Historias de Hogwarts... Y algo más
Por Cris Snape
Disclaimer: Los personajes y lugares pertenecen a JK.Rowling y sus asociados. No tengo ánimo de lucro al escribir estas historias, así que no me demandéis por violar los derechos de autor, por favor.
Resumen: Evan Rosier, Myrtle la Llorona, la profesora Sprout, Ritchie Coote... Los personajes olvidados de Harry Potter se dan cita en una serie de relatos breves. Porque ellos, también existen. Aunque, por supuesto, no podemos olvidarnos de Ron Weasley, Blaise Zabini o Sirius Black. Todos ellos están juntos, pero no revueltos. Espero que os guste.
Notas de la Autora: Muchas gracias a todos por leer las viñetas anteriores. Hoy vengo con un personajes que no es secundario, precisamente: Ginny Weasley. Como todos sabemos, esta chica es muy popular y ha tenido un par de novios, pero... ¿Cómo se sintió ella al estar con estos chicos? ¡Ejem, ejem! Espero poder responder a esa pregunta. Un besazo para todos,
Cris Snape
8
Ginny Weasley
Tres primeros besosMichael Corner fue su primer novio. Ginny pensaba que había sido un poco precipitado por su parte empezar a salir con el Ravenclaw, aunque no se arrepentía.
Michael era altanero y orgulloso, aunque honrado y justo la mayor parte de las veces. Tenía muy mal carácter y no sabía perder y, por ello, Ginny decidió que no quería continuar saliendo con él.
Sus besos eran rudos y apasionados. Solía arrinconarla contra la pared y agarrarla por la nuca, como si no quisiera que la pequeña pelirroja se escapara. Le mordisqueaba los labios y, a pesar de que algunas veces sus caricias resultaban violentas, nunca hizo nada que Ginny no quisiera. Michael era respetuoso a pesar de todo, y a Ginny le gustaba la impaciencia del chico; iba con su personalidad.
Michael fue el primero en besarla. La abordó en los invernaderos, un viernes por la tarde, después de la última clase del día. Llevó consigo una rosa blanca, la flor favorita de la muchacha, y comenzó a seducirla con palabras dulces, tal vez aprendidas en algún libro de poesía barata. Ginny supo que iba a besarla cuando él cerró los ojos y colocó una mano en su cuello; durante un segundo pensó en salir corriendo, en escapar de aquella situación desconocida que tanto miedo le daba, pero se quedó.
El beso fue un desastre. Michael parecía saber demasiado, y ella aún veía el amor a través de las líneas escritas en las novelas románticas que leía su madre. Ginny pensó que, de forma inmediata, sabría lo que hacer para disfrutar de ese momento, pero no fue así; se sintió un tanto asqueada cuando Michael rozó sus labios. Podía oler su aliento, sentir la humedad de su boca, y se apartó de forma inmediata. Aquel primer beso no le gustó, pero poco a poco se acostumbró y, al cabo de unas semanas, era ella la que buscaba a Michael después de las clases, necesitada de un poco de su respetuosa rudeza.
Pero Michael Corner nunca fue la clase de persona con la que ella podría mantener una relación larga. Siempre se enfadaba por nimiedades y, después de aquella derrota en quidditch, Ginny descubrió que no quería estar unida a un mal perdedor, así que lo dejó.
Y apareció Dean Thomas...
A Ginny le encantaba enredar los dedos en el cabello encrespado del Gryffindor. Dean era tan diferente de Michael, que algunas veces tenía la sensación de que se había vuelto loca al aceptar salir con él. Dean estaba acostumbrado a compartir todo lo que tenía, tal vez porque él también procedía de una familia numerosa; era inteligente y Ginny podía hablar con él sobre cosas que les interesaban a ambos, como la música y la literatura. A Dean, al igual que a la pelirroja, le encantaba escribir poesía; ambos eran igual de desastrosos en eso y, muchas noches, compartían sus escritos entre risas, asombrados por las tonterías que las personas podían plasmar en un trozo de pergamino. Ginny se sentía a gusto con Dean; quizás fuera más romántico que Michael, pero era menos respetuoso. No perdía la ocasión para meterle mano cada vez que la tenía cerca y solía ser muy celoso, aunque Ginny sabía cómo afrontar esas situaciones: con besos.
Dean era mucho más calmado a la hora de besar. Siempre dejaba que Ginny tomara la iniciativa, aunque ejercía mucho menos control sobre sí mismo que Michael. La joven Weasley reconocía que besaba muy bien; todos sus movimientos parecían estar estudiados de antemano y estaban cargados de una lánguida dulzura que lograba volverla loca. Algunas veces, Ginny tenía la sensación de que Dean la besaba siguiendo las instrucciones en algún libro, siempre mecánicamente, siempre realizando las mismas acciones, pero no le importaba. Porque, si para besar debía consultar una guía, había que reconocer que Dean tenía una gran capacidad para aprender deprisa y hacerlo todo bien.
Pero Dean era demasiado celoso; la asfixiaba con sus constantes reproches, aunque en el fondo tenía razón. Ginny, a pesar de estar con él, a pesar de deshacerse entre los brazos del chico cada vez que la besaba, no podía dejar de pensar en Harry. Y, por eso, dejó a Dean.
En un principio, no pensaba conquistar a Harry. Después de pasarse media vida enamorada de él, había comprendido que sólo podían mantener una bonita amistad; y Ginny, a pesar de todo, se conformaba con eso. Hasta que ocurrió.
Fue en la Sala Común, delante de todos los Gryffindor´s. Ginny no lograba recordar lo que estaban celebrando, aunque debió ser algo muy importante; y no lograba recordarlo porque sólo podía pensar en lo que Harry había hecho: él, su amor platónico, el chico al que quería desde los diez años, se había acercado a ella, la había cogido con rudeza y, sin mediar palabra, la había besado.
O lo había intentado, porque Ginny no podía decir que Harry supiera cómo besar a una chica. Aunque tampoco era algo que le importara demasiado.
Harry Potter fue el tercer chico que la había besado, aunque para el corazón de Ginny, siempre sería el primero. Porque Harry, a pesar de su inexperiencia, de su torpeza y su evidente timidez, era su primer y único amor. El chico que ella quería.
Ginny recordaba sus brazos rodeando su cintura, sus intentos vanos por parecer un profesional. Ginny recordaba que fue ella la que tuvo que guiarle, la que tuvo que enseñarle, y recordaba todo eso gratamente. Harry había mostrado unas ansias tremendas por aprender, y Ginny se convirtió en su profesora particular, totalmente encantada.
Ahora, Harry no estaba con ella. Ginny solía soñar con sus besos noche tras noche, pero no podía evitar sentirse muy deprimida cada vez que se despertaba. Entendía la actitud de Harry, aunque la encontraba muy egoísta. Comprendía que el chico no quería ponerla en peligro; era demasiado joven y ya había perdido a mucha gente importante en su vida, pero Ginny pensaba que ella también tenía algo que decir.
Por eso había ido a buscarlo a Privet Drive. Creyó que así no se le escaparía, pero cuando llegó, él ya no estaba. Ginny sabía que pasaría mucho tiempo antes de que volviera a verlo, antes de volver a besarlo. Era triste pensar en eso, pero siempre le quedaban los sueños y la esperanza de que Harry pudiera cumplir con su destino para que ella pudiera tenerlo definitivamente a su lado.
Harry fue el tercer chico que la besó. Y, como a los anteriores, Ginny lo había perdido; sólo esperaba que no fuera para siempre...
