NI IDEA

…de qué estoy escribiendo. ¿Canon, what if, semi-AU? ¿Humor, romance, drama? ¿Eremika, Rivetra, crack? ¿Relaciones, traiciones, inversiones? Colección de one-shots de todo tipo, cual cajón de sastre. ¡El espectáculo debe continuar! Inspirado en "Momentos" de Chica Plutonio. NI IDEA 8 – REENCUENTRO: Mikasa Yeager y Eren Ackerman comparten un momento de intimidad, antes de continuar.

NOTA DEL AUTOR – No tengo remedio… Ya lo he vuelto a hacer.

Al final, este capítulo tampoco será el último. Podéis esperar un "Reencuentro (III)" para la Ni Idea 9; espero que disfrutéis con ésta mientras tanto.

¡Que continúe el espectáculo!


NI IDEA 8 – REENCUENTRO (II)

Publicado el 15 de febrero de 2016, con una extensión de 5.371 palabras.


Y el soldado Eren Ackerman dejó escapar un grito que resonó con estremecedora claridad en todo el cuartel.

Un grito de impotencia, desesperación… y rabia.

Mikasa Yeager sintió como si un puño gigantesco desgarrase su alma; como si la agonía de Eren se convirtiese también en la suya propia; como si el hilo del destino que unía a ambos les permitiese compartir aquellos sentimientos tan intensos.

Pero fue todavía peor cuando el muchacho lanzó su puño contra el suelo y golpeó con tanta fuerza que la tierra se agrietó bajo sus nudillos. La chica, horrorizada, oyó un crujido; ya no estaba segura de que él siguiese teniendo todos los huesos intactos. Se habría esperado un nuevo grito; en cambio, el silencio que se hizo a continuación fue mucho más aterrador.

La tensión se sentía en el aire, tanto que casi podía partirse con un cuchillo; y siguió aumentando, hasta el punto de volverse insoportable. Mikasa ya no sabía cuánto más podría aguantar: le costaba respirar, su corazón parecía haberse detenido y el mundo entero se había paralizado; esto último no era sólo impresión suya, los demás también se habían quedado quietos.

"Puede pasar cualquier cosa, no tengo ni idea de cómo va a terminar esto… ¿Que debería hacer? O mejor no hacer nada… Antes estuve a punto de transformarme. ¿¡En qué narices estaba pensando!? No quiero empeorar la situación más todavía… Maldita sea, ¿es que los otros tampoco van a hacer nada?"

Y sin embargo, al final quien actuó no fue Levi, ni Petra; esa decisión la tomó otra persona completamente distinta. Difícil saber si eso sería bueno o malo; en todo caso, ellos ya habían perdido su oportunidad. Quizás aquella persona fuese en realidad la única capaz de irrumpir en mitad de toda esa tensión… haciéndola saltar por los aires, hecha añicos.

–¡Aaaaquí viene el médicoooo!

Y de repente apareció una mujer alta y delgada, con gafas, los cabellos castaños recogidos en una cola de caballo tan alocada como ella misma; simplemente única e inconfundible, irrepetible e inigualable.

Capitán Hange Zoe, Jefa de la División Científica de la Legión de Reconocimiento.

Difícil describirla; sería más sencillo incluir su nombre como una palabra nueva en el diccionario.

Su voz aguda y penetrante sorprendió a Mikasa por completo; casi siempre lo hacía. La muchacha tuvo que contenerse para no dar un salto, asustada; aunque era de esperar que "la Loca" volviese a aparecer cerca de ella, tarde o temprano.

Corrían tiempos más oscuros, la primera vez que se vieron; la joven cambiante estaba encerrada en una celda, a la espera del juicio donde se decidiría sobre su destino, custodiada por la Policía Militar hasta entonces. Ya en ese momento Hange parecía haberse propuesto, como un juego, intentar pillar desprevenida a Mikasa y provocarle de paso un infarto: la Capitán se había "presentado" lanzándose contra los barrotes, casi metiendo la cabeza entre ellos, con los intensos ojos marrones brillando emocionados por haber conocido al fin a su adorada Chica Titán; y ella, naturalmente, se había sentido un poco incómoda con todo aquello.

"Sé que casi todos en la Legión tienen alguna que otra peculiaridad, pero lo de Hange ya pasa de castaño oscuro. ¡Esta mujer parece no tener término medio! Eso sí, tratándose de titanes, no hay nadie que sepa más que ella."

Al principio, maravillaba la forma entusiasta en que la científica podía hablar durante horas sobre su tema favorito; aunque ese entusiasmo, a la larga, más que contagioso terminaba resultando agotador… algo que no parecía importarle demasiado a Hange, como si ella viviese en un mundo propio con reglas muy distintas. Sin embargo, en ocasiones, la excéntrica oficial conseguía transformarse en la persona adulta y responsable que se suponía que era; su carácter extrovertido también contribuyó, en parte, a que Mikasa fuera sintiéndose cada vez más cómoda dentro del Escuadrón.

Por otro lado, aquello podría ser en realidad la excepción que confirmaba la regla; a veces, Hange sonreía y miraba a la joven de un modo que le hacía sentir escalofríos… como si la Jefa se estuviera planteando (sin molestarse demasiado en disimular) cuál sería la mejor manera de diseccionar a una cambiante para descubrir los secretos que ocultaba en su interior.

La Capitán Zoe podía ser intensa, como un fuego que ardiese con demasiada fuerza; y si uno pasaba mucho tiempo a su lado, o se acercaba lo bastante, las llamas dejarían de reconfortar y terminarían consumiendo al incauto. Hange también era un persona fuerte, a su manera, pero con menos control que Levi o incluso que Eren (lo cual ya era decir bastante); y eso, en cierto modo, la convertía en la más peligrosa de los tres.

Durante un breve instante, con extraña lucidez, Mikasa se preguntó si los demás también la verían así a ella, por su habilidad de transformarse en titán: algo que debía manejarse con cuidado, como un barril de pólvora, que podía explotar y arrasarlo todo en cualquier momento; aunque la respetaran y temieran por eso, aquella idea no le consolaba demasiado… porque si al final había una explosión, del barril no quedaría absolutamente nada. ¿Acaso era ella la mayor fuente de peligro para sí misma? ¿Acabaría extinguiéndose, consumida por su propio poder?

Por fortuna, los acontecimientos del presente la ayudaron a escapar de sus lúgubres reflexiones.

De momento, Hange era la única que había aparecido; pero ella sola se bastaba para llenar con su presencia aquel silencio incómodo, haciendo que la tensión se rebajara considerablemente, como por arte de magia. Petra, acostumbrada ya a las excentricidades de la científica (aun siendo tan distintas las dos no se llevaban mal del todo), consiguió mantener una expresión neutra, ya más tranquila. Levi, en cambio, ahogó un gruñido de exasperación; poco le faltó para poner los ojos en blanco.

La Jefa, en vez de la capa de su uniforme, llevaba a la espalda una abultada bolsa del mismo color verde; y en su brazo, colgando del asa, un cubo de madera con agua. Se acercó a paso ligero, tan desenfadado y desinhibido como ella misma; sonreía de oreja a oreja, completamente ajena (o al menos eso parecía) al tenso ambiente en el que había irrumpido.

De pronto, Hange dio un salto y se agachó justo enfrente de Eren, que no pudo evitar echarse para atrás de la impresión; el muchacho pasó, de apoyarse con el puño y la rodilla, a quedar sentado sobre sus posaderas. Aunque casi se le escapó una risilla tonta, porque la situación resultaba un poco ridícula, Mikasa se sintió más aliviada al ver que la expresión de su hermano era ya más de incredulidad y desconcierto, en vez de ira mal contenida.

El joven Ackerman, todavía con la cara manchada de sangre, siguió observando a la mujer que había aparecido delante de él, como si no terminara de creerse lo que veía; mientras tanto, la científica sacó de su bolsa un gran paño de algodón blanco.

–Tú tranquilo, ¿eh? –le dijo Hange a Levi, girando un poco la cabeza hacia él pero sin llegar a mirarle directamente–. Que los suministros médicos sí los tengo limpios, lo bastante como para recibir tu sello de "aprobado por el maniático de la limpieza".

El Capitán se había convertido con el tiempo en un maestro, a la hora de ocultar sus auténticas emociones; pero con su compañera hizo una excepción y dejó escapar un gruñido, única muestra de esa exasperación resignada que caracterizaba sus interacciones con la castaña. Por lo demás, su expresión permaneció impasible; como si el Soldado más Fuerte no se hubiera enfrentado, tan sólo un momento antes, a alguien casi tan fuerte como él.

Sin embargo, Mikasa creyó ver, a través de ese férreo control de las emociones (algo con lo que ella también estaba familiarizada), que Levi ya se sentía menos tenso; al igual que los demás, sabía que el momento crítico ya había pasado y, en comparación, lo que quedaba era más fácil.

"Aun así, ¡todavía puede pasar cualquier cosa! Cuidado, Hange, cuidado con lo que haces. Eren no es de los que se toman a bien ciertas…"

Y la Capitán Zoe, como si le hubiese leído la mente y luego hubiera decidido hacer justo lo contrario, empapó el paño en agua y prácticamente se lo estampó al chico en toda la cara. Mikasa no estaba segura de qué pretendía la Loca: si limpiarle la sangre a Eren, o hacerle sangrar más todavía. Naturalmente, se oyó un gruñido ahogado por el blanco tejido, que iba volviéndose rosado al contacto con las heridas. La chica podía sentir, casi como propia, la tensión e incomodidad de su hermano… aunque al final el muchacho terminó calmándose y se dejó hacer por Hange, que siguió lavándole.

En realidad, Mikasa no pudo evitar que asomara una sonrisa a sus labios, porque con su madre ya solía ocurrir lo mismo: Eren se resistía al principio, pero luego terminaba aceptando esos cuidados, después de haberse peleado otra vez con los matones del barrio, algo que sucedía bastante a menudo. En ese sentido, él era muy "generoso": siempre daba mucho más de lo que recibía.

Hange retiró el paño un momento, lo lavó en el cubo y después volvió a pasarlo por la cara del muchacho, ahora con más cuidado. De hecho, la científica parecía mucho menos atolondrada que de costumbre; a la mente de Mikasa acudió una palabra, "ternura"… que le hizo menear la cabeza, incrédula, pues normalmente no la asociaría a la Loca. Sin embargo, la expresión de Zoe se había suavizado; ya no sonreía de esa manera tan exagerada (y un poco siniestra) e incluso tenía cierto aspecto de soñadora.

"¿Acaso hay algo en Eren que le hace pensar que está cuidando a uno de sus queridos titanes? O quizás sea otra cosa… aunque ahora mismo no se me ocurre cuál."

–¡Bueno! Ya casi está como nuevo –dijo Hange alegremente, retirando el paño por última vez y dejándolo caer en el cubo; luego empezó a rebuscar en su bolsa–. Nada grave, sólo algunos cortes superficiales. Creo que ni siquiera harán falta puntos, bastará con limpiar bien… –Zoe sacó varios algodones pequeños y un frasco de alcohol; siguió mirando al chico con amabilidad, mientras hacía bolitas y las humedecía con el desinfectante–. ¡Has tenido suerte! Cualquiera de esos golpes podría haberte roto algo. O quizás no ha sido cuestión de suerte… ¡Debes estar hecho de acero! Me recuerdas a alguien, je je.

–Hum… –intervino Petra suavemente, mientras se acercaba con Mikasa al pequeño grupo–. ¿Cómo puedes estar segura de que Er… Ackerman no se ha roto nada? –Ral dirigió al muchacho una mirada de reojo, entre temerosa e irritada, pero su ligera hostilidad no fue más allá–. ¿Y ni siquiera examinas al Capitán?

–¡Bah, él está bien! –contestó Hange mientras movía una mano, como quitándole importancia; siguió centrada en curar las heridas del joven, que frunció levemente el ceño y apretó un poco los dientes al primer roce con el alcohol–. Si se cayera al suelo desde una altura de cien metros, je je, ¡habría que preocuparse por el suelo! Y en cuanto al apuesto mozo aquí presente, bueno, no me importaría examinarle con más detalle… –aunque no apartó la vista de él, continuó dirigiéndose a otra persona–. ¡Por un interés puramente científico, claro está! No hace falta que ponga usted esa cara, soldado Yeager.

"¿Tanto se me ha notado? Qué raro, ella ni siquiera se ha dado la vuelta."

Sin embargo, esa punzada de celos tampoco fue más allá, porque inmediatamente después Hange se rascó la nuca con la mano libre, un poco avergonzada… y Mikasa casi sintió un escalofrío; porque aquel gesto, por un momento, le hizo creer que tenía delante a Sasha.

"No, ya en serio. Ponle unos cuantos años más, gafas y una cola de caballo alta, el mismo entusiasmo por la comida que por los titanes… ¡y Sasha es Hange! ¿Acaso son parientes? Porque eso explicaría unas cuantas cosas."

Aquella idea también le ayudó a mantener a raya los celos; porque se daba cuenta de que Hange, como Sasha, solía decir lo primero que se le pasaba por la cabeza, sin mala intención (al menos no del todo) y quizás sin ser plenamente consciente de las distintas interpretaciones que podían darse a sus palabras.

Una vez más, Mikasa se zafó de sus reflexiones (aunque no tan lúgubres como las de antes) y regresó al presente, donde Hange explicaba algo con su exuberancia habitual mientras le daba los últimos retoques a Eren; el muchacho ya parecía más tranquilo, como si hubiera terminado acostumbrándose a las excentricidades de aquella mujer, incluso poco después de haberla conocido.

–…así que, después de ver destrozados a buena parte de mis camaradas, y ayudarles con todo tipo de lesiones porque a menudo soy la única que queda en pie por allí cerca, pues… Bueno, supongo que ya he desarrollado una especie de sexto sentido. Me basta echarle un vistazo a alguien para saber enseguida si se ha torcido o roto algo, o si anda mal del estómago… Quizás también tiene algo que ver, je je, eso que llaman instinto femenino.

Y justo en ese momento, Levi resopló por la nariz, como diciendo "ya me sé yo lo que tú tienes de femenina"; al menos no había empezado a insultarla todavía, pero sólo era cuestión de tiempo.

–Bueno, pues ya está –continuó Hange, ignorando a su compañero; seguía observando al muchacho con sus grandes ojos castaños–. ¡Como nuevo! Tenía yo razón, ni siquiera te van a hacer falta puntos. ¡Menuda resistencia! Y creo que también un buen factor regenerativo… Oye, tú no serás por casualidad en parte titán, ¿no? –Eren la fulminó con la mirada y ella alzó las manos–. ¡Vamos, tampoco hay que ponerse así! Sólo era una broma. Aunque sería fascinante… Oye, lo que dije antes sobre examinarte iba en serio. Puro interés científico, naturalmente. Si luego tienes un rato libre y quieres pasarte por…

–Oye, Cuatro Ojos –la cortó Levi; en su tono había algo de fastidio… y quizás también diversión–. Déjalo ya, que estás asustando al pobre.

–Yo no tengo miedo –habló por primera vez Eren, mirando al Capitán, de nuevo con el ceño fruncido.

El veterano se limitó a mirar al chico en silencio, con una expresión neutra; esta vez Mikasa no pudo adivinar lo que había debajo. Petra, que estaba a su lado, volvió a tensarse al presentir una nueva confrontación. Hange en cambio, ajena por completo a la situación (o al menos lo aparentaba), siguió tranquilamente a lo suyo, como absorta en su propio mundo.

–¡Bueno! Eso que dices también es interesante.

Acto seguido la científica, sin dejar de sonreír y sin previo aviso, tomó por el brazo a Eren y tiró de él hacia arriba. El muchacho no se lo esperaba y se tensó al principio, pero luego terminó aceptando esa ayuda y se puso de pie gracias al impulso de la mujer. Sin embargo, Hange siguió agarrándole, mientras continuaba hablando con una sonrisa.

–Dices que no tienes miedo, pero eso es imposible. En realidad, todos tenemos miedo. Supongo que lo que quieres decir es que tu miedo no te impide hacer lo que tienes que hacer. Vamos, que puedes controlarlo.

Se notaba que la sonriente oficial iba apretando cada vez con más fuerza. La expresión de Eren fue cambiando poco a poco, hasta convertirse de nuevo en una máscara de hostilidad. Mikasa miró de nuevo a sus camaradas: a Petra se la veía incómoda, pero Levi seguía sin mostrar emoción alguna. La muchacha ya volvía a plantearse hacer algo, antes de que las cosas fueran demasiado lejos…

Y de pronto Hange dejó de sonreír; Mikasa casi se asustó al verla así, mucho más seria de lo habitual, tan repentinamente.

–Sólo un idiota no sentiría miedo –continuó la Jefa; su voz era tan fría como su expresión–. Y claro, luego el idiota se pondría a hacer idioteces, como atacara a un oficial superior sin provocación previa…

¿Sin provocación previa?

Mikasa parpadeó, incrédula; después vio, creyó… y sintió un temor todavía mayor.

Porque si la expresión de Hange era fría… la de Eren en cambio resultaba gélida: hielo tan frío que quemaba, igual que el fuego de su furiosa determinación, capaz de abrasar a quienes él consideraba sus enemigos; y así era como miraba ahora a la Capitán Zoe.

¿Sin provocación previa? –repitió el joven, enseñando los dientes en una mueca de ira mal contenida; sus ojos claros, que volvían a echar chispas, eran los de alguien capaz de matar.

No le hizo falta gritar ni insultar, ni siquiera tuvo que levantar la voz; y aunque no atacó a la mujer, sí puso su mano encima de la de ella, con la que aún le sujetaba… y la científica, con expresión incrédula y dolorida, la apartó rápidamente, para sacarla de aquella presa implacable de acero.

Y fue entonces cuando Mikasa oyó más voces.

–¡Me da igual lo que ella dijera antes, esto ya pasa de castaño oscuro! ¿¡De verdad vamos a dejar que el niñato de mierda éste…!?

–Mantened la calma. Seguramente hay una explicación para todo esto.

–Pero tiene razón, no podemos quedarnos de brazos cruzados. Hay que terminar con este despropósito.

La chica miró en aquella dirección y sintió que se le caía el alma a los pies; porque vio acercarse a tres hombres, tres legionarios, con sus capas verdes y sus equipos completos… incluyendo las espadas.

Eran los otros tres miembros del Escuadrón de Operaciones Especiales, a los que iba conociendo mejor conforme pasaba más tiempo con ellos.

Gunther Schultz hablaba con un tono tan firme y sólido como su aspecto; llevaba los cabellos negros peinados hacia atrás, terminados en una especie de cresta sobre la coronilla; sus ojos azules, normalmente amables y sonrientes, observaban ahora la escena con un brillo frío e implacable.

Eld Jinn, alto y delgado, caminaba como de costumbre junto al moreno; solía ser el más tranquilo incluso en situaciones tensas (como el incidente de la cucharilla), dispuesto a pensar antes de actuar; se recogía los rubios cabellos en un moño con una cola corta; sus ojos oscuros casi siempre miraban a su alrededor con calma, aunque tendía a mostrar un peculiar sentido del humor cuando la cosa se ponía seria (sobre todo si era cuestión de vida o muerte).

Y el último de los tres, con un lenguaje corporal bastante hostil, era el fanfarrón de Auruo Bossard; sus ojillos color avellana siempre parecían entrecerrados; los rizados cabellos marrón claro, más cortos en las sienes y la nuca, calcaban claramente el estilo del Capitán, de quien también había copiado el pañuelo al cuello.

"La verdad es que, con esa cara que tiene, me recuerda a alguien. ¿Tendrá algún parentesco con… ? En cualquier caso, seguro que ha sido él quien ha dicho antes lo del niñato de mierda, eso se lo podría haber guardado. Siendo tan bocazas, no me extraña que se muerda la lengua cada dos por tres. ¡A ver si te mueres un día y nos dejas en paz a los demás, tío plasta! Y no soy sólo yo, Petra también lo ha dicho ya en más de una ocasión, si ha conseguido fastidiarla incluso a ella… Está claro que Auruo no es mal soldado, porque un patán absoluto no duraría tanto tiempo en el Escuadrón. Pero si dejase de imitar al Capitán, y se acostumbrara a pensar un poco más antes de hablar, y respetase a su compañera, entones quizás yo podría respetarle a él. Ahora mismo…"

Mikasa siguió la mirada del Eren, que iba alternándola entre el grupo de recién llegados y la mesa donde había dejado antes sus espadas; pero los tres hombres se habían interpuesto entre él y la mesa, cortándole el camino más directo a las armas.

"Aun así… Ellos han traído sus espadas, Eren es capaz de quitárselas y usarlas igual. Sé que no es una pelea que él pueda ganar, pero también sé que eso no le detendrá." Observó a su hermano y vio que aquel breve respiro le había bastado para recuperarse, lo suficiente como para plantarle cara a tres legionarios armados. "La cuestión no es si ganará, la cuestión es cuánta gente terminará en el suelo antes de que puedan detenerle." Por un instante, Mikasa volvió a pensar en transformarse para actuar de escudo y proteger a su familia. "Aunque… ¿Y si pierdo otra vez el control y le hago algo peor que una herida en la ceja? Por no hablar de cómo reaccionarán los demás, si la transformación es deliberada. Toda esa confianza, que tanto me ha costado conseguir, la perdería de golpe… Maldita sea, Eren, las cosas ya se estaban arreglando. ¿Por qué has tenido que venir a complicarlo todo de esta manera?"

Sin embargo, al mismo tiempo, Mikasa sabía que estaba siendo injusto con él; Eren siempre la habría protegido, o al menos lo intentaba, aun sin pensar demasiado en las consecuencias de sus actos. Por otro lado, le conocía lo bastante bien como para saber que, si intervenía ahora a su favor, él se lo tomaría de la peor manera posible; lo interpretaría como que ella dudaba, que no creía que él fuese capaz de valerse por sí mismo.

Lo cierto era que Mikasa, a veces, también se sentía un poco agobiada por esa faceta más sobreprotectora de Eren; y de ahí que ella no se considerase precisamente justificada para echarle a él en cara la negativa a aceptar su ayuda… no sin convertirse en una perfecta hipócrita.

A todo esto, no debía olvidarse que la joven cambiante ya estaba bajo sospecha a diario; los miembros del Escuadrón eran amables con ella y su confianza iba aumentando poco a poco, pero se notaba que aún tenían sus dudas. El temor de Mikasa era que, si se apresuraba a defender a Eren, seguramente los legionarios también sospecharían de él…

"¿O es justo al contrario? ¿Acaso soy una cobarde y sólo estoy racionalizando para quedarme más tranquila? ¿Temo que Eren les envenene contra mí, que ellos duden de mí como ya dudan de él, si yo me pongo de su parte? ¿No quiero arriesgar esa confianza que tanto trabajo me ha costado ganar?"

Y así fue como Mikasa se quedó paralizada por las dudas, tanto en un sentido como en otro (contrarios que no se cancelaban sino que acumulaban sus efectos); se sentía incapacitada para actuar y resolver aquella nueva situación, donde la tensión volvía a ir en aumento hasta el punto de poder cortarse con un cuchillo. El problema era que, si se fijaba en los demás, ellos tampoco parecían muy dispuestos a solucionar el problema: Gunther, Eld y Auruo no se molestaban en disimular su hostilidad, que Eren les devolvía por triplicado sin problemas, casi gruñendo como un lobo a punto de lanzarse al ataque.

Para su sorpresa, vio que Levi continuaba impasible, con los brazos cruzados en ademán tranquilo; como si, tan solo un momento antes, no hubiese librado una fiera batalla; como si todo aquello no fuese con él y estuviera esperando a que ocurriese algo más. Tal vez lo consideraba una prueba, o quería comprobar por sí mismo alguna cosa, y sólo estaba dispuesto a intervenir como último recurso.

Por otro lado, Petra ya no parecía tan incómoda y se la veía más seria: no simplemente pensativa, sino seria en plan "incidente de la cucharilla" o "te cortaré la maldita cabeza si hace falta"; y eso que no llevaba las espadas. Pese a su pequeña estatura, la legionaria podía resultar amenazadora cuando se lo proponía; bien lo sabía Mikasa. Aun así, para ella prácticamente era una hermana mayor, que ya desde el primer día había hecho todo lo posible para que la joven cambiante se sintiera más como una persona que como un monstruo o un arma.

Y entonces la asaltó una nueva preocupación: que Petra se había puesto así de seria… porque identificaba a Eren como una amenaza para los suyos. Si al final había pelea, estaba claro que la legionaria Ral no dudaría en defender a su equipo, su Escuadrón, su familia; no cabía esperar otra cosa de ella, porque en comparación Mikasa y su hermano eran unos recién llegados a los que apenas conocía.

Sin embargo, una vez más, sus reflexiones se vieron interrumpidas… por algo que no habría esperado en ese momento (aunque quizás debería).

Hange estaba riéndose.

Aquello… Aquello era lo más incongruente posible en esa situación; como si perteneciese a otro tiempo y otro mundo. Naturalmente, si alguien podía provocar semejante nivel de desconcierto en todos los presentes, era sin lugar a dudas la Loca de los Titanes.

Y desde luego, aquello consiguió con creces paralizar a todo el mundo, como si hubiese surtido efecto alguna especie de hechizo. Al menos, las miradas de hostilidad se habían convertido en otras menos peligrosas de perplejidad y confusión; los legionarios se volvieron hacia la alocada científica, que seguía riendo completamente desinhibida.

Hange había evitado que la sangre llegase al río; la cuestión era si lo había logrado por accidente… ¿o a propósito? A menudo la Jefa parecía no saber lo que estaba haciendo, pero luego terminaba saliéndose igualmente con la suya; quizás en realidad fingía a veces.

Y si algo bueno salió de toda aquella situación, fue el creciente respeto que Mikasa empezó a sentir por la Capitán Zoe desde entonces.

En cualquier caso, allí estaba todo el mundo, mirando a Hange como si se hubiera vuelto más Loca todavía, expectantes por lo que vendría a continuación; y seguramente la científica disfrutaba manteniendo el suspense, pero incluso ella decidió no seguir tentando a la suerte y trató de ponerse un poco más seria. La Jefa terminó de recuperar el aliento con grandes bocanadas de aire, mientras se pasaba los dedos por debajo de las gafas para secarse las lágrimas; cuando por fin se rehízo, se limitó a sonreír levemente y consiguió hablar con más calma de la que sentían sus compañeros en ese momento.

–¡Bueno! Debo reconocer que, je je, he hecho trampas y no he seguido mi propio método científico… Al menos tengo el consuelo de saber que no he sido la única en dar ese salto tan precipitado, llegando a una conclusión que aunque parezca obvia quizás no sea la acertada en este caso. Se suponía que sólo íbamos a observar, sin hacernos notar, para no interferir en los acontecimientos… Por cierto, qué lástima que no estuviese Moblit también conmigo, seguro que podría haber sacado buenos dibujos de todo lo que ha pasado. El caso es que ayer por la noche, después del trabajo, nos pusimos a tomar chupitos y…

–Hange, por lo que más quieras –Levi la cortó con un tono neutro que, en contraste con el que solía usar para ella, resultó incluso amable–. Abrevia un poco y ve directa al grano, o no terminaremos nunca.

Mikasa no pudo dejar de notar que el Capitán se había dirigido a su compañera por el nombre, en vez de utilizar alguno de los motes habituales; en cierto modo, era una señal de que la situación seguía siendo tensa… pero ya mucho menos que antes.

–¡Huy, sí! –Hange se rascó la nuca, sonriendo avergonzada–. Tienes razón, estoy divagando. Bueno, el caso es que los chicos y yo oímos ruido, miramos por una ventana y vimos lo que pasaba. Ellos querían intervenir enseguida, je je, pero yo les convencí para que se esperasen un momento…

"Es verdad que puede ser bastante persuasiva, cuando se lo propone. ¿Les habrá prometido no darles ninguna charla sobre titanes durante una semana, o algo por el estilo?"

–¡No todos los días se ve algo así! –continuó la científica alegremente–. Habría sido una lástima salir fuera y que sólo por eso ya se interrumpiera el combate –Hange miró entonces a Auruo, Eld y Gunther–. Además, creo que en el fondo vosotros también queríais verlo, ¿no?

Los tres legionarios cambiaron entre ellos miradas y expresiones más o menos culpables; a Mikasa no se le escapó lo que la Jefa había conseguido ahora, intencionadamente o no.

"Recordándoles su culpa por omisión, también se ve que ellos han tenido cierta responsabilidad en todo esto. Bien jugado, Hange, bien jugado."

–Suponíamos que quien había empezado todo esto era el joven Ackerman aquí presente –la Jefa hizo un cortés gesto de cabeza hacia Eren (todavía furioso pero ya más controlado)–. En fin, cosas de la edad… Con el combate a medias, las explicaciones sobre por qué está mal atacar a un oficial superior podían esperar –Hange se adelantó a la reacción iracunda del chico, levantando las manos en un gesto conciliador–. ¡Tranquilo, muchacho, tranquilo! Por cómo te pusiste antes cuando hablábamos sobre provocaciones, está claro que las cosas no son tan sencillas…

–Ya os dije que había una explicación para esto –comentó Eld con calma–. Pues bien, ahora es el momento. Oigámosla.

–¿Qué explicación ni qué ocho cuartos? –gruñó Auruo–. Lo único que pasa es que el niñato éste…

–Oye –Gunther le puso al castaño una mano sobre el hombro, en muda advertencia–. Quizás sea mejor que hablen quienes llegaron aquí antes que nosotros, ¿no?

Entonces, como de común acuerdo, todos se volvieron en ese momento hacia Petra; y ella, convertida repentinamente en el centro de atención, tragó saliva con nerviosismo. Sin embargo, Mikasa confirmó su intuición sobre la auténtica fuerza de la legionaria, porque Ral se recuperó enseguida y habló con voz clara.

–Deduzco que ninguno de vosotros vio al Capitán haciéndole la señal al soldado Ackerman, ¿verdad?

Los rezagados se miraron entre ellos con desconcierto (y curiosidad en el caso de Hange); Eren también lo hizo al principio, pero no tardó en cambiar su expresión por otra recriminadora, como diciéndoles "debería daros vergüenza". Desde luego, nadie dudaba de la palabra de Petra.

–¿Qué señal? –preguntó al fin Eld, sinceramente confundido.

–Esta señal –respondió Levi, tranquilo, haciendo con una mano el gesto universalmente reconocido para decir "ven aquí si te atreves".

En el rostro de sus compañeros se hizo, en ese mismo momento, una luz de reconocimiento y compresión… que acto seguido se transformó en multitud de emociones, que iban de la perplejidad al escepticismo, pasando por el reproche.

–Parece muy conveniente…

–No entiendo por qué…

–Hombre, Capitán, no esperaba yo…

–En lo referente a provocaciones previas –continuó Levi sin detenerse en aquellos comentarios–, está la cuestión de la paliza que le di a la soldado Yeager durante el juicio, delante del soldado Ackerman.

Las expresiones de sus compañeros se volvieron algo más incómodas. Todos sabían la historia completa y que eso había sido un mal necesario, pero ninguno de ellos era un sádico y preferían no sacar el tema. Aun así, por las miradas que le dirigieron al muchacho, estaba claro que no consideraban justificados sus actos.

–Y otra cosa –Levi seguía igual de tranquilo, como si estuviese hablando del tiempo–. Nada más encontrarme con Ackerman esta mañana, le dije… Creo que más o menos mis palabras fueron "si me da la gana de darle otra paliza a tu hermana, qué vas a hacer tú para impedírmelo, niñato de mierda".

Dicho lo cual, todas esas emociones se volvieron mucho más intensas.

–¡Pero bueno! E-eso…

–Ahora sí que lo entiendo…

–Demonios, haber empezado por ahí, nos habríamos evitado…

Eren seguía enfadado (como cabía esperar) pero también se le veía incómodo. Hange tenía en su rostro una expresión genuinamente preocupada. Petra, de algún modo, parecía decepcionada con el Capitán; aunque si éste se dio cuenta, no lo demostró.

–Señor, siendo sinceros, yo también le llamé a usted…

–No hace falta que lo repitas, Ackerman.

–Bueno… –Hange volvió a rascarse la nuca, esta vez en un ademán mucho más relajado–. ¿Y ahora qué hacemos?

Por alguna razón, la Jefa miró a Mikasa… y poco a poco todos fueron haciendo lo mismo. La muchacha casi notó cómo se le erizaban los pelos de la nuca; pero si Petra había soportado antes con entereza convertirse en el centro de atención, ella seguiría su ejemplo y no sería menos.

Aunque no estaba segura de qué se suponía que tenía que decir.

"Pues eso…" Mikasa también se lo preguntó a sí misma. "¿Y ahora qué hacemos?"