ADIÓS, LONDRES

Y de nuevo, las maletas estaban en la puerta, estaba empezando a asociarlas como un augurio a la mala suerte. Y desde luego la tenía.

Ver sus ojos vidriosos, y la cara triste de Tanya me hacía estremecer, y desde luego, no podía olvidar el beso, estaba seguro de que jamás la olvidaría, no como alguien a quien se ama desesperadamente, pero si como a alguien a quien se necesita para ser feliz.

El camino iba a ser corto, al fin y al cabo no estaba demasiado lejos de Denali, y más a nuestra velocidad. Llegamos en 2 horas a Forks, allí estaba nuestra casa. La miré pausadamente y suspiré. A Esme le encantaba, a Carlisle también.

Cuando entramos había mucho que limpiar y ordenar, pero eso no era problema para Esme, en un par de horas habría acabado con todo, sería una contando con nuestra ayuda.

No me podía quejar del lugar, era bonito y agradable, pero no era Londres.

Todos los días salía a correr por los bosques y a perderme en ellos. Uno de todos esos días descubrí un prado, de una belleza sublime, exquisita. Era anormalmente redondo, como si alguien lo hubiera hecho adrede.

Entré en el círculo y me puse en medio. Olía a hierba, a Tanya. Parecía imposible que el olor fuera tan similar. Me abrumó aquella sensación, y no dudé en tumbarme en el medio y disfrutar de la brisa que movía las briznas de hierba. Me sentí cercano a Tanya, me sentí… mejor, como cuando estaba con ella, más completo, más feliz.

- Londres – suspiré

Era posible que en Londres no hubiera vivido mis años más correctos, cometí muchos errores e intenté enmendarlos. Hacer de policía nocturno no fue lo correcto, y durante las noches aun notaba el cálido y delicioso sabor de la sangre de aquellos maleantes inhumanos. Pero por suerte descubrí que yo no era mejor que ellos. Y Carlisle, tan bueno como siempre, como un buenísimo padre, me dejó volver como el hijo pródigo.

- Tanya – susurré

Cada vez que me acordaba de ella, o del último día en su presencia no podía evitar la necesidad de golpearme contra algo, lo habría hecho, de no ser porque no surtiría ningún efecto adormecedor para mí. Tenía ganas de salir corriendo y no parar jamás, pero esa acción tampoco me aturdiría lo suficiente como para no pensar con la claridad meridiana de siempre.

No había soluciones para mí, un ser inmortal destinado a vagar vacío el resto la existencia, destinado a sentirse solo porque no podía ofrecerle suficiente a la persona que le amaba.

Suspiré y cerré los ojos, deseaba poder dormir, y olvidarlo todo, TODO.


Pobrecito, en el fondo, os juro que me da pena ponerle en esa situación... pero así es como técnicamente se sintió durante muchos años ¿no?

Ya me he alimentado de muchos de vosotros por no dejarme RR... y he dejado a unos neonatos muy monos por ahi pululando... ¿tu que quieres ser? xD

Muaks