rescatar mi amada tienda. Es lo último que me quedaba.
—Hay que enviar el vestido cuanto antes —le dije a Ángela—. Me encerraré a revisar la contabilidad de la tienda y ver los movimientos necesarios.
—Bella, cualquier cosa, en serio, puedes contar conmigo y te lo reitero, mi cuenta bancaria está a tu disposición.
Ángela sale de la oficia y amablemente cierra la puerta para darme espacio y realizar mis movimientos. Froto mis sienes para aliviar el dolor de cabeza que ha comenzado de la nada, será una tarde larga y me temo que el mes que me queda por delante será de la misma manera.
Consulto mi cuenta bancaria y la de la tienda, hay un poco de dinero que podría utilizar para pagar, pero debo asegurarme de dejar el capital necesario para pagar la nómina a mis chicas y para las provisiones de telas y material de costura, tendré que reducir y sacarle todo el provecho posible al material que ya está en la bodega, habrá que pagar cuentas y aunque en el transcurso del mes recibiré tres pagos pendientes de las novias quedo corta de la meta de pagarle a Renée.
El tiempo se me pasó volando, no me despegué en toda la tarde de mi escritorio; paso mis manos por mi cara para despabilarme un poco, me levanto y miro el reloj, pasan de las nueve de la noche, lo mejor será que me marche y venga temprano al día siguiente. Acomodo todo, tomo mi abrigo con mi bolso y salgo, no hay ni una sola alma en la tienda.
Camino por las calles, hay viento y es demasiado frío, capaz de helarme todo el cuerpo, con todo y el abrigo. Me repito una y otra vez que debo recordar comprar algunos pares de guantes antes de que llegue el invierno. Las calles todavía están llenas de gente, es típico, un viernes por la noche es igual a salidas con las amistades y salidas de pareja. Mi ánimo decae un poco más de lo que ya estaba. No tengo a nadie para realizar este tipo de salidas, amigas con quienes salir, alguien que me tome la mano mientras caminamos y hoy me he dado cuenta de que la única familia que tengo ha estado conmigo por interés.
—Bella —escucho detrás de mí.
Me giro para enfrentarme al dueño de esa voz.
—Jacob, hola —saludo de manera tímida.
Me siento demasiado apenada con él. Después de aquella noche no volví a hablarle y tampoco respondí sus llamadas; por una parte, no me sentía con ánimos de hablar con él o con cualquier otra persona y por otro lado, la vergüenza, le había hecho pasar un mal momento, y aunque él aseguró que no había problema alguno no me sentí con el derecho de exponerlo al escándalo que en su momento me rodeaba.
—Jake, yo lo lamento todo fue…
—No tienes que disculparte, comprendo a la perfección la situación por la que estabas atravesando, sólo estaba preocupado por ti ¿Cómo estás?
—No lo sé —me encojo de hombros—. No creí que las cosas pudieran estar peor, pero hoy me di cuenta de que sí pueden estarlo.
— ¿Se trata de Edward de nuevo?
—No, eso ya es cosa del pasado. Se trata de mi madre.
—Eso suena interesante, pero me estoy congelando aquí. ¿Quieres venir a casa a tomar algo? Podemos pasar a comprar algo de comida.
—No lo sé, quizás estés ocupado, no quiero interrumpir tus actividades.
—Para nada, hace tiempo que necesito una buena charla y la tuya tiene pinta de ser la mejor que podría tener en meses. Anda.
Jacob rodea mis hombros con uno de sus brazos, su cuerpo es cálido así que me acurruco a su lado mientras caminamos hacia su casa. Pasamos horas platicando y él amablemente me lleva a mi departamento pasada la media noche.
—Necesito una buena taza de café —me levanto y camino hacia la cafetera que tengo en mi oficina.
—Bella —escucho a Ángela, su tono de voz me pone en alerta—. Tanya ha cancelado el pedido y pide el reembolso de su dinero.
— ¿Qué?
Pierdo todo color posible en mi rostro, estoy segura de que estoy tan blanca como la cal. Necesito sentarme, todo el aire en mis pulmones me ha abandonado. Me siento y tomo mi cabeza entre mis manos, esto no puede estarme pasando, no sólo no contaré con el resto del dinero de Tanya, sino que además quiere que le regrese lo que ha pagado hasta ahora.
—No puede ser, no, no, no.
—Bella —Ángela se pone de cuclillas frente de mí—. Saldremos adelante, sé que las cosas pueden lucir un poco negras en este momento.
—No sé cómo hacerlo, no sé qué hacer.
—Empieza a revisar el contrato para ver si Tanya puede exigir el reembolso.
— ¿El haberme acostado con su prometido no te parece causa suficiente? Si no le regreso el dinero encontrará otra manera para hacerme pagar por lo que le hice.
— ¿Entonces le regresarás el dinero?
—No tengo otra opción, Ángela. Tenemos suerte que sólo haya pedido el reembolso y no se le haya ocurrido otra manera de vengarse.
—Bueno, por lo menos ahora sabes que no se casará. Edward ya no está comprometido.
Levanto la cabeza de golpe para mirarla, es como si no entendiera lo que ella acababa de decir, como si las palabras no terminaran de conectarse y procesarse en mi cerebro. Tanya había cancelado el vestido, eso sólo quería decir… ¡Para! No podía ir por ese lado, el que me cancelara no quería decir precisamente que no se fueran casar, sino que ella no quería tener nada con la chica con quien su prometido la había engañado.
—No exactamente. Sólo es señal de no querer relacionarse conmigo y la comprendo, al final soy la chica que la ha dejado en ridículo, que ha manchado su compromiso y su reputación.
—Por favor, Bella, hablas como si las cosas hubieran pasado sólo gracias a ti y debo recordarte que nadie obligo a Edward. Además, tú, ella, Edward y yo sabemos que esa relación es de puertas para afuera, ellos casados o no nunca tendrán nada.
—Bueno, sea como sea, no tenía por qué meterme en la cama de Edward.
—Basta ya de castigarte, lo has parado a tiempo, si no regresa a ti es porque en verdad no valía la pena.
—Bella, Bella —escucho la voz de quien menos necesito y quiero ver en estos momentos—. Vengo por una respuesta.
—Tendrás que esperar a final del mes, mientras tanto te pido que no vengas a mi tienda.
Renée sonríe con sorna.
— ¿En serio tendrás el dinero para final de mes? ¿Se lo pedirás a tu amante italiano?
—La manera en cómo consiga ese dinero no es de tu incumbencia, lo que debe importarte es que lo tendrás para la fecha señalada.
—Ya lo veremos, Bella. Me acabo de enterar que Tanya te ha cancelado, eso debe ser un golpe duro para el negocio. ¿Te imaginas lo que le sucederá a la tienda si ella decide hablar y hacer todo esto más público?
Inhalo lo más profundo que puedo, hasta sentir que mis pulmones estallan de lo llenos que se encuentran, necesito controlarme porque si exploto contra mi madre, ella podría hacer cualquier cosa con tal de herirme y regresar el golpe; eso fue lo que sucedió la última vez, y sé que su comentario va orientado precisamente a ese lugar, a amenazarme con poner el nombre de la tienda y mi nombre en tela de juicio ante los medios.
—Sé que puedes hacerlo, pero repito, no tienes de qué preocuparte. Sólo te pido que mientras pase ese tiempo puedas abstenerte de venir a la tienda.
—Isabella —escucho su tono—, me da tanta pena, pudiste llegar tan lejos si tan sólo me hubieras escuchado, pero tenías que heredar lo patético de tu padre, pero está bien, no quiero que se diga que soy una bruja —Ángela suelta una risita detrás de mí y mi madre la fulmina—. Te daré el espacio que pides. Esto lo hago por tu bien, Bella, debes aprender a elegir mejor tus batallas y sacar provecho de las oportunidades.
—Adiós, madre.
Renée resopla.
—Adiós, Bella.
Me dejo caer totalmente en la silla, dejo mis músculos relajarse, todo libre, no tengo ni un solo gramo de fuerza en mí. Siento como el aire comienza a hacerse pesado a mi alrededor y me cuesta respirar. Debo salir de aquí, necesito tiempo a solas.
—Necesito salir de aquí. ¿Me cubres?
—Por supuesto. Si no lo decías tú, yo misma te sacaba.
Me coloco mi abrigo y mi gorro de lana, tomo mi teléfono y cartera y salgo caminando lo más rápido que puedo, a mi paso termino por empujar a unas cuantas personas y me disculpo mientras continúo con mi trayecto. Sin darme cuenta llego al lugar menos esperado, o quizá ni tan inesperado. Estoy parada justo frente a la banca en la que solía encontrarme con Edward en el Buchan Country Park, he estado tan perdida entre mis pensamientos y mis cuestionamientos sobre qué hare con la deuda, que no me he dado cuenta de que mis pies de manera inconsciente me trajeron a este lugar. Miro alrededor y me doy cuenta de que tengo el anhelo de encontrarlo, de verlo aquí como si estuviera esperando encontrarme. Suspiro, soy realmente patética, se supone que debo comenzar a dejar todo esto atrás.
Hace demasiado frío y no tengo ganas de caminar, así que me siento en nuestra banca, me quedo hipnotizada viendo el horizonte, las nubes se ven un poco bajas, quedan pocos árboles con un verde radiante. Veo las ramas danzar al ritmo del viento, las hojas estremecerse y me permito cerrar los ojos por un momento, me concentro en el sonido que las ramas de los árboles provocan al ser acariciadas por el viento; en cómo el viento desprende el cabello de mis mejillas y comienza a enfriarlas. Todo este viento helado me suena a que tendremos un invierno bastante frío. El viento trae consigo la paz que necesito en estos momentos.
—Nunca imaginé que te encontraría aquí.
Siento su cuerpo cálido colocarse a mi lado y su voz me envuelve por completo. ¿Cómo es posible que unas cuantas palabras me calienten el alma? Estoy tan pasmada por tenerlo a mi lado que soy incapaz de voltear a verlo por el temor de darme cuenta de que no es real, que todo ha sido producto de mi imaginación y el desesperante anhelo de tenerlo cerca.
—He venido aquí en los últimos tres días, pero nunca estabas, después me di cuenta de que este lugar podía ser un mal recuerdo para ti —escucho tristeza en su voz y es lo que me hace girarme hacia él.
Edward me sonríe, pero no es una sonrisa que le llega a los ojos. Sus pozos esmeraldas ya no tienen esa profundidad, ni el brillo que los caracteriza, son dos pozos vacíos y eso me rompe el corazón.
—Bella… yo tengo tantas cosas que decirte, no sé por dónde empezar; entiendo que no quieras hablar conmigo después de haberte dejado tan expuesta y vulnerable, después de lo que te pedí realmente sé que no tengo derecho alguno de pedirte algo.
—Edward —empiezo a decir—. No tiene sentido seguir hablando de ello.
—Para mí sí, porque te lastimé, porque herí lo más puro que tenía en mi vida, porque te perdí.
Mis ojos vagan por todo su rostro, por su torso cubierto por un abrigo azul marino y un suéter negro que alcanza a asomarse por las solapas del abrigo. Me doy cuenta que luce más delgado, que su rostro ha perdido color y carece de expresión. Este no es mi Edward.
—Tenías razón, fui un desconsiderado, un sinvergüenza al ofrecerte ser mi amante, al esperar que siguieras a mi lado mientras yo me casaba con Tanya. No lo merecías, no merecías que te tratara de esa manera y no es una justificación, pero me aterraba la idea de continuar sin ti, me llenaba de ira y una tristeza profunda el imaginar mis días sin tu sonrisa. Te convertiste en la luz más intensa en mi vida, en el aire de frescura que busco cada día y no quería dejarte ir —suelta una risa amarga—. Lo irónico es que buscando el no perderte es que terminé logrando todo lo contrario. Perdóname, Bella, por favor.
—Yo, no lo sé, entiendo lo que me explicas, pero…
—No, no lo entiendes, sé que con mis acciones te hice dudar de mi amor por ti, pero juro, Bella, por todo lo que tengo, por mi vida misma, que aquí —toca su pecho—, sólo estás tú, te amo tanto que mi pecho se llena de calor, quema, Bella, y en este momento duele, duele como un infierno porque sé que te he perdido. Entiendo cuánto daño te he hecho, entiendo que lo mejor para ti es que yo salga de tu vida para siempre, pero sólo te pido esto Bella, perdóname.
No puedo negarle el perdón, porque realmente no estoy enfadada con él, porque no puedo verlo de esta manera y porque sus palabras se están clavando en lo más hondo de mi pecho. Siento un dolor que me apremia, una presión realmente dolorosa y sólo quiero llorar. Sus palabras suenan a una despedida y es absurdo porque estaba dispuesta a dejar todo atrás, pero ahora, al ver que piensa irse de mi vida y después de su declaración no quiero dejarlo ir.
—Lo hago, Edward, te perdono.
—Quiero que entiendas que si planeaba continuar con mi casamiento con Tanya fue solamente por el hecho de haber dado mi palabra, así me educaron, a cumplir con mis promesas, esa es la más importante lección que me dejó mi padre; nada vale más en un hombre que su palabra y por ende cumplir con ella. En ningún momento fue por creer que no fueras suficiente para mí, para ser mi esposa —vuelve a reír y hay un poco de añoranza en su voz cuando vuelve a hablar—. De hecho, no sabes cuántas veces te imaginé siendo mi esposa, siendo tú la que usaría el bendito vestido de novia mientras caminabas hacia mí en el altar, pero no podía dejar botada a Tanya.
Mi pecho vuelve a contraerse ante esas palabras, él quiere que sea su esposa, lo anhela. Respiro profundo porque siento mi pecho explotar de felicidad por sus palabras, él realmente me quiere a su lado, no como una aventura, sino para pasar el resto de nuestras vidas juntos.
—Pero ahora que me has perdonado podré continuar, sé que no habrá rencor en ti por mí, es lo que menos deseo. Deseo ser un buen recuerdo en tu vida, Bella. Quiero que entiendas que siempre te llevaré en mi corazón, jamás podré amar a alguien como te amo a ti —Edward toma mis manos y deposita un beso en ellas—. Sólo te pido que seas feliz.
—Edward —comienzo a susurrar con pánico. Se está despidiendo.
—Te amo tanto, Bella —besa la comisura de mis labios, se levanta de la banca y se va.
Se va, se está yendo de mi vida. No piensa regresar. Me cuesta respirar, la presión en mi pecho me está dificultando el paso del aire, mi pecho duele, mi corazón duele. Y entonces lo entiendo, no puedo dejarlo ir, no así. Mi cerebro comienza a ir a mil por hora, y me doy cuenta de sus palabras: "He venido aquí en los últimos tres días"… "si planeaba continuar con mi casamiento con Tanya fue solamente por el hecho de haber dado mi palabra" Me levanto lo más rápido que puedo, tropiezo con mis pies, pero logro sostenerme y comienzo a correr, debo alcanzarlo.
Logro verlo unos metros delante de mí, afortunadamente está caminando lento, debo lograr que se detenga.
— ¡¿Si no me hubieras encontrado hoy qué hubieras hecho?! —le grito y tan pronto escucha mi voz se detiene, es mi oportunidad, así que tengo que continuar—. ¿Te hubieras marchado sin decirme todo esto? ¿Te hubieras marchado sin luchar? Has terminado tu relación con Tanya ¿cierto?
Edward se gira lentamente y veo que sus ojos están cristalinos ¡Diablos! Muero por abrazarlo.
—Nunca ha habido una relación, sólo era un compromiso —me dice—. Prácticamente un negocio.
Edward no se mueve de donde está, así que soy yo quien me acerco a él, mis pasos son dubitativos, quizá haya malentendido todo.
— ¿A qué has venido a Crawley? ¿No tenías planeado decirme todo lo que acabas de decir? —pregunto cuando ya estoy parada frente a él, nuestros cuerpos casi se tocan.
Edward vuelve a sacar una risa amarga.
—El único motivo que tengo para estar aquí eres tú. Sólo estaba tomando valor para ir a verte, no podía irme sin decírtelo todo.
— ¿Edward Cullen, el magnate heredero de Italia, necesitaba tomar valor? —le sonrío para tratar de relajar la situación, pero no, él no responde la sonrisa.
—Necesitaba prepararme para el rechazo —murmura y lo miro extrañada—. Bella, entiendo que he llegado tarde, que estás buscando comenzar una nueva vida y me gustaría decirte cuán feliz me siento por ti, pero no puedo, porque quiero que esa vida sea a mi lado no al lado de él o de cualquier otra persona. No tenía el valor, ni el coraje, de escuchar tus palabras diciéndome que te estás dando una oportunidad y que eres feliz, no quería escuchar tu rechazo.
¿De qué diablos está hablando? ¿Quién es él? ¿A qué se refiere? No comprendo ni una sola palabra.
—Edward ¿a qué te refieres?
—Te vi, Bella. Hace un par de días, justamente el día que llegué, ya era tarde, pero no podía esperar más, así que fui a la tienda, decidí ir caminando, estaba bastante ansioso para concentrarme en manejar. Estaba bastante cerca cuando los vi, a ti y a ese hombre, el mismo del restaurante, él te abrazaba y tú le sonreíste. Los celos me cegaron, carcomieron hasta el último rincón de mí, los seguí, llegaron a su departamento, pasaron las horas y me di cuenta de que no saldrías —su voz suena contenida y miro sus manos, están hechas puños—. Quería subir, tocar puerta por puerta y sacarte de ahí, ¡Demonios! De sólo pensar en sus manos tocándote —un sonido lleno de furia sale del fondo de su pecho—. Pero entonces lo comprendí, nadie mejor que tú para merecer la felicidad, mereces todo aquello que me dijiste y mucho más, desearía ser para ti todo eso, deseo que tu felicidad estuviera a mi lado, pero no tengo ningún derecho…
— ¡Basta ya! —le grito para interrumpirlo y lo beso.
Uno sus labios a los míos con ansiedad, con anhelo y apenas se rozan cuando me siento en casa, cuando la calidad que despertó en mí con sus palabras se extiende por todo mi cuerpo, me llena de vida y me hace vibrar. Lo tomo firmemente de las solapas de su abrigo para tenerlo pegado a mí y cuando siento que no se separará e incluso rodea mi cintura con sus brazos es que enredo mis dedos en su cabello. El beso continúa, se vuelve ardiente, es como si buscáramos la recompensa por los días que hemos estado separados, no queremos separarnos del otro, pero necesitamos aire y además la gente se detiene a nuestro lado para mirarnos.
—Bella —dice agitado.
—Dímelo —murmuro pegada a sus labios—. ¿Has terminado todo con Tanya?
—Eso es lo que planeaba decirte. Comprendí que la respuesta siempre estuvo ahí, el problema nunca ha sido que no quiera casarme, quiero hacerlo contigo. Tenía que hacer a un lado mi palabra y mi compromiso con Tanya para regresar a ti. He estado arreglando todo en las últimas semanas, pero…
—Te amo —le dije—. Lo que viste no fue más que un encuentro. Jacob estuvo llamando, pero estaba apenada así que huía de él, ese día me lo encontré por casualidad y necesitaba hablar con alguien, había sido un día nefasto y necesitaba desahogarme. No pasó nada en su apartamento, sí, me retiré tarde de ahí, pero lo único que sucedió fue una charla de amigos.
— ¿En serio? —una enorme sonrisa comienza a dibujarse en su rostro.
Sólo comienzo a asentir. La sonrisa se hace más grande y ahora sí que llega a sus ojos, por arte de magia el vacío ha sido llenado, el brillo ha regresado y la tristeza ha desaparecido.
—Si tan sólo me hubieras hablado en ese momento —le digo.
— ¡Dios, Bella! —me estrecha entre sus brazos, me pega por completo a su cuerpo y me fundo con él en este abrazo; hundo mi rostro en el hueco entre su cuello y hombro—. Dime que estarás conmigo, por favor, dime que continuaremos juntos. Nos enfrentaremos a lo que sea.
—Lo haremos, Edward.
No sé cuánto tiempo ha pasado, pero me siento realmente cómoda entre sus brazos, respirando su aroma y sentir el latido de su corazón cerca de mí.
—Amo estar así contigo, pero comienza a hacer más frío, no quiero que termines enferma —besa mis cabellos—. Vamos a donde quieras.
— ¿Quieres ir a mi departamento? —le pregunto.
—Claro —me dice, pero ninguno de los dos suelta al otro—. Creo que debemos avanzar para salir de aquí.
Suelto una risita tonta y a regañadientes aparto mis brazos de él. Edward toma mi mano y comenzamos a andar; no puedo borrar la sonrisa de mi rostro, me siento a rebosar de la felicidad que me llena en este momento. Pronto llegamos al Mercedes y esta vez estamos solos. No veo a Tyler por ninguna parte. Me abre la puerta, pero antes de entrar me jala hasta pegarme a su cuerpo, su sonrisa enorme es reflejo de la mía. Sus ojos me observan atentamente, es como si me adorara con ellos, se ve un poco nervioso. ¡Vaya! Se comporta como un adolescente.
—Entra, porque si te beso, no nos iremos de aquí nunca.
Estoy hipnotizada por su mirada y su voz.
—Bella, deja de mirarme así. Lo complicas todo.
Esas palabras me hacen reaccionar, asiento y me adentro al auto. Edward cierra la puerta y corre hacia su lado. El camino es silencioso, pero bastante reconfortante, de vez en cuando nos dedicamos una que otra mirada y sonrisa. En los semáforos rojos Edward aprovecha para tomar mi mano y depositar besos en ella, yo por mi parte cedo ante la tentación de acariciar su rostro.
Llegamos a mi departamento y nos encontramos de pronto en silencio, mirándonos el uno al otro, Edward sigue parado al lado de la puerta, creo que ambos nos encontramos nerviosos. Definitivamente parecemos unos críos.
—Creo que debemos hablar y aclarar las cosas —comento.
—Sí, creo que es lo mejor —se encoge de hombros—. No sé por dónde empezar.
—Tanya —sugiero y no es que quiera hablar de ella, pero quiero saber lo que sucedió, si ella ha salido de su vida en su totalidad.
—El día en que se desató el caos, que te viste en la mira de la prensa te seguí, iba detrás de Tyler mientras te traía a casa.
—Lo sé, te vi cuando te marchaste.
—Bueno, vi que este chico a tu lado, ingresaron a tu edificio y entonces lo entendí todo. Te quería para mí, te quiero para mí. Eres mía, Bella, no quería darle la ventaja, nada que lo acercara a ti y supe lo que tenía que hacer. Prefería romper mi palabra, faltar a lo que me han inculcado, haría cualquier cosa para tenerte a mi lado y lo primero era averiguar cómo se había enterado la prensa, necesitaba cuidarte, alejar a toda la prensa de ti y mantenerte a salvo, después hablaría con Tanya para terminar nuestro compromiso.
—Entonces ya no hay compromiso ni nada ¿no es así? —no puedo ocultar el entusiasmo en mi voz.
—Así es, descubrí que Tanya se había enterado de todo y fue ella quien les dio toda la información a los medios. En cuanto me enteré fui a enfrentarla, no lo negó. Estaba hecha una furia, hablaba y hablaba de la humillación, de cómo había podido cambiarla, entre otras cosas; aproveché la situación y terminé con ella definitivamente.
No puedo creer lo que me dice, cómo Tanya se ha enterado de todo, cómo pudo ser tan manipuladora y ella misma colocarse en la posición de la víctima sufrida, me doy de topes por preguntarme eso, su narcisismo es demasiado grande, con tal de que se hable de ella es mucho mejor a que se le ignore; al final esa fue la razón por la que accedió a casarse con Edward: la atención que obtendría al final. Y es cuando recuerdo el motivo por el cual él había accedido a casarse con ella desde el principio.
— ¿Cómo lo ha tomado tu madre?
—Ella estalló de felicidad, me recriminó por no haberlo hecho antes. Al parecer había logrado todo lo contrario a mi propósito de casarme con Tanya, ella se encontraba realmente mortificada de que me casara con ella.
—Me alegro de que esto no haya afectado su relación.
—Le he hablado de ti —me mira y sonríe de lado—. Muere por conocerte.
—Oh, por Dios.
—Estoy seguro de que en cuanto te conozca me querrá dar una paliza por habértelo hecho pasar tan mal.
—Edward.
—Bella, dejemos todo atrás, que a partir de este momento todo comience desde cero. Ignoremos todo.
—Pero ¿Tanya no podrá meterte en problemas?
—Lo tiene prohibido, incluso debe agradecer que no haya actuado de manera legal en su contra después de lo que hizo, aunque fue de ti de quien proporcionó información, terminó involucrando mi nombre, pero lo dejé en una advertencia. Ella sabe lo que le conviene y un escándalo es lo menos que necesita. Afortunadamente soy un hombre precavido; antes de comenzar la relación la hice firmar un acuerdo de confidencialidad, así que eso es todo. ¿Aceptas estar conmigo para siempre?
— ¿Qué? —pregunto incrédula.
—No es la proposición más romántica, pero no puedo esperar más por ponerte un anillo en el dedo y reclamarte como mía ante cualquiera —y ahí está el Edward que me atrajo desde el primer momento. Seguro de sí mismo, firme, orgulloso e incluso ególatra—. En el parque has accedido y lamento decirte que no hay escapatoria para ti. Eres mía y te reclamaré de cualquier manera posible— se acerca a mí por primera vez desde que llegamos, toma mi cara entre sus manos y me besa.
Siento como si perdiera la cabeza, no puedo asimilar lo que está insinuando. Se separa de mí ysaca una caja cubierta de piel, es pequeña y cuadrada. No es lo que creo que es, me digo a mí misma.
—Isabella Swan ¿aceptas casarte conmigo, compartir cada día a mi lado porque Dios sabe que no pienso volver a apartarme de ti? Déjame amarte, por favor.
— ¿Qué, pero cómo es… lo tenías planeado todo esto?
—No, absolutamente no. Debo reconocer que es mera coincidencia. Quiero decir, sí, tenía planeado el pedirte que pasaras el resto de tu vida conmigo, pero no ahora —comienza a explicar—. Compré el anillo antes de venir a Crawley por ti, estaba decidido a no regresar a Italia sin ti, pero planeaba hacerlo de otra manera. Es casualidad que lo traiga conmigo todavía en el bolsillo del abrigo, no lo saqué ni un solo instante.
—Vaya —murmuro.
— ¿Y qué me dices?
—Yo ya soy tuya en todos los sentidos —le digo.
— ¿Eso es un sí? —sólo digo que sí con mi cabeza y él me toma en sus brazos haciéndome girar mientras ríe al igual que yo—. Mía —me dice al bajarme y comienza a besarme con pasión.
¡Por fin Edward actuó! Ahora toca ver cómo paga Renée. Bella ya no está sola y puede enfrentar a esta bruja.
Es la última actualización del año, me voy de vacaciones así que nos leeremos hasta la segunda semana de Enero, prometo aprovechar bien este tiempo para derramar miel sobre hojuelas con nuestra parejita.
GRACIAS ENORMES POR SUS REVIEWS: Jade HSos, Danny Ordaz, patymdn, alejandra1987, Nadiia16, terewee, cary, Smedina, kaja0507, LicetSalvatore, tulgarita, Sully YM, Tecupi, Karina, Poppy, Adriu, BereB, torrespera172, rjnavajas, krisr0405, Lizdayana, Liz Vidal, andryc, Yoliki, Tata XOXO, Pili, saraipineda44, Melany, Alexandra Nash, cavendano13, Sanveronica.
¡Nos leemos el siguiente año!
Felices fiestas, diviértanse un montón, disfruten a sus seres queridos. Les mando mis bendiciones y un montón de abrazos ;)
