A/N: Hey! Creo que ahora si me tardé bastantito en actualizar, lo siento D: tuve un bloqueo terrible y la universidad no ayudaba mucho XD pero en fin, aquí está el cap y como siempre, está largo ewe. No sé, a veces siento que me emociono y que no debería escribir tanto o voy a aburrir gente, pero no puedo evitarlo D:
Bueno. El cap está centrado en Haru y es bastante intenso. Les recomiendo que escuchen (o al menos lean la letra) de la canción que cito al principio y al final, es "Drown" de Bring Me The Horizon y sentí que quedaba muy bien con lo que Haru siente. Como siempre, gracias por sus lindos reviews a Blue 6277, Chiivy, Kary Yue, shiro24kuro, La muerte azul, Bea1258, inuga-chan, Maria y las personitas bellas del grupo de fb ewe sin más preámbulo, aquí el cap! :D
Who will fix me now?
Dive in when I'm down?
Save me from myself
Don't let me drown.
("¿Quién me arreglará ahora,
se sumergirá cuando esté hundido?
Sálvame de mí mismo
No dejes que me ahogue.")
—Bring Me The Horizon, Drown
"¡Rei-chan!"
"Hmm... ¿Bueno?" contestó Rei, aletargado. Sin querer se había quedado dormido sobre su escritorio. Al percatarse de esto, se paró tan rápido como un resorte.
"Sé que dijiste que no podíamos vernos hoy, pero... hay una fiesta esta noche, y varios amigos van a ir al club de Iwatobi," informó Nagisa. "Haru-chan también viene. ¿Seguro que no quieres venir?"
Rei lo pensó. No le apetecía mucho ir a una fiesta, pero si significaba ver a Nagisa, entonces las cosas cambiaban. Además, no le caería mal un descanso. Después de todo, ni siquiera se había podido concentrar en sus estudios.
"Bueno," aceptó. Nagisa celebró y Rei no pudo evitar una sonrisa.
"¡Yay! Entonces nos vemos allá a las 10, ¿sí?"
"Perfecto."
Llegó puntual. Nagisa y Haru llegaron pocos minutos después. El rubio prácticamente se le abalanzó y le plantó un beso tan intenso que Rei no pudo rechazar, aunque él mismo consideraba que las muestras públicas de afecto no eran algo hermoso. Haru carraspeó y se separaron, Rei con las mejillas ardiendo y Nagisa sonriendo como si nada hubiera pasado.
"B-buenas noches, Haruka-san."
"Hola," respondió Haru con simpleza. Era extraño no verlo con Rin, pero supuso que tenía sentido. Si él estaba ocupado, los de tercero la tenían peor con eso de las universidades; y además, Rin tenía que dirigir al club de natación. Rei apenas y lo había visto esos días, y eso que era su mejor amigo.
Entraron al club. Había muchos chicos de Iwatobi e incluso algunos de Samezuka que Rei reconoció. Haru se perdió entre la multitud y Nagisa se arrimó con Rei, bailándole de una manera irresistible y que no ayudaba con la torpeza innata de Rei.
Y aunque era difícil apartar los ojos de su adorado rubio, Rei no pudo evitar percatarse de las miraditas que algunas personas les echaban. No quería ponerse paranoico, pero sabía reconocer cuando la gente hablaba de él. Sabía que Nagisa no era precisamente querido en su escuela, mas no se imaginaba que el asunto era tan malo.
"¡Rei-chan!" Nagisa llamó su atención, haciendo un puchero. "¡Estás distraído!"
"L-lo siento," se disculpó Rei. Nagisa puso los ojos en blanco y lo jaló hacia el bar, donde ordenó bebidas para ambos.
"¡N-Nagisa-kun!"
"¡Anda! Es sólo para que te avives un poco."
Rei se resignó ante la mirada de cachorrito de Nagisa. No podía competir con eso.
Bebieron lo suficiente como para achisparse, y luego regresaron a la pista de baile. Las miradas continuaban, pero ahora eran más fáciles de ignorar. Al menos hasta que un tipo se acercó y 'accidentalmente' derramó su bebida en el pantalón de Rei.
"¡Oye!" se quejó éste, pero Nagisa lo detuvo y lo jaló hacia el baño. Rei le preguntó porqué lo había hecho y se quejó de lo poco hermoso que aquello había sido. Nagisa exhaló y le explicó que el tipo de seguro estaba celoso u ofendido de verlo con alguien más, puesto que había sido una de sus tantas conquistas pasadas. Y Nagisa no quería que Rei se metiera en algún problema por algo tan estúpido. Le ayudó a limpiar su pantalón, pero la mancha estaba muy cerca de su entrepierna. Una cosa llevó a la otra y cuando terminaron Rei se olvidó de su cartera y su celular, medio borracho y aturdido por el orgasmo. No se dio cuenta hasta el día siguiente.
Nagisa-kun va a matarme, fue lo primero que pensó. No obstante, después de súplicas y una exhaustiva búsqueda por el dueño del club, logró recuperar el teléfono de puro milagro. Todo parecía estar en orden. Se sonrojó, las fotos de Nagisa seguían ahí.
Rei agradeció porque el teléfono no había caído en manos equivocadas y se juró a sí mismo ser más cuidadoso y no decirle nada a nadie, mucho menos a Nagisa. No quería preocuparlo por cosas innecesarias.
Después de una intensa noche, Haru escuchó algo que no debía en la mañana del domingo. Sus padres discutían en la cocina.
"¿...No puede esperar un mes?" decía su madre en tono molesto.
"No, no puede. En el trabajo me están pidiendo que viaje hoy mismo, es urgente," respondió su padre, calmado pero firme.
"No podemos dejar a Haruka solo, al menos no hasta que termine la terapia."
Haru sintió una punzada de remordimiento al escuchar eso. Sus padres estaban acostumbrados a ir de un lado a otro, pero ya llevaban unos dos meses en Iwatobi. Debía ser frustrante, cambiar las grandes metrópolis por un pueblo pequeño donde nunca pasaba nada. Y todo por su culpa, porque ya no era suficientemente fuerte para estar solo y darles su libertad.
Su madre continuó:
"Nuestro hijo nos necesita. Además, ¿no lo has visto últimamente? Parece que ha mejorado. No podemos dejar que ese progreso se pierda."
"Sí, creo que tienes razón," respondió su papá. "Es cierto que ha salido más últimamente, y parece que tiene nuevos amigos."
"Sí, en especial ese muchacho, Rin," su mamá lo mencionó con una especie de cariño que sorprendió a Haru e hizo que el calor escalara a sus mejillas. "Ese chico es bueno para nuestro hijo. Aunque todavía me preocupa que no haya resuelto sus problemas con Makoto..."
Haru sintió una punzada en el estómago ante la mención del castaño. Había estado evitando a Makoto cada vez más, y por supuesto que sus padres lo habían notado.
"Déjalos, ya se les pasará," respondió su papá.
"Eso espero. Makoto es buen chico," argumentó su mamá con cara de pesar. Suspiró. "En fin, si no puedes posponer lo del trabajo, supongo que yo me quedaré aquí con Haru."
Oh no.
Ahora, por su culpa, su mamá tenía que quedarse en ese aburrido lugar. Sus padres, ¿separados? Eso era algo casi imposible de imaginar —desde que Haru tenía memoria, ellos se la pasaban viajando juntos de un lugar a otro. Cuando Haru era pequeño y su abuela vivía, era ella la que se hacía cargo de él; al menos hasta que murió. Pero para ese entonces Haru ya era lo suficientemente responsable como para vivir solo en una casa mantenida por sus padres. Y ahora, la entidad inseparable se dividía —y todo por causa de Haruka. No sólo estaba deteniendo a Rin, sino que a su madre también.
"Gracias por entender, cariño," contestó el señor Nanase. "Regresaré lo más pronto posible y les llamaré diario, lo prometo."
"¿Entonces te vas esta noche?"
"Sí."
Otro suspiro de parte de su mamá.
"Ni hablar. Hay que decirle a Haru cuando despierte."
Haru sintió ganas de vomitar y subió para encerrarse en el baño, asqueado de sí mismo.
Después de vaciar su estómago, Haru se lanzó sobre su cama y cerró los ojos. Se sentía terrible, tanto física como emocionalmente y no quería saber nada de nadie.
Despertó unas horas más tarde a causa de su celular que sonaba incesantemente. Gruñó y miró la pantalla, adormilado todavía: era Rin.
Su corazón se aceleró. Ni bien respondió, Rin ya le estaba gritando al otro lado de la línea.
"¿Dónde mierda has estado? Te llamé varias veces anoche y no me contestaste, me tenías preocupado."
A pesar de que no le gustaba su tono áspero, Haru sabía que Rin lo regañaba porque le importaba. Exhaló cansinamente.
"Lo siento, Rin. Salí con Nagisa. Y Rei."
"Ah," expulsó Rin con un deje de intranquilidad. "¿Todo bien?"
Haru hizo una mueca, sabía que a Rin no lo agradaba mucho lo que 'salir de noche con Nagisa' implicaba, pero al menos estaba intentando ser comprensivo.
"Sí. Gracias por preocuparte," respondió Haru incómodamente.
Rin exhaló audiblemente.
"Lamento haberme quedado dormido el otro día," murmuró arrepentido. "¿Por qué no me despertaste?"
Ah, así que eso era... ¿Tal vez por eso no se sentía con derecho a reclamarle a Haru?
Éste último se encogió de hombros, evocando la forma en que Rin arrastraba las palabras al hablar, en que sus párpados caían al igual que su cabeza para luego reponerse violentamente y disculparse, hasta que inevitablemente se durmió en medio de una oración. Había sido adorable, y el simple recuerdo hacía que el estómago de Haru se llenara de mariposas.
"Necesitabas descansar," se justificó. Cualquiera que hubiera visto el rostro completamente relajado de Rin lo comprendería.
Rin, por su parte, se sentía culpable. "Sí, pero... Déjame compensártelo," ofreció. Además, era una buena excusa para ver a Haru. "¿Quieres salir hoy? Sé que es domingo, pero podemos ir a comer o algo así."
"No creo que pueda," respondió Haru, alicaído al recordar la conversación que había escuchado anteriormente. "Papá se irá de viaje por su trabajo, y conociendo a mamá, querrá que pasemos el día todos juntos e irlo a dejar al aeropuerto, o algo así," asumió.
"Oh. Entiendo," Rin sonaba algo decepcionado. "¿Sólo se va él?"
"Sí," contestó Haru, sintiendo ese horrible remordimiento de nuevo.
Por supuesto, Rin lo notó.
"Hm. ¿Estás bien, Haru?"
Haru pasó saliva con la esperanza de que eso amortiguara el vacío en su pecho. Rin ya tenía bastante de que preocuparse.
"Sí," mintió.
"Es normal estar triste," insistió Rin. Notaba algo extraño en la manera en que Haru hablaba, pero no sabía exactamente definir qué. Aunque ya estaba aprendiendo a leerlo, el hecho de que Haru se guardara sus pensamientos la mayoría del tiempo no ayudaba mucho.
Haru frunció el ceño, comenzando a irritarse.
"No estoy triste," farfulló. Rin bufó, cuando Haru se ponía obstinado no había fuerza alguna en el universo que lo hiciera cambiar de opinión. Y eso le molestaba.
"Bueno, bueno," le siguió la corriente, tratando de no desquitar su enojo. "Pero sabes que puedes hablar conmigo de cualquier cosa, cuando quieras."
"Estoy bien, Rin," remarcó Haru.
"Lo sé. Sólo te estoy diciendo."
"Ok," Haru dejó su malhumor. Rin sólo estaba siendo un buen novio, preocupándose por él. "No te sobreesfuerces."
"Trataré," dijo Rin. Cuando se trataba de la natación, no podía prometer nada. "Hablamos luego, ¿sí?" hizo una pausa, y agregó: "Te quiero."
Los latidos del corazón de Haru retumbaron en sus oídos.
"Yo también te quiero," confesó. Eso había hecho que se sintiera un poco mejor.
Después de una intensa práctica que consumió gran parte de la tarde, Rin despachó a su equipo de natación. Momo se quejó para con Nitori de lo cansado que estaba y le propuso ver una película en su cuarto para relajarse. Nitori se sonrojó y le dijo que se adelantara, ya que tenía asuntos que resolver.
Momo pareció confundido, pero le sonrió.
"Bueno. ¡Te estaré esperando, Senpai, así que apúrate!" dijo entusiasmado, logrando acelerar los latidos de Nitori y multiplicar el rubor de sus mejillas.
No entiendo... ¿Por qué me siento así?
Precisamente, ese era el asunto que tenía que tratar. ¿Y qué mejor persona que Rin para hablar de eso? Él era tan sabio, seguro sabría aconsejarlo.
"Senpai... ¿Puedo hablar con usted?" preguntó Nitori, acercándosele tímidamente. Rin se quitó los goggles y el gorro de natación y lo miró.
"¿Eh? ¿Qué pasó, Ai?"
Nitori desvió la mirada, avergonzado.
"N-no tiene que responder si no quiere, p-pero... Cómo supo que era... ya sabe..." pasó saliva; "¿gay?"
Rin enarcó las cejas, sorprendido.
"¿Es por Momo?"
Si el nerviosismo de Nitori no era suficiente indicador para delatarlo, el grito que soltó después lo hizo.
"¡¿C-CÓMO LO SUPO?!"
Rin bufó. "Es muy obvio."
Nitori suspiró.
"Yo... no sé, estoy confundido," murmuró, cabizbajo. "Nunca antes me había gustado nadie... mucho menos un hombre, y no sé... ¿Qué tal si estoy mal y sólo estoy mezclando sentimientos porque he pasado mucho tiempo con Momo-kun? E igual si es cierto, ¿cómo sé que él siente lo mismo por mí?" añadió con algo de dolor e incertidumbre. "Hasta donde yo sé, le gustan las mujeres... ¿Qué tal si lo asusto y arruino nuestra amistad?" expresó. "¡No sé qué hacer!"
"Shh... Primero tranquilízate, Ai," respondió Rin, dándole unas palmaditas en el hombro. Sonrió reconfortantemente. "¿Sabes? He oído que muchas personas se sienten como tú al descubrir su orientación sexual. Es parte del proceso para algunos."
Nitori parpadeó, ya más calmado.
"¿Usted se sintió alguna vez así, Senpai?" inquirió. Rin torció los labios.
"La verdad no," confesó. "Yo siempre supe que me gustaban los hombres. Desde pequeño, lo sentí como algo natural; y mi familia siempre fue muy comprensiva, así que tuve la suerte de siempre sentirme aceptado," sonrió con ternura. "Pero eso no significa que tus sentimientos sean menos válidos, Ai," pausó, y agregó en voz más baja; "Además, yo creo que Momo es bisexual... parece que le gustas," meditó para sí. El rostro de Nitori se iluminó.
"Ah... ¡¿En verdad cree eso, Senpai?!"
La sonrisa de Rin creció. Le guiñó un ojo.
"Sin duda. Soy bueno para reconocer esas cosas, pregúntale a Rei," bromeó, poniendo los ojos en blanco. Despeinó el cabello de Nitori amistosamente y finalizó:
"No te rindas sin intentarlo, Ai."
Nitori asintió, sonriendo de oreja a oreja.
"¡Gracias, Senpai!"
La plática con Rin sí le sirvió. Nitori se duchó rápidamente y corrió a su cuarto, antes de que la motivación se esfumara y se arrepintiera de lo que iba a hacer. Abrió la puerta, decidido, y...
"¡Momo-kun! Necesito hablar contig... oh."
Momo estaba sentado frente a su computadora. En el monitor había una foto de Matsuoka Gou, y Nitori sintió su estómago hundirse al toparse con la mirada perpleja de Momo.
"¿E-estás viendo fotos de Gou-chan?" inquirió con voz temblorosa.
Momo se sonrojó.
"¡N-no es lo que piensas, Senpai!"
Pero Nitori no necesitaba explicaciones. Por supuesto, ¿qué se había creído? Era obvio que Momo sólo lo consideraba un amigo. Después de todo, él estaba enamorado de Gou.
Y Nitori había sido un tonto por creer otra cosa.
"Ah, no importa. No me debes ninguna explicación," fingió una sonrisa. Tenía un nudo en la garganta, pero no podía dejar que Momo lo viera llorar. "Um... iré a dar una vuelta, me haría bien algo de aire fresco..."
Nitori se dio la vuelta; mas, antes de que pudiera escaparse, Momo lo alcanzó y lo detuvo.
"¡Me gustas, senpai!" declaró. Los ojos de Nitori casi se salen de sus órbitas y su rostro se tornó colorado.
"¡¿Eh?!" exclamó. Volteó a verlo, incrédulo. Momo lo veía fijamente, avergonzado y haciendo un puchero infantil.
"Estaba borrando las fotos de Gou-chan," explicó. "Ya no las necesito. Prefiero mirar las tuyas..." balbució, desviando la mirada nerviosamente para luego volver a ver a Nitori a los ojos y agregar: "¡Me gustas mucho, senpai!"
A Nitori le temblaban las rodillas. Estaba tan conmovido que no podía hablar, así que sólo lo miró con ternura y estampó sus labios contra los de Momo.
Éste se dejó llevar.
El día fue justo como Haru lo predijo. Cuando salió de su cuarto ya bañado y arreglado, ya era hora de comer, mas sus padres no dijeron nada al respecto. Sólo le preguntaron cómo se sentía y qué tal la había pasado la noche anterior con sus amigos. La señora Nanase se sorprendió porque no lo había escuchado entrar.
Después de eso, el papá de Haru le dijo lo que ya sabía, pero con más detalle. Haru asintió con la mirada ausente y un nudo en el estómago.
Salieron a comer sushi y aunque Haru sonrió repetidas veces por la manera en que sus papás conversaban entre ellos —parecían adolescentes, contando anécdotas o riendo—, en el fondo, no podía evitar sentirse mal porque tuvieran que separarse debido a su causa, aunque fuera por poco tiempo. Ahora que realmente observaba sus interacciones podía notar el amor y la felicidad mutua, la necesidad de estar con el otro. Y le dolía. Si él había resentido de sobremanera la ausencia de Rin en sólo una semana, no podía imaginarse el sacrificio que su mamá estaba haciendo por él.
Regresaron a la casa porque el señor Nanase tenía que empacar. Y después lo llevaron al aeropuerto.
Su papá lo abrazó como nunca lo había hecho antes. "Sé fuerte y cuida a tu madre mientras no estoy. Te amo," habían sido sus palabras de despedida. Luego se despidió de su esposa, y Haru evitó ver el momento porque sólo lo haría sentir peor.
La señora Nanase no habló durante el trayecto a casa, y Haru tampoco lo hizo. Llegaron por la noche. La madre de Haru le ofreció algo de cenar, pero su hijo comentó que no tenía hambre de momento y se retiró a su cuarto. Ella supuso que quería tiempo a solas y optó por no molestarlo.
Haru azotó la puerta y se recargó en ella, deslizándose hasta quedar sentado en el piso. Ocultó su rostro detrás de sus manos y apretó los ojos.
Le ardía la muñeca.
Eres una mierda. Mátate.
Después de que el avión de su papá había despegado, juraba que vio algunas lágrimas formarse en los ojos de su madre, lágrimas que ella no dejó caer porque no quería afectar a su hijo al verla así. Sin embargo, Haru lo notó, y el hecho de que hubiese tenido que contenerse por su bien, porque no estaba segura de cómo lo tomaría su hijo había sido la cereza del pastel. No sólo había reprimido a su mamá físicamente al impedirle irse, ahora también lo hacía emocionalmente.
Se paró, molesto consigo mismo. Sus manos temblaban y sentía terrible ansiedad de rasguñarse la muñeca, mas debía luchar contra ese instinto. Se sentó en su escritorio, tomó un marcador y se puso a rayar su brazo. Esta vez, sus trazos no tenían forma: eran rápidos y descuidados, puesto que Haru sólo buscaba un lugar donde desatar la tormenta que llevaba dentro. Y de alguna u otra forma, terminó haciéndolo en su cuaderno.
Estoy solo
Me voy a quedar solo
A veces pienso que estar muerto sería mejor
Desaparecer
Ahogarme
Haru dio un salto cuando su teléfono sonó. Rin lo llamaba.
"¿Cómo te fue hoy?" fue lo primero que dijo el pelirrojo.
"Bien," contestó Haru instintivamente, jugueteando con la pluma. Hizo una pausa. "Aunque fue raro."
"¿Qué cosa?" inquirió Rin con voz apagada. Bostezó.
"Ver a papá irse," soltó Haru. "Sin mamá."
Rin detectó el toque melancólico en la voz de Haru y se espabiló de inmediato.
"Lo siento. ¿Quieres que vaya...?"
Haru sacudió la cabeza frenéticamente. Sí, tenía ganas de verlo. No quería sentirse solo esa noche, pero Rin se oía exhausto y Haru no quería ser una molestia.
"No, no te preocupes," dijo, intentando sonar lo más calmado posible. "Te oyes cansado."
El cambio de tema pareció funcionar para distraer a Rin
"Fue un día laaaaaargo," se quejó. Entonces sonrió al rememorar cierta plática con Nitori, y añadió: "Aunque pasará algo interesante entre Ai y Momo."
"¿En serio?"
A Rin le pesaban los párpados. "Sí. Te cuento detalles después. Te diría que saliéramos mañana, pero tengo que ayudar a los chicos con su inglés, entonces... ¿Quieres hacer algo el martes, antes de ir a terapia?" propuso.
Haru sintió su corazón acelerarse. Sin embargo...
"¿No tienes práctica de natación?"
...tampoco quería apartarlo de lo que era importante. Lo que lo llevaría a la trascendencia.
Las Nacionales.
Rin volvió a bostezar. "Les daré el día libre. Hemos estado trabajando muy duro, así que se lo han ganado," explicó. "Entonces, ¿sí o no?"
¿En verdad Rin cancelaría la práctica por benevolencia hacia su equipo?
¿No sería que se había dejado influenciar por la necesidad de ver a cierto pelinegro y asegurarse de que estaba bien? Rin era bastante protector...
...y tal vez, aunque Haru se odiara después por ser tan egoísta, aceptaría la oferta.
"Sí," aceptó. Rin esbozó una sonrisa.
"Ok. Hasta mañana, Haru."
"Hasta mañana. Te quiero," dijo el pelinegro con cierta ansiedad.
Rin se sonrojó.
"Yo también. Buenas noches."
Y colgó.
Haru se quedó quieto, escuchando los tonos del teléfono cuando la llamada terminó. La voz de Rin lo había hecho sentir bien por un instante, pero ahora ya no estaba y Haru no sabía lidiar con el vacío. Rin estaba avanzando, preparándose para las Nacionales que pronto llegarían y Haru no dudaba que Rin ganara o al menos que su talento fuera reconocido por más de un reclutador. Y entonces Rin se iría y estas noches de soledad volverían a ser rutina para Haru.
No, no, no, no, no. Por favor no.
Un nudo se formó en la garganta de Haru y se dejó caer sobre su cuaderno, escondiendo su rostro y tirando de su pelo. ¿Qué diablos le pasaba? Odiaba sentirse así. Todo era su culpa, ¡¿por qué se sentía así?!
Volvió a tomar la pluma e hizo un enorme rayón que llenó la hoja y poco a poco, conforme la furia y el odio abandonaban al pelinegro dejando una sensación de melancolía pura, se transformaron en palabras escritas de una forma veloz y poco cuidadosa.
...no quiero atarte, no quiero depender de ti, no quiero ser "el novio de Matsuoka Rin", quiero volver a ser Nanase Haruka, a ser yo. Quiero mi propio sueño, pero no sé cómo encontrarlo
Si así es la vida siempre mejor mátame, antes de que me vuelva loco (si no es que ya lo estoy)
Siento que estoy atorado, y no entiendo... porqué estoy tan molesto últimamente?!
Haru azotó la pluma y cerró el cuaderno. Quería olvidar, quería ver a Rin y decirle todo y sentirse mejor, pero Rin de seguro se sentiría asqueado al ver a Haru tal como era. Y tampoco quería salir de fiesta esa noche, no estaba de ánimos. Sólo quería que el día siguiente llegara para ver a Rin. Por el momento, únicamente contaba con su cuaderno para desahogarse, y Haru escribió y dibujó hasta que estuvo demasiado cansado como para continuar.
Semana 8.
"¡Buenos días, Haru-chan!" saludó Nagisa cuando el aludido llegó a la escuela.
"Hola Nagisa," respondió Haru. Nagisa sonrió de oreja a oreja.
"¿Vamos adentro?"
"Sí."
Como era de suponerse, Makoto había intentado comunicarse con ambos durante el fin de semana, mas Haru lo había evitado por todos los medios posibles. Nagisa se había mantenido más o menos neutral, intentando persuadir a Haru de que hablara con él, pero sin éxito alguno.
Entraron a la academia y Haru sintió un nudo en el estómago porque pronto partirían a clases diferentes y tendría que enfrentar a Makoto inevitablemente —solo. Sin embargo e inesperadamente, aquel momento se adelantó apenas pusieron un pie en la escuela: la gente los volteó a ver y comenzó a cuchichear y a reírse de ellos; y entonces Makoto emergió de entre los grupos que se formaban.
"Esto es raro," murmuró Nagisa para sí.
El estómago de Haru dio un vuelco, nunca le había sido fácil lidiar con ese tipo de conflictos y el semblante del castaño no ayudaba mucho: estaba pálido y su mirada expresaba gran preocupación. Haru respiró profundamente, luchando por mantener su exterior impasible cuando Makoto los detectó y se acercó corriendo hacia ellos. Pero parecía que esta vez Haru no era su foco de atención.
"¡NAGISA!" clamó, tomando al rubio por los hombros. Nagisa fruncía el ceño y miraba a su alrededor —estaba acostumbrado a las burlas, mas nunca habían sido tan hostiles y abiertas. Las personas lo señalaban y se reían en completo descaro.
"¿Qué está pasando?" farfulló para sí. Dos muchachos musculosos, atletas por excelencia pasaron a su lado y uno de ellos —con el que Nagisa se había enredado alguna vez en el pasado— chocó contra él a propósito y susurró:
"Maldito marica de mierda."
Algunos observadores cercanos estallaron en risas. Nagisa sintió terrible vergüenza que pronto se transformó en furia y apretó los puños.
"¡Hey!" gritó. "Al menos yo tengo el valor para admitirlo," añadió en un susurro.
El otro chico se detuvo en su andar. "¡¿Qué dijiste, maricón?!" exclamó. Casi se arroja contra el rubio de no ser porque Makoto y Haruka se interpusieron: Haru cubrió el cuerpo de Nagisa con el suyo; y Makoto, el dulce, inofensivo y amado Makoto se abalanzó sobre ambos y los tomó por el cuello de la camisa.
"¿Tienen algún problema? Porque si es así, podemos ir afuera nosotros tres."
"Cuatro," corrigió Haru detrás de él, aun refugiando a Nagisa.
Makoto asintió sin mirarlo.
"Cuatro."
El chico se quedó paralizado por un momento, intimidado por el comportamiento inusual de Makoto. Se repuso y frunció el ceño, zafándose de su agarre y marchándose sin agregar nada más que un bufido de enojo contenido. El otro joven lo siguió después. Makoto los observó con los ojos entrecerrados hasta que estuvieron lo suficientemente lejos. Echó algunos vistazos a los estudiantes que contemplaban la escena, silenciándolos y ahuyentándolos. Nadie en su sano juicio se metería con Makoto cuando estaba enojado.
Mientras, Haru se volteó para ver cómo estaba Nagisa.
"¿Estás bien?" inquirió. Nagisa asintió, mirando al suelo. "¿Qué pasó ahora?"
Nagisa negó con la cabeza. "No sé," dijo sinceramente.
Makoto se les integró. Haru se tensó, pero el castaño ni siquiera lo miró —había cosas más importantes que resolver en ese momento.
"Yo sí," sentenció. Sacó su celular y buscó algo para mostrárselos. "Nagisa, ¿qué es esto?"
En el celular de Makoto se mostraban las fotos que Nagisa se había tomado para Rei. El rubio palideció.
"Eso... es privado."
"En realidad no," dijo Makoto. "Se difundieron por toda la escuela."
"¡¿Qué?!" inquirió Nagisa, sin aliento. Negó con la cabeza. "No, eso no puede ser..."
"Nagisa," suspiró Makoto, posando sus manos sobre los hombros del rubio en una manera paternal; "¿no se te ocurre alguna forma de que se hayan propagado esas fotos?"
"No," repitió Nagisa, sintiendo que se le acababa el aire y que su corazón se destrozaba. "O sea, bueno, se las envié a alguien, pero es de mi entera confianza..."
Makoto enarcó las cejas.
"¿Rei?"
Nagisa no respondió. Cerró los ojos y derramó algunas lágrimas; entonces se cubrió el rostro con las manos y sacudió la cabeza frenéticamente.
"Tengo que ir a Samezuka," dijo, dándose la media vuelta y dejando el instituto.
"Te acompaño," respondió Haru instintivamente, siguiéndolo.
"¡Esperen!" Makoto intentó detenerlos, pero fue en vano. Ya se habían marchado.
Suspiró, debatiéndose entre ir con ellos o quedarse en la escuela. Optó por la segunda: últimamente se sentía más y más como un marginado en su propio grupo de amigos.
"Tenemos que hablar."
Haru apoyaba su mano sobre el hombro de Nagisa para recordarle que no estaba solo. Caminaban hacia Samezuka mientras el rubio hablaba por teléfono con Rei.
"¡Ya sé que estás en clase! ¡Pero esto es importante!"
Rei dijo algo más al otro lado de la línea.
"No, ¡no puede esperar!"
De nuevo fue el turno del otro de hablar. Nagisa se mordió el labio inferior y finalizó en un tono fúnebre:
"Ok. Entonces te veo en tu cuarto en diez minutos."
Suspiró. Miró a Haru, su tristeza era infinita y esto preocupó al pelinegro. Era tan extraño ver a Nagisa así, y vaya que Haru comprendía cómo se sentía estar tan deprimido.
"Gracias por acompañarme, Haru-chan," dijo Nagisa con la voz rota. Haru hizo una mueca y le dio unas cuantas palmaditas en el hombro, no era muy bueno a la hora de consolar personas.
"No te preocupes. Estoy seguro de que las cosas se arreglarán."
"Eso espero," respondió Nagisa, cabizbajo. "Jamás me imaginé algo así de Rei-chan," añadió para sí mismo en voz baja.
Haru no supo que responder. Llegaron pronto a Samezuka y aunque una parte de Haru quería acompañar a Nagisa en caso de que las cosas se pusieran feas, sabía que era algo que tenía que resolver a solas con Rei. Así que le prometió que se quedaría en la entrada de la escuela, esperándolo. Nagisa agradeció de nuevo y se marchó.
Rei ya estaba esperándolo cuando el rubio llegó. Cerró la puerta del cuarto con un nudo en el estómago, temiéndose lo peor.
"¿Qué pasó?"
"¿Qué hiciste con las fotos que te pasé el otro día?"
Rei pasó saliva.
Oh.
No.
"Nada."
Nagisa enarcó una ceja, visiblemente afectado.
"¿Nada?"
"No," enfatizó Rei. "¿Pasó algo?"
Los labios de Nagisa temblaron y ocultó su rostro detrás de sus manos.
"Todos en Iwatobi las vieron," sollozó. Asomó su cara llorosa y acusó: "Rei-chan, ¡¿tú...?!"
"¡NO!" profirió Rei de inmediato, captando la acusación. "¡¿Cómo puedes si quiera pensar eso?!"
"¡Pues sólo tú las tenías! ¡No encuentro otra explicación!"
"Nagisa-kun," llamó Rei en voz ahogada. Le partía el alma verlo llorar. "Lo siento mucho. Yo no quería que algo así pasara—"
"¡¿Cómo que no querías que algo así pasara?! ¡¿Entonces sí lo hiciste?!"
"¡NO!" repitió Rei. Se golpeó la frente con la palma de su mano. "No, pero... fui un estúpido," suspiró. "Nagisa-kun, déjame explicarte. El sábado en el club, dejé mi celular..."
"¡¿QUE TÚ QUÉ?!" interrumpió Nagisa, fuera de sí. "¡¿Y no se te pasó por la cabeza que algo así podría pasar?! ¡¿No pensaste en borrar esas fotos después?! ¡¿No pensaste en lo que podrían causarme?! ¡¿POR QUÉ NO ME DIJISTE?!"
"¡No quería preocuparte!" argumentó Rei. "Además, lo recuperé—"
"¡Sí, pero ahora todos tienen las fotos!" chilló el rubio. "Y si un maestro las ve, o mis papás..."
"¡Lo siento, lo siento, lo siento!" se disculpó Rei frenéticamente. "Fue muy estúpido de mi parte, ¡lo sé! ¡¿Pero qué quieres que haga?! ¡No pensé—!"
"¡Ese es el problema! ¡No pensaste, y ahora todos me molestarán por esto para toda mi vida! ¡CÓMO SI NO FUERA SUFICIENTE YA!"
Nagisa estalló en sollozos. Rei se llenó de angustia e intentó abrazarlo, pero el rubio se apartó.
"Lo siento, Rei-chan," dijo. Rei no entendía por qué se disculpaba cuando era él el que lo había arruinado todo. Nagisa sonrió amargamente y bufó. "Supongo que me lo merezco, ¿no? Hay mucha gente que no me quiere. He jugado con muchas personas y ahora se me regresa," levantó la vista, visiblemente herido. "¿Cómo puedes estar con alguien tan desagradable como yo?"
"Nagisa-kun," musitó Rei. "No hables así de ti—"
"No, es verdad," sonrió destrozado. "Y tú... has sido muy bueno conmigo. Mereces a alguien mejor. Lo siento..."
"¡Nagisa-kun! ¡NO TE VAYAS!" rogó Rei al borde del llanto, tratando de detenerlo. Mas Nagisa sonrió, llorando, y se soltó de su agarre.
"Lo siento, Rei-chan," repitió. "No puedo estar así contigo."
"¡NAGISA-KUN!"
Nagisa salió corriendo y Rei sintió un vacío en su pecho.
Nagisa se había culpado por su estúpido error.
Nagisa se rehusó a ir a su casa esa tarde. No podía ver a sus padres a la cara, y no podía permitir que se enteraran del lío en el que estaba o de seguro lo sacarían de Iwatobi para siempre. Haru lo vio tan abatido que le ofreció que se quedara en su casa, así al menos podría asegurarse de que no hiciera alguna locura. Nagisa aceptó y le agradeció, y Haru sintió alivio no sólo porque podría cuidar de su amigo ahora que lo necesitaba, sino también porque él tampoco quería estar solo. No le había dicho a nadie, pero últimamente había estado teniendo pesadillas.
La señora Nanase recibió gustosa a Nagisa. Éste puso su fachada alegre y espontánea al menos hasta que subieron al cuarto de Haru y la puerta se cerró detrás de ellos. Entonces se derrumbó sobre la cama de Haru y echó a llorar a lágrima viva, mientras el pelinegro lo miraba con preocupación e intentaba consolarlo sin mucho éxito.
Se encontraba preguntándose que más podía hacer para calmar a Nagisa cuando se percató de que Rin le había mandado un mensaje.
Rin M.: Oye. Estoy con Rei, esta destrozado por lo que paso con Nagisa... Lo siento mucho.
Una extraña calma invadió el pecho de Haru. A la vez, se sintió algo culpable por sentirse bien cuando Nagisa estaba deprimido, pero es que Rin siempre lo hacía sentir mejor. Continuó dando palmaditas de consuelo en la espalda del rubio, dejando que se desahogara, y con la otra mano le respondió a Rin.
Haru: No importa... Yo también lo siento. Estoy con Nagisa, tambien esta asi
Rin M.: Que mal... Espero que se arregle pronto
Haru: Yo tambien. Hablamos luego, si? Nagisa esta muy mal. Talvez lo sacare para distraerse
Rin M.: Oh, ok
Rin M. está escribiendo...
Rin M.: Tengan cuidado
Haru: Si, no te preocupes
"¿H-Haru?" Nagisa volteó a verle. Sus ojos estaban rojos e hinchados. A Haru le dolió verlo así; después de todo, Nagisa era como ese hermano más pequeño y travieso que Haru no tenía.
Acarició su cabello rubio con cariño fraternal. Nagisa sorbió la nariz.
"Salgamos hoy," propuso Haru, olvidándose de Rin por un momento. Él también debía de estar ocupado con Rei.
"No quiero."
Haru no podía creerlo. Nagisa jamás se había rehusado a una salida entre amigos, lo cual indicaba lo mal que se sentía.
"Bueno," cedió Haru. "Entonces, ¿qué quieres hacer?"
Nagisa hizo una mueca. Sus ojos destellaron en señal de que no había terminado de llorar.
"Nada," dijo en tono infantil y lloroso.
"Bueno," repitió Haru, inseguro de cómo actuar. Si Makoto estuviera ahí, él sabría qué hacer, y Haru se sintió como un inútil e impotente porque en verdad quería ayudar a su amigo, porque él sabía lo horrible que era sentirse tan desdichado y no se lo deseaba a nadie, mas no sabía cómo hacerlo. No obstante, Nagisa conocía a sus amigos como la palma de su mano y apreciaba el esfuerzo que Haru estaba haciendo. Así que simplemente se abalanzó contra su pecho y lo rodeó con sus brazos lo más fuerte que podía.
"Gracias por apoyarme, Haru-chan," murmuró con voz ronca. Haru levantó las cejas, apenado.
"D-de nada."
Nagisa lo soltó y descargó todo lo que traía dentro. Haru lo escuchó atentamente, incluso cuando los sollozos le impedían hablar y hasta que el cansancio lo venció.
Haru volvió a tener pesadillas.
Nagisa y Haru fueron juntos a la escuela por la mañana. Makoto se les unió cuando llegaron, en caso de que hubiese que defender al rubio contra el odio de los demás. No obstante, cada vez era más obvia la grieta que se había formado entre el grupo de amigos, en especial entre Haruka y Makoto. Ni siquiera se hablaron y la tensión era notoria entre ellos.
Nadie se atrevió a agredir a Nagisa, al menos no abiertamente. Pero las miradas, los susurros, las indirectas eran igual o hasta más dolorosas que los golpes.
El día fue largo y tedioso. Cuando al fin terminó la jornada escolar, fue Makoto el que se ofreció a cuidar de Nagisa ese día, puesto que Haru tenía terapia. Así que Nagisa se fue con el castaño y Haru volvió a casa solo, meditando sobre lo asqueroso que había sido su día y cómo cada vez se sentía más apartado de todo, como si estuviera encerrado en una burbuja donde el tiempo no pasaba y que nadie se atrevía a romper. Como si fuese por la vida sin motivo, como si sus días fueran un libro en blanco y Haru se deslizara por las páginas en una especie de ensueño donde nunca pasaba nada, donde no había nada importante. Y eso lo hacía sentir un vacío.
...pero al menos vería a Rin esa tarde.
El pensamiento hizo que las páginas en blanco de su libro se llenaron de colores y sus insípidos días cobraran algo de sabor.
Llegó a su casa ansioso, pero en una forma positiva. Su mamá lo notó y se alegró por ello. Hablaron poco —lo que las monosilábicas respuestas de Haru permitieron— y luego se subió a su cuarto a esperar por su novio. No debía tardar mucho, quizá una media hora. Pero media hora se transformó en una, y una en una y media y Rin no llegaba. Ni siquiera se había dignado a mandar un mensaje o a llamar para avisar de algún inconveniente, y Haru se estaba impacientando.
Al cabo de dos horas y notando que ya tenía que irse o llegaría tarde a la terapia, Haru cayó en cuenta de una realidad muy desagradable.
Rin lo había dejado plantado.
Decir que estaba molesto era poco. Estaba lívido. No era la primera vez que se sentía abandonado por Rin, aunque no fuera intencionalmente; pero ahora ni siquiera había tenido la atención de avisarle que no iría. Sólo lo ilusionaba para después dejar caer sus esperanzas y ni siquiera ayudarle a recogerlas después. Y lo peor es que Haru había permitido que lo hiciera más de una vez; le había brindado la confianza y había bajado su guardia para permitir que Rin entrara y lo destrozara.
Mas no podía culparlo. De seguro Rin, al estar más en contacto con su sueño ya se había aburrido de Haru y ahora no sabía cómo decírselo. Y es que Haru no podía competir con un futuro de fama y libertad —él no era nadie, no tenía nada. Era simple y melancólico mientras que Rin estaba lleno de una pasión abrumadora que atraería la atención de cualquiera. Haru ya ni siquiera podía mantener la atención de sus amigos.
¿Desde cuándo se había vuelto así? ¿Desde cuándo se había convertido en ese ser muerto por dentro, sin sueños ni esperanza?
Todos avanzaban, todos crecían, todos se iban. Rin sanaba, todos en la terapia progresaban menos él. Haru se odiaba, se odiaba por haberse perdido a sí mismo y no saber cómo recuperarse, se odiaba por anclar a su mamá cuando podría estar feliz al lado de su papá. Se odiaba por haberse permitido confiar en Rin y se odiaba por irlo perdiendo poco a poco. Se odiaba por estar molesto, pero no saber cómo expresarlo.
Bajó las escaleras. Le indicó a su mamá que iba a la terapia y no le dio mucha oportunidad para responder al marcharse y azotar la puerta a su salida.
Corrió. Lo ayudaba a calmarse, pero esa vez no logró gran cosa. Aún sentía la sangre hirviendo en sus venas y los pensamientos desenfrenados recorrer su mente cuando llegó a la terapia. La muñeca le picaba.
Mátate.
Se sentó bruscamente en el lugar de siempre y dejó caer su cabeza sobre sus manos. No quería que nadie le hablara, y aun así... muy dentro de sí, tenía la leve esperanza de ver a Rin. Pero él de seguro no iría. No querría verle.
Nadie te necesita. Mejor mátate.
Eres una escoria.
"Joven, ¿está usted bien? ¿Le duele algo?"
Haru levantó la vista. Era una señora. No se sabía su nombre, pero recordaba que había mencionado que estaba ahí por haber perdido a su marido en un accidente, o algo así.
"Eh..."
En ese momento, una chica nueva entró en la habitación. Se veía bastante joven, quizá de la edad de Haru. Llevaba puesta una bata blanca y el cabello recogido en un moño alto.
"¡Buenas tardes!" exclamó, llamando la atención de todos. La viuda se sentó al lado derecho de Haru. A su lado izquierdo estaba el asiento vacío donde Rin se sentaba últimamente. "Soy Hanamura Chigusa, y vengo a suplir a Amakata-sensei por esta sesión. ¡Espero que nos llevemos bien!"
"¿Suplente?" inquirió Haru en voz baja. La señora a su lado asintió.
"Oh, cierto, tú y el muchacho pelirrojo no vinieron a la sesión pasada. Amakata-san avisó que no podría venir hoy, así que mandaría a uno de sus mejores alumnos. Nos habló de ella, parece que está por titularse."
Haru asintió. La chica no debía ser más que un par de años mayor que él. A pesar de que parecía entusiasta y dispuesta a dar lo mejor de sí, su inexperiencia relucía. Se veía algo nerviosa al lidiar con los pacientes. Haru se aburrió pronto y su mente comenzó a divagar.
Rin no está...
Rin no me quiere.
Nadie me quiere.
Desaparecer sería lo mejor.
La puerta se abrió a media sesión y Rin hizo acto de presencia. Se veía cansado y apresurado.
El corazón de Haru dio un vuelco.
"¿Puedo pasar?" Rin inquirió con voz entrecortada, algo sorprendido de que Amakata no estuviera. Chigusa asintió y Rin entró y se sentó al lado de Haru, quien se tensó al sentirlo tan cerca. Frunció el ceño y ni siquiera volteó a verlo.
"Lo siento," murmuró Rin. El ceño de Haru se intensificó. "Esto va a sonar muy estúpido, pero no olvidé nuestra cita de hoy. Sólo que me acosté por un momento y me quedé dormido—"
"Ahórratelo, Rin," interrumpió Haru, cruzando los brazos. "Ya sé que te surgió algo más importante que hacer, como siempre."
Rin suspiró.
"Estás enojado, y tienes derecho a estarlo. Pero entiende que estos días he estado muy ocupado—"
"Sí, ¡ya lo sé!" explotó Haru, atrayendo la atención de algunos a su alrededor. "Tienes que prepararte para tus exámenes, para las Nacionales, para tu futuro... ¡No te culpo!" levantó la voz. Rin dio un respingo. "¡Todo eso es mejor que tener que lidiar conmigo!"
"¿Qué pasa aquí?" Chigusa inquirió, interrumpiendo la conversación con uno de los pacientes y aproximándose hacia ellos. Sin embargo, Rin y Haru estaban tan enfrascados en su diálogo que la ignoraron.
Rin apretó la mandíbula y estalló.
"¡Pues sí, tal vez lo sea!" gritó, fuera de sí. No era justo que Haru lo tratara así. "¡No es mi culpa que tú no tengas una vida aparte de mí!"
Silencio. Haru sintió como si una daga se clavara en su estómago y se puso pálido. Rin tenía razón.
Mátate.
Todos se habían quedado callados. Las palabras se asentaron en el ambiente y Rin abrió los ojos como platos, meditando lo que acababa de decir. El color subió a su rostro.
Chigusa, percatándose de la tensión, decidió intervenir. Se acercó más ambos muchachos; en especial a Haru, que parecía verdaderamente afectado. Rin balbuceaba disculpas, avergonzado de sí mismo.
"Haru, no quise decir eso. Me enojé, no debí, lo siento..."
"Chicos, tranquilícense," medió Chigusa, posando una mano sobre el hombro del pelinegro que aún no reaccionaba. "Todo se puede resolver hablando—"
"...Haru, perdón—"
"¡DÉJENME EN PAZ!" rugió Haruka de pronto, poniéndose de pie y apartando la mano de Chigusa. "Usted no se meta, ¡ni siquiera me conoce!" le gritó. "Sólo es una suplente que vino a fingir que le valemos un comino pero en realidad no es cierto, sólo estará hoy... ¡Y ni eso puede hacer bien!"
La pobre mujer se había quedado paralizada. Estaba roja de vergüenza y Haru notó que temblaba. Un sollozo abandonó sus labios y echó a llorar, ocultando su rostro entre sus manos.
Nadie sabía cómo reaccionar.
El cuerpo de Haru se sacudía de furia. Respiraba audiblemente y su mirada era la de una fiera insatisfecha.
¿Ves lo que hiciste?
"Me largo de aquí," gruñó entre dientes y salió de la sala ante las miradas atónitas de todos. Algunos se acercaron a la chica a asegurarse que estaba bien y otros comenzaron a hablar de lo recién sucedido, pero sólo hubo una persona cuya conmoción se transformó en rabia y salió detrás de Haru.
No había ido muy lejos. Iba a la mitad del pasillo cuando Rin lo alcanzó, lo tomó por los hombros violentamente y lo azotó contra la pared.
"¡¿A dónde diablos piensas que vas?!"
"¡Suéltame!" profirió Haru, apretando las muñecas de Rin y tratando de apartarlo; cosa que sólo sirvió para provocarlo más y que lo azotara otra vez contra la pared.
"¡No!" gritó. "¡¿Acaso piensas que te puedes desquitar con todos los que te rodean sólo porque tuviste un mal día?!"
"¡¿No es lo mismo que tú haces siempre?!" contraatacó Haru. Un destello de dolor tiñó la mirada roja de Rin, pero pronto encendió otra llamarada de ira.
"¡¿Qué te pasa, Haru?!" exclamó. Sus facciones se suavizaron de repente, mostrando el dolor y la confusión que su comportamiento le causaba. "Tú no eres así..."
Haru levantó su voz una octava más.
"¡¿Cómo sabes?! Ni siquiera me conoces realmente, ¡nadie me conoce!" chilló, llevándose las manos a las sienes y agitando la cabeza. Rin lo soltó y dio un par de pasos hacia atrás, asustado por la manera en que Haruka actuaba.
"¡¿Cómo quieres que te conozca cuando no me dices nada de lo que te pasa?!" señaló Rin. Haru se encontró con los ojos de Rin. Éste estaba angustiado, agobiado por la violencia atípica en la mirada de Haru. Lo tomó por la camisa, esta vez con más delicadeza, y se acercó a él.
"Dime qué tienes," susurró. "Dime porqué estás tan molesto."
Haru evitó su mirada.
"No estoy molesto," respondió, apretando la mandíbula. "Estoy bien."
"¡No lo estás!" gritó Rin, desesperado. "¡Dime qué te pasa, para poder entenderte!"
Haru tragó grueso y lo fulminó con la mirada, intentando quitárselo de encima.
"¡Haru!" exigió Rin, azotándolo una vez más. Haru siseó y pataleó, mas no alcanzó a pegarle al pelirrojo. "¡No te entiendo! ¡Dime qué te pasa!"
Haru mostró los dientes como un animal en peligro y le sostuvo la mirada. Su ceño se intensificó y le clavó las uñas con fuerza a Rin hasta hacerlo sangrar. Éste último soltó un leve quejido, pero no lo dejó ir. Cualquiera que viera la escena pensaría que estaban a un paso de llegar a los golpes... Hasta que de repente, la frialdad en la expresión de Rin se derritió y su mirada denotó pura tristeza. No obstante, Haru estaba demasiado enojado como para notar eso.
"Si no me tienes confianza, y yo no logro entenderte..." bajó la mirada y sus labios temblaron. Su agarre sobre Haru se debilitó; "Entonces no tiene sentido que sigamos juntos."
Haru sintió como si le hubiera caído un balde de agua helada
"¿Q-qué?" jadeó.
"Terminamos, Haru," sentenció Rin. Sus ojos normalmente tan llenos de vida se veían vacíos. Ni siquiera tenía energía para llorar, su semblante desconsolado y sin emoción. "Que te vaya bien."
Lo soltó.
Haru resbaló por la pared.
Rin se marchó sin mirar atrás.
"Rin," musitó Haru. El nombre ahora sabía raro, amargo. "¡Rin!"
Intentó pararse, pero no pudo. Volvió a caer un par de veces antes de poderse ponerse de pie; pero para ese entonces Rin ya había dejado el hospital. Haru comenzó a temblar violentamente y a caminar en círculos, hundiendo las manos en su melena negra y sintiendo que su mundo se derrumbaba.
¿Y ahora qué hago? ¡¿Qué hago?!
"¡Joven! ¿Está usted bien?"
Una enfermera y un miembro de la seguridad del Hospital Psiquiátrico lo miraban con preocupación. Habían ido al oír el alboroto.
Haru los miró sin mirarlos, sin reconocerlos, como si todo el mundo se hubiera convertido en un universo extraño y desconocido ahora que Rin no estaba. Estaba hiperventilando. Las lágrimas se agolpaban en sus ojos. Miró al pisó y sacudió la cabeza, intentando calmarse. La enfermera susurró algo e intentó acercarse.
Rin te dejó.
Makoto te dejó.
Tu papá te dejó y tu mamá es infeliz por ti.
Eres una carga.
"No," sollozó Haru. "¡No quiero seguir atando a todos!" exclamó. Echó a correr desesperadamente antes de que la enfermera lo tocara.
Rin, ¡tengo que encontrar a Rin!
Pero Rin no estaba. No estaba afuera del hospital. Ya se había ido a Dios sabría dónde, y Haru sintió sus rodillas temblar. Podía ir a buscarlo a Samezuka, pero lo más probable es que no quisiera verle. Y el corazón de Haru ya estaba demasiado roto como para soportar otro rechazo.
Así que corrió como un loco hasta llegar a casa. Golpeó la puerta, pero nadie abrió. Ansioso, buscó por sus llaves, y tardó más de lo necesario en entrar gracias a sus manos temblorosas. "¡Mamá!" fue lo primero que gritó al entrar en casa. Necesitaba estar con alguien. No quería estar solo. Quería alguien que amortiguara su caída.
No hubo respuesta. Haru la llamó un par de veces más, todas con el mismo resultado. Buscó en la planta baja y al entrar en la cocina se topó con un recado.
Haru:
Fui a comprar la despensa. Regreso en unas horas.
Con cariño, mamá
"No," Haru sollozó. Ya no podía contener las lágrimas que resbalaban por sus mejillas. Se derrumbó en el piso y lloró. Sentía un dolor agudo en el pecho que hacía que le costara trabajo respirar. La muñeca le dolía. Haru la apretó con la otra mano y cerró los ojos, derramando ríos. Una parte de sí quería herirse, quería lastimarse y desangrarse para liberar todo ese dolor que lo asfixiaba. Pero si lo hacía, significaba aceptar que Rin ya no volvería más...
Pero Rin ya se había ido.
Haru se clavó las uñas y se rascó hasta romper la piel y que la sangre brotara y ensuciara sus dedos, rompiendo su promesa.
"Agh," se quejó levemente al sentir el ardor, pero continuó. Sorbió la nariz y su respiración se aceleró. "No quiero... N-no quiero estar solo..."
Se detuvo por un momento y tomó su teléfono. Pensó en Rin y sus ojos se nublaron —Rin no le contestaría.
Llamó a Nagisa. Se sentía como mierda por tener que agobiarlo cuando el rubio ya tenía bastantes problemas, pero tenía que hablar con alguien y él era el único amigo que le quedaba. Aunque estuviera con Makoto.
Haru sólo necesitaba saber que había alguien a quien todavía le importaba.
Makoto había prometido hacerse cargo de Nagisa esa tarde; mas apenas se alejaron lo suficientemente de la escuela el rubio expresó que quería ir a casa. Makoto se sorprendió, pero es que Nagisa no quería volver a preocupar a sus padres y que pensaran que se había fugado de nuevo. De por sí ya tendría problemas si se enteraban acerca de las fotos.
Así que Makoto lo llevó y se quedó a comer con la familia Hazuki, para brindarle fortaleza a Nagisa. Éste se lo agradeció y Makoto se ofreció a pasar la noche acompañándolo, pero Nagisa se negó. Quería tiempo a solas para pensar mejor.
Makoto no estaba muy convencido al principio, pero Nagisa insistió. Y ahora estaba ahí, encerrado en su cuarto y llorando en silencio debajo de las sábanas, ignorando el teléfono porque no se sentía digno de hablar con Rei aunque éste ya hubiera intentado hablarle más de diez veces para arreglar las cosas. Y cada vez que su celular sonaba Nagisa cerraba los ojos y se hacía un ovillo, sintiendo cómo su corazón se quebraba —pero era lo mejor para Rei, él encontraría a alguien que en verdad mereciera a un chico tan puro y de buenos sentimientos como él.
El teléfono sonó por onceava vez en esa tarde y Nagisa ni siquiera lo vio, asumiendo que era Rei y sumergiéndose en su dolor.
"Nagisa... no..." musitó Haru, destrozado.
Ni a él le importas. Eres patético.
Revisando su lista de contactos, se detuvo sobre el número de Makoto. Tragó grueso; sabía que era un descarado por pensar en hablarle después de lo mal que lo había tratado pero en verdad lo necesitaba. Makoto era la única persona que siempre le perdonaba todo, y si ni él lo hacía, Haru ya no tendría esperanzas.
"Contesta, por favor," rogó Haru y apretó los párpados.
Después de lo sucedido con Nagisa, Makoto terminó en el apartamento de Sousuke; desahogándose de todo lo que había pasado en la semana, pero sobre todo de cómo se había sentido él al respecto.
"Tienes que dejar de preocuparte tanto por ellos," aseveró Sousuke. "Sé que son tus amigos, pero Makoto, abre los ojos. No parece que te aprecien de la misma forma en que tú lo haces."
"No, Sousuke, estás mal. Ellos me necesitan—"
"Nunca dije que no lo hicieran," corrigió el otro, irritado. "Pero vaya forma de demostrarlo. Ignorándote y enojándose contigo. Hm," apartó uno de los cabellos castaños de la frente de Makoto y lo miró con dulzura. "Makoto, das demasiado de ti. Eres muy amable con los demás y la gente se aprovecha de eso. Pero ahora que estoy contigo, no permitiré que lo hagan más."
Makoto bajó la mirada.
"Tal vez tienes razón," suspiró. "Todo el tiempo me estoy preocupando por los demás, pero..." su rostro se crispó y sus ojos comenzaron a escocer; "a veces siento que nadie se preocupa por mí."
"Yo lo hago."
Makoto miró a Sousuke, perplejo. Un sentimiento cálido creció en su pecho, ¿así se sentía tener a alguien que viera por ti?
Sonrió, conmovido. Sus ojos brillaban y sus mejillas estaban sonrosadas.
"Lo sé," contestó con ternura. "Gracias."
Sousuke sonrió de vuelta. Makoto lo besó y poco a poco, se dejaron llevar.
Estaban tan inmersos en disfrutarse y amarse mutuamente que no escucharon cuando sonó el celular de Makoto.
"¡Contesta!" gritó Haru, sacudiendo el teléfono. Su visión se nubló, un nudo constriñó su garganta. "Por favor..."
Estás solo. Ni Nagisa, ni Makoto, ni Rin quieren verte ya. Ni siquiera tus padres—
"¡CÁLLATE!" le ordenó a la voz en su cabeza, apretando los párpados y tirando de su cabello. Ardientes lágrimas cayeron de sus ojos y rodaron por sus mejillas. "¡Cállate, cállate, cállate!"
Desde que había comenzado a deprimirse sentía como si estuviese al borde de un acantilado. En los días buenos y cuando estaba con Rin se alejaba a un lugar más seguro, pero en los días malos se balanceaba peligrosamente en la orilla, a punto de caer. Y ahora Haru sentía que la tierra se derrumbaba debajo de sus pies y no importaba cuanto corriera, no sería suficiente, iba a caer...
Estaba solo, a nadie le importaba. Rin seguiría con su vida, Makoto y Nagisa también, sus padres volverían a sus trabajos y no estarían más atados a él.
Por Dios, Haruka. ¡¿Por qué tienes que arruinar las vidas de todos los que te rodean?! ¿Por qué eres tan egoísta? Eres innecesario. Todos avanzan sin ti y te vas a quedar solo. Oh, lo olvidaba. Ya lo estás.
"Detente," rogó con un hilo de voz; "por favor..."
Ya no quería estar triste. Ya no quería sentir ese maldito vacío en su pecho que a ratos dolía tanto que le costaba pensar en otra cosa. Quería que todo terminara, ¿por qué no puede terminar ya? ¡¿Por qué no puedo ser feliz?!
Buscó en las alacenas en medio de su desesperación. Se sentía extraño, como si estuviera desligado de sí mismo, viendo todo desde un punto de vista que no era el suyo. Los pensamientos seguían rondando en su cabeza; el dolor de perder a Rin, el dolor de perder a Makoto, el dolor de que todos lo ignoraran. Su muñeca ardía y él continuaba rascándola aunque sus dedos dolieran y ya no le quedaran más uñas. No fue muy difícil encontrar lo que quería: sus antidepresivos. Los antidepresivos que fingía tomarse pero en realidad no hacía. Abrió el frasco y tomó una pastilla, esas cosas lo ayudarían a sentirse mejor, ¿cierto? Si se tomaba dos, supuso que el efecto sería más rápido. O tres. O cuatro. O todo el frasco.
Buscó algo para pasárselas. Gracias al Cielo, sus padres habían comprado una botella de sake que habían puesto fuera de su alcance. Pero Haru la encontró, la abrió y tomó un gran trago sin importarle que su garganta ardiera y que casi se ahoga. Tosió un par de veces y tomó otro trago. Se dejó caer en el piso de la cocina.
Revisó su celular. Ni un mensaje nuevo.
Soltó una carcajada sin gracia que pronto se transformó en un sollozo y ocultó su rostro en sus rodillas. ¿Dónde estaría Rin? Su muñeca pulsaba, sus dedos estaban manchados de sangre y la promesa que habían hecho estaba rota.
"Lo siento, Rin," murmuró, buscando su número con los ojos llorosos. Quería marcarle, quería escuchar su voz, pero Rin de seguro no respondería y Haru no podría resistirlo.
Tembloroso y confundido, se puso de pie y subió a su cuarto. Quizá nadie lo quería ya, pero eso no significaba que Haru no quisiera a nadie —y eso era lo que más dolía. Pero si iba a desaparecer, nadie le impediría escribir sobre esos sentimientos que le quemaban las entrañas. Nadie le impediría escribir sus últimas palabras, aunque nadie las leyera después. Eran su modo de liberarse antes de irse para siempre.
Sus manos temblaban. Las lágrimas incesantes le nublaban la vista y algunas mojaron la hoja, pero no le importó. Su corazón latía como loco y su mente reproducía recuerdos y pensamientos al mil por hora, que Haru no estaba seguro de ser lo suficientemente veloz para plasmarlos. Pero lo intentaría.
...Tomé un montón de pastillas y lo siento lo siento tanto pero ya no puedo soportarlo mas
sólo quiero desaparecer odio este sentimiento en mi pecho que no me deja respirar y no puedo parar de llorar y lo odio; quiero vomitar pero no puedo
En verdad lo odio, me odio tanto y no quiero seguir siendo una carga asi que no lloren por mi
Solo queria un sueño solo queria ser feliz pero no pude encontrarlo lo siento lo siento lo siento
odio ser un inutil y un egoista odio la inseguridad de no saber que quiero hacer con mi vida y no quiero sentirla mas...
Comenzaba a sentirse soñoliento. Pues vaya, parecía que los antidepresivos estaban funcionando.
Debía apresurarse.
Rin, porfavor no llores por mi tienes un sueño siguelo
Los párpados le pesaban, estaba mareado y escribir se volvía cada vez más difícil.
Makoto Nagisa, lo siento lamento haber sido un amigo de mierda y gracias por soportarme siempre
Se sentía más tranquilo y supo que el final estaba cerca. Sonrió con lágrimas en los ojos. Ahora que lo pensaba, no había tenido una vida tan mala. Sí, le había faltado un sueño, pero había conocido a personas maravillosas. Y lo había arruinado, pero al menos eso ya no importaba.
Mama papa no se culpen por esto, los amo gracias por todo, al menos asi ya no los detendré más
Haru cabeceó. Todo ese tiempo se había sentido como si se estuviera ahogando y luchando permanentemente contra el mar, pero al fin dejaría que las olas llenaran de agua sus pulmones y lo sepultaran por completo. Se dispuso a escribir su último pensamiento...
Fueron los
mejor...
Sus dedos soltaron la pluma, y la cabeza de Haruka se desplomó sobre el cuaderno.
Como siempre, Rei fue el paño de lágrimas de Rin. Lo primero que el pelirrojo había hecho al llegar a Samezuka fue correr a su cuarto y tocar la puerta con tanta insistencia que casi se derrumba. Rei le abrió, algo asustado, y le preguntó que le pasaba. Rin lo rodeó con sus brazos fuertemente y se deshizo en llanto.
Aunque perplejo al principio, Rei devolvió el abrazo después de un instante y murmuró cosas reconfortantes. Rin lo soltó y se desquitó, contándole todo lo sucedido con una mezcla de enojo, pero sobre todo, tristeza. Rei lo escuchó por un buen rato y lo consoló de la misma forma en que Rin había estado para él con lo sucedido con Nagisa. No obstante, el celular de Rin interrumpió el momento.
"¿Sousuke?" murmuró Rin en voz baja al ver quién llamaba, y arrugó el ceño. Estaba molesto con él por no haberle mencionado que salía con Makoto, así que no respondió.
Pero Sousuke insistió. Rin miró a Rei con duda en los ojos y éste se encogió de hombros. El pelirrojo soltó un sonido de exasperación y contestó de mala gana, sorbiendo la nariz y limpiándose el rostro.
"¿Bueno? ¿Qué quieres, Sousuke?" dijo bruscamente.
Hubo una pausa. La persona al otro lado de la línea tomó una gran bocanada de aire antes de responder.
"Habla Makoto," anunció. Se escuchaba destrozado y, aunque Rin no lo conociera mucho, no pudo evitar preocuparse. No obstante, no fue capaz de decir nada, porque éste añadió apresuradamente: "Tienes que venir al hospital. Haru intentó suicidarse."
Who will make me fight?
Drag me out alive?
Save me from myself
Don't let me drown.
("¿Quién me hará luchar,
me sacará con vida?
Sálvame de mí mismo,
No dejes que me ahogue.")
