Marshall tal vez no sea el cachorro más brillante del equipo, o de la ciudad, pero incluso él pudo notar que todas las pistas apuntaban a esta conclusión: esa era la cueva, tenía que serlo. Everest estaba ahí, este era el lugar correcto. Sin embargo no pudo sentir alivio en ningun sentido, no podía sentirse feliz tampoco, ahora estaba más preocupado que antes. El problema era ahora sacarla de ahí.

La entrada parecía estar bloqueada con nieve, pero ¿cuanto tendría que cavar para llegar al otro lado? Podía llegar a tomarle días cavar toda la nieve, pero seguir cavando por el hoyo que hizo al principio podía hacer que la nieve se desestabilice y él podría caer directamente a lo que parecía roca sólida. No era seguro si solo quería entrar ya que, aunque todo su interior le gritaba que ahí estaba Everest, si ella no estaba ahí, él mismo podría quedar atrapado.

"No puedo pensar en eso ahora, si Everest está ahí adentro, tengo que hacer algo rápido." dijo para sí mismo.

Con gran velocidad volvió a la cima de la nieve acumulada. El dálmata tampoco era el mejor cavando, pero había pasado suficiente tiempo con Rubble para aprender un par de cosas antes de realizar un trabajo. Lo ideal era empezar por arriba y no por la base, ya que el peso de arriba podría debilitar la excavación realizándose abajo y el excavador podría quedar atrapado. Recordó que el bulldog se lo dijo cuando estaban en la playa haciendo castillos de arena. Marshall no pudo evitar recordar también cuan gracioso se veía el más joven del grupo corriendo de un cangrejo que él mismo le dijo que era como una araña enorme.

"¡¿En qué estás pensando?! ¡Apresúrate!" se reprendió él mismo en su mente.

Y así, clavó sus patas en la nieve y empezó a removerla tan rápido como podía, y siguió así por quince minutos sin parar. La abertura que había hecho al princi´pio se hacía más grande, pero la nieve era tan densa que no avanzava tan rápido como esperaba. El hoyo era aún muy estrecho como para que su cuerpo pudiese pasar. Poco a poco el pequeño cachorro empezó a frustrarse y a cansarse. Paró un momento descansando su cuerpo contra la nieve.

"Esto es demasiado." dijo él, "Podría tomarme todo el día antes de poder- ¡Woah!" Sin aviso, la nieve debajo de él empezó a soltarse rápidamente. Marshall no pudo reaccionar a tiempo y rodó hacia dentro de la cueva en la sábana blanca. Él no lo sabía, pero Everest lo ayudó un poco con la excavación. La nieve que cayó en la base de la cueva amortiguó la caída del dálmata, pero la fue lo suficientemente fuerte para hacer que se estremeciera de dolor.

"Demonios, eso dolió-"

Sus palabras, al igual que su cuerpo, se congelaron de inmediato cuando vió una masa delante de él. Lucía como un cuerpo tendido en la oscura roca, el cuerpo de un cachorro de pelaje lavanda, con un gorro azul verdoso. Marshall empezó a temblar en su lugar, no pudo decir nada por un rato mientras terminaba de entender de quien se trataba.

"E-Everest...?"

Lo que lo aterró hasta los huesos fue el hecho de que aquel cuerpo no se movía.

Marshall no pudo contenerse y empezó a correr hacia ella. "¡Everest! ¡¿Puedes escucharme?!" gritó él, poniendo sus dos patas delanteras en su cuerpo sacudiendola, mientras veía su rostro sin expresión... y sentía su piel tan fría. "No, no, no, no. ¡Everest!"

Nada parecía funcionar. Tomó una sábana de su mochila y cubrió a Everest con ella. "Por favor, Everest. Responde..." la sacudió con más fuerza, pero viendo que esto no servía, colocó su propio cuerpo pegado al de ella para calentarla con su propia temperatura. En un intento desesperado, empezó a lamer su rostro repetidamente, pero no recibía respuesta alguna.

Sus movimientos empezaban a volverse descordinados, ya casi no podía controlar los temblores en su cuerpo, desde sus patas hasta su mandíbula que pronunciaba el nombre de la cachorra de Husky desesperadamente. De sus ojos caían mares de lágrimas que caía directo en el pelaje de Everest. Ya no sabía si lloraba de rabia, de impotencia, de tristeza, o de las tres al mismo tiempo.

Marshall no pudo soportarlo más, y luego de ver una vez más el rostro sin expresión de la cachorra frente a él, plantó su rostro contra su pelaje y dejó salir un largo sollozo.

"Por favor, Everest..."

Por unos segundos se sintió como si el mundo se hubiese detuvido, no se escuchaba el viento de la tormenta más, solo al pequeño dálmata llorando al pie de su amada. No se sentía capaz de hacer otra cosa más que llorar desconsolado, no podía moverse, no podía hablar, y la presión en su pecho se había vuelto un dolor insoportable.

Cuando por fin pudo moverse, lentamente se acercó cara a cara con Everest, dirigiendo su rostro hacia él con su pata, tragó saliva, y dijo entre sollozos...

"T-Tu no sabes esto, pero todos estos meses en los que fuiste parte del equipo han sido pur mucho los mejores momentos de mi vida. Cada pequeña cosa sobre tí siempre me hace sonreír no importa qué. Tu pelaje, tu sonrísa, tus ojos...Eres la más asombrosa cachorra que he conocido en mi vida... y-y nada que pase ahora o nunca c-cambiará el hecho de que..." No pudo contener las lágrimas una vez más, y se aguantó dar un grito desconsolado presionando con fuerza sus dientes, pero pudo terminar su frase.

"...y-yo te amo."

"T-Te prometo nunca dejarte sola, siempre estaré a tu lado. Te sostendré y nunca te dejaré ir. T-Todo lo que haga será para tí, para que nunca dejes de sonreir, para que nunca derrames una sola lágrima más. Es una promesa, solo...p-por favor, quedate conmigo ... Everest..."

Presionó su rostro a su cuerpo de nuevo, y continuó llorando.

"Por favor..."