Capitulo 8
EL NUEVO
6º grado – 12 años.
Tranquila, mi vida era demasiado tranquila, demasiado aburrida. No era de algo de lo que me quejara cuando estaba en una pijamada en casa de Alice, nos abarrotábamos de chucherías hasta no poder más y veíamos mil películas mientras parloteábamos como loritas en su cuarto, pero este día no era nada de excepcional como para pensar que mi vida tenía muchas cosas para no ser aburrida. Era un domingo por la tarde y estaba tan aburrida que casi, casi, deseaba que fuera lunes para llegar finalmente al colegio. Rodé en mi cama (llevaba casi todo el día ahí, mi casa estaba sola porque mi mamá había salido a quién sabe donde) y cruce mis ojos.
No tenía nada de ganas de llegar al colegio al día siguiente, como cosa rara, el lunes era mi día menos favorito de la semana, incluso había leído en alguna parte que los lunes era el día donde se cometían la mayoría de los suicidios, pero si mi domingo seguía así, le iba a dar a el domingo el chance de ser el día con mas suicidios, añadiéndole el mío.
Rodé en mi cama, otra vez, y esta vez mi vista se fijo en el gran calendario pegado a mi pared. El día que le seguía a este fatídico domingo, un lunes, estaba decorado de rosado, con algunos corazones y flores. Recordé a Alice una semana atrás cuando agarro un marcador rosado he hizo lo que quiso con el cuadrito de marcada 14 de febrero contra mis protestas. Puaj, día del amor y la amistad, que día más cursi… aunque como mi mejor amiga era tan amante de esa fecha, ya tenía una caja de dulces y una tarjeta hecha por mi misma (un verdadero milagro, realmente) para entregársela al día siguiente, que descansaba tranquilamente y sin que yo la quisiera mirar sobre mi escritorio…
Hablando de escritorios, decidí dejar de rodar en mi cama y sentarme en mi escritorio, abrí un cuaderno en una página al azar y observe mis bonitos apuntes de matemáticas. Puaj, preferiría volver a rodar en mi cama a ponerme a estudiar matemáticas, aunque tuviese una prueba el miércoles…
Un ruido en mi ventana me dio la excusa perfecta para no tener que pensar en estudiar, camine hacia ella y la abrí, chirriando como siempre. Una piedrita golpeó en mi hombro.
− ¿Se puede saber por qué le estas tirando piedras a mi ventana?
− Es más divertido que tocar la puerta, ¿Estás sola?
− Si, ¿quieres entrar?
− No, ¿quieres tú salir?
Mire a mi mejor amigo, Jake, mostrándome todos sus dientes bancos en una sonrisa perfecta. Como una buena amiga de Jake, sabia que debía desconfiar de él cuando sonreía tanto, pero vamos, seguía siendo Jake y yo seguía confiando en él, además, era domingo y estaba mortalmente aburrida.
− Espérame un segundo.
Corrí hacía mi closet a la vez que él gritaba −¡ya pasó un segundo, Bella!− y sacaba el primer par de zapatos que encontraba, me cambié la blusa por una un poco más decente y menos gastada, me deje mis shorts de jean azules y bajé corriendo por las escaleras a la vez que me calzaba los zapatos, al pasar por la cocina deje escrito en una pizarra acrílica un mensaje para mi mamá "salí con Jake" y finalmente salí a mi porche.
− Lista y perfumada, cachorro.
Jake sonrío, siempre lo hacía cuando le decía así.− Agarra tu bici.
− ¿A dónde vamos?− pregunté mientras caminábamos al garaje.
− A pasear en bici.
− Me estas mintiendo, Jake, siempre sé que me estás mintiendo cuando te rascas la nariz mientras hablas.
− ¿Acaso no tengo derecho a rascarme la nariz?− gruñó, fingiendo estar ofendido, yo module un "no" con los labios− vamos a pasear en bici hasta que lleguemos al lugar a donde vamos a llegar, ¿puedes con la intriga?
− ¡Claro que puedo con la intriga!− gruñí, esta vez siendo yo la que finía estar ofendida, aunque si me hubiese preguntado si podía yo sola contra una banda de piratas mutantes, también habría dicho que sí, maldito orgullo.
Saque mi bici, negra con detalles en azul, demasiado varonil para mi, pero demasiado parecida a mi también, y me monté en ella a la vez que Jake se montaba en la suya, conducimos haciéndonos caras graciosas un par de cuadras mientras nos alejábamos de mi casa, de vez en cuando Jake se tapaba los ojos con una mano y con la otra mantenía el equilibrio, yo gritaba como una loca que se iba a morir, que abriera los ojos, ¡era una locura! ¡Jake era un loco!, pero terminaba riendo con él, como siempre que estaba con él.
Supongo que eso era una de las muchas cosas que habían cambiado de mí este último año, el hecho de que podía tener un amigo varón y no querer vomitarle encima, que especialmente este amigo fuera Jacob Black y que realmente la pudiera pasar genial con él.
− Estás loco− le dije con cariño.
− Tú lo estas el doble− me contesto sin voltear al mirarme, aunque pude escuchar la sonrisa en su voz.
Decidí que ya no podía con la intriga cuando dejamos las calles de cemento y entramos en una reserva natural que hacía las veces de parque. Estaba todo lleno de niños y familias haciendo picnics, por un segundo pensé que ahí era donde iba a pasar la tarde con Jake, ¡que aburrido!, ya estaba armando las oraciones para empezar a quejarme cuando vi que Jake seguía de largo y se alejaba de todas las familias ruidosas para adentrarse más al parque, cada vez con más árboles.
− ¡Jake! Dime a donde vamos o no continuo.
Jake me miró entornando los ojos.
− Vamos Bella, seguirías igual, no te gustaría quedarte sola aquí e irías atrás de mí.
− ¿Quieres retarme?
Otra vez, Jake me evaluó con la mirada, conocía muy bien lo terca que era, porque bueno, casi siempre me salía con la mía cuando de verdad quería algo y yo era muy muy buena en convencerlo a él. O quizás es que él quería dejarse convencer, lo que era más probable, porque la suerte que yo tenía no era nada envidiable.
− Ok− dijo exasperado− Los muchachos y yo estábamos aburridos y decidimos que sería divertido pasar la tarde montando en bici, así que decidimos explorar la reserva, mientras estábamos en eso, encontramos una pelota de fútbol y el terreno perfecto para jugar, al parecer alguien ya había jugado antes, pero Jasper insistió buscar a Alice antes de empezar, así que yo decidí ir por ti, seguramente ellos llegaran después de nosotros, porque Alice es un poco más maniática arreglándose para salir y vive más lejos que tú…
¿Saben lo que es oír sin escuchar? Bueno, yo lo oí todo y casi me sorprendió que pudiera entenderlo sin tener que prestarle atención, porque mi cerebro se había estancado en la parte de "los muchachos y yo…".
− ¿A quienes te refieres con los muchachos?
Jake entornó los ojos por segunda vez en menos de dos minutos –Sabes a quienes me refiero, Bella. Jasper, Em, Mike y Ed.
Sentí que, como cosa rara, Jake me estaba engañando. Apreté los puños frustrada.
− No te dije que vendría Edward porque sabía que no ibas a querer venir.− Agregó leyéndome el pensamiento.
− ¡Pero si a ti ni siquiera te cae bien Edward! ¡Sabes que a mi no me cae bien Edward!
− No es que no me cae bien… es que tenemos algunas diferencias irreconciliables.
− Apuesto a que te leíste eso de un acta de divorcio− Yo tenía experiencia en lo de "diferencias irreconciliables" con mis padres y lo de Edward y Jacob era más que eso−, o quizás estas viendo Dead Drop Diva otra vez.
− ¡No puedo evitarlo, a mis hermanas les encanta!− Casi me rio de la expresión de Jake en ese momento, pero me grité un ¡concéntrate Bella! y volví a ponerme seria.
− Me haces sufrir a propósito− le recriminé.
− Claro que no, no tienes que hablar con él si no quieres, bueno, realmente nunca hablas con él, ya todos sabemos que eres la reina en ignorar cosas, bueno, no es que Edward busque hablarte siempre, que yo sepa sólo ha tratado de hablarte como dos veces desde lo del incidente en la piscina y, bueno, eso pasó hace siglos… y yo simplemente estoy con él porque es amigo de mis amigos, no dejaré de ser amigo de mis amigos sólo porque Edward está ahí y, bueno, realmente no me cae mal.
Levante una ceja. La razón por la que Edward y Jake no se llevarán bien como cuando éramos más pequeños era un misterio para mí. Nunca había logrado que Jake cediera a contármelo, quizás era algo muy muy grave, algo que era mejor que yo no supiera, algo que yo definitivamente quería saber y que ya había perdido las esperanzas de conocer, aunque siempre que podía trataba de hacer que Jake me lo contara, uno nunca sabía si justo en el momento en que tu decidieras interrogar a tu mejor amigo este había tomado alguna poción de la verdad o buscaba un hombro amigo para desahogar todos sus oscuros secretos, o más bien una oreja, una oreja como la mía dispuesta a escuchar porque no se llevaba bien tu mejor amigo con tu peor enemigo.
− ¿Algún día me lo contarás?
− Quizás− y se rasco la nariz, el mentiroso de Jake.− ¿Vamos o qué?
Lo miré y me encogí de hombros ¿acaso tenía otra opción?, hice equilibrio sobre mi bici y empecé a pedalear.
− Me debes un gran helado de chocolate y torta suiza.
− Me debes tu vida por haberte salvado de morir de aburrimiento este domingo.
Me pareció un trato justo.
No pedaleamos tanto como creí que me tocaría pedalear y pronto llegamos al lugar donde me dijo Jake que era perfecto para jugar. Bastante plano y amplio, rodeado de algunos árboles pero no demasiados, se notaba en los lugares sin grama los lugares donde habían sido las arquerías. Había un tronco en el piso, bajo la sombra de un gran árbol que le daba sombra a la mitad de la cancha que era perfecto para los espectadores. Le puse el ojo al mismo instante en que llegamos.
Yo no sabía casi nada de fútbol, realmente era un nada completo, pero solía sentarme con Alice en el borde de la cancha del instituto para observar a los muchachos pateando la pelota, mitad jugando fútbol, mitad jugando a ser profesionales famosos.
Me dirigí con Jake a donde estaban Mike, Emmett y Edward, sentados bajo la sombra del gran árbol, discutiendo de cosas del juego que yo no entendí.
− ¡Hey chicos!− Saludó Jacob.
− Hey.− Saludé yo.
Todos me saludaron, incluso Edward me saludo movió los lados en un saludo, aunque mirando hacía otro lado. Yo hice mi esfuerzo para no mirarlo.
− ¿No ha llegado Jasper con Alice?− Preguntó Jake para romper la extraña tensión que se formó con nuestra llegada.
− ¿Acaso los ves por aquí?− Dijo Emmett, mi segundo varón favorito después de Jake (literalmente sería el tercero, si contamos a mi papá, Charlie).
Jake cruzó los ojos y decidió preguntar algo sobre el juego, a lo que todos empezaron a hablar de nuevo al mismo tiempo, creo que tratando de cuadrar los equipos.
Oh vaya, que incomoda me sentía ahí parada, viendo a los cuatro chicos de mi instituto hablar sobre fútbol y yo siendo totalmente ignorada. O sea, ser ignorada por Edward era alguno bueno ¿verdad?, pero sentirme ignorada por el grupo era diferente, no encontraba que hacer con mi cuerpo y me empecé a balancear sobre mis talones, creo que discutían acerca de como jugar con cinco jugadores.
− ¡Bella!− ¡Gracias al cielo por a llegada de Alice!
A diferencia de como habíamos llegado Jake y yo, Alice había venido en la misma bici conducida por Jasper, abrazada románticamente a su espalda, como la propia película de amor, tan típico de Alice, tan complaciente de Jasper.
Antes de que siquiera me fijara, sus manitas se colgaron en mi cuello y me abrazó.
− ¿Cómo te preparas para mañana?
− Como para un lunes, Ali, con las mismas ganas de suicidarme de siempre.
− No te juegues con eso, boba.− Me soltó y me golpeó en el hombro con un puño, sin que de verdad me doliera.
− Hola Bella.− Saludó Jasper cortésmente, como siempre.
− Hola Jasper.
− ¿Puedes dejar de saludar y venir aquí, Jazz? Estamos teniendo problemas con la organización− Exclamó Edward interponiéndose entres Jasper y yo, de la forma más grosera posible, dándome la espalda. Apreté los puños, supongo que estaba bien, le di la espalda también. Alice soltó una risita ante mi cara enfurruñada.
Pronto escuche la voz de Jasper uniéndose a la discusión sobre fútbol.
− ¿Problemas en el departamento de la ley del hielo, pequeña Bella?
− Cuidado de a quién le dices pequeña, pequeña Ali.
No importaba que yo quisiera molesta con ella y molesta con el mundo, como sucedía siempre que Edward estaba cerca de mí, dejé fluir la molestia porque no tenía ganas de estar molesta y me dediqué a escuchar los cuchicheos de mi mejor amiga sobre el regalo que le iba a hacer a Jasper por el día de la amistad. Yo susurré un "más vale que mi regalo sea mejor que eso" antes de que los chicos terminaran su discusión y nos llamaran a gritos.
Al parecer Edward era una clase de líder, por lo que todos lo miramos antes de que empezara a hablar. Ok, tenía que mirarlo porque todos lo estaban mirando, como cuando a él le tocaba hacer una exposición en clase, tenía que mirarlo, era inevitable.
− Tenemos algunas ideas de como jugar siendo impares, pero es algo difícil…− Pasaba su vista de chico en chico, hasta que llegaba a Alice y su miraba saltaba inocentemente de mi− así que vamos a probar algunas modalidades.
Resultó que la modalidad número uno era que alguna de las chicas jugara.
− Jamás y nunca en la vida jugaré− Sentencié, y hubo algo en la manera en que lo dije en que nadie refutó eso… o quizás fue que todos sabían lo terriblemente mala que era en cualquier deporte. Todos dieron por hecho que Alice jugaría y a mi no me molestó sentarme sola en el tronco caído a ver como todos le explicaban algunos detalles del juego a Alice.
Hacer los equipos por fácil; Jasper, Alice y Emmett (supongo que para completar la falta de tamaño que dejaba Alice) en un equipo y Jake, Mike y Edward en el otro. Fue hasta divertido, ver a todos los chicos jugar unos diez minutos con Alice.
Al principio Alice parecía perdida, diminuta y sin saber que hacer en medio de la cancha, hasta que pareció hartarse de no jugar ni hacer nada y decidió empezar a hacer algo. Verla correr atrás del balón fue toda una visión, hizo dos goles, sólo porque los muchachos se esforzaban mucho por no empujarla y temían hacerle daño cuando se lanzaban tras ella para quitarle el balón, además de que Jasper se peleó con más de uno sólo porque parecían ser muy rudos con ella.
La modalidad dos fue que uno se fuera a descansar mientras los otros cuatro jugaban. Las parejas fueron tan fáciles de elegir que hasta yo misma hubiese podido decir como se formarían, fueron Jasper y Edward, y Jacob y Mike. Emmett se quedo afuera por algún motivo que desconocí y los tres minutos que duró esta modalidad la del juego lo único que hizo fue tratar de pincharnos a Alice y a mi con una rama que recién había partido del tronco hasta que exclamó con su gran bocota y soltando todo el aire que cabía en sus pulmones que se estaba aburriendo. ¡Adiós Emmett! No era que me quejara de que no me estuviese pinchando todavía.
La tercera modalidad fueron los cinco chicos jugando a la vez, con una rara regla que sólo ellos y Alice lograron entender, algo de que cuando la pelota cruzara la mitad de la cancha (marcada previamente con hojas que el viento voló casi de inmediato), el jugador elegido pasaría a formar parte del equipo donde no estaba la arquería pero tenía que hacer pases a los jugadores del equipo contrario. En fin, jamás lo entendí.
Esta fue la modalidad que más duró, Alice y yo nos sentamos juntas en el tronco a ver como Emmett corría de un lado al otro de la cancha y marcaba unos cuantos goles en cada arquería, habían veces en que un mismo chico lo empujaba lejos de la arquería y otras en que le hacía pases para que marcara en la misma arquería.
− No entiendo.− Dije, finalmente rindiéndome a tratar de encontrarle la lógica al juego.
− ¡Es muy fácil!− chilló Alice, feliz de poder explicarme algo que no sabia.− Es como una carrera de relevo, sólo que se invierte dependiendo del área en que este la pelota y de que lado de la cancha este Emmett…
Lo siguiente que le siguió fue como chino, y pronto Alice también dejó de tratar de dejar de hacer que yo entendiera.
Me dediqué a algo mejor que tratar de entender, me dedique a observar a Cull… Mm, a los jugadores.
Realmente primero estaba viendo a Mike, ya que era el nuevo jugador elegido después de que Emmett se cansara y anotara goles en la arquería equivocada, no tenía realmente nada especial que verle, así que pase a mirar a Jasper, que también me aburrió un poco y de él sólo note que no paraba de enviar miradas hacía Alice, nada raro. Continué mirando a Jake, pero a él siempre lo veía, así que no tenía nada de especial, y casi sin darme cuenta, me encontré observando fijamente a Edward, de un lado a otro de la cancha, derecha izquierda, cuando tenía la pelota y cuando no, cuando anotaba, hacía pases o sólo corría. Casi sin darme cuenta, se me pasó así mucho tiempo.
Había crecido, vaya que sí. Ya no éramos de la misma estatura, ahora el me pasaba con un par de pulgadas extras, pero seguía igual de flaco que siempre, quizás incluso un poco más, como desgarbado, con el cabello algo más largo, el rostro un poco más anguloso, sólo un poquito. Y, a pesar de estar relativamente lejos de donde yo estaba y estar moviéndose constantemente, se veían entre algunos mechones de cabello y la luz del sol que se reflejaba en ellos, dos iris verdes esmeraldas, que seguían exactamente igual a como yo los conocía antes, aunque tenía muchos meses sin mirarlo directamente a los ojos…
− Estas embelesada mirando a Edward.− dijo mi siempre muy oportuna y muy amada amiga Alice, mirándome con picardía.
− ¡Por supuesto que no!− Dije yo, Bella Swan, negando verdades desde mi nacimiento.
− Es un chico lindo.
− Ew, no, Alice. Además, tú sólo tienes ojos para Jasper, ¿recuerdas?
Ella rio y me ignoro por completo, procuré no mirar mucho a Edward después de eso.
La modalidad tres terminó ahí y volvieron a la modalidad dos, esta vez Jasper quedo por fuera, supuestamente porqué estaba cansado, pero yo (y creo que también todos) tenía la impresión de que era para pasar tiempo con Alice. Procuré no hablarles mucho y concentrarme plenamente en el juego, sin embelesamientos esta vez, ya que las normas volvían a hacer las de siempre y lograba entender que estaba pasando.
Ahora los equipos eran Edward y Mike, y Emmett y Jake. Viendo a Jake y a Edward en equipos contrarios (como casualmente estuvieron casi toda la tarde) era fácil darse cuenta de la rivalidad que tenían, siempre parecían empujarse un poco más fuerte y tratar de correr más rápido que el otro, tratando de superar o de no dejarse superar por su adversario. Me pregunte si simplemente no serían ideas mías y me moría de la intriga a la vez por saber que carrizo había pasado entre ellos dos.
Quite de mi mente lo de que quizás eran ideas mías cuando Jake, en un intento por quitarle el balón a Edward, le pego casualmente en el tobillo con el talón del zapato.
Edward lanzo una palabrota, luego otra que venía acompañado del apellido de Jake y el juego se pausó.
− Oye, Ed, lo siento− Dijo Jake apenado, rascándose la nariz, encontrando mi mirada y bajando la mano automáticamente. Después de eso sí lució verdaderamente apenado.
− No importa, estoy bien.− Dijo Edward desde el piso sin mirarlo. Realmente ninguno parecía molesto o preocupado, era algo como que simplemente pasó y de lo que estaban acostumbrados.
De un breve descanso, todos sentados en un círculo en posición india bajo la sombra del gran árbol, comiendo galletas chocochips y tomando jugo de naranja que había traído Alice, el juego se reanudó.
− ¡Yo juego!− dijo Alice animadamente. Todos la miraron.
− No creo que sea una buena idea.−Dijo Jasper inmediatamente.
− Por mi está bien−Dijeron Emmett y Jake.
Edward y Mike se encogieron de hombros.
− Ok, los equipos serán Alice, Jasper y yo. Edward, Jacob y Mike. ¿Así esta bien?
Jake abrió la boca para replicar, estaba segura de eso como de que mi apellido es Swan, pero Edward se le adelantó.
− Realmente ya no tengo muchas ganas de jugar.
Hubo un pequeño debate en el que discutieron la modalidad, trataron de convencer a Edward de jugar e ignoraron a Mike cuando dijo que no quería jugar hasta que Alice, con su pequeña y encantadora boquita anunció que ella sabía perfectamente como jugar con la modalidad tres. Problema resuelto, me quedaría sola con Edward en el tronco. Vaya suplicio.
A mi ya se me estaban formando un montón de ideas locas en la mente, varias teorías descabelladas en las que decía que de repente y de la nada había aprendido a jugar fútbol decentemente y quería jugar y otras en donde me revolcaba en unas hierbas venenosas para irme a mi casa. Alice me sonrió, podría haber apostado a que ese pequeño diablo sabía lo que estaba pensando, pero vamos, ¿no podría ser tan malo pasar un ratito con Edward a solas, viendo a nuestros amigos jugar, no? esperaba que no.
Fue fácil, tremendamente fácil, sentarme en el mismo tronco que Edward a menos de dos metros de distancia y observar a Alice dar vueltas como loquita por todo el campo (ella era la jugadora elegida para ser de ambos equipos y se le daba increíblemente bien, aunque yo de solo verla me cansaba) por unos cuantos minutos.
No estuve muy segura de cómo, pero después de un momento de ver a Jasper golpear intencionalmente a Emmett en la cabeza porque le había quitado el balón a Alice, trate de mirar de reojo a Edward.
Vaya error.
Yo sabía que tenía que seguir odiándolo, yo sabía que había sido un completo idiota, yo sabía que podía seguir molesta por el incidente de la piscina, pero cuando lo vi mirándome, con las manos apoyadas a modo de almohada detrás de su cabeza, simplemente me sentí cansada de estar molesta siempre con él.
Quizás él vio en mi mirada que en ese momento no pensaba ignorarlo, y como si me leyera la mente (porque a veces parecía que tenía esa cualidad), dijo:
− ¿Me perdonas?
Y yo, quizás demasiado fácil, dije:
− Sí.
Y quizás la media sonrisa que me dedicó después, hizo que algo raro se me moviera en el estómago, como nauseas, pero definitivamente menos asqueroso.
Finalmente, era lunes catorce de febrero y yo no me quería levantar de mi cama. Después de mi casi muerte por aburrimiento al día siguiente, habría esperado que por lo menos tuviese un poco más de ganas de empezar ese día, pero no, nada de nada, seguía siendo lunes, y peor que eso, lunes catorce de febrero. La noche anterior me había trasnochado sobre evaluando mi pequeña y casi insignificante intento de conversación con Edward, había llamado a Alice y le había contado cada detalle estúpido que pudiera recordar…
Como que cuando dijo "¿me perdonas?" hacía más brisa de lo normal y la luz filtrándose entre las hojas del árbol hacían sombras graciosas sobre sus mejillas. Como que después de que dije "Sí", levanto la comisura derecha de sus labios como tratando de reprimir una sonrisa que pretendía ser demasiado grande. Como que se acercó más a mí y empezó a hablar de todo y de nada a la vez, como si fuéramos viejos amigos con mucho tiempo sin verse y demasiadas cosas que contarse.
Que yo le hice un montón de preguntas, sobre su cómo estaba su mamá, sobre como le iba con el piano, que incluso sentí la confianza para preguntarle que pasaba con Jake (cosa que no respondió).
− Ay Bellla− Suspiró Alice− Estás perdida.
Yo no me enteré de que significaba eso.
Lo único que no le conté a Alice, ni siquiera por encimita, fue que en medio de mi conversación con Edward, en medio de la cancha, la mirada que Jake le dirigió a Edward y pasó también por mi, era una mirada que no le había visto nunca.
Ahora me tocaba levantarme, vestirme y arreglarme, cepillarme los dientes y desayunar. Ya había guardado en mi bolso el regalo para Alice, no había pensado en darle dulces a nadie más que a ella, de lo cual me sentí un poco culpable al pensar en Jacob, al que de la nada sentía que tenía que tenía que pedir perdón por algo, pero no sabía exactamente qué y por qué.
Se me hizo tarde, como siempre, la meditación entre el sueño y la consciencia se me había ido de las manos esa mañana, por lo que trate de alistarme más rápido de lo normal. Mi mamá me entrego el desayuno con un beso en la frente, hoy me tocaría desayunar… ¡Chan chan! dinero para comprar en el instituto. Nada fuera de lo normal viniendo de Renee. Ella me llevo en su auto como siempre, la noté un poco extraña, sonreía demasiado y jugaba de más con los anillos en sus dedos mientras el semáforo estaba en rojo. No le di importancia.
Alice ya me esperaba en la entrada del instituto, con una caja envuelta en papel anaranjado y un lazo rojo encima.
− ¡Feliz día del amor y la amistad, mejor amiga por siempre!− chilló mi amiga poniéndose de puntitas para abrazarme.
Yo empecé a reír, era imposible que el ánimo de Alice no se te pegara ni siquiera un poquito.
− Gracias por ser mi amiga, pequeña Ali.
− Gracias a ti, Bella. Equilibras todo el rosa en mi vida.
− ¡Hey! ¿Qué se supone que significa eso?
− Significa que aquí esta tu regalo.
− Toma el tuyo.
Eran demasiados dulces, una cantidad muy parecida a la que yo le había dado, estaban nuestros favoritos, sobretodo bombones de chocolate y galletas. Reímos las dos juntas por la coincidencia hasta que sonó la alarma para entrar a clases. Guarde todo en mi bolso y miré con cariño a Alice, tenía muchísima suerte de tener como amiga, o como ella me decía mejor amiga por siempre.
Suspire de alivio al ver que Jake no me había entregado ningún regalo. El ambiente en el salón de clases era muy animado, parecía que el día había hecho que todos fueran amigos. Que estupidez, aunque sentí que de alguna manera yo también había caigo en las trampas de San Valentín cuando Edward me saludo al entrar al salón y se sentó en su mismo puesto de siempre cerca de mí. Enrojecí cuando Jessica Stanley y Angela Webber me miraron incrédulas.
Yo, como cosa rara, no podía pasar un solo día normal en la vida sin que algo extraño hiciera a mi imaginación y paranoia ponerse a volar. El día había ido muy normal; quejarme de las matemáticas, amar a la profesora de literatura, ir al recreo, desayunar, todo hasta ahí normal, sólo hasta ahí.
Verán, hay una cosa que no debes hacer cuando te encuentras algo que no esperabas en tu puesto al volver del recreo y esa cosa es gritar.
− ¿Pasó algo malo, Bella?− pregunto Alice, que en ese momento ya había recibido su regalo de Jasper. Hermosos bombones de chocolates con chispas rosadas, tan Alice.
− Eh, um, no, para nada.
Mi cara roja le dijo lo contrario, pero el profesor entro en ese momento y no pudo interrogarme. Sus ojos hablaron por ella, dijeron "después de clases me dices que te pasa, muchacha loca", claramente.
Escondí aquel regalo inmediatamente en mi bolso. No quería que nadie lo viera, nadie, ni siquiera Alice, que aún me miraba con sus pequeños ojitos buscando una respuesta. El cierre parecía no querer colaborar, las cosas nunca querían colaborar cuando yo quería que colaboraran urgentemente, eso y que el cierre se hubiera atorado con la cinta del regalo. Oh demonios.
Después de eso me fue imposible concentrarme en clase, viendo de reojo a todos mis amigos. Pesando, analizando, paranoiando. Definitivamente una chica no me hubiese regalado flores, no, tenía que ser un chico. Tenía que haberlas puesto ahí durante el recreo, trate de pensar a quién no había visto durante el recreo pero lo descarté al instante, no tenía idea porque no le había estado parando a casi nada. Había pasado mi recreo con Jessica y Ángela, ya que Alice me había dejado por irse con Jasper. Los había visto a los dos en el columpio, rozándose las manos cuando pasaban cerca el uno del otro. Puaj.
Me imagine a mi misma en los columpios, rozando mi mano con la de un niño de rostro indefinido, con la misma cara de idiota de Alice, pero la imagen no se lograba formar concretamente en mi cabeza, era demasiado imposible, raro.
Trate de dejar las especulaciones y de prestarle algo de atención a la clase, pero no, nada, la historia de América era mil veces más aburrida que mi propia vida.
Apenas sonó el timbre para salir de clases y finalmente del instituto una mano, la de mi mejor amiguísima Alice siempre-dispuesta-a-ayudarme, me arrastró hasta el armario de limpieza y nos escondimos ahí adentro ¿por qué el estúpido armario ese?, jamás lo entendería.
− Suelta la sopa, Swan.
− No tengo sopa, señorita policía de sopas.
En la oscuridad me la imaginé rodando los ojos.
− Te dejaron un regalo en tu puesto en el asiento, ¿no es verdad?, para verlo, anda, Bella…− Alargo una mano para quitarme el bolso de las manos.
− ¡No!
− ¡No te resistas, Swan!
Y así mi mejor amiga y yo acabamos forcejeando por poder ver lo que estaba en mi bolso en el armario de la limpieza. Obviamente, ella logró obtener lo que quería, mi bolso en sus manos, mi cara molesta de resignación y abrir el cierre fácilmente.
− ¿Tenía una nota?− Negué con la cabeza− ¡Oh Bella, tienes un admirador secreto!
− Esa era la reacción que quería evitar.− chillé frustrada− ¡No quiero un admirador secreto!
− Pues lo tienes, y uno muy tierno.
Alice se llevo el pequeño ramo de flores silvestres al rostro y aspiro el rico perfume en medio de aquel armario asqueroso.
Yo no sabría decir si mi admirador secreto (¡oh vaya!) era tierno, pero el ramo de flores si era bastante bonito y no muy grande. Se notaba que habían sido flores cortadas con una mano, algunas de un jardín y otras probablemente de plantas que crecían en los terrenos baldíos, todas puestas juntas sin cuidado pero con un cierto equilibrio entre ellas, el tipo de regalo que hace un niño de doce años demasiado despreocupado, atadas todas juntas con una cinta amarilla.
Alice me devolvió mi regalo sonriendo, lo escondí de nuevo en mi bolso antes de salir del armario y corrimos por el pasillo, ahora desierto, antes de que el conserje nos pillara.
− ¡Adiós Bella!− se despidió Alice antes entrar en el auto de su chofer. Ese día me tocaría irme a mi casa caminando, que fastidio.
No encontraba que hacer con mi vida además de ver televisión y hacer tarea, pero la tarea era para la semana siguiente, así que el televisor seria la repuesta y rodar por mi cama era inevitable. Sentía que me había pasado todos estos últimos días rodando por mi cama.
El ramito de flores descansaba sobre mi escritorio, me lleve una de las galletas de Alice a la boca mientras lo miraba de reojo. No quería darle demasiada importancia, pero no podía evitar de hacerlo, ¿Quién? ¿Quién me había querido dejar esas flores en mi mesa?
Justo cuando pensabas que estabas por encima de todas esas cosas de chicos… ¡BANG! Alguno hacía algo para que no pudieras dejar de pensar en ellos… y no es que yo pensara en los chicos de alguna manera romántica, claro que no, era simplemente que ya no me provocaba bañarme cada vez que alguno me tocaba. Hasta tenía un amigo varón, Jake…
Jake.
Quizás había sido Jacob.
Me sentí mal al instante, algo con esa idea no me gustaba y preferí olvidarme de ella.
A pesar del ruido del televisor, escuche un auto estacionarse enfrente de la casa. Supuse que era mi mamá, ya de noche y estaba llegando tarde, ¿qué podía haber estado haciendo?, me puse de pie sobre mi cama y estire el cuello para ver por la ventana, ¿le diría acerca de mi ramo de flores? ¿Se reiría de mí o se alegraría? Creo que sería una buena idea decírselo, Renee podía ser mala en muchísimas cosas, pero seguro tenía que saber algo acerca de regalos dejamos por admiradores secretos…
Baje las escaleras de dos en dos, saltando con un pie y después con el otro, un deporte extremo para mí debido a lo torpe que era, pero me gustaba pensar que estaba mejorando. Llegue a tiempo a la puerta de la entrada para abrir la puerta y ver como un completo extraño se inclinaba para besar a mi mamá en los labios.
Ahí podríamos decir que Bella Swan, yo, la hija de aquella mujer, se volvió de hielo.
Ahogue un grito que aun así alerto a la pareja. Se separaron rápido, torpes, como un par de adolescentes siendo pillados por sus padres haciendo algo malo, algo muy malo.
− ¿Bella, querida? ¿Qué haces parada a esta hora?
− No habías llegado y yo, em, yo, estaba viendo, em, tele…− Vaya momento para tartamudear.
− Oh, este…−Parecía nerviosa, más que nunca parecía una adolescente, recordé que ella había sido muy joven cuando me tuvo− Ven, acércate, quiero presentarte a alguien.
Traspasé el umbral de la puerta y me recibió la sonrisa de aquel hombre, no tenía mal aspecto, se veía un poco más joven que mi mamá y me causo una buena impresión en general. De repente me acordé que sólo estaba usando unos shorts y una camisa que era unas tallas más grande que yo, la agarre por los bordes y de alguna manera traté de taparme inútilmente las piernas.
− Bella, este es Phil. Phil, ella es mi hija Isabella, ya te he hablado de ella, todos le decimos Bella.
¿Qué ya le había hablado de mí? Que yo supiera Renee no había estado saliendo con nadie. En algún punto de mi mente quedo guardado todo lo relacionado con las flores de mi admirador secreto.
La mano del hombre, Phil, estaba extendida hacía mi. La tome presurosa.
− Mucho gusto, Bella, espero que podamos llegar a conocernos bien, tu mamá es una mujer estupenda.− Dijo el Phil amablemente, tomándome la mano firmemente pero sin mucha fuerza.
Si no hubiese estado tan oscuro, probablemente habría visto el rostro de Renee cubriéndose de rubor.
− Em, si, mucho gusto Señor.
− Llámame Phil, por favor, me haces sentir muy viejo, pequeña.
− Claro, Phil.
Algo dentro de mí tenía ganas de quejarse, de mirarlo feo, de ponerse a llorar hacer un berrinche, pero Renne siempre decía que yo había madurado mucho y al parecer esta era la prueba, no me parecía correcto ponerme a hacer un berrinche, quizás era mejor callarlo todo, realmente que mi mamá tuviese un novio no estaba tan mal.
− Bueno, yo me voy despidiendo, hasta luego Renee, adiós Bella.
Hubo unos segundos en los que Phil no supo que hacer, dio un paso hacía Renee, como para abrazarla, o quizás besarla otra vez, pero fue sólo impulso y alzo para mano para decir adiós con la mano. Renee sonrió radiante.
− Adiós Phil, cariño, que pases buenas noches.
− Adiós.
Ambas, madre e hija, nos quedamos en la puerta hasta que el hombre entro a su auto y se alejó manejando. El sonoro suspiro de Renee me sacó de mis cavilaciones.
− Vaya, eso salió bien.− Dijo dándome un par de palmaditas en la espalda.− Eres una estupenda hija, Bella.
− ¿Gracias?− Ese no era definitivamente un agradecimiento.
Entramos a la casa y Renee cerró la puerta atrás de mí. Yo tenía que hacer una pregunta muy importante.
− ¿Por qué no me habías dicho tenías novio?
Mi mamá me miró un poco incomoda, prendí las luces de la sala para fijarme mejor en sus expresiones.
− Tenía miedo de que te fueras a molestar.
Agarró un mechón de su cabello y se puso a jugar con él entre sus dedos, nerviosa. Me transmitía de todo menos seguridad y de repente me invadió una gran duda.
− Mamá… ¿Esta todo bien?
− Claro que si, Bella ¿por qué no habría de estarlo?
¿Por qué no habría de estarlo? Porque si mi madre no parece estar bien, yo tampoco podría estar bien.
− ¿Segura? Te noto algo inquieta, ¿hay algo que no me estas diciendo?
− Sabes, Bella, antes eras una chiquilla un tanto impulsiva, pero últimamente has crecido tanto… incluso se esta notando en tu cuerpo. Hay veces en que siento que a ti te va mejor llevar el control y las cosas ordenadas que a mi.−Tantas palabras me estaban empezando a desesperar− Sé que sabrás manejar cualquier cosa que te vaya a decir con madurez. Tú tienes toda la madurez que yo ni tuve ni siquiera cuando fui mayor que tú.
Ok, yo no era tan madura, quizás ni una pizca, pero preferí no interrumpirla para que me dijera de una vez lo que pensaba decirme y que no se fuera por las ramas de nuevo.
− Lo que te quiero decir, Bella− continuó mi madre, mirando cualquier lado que no fueran mis ojos, lo cual era una muy mala señal…− Es que Phil es un buen hombre…
Ajá, ¿y eso qué?
−…quizás no te lo dije antes por las experiencias que hemos tenido antes con Russell y Jack, ¿te acuerdas de ellos?, bueno, quería estar segura antes de presentarte a Phil, es un hombre encantador, juega baseball profesionalmente, no es muy bueno, pero es un buen hombre y me hace feliz, en fin, no es sólo el hecho de que sea mi novio, sino que lo hemos hablado y va a venir a vivir con nosotras.
Terminó su discurso abruptamente. Piensa Bella, piensa.
− ¿Qué?
− Pues si, es lo que quiero.
− …
− No pongas esa cara, Bella, te lo he explicado bien.
Espere unos segundos antes de volver a articular una palabra, eran demasiados pensamientos en una sola cabeza de una niña de doce años. ¿Qué un hombre que recién acababa de conocer se iba a mudar a nuestra casa? ¿Qué mi mamá lo había hablado con él, pero no conmigo? ¿Tan poco le importaba mi opinión? ¿Qué un completo extraño iba a dormir a un par de puertas de mi cuarto? ¿Cuándo mi mamá se había vuelto tan loca?
− ¿Por qué no lo consultaste conmigo? ¿Ya es definitivo?− articulé, tratando de que la boca no se me quedara abierta.
− Pues si, no te lo había comentado porque pensé que no te iba a gustar.
− Oh vaya, cuanta razón tenías.− Rodé los ojos con impotencia.
− No es necesario que me hables sarcásticamente, Isabella.
Si algo bueno tenía mi mamá, es que no sabia como regañar ni como estar molesta. Yo era la única con mal carácter por aquí y justo en ese momento, tenía todos los motivos del mundo para estar molesta.
− ¡Es una locura! ¡No lo conozco! ¡Un extraño se va mudar a nuestra casa y tú no lo consultas conmigo, con tu hija!
− ¡No es un extraño! Te lo acabo de presentar, Bella.
− Esto esta mal, esto esta muy mal. ¡Me has ignorado completamente!
− Bella, eres mi hija, claro que pienso en ti, además Phil es mi novio.− Se veía perdida, mi mamá, sin saber muy bien que decir, tan débil. Yo siempre la apoyaba en cualquier estupidez que se le ocurría, en las clases de yoga, de origami, de sushi, de finanzas, de esculturas con conchas marinas, de cualquier cosa que se le pasaba por la mente, pero esto era demasiado, un extraño viviendo en la casa.
− ¿Desde cuando, ah? ¿¡Para que vivan juntos un par de meses y después de canses de él como con papá, Russell o Jack!?
− ¡Bella!
− Y lo peor de todo− dije, para terminar de sacarme toda la rabia del pecho, ya con las lágrimas a punto de derramarse de mis ojos− es que no te importa lo que yo piense, llegaste aquí con él con tus manos bien limpias, sin intención de presentármelo, para decirme en menos de diez minutos que se mudará con nosotros. Pero no eres sólo tú la que vive aquí, soy yo también, ¡y sabes que lo que acabas de hacer esta muy muy mal!
Pasé por un lado de Renee, que empezaba a llorar también, y no me importó estar descalza cuando abrí la puerta principal por la que hace nada había llegado mi mamá y salí a la intemperie. Corrí hacía el garaje ignorando las protesta y las excusas de Renee y me monté en mi bici, para alejarme lo más posible que pudiera de ella.
− Mira lo madura que soy, mamá.− mascullé entre los dientes.
Sólo miré hacía atrás una vez más para comprobar que no me siguiera, la vi parada justo donde antes había estado mi bici, rebuscando desesperadamente algo en su bolso, probablemente las llaves de su carro. Ya con eso tenía mucha ventaja de por medio.
Conduje descalza, lo cual me dolió mucho, pero no lo suficiente como para querer volver por mis zapatos, mientras recitaba todas las groserías que me sabía en nombre de Phil. Conduje lejos de la casa, ignorando el frío de la brisa, aunque era una noche cálida, y justo cuando pensaba que tendría que volver a casa porque la casa de Alice quedaba demasiado lejos y yo no era tan valiente, se me ocurrió ir a la cancha donde el día anterior había visto a los muchachos jugar fútbol.
Casi me sorprendió encontrar el mismo lugar, aunque el viento en mi rostro secaba las lágrimas, mis ojos seguían estando húmedos y algo borrosos.
Tiré mi bici en el mismo lugar donde la había dejado antes y me senté en el tronco caído a llorar. Algo dramático, a decir verdad, tenía demasiado tiempo sin hacer un drama así, pero este era peor por muchos motivos, este involucraba a mi mamá y era por mucho más serio que todos mis dramas anteriores juntos.
Estaba en lo mío, llorando, no me había dado cuenta de la enorme luna que había esa noche y que hacía que todo se viera mucho más claro a pesar de ser de noche, no me había dado cuenta de que no hacía frío, de las piedritas clavándose en las plantas de mis pies ni de que no estaba sola.
− ¿Bella?
Pegué un brinco en medio de un hipido, asustada. Subí el rostro inmediatamente, secándome las lágrimas, mirando hacía los lados, buscando a él dueño de la voz, una voz que reconocería en cualquier sitio del mundo bajo cualquier circunstancia, ¿por qué él siempre me encontraba llorando?, habían cosas que nunca cambiaban…
− ¿Cullen? ¿Dónde estás?
Una mano me tocó el hombro, volteé y traté de componer mi cara más decente para poder mirarlo a los ojos hoy y al día siguiente en el instituto.
− ¿Por qué estás llorando?
Por una pequeña fracción de segundo había pensado que tenía que seguir ignorándolo, pero que yo lo había perdonado era un hecho demasiado importante para olvidarlo, traté de sonreírle sin éxitos.
− Cosas de la vida. ¿Por qué estás aquí?
Se encogió de hombros y se sentó a mi lado en el tronco− Cosas de la vida.
¿Acaso nunca nos íbamos a poder hablar claro? Algo me decía que no.
− Pensé que me habías perdonado y que ya éramos amigos otra vez, puedes contarme lo que quieras, si quieres.
Agradecí que bajo el tronco caído siguiera siendo más oscuro que a la luz de la luna, para que no notara la sonrisa tonta que se me formo sola en los labios y hacía contraste con mis ojos hinchados.
− Apenas te perdoné hoy, es un proceso, estás en la primera fase para ser mi amigo.
− ¿Y cuantas fases son?
− Chorrocientas fases.
Escuché su risa ahogada en la noche antes de que nos quedáramos ambos en un silencio más prolongado. Por unos minutos ninguno dijo nada, yo me debatí internamente entre contarle o no contarle, porque apenas me acordaba de mi mamá, me daban ganas de echarme a llorar de nuevo, pero ahora no estaba sola y definitivamente no quería que especialmente Edward me viera llorar. Por suerte, él me salvó de tener que hablar.
− Es raro encontrarte aquí en la noche, un lunes… Te escuché llorar antes de reconocer que eras tú. No sé porque estabas llorando, pero no tienes por qué avergonzarte, que tú llores es bastante anormal.
Podía escuchar la incomodidad en su voz, podía sentir mi misma incomodidad.
− No tienes que decirme por qué, pero quiero que sepas que…
− ¡Mi mamá tiene un nuevo novio!− grité de repente, impulsada por algo que no reconocí− Apenas me lo presentó hoy y de una vez me dijo que se mudaría con nosotros.
Miré a Edward expectante, mis ojos acostumbrados a la luz mirando fijamente a los suyos. Note que seguía incómodo, quizás yo lo estaba poniendo incómodo, pero aun así no me aparto la mirada.
− Um… yo creo que ella… yo creo que mi mamá implanto algo en mi cabeza o me hizo un trauma para que no pudiera decir nada contra una mamá, nunca.− Se excusó educadamente.
Me encogí de hombros.
− Además, jamás he pasado por nada parecido como para saber que decirte, Bella.
− Supongo que aprecio tu sinceridad… y también que no dirás nada en contra de mi mamá, aunque lo que haga es horrible.
Esta vez fue su turno para encogerse de hombros.
− Lo siento por no poder serte útil.
− No te preocupes, ya lo resolveré yo con ella.
Preferí dejar de mirarlo tan intensamente para que no pensará que era demasiado loca. Hablar con él, aunque fuera de lo que me afligía, no me afligía tanto.
− Aunque creo que con irte de la casa un lunes en la noche dejaste tu punto claro, porque supongo que ella no sabe que estás aquí, seguramente con eso ella va tratar de entenderte y quizás cambie esa decisión tan apresurada.
− Eso espero.
− Quizás también debas darle una oportunidad a Phil, quizás en un buen tipo.
Traté de mirarlo lo más feo posible, pero con la cara hinchada y tanta oscuridad, no lo logré bien. Hice una mueca rara con los labios que Edward supo interpretar bien.
− Debe estar preocupada ¿Quieres que te acompañe a casa?− Añadió rápidamente, mirando a otro lado que no fuera mi rostro.
Lo dudé un instante. Realmente no tenía ganas de volver aún a casa, pero Edward tenía razón.
− Esta bien.
Me paré del tronco seguida de Edward, camine hasta llegar a mi bici y la puse sobre sus dos ruedas, la bici de Edward estaba apoyada en un árbol cercano muy visible a cualquiera que llegara de repente a ese lugar, así habría estado de distraída y afligida para no haberla visto al llegar. Me pregunté de nuevo por qué él estaba a esa hora justo ahí, pero me encogí de hombros y decidí no preguntar, no tenía ánimos para sacarle información.
Pensé en mi mamá, en que pasaría cuando llegara, ¿me regañaría? ¿me comprendería?, conocía bien a Reene, probablemente se pondría a llorar conmigo, probablemente jamás iba a poder volver a caminar en pantis en mi casa si Phil vivía con nosotras. Sentí la urgencia de llorar de nuevo.
− ¿Crees que tu mamá este buscándote?
Miré a Edward de nuevo, que ya estaba al lado de mí y no pude contestarle, ni siquiera sonreírle.
− Hey Bella, que yo te acompañe a casa es algo que hacen los amigos, ¿no?
Era una clara frase para distraerme, quizás notó que estaba apunto de llorar de nuevo, pero preferí seguirle la corriente.
− Supongo que sí, creo que ya eres mi amigo.
− Vaya, esas chorrocientas fases pasaron muy rápido.
Reí estúpidamente y el rio conmigo.
Caminamos arrastrando las bicis hasta llegar a la calle, y cuando ya estaba apunto de montarme de nuevo en mi bici, Edward puso uno de sus brazos alrededor de mí y me abrazó torpemente. Los colores se me subieron a la cara.
¿¡Qué se supone que estaba haciendo!?
− Ser tu amigo de nuevo es genial…
Oh vaya.
− Aunque tenga que soportar tus berrinches.
− ¡Oye!
Le golpeé el hombro a modo de juego y finalmente me soltó. Subimos a nuestras bicis y nos alejamos de la reserva, mientras más me acercaba a mi casa más disminuía mi rabia.
Quizás todo no estaba tan mal, al fin y al cabo, Reene era mi mamá y tenía que perdonarla y tratar de hacerla feliz siempre ¿no?, quizás Phil era un buen hombre, como había dicho Edward. Quizás esto iba para mejor y si no iba para mejor… bueno, siempre podría hacer otro berrinche y hacer que mi mamá botara a Phil de la casa o la misma Reene se cansara de él, como con Russell y Jack, aunque quizás Phil fuera el definitivo…
¡Y ojalá lo fuera!
Quizás hoy había ganado un nuevo padrastro, pero definitivamente había recuperado a un nuevo y viejo amigo. San Valentín nunca había sido tan emocionante.
¡Chán chán!
¿Qué tal? Como siempre, lamento la tardanza. Estaba releyendo todo y me doy cuenta de que tengo infinitos errores, trataré de arreglarlos todos antes de publicar el próximo y penúltimo capítulo.
Son un amor, un encanto, ¡todos los reviews me alegran el alma!, y alegran más porque siento que no lo merezco. En serio, en serio, en serio, espero que les siga gustando este ff y como las cosas están cambiando para Edward y Bella.
¡Besos a todos!
PD: Estoy de vacas y me dedicaré bastante a escribir. Así que no esperaran mucho, lo prometo.
(Dos reviews más y actualizo ¿si? hagan a este pobre intento de escritora ad honorem feliz)
