Bad Romance
Capitulo: 7
Incomoda verdad.
XX
Marshall Lee suspiro por octava vez esa noche, estaba tremendamente cansado, adolorido y lastimado. Pero simplemente no podía dormir y Fionna a su lado no ayudaba en nada con sus ronquidos.
Marceline otra vez estaba en su mente, como todas las ocasiones anteriores, desde que ambos salían. La culpa era una emoción constante que implacable lo hacía sentirse una basura humana.
Miro el teléfono en la mesita de noche y después de meditarlo por horas finalmente lo tomo y marcó el número.
XX
Marceline se levantó y tomo su chaqueta antes de salir de la habitación, estaba desolada cuando se dio cuenta que esta noche Simon no estaba en el estudio durmiendo. Una presión dolorosa le oprimía el pecho y quería llorar, pero en vez de eso se mantuvo estoica.
Metió la mano en los bolsillos de su chaqueta y saco su móvil donde un mensaje recién enviado iluminaba la pantalla de su móvil.
"Tenemos que hablar"
Ella salió al patio y se estremeció por lo fría que estaba la noche, pero aun así camino hasta donde estaba Marshall Lee.
– ¿Y bien? –cuestiono indiferente, pero Marshall de la nada tomo su rostro entre sus manos y repentinamente la beso.
XX
Finn se levantó para conseguir un poco de agua cuando en la cocina Simon le dio un gran susto. Él estaba en la barra bebiendo soda.
– ¿Estas bien? –cuestiono cuando fue consciente de su expresión.
–Sí, solo tuve una pesadilla.
Finn asintio incómodo. Con la escena que Betty le hizo en el estacionamiento, obviamente el pobre Simon estaba abatido.
–Oye Finn… ¿crees que estoy haciendo bien?
–Bueno, la soda no te dejara dormir y…
–No Finn, ¿estoy tomando la decisión correcta al casarme con Betty?
Afuera Bonnie sostuvo la respiración ante lo que acababa de escuchar.
–Oh, rayos…Simon amigo, sé que le prometí a Jake no meterme más en esto pero…
Simon levanto una ceja.
– ¡Tú y Marceline tienen que estar juntos!, dijo solo de verlos junto uno piensa, hay va la pareja perfecta.
El castaño salto fuera de su silla.
–No, yo y Marceline…no…
Finn lo miro con extrañeza. Él no era tonto, esos dos siempre estuvieron en la línea delgada que separaba el amor y la amistad, incluso el aposto porque ambos terminarían juntos.
–No sientes nada por ella Simon–le cuestiono de repente.
–No, no… ¡NO!
Salió de la cocina y se fue hacia las escaleras. Algo en el jardín lo hizo detenerse y mirar hacia la pareja junto a su buzón.
Quizá al final pensó que estaba equivocado.
XX
Cuando el pelinegro se apartó de ella, Marceline se quedó mirándolo antes de soltarle tremenda bofetada.
–Nunca más Marshall Lee, solo no más…
Se dio la vuelta y entro a la casa dejando a Marshall con el corazón roto.
XX
Continuaron pasando los días, para el fin de semana Marceline y la grumosa fueron al centro comercial para escoger sus vestidos. Ella por supuesto le conto sobre todas las peripecias que Bonnibel y Betty le hicieron pasar.
La grumosa entonces sonrío de medio lado,
– ¿No has pensado en vengarte?
Marceline negó, nada ganaría con eso. Betty terminaría yendo con Simon para quejarse sobre ella y entonces su amistad se iría por el desagüe; al final todo acabaría como estaba previsto a suceder.
–Dijo, puedes romper su vestido, oh arruinarle el rostro.
La grumosa se imaginaba todo tipo de maneras para echarle a perder la boda a la novia se Simon mientras se tallaba las manos con una mueca de pura maldad.
–Conozco a alguien que…
Marceline se levantó cuando su reloj comenzó a sonar, había acordado reunirse con Gumball afuera de la casa dentro de diez minutos.
–Luego me terminas de contar, tengo que ir corriendo a casa.
La grumosa asintio y agito su mano diciéndole adiós.
XX
En la casa de Gumball, él intentaba decidir que usar.
– ¿Que tan esto?
Finn en la cama saco una camiseta beige, pero Gumball negó.
–Es un baile Finn, no una reunión en casa de Simon–Jake recargado en la ventana dijo cuando vio la elección de su hermano.
–Ack, vamos, es solo un baile.
El chico rubio se cruzó de brazos y bufo.
–Ya se, que tal uno de los esmoquin que rentamos para la boda.
Gumball de repente se alarmo.
– Sera solo un baile, además nadien lo notara.
Jake empujo a Gumball al baño mientras Finn le arrojo el esmoquin. Ambos sentían simpatía por el chico, era el único del grupo de "Uuu" que les agradaba.
–Oye Finn mira–llamo Jake cuando la puerta del baño se cerró.
– ¿Qué es eso?
–Un ramillete.
Finn levanto una ceja.
–No creo que a Arcoíris le guste mucho el negro y el purpura, es más del estilo de…
Jake sonrió anchamente cuando su hermano lo miro.
–Oh, no… estás loco Jake.
–Vamos, esta es la oportunidad para que Marcy deje ir a Simon.
Finn negó.
–No estoy de acuerdo amigo–dijo enfáticamente cruzándose de brazos.
–Finn, Simon se casa la próxima semana. Marceline simplemente tiene que olvidarlo, quieres acaso que continúe de esa manera siempre.
Finn suspiro.
–No, pero…
–hazme caso hermano, esto es lo mejor para ambos.
XX
Betty termino de arreglarse y salió para encontrarse con Simon. Ella aún estaba molesta con él, pero aun así intento poner todo en marcha otra vez.
–Veo que ya estás listo…
Simon asintio.
–Si…bueno…
Como le diría que en el baile de regreso a casa los reyes del baile tenían que pasar el mando a los nuevos elegidos, osea él y Marceline.
–Te traje esto…
Betty miro la caja de plástico que contenía un hermoso ramillete verde y naranja.
–Wow, es muy lindo Simon.
Betty rodo los ojos y sin pensarlo más abrazo a su prometido.
– ¿Sabes que te amo no?
–Si lo se…
–Bueno entonces prométeme que jamás pelearemos de nuevo, no quiere perderte Simon–señaló alzando el rostro para verlo a los ojos.
–Lo juro Betty.
Cuando él la beso ella sintió que algo había cambiado, algo importante simplemente se había esfumado.
–Ok…entonces hay que irnos…
XX
Bonnibel esperaba en la sala sola, como siempre. Un vago recuerdo de su noche de graduación le hizo suspirar con nostalgia. Le habría pedido a su hermano que la acompañara, pero según le contaron el iría con Marceline.
–Hey, hola Bonnie.
Ella miro a Finn.
–Hola Finn.
El chico rubio se acercó nervioso y le tendió un ramillete rosa y rojo. No se necesitaban palabras para describir lo que le estaba pidiendo.
–Gracias es muy lindo…
Suspiro de nuevo y lo miro. No podía decirle que no cuando la miraba de esa manera tan…triste…
– ¿Y dónde está mi hermano? –cuestiono mientras se acomodaba en la muñeca el adorno.
–Afuera con Marceline.
Bonnibel gruño molesta.
XX
Marceline se quedó mirando a Gumball.
– ¿Qué es esto? –pregunto viendo más de cerca el ramillete. Era un rosa purpura sobre un montón de encaje negro.
–Un ramillete…
–Oh, ya veo es muy lindo.
Gumball sonrió, almenos estaba comenzando con el pie correcto.
–Si es para ti.
Marceline lo tomo e intento ponerlo en su vestido, pero Gumball se lo quito y caballerosamente se lo puso en la muñeca.
–Glob, nunca había usado algo así.
Como una niña que ve por primera vez la lluvia Marceline toco con los dedos los pétalos artificiales de la rosa. En su baile de graduación, su sita había olvidado conseguirle uno así que simplemente no le tomo importancia.
Pero Bonnibel nunca se cansaba de presumirle la experiencia, así que ella sintió curiosidad sobre que se sentiría que un chico le regalara su primer ramillete.
–Bueno… ¿ya están listos todos?
Gumball se asomó hacia la puerta por donde desfilaban las parejas.
–Hey Gum, estas muy guapo.
Bonnie le dio un largo vistazo a su hermano menor. Ella sonrió cuando al verlo no reconoció ni un ápice del chico que antes dependía tanto de su protección.
–Si…
Gumball avergonzado se aclaró la garganta.
–Hola Marceline–le dio dándole un atisbo a la pelinegra junto a su hermano.
–Hola…
Ella noto que Simon la mirada con extrañeza. Pero no le dio importancia, ella había echo una promesa a si misma antes de venir a cumplir con Gumball.
–Solo falta Marshall Lee, ¿dónde está?
Finn bufo seguramente estaba paseando por ahí con su prima.
–Mira hay esta.
Marceline se tensó cuando escucho el sonido de la motocicleta acercándose. Un hecho punzante era que antes le hacía feliz escucharlo.
–Gumball.
El chico le dio su atención a Marceline cuando tiro de un extremo de su manga.
–Ya podemos irnos–pidió con urgencia.
–Sí, claro.
Gumball abrió la puerta. La verdad no necesitaba los comentarios de Marshall Lee sobre su cita, almenos no por ahora tendría que escucharlo.
Marshall Lee se quitó el casco y se quedó mirando hacia el auto de Gumball. Él y Marceline compartieron una intensa mirada por unos segundos que bien parecieron horas para ella.
– ¿Pasa algo? –pregunto Gumball cuando noto que ella no apartaba los ojos de algún punto cerca del árbol.
–No, solo estoy emocionada.
Gumball se sobresaltó.
–Ok entonces hay que irnos ya.
Simon también noto que Marshall Lee miraba curiosamente a Marceline. No quería admitirlo pero por primera vez experimentaba algo muy parecido a los celos.
XX
El gimnasio de la universidad estaba adornado con montones de globos azul y blanco, además de las luces multicolores que iluminaban el lugar donde estaban las mesas. Cuando llego el grupo la mayoría de los chicos ya estaban reunidos. Marceline estaba entretenida mirando entre la multitud uno que otro de sus compañeros que saltaba a la vista.
–Hey, miren quien llego.
Los antiguos compañeros de Gumball dejaron de conversar entre ellos para ver a su amigo. Gumball les sonrió y se detuvo a saludar, Marceline por su parte trato de ser amable con estos chicos que en sus tiempos de abusona habría molestado e intimidado.
Ella estaba escuchando a Gumball contar la historia de que había hecho después de graduarse cuando cerca de donde estaba Simon y Betty reconoció al tipo rubio que había visto con Betty el día de aquella fiesta. Encontró curioso ver como miraba a la pareja.
– ¿Quieres algo de ponche?
Ella había estado tan absorta en el misterio que no se percató de que Gumball la llamaba hasta que la sacudió del brazo.
–Que...si por favor...
Gumball asintio y fue hacia donde estaban las poncheras. Mientras tanto no muy lejos Fionna echaba vistazos ocasionales hacia las otras chicas, ella estaba criticando sus vestidos cuando reconoció al pelirosa; se quedó atónita cuando lo vio, estaba tan guapo en ese traje que si no fuera por su cabello rosa chicle jamás lo había reconocido.
–Oye, con quien viene tu hermano.
Bonnibel dejo de ver a Finn bailar y se enfocó en la otra rubia.
–Con Marceline–respondió con fastidio.
– ¿Abadeer? , ¿Esa Marceline?
Cuando asintio Fionna gruño, pero su mente malvada comenzó a trabajar.
–Hey, esa no es Marceline, parece que su cita la dejo sola.
Marshall Lee que estaba recargado en la pared con un vaso de ponche y una mueca de aburrimiento miro a Fionna. Antes se abría burlado junto con ella, pero hoy estaba de un humor que hasta para él era excesivo.
–Por qué no vas a hacerle compañía Marshi.
Él gruño, como odiaba ese apodo.
– ¿Por qué? –pregunto extrañado, obviamente tenía algo malo entre manos.
–Bueno, no lo sé, me aburres en este momento.
Marshall echo un vistazo hacia donde veía ella, Gumball estaba entretenido sonriéndole a la chica en turno con la ponchera.
–Sabes, creo que tienes por primera vez una buena idea.
Se sirvió otro trago y tomo un vaso más.
XX
La música era buena, la decoración mejor que la de mi noche de graduación, pero estaba aburrida aquí yo sola. Mi cita estaba hablando muy cordialmente con otra chica.
–Marcy...
Me tense.
–Creo que te dije que no quería hablar contigo.
–No lo dijiste en realidad.
– ¿Marshall que quieres?–le pregunte fastidiada girándome a mirarlo.
–Hablar...
Me entrego un vaso de ponche.
–Yo no quiero hacerlo, creo que dijimos lo suficiente cuando me engañaste con Fionna.
Sabía que era el pasado, pero estaba tan llena de rencor que no podía evitarlo.
–No puedo creer que aun recuerdes eso–señalo Marshall incrédulo y molesto. Pero yo me mantuve firme en mi opinión.
–Bueno yo no olvido tan fácil Marshall Lee.
Estaba por irme pero él me detuvo y me jalo del brazo hasta su pecho revestido de cuero. Por supuesto salte sorprendida y mire hacia los ojos oscuros del pelinegro.
–Yo tampoco Marcy–susurro apretándome fuerte.
Era como esas veces cuando después de un concierto bajaba hasta donde estaba la multitud y me abrazaba como si jamás pudiera hacerlo otra vez. Maldición, me había costado tanto olvidarlo y ahora de la nada él me lo recordaba.
Pero...
Yo no lo había olvidado...
Flash back:
Marceline regresaba al apartamento que compartía con Marshall Lee después de haber salido del consultorio de su padre completamente furiosa a causa de su pelea.
Ella quería tanto llegar y ver que las palabras de su padre eran falsas. Que no se había equivocado al escoger a Marshall como un posible compañero que la haría tomar con madures el noviazgo de su mejor amigo.
Pero...
–Marceline–dijo Fionna dejando de besar al pelinegro para ver a la chica que estaba atónita mirándolos.
–Marcy...yo...
Dejando caer sus cosas negó y salió corriendo lo más rápido que pudo. Al final no supo si fue por su propia mano o un accidente a causa de su prisa, pero dejó caer al suelo el anillo de plata con la piedra de rubí que siempre traía al cuello.
Fin Flashback
Simon miro a su amiga y frunció el ceño. Él conocía a la perfección la historia entre esos dos, el padre de Marceline se lo contaba todo cuando llamaba a la casa de ella con la esperanza de que esa vez contestara sus llamadas.
También conoció como él la había engañado y el daño que le había causado. Aun recordaba esa noche, cuando lo llamo y por primera vez en años la escucho llorar otra vez
Betty se dio cuenta de cómo cerraba sus puños en torno al vaso de cristal y miro hacia donde él estaba viendo.
– ¿Está todo bien? –cuestiono algo molesta por que era más que obvio que estaba celoso por lo que veía.
– ¡Simon!
Él no le hizo caso y fue a separar a esos dos.
Marceline suspiro y huso su mano para empujar lejos al pelinegro.
–Lo siento, pero no puedo hacer como que te perdono.
Marshall frunció el ceño.
–Es por él verdad–dijo cuando vio que el castaño iba hacia ellos con una expresión atemorizante.
–Aun estas esperando que te amé.
Marceline salto cuando Simon la tomo del brazo.
–Mantente alejado de ella–le dijo poniéndosele en frente.
–No es de tu incumbencia Petrikov.
Ambos se miraron y los chicos a su alrededor notaron que estaban a punto de pelear.
–Me temía esto.
Jake junto a Finn interfirió antes de que ambos comenzaran.
–Alto chicos, no pelen ahora.
Jake les sonrió tratando de aligerar el ambiente, pero ellos parecían estar más ocupados dirigiéndose miradas de odio.
–Ves Marceline, mira hay tienes a tu Simon.
Ella quiso decirle un montón de cosas que se había estado guardando pero el castaño la empujo detrás de él otra vez.
–Te lo advertiré una vez más, aléjate de ella...o yo...
Marshall le sonrió burlonamente.
– ¿Que aras?, ¿golpearme?
Simon dio un paso al frente pero Finn lo detuvo.
–Vamos Simon, solo aléjate. No creo que Marceline quiere que sepas sobre lo que estábamos hablando, no Marcy.
Jake vio como ella palidecía más de lo normal.
–Ok, porque no te lo dijo.
Empujo lejos a Jake y se enfrentó a él.
–Mira, es simple...Marceline siempre ha estado enamorada de ti. Si mira, ella desde que la conozco a guardado la estúpida ilusión de que un día tú la veas más que una amiga pero ve te vas a casar en unas semanas y ella...
Rio sarcásticamente.
– ¡Ella incluso estuvo a punto de casarse conmigo para que jamás descubrieras lo que siente!
Todo se quedó en silencio. Simon sintió como si la respuesta a las actitudes raras de la pelinegra le diera de lleno en la cara con la fuerza de una bola de demolición.
Marceline se quedó estática como estatua para después salir corriendo.
– ¡Idiota te voy a! –Finn grito listo para darle una golpiza a Marshall. Pero al ver su expresión cuando Marceline salió se quedó sin moverse.
–Jake...eso es verdad...
Jake miro a su amigo y no respondió, solo lo miro con tristeza.
Todo se había ido al diablo.
XX
Marceline estaba en el baño encerrada en el último cubículo cuando Gumball entro a buscarla. Él se acercó y golpeo un par de veces.
–Vete–dijo Marceline después de reconocer los zapatos.
–No.
El chico pelirosa miro hacia la puerta esperando ver a alguien entrar. Pero con un suspiro de tristeza reconoció que no era así.
–Podemos hablar.
Marceline dejo de sollozar y miro hacia el frente.
–No será necesario, no necesito tú...compasión.
–Solo quiero ayudar Marceline–susurro pegándose a la pared. Solo glob sabia cuántas veces el estuvo en su situación. Sentía como que tenía que ayudarla.
–Ya te dije que no es necesario.
En medio de su angustia ella se dio cuenta que de algo.
– ¿Cómo es que me encontraste? –pregunto pasándose el brazo por los ojos.
–Bueno, yo te seguí.
Gumball miro sonrojado hacia la puerta gastada de metal.
–Por qué.
Dejándose caer hasta el suelo Gumball confeso con un suspiro.
–Porque estás pasando lo mismo que yo cuando estudiaba aquí–respondió avergonzado–Los perdedores tenemos que apoyarnos.
Perdedores
Pensó con diversión ella sonriendo levemente.
–Eres valiente sabes–le señalo– En mi vieja escuela nadien se hubiera atrevido a llamarme así.
–Pero enserio yo...yo esto bien.
Gumball dejo de jugar con su corbata de moño y miro hacia donde se podía ver una parte del vestido purpura de la chica pensando que estaba mintiendo.
–Dijo, no es el fin del mundo...
–Si es verdad.
Gumball sonrió recordando que era lo mismo que solía pensar al final cuando pasaba la molestia y la desesperación.
–Saber Marceline, tal vez ahora parezca que es difícil. Pero te aseguro que tiene arreglo, solo tienes que dejar todo atrás y comenzar desde un punto muerto.
Dejar atrás...dejar atrás a Simon.
Marceline suspiro.
–Gumball puedo pedirte un favor.
–Claro.
–Puedes llevarme a...
Recordó que vivía en la casa de Simon.
–A otra parte, claro.
Gumball se levantó y busco las llaves de su auto. Marceline salió y miro al chico cuestionante ya que era la primera vez que alguien fuera de sus amigos más cercanos se preocupaba por ella.
–Tranquila, se dé un sitio donde puedes estar tranquila.
Ella miro su reflejo y gruño al verse tan terrible.
–Ven, podemos salir por otra parte–le explico tendiéndole la mano.
Ella asintio y se dejó conducir por él.
XX
Más tarde cuando todos regresaron a la casa Simon continuaba con la misma expresión de incredulidad. Betty no aguanto más y apenas todos se fueron a sus habitaciones se enfrentó a su novio.
–Simon–llamo molesta.
–Sí.
–No dirás nada.
–Que quieres que diga–susurro seriamente. No tenía ni idea de que decirle a su prometida, estaba tan confundido sin saber cómo reaccionar.
–Bueno, que no estás de acuerdo con eso.
El no respondió y ella tembló interiormente.
–Estas...estás enamorado de ella–pidió temerosa.
– ¿Qué?
– Lo estas si, o no Simon.
–Bueno...yo...no... No lo se
Simon sacudió la cabeza.
–Necesito...quiero estar a solas–señalo caminando hacia las escaleras mientras Betty furiosa apretó los puños.
Como odiaba a Marceline.
Ok, hola chicos acabo de leer sus comentarios y me disculpo por otra larga espera, eh estado ocupada y no he encontrado tiempo para actualizar. Pero bueno díganme que les pareció este capítulo en un comentario y les prometo estaré subiendo el próximo pronto.
Hasta la próxima :)
