Capítulo ocho
Era la hora de clase de Defensa contra las artes oscuras. Todo el salón se encontraba sumido en un profundo silencio. Incluso se podía escuchar el pasar de las hojas de los libros de texto.
Umbridge les había encargado leerse el capítulo tres, completo. Al terminar debían copiarlo entero, no podía faltar ni una coma.
Esas clases eran de lo más aburridas y desesperantes.
Harry estaba a su lado, con el libro abierto aún en la primera página. Lia veía como el chico miraba de vez en cuando a Umbridge con odio impregnado en sus retinas.
La chica le dio con el pie debajo de la mesa para llamar su atención. Cuando Harry la miró, ella hizo un gesto con la cabeza, indicando que realizara el trabajo. Él se encogió de hombros y siguió a lo suyo.
La clase estaba por terminar, y los alumnos iban levantándose para entregar la copia. Lia estaba a punto de terminar, pero un fuerte estruendo llamó la atención de todos. Draco Malfoy estaba tirado en el suelo a su lado, con cara de dolor y gemidos lastimeros. Liadan sonrió con burla.
─¡Señor Malfoy! ─dijo Umbridge desde su asiento ─¿Se encuentra bien?
─¡Blake me ha hecho la zancadilla! ─acusó de inmediato.
Lia abrió la boca pasmada. ¡Ella no había hecho nada! Si el hurón era torpe no era su culpa.
Se apresuró a desmentir lo sucedido ─¡Eso es mentira! se ha caído solo. Yo no he hecho nada.
Umbridge la observaba impertérrita ─Eso a sido muy ruin de su parte, una señorita no debe comportarse de esta manera Blake ─dijo con voz aparentemente tranquila, pero la mirada era de completa satisfacción ─Está castigada ─sentenció.
Harry se levantó de repente─¡Eso no es justo, ella no ha sido!
─¿Señor Potter, aún no ha aprendido la lección? ¿Debo aumentar su castigo para que le entre en la cabeza de una vez por todas?
Harry gruñó imperceptiblemente, Lia lo agarró del brazo para que volviera a sentarse y no acabase diciendo cualquier estupidez que pudiera perjudicarle.
─El viernes a las ocho en mi despacho ─le informó con expresión neutra ─los otros días tengo un compromiso con el señor Potter ─miró a Harry burlona ─¿Verdad?
Malfoy sonreía orgulloso, la observó con burla y tras dejar el trabajo salió del aula de lo más contento.
Lia no podía creérselo ¡otro castigo! ¿Qué diablos pasaba últimamente? Entonces cayó en la cuenta, ese día también tenía castigo con Snape.
─Profesora ─llamó reticente ─Tengo castigo con el profesor Snape a la misma hora.
La vieja cara de sapo alzó las cejas, para luego sacudir levemente la cabeza, como si la chica no tuviera remedio ─Juntándose con quién se junta no me extraña señorita Blake, seguro que se lo tiene bien merecido. Entonces el mismo día a las seis.
Lia la asesinó con los ojos, sabía a ciencia cierta que lo decía por Harry, pero se mordió la lengua.
─¿Y la cena? ─preguntó confundida ¿no la haría comer con ella o algo no?
─Es evidente señorita Blake, que ese día no cenará ─miró al resto de alumnos que quedaban ─La clase se ha acabado, podéis retiraros ─y sin darle tiempo a rebatir, agarró su gran y peludo bolso rosa y salió del lugar rápidamente, con sus cortas piernas moviéndose a gran velocidad.
Lia se dejó caer en el asiento, sin ánimos de nada. Ron y Hermione se acercaron.
─Es injusto… ─se lamentó dejando caer la cabeza en el pupitre.
─Ese Malfoy es un malnacido ¡deberíamos darle una lección! ─soltó Ron con rabia.
─Al menos es solo un día, no cinco como con Snape ─dijo Hermione, intentando levantarle el ánimo. ─¿Verdad Harry? ─buscó la ayuda se su amigo, pero este solo la miro.
─¿Podríais dejarnos solos un momento? ─preguntó serio. Los otros dos se miraron confundidos, pero aceptaron sin decir nada. Hermione le dio una palmada en el hombro a Lia, infundiéndole aliento y se fueron.
Entonces Lia levantó la cabeza. Harry estaba totalmente serio, con los ojos fijos al frente.
─¿Qué ocurre?
─Debo advertirte de los castigos con Umbridge, pero no quiero que Hermione ni Ron lo sepan ─su tono era totalmente ambiguo, y eso la preocupó. ¿Por qué no podían saberlo? Entonces el chico levantó la mano izquierda y le enseñó el reverso de la mano. Lia abrió tanto los ojos que casi se le caen de las cuencas. Justo en el centro de su nívea mano se podía leer; No debo decir mentiras. Pero lo que la perturbó no fue la frase, sino que estaba escrita en cortes, y con su propia letra.
─Pero… ¿Cómo…? Esto… ─no le salían las palabras.
─Tiene una pluma mágica que no necesita tinta, escribes con tu propia sangre ─explicó adustamente.
La joven no podía creérselo ¡Eso era horrible! ¡Era tortura!
─No se si todos sus castigos son así, pero quería avisarte.
─¿Duele… mucho? ─preguntó temerosa, y es que era una chica muy valiente, y no la asustaban muchas cosas. Pero el dolor era su punto débil. Le era bastante insoportable. Incluso de niña con una simple vacuna se ponía nerviosa, aunque lo afrontara con decisión.
─Duele ─se limitó a contestar el chico sinceramente.
Entonces Lia se dio cuenta.
─¿¡Porque no has dicho nada hasta ahora!? Deberías habérselo contado a McGonagall, ¡A Dumbledore! Esto es inadmisible.
─Tu cuenta lo que quieras, yo no lo haré.
─¿¡Pero porque!? ─no lo comprendía.
─Déjalo estar Liadan ─respondió adusto, se levantó como un resorte y se largo de allí sin siquiera mirar atrás.
Draco Malfoy salió del aula bastante satisfecho. Estaba seguro de que la sangresucia les había contado a sus amigas el encontronazo que tuvieron y el hecho de que sabía que habían sido ellas. Recordaba ese momento con gran satisfacción, esos ojos asustados, esa mirada miedosa y débil. Su nerviosismo, y esa manera de aguantarle la mirada por muy asustada que estuviese…
Al menos debido a la broma, se había quitado a Parkinson de encima, la chica cada vez que lo veía se iba corriendo con los ojos húmedos. Le daba igual, incluso le hacía algo de gracia.
Pero si creían que se irían de rositas lo llevaban claro. Esto no había hecho más que empezar.
Ya había jodido un poco a la odiosa de Blake, y tenía preparado más, mucho más.
No sabía si contárselo a los demás o esperarse. Pero si se lo contaba tendría ayuda, y un cabeza de turco por si las cosas se ponían serias. Sí, los pondría al corriente.
Esa misma tarde, en los dormitorios de Slytherin, cinco chicos se encontraban reunidos a petición de uno de ellos.
─Date prisa Malfoy, estoy agotado ─dijo Zabini bostezando exageradamente.
El rubio se irguió y los observó a los ojos, creando expectación.
─Se quien fue el responsable. Mas bien responsables ─aclaró.
Blaise se levantó de repente, ansiando la respuesta. Crabbe y Goyle esperaban oír los nombres de los culpables para ir a darles de mamporros, y Theodore apartó su libro de pociones para enterarse de la primicia.
─¿¡Quien!? ─lo apremió Blaise.
Draco compuso una mueca de enfado y se dispuso a responder ─Granger, Blake, la chica Weasley, y supongo que también Lunática Lovegood ─escupió con asco.
─¿Supones? ─preguntó Nott ─No puedes decir que fue ella si no lo sabes con certeza.
─Las cuatro son amigas, últimamente siempre van juntas, y nosotros somos cuatro afectados. Ella también colaboró ─dictaminó.
Nott no estaba del todo convencido, había visto a esa chica por la biblioteca y corredores, era tranquila y sosegada, dudaba mucho que tuviera algo que ver. De las otras tres ya no podía decir tanto, cierto que Granger era una estudiante de honor, además de prefecta, pero con todo lo sucedido años anteriores lo veía más posible, y ni hablar de Weasley y Blake. Con esas dos no lo dudaba ni un segundo. Aun recordaba la que había liado Blake en clase de pociones, y como había arruinado su trabajo. Esa chica era demasiado irascible.
─¡Vamos ahora mismo a por ellas! ─gritó Zabini, y es que era el más furioso de todos. Nadie, nadie lo ridiculizaba de esa manera ¡Él no era homosexual por Merlín! Y por culpa de eso tenía que aguantar todo tipo de comentarios del tipo; ─¿Vas a sacarle brillo a la varita de Malfoy?, y cosas por el estilo. ¡Estaba harto!
─Tranquilízate, hay algo mejor que podemos hacer ─Draco sonrió malignamente.
─¿El que? ─preguntó Goyle.
─¿Os acordáis de la conversación que tuvimos hace unas semanas? ─los demás asintieron, todos excepto Crabbe. Malfoy rodó los ojos ─Esa en la que decidimos gastarles una broma, antes de que nos la hicieran ellas ─explicó exasperado. El joven rollizo asintió, esta vez sí, rememorando. ─Bien, pues olvidaros de la "Gran Broma", irán cayendo como moscas, una por una.
Otra vez viernes… pensó amargamente. Aunque el resto de la semana había estado muy bien, entre bromas y diversión, olvidando todo lo que ocurría, aunque alertas por si las serpientes decidían cobrársela, pero no había ocurrido nada, por suerte. Pero ese fatídico viernes llegaba y la ponía de un humor de perros.
Se miro la muñeca, donde tenía una preciosa pulsera roja y negra, hecha a mano por Luna y sonrió –Era una tela especial que ahuyentaba a los bubbletics, unos seres que según ella traían mala suerte.
Cuando llegó al despacho de Umbridge y ésta le dio paso, no pudo evitar hacer una mueca de desagrado. Las paredes estaban pintadas de rosa pálido, con decenas de platos decorativos con imágenes de gatitos que no paraban de maullar. Había algunas mesitas decorativas con tapetes blancos y más imágenes de mininos. Era el lugar más repipi, pedante y sobrecargado que había visto jamás. ¿Y a que venía tanto gato?
─Bien señorita Blake, cumplirá dos horas de castigo ─informó levantándose con ayuda de las manos, apoyándolas en el escritorio repleto de plumas y sobres.
─Profesora, mi castigo con Snape es a las ocho, no puedo llegar tarde ─dijo tranquilamente.
─No es mi problema, querida ─respondió con una fea sonrisa.
Entonces Lia se fijó en una pluma grande y de un color negro mate posada sobre una cajita decorativa. Umbridge siguió la mirada de la chica y sonrió todavía más.
─Veo que el señor Potter ya le ha hablado sobre ella. Pero tranquila, esa tarea no será para usted. No… la suya será algo más… fortificante ─acabó misteriosamente ─Creo que lo que le ha hecho hoy al pobre Malfoy no tiene razón de ser. Va a aprender la lección, se lo aseguro.
─¡Pero si yo no he hecho…!
─¡Silencio! ─gritó de repente, asustándola ─Vamos a acabar con esto de una vez. Póngase de rodillas allí ─señalo a un espacio vacío, frente a la pared. Lia frunció el ceño, no sabía que esperar de esa mujer. Lo que si sabía de antemano es que no sería nada agradable. Y no se equivocaba.
Una vez de rodillas, Umbridge se acercó con un par de libros negros, no tenían título alguno y dudaba que hubiera contenido. Parecían dos enormes diarios todavía por estrenar.
─Extienda los brazos ─pidió amablemente, con su voz pegajosa y falsa.
Lia no podía creerlo, ya sabía lo que pretendía la sapo. Su madre le había hablado alguna vez de los castigos que se ejecutaban antiguamente en los colegios muggles. Se trataba de aguantar los libros, con los brazos extendidos –como había pedido Umbridge- y aguantarlos en esa posición hasta que el profesor o profesora decidiesen.
Tras extender los brazo, le colocó un libro en cada mano, y se alejó un par de pasos ─Yo que usted, aguantaría la posición ─y sin más se dirigió a su escritorio, a seguir con lo que estuviera haciendo antes de que ella llegara.
Parecía una tontería, pero a medida que los minutos avanzaban, los brazos empezaban a cederle debido al peso y al cansancio. Así que aflojó un poco el aguante. Repentinamente comenzó a notar calor en las palmas de las manos, la temperatura empezó a subir rápidamente, llegando incluso a quemar. Soltó un gemido y observó a Umbridge. Ella la estaba mirando, esta vez sin emoción alguna en su regordete rostro.
─Debería alzar más los brazos ─ aconsejó, y volvió a escribir en el pergamino, como si fuera lo más normal del mundo el tener a una alumna quemándose las manos en su despacho.
Lia estaba alucinada ¿¡Como podía hacer eso!?
Veía imposible aguantar dos horas en esa posición. Las rodillas le dolían, los brazos le dolían, y cada vez que los bajaba un poco involuntariamente, se quemaba.
Tras bastante rato notaba un gran malestar. Las palmas de las manos le dolían terriblemente y sentía unos insoportables pinchazos, las notaba abrasadas. Los brazos cada vez aguantaban menos, no pudiendo mantener los volúmenes alzados, produciendo que se quemara todavía más. Era una tortura horrible y prefería mil veces los castigos de Snape.
Estaba sudando y respirando agitadamente, notaba que ya no aguantaría mucho más. Unas lágrimas se escaparon de sus ojos, no podía resistirlo. Así que se deshizo de los libros. Al dejarlos caer, un ruido sordo traspasó el lugar, llamando la atención de Umbridge.
Lia estaba sentada mirándose las manos, las tenía completamente rojas y llenas de ampollas. Las lágrimas salían sin que pudiera detenerlas. ¡Como dolía!
La mujer se acercó y se agachó levemente ─Espero que no se repita señorita Blake ¿Ne le gustaría repetir la experiencia, cierto?
Lia la observaba, sudorosa, llorosa y dolorida, pero jamás perdería su honor ─Será malnacida…
─Puede retirarse.
La chica se levantó como pudo, agotada, lastimada y hambrienta. Ahora le tocaba el castigo con Snape y estaba segura que se desmayaría de un momento a otro.
Me he fijado, en que no me sale el doble espacio para el cambio de escena, por eso he puesto guiones bajos. Si algun sabe como dejar doble espacio, que me lo explique porfavor jajaja
Maru: Si, soy española jajaja. Oye, me gustaría comentarte una cosa que montan aquí en España de Harry Potter, puede que no hayas oido hablar y seguramente te encantará. ¿Como podríamos contactar? Bueno, centrándonos ya en la historia... Te adelanto que no pasará la Navidad en Hogwarts, pero ocurrirá algo que cambiará su vida por completo (¿que será...? jajaja que mala soy) Y ya por fin... ¡en el próximo capítulo veremos a nuestro sexy profesor! será un pequeño acercamiento, pero que logrará desencadenarlo todo. ¿Tienes ganas ya, cierto? jaja. Espero que te haya gustado este cap. Umbridge es mas mala... ¡Un besito guapa!
Alexza Snape: Jajaja si... ya se le ha quedado la manía de parar la oreja xD. Liadan no se quedará en Hogwarts por Navidad, aunque pasará algo que dará un vuelco enorme en la historia. Espero que te guste el capítulo ^^ ¡Besotes!
¡Nos leemos!
