Buenas, les presento la octava actualización de esta historia!
Doy las gracias a todos los que leen este fic y dejan su huella tras comentar, seguir o dar favorito.
No soy dueño de nada, eso es trabajo de sus respectivos autores.
Capítulo 8: La propuesta y el cambio
El mago tan solo se limitaba a observar con curiosidad y diversión como la ojimiel trazaba sus delgados dedos a través de la rubia cabellera del niño durmiente. Recordando la razón principal de ese hecho, tras haberse enfrentado a aquellos dos sujetos con nubes rojas en sus capas negras.
El que lucía un aspecto similar al suyo intentó sumergirlo en alguna clase de ilusión bastarda basada en compulsiones y legerimancia, cosa que rompió sin darle tiempo a reaccionar para luego golpearlo velozmente en el estómago y poniéndolo en su rango de audición, diciéndole en un susurro que conocía toda la verdad, haciendo que sus ojos negros se abran y reflejen un brillo de dolor al ver al niño de pelo azabache que estaba en la otra habitación. Luego de soltarlo, se volteó perezosamente, moviendo su cuerpo lenta pera fluidamente, adentrándose en la guardia del sujeto con piel azul que estaba a punto de intentar atinarle un golpe, para solo sostener con fuerza su muñeca e inmovilizarlo tras presionar un punto nervioso en su hombro derecho. Sonriendo malévolamente, apreció la espada vendada que rugía por su poder, rogando tocarlo y dejarla sentir. Preguntó cortésmente al espadachín de la niebla si sería tan amable de entregase su arma, solo para que el mencionado exclamase de furia e hiciese promesas al aire sobre cómo iba a matarlo y demás desvaríos oníricos, llegando al punto de hartar al inglés, que había estado paseando por su mente recopilando información, quien solo tomó un kunai de la bolsa que tenía en su cadera el ninja renegado y cortó limpiamente su extremidad superior diestra.
El niño de ojos azules solo podía mantener su boca abierta, observando la facilidad con la que el ojiverde despachaba a dos de los ninjas más peligrosos en el continente elemental. Por otro lado, Kyūbi apreciaba la majestuosidad de los movimientos que, con tanta tranquilidad, realizaba aquel ser que reconocía de mucho tiempo atrás, que respetaba y temía. Cuando vio a aquellos dos shinobis de vestimentas oscuras que se aproximaban a su carcelero, sabía que llevaba las de perder, pues sentía como aquella espada rara quería comer su chakra, mientras que el otro poseía el odiado sharingan, pero cuando percibió la presencia moral del longevo, respiro de tranquilidad, amainando rápidamente el nerviosismo de su tercer Jinchūriki y poniéndolo al tanto.
Luego de permitir que el dúo ninja de Akatsuki escapasen con el rabo entre las piernas, estiró su mano en dirección a una ventana abierta, y con un fuerte impulso apareció volando un cuerpo blanco, al cual eliminó todos sus recuerdos y posteriormente procedió a incendiarlo. No necesitaba más espías potencialmente nocivos para las masas de energía pensante. Hablando de ello, se aproximó al pequeño hasta ponerse a su altura, llevando su mano hasta las mejillas con bigotes y rascándolas levemente, produciéndole un ronroneo que divirtió de sobremanera al hombre adulto.
-Hola pequeño. Soy Hari, cómo te encuentras? – cordialmente se presentó el hombre de ojos esmeraldas.
-Ho-ho-hola señor. Soy Naruto Uzumaki, shinobi de Konoha y futuro Hokage, de veras! – exaltado exclamó la última parte, haciendo que el zorro encerrado en su interior se golpee la cara por el estupidez que acarrea su portador.
-Veo que tienes mucha energía, como un torbellino. Puedo saber qué haces aquí sólo? Dónde está tu Sensei? – con un ligero tono molesto cuestionó, pues al haber visto sus recuerdos no le agradó nada la actitud del peliblanco.
-Se fue a hacer cosas pervertidas como el Ero-Sennin que es! – chilló enojado el Konoha-nin.
-Hmm…Ya veo que se interesa más en sus placeres que en sus deberes. No me sorprende por qué Tsunade-chan lo detesta…- proclamó no tan bajo, haciéndose escuchar por su acompañante.
-Dijiste Tsunade!? Cómo Tsunade Senju, la nieta del Shodaime Hokage!? – efusivamente le preguntó, saltando a su alrededor, solo para ser alzado por sus brazos y sostenido por el mago, como si fuese un pequeño infante.
-Así es, Naruto-chan. Sé que la estás buscando para que vuelva a tu pueblo, por lo que te llevaré a con ella. Tan solo duerme un momento, si? – le dijo este, poniendo su palma derecha en sus ojos e induciéndolo a un sueño con un encantamiento silencioso.
Sus ojos oceánicos empezaban a desperezarse, bostezando enormemente mientras estiraba sus brazos recubiertos con su campera naranja y azul por partes, los cuales trajo serias discusiones entre las dos mujeres que estaban sentadas en un costados de la mesa de la habitación. El longevo solo observaba con gracia como no se daban cuenta que lo tenía puesto en pequeño no era tan inservible como pensaban, era inadecuado para el caso pero no inútil.
-Dónde estoy? – somnoliento preguntó el rubio, logrando que el dúo de féminas esboce una mueca alegre por sus movimientos.
-Estás en un hotel en la ciudad de Tanzaku, más precisamente, en la habitación donde me hospedo temporalmente con Shizune-chan y Tsunade-chan…por cierto, creo que deberías agradecerle a ella por tenerte en su regazo- sonriente, se burló el pelinegro al ver la cara sonrojada del niño, quien se levantó y se posicionó a su lado.
-Hari-kun me ha dicho que has estado buscándome en compañía de mi ex compañero de equipo Jiraiya, no es cierto? - preguntó la ojimiel, saboreando un poco de alcohol que le fue servido por el pelinegro.
-Sí, Ero-Sennin y yo fuimos ordenados por el grupo de ancianos para encontrarla y llevarla a la aldea para que se convierta en la nueva Hokage! – con fuerza dijo Naruto, haciendo palidecer a Shizune y atrayendo la atención de Hedwig, quien se sentó en el hombro del mago.
-Hari-kun…él es…? – dudosa cuestionó la última Senju.
-Cómo el hermano del Raikage? Sí. Además no debes de temer hablar sobre ese tema, ya conoció a Shukaku. No es así Kurama? – con una sonrisa torcida le dijo al zorro en el interior del niño.
-Sigh…tuvo que decir mi nombre en frente de todos ellos…si no fuese porque puede obliterarme cinco veces antes de parpadear…- se quejó el zorro de nueve colas.
-Dime Naruto-kun, ese sucio animalejo está quejándose? Quizás deba enseñarle una lección como hice con Isobu…- distraídamente replicó Hari, con Naruto riéndose a carcajadas cuando percibió el miedo del Kyūbi.
El hombre escuchó como se reía el niño, disfrutando de lo natural que se oía. Quería masacrar a algunos aldeanos de su pueblo tras haber visto sus memorias, siendo culpado de algo que no tenía poder. Obligado a la soledad y ser señalado con un dedo a cada paso que daba. Se sentía como volver a su propia niñez, y eso era algo que no se lo deseaba a nadie.
La rubia tenía el ceño fruncido de tal manera que logró que su diamante de la frente estuviese rozando sus cejas, siendo perturbada de su concentración cuando sintió un dedo en su cúmulo de chakra, relajándola de forma inmediata.
-No lo pienses demasiado. Dos opciones se te han presentado ahora, y viendo que la primera terminará definitivamente en un homicidio, deberías plantearte la segunda que te acaba de brindar este minúsculo torbellino- señaló el Poteru a Tsunade, quien ahogó un leve sonrojo al sentir como era acariciada.
-Si tan solo pudiese imaginarme esta misma situación sin ti a mi lado…la verdad es que no sé si eres algo bueno o malo, Hari-kun…necesito pensarlo. Después de todo, ese puesto siempre me pareció maldito- haciendo girar el líquido de su taza, comentó la Sannin de las babosas.
-Por qué dices eso, Obaa-chan? – preguntó el niño rubio, solo para empezar a sudar cuando sintió una intención asesina en su dirección.
-CÓMO ME HAS LLAMADO MOCOSO!? – con un vena marcándose en su frente, gritó Tsunade mientras era sostenida por su aprendiz y Ton Ton.
Antes de que Hari pudiese hacer algo para defender la integridad del Uzumaki, un borrón rojo apareció volando a través de la ventana para luego estrellarse contra una pared cuando el ojiverde lo acorraló con Samehada en su cuello, rozando una escama y drenando su energía.
-Bueno, bueno, bueno…parece que el último actor decidió hacer acto de presencia en el escenario- con voz melosamente venenosa comentó el europeo.
-Ero-Sennin! Al fin aparece! – se quejó Naruto.
-Jiraiya…me gustaría decir que este es un día de reuniones del pasado, pero no estoy de humor- secamente proclamó la Senju médica.
-Jiraiya-sama, por favor no vuelva a hacer eso! – trató de advertir la Kato cuando vio el estado en el cual se hallaba ahora.
El peliblanco recién llegado estaba más que sorprendido por la situación que era partícipe, viendo como su alumno estaba a salvo con la persona que debían buscar y su aprendiz mientras que él era ahorcado por un Uchiha de ojos verdes muy peligroso.
-Suéltame Uchiha, solo vengo en una misión con el Gaki para encontrar a Tsunade-hime- tratando de sonar confiado, le reclamó el Sabios de los sapos.
Un leve aumento de intención asesina lo calló en un instante, alzando su vista al pelinegro y verlo sonreír amablemente pero deduciendo que prometía un tormento infinito si llegaba a molestarlo.
Kurama sudada a mares, porque aunque esas ganas de matar no fuesen contra él, conocía a la perfección que ese humano con cara de sapo estaba cruzando un límite que ni él mismo lo haría de nuevo. No luego de sufrir junto a sus hermanos bajo su poder.
Hedwig miraba atentamente la actitud de su amo, riéndose por dentro. Sus instintos le decían que Hari había tomado una decisión de manera insospechada e instintiva. Protegiendo algo que ni él mismo sabía que quería con profundidad.
-Sabes, para ser el padrino de Naruto-chan, haces un mal trabajo…siento empatía con el pequeño torbellino, al menos mi padrino tenía una excusa para no estar a mi lado- con asco salieron sus palabras, soltando al Sannin y caminando hasta estar junto al rubio.
-Pa-pa-padrino? Tú eres mi padrino? – cuestionó el niño, viendo fijamente al adulto de pelo cano.
-Tú como sabes eso!? Era un secreto hasta que llegase el momento justo para revelárselo! – protestó este.
Tsunade, en vista de lo que sucedía frente a ella, decidió tomar la palabra para calmar a su compañero de viaje. Nunca lo había visto tan enojado, podía sentir su poder irradiando de sus poros, y deseaba más que nada el ir a calmarlo de cualquier manera. Pero a pesar de sus anhelos, se frenaba para no generar una escena poco digna de una mujer de su edad.
-Aunque desease más que nada el verte golpeado hasta el borde de la consciencia, necesito platicar contigo sobre lo que ha estado sucediendo en Konoha durante mi ausencia…pero antes que nada, qué le has enseñado al niño? – con un aspecto regio preguntó la mujer, demostrando su poder y temple con su actitud de heredera fundadora.
-La invocación de los Sapos y el Rasengan…- comenzó a decir Jiraiya, para posteriormente arrepentirse.
-Acaso estás loco!? Quieres matar al niño!? Que pueda curarse rápido no significa que no pueda morir! Acaso no aprendiste nada de tus dos alumnos anteriores!? – reclamó Tsunade, volviendo tener una vena en su frente, siendo detenida por el abrazo alrededor de su cintura que le dio el mago instintivamente, liberándola al cabo de unos segundos.
-Oiga, Obaa-chan! Mire, puedo hacer el Rasengan sin ningún problema! – Naruto le dijo, demostrando la imperfecta esfera arremolinada de chakra en su mano derecha.
-Ni siquiera comprobaste que fuese perfecta! Tanto deseo tienes de perder un tercer alumno? Sabes algo, si puedes mejorar esa técnica para dentro de una semana, me iré contigo a Konoha y seré la nueva Hokage. Pero si fallas, me darás todo tu dinero! – dijo la Senju, gritándole a su ex compañero primero, para luego apostarle al último Uzumaki de Konoha.
Dos puños aparecieron a los costados de la cabeza rubia, apretando sus sienes con leve fuerza haciéndola chillar de sorpresa y dolor, moviendo sus brazos para tratar de alejar a su torturador.
-Creo que te había dejado en claro sobre tu manía de apostar…Geez, mejor me llevo a Naruto-kun y Shizune-chan afuera mientras platicas con el degenerado con cara de sapo. Si intentas algo inapropiado con ella, lo sabré y vendré a mostrarte el verdadero sufrimiento- advirtió el pelinegro a Jiraiya, llevándose a los dos aprendices al exterior.
Shizune decidió tomar asiento al lado del hombre que había estado entrenándola durante los meses previos al día de hoy. Descansó su cabeza en el hombro de Hari, suspirando cansinamente mientras observaba detenidamente los intentos de Naruto para perfeccionar su técnica bajo los pacientes consejos del inglés.
-Naruto-chan, durante cuánto tiempo has aprendido esa técnica? – el Poteru preguntó.
-Un mes. Kakashi-Sensei no quiso enseñarme y el pervertido de armario era inútil…Ero-Sennin se ofreció y me arrojó por un acantilado en el proceso- comentó el niño, recordando la tortura que tuvo que sufrir.
-Ese tipo es idiota de nacimiento o de los golpes que Tsunade-chan le dio? – confundido y molesto le preguntó el macho a la aprendiz de medicina.
-No lo sé la verdad, siempre oí que era un ejemplo a seguir. Pero luego de pasar tiempo con Tsunade-sama, me he enterado que es un pervertido y tiene la mentalidad de un niño- resignada respondió la muchacha.
Hari volvió su atención al niño rubio, viéndolo esforzarse por llevar a cabo su entrenamiento pero fallando estrepitosamente debido a diversos factores, comenzando principalmente por la falta de concentración y la falta de enseñanza aplicada. Levantándose de su asiento en el tocón que compartía con la mujer de pelo negro, se acercó a Naruto, poniendo su mano en su cabeza para tranquilizarlo.
-Antes que nada, quiero que hagas tantos clones como puedas- ordenó.
-Por qué? – curioso replicó.
-Debido a que nadie se tomó el tiempo de enseñarte algo fundamental en esa técnica. Cada clon que hagas guardará cualquier información o experiencia que realicen, cosa que cuando uno de ellos desaparezca, tú recibirás toda la data y sabrás lo que ellos aprendieron- explicó lentamente, para que entendiese el ninja con bigotes.
-Por qué nadie me dijo eso!? – reclamó ruidosamente.
-Porque todos pensaban que no serias capaz de comprender. Así que dejaré muy en claro una cosa…mientras estemos juntos, quiero que dejes de fingir. Quítate esa máscara y revélame el verdadero tú. No eres un chiquillo tonto ni un monstruo. Eres Naruto Uzumaki, ahora quiero hagas todos los clones que puedas y obedece mis indicaciones. Te ayudaré a perfeccionar esa técnica en tiempo récord- fieramente habló el longevo, fijando su mirada en los oceánicos ojos que develaban más madurez que cualquier hombre adulto.
El claro se llenó de humo cuando Naruto puso sus dedos en cruz, revelando cientos de clones ansiosos por mejorar. Hari empezó a pedirles que se dividan en grupos de veinte y los obligó a entrenar el control de chakra, ya sea caminando en los árboles o sobre un pequeño lago e incluso sobre unos kunais. Otros debían rotar el chakra en sus manos, mientras que algunos se concentrarían en hacer estallar rocas por puro poder. Los últimos grupos debían unir los pasos anteriores en grupos de tres clones, hasta el punto en que no se demoren más de dos segundos para luego practicar en parejas hasta repetir lo anterior y finalmente que cada clon pueda generar un Rasengan por voluntad propia.
Al mismo tiempo que todo esto ocurría, Hari y Naruto estaban sentados en el suelo, con los dedos del adulto en el estómago del chico, mejorando el sello que tenía dibujado y retenía al Kyūbi.
-Nosotros que haremos, Hari-san? – cuestionó el Uzumaki, viendo que todos sus clones entrenaban.
-Te llevaré a una reunión familiar, nunca te debieron haber ocultado ciertas cosas y pienso solucionar eso mismo ahora- respondió el pelinegro, poniendo su mano en la cabeza rubia y cerrando los ojos, para que ambos aparezcan en el plano mental del Jinchūriki frente a una gigantesca jaula con un zorro en su interior.
Finalizó el capítulo número ocho y espero que haya sido de su agrado.
En las actualizaciones posteriores iré rellenando las situaciones que no muestro aquí, como la charla que tendrás Jiraiya y Tsunade. O lo que Hedwig piensa.
Tienen alguna queja? Algún consejo? Algo que desearían ver?
Por favor comenten, ustedes hacen que mis ganas de escribir continúen.
Saludos!
