Disclaimer: Soul Eater no me pertenece, es de Okubo-sempai. Kuroshitsuji tampoco es mío, es de Toboso-sempai. Lo único mío es la trama.

¡Nuevo cap!


Akuma no Bara

Rosa 7: Kagome kagome

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Me recargué contra la reja de la escuela, mientras que suspiraba y me secaba el sudor.

A lo lejos se escuchaban las risas de los demás y el sonido del silbato de los árbitros. Estábamos en la clase de educación física, preparándonos para los próximos eventos escolares. Yo no entendía porque mi profesor me obligaba a practicar voleibol y atletismo si yo estaba en el equipo de natación. A lo mejor quería ver a otra chica en micro shorts, a saber.

— ¡Hey, Maka!

Black Star se acercó corriendo hacia mí. Alcé una ceja, confundida.

— ¿Qué pasa? — le pregunté.

— Oh, nada. Simplemente vine a cerciorarme de que pudieses admirar mi grandiosidad — me dijo, mientras que inflaba el pecho orgulloso. Rodé los ojos.

Él también se recargó en la reja de la escuela, a un lado mío. Los dos nos dedicamos a contemplar al resto del alumnado, los cuales parecían ajenos a nuestra presencia.

Era chistoso, pero el Shibusen era una escuela especial que se dedicaba a entrenar a todos los Akumas y Baras. Sin embargo, para que nadie sospechase, también era una de las mejores Academias de la ciudad. Los humanos normales que estudiaban aquí no sabían nada de los Demonios o de los seres mágicos, y uno de nuestros trabajos como Baras era que nunca se enterasen de su existencia.

No sé porque, pero creo que eso me recuerda a un manga que leí el otro día. ¿Cómo se llamaba? ¿Kokoro qué…?

— ¿No crees que es extraño? — me preguntó Black Star de la nada. Seguía mirando hacia enfrente, con rostro serio.

— ¿Eh? — solté, confundida.

— Sí, ¿acaso no se te hizo extraña la misión a Noruega?

— ¿A qué te refieres con eso?

— Investigué un poco, y descubrí que Hela no fue la primera Diosa en tratar de abrir un portal, o bueno, de intentar abrir uno — me miró fijamente —. Al parecer, según hay una leyenda que cuenta que si alguien logra abrir los siete portales que hay en el mundo, el caos se desatará. Uno de los portales se encuentra en Noruega, y fue el que Hela trató de abrir.

— ¿Cuál es tu punto? — fruncí el ceño.

— ¿Para qué querría Hela abrir ese portal? ¿Qué es lo que se encuentra al otro lado? — susurró.

Una serie de recuerdos aparecieron en mi cabeza. Las almas en pena llamándome, la oscuridad que se encontraba al fondo del remolino… sentí un escalofrío recorrer mi espalda, y me estremecí.

— Debe de ser algo muy malo — prosiguió, mirando cautelosamente a todos lados —. Digo, no es común que Kid interfiera en una misión acompañado de Liz y Patty, además, tú escuchaste lo que Hela dijo: "Ella me matará" ¿Eso significa que hay alguien detrás de todo esto?

— Me sorprende que tengas la capacidad mental para analizar todo eso y que repruebes las materias — me burlé.

— Es que el gran ore-sama nació para estas cosas, no para la escuela — farfulló Black Star en un puchero.

— Cómo sea, creo que deberíamos de decirle esto a Kid.

— No creo que sea la mejor idea — me dijo, frunciendo ligeramente el ceño —. Creo que Kid y los demás nos están ocultando algo.

— ¿Otra vez con eso? — le pregunté, molesta. Se suponía que de ahora en adelante no dudaríamos de nuestros Demonios.

— Mira, a mí tampoco me gusta desconfiar de Soul y de Tsubaki, pero es lo que siento — suspiró —. ¿No te has dado cuenta que cada vez que les preguntamos algo relacionado con ángeles, demonios o su pasado, nos cambian de tema?

— Pues sí, pero…

— ¿Y qué además tu Demonio aborrece a los cazadores de sombras?

— Soul tendrá sus motivos…

— Sí, ¿pero cuáles? Se supone que el Shibusen está en contacto con todos los Institutos del mundo y con Idris para poder controlar mejor al mundo mágico y todas esas choradas. Los cazadores de sombras y los Akumas son socios, y si para que un nefilim cace a un Akuma, este ultimo debió de haber hecho algo muy malo.

— ¿Crees que Soul… mató a alguien siendo Akuma?

— Eso creo — se encogió de hombros —. Espero estar equivocado con respecto a eso.

Fruncí el ceño, preocupada, para luego dedicarme a mirar la cancha de juego. ¿Soul habría matado a alguien? ¿Por qué? No lograba imaginarme a Soul haciendo ese tipo de cosas, aunque ya le había visto matar Demonios o seres mágicos que se salían de control.

En ese momento me di cuenta de la cruda realidad. Yo no conocía muchas cosas sobre mi Demonio.

Sabía que era un idiota y un pervertido, que amaba a los tomates, que sabía italiano y había vivido en Inglaterra, que lo llamaban el Rubí de la Muerte y que le tenía fobia a los gatos. Pero eso no me decía en realidad nada sobre él. Al parecer… tal vez, después de todo, yo no conocía al verdadero Soul…

— Hey, chicos.

Black Star volteamos a ver al recién llegado. Era Kid, que al igual que nosotros usaba el uniforme de educación física. Un short negro con el escudo de la escuela en la pierna izquierda y una playera blanca con tres líneas negras en los hombros. El escudo de la escuela estaba sobre el centro de su pecho, de manera "simétrica". Recordé que a pesar de su aspecto serio, Kid tenía realmente serios problemas con eso de su obsesión por la simetría. Él era quien había confeccionado los uniformes de la escuela, y había hecho que las chicas tuviésemos que usar micro shorts con el escudo en la pierna derecha, sólo para no perder el "orden" o yo que sé que tanta cosa más dijo.

— ¿Qué pasa? — le pregunté, fingiendo tranquilidad. Black Star –por muy loco que sonase – tenía razón, mejor no decíamos nada.

— Hay una misión esta noche, ¿se apuntan?

— ¡Claro! — dijo Black Star emocionado, mientras que se despegaba de la reja como si hubiese sido impulsado por un resorte — ¿De qué es?

— Un par de Demonios Xin — sonrió ligeramente, mientras que me volteaba a ver —, ¿y qué dices tú, Maka?

— No, gracias — le dije, mientras que hacia una seña de disculpa con la mano —. Hoy es mi día libre y tengo junta con mi club de nado en la tarde.

— Bien, no hay problema — me dijo, para luego comenzar a contarle a Black Star de que iba la misión.

Yo por mi parte me dediqué a mirar como las hojas de los árboles comenzaban a caer lentamente hacia el suelo. Ya estábamos en otoño…


— ¿Escucharon las noticias? — nos preguntó Jenny, mientras que se recargaba sobre la mesa de su pupitre.

Todas la volteamos a ver confundidas. Sus ojos verdes nos miraban fijamente, claramente preocupados. Desde que había entrado al club de natación siempre había creído que Jenny era la más… inocente de todas nosotras. Parecía una muñequita con su cabello corto y de color caramelo y su rostro inocente y lleno de pecas. Lisa enarcó una ceja, confundida.

— ¿Qué noticias? — preguntó, mientras que terminaba de ordenar sus papeles y se ponía un mechón de su oscuro cabello tras la oreja.

— Sobre los niños asesinados.

La miré fijamente.

— ¿Niños? ¿Qué niños? — pregunté.

— Eran unos niños que iban en la misma primaria que mi hermano — me dijo, asustada —. Por lo que supe eran cinco, y hace tres días fueron al parque saliendo de la escuela. Nunca regresaron a su casa, y encontraron sus cadáveres en la carretera. Pareciera que habían sido víctimas de alguna secta demoniaca o algo así.

— ¿Por qué lo dices? — le preguntó ahora Melody, asustada. Sus ojos castaños miraban fijamente a Jenny, mientras que su cuerpo comenzaba a temblar.

— Los cuerpos no tenían ni una gota de sangre y estaban dentro de un pentagrama, y lo más extraño es que encontraron ajos y quien sabe cuánta cosa, ¡casi me desmayo cuando vi las imágenes en el periódico!

Fruncí el ceño al escuchar eso. Claramente era una invitación a un vampiro para que tomase la sangre de los niños. Por mucho que contradiga al viejo mito, los vampiros no le temen al ajo, es más, este les da fuerzas. Aunque se me hizo extraño que dejasen los cuerpos en un pentagrama…

— Pobrecillos, nadie desearía morir de esa forma — murmuró Diana, con expresión afligida.

— Sí, lo sé, mi madre anda cómo histérica — susurró Jenny —. No quiere dejar salir a mi hermano y a duras penas me deja venir a la escuela.

Sin darme cuenta, llevé mi mano al bolsillo de mi chaqueta, ya que allí estaba mi celular. Cuando sentí el frío del plástico con mis dedos, me regañé mentalmente. Era mi día libre, ya luego hablaría de esto con Soul y los demás.

— Bien, dejando a un lado los cuentos de terror, ¿qué les parece si mejor nos vamos? — pregunté mientras me levantaba de mi asiento y agarraba mi bolso —. Recuerden que estamos en otoño, oscurece más rápido.

— Maka tiene razón — asintió Lisa, para luego levantarse también de su asiento y recoger su bolso.

Las otras nos imitaron, y juntas comenzamos a bajar las escaleras. Nos habíamos reunido en nuestro salón de clases, el cual se encontraba en el tercer piso del edificio trasero de la Academia. Teníamos que pasar la cancha de basquetbol para llegar al edificio principal y salir por la puerta delantera, ya que la que se encontraba cerca de la cafetería debía de estar cerrada a estas horas.

Jenny y Melody seguían platicando sobre el asunto de los chicos, mientras que Lisa y Diana hablaban sobre las posibles acrobacias que podríamos realizar en el acto de nado sincronizado. Yo seguía pensando en mi examen que había presentado esta mañana. Le había prácticamente rogado a Stein para que me dejase presentarlo… nuevamente.

Había perdido mi oportunidad cuando nos enfrentamos a los Demonios Ikazuchi y cuando viajamos a Noruega, y a penas hoy logré presentarlo. Sólo rezaba con que saliese bien y no tuviese que estar haciendo trabajos extras para pasar el semestre…

— ¡Qué miedo! — exclamó Jenny tan pronto salimos del edificio.

La cancha estaba rodeada de una intensa neblina, y para colmo de males el cielo estaba oscuro y nublado. ¿No se suponía que las luces de la cancha duran encendidas toda la noche? Volteé a ver los postes en los que deberían de estar las lámparas. Estaban apagadas.

— C-c-creo que mejor nos a-apuramos — balbuceó Jenny, asustada, mientras que Melody se aferraba con fuerza a su brazo.

Lisa y yo asentimos. Podía enfrentarme a millones de Demonios, pero no por eso no tendría miedo. Esta atmosfera me daba muy mala espina. Diana soltó una carcajada, mientras que le daba una palmada en la espalda a Jenny.

— Oh, vamos Jenn, ¿tienes miedo? — le preguntó divertida.

— ¡C-claro! ¿Acaso tú no? ¿No has escuchado las noticias sobre asesinatos últimamente?

— No es para tanto… — comenzó a decir Diana, pero pronto se calló cuando un par de risas se escucharon a lo lejos.

Melody, Jenny y yo pegamos un brinco por culpa del miedo, mientras que Lisa se pegaba más hacia mí y Diana fruncía el ceño, poniéndose frente a todas de manera protectora.

— ¿Quién está allí? — preguntó, seria.

La risa se volvió a escuchar, esta vez más cerca. De entre la niebla, una pequeña niña rubia de ojos azules salió y se acercó hacia nosotras. Traía una faldita de cuadros escocesa y un saco azul marino. Rápidamente identifiqué el uniforme; era una niña que debía de asistir a la misma escuela de mi hermano. Nos miró fijamente, con una sonrisa.

— ¿Q-quién eres? — preguntó Jenny, logrando relajarse un poco. Le sonrió a la niña, mientras que se acercaba lentamente a ella.

— Mi nombre es Alice. ¿Quieren jugar? — preguntó emocionada.

— ¿J-jugar? ¿Aquí? ¿Ahora? — la niña asintió con la cabeza —. Err… no sé si sea buena idea, verás, ya es tarde y…

— Por favor, juguemos un rato — suplicó, mientras que juntaba sus manitas —. Mis amigos y yo estamos esperando a nuestros hermanos, pero ya nos aburrimos. ¿Quieren jugar con nosotros, por favor?

Jenny nos volteó a ver, pidiéndonos ayuda con la mirada. Miré fijamente a la niña, analizándola de pies a cabeza. Algo no cuadraba bien en ella, pero no sabía qué era; además, se suponía que sólo nuestro club se había quedado tan tarde aquí en la escuela…

— Pues… no veo porqué no — murmuró Lisa mientras que se encogía de hombros —. Es preferible que nosotras lleguemos tarde a casa a que ellos se queden solos.

— T-tienes razón — sonrió Jenny nerviosa.

Melody y yo nos miramos, con la duda dibujada en nuestros rostros. Ambas sabíamos que había algo extraño en esto, pero al voltear a ver a Diana, notamos que ella se lo estaba pensando seriamente. Al final asintió, mientras que sonreía.

— Por mí está bien, ¿a qué quieren jugar? — le preguntó Diana a Alice, quien dio un saltito de alegría en su lugar.

— Es un juego que nos enseñó Yoko — dijo, alegre, para después girarse y mirar hacia algún punto en la niebla — ¡Chicos, vengan! ¡Encontré a alguien con quien jugar!

Sorprendidas, observamos como otros cuatro niños salían de entre la niebla. Dos eran niños, y las otras dos eran niñas. El más alto de ellos tenía el cabello peinado hacia atrás y de un intenso color oscuro al igual que sus ojos, mientras que el más pequeño tenía el cabello lacio y un poco largo y más claro. Las dos niñas en cambio parecían ser asiáticas y hermanas, ya que se parecían un poco. Todos usaban el mismo uniforme y tenían las miradas ligeramente ausentes.

— Ellos son Diego, Matt, Michiru y Yoko — los presentó Alice.

— ¿Y a qué vamos a jugar? — pregunté, mientras que trataba de forzar una sonrisa.

Kagome kagome (1) — susurró una de las niñas asiáticas. Supuse que ella era la tal Yoko que había mencionado antes esta Alice.

— ¿C-cómo se juega? — preguntó Melody nerviosa, y antes de que pudiese decir algo más, el chico más bajito le sujetó la mano.

— Nos tomamos de las manos y hacemos un círculo. La persona que esté dentro tiene que adivinar quien se encuentra detrás de él — expliqué. Todas me voltearon a ver sorprendidas —. Mi abuela me enseñó a jugarlo cuando tenía cinco años — confesé.

— ¡Yo estaré adentró! — dijo Alice emocionada, una vez que todos nos tomamos de la mano e hicimos un circulo. Se sentó en el centro y tapó sus ojos con sus manos, mientras que sonreía.

Los demás niños comenzaron a moverse, haciendo que nosotras también camináramos. Comenzamos a girar, y para sorpresa mía, ellos comenzaron a cantar la canción del juego.

Kagome Kagome Kago no naka no Tori wa

Itsu Itsu deyaru? Yoake no ban ni

Tsuru to kame to subetta

Ushiro no shoumen daare?

Nos detuvimos, mientras que Alice reía divertida.

— ¡Detrás de mí está Lisa! — canturreó, haciendo que la mirásemos sorprendida. ¿En qué momento le habíamos dicho nuestros nombres?

Lisa nos miró, nerviosa, para luego soltarse y acercarse al centro. Alice abrió los ojos, y en ese momento me asusté de verdad. Los tenía totalmente negros, sin brillo alguno. Lisa soltó un grito de terror, mientras que retrocedía un paso, asustada. Rápidamente miré al resto de los niños, y noté que sus ojos también eran negros.

— Adiviné — murmuró Alice, mientras que se levantaba y tomaba rápidamente el lugar que antes había ocupado Lisa en el círculo, a un lado de Melody.

— ¡¿Q-qué demonios…? — exclamó Melody, aterrorizada, mientras que soltaba al niño que había estado sujetando y se negaba a darle la mano a la niña.

— ¡¿Qué está pasando aquí? — gritó Jenny, mientras que su rostro se ponía pálido.

— Dijeron que jugarían — murmuró Alice, para luego mirarnos a todas fijamente —. Ya no se pueden salir del juego.

— ¡Deja de decir esas cosas, tú… lo que seas! — gritó Melody, con lágrimas en los ojos.

— ¡Melody, tranquilízate! — le grité. Si estaba en lo correcto, estos niños eran fantasmas. Y los fantasmas no atacaban a menos que…

— ¡Cállense! ¡Yo me largo de aquí! — chilló, para luego salir corriendo hacia la neblina.

— ¡MELODY! — le llamé.

Con horror, todas contemplamos como Melody se detenía a mitad de su carrera. Nos daba la espalda, por lo que no podíamos ver su rostro. Diana estuvo a punto de soltarse de las manos de los niños para seguirla, pero rápidamente le pedí con la mirada que no lo hiciera. Jenny lanzó un grito de terror cuando la cabeza de Melody comenzó a desprenderse lentamente de su cuello. La sangre manchó todo a su paso.

— Le dije que no podía salir del juego — murmuró Alice, con la mirada perdida.

Jenny y Lisa lloraban, mientras que contemplábamos el cuerpo sin vida de la que alguna vez fue nuestra compañera. Yo estaba en shock, sin poder creerme lo que había pasado. Los fantasmas no atacaban a menos que… estuviesen bajo un embrujo.

Rápidamente recordé lo que Jenny nos había contado. La forma en la que encontraron los cuerpos de los niños y que ellos venían de la escuela de su hermano. Mi hermano también iba en la misma escuela, sólo que era un grado mayor al de Jenny. Eso significaba que estos eran las almas de los niños asesinados.

Alice nos miró fijamente, al igual que los otros cuatro. Todas comenzaron a temblar, mientras que yo llamaba a gritos a mi Demonio mentalmente. ¡¿Dónde carajos estaba cuando lo necesitaba?

— ¿Ustedes también se quieren salir del juego? — preguntó con inocencia.

Todas negamos rápidamente con la cabeza. Jenny estaba al borde del desmayo.

— Bien — susurró, para luego sonreír —. ¡Continuemos!

Lisa se sentó en el centro del círculo, mientras que nosotros comenzamos a dar vueltas nuevamente. Mordí mi labio con fuerza. Esto estaba mal, muy mal. ¡Era el mejor día para tomarme un pequeño descanso! – sí, adivinaron, mi sarcasmo regresó –. Miré a las demás, y noté que Jenny estaba igual de pálida que una hoja, Diana estaba en shock y Lisa temblaba en el suelo.

Noté que la canción estaba por terminar, lo que significaba que pronto Lisa tendría que adivinar quien se encontraba detrás de ella. No quería saber que pasaba si se equivocaba, este no era el kagome kagome que mi abuela me había enseñado hace años. Apresuré el ritmo, haciendo que girásemos más rápido y que yo lograse quedar tras de Lisa.

Ella tragó saliva, nerviosa. Alzó el rostro sin destaparse los ojos, y cuando trató de hablar, vi que sus labios temblaban.

— ¿M-Maka…? — murmuró, con la voz entrecortada. Suspiré aliviada.

— Sí — respondí, y ella se destapó rápidamente los ojos. Casi llora al verme detrás de ella, y cuando yo me separé de la rueda para tomar su puesto, Lisa me abrazó.

— Q-quiero irme… — susurró entre sollozos ahogados.

— Yo también, pero tenemos que acabar el juego o de lo contrario… — no terminé la frase. Le eché una mirada fugaz al cuerpo inerte de Melody, y ella captó la indirecta rápidamente.

Tomó mi lugar en la rueda, mientras que yo me sentaba en el suelo y me tapaba los ojos. Los niños empezaron a cantar nuevamente, pero yo no me concentré en la canción. Mi abuela me había enseñado un truco para adivinar a la persona que se pusiese detrás de mí. Contar los pasos.

Agradecí mentalmente mi memoria fotográfica, y comencé a contar los pasos que daban los niños y las demás para saber quién era el que estaba detrás de mí. Sonreí cuando pararon de cantar.

— Detrás de mi está Diego — murmuré.

Los niños se rieron, y eso me asustó un poco. ¿Habría adivinado? Sentía como mi corazón latía con fuerza contra mi pecho. Mis ojos se negaban a abrirse, por temor a lo que fuese a pasar. Cuando alguien tocó mi hombro, pegué un brinco y rápidamente alcé la mirada. Diego me miraba con una sonrisa, y por un momento, hubiese jurado que vi un brillo de arrepentimiento en sus ojos.

— Adivinaste — me dijo, sacándome de mis pensamientos.

Asentí lentamente con la cabeza, para después levantarme de mi lugar y tomar su puesto en la rueda. Mi cabeza estaba hecha un caos. Miré a los demás niños y noté que en sus ojos estaba el mismo brillo de arrepentimiento. ¿Los estaban obligando a hacer esto?

No pude seguir pensando, ya que de pronto, comenzamos nuevamente con el juego.

Duramos así por un buen rato. Evitaba que las demás quedasen detrás de los niños, por temor a que no lograsen adivinar quien se encontraba detrás de ellas; así que yo siempre era la que terminaba en el centro. Suspiré, mientras que gritaba mentalmente el nombre de mi Demonio una y otra vez. Se suponía que gracias al contrato, Soul tenía que saber cuándo me encontraba en peligro y venir a rescatarme.

¿Dónde demonios estaba él ahora?

Regresé a la realidad cuando la canción estaba por terminar. Traté de hacer que yo quedase tras Yoko, sin embargo, no lo logré. Quien quedó tras ella fue una llorosa Jenny.

— ¡Detrás de mí está Jenny! — canturreó contenta la niña, y sin que la aludida le respondiese, se destapó los ojos y volteó a ver a mi amiga, quien casi sufre un infarto en ese momento.

Jenny se acercó al centro con pasos temblorosos y se dejó caer al suelo entre sollozos. Se tapó los ojos, mientras que los niños comenzaban a cantar. Mordí mi labio nuevamente, ¿y ahora que haría? Si Jenny se equivocaba, algo malo le iba a pasar, de ello no había duda. Y lo peor de todo es que no podía hacer que quedara tras ella, ya que al parecer los niños se dieron cuenta de ello y avanzaban más rápido cada vez que yo me detenía tras mi compañera.

Cuando la canción terminó, fue el otro niño, Matt, quien quedó tras ella.

Por favor, que adivine. Por favor, que adivine…

— ¿L-L-Lisa…? — balbuceó con la voz ronca.

Los niños rieron a carcajadas, mientras que nos soltaban la mano. Recordé en ese momento que cuando alguien perdía, el juego se acababa, y el perdedor tenía que enfrentar un castigo. Traté de ir hacia Jenny para protegerla, pero mis pies parecían estar pegados al suelo. No podía moverme.

Alice se acercó hacia ella sin parar de reír, y Jenny se negó a abrir los ojos. Temblaba con fuerza, y su llanto se intensificó.

— Has perdido — confirmó la niña, con una sonrisa —. Así que ahora te toca tu castigo.

— ¿Qué prefieres? — preguntó la otra niña asiática, Michiru — ¿Brazo, cabeza o pierna?

— ¡¿Q-qué? — exclamó Lisa asustada. Ella tampoco podía moverse de su sitio.

— El perdedor sufrirá un castigo — le dijo Diego —. Perder una parte de su cuerpo.

— ¡NO! — chilló Jenny, aterrada, mientras que se ovillaba en su lugar y se protegía la cabeza con los brazos — ¡Aléjense de mí!

— Si ella no decide, lo haremos nosotros — murmuró Yoko, con voz fría y rostro inexpresivo —. Quítenle la cabeza.

Jenny forcejeó con Diego y Matt, quienes la obligaron a que se soltase la cabeza. Con lágrimas en los ojos, contempló cómo Alice se acercaba a ella y le sujetaba con fuerza el cabello. Ahogué un grito, y justo antes de que Lisa o Diana gritasen por mí, una pequeña lluvia cayó sobre nosotros.

Los niños se alejaron de Jenny mientras que gritaban y se protegían el rostro. Lamí un poco del agua que había caído sobre mí. Sabía a azúcar. Abrí los ojos sorprendida, ¡los fantasmas odiaban el agua endulzada! Eso significaba que…

— ¡Soul! — grité, mientras que volteaba a ver uno de los postes de luz.

Allí, en la parte más alta se encontraba mi Demonio, mirando fijamente con sus ojos rojos a los niños. En una de sus manos había una cubeta, y supuse que con ella debió de arrojar el agua hacia nosotros. Los niños gruñeron, molestos, mientras que el aura demoniaca que los envolvía crecía más y más…

— ¡¿Quién eres tú? — gritó Alice, molesta — ¡Tú no estás invitado a jugar!

— ¿Acaso no saben que desmembrar a alguien es de mala educación? — preguntó Soul con inocencia, mientras que bajaba de un salto.

Cayó con elegancia a un lado de una aterrorizada Jenny, quien temblaba sin poder contenerse. Soul le lanzó una mirada fugaz, y en cuestión de segundos, ella cayó desmayada.

— ¡Jenny! — gritó Lisa preocupada, pero sólo bastó otra mirada de Soul para que tanto ella como Diana terminasen en el suelo inconscientes.

— ¡Ellas estaban jugando con nosotros! — se defendió Diego en un puchero.

— ¿Matar a alguien es un juego? Vaya, como cambian los tiempos — murmuró Soul sarcástico, para luego fruncir el ceño —. Si siguen haciendo eso, irán al infierno.

— Ella nos dijo que eso estaba bien — murmuró Alice, molesta —. Nos dijo que jugáramos con ellas y dejáramos sus corazones intactos. Creo que los necesita para algo, o yo que sé.

— ¿Ella? — preguntó mi Demonio, enarcando una ceja — ¿Quién es ella?

— No podemos decirte, o de lo contrario se molestará con nosotros — murmuró Michiko, mientras que se ocultaba tras Yoko.

— Mira mocosa, tú… — comenzó a decir Soul, mientras que avanzaba hacia los niños. Fue en ese momento en el que noté algo curioso en el suelo.

— ¡Soul, quédate en donde estás! — le grité, asustada.

— ¿Qué? — me preguntó confundido, pero de pronto, el piso sobre el que estaba parado se iluminó.

Soul se había parado sobre un pentagrama.

— ¡Maldición! — gritó, mientras que trataba de retroceder. Sin embargo, unas cadenas salieron de cada una de las puntas de la estrella y lo inmovilizaron. Una risa hizo que un escalofrío recorriese mi espalda.

— Vaya, vaya — murmuró una voz conocida. Con horror, contemplé como Diana se levantaba lentamente del suelo —. Maka, no sabía que fueses un Bara — me dijo, mientras que me volteaba a ver.

Sus ojos eran de un color lila intenso, y bajo sus parpados se había formado un curioso tatuaje de estrellas. Allí fue cuando supe que era Diana en realidad. Una bruja.

— ¿Por qué? — pregunté, anonadada.

Ella se limitó a encogerse de hombros.

— Eh escuchado rumores sobre varios Akumas en la ciudad, y decidí que sería divertido convertir uno en mi mascota — miró divertida a Soul, quien la fulminó con la mirada —. Sin embargo, para ello necesito sacrificios, ¿sabes? Corazones de chicos adolescentes. Usé a los niños como cebos sólo para que ellos atrajeran a algún Akuma y me consiguiesen los corazones que necesitaba.

— ¿Los obligaste a hacer el trabajo sucio por ti? — pregunté, molesta.

— Las almas de los niños son fáciles de controlar — declaró burlona, mientras que volteaba a ver a los niños. Estos retrocedieron, asustados.

— Eres una bruja — siseó Soul, mostrando sus colmillos.

— Dime algo que no sepa, querido — rió divertida —, en fin, si no les importa, iré por lo que es mío… — murmuró mientras que se acercaba a Lisa.

— ¡Detente! — le grité.

Ella rió, para luego agacharse a la altura de una inconsciente Lisa y sacar una navaja del interior de su saco. Traté de moverme, pero no podía, al igual que Soul. Miré a los niños. Ellos eran nuestra última esperanza.

— ¡Deténganla! — les dije.

— P-pero… — murmuró Alice, asustada.

— ¿Quieren que ella le haga lo mismo que les hizo a ustedes? ¿Quieren que otros padres lloren por no tener a su hijo en casa? — les preguntó Soul serio. Los niños se voltearon a ver, confundidos.

— Por favor — les supliqué.

Ellos me miraron, pidiéndome perdón con sus miradas. En un parpadeo, ellos ya habían desaparecido.

Asustada y alterada como estaba, volteé a ver hacia donde estaba Diana. Se encontraba quitándole el saco y la camisa a Lisa, quien seguía dormida. Nuevamente hice un esfuerzo por salir del hechizo, pero no lo logré. Matarían a las demás, y yo no podría hacer nada para tratar de ayudarlas…

Cuando estaba a punto de perder las esperanzas, una nube negra comenzó a envolver el lugar donde estaban Diana y Lisa. La primera dejó de hacer lo que hacía para voltear a ver a su alrededor, claramente confundida. Luego nos volteó a ver a Soul y a mí con furia.

— ¡¿Qué demonios están haciendo? — nos gritó, molesta.

— Nosotros nada — le dijo Soul divertido, para luego mirarle con burla —. Son ellos.

Diana abrió los ojos, sorprendida, y tan pronto giró su cabeza para ver detrás de ella, unas manos le aprisionaron el cuello. Los niños se materializaron a su alrededor, con las miradas oscuras y un tanto sádicas. Comenzaron a reír, mientras que Diana los miraba sorprendida.

— ¡¿Q-qué…? ¡Yo no les ordene que me atacaran! — les dijo.

— Tú no eres nuestra dueña — murmuró Yoko, mientras que jugaba con su cabello.

— Y nos pediste que matáramos a todo aquel que no jugara — susurró Alice, con una sonrisa encantadora.

— Tú te saliste del juego — murmuró Diego, mientras que Diana temblaba.

— Por lo tanto… mereces un castigo — susurró Matt, para luego reír.

Diana gritó, justo al mismo tiempo en el que Michiko y Yoko jalaron de su cabello con fuerza. Cerré los ojos, pero eso no me impidió seguir escuchando los gritos de la bruja. Escuché el sonido de la carne separándose y de la sangre regándose por todo el lugar. Cuando los gritos cesaron, me digné a mirar.

El cuerpo de Diana desaparecía en un montón de cenizas, dejando únicamente su alma mientras que la niebla se disipaba y las lámparas de la cancha volvían a iluminar todo a su paso. Noté que los cuerpos de los niños comenzaban a hacerse cada vez más transparentes, cosa que no pasó desapercibida por ellos. Voltearon a ver a Soul, quien se había librado del conjuro del pentagrama al igual que yo.

— Obtuvieron su venganza, ya pueden descansar en paz — les dijo, mientras que se acercaba a ellos.

— ¿Iremos al infierno? — preguntó Alice, asustada.

Yo también miré fijamente a Soul, mientras que me fijaba que Jenny estuviese bien. Él miraba a los niños con una expresión seria; sin embargo, hacía algo más en su mirada… era algo así como un fuerte sentimiento sobreprotector que sólo puedes ver en algún padre preocupado o algo así.

Nunca había visto esa faceta en mi Demonio.

— No — les dijo, con una sonrisa tierna —. Ustedes son niños, fueron obligados a cometer pecados. Él los va a perdonar, tengan eso por seguro — susurró.

Los niños le sonrieron.

— Gracias… — murmuró Alice, y en una ráfaga de viento, los cinco desaparecieron.

No fue hasta ese momento en el que recordé que debía de respirar. Inhalé profundamente, para luego soltar todo el aire de mis pulmones de golpe. Mi corazón poco a poco retomaba su palpitar normal y mis nervios comenzaban a regresar a la normalidad. Soul se acercó a mí y se arrodilló a mi lado. Me sentí un poco cohibida ante su intensa mirada.

— ¿Estás bien? — murmuró, serio.

— Eh… s-sí — balbuceé, confundida.

Di un respingo cuando comenzó a acariciar mi mejilla con el dorso de su mano. Mi corazón echó a la basura su aparente tranquilidad y comenzó a palpitar con fuerza contra mi pecho. Desvié la mirada de la de mi Demonio, y aparté su mano con un suave movimiento de la mía.

— ¿Por qué tardaste tanto en llegar? — le pregunté, tratando de cambiar el tema.

— No sabía en dónde estabas, y me encontraba en una misión con Kid y Black — me dijo —. Perdón.

— No te disculpes — le dije, para luego suspirar y mirar a las demás. Sin querer, mi vista se posó en el cuerpo sin vida de Melody —. ¿Cómo arreglaremos todo esto…?

— Puedo hacer que olviden todo lo que pasó aquí, incluso con la familia de ella — miró el cuerpo —. Sus padres nunca recordarán el haber tenido una hija.

Asentí, sin evitar sentirme mal por ello. Tal vez ellos no recordarían… pero yo sí.


— Ya llegué — anuncié, mientras que abría la puerta de mi casa.

— ¡Maka! — exclamó mi mamá, quien estaba bajando las escaleras. Se apresuró a llegar a mi lado y me abrazó, para luego separarse un poco de mí y mirarme fijamente —. Me tenías preocupada, ¿dónde estabas?

— En la escuela, nos quedamos platicando un buen rato y se nos pasó el tiempo — mentí a medias. Mamá asintió, para luego sonreírme.

— Es una suerte que tu padre aún no llegase del trabajo o se pondría como histérico — bromeó.

Sonreí ligeramente.

— ¿Y Nick? — pregunté.

— Estaba en la sala viendo la tele… — comenzó a decir mamá, pero ya no logré terminar de escuchar que mas dijo, ya que me encaminé hacia donde estaba mi hermano.

Cuando entré a la sala, un par de ojos azules me voltearon a ver curiosos. Mi hermano estaba sentado en el enorme sofá rojo que se encontraba frente a la televisión. Ya tenía puesta su pijama, indicando que pronto se iría a dormir.

— Hermana, llegaste — me dijo, sonriente.

Asentí, para luego correr hacia él y abrazarlo con fuerza. Mi hermano se extrañó ante mi repentina reacción, ya que tardó en corresponderme el abrazo. Mordí mi labio con fuerza, reprimiendo las ganas de llorar.

— ¿Hermana? ¿Estás bien? — me preguntó, y yo asentí levemente con la cabeza.

Había veces en las que me preguntaba si había valido la pena aceptar aquel contrato con Soul; y ahora, mientras que tenía a mi hermano pequeño entre mis brazos, a salvo, me daba cuenta de que había sido la mejor decisión que había podido tomar. No quería imaginarme que hubiese sido de mi familia si yo hubiese muerto realmente aquel día. Negué con la cabeza, tratando de sacarme aquellas ideas de la cabeza.

Me separé un poco de mi hermano, sólo para poder darle un ligero beso en la frente. Nick me miró sorprendido, y le sonreí.

— Siempre voy a protegerte — le juré.

Él enarcó una ceja, confundido, pero terminó encogiéndose de hombros para después volverme a abrazar. Lo apreté con fuerza contra mi pecho, sólo para terminar de convencerme que él estaba allí, a mi lado. Y de que yo en verdad existía, que esto no era un sueño.

Tal vez… después de todo, el entregarle mi alma a Soul con tal de estar nuevamente con mi familia era un precio muy bajo…

Continuará…


1: Kagome Kagome es un juego popular en Japón. En el, varios niños hacen un circulo, y uno se sienta en el centro de este. A este niño se le dice "oni", y si adivina el nombre del niño que se encuentra detrás de él al finalizar la canción y de que todos giren, entonces ese niño pasará a ser el nuevo "oni". Durante la Segunda Guerra Mundial, usaron este juego para torturar a algunos prisioneros.

La traducción de la canción puede ser esta: Kagome kagome, el pájaro se encuentra en la jaula, ¿cuándo la abandonará? En la noche o el amanecer, la grulla y la tortuga se deslizan, ¿quién se encuentra detrás de ti? (Nota: según Wikipedia, la última parte puede variar)


Chan chan chan~

Bien, este capítulo ha quedado súper raro D: Puede considerarse como de relleno, pero a la vez no. Todo depende de ustedes. ¿Qué les pareció el cap? ¿Bueno, malo? ¡Muchas gracias por sus reviews! No creí que la historia les llegaría a gustar tanto TwT Y respondiendo a una duda: No, Hela no es la misma Hela de Mantantei Loki Ragnarok n.ñ (amo esa serie xD) En fin, nos leemos en el siguiente cap, ciao~!


¿Review?