Intermedio Acto I
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Crónicas de Asgard: Ragnarok
El Heredero del Cielo y la Tierra
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"El Heredero y el Cazador de Almas"
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Más allá del cielo gris que anunciaba la proximidad de la tormenta, más allá de la tierra de los mortales, cruzando valles y bosques en los peligrosos límites del país de Asgard fuera de la protección de los dioses, un joven forastero caminaba ocultando su nombre bajo una gruesa capucha, sosteniendo los bordes de la capa negra con una mano ante el fuerte viento que remecía ramas, arrancaba hojas y hacía crujir los troncos de los milenarios árboles. Se movía rápido, como queriendo ganarle a los truenos que le pisaban los talones, o quizás ocultarse de algo más temible que la fuerza de la naturaleza.
—Mira lo que tenemos aquí, ¿has visto alguna vez alimaña más extraña?
La voz ronca y raspada se escuchó por encima del coro de hoja, causando que el misterioso encapuchado se detuviera levantara la cabeza con firmeza mirando hacia las ramas de un viejo pino donde lo encontró de pie sobre una rama apostado contra el tronco. Era un hombre maduro de pelo negro y frondosa barba que vestía un ajustado uniforme de los Fénix de Plata para el corpulento cuerpo que ostentaba, compuesto por una llamativa camisa azul con adornos de plata y pantalones negros con botas de idéntico color. Al instante el einjergar se dejó caer desde las alturas cortándole el paso al misterioso viajero. Cuando se escuchó una segunda voz a espaldas del viajero.
— ¿Cómo te atreves a regresar sabiendo que el amo te busca, creías que sus afilados ojos no llegarían hasta el bosque de Myrkvidr?
Era otro einjergar de los Fénix de Plata, igualmente de apariencia madura curtido en batallas, pelo castaño muy oscuro y de contextura delgada, que apareció entre los matorrales cerrándole toda posibilidad de regresar.
—Oh, chico, tienes muchas cosas que explicarle al amo —dijo el primero—, ¡al fin tus privilegios se acabaron, niño! Llegó la hora de pagar por todas las humillaciones que nos diste.
— ¡Venganza! —clamó el segundo de ellos reaccionó con vehemencia—, venganza por todas las veces que te creíste nuestro jefe, mocoso, ahora nos las pagarás todas juntas. Veremos qué tan grande eres sin la protección de nuestro amo.
El einjergar de barba desenfundó desde detrás de la cintura un par de espadas cortas, las que giró rápidamente haciendo exagerados aspavientos ufanándose de su habilidad. El hombre delgado dejó que su brazo colgara, desenredándose una larga cadena que tenía enrollada en el antebrazo, la que luego sostuvo tensándola con una mano mientras que con la otra empuñaba un largo bastón desde donde nacía la cadena teniendo por extremo una larga punta de acero que se veía opacada por el veneno con la que había sido bañada. Con un firme impulso comenzó a hacerla girar por encima de la cabeza amenazadoramente.
El viajero con la mitad superior del rostro cubierto por la sombra de la capucha pareció mirar detenidamente al primer einjergar, luego girar la cabeza apenas notoriamente para mirar al que lo rodeaba por atrás, para abrir los labios por primera vez desde que se encontrara con ellos.
—Dejen de estorbarme, o morirán —la voz juvenil fue fría y marcial.
Ambos einjergars reaccionaron con burlas a las palabras del joven.
—Aun no pierdes tu soberbia, mocoso, desconoces tu lugar. ¡Qué importa! Ahora llevaremos al amo tu cabeza.
El de la cadena también afiló la lengua.
— ¡No me importa si el amo te quería vivo! Has sido duro de encontrar, movilizar todo un pelotón únicamente para cazarte en medio de este endemoniado clima. Has causado demasiadas molestias como para concederte más tiempo de existencia.
Sin decir más el einjergar detuvo la cadena cuando en un rápido movimiento estiró el brazo arrojando la punta envenenada directo a la desprotegida espalda del viajero. Celebró por un instante cuando su arma alcanzó la capa, pero quedó perplejo cuando la punta de aceró desgarró la tela en el aire sin hallar a la presa.
— ¿Dónde está, dónde se metió?, donde —murmuró desesperado mirando en todas direcciones—. ¿Lo has visto?
—Qué se yo —respondió el primero igual de angustiado que su compañero—, no lo vi moverse, desapareció, juro que lo hizo.
— ¡Nadie puede desaparecer, imbécil!
—Entonces, dónde está, dímelo tú.
—Les advertí que morirían —se escuchó la voz del joven.
Ambos einjergars alzaron las cabezas para verlo de pie en lo alto de una rama ahora con el rostro descubierto. El joven tenía el cabello largo y negro algo ondulado, atado por una cinta plateada a la altura de los hombros desde donde seguía como una larga coleta muy desordenada que le caía hasta la cintura cuando no bailaba violentamente al son del viento con largos y desordenados mechones que caían a los lados del rostro. Los ojos de ese joven eran azules, fríos como el hielo, provocaron el miedo de los einjergars.
Vestía una camisa negra como los pantalones y las botas pesadas con protecciones de metal plateado. Por encima de la camisa usaba una fina cota de malla apenas perceptible contra la camisa por ser de un acero opaco y oscurecido. Las mangas eran largas cubriendo los antebrazos con protecciones de cuero negro y detalles en plata, las manos enguantadas y un delgado arnés de cuero que nacía de las pequeñas hombreras y se unía por holgadas cintas al pesado juego de cinturones del que colgaban cuchillas, bolsillos extras y algunos cristales muy pequeños de extraño resplandor y diversos colores engarzados en piezas de metal y finas y cortas cadenas que se mecían colgando del cinturón. Del arnés que con fuerza se abrazaba del toso del joven parecía también colgar la larga funda de una espada que se cruzaba por la espalda en diagonal, pudiéndose apreciar la prolongada empuñadura apareciendo por debajo de la capa y alzándose por encima del hombro del joven.
—Tienen una última oportunidad para desaparecer de mi presencia. Se van, o sus almas servirán eternamente a Hel como uno más de sus engendros.
Ambos einjergars se miraron entre sí confundidos, jamás habían visto al odiado mocoso hablar tanto, menos para mostrar misericordia, ¿qué era eso? Para guerreros crueles, tanto en la vida mortal como después de ella, que no entendían la piedad como un acto desinteresado sino como una muestra de debilidad sacaron la más lógica y peor de las conclusiones.
—Así que tienes miedo de enfrentarnos —rió el de barba—. No te preocupes, niño, seremos suaves contigo. Te mataremos rápidamente, en lo posible.
El par de einjergars se reían burlándose del joven, lo trataban de niño por su joven imagen que dependiendo del caso podría parecer tener entre dieciocho a veinte y algo años, aunque de cerca se podría ver perfectamente que la verdadera edad de aquel joven era un poco mayor, su contextura y facciones orientales lo rejuvenecían todavía más en apariencia en comparación a esos matones de ascendencia nórdica que enfrentaba.
Avari, el antiguo sirviente del dios Loki, sintió como despertaba y se alimentaba un antiguo rencor en su interior. Con un leve gesto que reveló apenas su sentir al torcer los labios, llevó una mano por encima del hombro para aferrar con firmeza la empuñadura de la espada. El metal cantó cuando se deslizó liberándose de la funda, no terminó de sacarla del todo cuando Avari gritó en un último movimiento cortando el aire con la espada, en el momento en que la hoja de acero se rodeó de una oscura aura, disparando una ráfaga de energía oscura con la forma de luna creciente. El ataque cayó en tierra justo entre los dos einjergars que no habían alcanzado a cerrar la boca desde la última carcajada cuando se burlaban del joven. La explosión siguiente los arrojó al suelo, sacudió las ramas, las hojas volaron despedazadas, el viento se detuvo y el sonido de la tormenta cesó también con respetuoso temor.
Tras el humo que dejó junto con una larga zanja de varios metros de largo sobre tierra chamuscada los dos einjergars sentados en el suelo se miraron entre sí incrédulos.
—Por los sagrados dioses, ¿qué fue eso? —exclamó el segundo einjergar con la cadena torpemente enredada sobre su cuerpo.
Cuando el viento se reanudó y recordaron que se aproximaba una tormenta, el humo fue disipado por completo y pudieron ver que más allá de la zanja y caminado lentamente se aproximaba Avari. En una mano sostenía casi colgando una espada de hoja gruesa y larga tanto como la empuñadura, con una franja de acero oscurecido en el centro donde sobresalía una hilera de runas más antiguas que la historia de Asgard, la protección de la mano era una compleja serie de pequeñas figuras que asemejaban a monstruosas deformaciones de demonios y seres desconocidos, al igual como los detalles góticos que rodeaban la esfera roja en el pendón, que al apreciarse más de cerca se distinguiría que la esfera era en realidad la figura de la cabeza de un demonio; era una espada de leyendas cantadas en otro tiempo, un arma que en manos de dioses y mortales había tenido muchos nombres famosos, desde reyes humanos hasta seres infernales, historias que siempre acababan en las mayores desgracias, el nombre de esa espada en la lengua más antigua conocida era "Gram".
Sin embargo, aquel conocimiento iba más allá de las simples mentes de esos einjergars que recuperando los bríos se levantaron otra vez llenos de arrogancia, cuando debieron haber temido y huido.
— Lindo truco, por un momento creí que podías usar algo de magia como los señores de Asgard, pero no es lo suficientemente bueno como para engañarnos.
—Sí, sí, no puedes engañarnos con esa actitud pomposa. Vamos a enseñarle a esa carita tuya de bebé lo que es el dolor.
El primer einjergar corrió hacia Avari con las espadas cortas cruzadas delante del cuerpo. Avari lo esperó poniéndose en guardia. Las espadas chocaron, forcejearon un segundo, se separaron y comenzaron a intercambiar rápidos golpes en los que el metal chirriaba y soltaba chispas. El einjergar se veía extremadamente hábil con las dos espadas, pero Avari no se veía esforzarse en lo más mínimo para contenerlo mientras empuñaba la gran espada con una única mano.
El joven Avari sintió una amenaza a sus espaldas y saltó hacía atrás un segundo antes de que la cadena del otro einjergar lo atrapara, la cual chocó contra las espadas de su compañero enredándose con las hojas.
— ¡Idiota, fíjate en lo que haces!
—Es muy rápido.
Antes de que pudiera siquiera pensar en recoger la cadena sintió un escalofrío recorrerle la espalda, giró lentamente con temor para encontrarse con Avari, erguido y tranquilamente mirándolo con un atemorizante resplandor de ira en los ojos.
—Tú... tú… —murmuró el einjergar antes de reaccionar con desesperación—, ¡muere!
Soltó la cadena y en un rápido movimiento desenfundó una daga de hoja curva a la vez que giró el cuerpo ejecutando una letal estocada, pero Avari fue más rápido cuando lo evitó dando un calmado paso hacia un costado para luego asirlo firmemente por la muñeca, dejando el brazo del einjergar estirado. Lo miró directamente a los ojos, éste le devolvió una insultante amenaza, entonces en un suave pero rápido movimiento que parecía carecer de fuerza el joven giró la mano. Se escuchó el tronar de los huesos del brazo del einjergar, los dedos se abrieron involuntariamente dejando caer la cuchilla. A pesar del dolor que derramaban los ojos del desdichado hombre, Avari esta vez no tuvo piedad, jaló el brazo con fuerza hacia él para recibir el cuerpo de su oponente con una brutal patada en el abdomen, el cuerpo del hombre se dobló como un si fuese un saco de tela antes de salir disparado con potencia. El cuerpo voló directo hacia su compañero que en ese preciso momento corría hacia ellos queriendo auxiliarlo, chocaron y enredándose sus cuerpos ambos se estrellaron contra un árbol cercano.
Avari al verlos aturdidos y lastimados no emitiendo más que quejidos enfundó la portentosa espada Gram. Miró a los patéticos oponentes y pensó por un momento si no sería más conveniente acabar definitivamente con ellos. Alzó el brazo, abrió la mano, estiró los dedos, cerró los ojos, una energía oscura lo envolvió.
—No.
Cerró la mano y la energía se disipó al instante. No valía la pena una muerte más en el decadente universo. Había decidido marcharse cuando algo lo inquieto. Miró a sus alrededores, las nubes negras ya estaban sobre él y unas cuantas gotas comenzaron a caer sobre las hojas de los árboles. Él no se movió. La respiración del joven se volvió suave, casi imperceptible, las manos temblaban ligeramente y sin mover la cabeza los ojos sí lo hacían lentamente de un costado a otro, siguiendo cada rama, cada hoja, cada extraña silueta que creía ver en la oscuridad del bosque. Veía de reojo la empuñadura de la Gram por encima de su hombro y lamentó haberla guardado tan deprisa, ahora la sentía muy lejos de su mano, tan lejos como cruzar de extremo a extremo el bosque cuando reconoció con su percepción espiritual aquella conocida y odiada existencia.
—Avari, Avari, Avari —se escuchó una voz tétrica, rasposa, que pasaba de los tonos bajos y oscuros a los altos y molestos sin mesura, voz que siseaba desde todas direcciones, detrás de cada árbol, rama o roca—, mal niño, muy mal niño. Vidas yo no te enseñé a perdonar, ¿o sí? No, no lo hice, no, no. ¿No matarás a esos patéticos oponentes, no destruirás sus almas, no beberás de su sangre antes de enviarlos a Nilfhel envueltos en sus propias vísceras como un regalo para la reina de la desgracia? ¿No, no, no lo harás? ¿No?
El joven Avari mostró una faceta desconocida hasta ahora en él. El antiguo comandante de las fuerzas oscuras que destruyeron al reino de Alvheim de los elfos de la luz había palidecido, los ojos se contrajeron en un repentino e involuntario signo de temor antes de conseguir volver a dominar otra vez cada músculo de su cuerpo. El dúo de einjergars se estaba recuperando del golpe, escuchando la aterradora voz que para ellos era la de un demonio se pusieron rápida y torpemente de pie tratando de aferrarse entre ellos, adoptando una nerviosa guardia espalda contra espalda mirando en todas direcciones con desesperación.
— ¡Allí, sobre ese árbol! —gritó el segundo einjergar, que sin esperar corrió hacia su cadena tirada en el suelo, la cogió sin detenerse, pasó por el lado de Avari pero el joven parecía hundido en sus propios temores y no se dio cuenta de lo que el hombre hacía hasta que fue demasiado tarde, cuando éste levantó el brazo y giró la cadena preparándose para atacar.
Avari reaccionó mirando primero al einjergar que quedó atrás y rápidamente volvió la vista al frente como no creyendo la osadía de aquel sujeto, cuando en un desesperado intento fuera de su habitual frialdad alzó la voz en una desesperada orden.
— ¡Detente, insensato, no lo hagas!
Pero fue demasiado tarde. El hombre ya había arrojado el afilado extremo de la cadena como una saeta directa hacia la oscura silueta, por un segundo el einjergar creyó que lo conseguiría, cuando aquella silueta movió el brazo en una fracción de segundo atrapando la punta de la filosa hoja con la mano desnuda. Ambos hombres ahogaron un quejido de sorpresa y temor cuando la silueta se estiro, pues se encontraba acuclillado sobre la rama revelando ser un hombre muy algo con el cuerpo desproporcionadamente delgado como un horrible espantapájaros. Los largos y huesudos dedos que sostenían la hoja comenzaron a derramar una línea de sangre negra que contrastaba horriblemente con la cadavérica palidez de la piel.
Entonces abanicó la mano haciendo que la cadena se enredara en su propio brazo y antes de que el einjergar reaccionara ya había realizado un rápido y diestro movimiento para causar que el otro extremo de la cadena ondulara y rodeara el antebrazo del hombre. El einjergar no alcanzó siquiera a responder cuando sintió la fuerza que comenzó a jalarlo, las botas se deslizaron por el suelo levantando polvo en un desesperado intento por detenerse, el sujeto sobre el árbol comenzó a recoger rápidamente la cadena como si se encontrara en alguna clase de pesca.
—Es demasiado fuerte —murmuró el einjergar —, ya, ¡ya no puedo sostenerlo!
Finalmente sintió una fuerza sobrenatural tirar de su cuerpo, no pudiendo resistirse ni tampoco librarse de la mortal atadura de la cadena, los pies cedieron despegándose del suelo, todo el cuerpo del einjergar fue jalado con tal potencia que salió disparado en el aire en dirección de la silueta.
Lo que sucedería después sería espantoso, el sujeto a una velocidad impresionante ya tenía empuñada una descomunal arma; un largo bastón de oscuro metal que terminaba en una descomunal hoja curva en su extremo, era una guadaña de feroz diseño. Sin detenerse el sujeto saltó para encontrarse en el aire con su desesperada víctima.
El grito de terror del einjergar fue acompañado por el espantoso sonido de carne cortada, cuando en el aire se vio el resplandor de un torbellino de destellos de plata. Al final el sujeto de larga estampa cayó con la suavidad de un gato agazapándose en el suelo, sosteniendo con el brazo por sobre su hombro el extremo inferior de la gran guadaña con el largo bastón cruzándose descansando sobre la espalda, cuya hoja estaba teñida de sangre, para luego caer tras él una lluvia de sangre y carne de los restos despedazados del einjergar entre fragmentos de armadura y tela, chapoteando en un charco carmesí.
—No puede ser verdad —dijo el otro einjergar ante los restos de su compañero. Vio paralizado de terror como aquellos pedazos de carne se volvían blancos como la nieve, al no ser un cuerpo mortal sino una existencia astral materializada por la magia de Asgard, antes de deshacerse en pequeñas partículas de luz que ascendieron rápidamente arrastradas por el viento; el alma del pobre desdichado había dejado la segunda vida para regresar al ciclo de las almas.
—Tú...
Ambas espadas cortas vibraban en las temblorosas manos, una mezcla de miedo e ira lo posesionó.
—Por qué, tú, maldito...
El sujeto se levantó ante ellos.
El cuerpo completo lo tenía enfundado en un traje negro, ajustado por una cota de malla muy fina rota en varias partes enterrándose los anillos en la rasgada camisa, algunas partes de armadura cubrían las articulaciones, los hombres, los muslos, pero todas parecían ser de distintos juegos dando la lúgubre impresión de que se había armado con los restos de anteriores víctimas, además de una gran cantidad de delgadas correas de cuero oscuro con hebillas de plata que parecían presionar varias partes de las extremidades. ¿Era en realidad humano? No podían ver el rostro dado la distancia y la oscuridad, pero sí pudieron ver el brillo de los dientes, alargados y afilados como los de una bestia, cuando sonrió. Apoyó el extremo inferior del largo bastón en el suelo encajando los pequeños dientes de acero que allí tenía, luciendo una hilera de runas de metal negro engarzadas a lo largo del bastón en una espiral que lo rodeaba de extremo a extremo, también pudieron ver en detalle la enorme hoja curva de la guadaña que se curvaba por encima de la cabeza del sujeto, con un refuerzo más grueso en la parte superior de la hoja y pequeños dientes apenas perceptibles en la parte inferior y más afilada del acero. La incipiente lluvia comenzó a desparramar la sangre que teñía por completo el acero de la guadaña goteando en grandes gotas carmesí sobre la capucha del extraño.
Él inclinó la cabeza mostrando todavía un poco más los bestiales dientes, un largo mechón negro se deslizó de debajo de la capucha cayendo casi hasta la cintura, tapando la mitad de lo poco que ya se veía del rostro, un cabello oscuro, opaco, liso y desordenado. Los hombros temblaron, era como si se estuviera riendo, más que eso, conteniendo una risa estridente cuando cerró los labios presionándolos con fuerza, entonces habló:
—Mucho tiempo no verte, no, no verte, niño. Sí, mucho tiempo, mucho tiempo. Ah, sí, tiempo.
La oscura voz del extraño hombre producía escalofríos, especialmente cuando se detenía con sus extraños siseos y sonidos que emitía con los dientes a medio cerrar. Movió la cabeza lentamente en dirección del otro einjergar de los Fénix de Plata, el cuál tembló todavía más, cuando sintió que debajo de la capucha los ojos de ese extraño ser lo traspasaban como una espada afilada.
—Demasiados intrusos... oh, sí, demasiados para mi gusto. Tú no los invitaste, tú no, niño, ¿no? Yo tampoco, no, tampoco. Fiesta privada es ésta, sí, privada, sí, sí, sí.
— ¡Déjalo! —gritó Avari extrañamente alterado.
Pero se vio interrumpido cuando el einjergar de barba se abalanzó contra el sujeto de la guadaña, queriendo aprovechar el que se encontraba distraído con Avari.
— ¡Muere, demonio! —gritó el einjergar, cuando saltó a un metro de él creyendo que ya lo tenía, pues el extraño no se había movido siquiera un centímetro como si en realidad no hubiera reparado en el einjergar. Pero al caer con un rápido golpe con ambas espadas la figura del extraño se desvaneció en el aire como si estuviera hecho de neblina.
—Por la espalda atacas, einjergar, por la espalda. Emboscar, engañar, cazar… Oh, sí, ¡me gusta!
La tétrica voz fue seguida por una estridente risa.
— ¡Me gusta! ¡Me gusta! ¡Me gusta! ¡Me gusta! ¡Me gusta! ¡Me gusta!
Avari se puso en guardia. El einjergar al notar la seriedad del joven sudó frío temiendo más allá de lo que podría imaginar, más cuando sus ojos volvían una y otra vez a la mancha de sangre que dejó su compañero.
— ¡Me gusta tanto que te mandaré rápidamente al infierno!
Se escuchó un aterrador alarido cuando el malévolo ser apareció en el aire justo por encima del einjergar, con la capa abierta y girando la guadaña por encima de la cabeza. El einjergar al verlo pensó que tenía una oportunidad arrojando una de sus espadas hacia su oponente, pero la espada lo traspasó cuando desapareció otra vez a metros de él, reaccionó con pánico cuando el extraño apareció otra vez delante de él, la sádica sonrisa que vio en aquél rostro descubierto fue lo último que pudo presenciar antes de que un destello de plata lo traspasara desde la cabeza hasta la entrepierna, terminando la punta de la guadaña enterrándose en el suelo entre sus pies. Dolor, angustia, terror, los últimos sentimientos que se vieron en la mirada de aquel einjergar antes de que su cuerpo explotara en un chorro de sangre y se desprendiera en dos partes que se desplomaron por separado, para después desaparecer desintegrándose en pequeñas partículas de luz al igual como antes fuera la suerte de su compañero.
El extraño cargó la guadaña sobre el hombro, se irguió y miró al último que quedaba, al joven Avari que ni siquiera había parpadeado ante lo sucedido no abandonando en ningún momento la seriedad del rostro, ni la perfecta postura de defensa con la espada Gram férreamente empuñada con ambas manos. El extraño alzó la mano dejando caer hacia atrás la capucha. El rostro de aquel sujeto era la encarnación de la muerte más odiada, el rostro pálido sufría de tal delgadez que se pegaba al cráneo dibujando las sinuosas concavidades del cráneo; el cabello era negro, liso, sin brillo, muy largo que cayó hasta la cintura por delante y detrás del cuerpo en desordenados mechones; los labios ennegrecidos tenían la marca de la sangre seca de viejas heridas, sangre negra como la de los demonios de Hel; una boca grande para el rostro enjuto mostraba dientes afilados como los de un animal y una sonrisa llena de maledicencia, como si realmente gozara ver sangre derramada, dolor y terror en las víctimas a las que perseguía; los ojos, aquellos ojos parecieran ser completamente blancos a menos que uno se fijara muy bien en las pequeñas pupilas blanqueadas contraídas en un eterno gesto de odio enajenado como el de un maniático, con el borde de los ojos rodeados de un halo negruzco por la sangre de las venas inyectadas violentamente. Se podían ver algunos adornos de plata colgando de las orejas rasgadas y cortadas por viejas heridas.
Ambos se quedaron mirando por largos y silenciosos segundos, la lluvia se hizo constante, un murmullo de golpes contra las hojas como el suspiro expectante de un imaginario público. Avari no descansó un momento la atención que tenía puesta tanto en el sanguinario sujeto como en su propia defensa, cuando se movió levantando alzando la hoja de la espada a la altura del rostro, donde la sostuvo horizontalmente con la punta recta hacia el frente, girando ligeramente el torso y separando un poco más las piernas. El extraño respondió con una risa burlesca, como si en ningún momento se preocupara de la situación con una relajada actitud.
—Avari —siseó el extraño en un inusual tono de placer cuando terminó de girar el cuerpo y encararlo.
—Dainn —respondió Avari sin demostrar sentir alguno, dando a conocer finalmente el nombre del misterioso cazador.
—Niño —sonrió de forma grotesca con una mirada de demencia—, ¿acaso no me has extrañado, no, extrañar al viejo Dainn?
Avari respondió al instante irguiendo el cuerpo, cambiando la espada de mano para estirar el brazo derecho con la palma extendida apuntando directamente al cazador.
—Ah, tan aburrido, sí, aburrido como siempre, niño —Dainn dejó las burlas cuando posó la mirada en la flamante espada rodeada por una inquietante energía—. Esa espada, Gram, sí, has crecido, crecido mucho, sí, sí, crecido. El amo Loki no supo cuidar bien de ti, no, le dije que debías morir hace mucho tiempo, mucho. Un mortal no es de confianza, no, no, sólo muerto es de confianza.
—Regresa al infierno —Avari respondió fríamente—, maestro.
Dainn congeló la sonrisa al instante que tomó con ambas manos el largo bastón de su arma y girando el cuerpo como tomando impulsó, arrojó con tal potencia la guadaña que giró como un gigantesco boomerang directo al cuerpo del joven. Pero sin sorprenderse Avari reaccionó.
— ¡Oscuridad del Alma!
La explosión de magia oscura arrasó con todos los árboles alrededor de ellos, desde el centro del círculo de humo y fuego la silueta de Avari emergió en un rápido salto que lo elevó por encima del caos. En un segundo escudriñó bajo sus pies, pero la repentina sensación de oscuridad le advirtió que miraba en la dirección equivocada. Alzó la cabeza y allí estaba Dainn, que desarmado cayó velozmente como una bala de cañón sobre el joven dando un giro rápido con el cuerpo para propinar una fuerte patada sobre la espalda al joven, regresándolo con gran fuerza al suelo. Antes de estrellarse Avari reaccionó a pesar del intenso dolor, giró el cuerpo justo a tiempo para caer pesadamente con los pies y una mano dejando un pronunciado cráter al hundir la tierra a su alrededor.
Avari ahogó un quejido de dolor cerrando sus dientes a base de fuerza de voluntad, no alcanzó a levantar una rodilla cuando al alzar los ojos se encontró con el puño de Dainn frente a su rostro. El golpe retumbó como uno de los relámpagos que ahora cruzaban el cielo enviándolo a estrellarse contra el tronco de un árbol como si lo hubiera embestido un toro. Pero Dainn no cesó su ataque, con una velocidad sobrehumana se deslizó antes de que Avari cayera al suelo para rematarlo en el abdomen con un poderoso golpe con la rodilla hundiéndolo en el destrozado tronco. Avari ahogó un quejido, los ojos se abrieron y las pupilas se contrajeron de dolor. El cazador retrocedió un par de pasos sin perder la sonrisa, vio al joven tambalearse ante él, caer de rodillas sin aire hasta apoyar las manos en el suelo escupiendo una bocanada de sangre.
—Niño, ¿todavía no sabes cómo luchar, no? —Dainn siseó para luego suspirar con una muy mal fingida lástima—. Misericordia por esos einjergars mostraste tener, sí, sus vidas patéticas perdonar, sí, perdonar, tú infierno por ello has de tener. No, no importa que a Loki tu traicionar, niño, no, no importarme en nada; pero él me pagó, sí, para enseñarte me necesitó, los caminos del dolor recorrer, enseñarte, sí, el arte del tormento, instruirte en la gloria de la muerte perfecta, ¡perfecta muerte, perfecta agonía! ¡Maravillosa muerte! No… y no toleraré que insultes el sagrado arte de la muerte. Tengo una reputación que cuidar, niño, sí, una reputación que cuidar y tú no estropear, no, ¿tantos años perder, tanto esfuerzo malograr, por un mísero acto de piedad a tu maestro humillar, sí, eso es lo que quieres, humillar, molestar, enfadar? ¡Airar!
No tuvo piedad de Avari que se encontraba de rodillas ante él y pateó su costado cruelmente haciéndolo rodar por el lodo. A pesar del dolor el joven trató otra vez de levantarse, con la mano temblorosa sostenía porfiadamente la empuñadura de la espada Gram cuando volvió a arrodillarse dificultosamente.
— ¡Pagarás!, niño insensato, oh, sí, pagarás a Dainn el tiempo perdido, pagarás, pagarás, ¡pagarás!
Con la misma rabia volvió a patear el cuerpo de Avari, pero el joven reaccionó utilizando aquel impulso lo hizo rodar y apoyó una mano en el suelo con fuerza para despegarse del suelo y en un rápido giro alzarse en el aire, a la vez que arrojó la flamante espada Gram contra su oponente.
— ¿Oh? —Dainn exclamó sorprendido por la reacción de su antiguo pupilo y saltó evitando la espada de Avari con extrema facilidad, pero en el aire se percató de que el joven tenía los brazos estirados apuntándolo con las manos abiertas.
— ¡Oscuridad del Alma! —Avari gritó enfurecido.
Dainn no pudo hacer nada, recibió el impacto del rayo de magia oscura de lleno con el cuerpo desapareciendo en el interior de una explosión que sacudió al bosque. La explosión iluminó el oscurecido cielo gris, pero Avari no se detuvo y corrió a toda velocidad para hacerse otra vez con su espada que se había clavado en un árbol y girar otra vez en posición de defensa. El cuerpo de Dainn cayó arrastrando una estela de humo con la túnica rasgada, pero a pocos metros del suelo giró recuperándose para caer de forma perfecta, a pesar de lo maltratado que aparentaba encontrarse se enderezó como si no sintiera dolor alguno y un extraño brillo dominó su mirada.
—Eso me dolió, niño, sí, me dolió.
Con la mano frotó su rostro limpiando algo de la sangre negra que caía por el costado de la frente, para lamerla con un placer enfermizo.
—Me dolió mucho, mucho, uhm... —murmuró distraídamente, dedicado únicamente al placer de lamerse la mano—. ¡Glorioso, sangre de mi propio cuerpo!, oh, años y años que no probaba este sabor, ¡delicioso! —gritó antes de estallar en carcajadas.
Avari no respondió, mantuvo la defensa en alto tanto como su silencio, pero el rostro del joven comenzó a mostrar molestia a medida que los segundos transcurrían y el cazador seguía pensando únicamente en saborear su propia sangre.
—Estás enfermo —murmuró al fin hastiado.
— ¡SÍ! —Dainn respondió efusivo—, ¡enfermo de sangre, sangre, hermosa sangre!
Entonces cambió inesperadamente la risa por un silencio frío, tanto que recordaba al mismísimo Avari o peor, el brillo en la mirada de Dainn se volvió como un par de cuchillas en la oscuridad. Avari notó el cambio, se sorprendió, no, aunque lo negara a sí mismo en su orgullo lo que sintió fue repentino temor recorrerle la espalda. Miró atentamente los ojos del cazador, cómo le costaba mantener esa mirada, muchos hombres valientes habían enloquecido de terror sólo por tratar de desafiarlo, pero el joven tenía la fuerza de voluntad para mantener su espíritu firme ante la imagen de la seguridad de la muerte que pierde a las almas humanas, cuando notó otra cosa en el reflejo lejano de los ojos del cazador.
Avari saltó rápidamente hacia un costado, justo a tiempo para evitar la guadaña de Dainn que regresaba girando en el aire a tal velocidad que ya casi parecía una especie de disco mortal al no poder distinguirse la forma del bastón o de la hoja de acero partiendo en dos el árbol que se encontraba a espaldas del joven. Dainn atrapó el bastón de su arma arrastrando los pies por el suelo dada la fuerza con la que venía, pero inmediatamente saltó para tratar de alcanzar al joven en el aire.
— ¡No escaparás, niño, no!
El joven giró el cuerpo en el aire y antepuso la hoja de la Gram en un desesperado intento por defenderse, cuando ambos aceros chocaron desprendiendo chispas.
— ¡No puedes ganar, no, no puedes con una espada que no sabes usar! ¡No sabes!
Pero Avari sonrió. La espada Gram se rodeó en un instante de una poderosa aura oscura estallando al final en un fulgor que expulsó una onda de energía que los separó a ambos en el aire. Dainn cayó violentamente contra el suelo sin control alguno, chocó con la cabeza y su cuerpo dio violentos tumbos como un muñeco de trapo. Avari por el contrario dio un acrobático giro para caer con los pies, pero la fuerza fue tal que se arrastró por el suelo teniendo que enterrar la punta de la espada para conseguir detenerse
El cuerpo de Dainn se encontraba boca abajo, con el brazo estirado sosteniendo todavía el bastón de la guadaña. La mano tembló ligeramente, luego el resto del cuerpo, levantó el otro brazo, apoyó la mano y se separó del suelo con aparente dificultad. Apenas hubo separado el rostro de la tierra tuvo un acceso de tos y vomitó una gran cantidad de sangre negra. Comenzó a reír entre dientes, se incorporó lentamente y a medida que lo hacía su risa iba en aumento, a pesar de las heridas no aparentaba más que una enferma felicidad.
— ¡La Gram es buena! Maravillosa, espada maravillosa, sí, ¡sí! Extrañaba mucho, mucho, su hambre de almas. Ah, sí, sí, la espada de los mil condenados, es buena, muy buena.
Contradiciendo la antes aparente debilidad de su cuerpo se movió con energía adoptando una fiera postura de batalla.
— ¡Demasiado buena para un niño, oh sí, para un niño que no ama la sangre como tú, maldito fracaso!
Y se abalanzó velozmente en contra de Avari, el joven hizo lo mismo tratando de no perder en ningún momento la plena concentración en cada movimiento de su maestro, pero al arrojar el primer golpe con su espada Dainn desapreció nuevamente ante sus ojos. Avari se detuvo, no se mostró sorprendido y se agachó justo a tiempo para evitar un corte horizontal de la guadaña que venía desde atrás que casi lo peinó. Entonces Avari apoyando una mano en el suelo levantó el resto del cuerpo casi en posición invertida golpeando con ambos pies el rostro de Dainn que estaba a sus espaldas. El cazador perdió el balance, Avari terminó el movimiento con un rápido giro, cayó de pie y volvió a acometer tratando de aprovechar la oportunidad. Pero en el preciso instante que parecía estar a la merced del joven, el ojo de Dainn volvió a reflejar aquel brillo mezcla de maldad y astucia.
Avari lanzó un golpe en diagonal creyendo que ya tenía a Dainn en su poder, dispuesto a partirlo en dos con la espada Gram cuando se detuvo bruscamente justo frente a él. Un fuerte dolor en su abdomen lo hizo bajar la mirada lentamente para darse cuenta de que Dainn había sido más rápido de lo que podía ver y había antepuesto la parte inferior del largo bastón de la guadaña con sus pequeñas pero efectivas puntas de acero incrustadas en los anillos de la cota de malla del joven. No era un daño profundo pero sí muy doloroso, lo suficiente como para detenerlo, entonces Dainn aprovechó la oportunidad y desencajando su arma del cuerpo de Avari con un brusco movimiento realizó un giro completo para decapitarlo con el filo del arma. A pesar del dolor Avari se dejó caer rodando hacia un lado justo a tiempo para evitar la muerte y sin dejar de girar interpuso varios metros de distancia entre ellos.
— ¿Qué pasa, niño, aún después de tantos años de entrenamiento te molesta el dolor?, ¿no? —Dainn no dejaba de sonreír como divertido—. Entiende que el dolor es placer, ¡placer!
La risa maniática comenzó a exasperar a Avari, endureciendo aún más la fría mirada se levantó con pies inseguros por el dolor de su abdomen, una mancha de humedad teñía la camisa. Con la respiración agitada se llevó una mano al abdomen y lo presionó enterrando los dedos a través de sus propias heridas y se tensó dominando el intenso dolor, entonces levantó la mano para ver una gran cantidad de su propia sangre cubriéndola, sin demorar apoyó la mano sobre la hoja de la Gram y la sangre comenzó a deslizarse formando canales sobre el acero. La Gram se envolvió ahora de un resplandor intenso y rojizo.
— ¿Qué haces, niño? —Dainn dejó de reír mirándolo con curiosidad, cuando los ojos del cazador se entrecerraron en un atisbo de molestia—. ¿Pretendes usar los malditos trucos de esa bruja en mi contra? ¿Acaso no aprendes, no, miserable niño, por qué insistes en hacerme enojar?
—Prometo... —murmuró Avari dolorosamente—, qué pagarás por esto, Dainn.
Avari empuñó la espada con ambas manos y la luz rojiza aumentó mientras pequeños rayos como de electricidad del mismo color rojo intenso la comenzaban a cubrir por completo.
— ¿Uh?...
Ante la mirada de estupidez del cazador, Avari apoyó un pie con firmeza para impulsarse hacia adelante a la vez que ejecutó un golpe con su espada como abanicando el aire con ella.
— ¡Mareas de Sangre!
La energía de la espada se liberó transformándose en una gigantesca ola roja que avanzó arrasándolo todo en dirección del cazador. Éste se quedó quieto observando hacia arriba aquella destrucción que venía sobre él con una mirada vacía. La ola de energía arrasó con la tierra, árboles y rocas que encontró en el camino, nada se salvó de aquella destructora magia que fue como la ira de un dios.
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La lluvia se volvió intensa, el agua dibujaba pequeños canales desde el cabello del joven Avari, deslizándose por las mejillas emblanquecidas hasta formar grandes goterones en el mentón. Se encontraba solo, de rodillas ante el inicio de una gran zanja de tierra chamuscada, un nuevo claro se había creado en ese bosque donde no había vida, sino que las marcas como si un dragón hubiese pasado por allí consumiéndolo todo con intensa ira.
El joven parecía perdido con la mirada puesta en la espada que ahora vibraba con una suave y fría aura azulada, tan fría que el metal lastimaba sus manos, el agua de lluvia que bañaba comenzó a formar una fina capa de hielo, algo en su interior parecía desconfiar de su propia arma.
Aquella solemnidad fue interrumpida cuando percibió un sonido distinto y más fuerte que la lluvia. Desde las sombras de las ramas pudo ahora escuchar con claridad el batir de palmas como si algún secreto admirador estuviera justo ahora aclamándolo.
—Dainn... — murmuró con frialdad, sabiendo que ya no tenía fuerzas para seguir combatiendo.
— ¡Bien, muy bien, eso fue divertido! ¡Oh, sí, qué divertido! —gritaba Dainn sin dejar de aplaudir, pero no podía el joven saber exactamente dónde se encontraba—. ¡Sí, sangre, mucha sangre, así es como se hace, mi niño! Me haces sentir orgulloso, infame traidor, orgulloso y con mayor sed de tu sangre, sí, tu sangre, ¡tú sangre!
Al fin pudo dar con él, se encontraba de pie sobre una rama muy alta de uno de los pinos que sobrevivieron en los contornos de la tierra quemada. Dejó de aplaudir y haciendo una burlesca reverencia dio media vuelta dándole la espalda.
— ¡Dainn, maldito animal, no me ignores! —gritó furioso—. ¿No viniste a matarme?
—Asesinarte no es mi trabajo, ¡no!, no por ahora... —respondió Dainn lentamente como gozando cada segundo que veía el rostro enfurecido de su joven alumno—, sólo a mi discípulo quería ver y saludar, saludar, oh sí. Pero saber tienes, saber, saber que un día si el amo así disponer de tu vida quiere, si ordenármelo, ordenármelo sí... matarte tendré, niño.
Dainn desapareció como una sombra, pero su voz pudo escucharse por última vez haciendo eco en el frío bosque de Asgard.
— ¡Ahora trabajo tener, sí, trabajo que no permite a Dainn divertirse más contigo, niño! Una pequeña princesa que cazar, cliente impaciente, ah, impaciente, sí. Hasta entonces, cuando tu sangre me llame, cuando tu muerte finalmente pueda degustar ¡sí!, ¡hasta el día de tu perdición, mocoso!
Un trueno rompió con la uniformidad de la lluvia, Avari ahora sí que estaba solo. Levantó el rostro y dejó que el agua lo refrescara, una extraña mezcla de sentimientos se combinaba con el dolor de los golpes y la herida de su abdomen. Pero lo peor era la decepción, de sí mismo, de su nueva espada, de saber que aún no era capaz de asesinar a ese einjergar que era peor que todos los engendros de Hel juntos, a ese einjergar al que había sido entregado por Loki para aprender el arte de la guerra y de la muerte. Su maestro, un animal sediento de sangre que no lo asesinó durante todos esos años porque si a alguien Dainn parecía temer de verdad, ese alguien era el dios Loki Laufeyiarson. ¿Una razón más para odiarlo?, ¿por haber tenido que vivir su infancia al lado de monstruos como ése?, o por no haberle permitido morir con ellos cuando más lo deseaba.
—Maestro Dainn —murmuró—, sigues siendo un maldito sádico.
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Continuará
