Disclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug y Chat Noir no me pertenece. Es de Thomas Astruc (Hawkdaddy) y de Zagtoon Animation. La trama de esta historia si es mía.


Días Lluviosos

Marinette era un amuleto de la buena suerte ¿cierto? Era una de las ventajas de ser Ladybug. Adrien tenía mala suerte ¿cierto? Bueno, en realidad no tanta si lo mirabas en retrospectiva.

Pero la suerte es relativa y a veces se voltea. En especial en esos días en los que la lluvia cae y te hace querer hundirte en tus propios problemas, cuando hace frio y te dan ganas de llorar. Es entonces cuando te das cuenta que solo queda levantarte y pelear.

Solo queda esperar que esos días lluviosos no nublen tu vista.


Capítulo 8

Alya despidió a su amigo en la puerta del edificio de su apartamento. Nino se había quedado un buen rato solamente platicando con Alya. Ambos necesitaban sacar de sus mentes esos mensajes. Así que platicaron sobre todo, sus amigos, la escuela, Alya se quejó de lo insoportable que Chloe se estaba poniendo últimamente, Nino hablando sobre su sueño de convertirse en DJ. Se conocieron esa tarde más de lo que se habían llegado a conocer en dos largos años.

Y ambos se dieron cuenta que tenían en sus manos a dos chicos a los que tenían que cuidar. Y al final, eso era un poco deprimente.

—Supongo que nos vemos mañana—se despidió la chica sonriendo.

—Supongo que sí—le contesto Nino, quedándose sin palabras.

Un par de incomodos minutos en silencio fue suficiente para que ambos decidieran regresar a sus usuales rutinas. Había mucho que querían decirse pero nunca era el momento de hacerlo. Al fin estaban forjando una verdadera amistad. A pesar de que ya era tarde, ambos tenían muchas cosas que hacer.

Alya regreso dentro del edificio y directo a su apartamento. Aún tenía tarea y papeles sobre la identidad de Ladybug que revisar. Pero sobre todo, tenía una persona que investigar. Y aún más tenía un sentimiento por descifrar.

Nino comenzó a caminar hacia su casa. Probablemente era mejor tomar un taxi o un autobús. Así que después de pensarlo por un momento se acercó a una parada de autobús y espero. Paso un buen rato para que una mujer se sentará en la misma parada de autobús, claro que mucho más lejos. Sabía que era tarde, pero no era tan tarde como para que solo estuvieran dos personas esperando autobús.

— ¿Sabes que autobús tengo que tomar para ir a esta dirección?—pregunto la mujer acercándose a Nino.

No era extranjera, sin duda. Su pronunciación del francés y su acento eran claramente locales. Así que a Nino le extraño que la mujer le preguntara eso. Pero lo dejo pasar. Leyó la dirección y volteo a las rutas de autobuses. La mujer iba hacia el lado opuesto de donde estaba su casa.

—Si toma esta línea, se baja aquí y luego toma esta va a llegar—le contesto Nino a la mujer.

Ella le observo. Como esperando ver algo que no había visto antes.

—Gracias—contesto—. De casualidad ¿tú estudias en el colegio Françoise Dupont?

—Eh… si—contesto Nino extrañado.

La mujer pareció entrar en pánico después de un rato. Como si de repente de hubiese dado cuenta de cosas extrañas. Parecía decidida a salir corriendo como un criminal. Suspiro contando hasta diez, tratando de calmar sus nervios.

—Lo siento—dijo la mujer evitando temblar—. Tengo que irme.

Nino vio a la mujer irse por la derecha de la calle y voltear dentro de otra calle corriendo. El chico se quedó pensando. Estaba muy seguro que había visto a aquella mujer en algún otro lugar. El problema es que no lograba recordar donde, pero la sensación de que era algo extremadamente importante no lo dejaba en paz. El autobús llego y supo que era hora de irse a casa.

Lejos de ahí, en la parte de arriba de una panadería, una joven se inmiscuía en una faena por diseñar el vestido perfecto. No pensaba hacer eso ese día, de hecho tenía mucho trabajo escolar y mucho trabajo de presidente de la clase como para preocuparse mucho por hacer un vestido para la subasta silenciosa.

Sorprendentemente aquella carga de trabajo había desaparecido rápidamente mientras la llevaba a cabo. Le quedo tiempo suficiente para comenzar a diseñar un hermoso vestido para la subasta silenciosa de la siguiente semana. De hecho quería lucir muy hermosa para Adrien y para su primera cita no oficial.

Había decidido que le haría honor a sus raíces usando un vestido tradicional chino de gala. Claro que ella le pondría su propio y original toque. Hizo un boceto en su cuaderno tras otro tras otro, cambiando detalles, cambiando el diseño, cambiando la tela. Acomodo sus ideas en muchas hojas de papel hasta que un diseño que le gusto apareció ante sus ojos.

Había pensado en cada detalle. Tomo su cuaderno, donde ya tenía sus medidas y comenzó con su labor. Tenía tela en su reserva, suficiente para comenzar con su trabajo. Y así lo hizo, lo que le faltara lo iría a comprar al siguiente día. Estaba tan inmersa en su labor que no noto el hermoso atardecer que adornaba París en esos momentos.

—Marinette, ¿aun estas despierta?—pregunto Sabine a su hija mucho después de que el sol cayera.

Fue hasta ese momento que Marinette se dio cuenta de lo tarde que era. El tiempo se le había pasado volando. Tikki a su lado la había ayudado todo el día, pasándole lo que ella necesitara para seguir su trabajo. Sabía lo importante que era para Marinette y quería dar lo mejor de sí para ver a su compañera feliz.

—Sí, mama—unos ruidos en la escalera para llegar a su habitación le avisaron que su madre venia.

Tikki se escondió debajo de la cama, a tiempo para que Sabine no la viera.

—Pareces muy emocionada—dijo su madre cuando la vio recogiendo pedazos de tela.

—Lo estoy—contesto Marinette—. La cena y la subasta son eventos grandes y muy importantes.

— ¿Y no tiene nada que ver con un chico?—pregunto escéptica la señora.

— ¿Cómo lo sabes?—pregunto ella.

—Te conozco—afirmo Sabine con una sonrisa y acercándose a su pequeña—. Además yo también fui joven y me emocione así por una cita.

—No es una cita—susurro Marinette.

— ¿A no?—pregunto su madre sonriendo.

—Sí, si es una cita—se emocionó la chica. Saltando de felicidad se acercó a su vestido y lo volteo para que su madre lo viera bien—. ¿Crees que le guste?

—Apuesto a que sí—le contesto Sabine.

—Adrien es muy guapo. Quiero verme muy linda ese día—confeso Marinette.

—Lo imagino—le dijo su madre—. A los quince años el amor es radiante y cálido, me alegra que lo disfrutes.

— ¿Qué dices?—pregunto Marinette.

—Nada cariño—dijo Sabine—. El amor de los días radiantes y cálidos es hermoso, pero al final debes buscar a la persona con la quieras pasar los días lluviosos y fríos. Por qué esa persona te va a acompañar en tus peores momentos.

— ¿Cómo?—Marinette estaba un poco confundida.

—Es solo un consejo—aclaró la señora.

Cuando Sabine termino de decir aquello se acercó a su hija y deposito un beso en su frente. Se despidió de ella deseándole buenas noches y que no se desvelara mucho. Pero lo que su madre le había dicho, dejo a Marinette con una sensación extraña. Más que un consejo, lo había sentido como una advertencia.


¿A quién vio Nino? ¿Sabine sabrá algo? ¡Oh por dios! No sé, díganme que les parece, ¿qué creen que va a pasar? Dejen sus comentarios... ¡besos! ¿Quieren otro capítulo hoy?