Capítulo 8. Declararse es más fácil cuando no hay nadie que te escuche (Ni tu mismo/a)

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—¿Nobume?—Se preguntó Sougo—Creí que no vendría

En ese instante Kagura dirigió su mirada hacia donde él estaba viendo, encontrándose con una joven de esbelta figura, y larga cabellera oscura. Llevaba un vestido blanco y una chaqueta para cubrirse de la helada noche. Y sin decir más, Sougo y Kamui se levantaron, y se dirigieron hasta donde estaba esa chica, dejando a Kagura y a Soyo solas. Los observaron en silencio, notando la familiaridad en que parecían hablar esos tres. No la habían visto más que de vista, y ese era el caso de Kagura, quien la creyó una amiga cualquiera. Se había olvidado de ella, ya que hacía un poco más de dos o tres meses no la había visto más.

—Creí que Okita-san y Kamui-san hablaban de un amigo cuando me preguntaron si podían invitar a alguien más—Dijo Soyo—Es de su edad, supongo que deben llevarse muy bien—Agregó

—Al parecer es una compañera de clase, la veía con el uniforme de esos dos...

Dejaron de hablar cuando los vieron acercarse junto a Nobume, quien permanecía con esa mirada aburrida e inerte. Poseía belleza y ese cariz de elegancia que la hacía resaltar sobre los demás.

—Nobume, Soyo y china—Sougo hizo una rápida presentación entre todas. Kamui permanecía imperturbable mientras los observaba

—Mucho gusto—Se inclinó esa chica de ojos carmesí, con esa inmutable expresión en su rostro

Kagura y Soyo hicieron lo mismo, a diferencia de una sonrisa por parte de ambas.

—Regresaremos en un rato—Avisó Kamui con su usual sonrisa—Iremos afuera

Luego de eso, ese trío de sádicos se despidió de ese par de amigas, dejándolas completamente solas en aquella banca, bañada de luz de luna. Se mantuvieron sin decir palabra alguna, más que mirar el húmedo césped.

—¿Esperamos a que vengan y les devolvemos sus sacos o entramos a la fiesta?—Preguntó Soyo, rompiendo el mutismo en el que estaban

—Eh...—En el rabillo del ojo pudo observar a Gin bailando totalmente ebrio, y a Sho-chan en calzoncillos haciendo lo mismo, siendo guiado por ese vago—Quedémonos aquí Soyo-chan, está más tranquilo

—Tienes razón—Curveó los labios—Además esos dos deben tener frio...

—Por mí que les de hipotermia—Refunfuñó Kagura, tapándose y cruzando los brazos—Decidieron irse, así que...

—Kagura-chan... ¿Estas celosa?—La interrumpió, y su tierna mirada se dirigió a su amiga

Esa pelirroja sintió un escalofrío atravesarle la espalda, pero se mantuvo firme, negando con la cabeza y luego con las palabras. Manifestando únicamente su malestar por el hecho de haberlas dejado, sin más motivos. En una breve pausa, aprovechó para cambiar el tema, acerca de la serie que acababa de recomendarle Soyo. No parecía interesada en retornar el tema anterior, y Soyo lo entendió, siguiéndole el hilo de cada conversación, resignada a que sus preguntas de esa índole casi nunca fueran respondidas. Sin embargo, la comprendía, se sentía algo incomoda por el hecho de que Kamui estuviera siendo más amistoso con alguien más, así que de igual manera intentó omitir eso entre sus pláticas. Fue corto el tiempo, o eso sintieron, hasta que vieron regresar a esos dos jóvenes hacia donde estaban ellas, intercambiando palabras. Los notaron casi de inmediato, parando todo intento de hablar que tenían.

—Creímos que habían entrado a la fiesta—Dijo Sougo

—Fuimos a buscarlas—Secundó Kamui con una pierna de pollo en la mano

—Ya vi como nos buscaron de bien—Dijo Kagura con desdén

—Bien, como quieras pensar perra—Contestó ese sádico con esa mirada floja de siempre

—Realmente no pensábamos que estarían aquí cuando hay un gran bullicio allá—Comentó Kamui

—¿Si saben lo que está pasando allá adentro verdad?—Les preguntó Kagura entre susurros, procurando que Soyo no la escuchara—¿Ya vieron "quien" es ese que no deja de humillar a Sho-chan?

Ambos asintieron, y Sougo trató de no reír al recordar al jefe bailando tango con dos sandias en el pecho y a Sigeshide Tokugawa de igual forma, pero sólo en calzoncillos y una venda en los ojos.

—¿Y Nobume-san?—Preguntó Soyo, interrumpiéndolos

—Se fue—Respondió ese pelirrojo—Tenía cosas pendientes

—Pensé que iba a estar más tiempo—Mencionó esa joven, algo triste

—No, nos dijo desde un principio que sólo era un rato que iba a acompañarnos. Acaba de regresar a su casa, así que tiene que acomodar muchas cosas—Aclaró Sougo

—Ya veo—Fue lo único que dijo Soyo

Conversaron de otras cosas, dando por terminado ese tema.

La fiesta culminó, y esos tres chicos se despidieron de Soyo, agradeciendo su invitación. Sougo se separó de ese par de hermanos una cuadra después, y esos dos pelirrojos caminaron en medio de esa helada y oscura madrugada hacia su casa. Kamui se mantuvo con la mirada fija en el camino, sin pronunciar palabra, y con esa terrible sonrisa pegada en el rostro, hasta que llegaron a su casa. Entraron, y cada uno se dirigió a su respectiva habitación. Umibozu no los esperó en el sofá, asumieron que él tal vez estaba en su segundo sueño en ese instante. Quizá había llegado tarde del trabajo y se incorporó de inmediato a su cama, supusieron los dos.

El fin de semana transcurrió rápido, no fue más que dedicado a responsabilidades en el hogar o a cualquier ocio que exigiera su descanso, como ver series o anime, o cualquier programa que en la televisión pasase. Y el día de clases por fin llegó, con una Kagura que luchaba por dejar su adorada cama. Los resultados de su prueba iban a ser expuestos ese día, por esa razón, y su adormilado ser, no conseguía despegarse de las sabanas. Su sorpresa fue grande cuando vio sus resultados, no sólo para ella, sino también para sus amigos y Gin. Su nota había pasado por poco, pero no era despreciable, la calificación aprobatoria. Sus adoradas vacaciones acababan de ser salvadas. Fue una enorme sorpresa para su padre, quien la felicitó y prometió darle un regalo (algún día); sin embargo, su principal objetivo estaba en el sofá junto a Kamui, mientras veían algo en la pantalla.

—¡Mira! Ni tus estupideces me condenaron bastardo, ya que soy muy lista buajaja—Puso en el rostro de ese castaño su calificación, sintiéndose orgullosa

—Que sorpresa, el mono aprendió a hablar—Dijo monótono

—Cállate cara de piojo—Exclamó, molesta, para luego volver a su alegría—¿Qué no ves? ¿¡Eh!?

—Como si...—El timbre de su celular sonó, y sin prestarle más atención a Kagura se levantó a contestar, alejándose un poco

Observó cómo sus labios se curveaban al hablar, y un inevitable suspiro escapó de ella. De nuevo aquella sensación parecida a tener hambre, invadió su estómago. Le restó importancia, como siempre, y continuó mostrando su magnífica calificación, esta vez a Kamui, quien sonrió tratando de ignorarla. Sin embargo, tenía la duda de con quién podía estar hablando. Eso la sacaba de quicio, preocuparse por cosas sin importancia. Así que, continuó hablando con su padre y Kamui, haciendo notar su entusiasmo de nuevo, pero antes de que ella continuara, ese chico declaró que debía salir. Jaló en el camino a Okita, quien seguía hablando, dejándola de esa manera sola con su padre. Ese hombre la vio por unos segundos y, al notarla pensativa, suspiro cansado.

—Acompáñame a ir de compras Kagura, creo que es hora de comprarte un poco más de ropa... Es un regalo por tu calificación—Se acarició el cuello—Además aprovecharé mi día libre con mi hija

Esta volvió en sí y asintió contenta. Sin más, subieron al auto dirigiéndose al centro comercial, donde Kagura pidió cuanto vio, y su padre, con algo de resignación asentía mientras veía algunos ceros desaparecer de su tarjeta. Si era honesto, creyó que Kagura pediría menos, sino, la hubiera llevado al cine, gastando mucho menos de lo que estaba haciendo. No obstante, se sintió satisfecho al ver la sonrisa de su adorada hija. Eso valía, para él, más que todos los ceros juntos de su (casi vacía) tarjeta.

(...)

Los días pasaron y Kagura notó un inusual comportamiento por parte de Kamui, al igual que notó que llegaba más tarde a su casa. En el descanso de clases, sin intensiones de más, le contó a Soyo eso, diciendo que el subnormal de su hermano mayor se había vuelto más subnormal.

—A veces ni siquiera come en casa—Declaró la de ojos zafiros

—Pobre... Quizá debe tener algún problema—Opinó Soyo preocupada—¿Puedo ir a tu casa hoy?—Suplicó

—Eso ni siquiera se pregunta Soyo-chan, hasta papi te ha dicho que es como tu casa, así que puedes llegar cuando quieras

—Gracias Kagura—chan-La rodeó con los brazos

Kagura omitió cierta molestia que tuvo al ver a Sougo hablando por celular, ¿Y en que podía afectarla? Los diversos y tontos gestos que este hacía al hablar. No quiso contarle a la chica Tokugawa, lo consideró irrelevante, como cuando caminas y casi te tropiezas con una piedra, así lo consideraba de innecesario de contar.

Soyo llegó a la hora que había prometido, y consigo traía unos pedazos de tarta que había sobrado en su casa. Para su buena suerte, ese día no salió Kamui, permitiéndole así saludarlo y brindarle un poco de lo que había traído. Sonrió, como siempre lo hacía, al verlo devorar de esa manera tan peculiar la comida. Kagura no quiso preguntarle la razón de su visita, quizá, pensó, era una de esas tantas veces que llegaba y se iba. Esa vez no fue tan diferente, ya que, cuando estuvieron las dos en la puerta, Soyo hizo un gesto de confusión.

—Kamui-san... Este algo raro, ¿No crees?

—Tal vez, no lo sé—Contestó Kagura sin muchos ánimos

—Se comportó un poco más amable conmigo—Murmuró Soyo, extrañada, con la intención de que no la escucharan detrás de la puerta

—Tienes razón...—Los circuitos del cerebro de Kagura conectaron todos a la vez—No será...

—¿Que funcionó por fin toda la comida?—Preguntaron las dos al mismo tiempo, lo suficiente fuerte para que se taparan la boca con la mano, temiendo ser escuchadas

Rieron luego de eso, y Soyo se despidió más alegre que otras veces. Mientras se dirigía a su casa pensaba que quizá esa tarta tenía algo como una poción, y de inmediato se sintió como una mala persona, sabía que verse cierta película una noche anterior había logrado enajenarla, así que se concentró en continuar caminando o fantaseando. Se imaginaba la forma en que Kamui se declararía; pensó en un día de lluvia, o tal vez en un día de paseo juntos, y ese misma día se enteraría que su amigo Okita había hecho lo mismo con Kagura, dejando así los dos su terrible orgullo. Fue una gratificante visión, que la hizo reír, ya que todo, sabía, se limitaba a su creativa imaginación. De esa forma llegó a su casa, con una sonrisa más notoria, y , si su hermano hubiera estado en casa, estaría igual de preocupado como lo estaba el abuelo. Eso era lo de menos, ella estaba feliz.

Ese día Kagura no se detuvo en observar a su hermano, quien con su calmada y alegre voz le decía "Te voy a matar Kagura". Para ser honestos, no notó muchas cosas raras en él, más de las que ya era consciente. Sin embargo, pudo observar unas cuantas cosas extrañas cosas en Kamui, como que una sola vez obedeció a lo que dictó el calvo, sorprendiendo a padre y hermana, y que, en algunas ocasiones parecía pensativo. Concluyó lo mismo, posiblemente todo lo que había hecho su mejor amiga por fin había rendido frutos. Analizó todo eso mientras se preparaba para dormir, aunque algo triste, conocía a su hermano para saber que no sería el mejor novio para Soyo.

"Okita-san sería un excelente novio para ti"

Como una flecha, ese recuerdo de Soyo diciendo eso un día cualquiera en la escuela, atravesó su mente, provocándole una arcada. No lo sería, ella lo sabía. Se estremeció en sus cobijas, soltando un largo suspiro. No lo había visto en todo el día, ni siquiera el último mensaje llegó a contestarle, a pesar de que su última conexión había sido hacía unos pocos minutos. Abrió de nuevo el chat, y sin pensarlo más escribió y le preguntó la razón de porque no le contestaba, sin embargo, antes de lograr enviarlo, borró todo y lanzó el celular en su cama. Tenía sueño.

Tratando de contar ovejas, y sintiendo hambre por alguna razón, logró dormir.

Y en su sueño perseguía una oveja con un tenedor y un cuchillo, imaginando las diversas formas de comerla. Hasta que cierto chico de cabello castaño apareció a su lado, sonriendo mientras veía a lo lejos. La oveja había desaparecido, al igual que los cubiertos en sus manos. Creyó, en lo lúcido de su sueño, que había logrado comer tan rápido a ese ovino que su estómago se había abultado. No obstante, la sensación de hambre continuó ahí.

—¿De verdad estas enamorada de mí?—Dijo ese chico con una sonrisa marcada en los labios, aun mirando lejos

—¿De qué hablas bastardo?—Respondió Kagura, enfadada, de inmediato

—No lo sé, quiero preguntártelo hasta que digas que si—Se burló—Aun no lo admites a pesar de que...

Escuchó unos pasos (diminutos pasos) acercándose velozmente detrás de ella. Volteó la cabeza, y pudo vislumbrar—con algo de esfuerzo—en ese ambiente tan brillante, a un niña corriendo a una gran velocidad hacía ellos dos. Tenía unos brillantes y enormes orbes zafiro, y una larga melena castaña. Llevaba un vestido rojo de lunares blancos, lo que la hizo enfocar más su vista en esa pequeña. Conocía bien ese vestido.

—¡Mami!, ¡papi!—Gritó una tierna y dulce voz

Sougo la alzó, y la mantuvo en sus brazos. Sonreía, como las únicas veces que lo hacía con cierta mujer que apreciaba mucho, reviviendo así esa faceta que había llegado a olvidar de él. Se acercó a pasos lentos y calmados hacia ese castaño, tornando su expresión un poco menos enfadosa y más calmada. Chocó con ellos antes de estar lo suficiente cerca, su estómago abultado no le permitió avanzar mucho más.

—Mami cuidado con hermanito—Advirtió esa niña

Con su diminuta y blanca mano acarició el vientre de su madre y sonrió con dulzura.

—Aún no nace y ya estas siendo torpe—Se burló Okita

—¡Cállate!—Exclamó algo avergonzada, para luego hablar con el rostro más ameno, y una sonrisa—Seré más cuidadosa

La alarma sonó y Kagura se levantó de golpe, alzando sus sabanas y lanzando su celular al suelo sin piedad. Maldijo, bajando de su cama y recogiendo su aparato indestructible—por las múltiples veces que lo había arrojado al suelo sin querer—. Bostezó, rascándose la despeinada cabellera y revisó la salud de su móvil, sintiéndose aliviada de que este aun encendiera. Tenía un mensaje sin leer; tuvo una leve esperanza, que pasó como un rayo de que fuera cierta persona, o eso siguió creyendo hasta que vio que era de Soyo.

"Después de la escuela pide permiso para ir por unos helados, ¿Está bien?"

Contestó de inmediato con un "Si" segura de que su padre lo aprobaría, y así fue.

Al salir de clases fueron por sus tan ansiados helados, como habían planeado. Conversaron, entretenidas de todo lo que les venía a la mente. Kagura, en uno de sus relatos, mencionó a Kamui, y esa chica de negros cabellos sonrió, haciendo evidente su sonrojo.

—Ha estado igual de extraño, así que quizá...—Dijo con algo de esfuerzo—Le pueda dar a mi mejor amiga, si está enamorado de ti

—K-Kagura-chan... No podemos estar tan seguras de eso—Aclaró la otra, y toda la sangre subió a su tenue rostro

—¡Ya sé! ¡Le preguntaré a ese idiota la razón de por qué está más idiota! Y si tiene algo que ver con Soyo-chan—Añadió eso ultimo con picardía

—¡Kagura-chan!—Exclamó Soyo con el rostro aún más rojo—Entonces yo haré lo mismo con Okita-san

Un trémulo recuerdo apareció en su mente, haciendo que se atragantara con su helado. Lo recordaba con claridad, provocando en ella diversas sensaciones más parecidas al vomito. Soyo se preocupó, pensando que por su culpa podía asesinar a su amiga.

—Es mentira, nunca le diría eso a Okita-san eso sin tu consentimiento—Trató de calmarla asustada

Tosió un poco más hasta que logró estabilizarse por completo, y por ende, haciendo que Soyo lograra calmarse. El recuerdo de ese efímero sueño no se iba de su cabeza, fastidiándola. No, no, no podía llamarlo sueño, era una pesadilla. Cada imagen se volvía más vivida cada que pasaba por su mente, provocando que un leve sonrojo coloreara sus blancas mejillas.

—Oh ya veo—Dijo Soyo con una enorme sonrisa—Te apena lo relacionado a él

—Claro que no, es sólo que comenzaba a morir—Aclaró esa pelirroja inhalando y exhalando

Esa azabache rió, podía afirmar que, aunque su amiga no fuera capaz de admitir que estaba enamorada, no era capaz de evitar confesar de otras formas que era así. La conocía, y esos gestos que hacía cuando hablaban del bastardo sádico eran únicos. A veces eran odio, otras rencor o rivalidad entre los dos. Fuera de la forma que fuera, era más que obvio su afecto. Y, asumiendo que Kamui correspondiera a sus sentimientos, sería algo más fácil que sus dos amigos intentaran algo. Serían citas dobles, en las que ambas parejas estarían disfrutando de la compañía de los demás, como siempre solían hacer, con la excepción que esta vez serían algo más que amigos.

—Soyo-chan yo tampoco decía en serio lo de Kamui—Kagura bajó la cabeza apenada

Soyo sonrió y abrazó a su amiga. No era como si hubieran tenido una gran pelea, sólo que no les gustaba permanecer enojada con la otra.

Luego de unos instantes, ambas se separaron.

—Sabes Kagura-chan que yo te cuento todo sabiendo que sólo lo sabremos tu y yo, y lo seguiré haciendo por que confió en ti—Sonrió aquella joven

Una punzada atravesó el pecho de esa pelirroja, era cierto, Soyo era honesta, contando hasta la cosa más mínima a Kagura, siempre siendo abierta con sus sentimientos. Se sentía mal por eso, por no poder pagarle de la misma manera a su amiga, dándole trabas para todo. Había captado bien la indirecta.

—Dime entonces, Soyo-chan—Mantuvo la mirada en el suelo—¿Cómo puedo estar segura de que me guste alguien? Ni yo misma lo sé

Esa chica de cabello oscuro sonrió, habiendo cumplido su objetivo. Se recogió un mechón atrás de la oreja, y dijo:

—Intenta esto: —Sugirió alzando el índice—En una hoja de papel escribe todo lo que sientes por él, te desahogaras. Todo, absolutamente todo—Recalcó—lo que se te venga a la mente mientras piensas cosas relacionadas a esa persona, lo escribirás. Y cuando termines, lo leerás y tú misma te darás la respuesta.

—¿Lo hiciste Soyo-chan?—Preguntó Kagura, con suma inocencia en sus palabras, provocando el sonrojo de su mejor amiga

—Bueno…—Rió nerviosa—Algo así. Pero inténtalo tú—Invirtió el tema—y verás que funciona.

Cuando salieron del local de helados, pudieron distinguir los tenues brillos del sol opacándose poco a poco. Era tarde, y Soyo tenía que haber estado en casa antes del atardecer. Se despidió de Kagura con ternura, y le recordó que debía hacer. Estaba más que feliz de que su amiga pudiera ser honesta con ella por fin. Ansiaba poder escucharla explayarse de todo lo que sentía, ahora sólo era cuestión de esperar.

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Nota de autor: Gracias por leer :D Espero haya sido de su agrado

Y, también, gracias por comentar... Siempre me hacen feliz los comentarios :3

Cualquier incoherencia o error me gustaría que me dijeran D: Gracias