CAPITULO 8

Salió de la oficina del oficial y se dirigió al baño.

Se sumergió en la tina y dejó que el agua caliente lo mojara por completo, incluso sus cabellos plateados

termino de ducharse, salió a ponerse la ropa nueva que Hibari le había comprado.

Se sentó en el sofá de la sala y continuo viendo aquel hermoso tulipán rojo frene a sus ojos, era bellísimo, una flor muy bella sin duda, además de que el significado de aquella flor era grandioso… "amor eterno" se repetía en su mente una y otra vez…

El italiano se levantó del sofá,camino por la amplia casa buscando un florero en el cual colocó el detalle que le había obsequiado su amante por la mañana.

Fue al estudio y continuo leyendo el libro que había comenzado hace un par de días

Y se dio cuenta de algunas cosas en el… lo que le pasaba a la protagonista era mazo menos lo mismo que a él…

Llevaba siendo pareja de el joven inmortal desde varias generaciones , pero en ninguna de sus vidas pasadas la joven se había entregado a su amor…en ninguna, no se atrevía, y justo cuando parecía que darían el siguiente paso … ella moría…

Y el…su amor…hay continuaba a su lado, sin presionarla, llevaba siglos esperando y aun así la seguía amando

Normalmente, si hubiera leído aquel libro semanas atrás, diría que es fantasía, que ningún hombre seguiría a su lado… pero ahora…creía que aquello era posible

Tenía pruebas suficientes, Hibari después de no saber nada de el por dos años lo seguía amando, al grado que comenzó a buscarlo personalmente y no paró hasta que dio con él.

Y aun sabiendo todo lo que aquel hombre fue capaz de hacerle sus sentimientos no cambiaron…lo seguía amando y esperando a que se sintiera preparado..

Fue entonces que….se sintió preparado… al reflexionar en todo, al pensar en todo….

Si el día de hoy Hibari le proponía el llegar a mas…el lo haría… no se resistiría..


El japonés estaciono su auto en la cochera y entro a la casa, le sorprendió bastante encontrarse con un silencio total, fue a su habitación y nada, en la sala tampoco había rastros del italiano, sin quererlo comenzó a preocuparse por el menor, entonces fue a su estudio y…

Ahí estaba, dormido en la silla con un libro entre sus manos

Un suspiro escapo de sus labios al verlo perfectamente bien.

Se acerco a él y lo cargo entre sus brazos al más puro estilo de princesa, lo llevo hasta la habitación y lo deposito en la cama con sumo cuidado de no irlo a despertar.

Se le quedo mirando por un largo rato, tan bello, tan frágil, tan suyo…

El 2012 apenas comenzaba, y tenía pinta de ser un buen año, un maravilloso año.

Salió de la habitación y cerró la puerta con sumo cuidado de no despertar a su amado herbívoro, caminó hasta llegar al comedor y vio como había un plato tapado y con una nota, tomo el papel y lo leyó

"espero te guste la comida"

Tomó asiento y comenzó a comer, ese chico cocinaba tan bien.

Cuando termino se dirigió a su cuarto, se deshizo de la estorbosa corbata junto con el saco y sus zapatos, no le apetecía quitársela camisa ni los pantalones, así que así se recostó a un costado de su amado entregándose también a los brazos de Morfeo.


Nuevamente, por segunda vez en el día Gokudera abría sus ojos, se sorprendió bastante al notar que Hibari ya estaba ahí y de la poca luz que había, se giro a mirar el reloj y se sorprendió bastante, eran cerca de las 10 de la noche, habían dormido todo el día.

Miro el cuerpo del oficial a su lado, sus cabellos negros alborotados, sus ojos azules escondidos tras sus parpados .

Retiro algunos mechones de cabello del rostro de su amante, pero antes de que siquiera pudiera tocarlo su mano fue aprezada por el brazo del oficial, quien abrió los ojos y miró a su amante que se encontraba algo sorprendido

-lo siento… no fue mi intención asustarte, solo son reflejos, como oficial nunca sabes cuando alguien se quiera vengar de ti por haberlo mandado preso- se explicó el japonés mientras lo soltaba y acariciaba la mejilla opuesta-

-no quería despertarte-

-hmp, ¿Qué hora es? –preguntó el japonés mientras se frotaba los ojos

-las 10 de la noche, dormimos toda la tarde- contesto mientras se abrazaba al cuerpo del japonés y sentía las caricias de este en sus cabeza - ¿tienes hambre?- interrogó el italiano mientras se levantaba un poco para poder observar a su amante mejor.

El ex prefecto solo negó con la cabeza mientras lo abrazaba por la cintura y lo atraía a su cuerpo, Gokudera termino por subirse en el cuerpo del oficial provocando que sus mejillas se tiñeran de un lindo color rosa.

Permanecieron así, inmóviles por unos segundos hasta que el italiano se comenzó a inclinar,dando paso a un tierno beso entre ambos hombres.

Hibari correspondió aquel gesto sosteniendo al menor por su estrecha cintura y acomodando una de sus rodillas entre las piernas del menor provocando que un ligero gemido de satisfacción escapara de los labios del portador de hermosos ojos verdes.

-Kyoya…- susurro débilmente el joven albino cuando terminaron aquel intenso beso, se miraron por unos segundos, en los ojos azules había una pregunta

"¿Estas seguro?"

Interrogaban aquellas profundas orbes azules

"….si…"

El japonés sonrió, y entonces comenzó un nuevo beso, pero mas apasionado.

Era una batalla por tener el control dentro de sus bocas, una que les robaba el aliento daba inicio a las caricias.

Gokudera comenzó por desabotonar la camisa de su amado, botón a botón, cuando terminó paso sus manos por el firme torso del japonés, aquel tan bien formado que había visto una vez hace un par de días atrás cuando se encontró con Hibari después de su ducha.

El beso terminó, Gokudera bajó su vista y admiro el cuerpo de su amante, cada uno de sus músculos tan bien formados.

Hibari sonrió antes de cambiar los papeles y ser él quien terminara sobre el cuerpo del menor, Gokudera posó sus manos en los hombros del oficial, después sujeto la camisa y fue descendiendo por los fuertes brazos de su pareja hasta despojarlo de ella

El japonés comenzó a devorar el cuello del más chico, mordiéndolo por momentos dejando uno que otro chupetón en la blanca piel.

-mmm…Kyoya…- gimió al sentir sus labios sobre su cuello

El oficial no se detuvo, continuaba con aquello mientras sus manos se colaban bajo la playera del menor levantándola y quitándosela en el proceso.

Comenzó a dejar un camino de besos por todo el abdomen del alvino, hasta que se topo con aquellos botones rosados, tan tentadores para el japonés como una golosina para un infante

Atrapó uno entre sus labios y comenzó a saborearlo

"el mismo sabor "

Era el mismo que recordaba, comenzó a saborearlo, mientras pellizcaba el otro con una de sus manos arrancando suspiros de placer, robándole el aliento al menor y provocándole un placer que no sentía desde hace mucho tiempo

Uno que en verdad sentía y disfrutaba, no provocado por bebidas que le daba el hombre de cabellos índigos.

-ahh!- dio un leve grito al sentir aquella blanca y perfecta dentadura cerrarse sobre uno de sus pezones.

El mayor disfrutaba esto tanto como él, le gustaba ver aquellas expresiones en el rostro menor así como escuchar aquellos sonidos salir de sus finos labios.

Levantó la vista y lo observó con cuidado, sus mejillas teñidas de color rosa, sus labios entreabiertos y su mirada inundada de placer, lujuria y deseo

Dio una sonrisa y continuo descendiendo por el abdomen desnudo del italiano hasta llegar a su ombligo , bajó un poco mas hasta llegar al borde de los pantalones de su amado alvino, regreso de nuevo a su rostro y besó aquellos labios que le correspondieron.

Con una de sus manos desabrocho el botón del pantalón del italiano y después bajo el cierre de sus pantalones

Le quitó los pantalones junto con los bóxers, a lo cual el menor dio un ligero suspiro y una queja escapó de sus labios al sentir el frio aire golpear contra su cuerpo desnudo.

Hibari se levantó un poco y lo miró de cuerpo completo, tan bello, frágil y sensual… tal y como lo recordaba.

Llevo una de sus curiosas manos hasía la hombría opuesta

-..mmm..- se mordió el labio al sentir como Hibari acariciaba su miembro

El ex prefecto comenzó a subir y bajar su mano sobre la intimidad del menor, dándole demasiado placer, Hayato no podía reprimir mas sus gemidos y les permitió salir, jamás había experimentado aquella sensación durante su cautiverio, Mukuro nunca se preocupo por su satisfacción solo por la propia.

-hi-hibari- dijo entrecortadamente mientras se aferraba con fuerza a las colchas bajo de el – de-detente… no.. no aguanto mas…- menciono el menor tratando de advertirle a su pareja que si seguía terminaría por correrse en cualquier instante

-adelante Hayato- contestó el mayor sin detener su labor, al contrario acelero el ritmo de sus movimientos mientras sus labios continuaban jugando con los pezones del alvino

-Kyoya!-grito levemente al correrse en la mano de su amante sin poder resistirse por más tiempo

El mayor sonrió y se detuvó esperando que su acompañante recuperara la respiración debido a su reciente orgasmo

Cuando por fin logro normalizarse miró los ojos azules de su pareja y noto el enorme burto bajo los pantalones del oficial

Un rubor se apodero de sus mejillas, besó a Hibari antes de susurrarle sobre su oído

-déjame agradecerte…- después de decirle aquello se dio la vuelta y se posiciono sobre el cuerpo del japonés

Con sus delgados dedos recorrieron el abdomen, o como algunos suelen decir el "lavadero" del portador de ojos azules.

Llego hasta sus pantalones y los desabrochó ante la atenta mirada del azabache.

Lo despojó de estos, dejándolo también sin prenda alguna, miro el miembro de su amante y no puedo reprimir el escalofrió que recorrió su cuerpo.

Lo tomo entre sus manos y comenzó a recorrer toda su extensión.

-ha-hayato…no tienes que hacerlo- habló el ojiazul , pero no recibió respuesta, el menor continuo con su labor, se agachó y comenzó a introducir aquel miembro dentro de su boca- go-gokudera…-pero el aludido no lo escucho, se encontraba demasiado concentrado en brindarle placer a su amante, así como este se lo había dado.

Comenzó a aumentar el ritmo, de vez en cuando escuchaba algún ronco gemido escapar de los labios del oficial, pero aquello solo le indicaba que estaba realizando un buen trabajo.

Hibari lo tomó de los cabellos y lo izo detenerse

-ya es suficiente herbívoro..- le dijo mientras besaba sus labios, recostó nuevamente al menor sobre la cama y él se posiciono entre sus piernas, miro al italiano tratando de encontrar alguna muestra de inseguridad pero en su mirada halló todo lo contrario, estaba seguro, quería continuar y llegar hasta el final.

Comenzó a besarle mientras una de sus aventureras manos comenzaban a explorar el camino hacia le entrada del menor, cuando la encontraron uno de sus dígitos se introdujo en ella, Gokudera se aferró con fuerza a los hombros del japonés, un ligero temor lo invadió, temor a que le hicieran daño, pero entonces recordó con quien estaba en ese momento y se dio cuenta que no corría peligro alguno, pues lo miraban dos par de océanos y no unas orbes bicolor.

Un segundo dedo entro y se mordió el labio para no liberar una ligera queja, a pesar de todo lo que aquel hombre de ojos disparejos le había hecho, su interior no había cambiado en lo absoluto, seguía igual de estrecho que cuando el japonés le arrebato su virginidad, así que por lo tanto la sensación de algo entrando en su interior continuaba pareciéndole algo incomoda en un principio.

El tercer dígito del oficial entró y comenzó a simular leves embestidas y trazando círculos imaginarios, preparando al menor para lo que vendría después de esto.

-¿Que esperas Kyoya?- interrogó el portador de hermosos ojos verdes cuando se sintió listo para recibir a su amante dentro suyo.

El aludido sonrió, retiró sus tres dígitos y se acomodó para lo que venía a continuación, rozó la entrada del menor con su miembro y se dio cuenta de un escalofrió que recorrió el cuerpo de su amante, tenía un poco de miedo…

-tranquilo, relájate….soy yo…Hibari Kyoya- habló mientras entrelazaba sus dedos con los del menor en muestra de apoyo, este sonrió y asintió

-ahh!- había comenzado a entrar, un par de centímetros más y hecho su cabeza para atrás mientras se mordía el labio.

El interior de Hayato no había cambiado en lo absoluto, continuaba como la primera ves, pero no se podía decir lo mismo del miembro del japonés, este vaya que había cambiado.

Unas gotas de agua sala se aventuraron a escapar de los hermoso ojos verdes y explorar la sube piel de sus mejillas, hasta llegar al final de su rostro y caer al vacío.

-relájate…- pidió el oficial, pues le costaba un poco de trabajo abrirse paso entre la estreches de su amante, además de que no quería lastimarlo- Gokudera…- menciono el nombre del menor con voz ronca al encontrarse por completo en su interior, aquella sensación lo estaba volviendo loco, se sentía tan bien estar ahí, quería moverse, comenzar a penetrarlo, pero tenía que esperar, sabía que aquello no era nada fácil para el alvino después de todo lo que le había ocurrido.

Gokudera respiraba con un poco de dificultad, no sabía qué era lo que tenia, acaso era el hecho de que no se esperaba que el oficial tuviera tales medidas, o que tenía miedo de que se volviera igual que Mukuro y terminara solo por satisfacerse a el mismo.

Movió ligeramente sus caderas indicándole a Hibari que podía continuar, este se acercó a sus labios y comenzó a besarlo a la vez que se comenzaba a mover lentamente en el interior de Gokudera buscando aquel lugar que lo hacía enloquecer.

Sus quejas fueron calladas por los hambrientos labios del japonés, poco a poco Hibari se iba acercando mas a aquel lugar, ya faltaba poco, Gokudera lo podía sentir, con cada movimiento perdía mas la razón y el placer comenzaba a llenarlo, llevándolo en un pasaje directo al cielo sin un regreso próximo.

-ahhh!- gimió el menor cuando el oficial había encontrado su objetivo, sonrió y comenzó a embestirlo con más fuerza en aquel lugar, eran penetraciones fuertes y certeras.

Ambos sentían una corriente eléctrica recorrer sus cuerpos y después el placer invadirlos con cada movimientos de sus caderas.

Entonces la noche se izo eterna, el amor acumulado salió a flote y los recuerdos de aquella fiesta volvieron.

Nuevamente solo la luna fue testigo del amor de aquellos hombres…