ESTE FANFIC NO ES MÍO. ES UNA TRADUCCIÓN.

La historia original en inglés es obra de MurkyMuse y se llama "Eyes of a Dragon". Lo tiene publicado en la página "Archive of Our Own". Cuento con su permiso para hacer esta traducción y publicarla en esta página. El link a la página del fanfic original está en mi perfil, porque no me dejaban escribirlo aquí.

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Capítulo 8: Chispas.

Abi mordió el kimichi de col, el calor de la pimienta de chile lamió sus papilas gustativas. El Rey y los otros dragones estaban sentados alrededor de la mesa, cada uno con su propia comida. Ouryuu en particular estaba comiendo a un ritmo rápido, muy probablemente debido al intenso entrenamiento por el que Hakuryuu le había hecho pasar antes. Bora oscilaba entre Abi y Ouryuu, tomando todo lo que le daban. Sin embargo, el Rey Hiryuu apenas estaba picoteando su plato. Sus ojos estaban desenfocados y estaba perdido en sus pensamientos. Al menos parecían ser pensamientos placenteros por la forma en la que sus labios se curvaban hacia arriba.

"Muy bien, ¿qué diablos está pasando contigo, rey imbécil?" Le preguntó Ryokuryuu. "Has estado actuando extraño desde el festival."

Sacado de sus meditaciones silenciosas, el Rey Hiryuu levantó la mirada con timidez. "Oh, yo estaba pensando que me gustaría volver a hablar con la señorita Lei Yoora."

Tres de los cuatro dragones sonrieron sabiendo a qué se refería entre bocados de comida, mientras que Ryokuryuu levantaba las cejas con confusión. "¿Quién?"

"No lo sabes porque no te molestaste en quedarte allí." Le dijo Abi mientras empujaba su comida.

"Una joven mujer que conocimos durante el festival." Le explicó Hakuryuu con una sonrisa.

La realización surgió en el rostro de Ryokuryuu, a la vez que una de sus sonrisas de dientes afilados. "Así que es eso. Nuestro Rey estúpido ha descubierto el deseo de calidez-"

"¡Ryokuryuu!" Le reprendió Hakuryuu mientras miraba a los demás. El rostro de Ouryuu era rojo brillante, mientras que el Rey Hiryuu parpadeaba con obvia confusión. Abi simplemente tomó otro bocado de su col, compartiendo un pequeño trozo con Bora, y dejo que Hakuryuu pensara lo que quisiera.

"Sí, sí." Murmuró Ryokuryuu mientras agarraba su copa. "Estamos rodeados de inocentes."

Abi tuvo que cubrir su risa tomando una bebida, el vino de ciruela la quemó un poco mientras bajaba por su garganta. Una vez se recompuso y bajó el vaso, sugirió a la ligera. "Mi Rey, si desea hablar con ella otra vez, entonces podría invitarla a ella y su padre a tomar té."

"Sí." El Rey Hiryuu volvió a sonreír, el comedor privado pareció iluminarse cuando lo hizo. "Eso me gustaría."

"Casamentera" La murmuró Ouryuu silenciosamente antes de compartir un fideo con Bora.

Abi le dirigió una sonrisa tímida y murmuró. "Mejor empujarle que dejarle languidecer."

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Abi estaba ocupada con la creciente pila de informes y documentos que había sobre su escritorio mientras los rayos del sol de la tarde se filtraban por la ventana detrás de ella. Acababa de dejar un informe a un lado y comenzar a revisar el siguiente cuando un ligero golpeteo sonó contra la puerta de la oficina. El sonido despertó a Bora de su siesta, el pájaro azul pió molesto. Ella miró a través de la madera y vio al teniente que había puesto a cargo de los soldados de su Tribu, un hombre robusto unos años mayor que Hakuryuu.

"Teniente Sun-Gi."

Él entró ante su llamada, dirigiéndola una rápida reverencia antes de hablar. "Lady Seiryuu, si puedo haceros una sugerencia, creo que debería observar el entrenamiento de los soldados en esta ocasión."

"No veo el beneficio de eso cuando no soy una guerrera hábil, está fuera de mi alcance." Le respondió mientras revisaba otro informe. En concreto se trataba de la familia Lei y sus conexiones. Ella sabía que sus compañeros dragones también estaban recabando información sobre la familia de comerciantes. Solo en el caso de que algo anduviera mal. Cuando se trataba de la seguridad y bienestar del Rey Hiryuu, nunca se era demasiado cuidadoso.

"Usted ira con ellos a la batalla eventualmente. Los soldados deben estar habituados a su presencia antes de entonces." La respondió en un tono firme. "Y creo que la aparición ocasional de la líder de su Tribu podría subir su moral."

Sus ojos dorados alzaron la mirada hacia Sun-Gi. Abi tenía que admitir que esos eran buenos puntos. Cuando ellos inevitablemente fueran arrastrados de nuevo a la guerra, ella y sus soldados necesitarían creer los unos en los otros. Después de todo, sus compañeros dragones no siempre podrían estar cerca de ella cuando utilizara su poder. Los soldados necesitaban entender de lo que ella era capaz; y, ella necesitaba confiar en que ellos supieran lo que tenían que hacer cuando su poder se volviera en su contra.

"Muy bien. Voy a observarles durante el entrenamiento de mañana, y podremos trabajar en un horario a partir de ahí."

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Así que la mañana siguiente encontró a Abi en los terrenos de entrenamiento del ejército, despierta una hora antes de lo que ella preferiría. El cielo aún era del color oscuro del crepúsculo mientras el sol acababa de empezar a arrastrarse sobre el horizonte oriental. Abi se puso delante de los soldados, que solo podían mirar en una especie de estado de shock a su previamente esquiva líder y al pájaro azul posado en su hombro.

"Lady Seiryuu estará observando nuestro entrenamiento de hoy." Les informó Sun-Gi.

"No os preocupéis por mí." Les dijo Abi, esperando que sonara como una orden casual. "Solo continuad igual que siempre."

Mientras el teniente Sun-Gi ladraba órdenes, Abi ocultó un bostezo detrás de su larga manga. Los soldados salieron del trance creado por su presencia y se apresuraron a seguir las instrucciones. Ella tomó buena nota de sus posturas y ataques mientras estaban en los combates de entrenamiento, la mayoría de los hombres se tensaron bajo su mirada dorada. Sin embargo, en vez de distraerse o ponerse nerviosos como ella había anticipado, la mayoría de ellos parecieron poner aún más esfuerzo en su entrenamiento. Los labios de Abi se curvaron en una media sonrisa mientras se preguntaba si ellos estaban tratando de impresionarla.

También fue un alivio percatarse de que, a pesar de que ella aún era una novata, probablemente sería capaz de mantenerse contra cualquiera de ellos en una pelea. Por lo menos el tiempo suficiente como para llegar a un lugar seguro. Abi no era tan ignorante y excesivamente confiada como para pensar que ya podría ganar una pelea a vida o muerte sin recurrir a su poder.

Mientras veía el entrenamiento de sus soldados, la sensación del verde descendiendo rápidamente desde arriba y el sonido de botas raspando el suelo la alertaron de la llegada de Ryokuryuu. Abi le miró sin darse la vuelta, y repentinamente se sintió muy aliviada por ello. Porque los cielos sabían la razón, Ryokuryuu se había quitado la camisa, sus bien definidos músculos abdominales cruzados por alguna cicatriz ocasional se mostraban claramente. El sudor brillaba sobre su piel y goteaba de su fuerte mandíbula. Las manos de ella temblaron ante el repentino impulso de desatar la coleta de él y deslizar sus dedos a través de su húmedo pelo llevado por el viento.

"Es raro verte en el patio de entrenamiento, Seiryuu." Bromeó él con una sonrisa pícara, su voz fue un poco entrecortada.

Un escalofrío involuntario recorrió la columna vertebral de ella a la vez que su cara se ruborizaba, el corazón la latía con fuerza y su estómago dio un giro. Las palabras y los pensamientos se perdieron mientras ella trataba y fallaba en encadenar pensamientos coherentes.

"¿Seiryuu?" Su voz volvió, flotando exasperantemente cerca de su oído.

Ella se lamió los labios, negándose a girarse y encararle mientras recurría a sus modales. "¿No tienes tus propios soldados que entrenar, Ryokuryuu? Ve a molestarles a ellos."

"Acabo de terminar con eso. Mis soldados están mejorando, casi me dieron algunos problemas en el combate." La respondió casi orgullosamente.

"Eso es porque has ahuyentado a todos salvo a los más fuertes y hábiles.

"Cuando se trata de guerreros." Comenzó él, estirando y prácticamente haciendo alarde de los tonificados músculos de sus brazos. "Es mejor tener unos pocos fuertes que un montón de débiles."

"Pero luego habrá una falta de mano de obra para cubrir todos los puestos de guardia y encargarse de otras tareas." Se las arregló para replicar Abi a pesar de que su atención había sido atraída nuevamente hacia su torso descubierto. "Pelear no lo es todo, incluso dentro de un ejército."

Él se burló y se acercó para ponerse a su lado, sus ojos orquídeas pasaron de Bora a su perfil. Abi trató de mirar hacia otro lado pero era demasiado tarde, él había atisbado el rubor en su cara. Un ceño duro y poco impresionado se formó en sus labios.

"Seiryuu, no me digas que estás acalorada solo por estar de pie al sol."

"¡No se trata de eso!" Espetó ella antes de darse cuenta inmediatamente de que habría sido mejor jugar bajo esa suposición.

"Eh." Él parpadeó cuando la realización cruzó su cara lentamente, a la vez que una sonrisa burlona que no tenía derecho a hacer provocaba que el corazón de ella volviera a palpitar. "Nunca has visto a un hombre sin camisa, ¿verdad, Seiryuu?"

"Lo que he visto o no he visto no es asunto tuyo." Habló Abi entre dientes. "Solo ve a ponerte una camisa."

"Está bien, está bien." Ryokuryuu tuvo el descaro de reírse de ella. "No me gustaría perturbar la delicada sensibilidad de una noble dama."

Con esa obvia mentira, Ryokuryuu salto hasta el otro lado del terreno de entrenamiento donde Hakuryuu estaba en medio de un combate de entrenamiento con otros tres soldados. Abi sacudió la cabeza mientras su flequillo color cielo se balanceaban y apartó deliberadamente la mirada de sus hombros y espalda bien esculpidos.

"Así que cuando Lady Seiryuu esté observando el entrenamiento." Reflexionó el teniente Sun-Gi mientras caminaba hacia ella. "¿Debería instruir a los soldados para que se dejen las camisas puestas?"

"No me había dado cuenta de que era lo suficientemente audaz como para burlarse de mí, teniente."

"Mis disculpas, Lady Seiryuu." Sonó totalmente insincero.

Abi soltó un bufido de frustración. De todos los hombres que había en el castillo, ¿por qué tenía que reaccionar de esa manera con aquel que probablemente le gustaba menos? Esto tenía menos que ver con Ryokuryuu y más con todo el tiempo que había pasado desde que había visto a un hombre tan desnudo.

"Qué irritante…"

Bora pió en su oído como si tratara de consolarla.

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Pisadas golpeteaban la madera mientras Abi caminaba por la terraza del castillo, Bora estaba encaramado encima de su cabeza. El cielo estaba despejado, las estrellas centelleaban brillantes en el cielo azul. El sol de verano era cálido contras su rostro, a pesar de que aún era temprano. Afortunadamente, la suave brisa ayudó a aliviar su calor. La cuidad de abajo estaba menos concurrida que antes. El ritmo habitual de la vida de la cuidad se había establecido una vez más en una aún ocupado pero menos agitado redoble.

"¡Lady Seiryuu!" La llamó una voz familiar.

Abi se giró hacia la manada de damas de la corte con las que había hablado días atrás que se acercaban. Sus largos vestidos se agitaban mientras su ritmo se aceleraba. La mayor parte de sus rostros estaban llenos de una especie de curiosidad frenética.

"Lady Seiryuu." La preguntó una de las damas más jóvenes cuando el grupo se detuvo delante de Abi. "¿Es cierto que el Rey Hiryuu ha invitado a la hija de un mercader al castillo?"

"¿Es cierto que esta mujer le gritó al Rey?"

"Creo que es romántico que ellos se conocieran durante el Festival de las Estrellas."

Abi las miró durante un momento, su expresión estaba cuidadosamente preparada para ser lo más neutra posible, antes de responder. "Lei Yoora tiene fuertes opiniones e ideas de las que el Rey está interesado en oír más, así que él ha invitado a ella y a su padre a tomar el té. Las intenciones del Rey Hiryuu no son las que estáis insinuando."

Bueno, añadió Abi mentalmente, su despistado Rey no parecía ser consciente de los sentimientos románticos que pudiera tener hacia la hija del mercader. Por lo que, por lo que al Rey Hiryuu respectaba, sus intenciones eran exactamente las que ella había dicho.

Unas pocas damas dejaron escapar un suspiro de alivio ante las noticias, mientras que otras reían juguetonamente y la dama de ojos verdes – Abi recordó que se llamaba Su-Ji – golpeaba el hombro de una chica. "Parece que aún tienes una oportunidad, Hei-Ran."

"¡¿Qué?! ¡¿Yo?! ¡No! ¡No! Quiero decir, el Rey Hiryuu es atractivo y amable." Las mejillas de Hei-Ran adquirieron un color rosado. "… Pero él ya tiene a alguien tan encantadora como Lady Seiryuu a su lado…"

Un ruido que era una mezcla entre una risa y una tos escapó de la parte posterior de la garganta de Abi.

"¿Lady Seiryuu?" La preguntó Su-ji con el ceño fruncido de preocupación.

"Semejante comentario…" Sus ojos dorados se llenaron de una diversión incrédula mientras hablaba. "¿Cuál creéis que es mi relación con el Rey?"

"Lady Seiryuu sois tan hermosa, elegante, inteligente y fuerte. Y ya sois tan cercana al Rey Hiryuu." Comenzó Su-Ji, con los ojos casi centelleantes, mientras que las otras asentían en conformidad. "Usted es la elección obvia…"

"Los deberes de una reina y un Guerrero Dragón son incompatibles, incluso si estuviera interesada." Las respondió Abi tan rápidamente que ellas solo pudieron mirarla en estado de shock. "Y el Rey apenas se da cuenta de que soy una mujer, estoy segura de que él me ve más como una pequeña dragona."

"Oh." Su-Ji dejó escapar un suspiro, pareciendo extrañamente aliviada.

Hei-Ran palmeó el hombro de Su-Ji esta vez y susurró algo en su oído que Abi no pudo oír. Aunque quizás podía averiguarlo basándose en como la cara de Su-Ji se volvió brillante y ella alejaba levemente a Hei-Ran.

"Lady Seiryuu." Hei-Ran se volvió a girar hacia Abi con un nervioso pero determinado brillo en sus ojos. "Um, ¿os gustaría uniros a nosotras alguna vez para tomar el té?"

"Eso sería un buen cambio de ritmo de la grosería de los otros dragones." La respondió Abi con una sonrisa cómplice.

"Debe ser molesto estar cerca de hombres malolientes todo el tiempo." Murmuró Su-Ji, ganándose una ronda de risitas. Incluso la Guerrera Dragón tuvo que reírse un poco ante la verdad de sus palabras. Entonces Su-Ji volvió a mirar a Abi con la misma mirada brillante de antes en sus ojos. "… Entonces, ¿qué día os gustaría tomar el té, Lady Seiryuu?"

Una vez fueron concertados los detalles y se despidieron, Abi se separó de las damas de la corte. Ellas fueron en una dirección con pasos ligeros y felices mientras que ella continuó por la terraza en la dirección opuesta. Bora revoloteó bajándose de su cabeza, Abi alzó su mano para que el pájaro azul se posara.

"Relacionarme con estas damas ciertamente es… interesante."

Bora pió en conformidad.

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La tarde llegó pronto, el sol incidía caliente sobre el castillo y la ciudad. Abi se abrió paso por la ruta de vigilancia de los muros del castillo. Los invitados del Rey llegarían pronto, los ojos del dragón ya podían atisbarles subiendo la colina hacia el castillo. Abi encontró un lugar cerca de la entrada y se apoyó en la barandilla; la piedra estaba caliente por el calor del verano. Bora voló alrededor de la cabeza de Abi un par de veces antes de posarse al lado del brazo de Abi.

Abajo Lei Hoon y Yoora entraron por las puertas del castillo una vez que los guardias comprobaron su invitación. El padre y la hija estaban vestidos con sus mejores galas. Sabiamente, ellos se podrían mezclar perfectamente con cualquier grupo de nobles. Abi admitió para si misma que estaba un poco celosa del vestido de seda que llevaba Yoora, compuesto por capas de blanco y morado con un leve diseño floral y una cinta rosada acentuando su busto.

"Así que esa es la fémina que ha hecho actuar a nuestro Rey como un niño pequeño con su primer amor."

Abi se sobresaltó al oír la voz de Ryokuryuu, Bora la imitó con un chirrido de sorpresa. Al parecer, él había llegado inesperadamente a través del hueco de la escalera que había detrás de ella. Ella rápidamente recompuso su expresión esperando que no se diera cuenta de que la había atrapado con la guardia baja. Sin embargo, ella no tuvo tanta suerte ante la sonrisa burlona que cruzó el rostro de él.

"Oh, ¿no me has visto venir, Seiryuu?"

"Haces tanto alarde de tu poder que estoy sorprendida de que aún recuerdes que existen las escaleras."

Ryokuryuu se encogió de hombros y se apoyó en la pared al lado de ella, bajando la mirada hacia los invitados mientras los sirvientes les daban la bienvenida. A la vez que Yoora les hacía una grácil y educada reverencia a los sirvientes, él dejó escapar un bufido. "¿Ella realmente enfrentó a un noble y gritó al Rey Hiryuu? Parece tan delicada."

"Subestimarla es un error." Le respondió Abi, sus ojos se pasearon lentamente por el torso de él. Ella se reprendió rápidamente, un leve rubor calentó sus mejillas, y miró deliberadamente hacia otro lado. Al parecer el recuerdo de él sin camisa aún estaba fresco en su mente.

"Ella es valiente." Añadió Abi, fingiendo que eso no acababa de suceder.

"Ser valiente es estúpido cuando se es débil." Espetó Ryokuryuu. "Aquellos que carecen de fuerza solamente conseguirán morir siendo valientes."

La boca de Abi se frunció mientras rememoraba solamente unos meses atrás, pensando que parecía casi otra vida. El poder y la influencia que ella había ejercido con valentía solamente había sido tomado prestado de su padre, una ilusión que se desvanecería una vez que él muriera y Yoo Seung le sucediera como líder del Clan.

"No creo que ella sea más débil que yo." Dijo Abi.

Ryokuryuu la miró por el rabillo del ojo mientras la respondía. "Seiryuu, a pesar de que eres inútil después de utilizarlo, al menos tienes el poder de tus ojos."

"Esa no es la fuerza de la que estoy hablando." Refutó ella con un tono afilado. "Estas demasiado absorbido por la idea de que la fuerza física es el único tipo de fuerza, Ryokuryuu."

El resopló por la nariz sonoramente. "Tal vez debería ir a ver por mi mismo si ella es como tú dices."

Abi se negó a picar el anzuelo, en vez de eso acarició levemente la cabeza de Bora. Por lo que había visto de Yoora, Abi dudaba que la hija del mercader fuera intimidada por ninguno de los Guerreros Dragones mientras fuera una invitada del Rey. Ryokuryuu podría intentar intimidarla todo lo que quisiera. Sin embargo, él no hizo ningún movimiento para seguirles. En vez de eso un breve silencio se formó entre ellos mientras Yoora y su padre eran guiados al interior del castillo por los sirvientes.

"¿Por qué no estás asistiendo a esto?" La preguntó Ryokuryuu repentinamente a la vez que una ráfaga azotaba su coleta. "¿Acaso no sueles estar presente en este tipo de cosas para que nuestro Rey imbécil no meta demasiado la pata?"

"Que yo estuviera allí podría darle a la señorita Lei una idea equivocada así que pensé que es mejor dejar que nuestro Rey se encargue por su cuenta."

"Entonces esto es algo que quiero ver." Ryokuryuu se rió entre dientes antes de saltar por encima de la barandilla de piedra hasta el patio.

"Adiós." Resopló Abi, su aliento hizo que su flequillo ondeara. Bora pió y chilló.

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"La señorita Yoora realmente es muy inteligente." El Rey Hiryuu brillaba, después de haber recitado la conversación casi palabra por palabra.

Abi intercambió miradas exasperadas pero divertidas con sus compañeros dragones mientras alimentaba a Bora con un pequeño bocado de su pastel de arroz. Ouryuu se reía con su bebida, mientras Hakuryuu simplemente asintió mientras le escuchaba a medias. Su atención estaba puesta principalmente en las costillas ce cerdo. Sin embargo, Ryokuryuu parecía aburrido y frustrado mientras prácticamente apuñalaba la carne de su plato.

"El Rey imbécil, Ouryuu y yo estuvimos allí. Escuchamos la conversación."

El Rey Hiryuu se rió en respuesta, ganándose una mirada afilada de Ryokuryuu.

"Solo estás molesto porque ella fue más astuta que tú, Ryokuryuu." Le dijo Ouryuu con un ligero resplandor de sus colmillos.

El rostro de él enrojeció a la vez que golpeaba su palma contra la mesa. "¡Ella no lo hizo!"

"Te dije que no la subestimaras." Abi sonrió.

"¡Cállate, Seiryuu!"

Los ojos dorados y orquídeas se miraron a través de la mesa, el aire de la habitación chispeó por la tensión repentinamente. Hakuryuu finalmente comenzó a prestar atención a algo más que su comida, una sonrisa competitiva cruzó su rostro. "Oh, ¿vosotros dos os vais a pelear?"

Ouryuu suspiró y se deslizó fuera de la zona de peligro, acercándose a su Rey. "Hey chicos, no durante la cena…"

El Rey Hiryuu simplemente se rió con una cálida sonrisa contenida, sin duda pensando sobre lo lindos y adorables que eran sus dragones.