¡Por fin me animé a escribir sola!
Cómo saben separamos nuestros caminos Josh y yo jaja, tenía miedo de tomar las riendas de las historias pero después de pasar horas editando EPEU (se me perdió el archivo :'( ) por fin recuperé la inspiración.
Espero les guste lo que estoy planeando jejejeje ;)
Casualidad o destino.
Syaoran parpadeó varias veces, dio un paso atrás con confusión y se aseguró que en la puerta estuviera su nombre.
"Xiao Lang Li, gerente de división"
Vio de nuevo a su secretaria la cual estaba más allá de nerviosa y evitaba mirarlo a toda costa.
Se volvió a asomar a su oficina, seguía ahí.
La castaña estaba sentada en el suelo de su oficina, detrás de la mesa ratona frente a su sillón de piel. Tenía unos audífonos en los oídos y movía el pie al compás de lo que sea que estuviera escuchando.
—Lo... Lo lamento, señor, entró con su madre y no se me permitió sacarla —susurró su secretaria con nervios.
Syaoran hizo girar los ojos y sacudió la cabeza, claro, eso explicaba todo.
—No importa, no pases llamadas —ordenó entrando a su oficina y cerrando la puerta con fuerza.
Pero la chica a unos pasos no se inmutó, ni siquiera reaccionó... Es más, empezó a mover cabeza y boca en lo que supuso era la tonada de una canción.
¿Podía ser tan distraída para no notar su presencia?
Entrecerró los ojos, no, esa mujer era capaz de ignorarlo con tal de sacarlo de sus casillas.
Caminó hasta ella y aclaró su garganta una vez que estuvo a su lado, la chica no se giró ni le dio ninguna clase de atención, así que intentó de nuevo. Nada, ahora hasta fingía tocar una imaginaria batería.
Syaoran arqueó una ceja mientras observaba a Sakura mover las manos, sintió mucha curiosidad por saber qué clase de música le causaba eso.
Aún así, tenía cosas que hacer así que agarró uno de los audífonos y lo jaló.
—¿Qué demo...? —exclamó Sakura confundida mientras volteaba.
Ojos ambarinos junto a una expresión de molestia.
—¡Chino! —dijo exaltada—. ¿No pudiste pararte frente a mí para hacerme saber que estabas aquí? —preguntó cruzando los brazos.
Syaoran frunció el ceño.
—Te llamé. —Bueno, no lo hizo pero ella no tenía que saberlo—, pero como siempre, me ignoraste.
Sakura pausó la música y sacó su lengua como si tuvieran cinco años.
—Ves que estoy escuchando música y...
—¿Qué escuchabas? No reconocí lo que tocabas en tu batería imaginaria —se burló mientras caminaba a su escritorio con una sonrisa socarrona.
Sakura se sonrojó.
—Nada de tu incumbencia, chino del demonio.
Syaoran sonrió y sacudió la cabeza, movió el mouse de su PC y reactivó su sesión.
—Dijeron que viniste con mi madre.
La vio asentir mientras se levantaba del suelo y sacudía sus pantalones de vestir.
—Fue a la oficina a presentarme las fundaciones que escogió —contó acercándose y entregándole dos folders.
Syaoran la vio con confusión pero los tomó. Abrió uno y frunció el ceño con exageración. Sakura incluso notó que se puso algo tenso.
—Dijo que había que visitar ambos lugares, ella irá al asilo y nosotros...
—A la casa hogar —concluyó Syaoran en un hilo de voz.
Sakura lo vio con escepticismo pero asintió.
El castaño suspiró y sacudió la cabeza pero cerró los folders y se puso a ver algo en su computadora.
—Te aviso cuando tenga tiempo libre, hoy quiero avanzar con unas cosas y en la semana debo visitar a los inversionistas —comentó sin mirarla.
Sakura cruzó los brazos y lo observó con enojo, él trató de ignorarlo hasta que no pudo más.
—¿Qué? —espetó volteando.
—¿Me estás corriendo?
—Sí.
Los orbes verdes de la chica se abrieron de manera graciosa, Syaoran tuvo que resistir la risa. Era demasiado fácil molestarla.
—Pero... Yo tengo tiempo libre, podemos ir...
—Lástima.
Sakura lo vio incrédula, no podía creer que había ido con la seguridad de que irían al orfanato. Ahora tendría que regresar a su oficina y poner su cara de idiota por haber pedido la tarde libre.
—¿Por qué haces esa cara? No me digas que creíste que me pondría a tu disposición —cuestionó Syaoran apagando la pantalla de su PC.
Sakura lo vio con enfado.
—No tanto así, pero supuse que si tu madre fue era porque ya sabías lo que teníamos que hacer —dijo con los brazos cruzados.
Él bufó y sacó su celular, mandó un mensaje antes de sacar una pila de archivos de uno de sus cajones.
—¿Ves esto? Debo revisar la fusión y entregarle un resumen a Meiling para la junta de pasado mañana, no puedo ir...
—¡Te ayudo! —exclamó Sakura tomando el primer folder.
Syaoran abrió los ojos con sorpresa y negó, ¿esa mujer no captaba indirectas?
—No sabes nada de la empresa...
—Se me informó hace tres meses de todo sobre la compañía, ¿por qué crees que soy tu publicista?
—¿Una maldición?
Ojos verdes lo vieron enfurecidos y él chistó.
—No vamos a ir, me niego a cambiar mis planes por ti... —Se detuvo notando la sonrisa maliciosa que Sakura formó en su rostro, incluso arqueó una ceja en ademán de confusión—. ¿Qué?
Sakura hizo la cabeza de lado.
—Puedes dejar que te ayude e ir al orfanato hoy que estoy libre... O esperaré a que estés libre para mandar a mi asistente...
Syaoran la vio atónito, luego entrecerró los ojos, sabía lo mucho que le incomodaba la asistente y lo estaba usando a su favor.
—Te odio —espetó.
Sakura le dio una enorme sonrisa.
—¡Gracias!
Eriol le enseñó los contratos a Meiling, algunos estaban marcados con rojo y tenía anotaciones en pegatinas en las esquinas.
—Debí negarme, mi tía no puede tener tanto poder como para exigirles a mis padres que haga esto —murmuró frustrada, le dolía la cabeza de tanta información.
Su amigo le dio una sonrisa y señaló una de las anotaciones.
—Las hice para facilitarte el trabajo, Syaoran te va a hacer un resumen y el equipo que te va a respaldar es el más preparado —comentó, ambos se sobresaltaron cuando el celular de Eriol vibró en el escritorio, el nombre de "Tomoyo" apareció en la pantalla.
Vieron el aparato hasta que se apagó y ella lo miró con confusión.
—¿Por qué no contestaste?
El chico frunció el ceño y clavó la mirada en uno de los contratos.
—Porque estoy trabajando, no puedo estar a su entera disposición —alegó.
Meiling cruzó los brazos.
—¿Desde cuándo? El Eriol que conozco fue capaz de cancelar una junta para ir a socorrerla cuando quedó atrapada en una tormenta.
Su amigo le dio la espalda y fingió buscar algo en el archivero detrás de su escritorio.
—Es diferente, las cosas son diferentes, si necesita apoyo debe buscar a Syaoran.
Meiling apoyó un codo sobre el escritorio de caoba y puso la barbilla en su mano.
—Suenas celoso.
Eriol sintió su corazón dar un brinco y su estómago revolverse. Aclaró su garganta para tragar el nudo que se le había formado.
—No es así, Tomoyo debe aprender que no estaré ahí siempre...
—¿Para levantar sus piezas rotas? —interrumpió.
Eriol suspiró y se quitó los lentes, frotó sus ojos con cansancio.
—Ayer la llevé a casa y habló de la subasta todo el camino, dijo que sería una perfecta oportunidad para que conozca a alguien. —Tomó asiento frente a la pelinegra—. No dudo que en cualquier momento intente algo con Sakura, ella y sus ideas románticas.
Meiling lo vio con preocupación, su amigo realmente se veía cansado en más de un sentido.
—¿No te atrae? Eran amigos, algo...
Él le dio una sonrisa triste y negó. Meiling se sintió incómoda ante la declaración, sabía bien lo que Sakura sentía por su ex mejor amigo.
—Bien dijiste que hay cosas que no se pueden forzar —masculló abrumado y suspiró—. Aunque también lo quieres hacer —completó dándole una mirada significativa.
Meiling desvió su atención.
—Sí, bueno, mejor sigue explicando estos contratos.
Eriol rio pero asintió.
La música ambiental no hacía mucho por relajarla, odiaba los lugares pequeños a causa de un accidente.
Cuando era pequeña, se quedó atrapada por cinco horas en un baúl de madera dónde se escondió en un juego. No se dio cuenta que el pestillo se cerró y para cuándo intentó salir no pudo.
Estaban en casa de su abuelo, era una enorme mansión a las afueras de Tomoeda. Para cuándo la mucama la encontró, tenía la voz ronca, el rostro enrojecido por las lágrimas y unos cuantos rasguños en sus nudillos por las veces que golpeó la madera para tratar de que la escucharan o liberar el pestillo.
Desde ahí se volvió un tanto claustrofóbica, los elevadores le causaban ansiedad, sobre todo ante el miedo de quedar atrapada en uno.
Normalmente usaría las escaleras, pero ya iba tarde así que no tuvo opción.
Exhaló varias veces por la boca, era el ejercicio que su psicólogo le enseñó para controlar los ataques de pánico. A veces funcionaba, otras no.
Esperaba que esa fuera una de las que sí pues no quería llegar con los dueños de la empresa sudada o alterada.
El elevador tintineó y se detuvo pisos más abajo al que iba, ella frunció el ceño extrañada pero esperó a que las puertas se abrieran. Cuando lo hicieron ojos grises la vieron con sorpresa.
—¡Tomoyo!
Ella ladeó la cabeza y lo vio con curiosidad, vestía jeans con camisa blanca y saco azul. Nada como lo que usaba en las pocas veces que lo había visto.
Lien entró sintiéndose rata de laboratorio, de pronto no estuvo muy seguro de su elección de ropa.
—Ya, me veo mal, quedó claro —suspiró pasando la mano por su cabello con frustración, vio su reflejo en uno de los espejos que lo rodeaban.
—No dije eso, pero nunca te había visto vestido así.
Él le dio media sonrisa.
—Nunca tuve la necesidad.
Tomoyo miró los números comenzar a iluminarse, notó que Lien no presionó ningún piso.
—¿No vas a...?
El chico negó.
—Parece que vamos al mismo sitio —río—. Mi padre quiere que haga el intento por involucrarme en su empresa y ya que Meiling parece que se va a quedar...
Tomoyo lo vio con interés.
—¿De qué es la empresa?
—Una constructora, no te preocupes, seguro vas a la oficina de enfrente que es una compañía de exportaciones.
Ella le dio una sonrisa y el elevador se detuvo, Lien estiró su mano dándole el paso.
—Primero las damas.
Tomoyo sonrío agradecida y ambos salieron del elevador. Efectivamente iban a polos opuestos del edificio.
—Nos vemos después —le dijo él comenzando a caminar a su destino.
Ella asintió pero de pronto recordó algo que había llamado su atención el día anterior.
—¡Líen! —Se detuvo y la miró—. ¿Conoces bien a Sakura?
El chico se tensó ante la pregunta, miró hacia la puerta del despacho de su padre antes de regresar su atención a ella.
—Quiero creer que sí.
Tomoyo le dio una amplia sonrisa y caminó hasta él.
—Tengo un amigo soltero que creo que haría buena pareja con ella —susurró con picardía.
Lien arqueó una ceja con incredulidad, ¿nadie le había dicho que era su ex?
—¿Eriol? —cuestionó forzando su voz a sonar neutral.
Ella le dio un guiño y él suspiró con pesadez, casi tuvo ganas de darse con la palma en la frente. Miró el reloj en su mano y luego de nuevo la puerta, iba diez minutos tarde.
—Algo me dice que vamos a tardar lo mismo, ¿quieres ir a tomar algo después?
Tomoyo recordó que Eriol había ignorado sus llamadas para ir a cenar así que...
—Bien, el que salga primero espera en el lobby.
Lien asintió y tras despedirse con un intento de sonrisa, se encaminó a la oficina de su progenitor. Se estaba metiendo en lo que no debía pero igual y conocer a la competencia le ayudaría.
Casi vio a Meiling haciendo girar los ojos con irritación. Quería a Sakura de vuelta por su absurda culpa, eso estaba mal en muchos niveles.
Pero prefería seguir engañándose.
Se detuvieron frente a una casona con varias ventanas y una enorme puerta de madera al frente, Sakura miró el lugar extrañada y él con aprehensión. Conocía bien el sitio, lo visitó por meses durante su niñez.
Ambos bajaron del auto. Sakura miraba hacia arriba y él se puso a su lado.
—Faltan la mitad de archivos —le recordó por enésima vez.
Sakura empuñó las manos, tuvo el infantil impulso de pisarle un pie pero se contuvo cuando una monja abrió la puerta y los recibió con una enorme sonrisa.
—Ya te dije, chino del demonio, que una vez salgamos de aquí lo terminaremos —susurró antes de regresarle la sonrisa a la monja que bajó las escaleras para saludarlos.
Escuchó a Syaoran reír con sarcasmo.
—Te creeré —alegó con ironía.
La monja se acercó y tomó con ambas manos la de Syaoran, sus ojos estaban llenos de lágrimas.
—¡Xiao Lang! ¡Estás enorme! —exclamó emocionada.
La castaña la vio con sorpresa, que aumentó al ver el gesto del chino a su lado, estaba lleno de ternura.
—Ha pasado tiempo —le dijo.
La monja asintió y puso la vista en ella.
—¿Ella es...?
—Yin...
—Sakura —interrumpió dándole su mano y viendo con ojos entrecerrados al hombre a su lado antes de darle una sonrisa a la mujer—. La publicista que manejará el evento de caridad.
La mujer hizo una reverencia antes de regresar la atención a Syaoran.
—¿Mi niña? ¿Está bien?
Sakura notó como suspiró antes de asentir y la mujer puso ambas manos frente a ella antes de hacer otra reverencia.
—Pasemos, está todo listo —les indicó extendiendo un brazo.
Syaoran puso una mano en su espalda y la empujó hacia el frente, casi tropezó con uno de los escalones y lo escuchó reír en voz baja.
—Torpe —susurró él.
—Idiota —espetó ella.
Quince llamadas perdidas fue un nuevo récord. Trataba de no preocuparse ante la insistencia pues si fuera algo grave Syaoran ya lo hubiera llamado.
Dejó el celular a un lado antes de que el semáforo cambiara de color, al menos desde hace dos horas ya no había llamado.
Suspiró mientras giraba el volante y se introducía a un estacionamiento en la parte baja de un edificio. Una vez que se estacionó, apagó su celular y lo guardó en la bolsa interior de su saco.
Salió de su vehículo y se encaminó al elevador, cuando entró, recordó lo mucho que le asustaban a Tomoyo y cómo se aferraba a él cuando iban juntos en uno.
Sacudió la cabeza para librarse del recuerdo a la par que se abrían las puertas para que bajara a su destino.
Pasó a un lado de la recepción dónde una mujer rubia le hizo un leve asentimiento y siguió de largo hasta la puerta del fondo.
Tocó tres veces y esta se abrió, un hombre de avanzada edad, con cabello canoso lo recibió.
—¡Hiragizawa! No esperaba tu llamada tan pronto —exclamó el hombre permitiéndole entrar, su acento era bastante acentuado a causa de la mezcla de idiomas.
—Me tomó menos tiempo del esperado decidir, señor Ortega.
El hombre se sentó detrás de un imponente escritorio de madera oscura y empujó un folder en su dirección cuando Eriol tomó asiento.
—Y haz decidido lo mejor, España te espera con los brazos abiertos.
Eriol trató de mostrarse emocionado o siquiera agradecido, pero solo logró asentir antes de abrir el folder y revisar por quinta vez el contrato frente a él.
Una vez firmado no había vuelta atrás.
Leyó las clausulas que ya se sabía de memoria y pasó las hojas hasta donde su nombre estaba impreso esperando una firma. Si la plasmaba, en seis meses estarían esperando su presencia en las oficinas centrales en España, tiempo en el que podría cambiar todo... O nada.
Recordó el beso que Tomoyo le dio a Syaoran antes de susurrarle algo al oído la noche anterior y tomó la pluma que el señor Ortega le ofreció.
Nadie levantaba sus parte rotas cuando él se quebraba. Y ya no soportaba ver a sus amigos de esa manera.
Plasmó su firma sobre su nombre y cerró el folder, era tiempo de dejar al amor de su vida atrás y comenzar a tomar otros rumbos muy lejos de China.
La última vez que Syaoran visitó el orfanato tenía catorce años y acudió con sus padres. Diez años habían pasado desde entonces y aún se sentía incómodo en el lugar.
La edad no lo preparó nunca para mentirle en la cara a una persona tan cercana.
—Yelan vino hace dos meses, me enseñó unas cuantas fotos, se puso realmente preciosa —dijo la mujer que caminaba a su lado.
Syaoran asintió mirando disimuladamente a su alrededor, el lugar no había cambiado nada, seguían existiendo esos lugares donde de pequeño se llegó a esconder jugando con ella.
—Acaba de regresar —le contó—. Y sigue igual de irritable.
La directora del orfanato rio, se detuvieron frente a unas escaleras que bajaban al patio principal.
—Dijo que se negaron a decirle la verdad, ella no recuerda y prefieren mantenerlo así —comentó la mujer.
Syaoran suspiró y bajó la mirada, por eso también la evitaba tanto, quería decirle, era justo que supiera pero se lo habían prohibido.
—No está en mis manos.
—Lo sé, Xiao Lang, también sé que por eso dejaste de venir.
Ojos ambarinos la vieron con culpa pero solo recibió una sonrisa empática.
—Tienes la manía de querer cargar con todo en silencio, poner a otros antes de ti, eres muy noble pero eso te puede privar de realmente vivir.
Syaoran abrió la boca para intervenir pero un melodiosa risa llamó su atención. Él y la directora posaron su vista sobre lo que pasaba en el jardín principal.
Niños corrían con globos de agua, reían y se divertían y cierta castaña los correteaban a pesar de estar totalmente empapada.
—¿Cómo dijiste que se llama?
Syaoran no apartó la vista, cargó a una de las pequeñas y gritó en medio de una carcajada cuando otro de los niños les aventó un globo que explotó en su espalda.
—Sakura —respondió notando cómo sus ojos se iluminaban, se veían realmente verdes debajo del sol en medio de risas inocentes.
Escuchó a la directora carraspear y volteó, tenía una mirada indescifrable en su rostro pero le sonreía con ternura.
—¿Qué? —cuestionó confundido.
La mujer sacudió la cabeza.
—No dejes escapar la felicidad, Xiao Lang.
Él frunció el ceño extrañado y regresó su atención a la castaña que de pronto lo miró y le dio su primer sonrisa sincera... Que él sin realmente notarlo regresó.
Tengo armado el otro capítulo, solo debo completar unas cosas pero espero no tardar mucho.
Y sí, voy a complicar todo jajajaja
¡Espero les guste!
