CAPÍTULO 8: AMOR, AMISTAD, FRATERNIDAD

Kurt llegó al comedor a la hora del desayuno. Temía la reacción de Blaine. Había vuelto a sincerarse con él y habían vuelto a dormir juntos. La otra vez que pasó eso, al día siguiente el moreno era frío y distante con todos. Se sentó en su sitio habitual, junto a Jessica y el ojimiel.

– Hola Kurt. Blaine me estaba contando que una vez actuó en una obra de teatro, pero que se canceló porque el director y el actor principal se habían liado y montaron una escena de celos en mitad de la función... – Dijo la chica.

– ¿En serio? – Preguntó el castaño.

– Si, ha sido lo más cerca de cumplir mis sueños que he estado. Interpretaba a un músico y cantaba varias canciones. – Informó el menor.

– Una pena que no pudieras seguir en la obra...

Terminaron de desayunar mientras compartían pequeñas anécdotas de su vida. Nada de tristeza, todo alegrías. Después fueron a sus sesiones.

– Me gustaría hablar contigo. – Dijo Anderson mirando a Will.

– Estoy para escucharte. – Informó el otro.

– Ayer en la sesión de grupo contaron el peor día de sus vidas. Yo no lo hice y eso me estuvo dando vueltas en la cabeza durante mucho rato... Al final decidí contárselo a Kurt... ¿Eso está bien?

– Claro que está bien. Blaine, tienes que comenzar a salir de este estado de depresión y desconfianza. Kurt es un buen chico, podríais ser grandes amigos y curar vuestras heridas.

– Por lo menos no piensas como Jessica... – El psiquiatra lo miró confundido. – Piensa que haríamos buena pareja.

– No hay que precipitar las cosas... No te voy a negar que todos los pacientes y todo el personal de esta planta deseamos que seáis felices juntos... Pero esa es vuestra decisión. Lo que pasa es que tenéis tanto en común, tenéis tantas heridas...

– Que seríamos la pareja perfecta. Nos aferraríamos al otro y le daríamos todo nuestro cariño.

– Os cuidaríais mutuamente y valoraríais al otro. Sin embargo, no quiero que os enamoréis tan pronto. Podría ser peligroso para los dos... Necesitáis mejorar primero. Sólo si te valoras lo suficiente como para exigir que te respeten y si eres capaz de cuidar de ti mismo serás capaz de tener una relación.

– ¿Y si no quiero enamorarme? ¿Y si no quiero tener pareja?

– En ese caso, el amor suele golpear más fuerte... Cuando no se busca es cuando realmente se encuentra...

Ya por la tarde, Rachel y la madre de Jessica fueron a visitarlos. Todos habían notado que nadie visitaba a Blaine, pero no lo mencionaban. Se sentaban los cinco juntos para no dejar solo al moreno. Intervenía poco en las conversaciones, pero nadie lo presionaba, entendían que no tenía confianza con los visitantes. La rubia vio a Will, Sue y Emma hablando con unas enfermeras.

– Hay problemas. – Dijo la mujer.

– ¿Por qué? – Preguntó la castaña.

– A estas horas los psiquiatras están con visitas a pacientes no ingresados. Si los tres están aquí es porque algo malo ocurre. La última vez que pasó esto fue cuando el hijo de una paciente tuvo un accidente de coche y falleció. – Comentó Jessica.

– Si es por eso, te aseguro que no están aquí por mí. – Comentó el ojimiel, provocando que todos lo miraran de manera compasiva. Los tres doctores se acercaron a la mesa donde se encontraban, causando el nerviosismo en todos los que estaban allí. La pelirroja se agachó al lado de Blaine para hablar.

– Hay alguien que quiere verte. Dice que se llama Cooper y que es tu hermano. Ha contado cosas que encajan con tu historial, pero tenemos que hablar primero contigo... ¿Qué dices? ¿Quieres recibirlo?

Todos miraban al menor con curiosidad. Todos excepto Emma, que le dedicaba una mirada dulce y cariñosa.

– Un momento... – Interrumpió Kurt. – ¿Ese es el hermano del que no sabes nada desde los diez años?

– Si... – Respondió el más bajo.

– ¿Dónde se metió cuando Blaine lo necesitaba? Es muy fácil venir ahora y decir que es su hermano.

– Kurt, es él quien decide que hacer, no tú... – Lo cortó Sylvester.

– No sé que hacer... – Dijo el moreno.

– Le diremos que te lo pensarás... ¿Te parece bien? – Propuso Pillsbury.

– Creo que será lo mejor...

Los tres psiquiatras salieron. Trabajarían con el menor para que recibiera a su hermano. Podía ser positivo para él contar con alguien en su vida. El resto de la tarde, los cuatro mayores intentaron animar al ojimiel, pero apenas podía concentrarse en la conversación. Once años habían pasado desde la última vez que había hablado con Cooper. Las cosas habían cambiado mucho. Él ya no era el niño feliz, optimista y apasionado de los super héroes y las películas Disney del que se despidió el mayor de los Anderson y estaba seguro de que su hermano ya no era el prepotente aspirante a actor que coqueteaba con todas las mujeres y que, para sus padres, siempre fue perfecto.

El moreno estuvo absorto en sus pensamientos durante el resto del día, pero cuando llegó la hora de dormir, era incapaz de descansar. Su cabeza no paraba de pensar y no podía relajarse. Decidió ir a la habitación de Kurt, el día anterior había sido capaz de dormir allí, tal vez esa noche también podría hacerlo. Se levantó y salió con cuidado, intentando evitar que lo vieran las enfermeras. Sin embargo, la nueva lo vio, pero no le dijo nada. Había hablado con el doctor Schuester acerca de ese paciente y sabía que no había que ponerle barreras para que se relacionara con los demás.

Cuando Blaine entró a la habitación se encontró a Kurt despierto.

– Te esperaba... ¿Quieres hablar? – Preguntó el castaño, a lo que el ojimiel negó con la cabeza.

– ¿Puedo... Intentar... Dormir... Aquí...? – El menor hacía una pausa tras cada palabra, como si le costase decirlas.

– Claro. – Respondió el ojiazul mientras se acomodaba de manera que el otro pudiera caber en la cama. El moreno se tumbó y se abrazó al mayor. Hummel simplemente lo acarició. – Puedes contar conmigo siempre...