-Nota de autor: Lo siento mucho, realmente no quería atrasar tanto la publicación, pero a mi favor puedo decir que he tenido un periodo de certamenes debastadores e inclementes. Intentare no demorarme la otra semana ! u-u.
Quiero además agradecer a las personas que escriben reviews sin esepcion en todos los capitulos. Gracias chicos, me han hecho realmente feliz con todos sus comentarios.
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Lección Ocho:
Ojo por ojo diente por diente.
Porque todo lo que se hace se paga, tarde o temprano.
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Paseaba de un lado a otro, jamás había estado en una clínica tan lujosa con una atención tan comercial. Sabía que su hermana estaba en las mejores manos, sabía que el costo de todo ello sería nulo, sabía que no había casi ninguna posibilidad razonable para que su salud volviese a decaer pero…
¡Tenía tanto miedo, tanto, tanto miedo! Se agarró la cabeza con las manos. Cursaba segundo año de universidad y desde que tenía recuerdo los ojos grandes y cambiantes de Sakura habían estado revoloteando a su alrededor.
Tercos, dulces, ambiciosos, gruñones, tristes, enojados, pero por sobre todo hermosos…
En cada recuerdo de su infancia había estado ella. Ella riendo, ella gritando ella jalando su mano para ocupar sus espacios. Cuando tenía cuatro años unos síntomas extraños que ni todos los cuidados de él ni todos los cariños de su madre pudieron aliviar comenzaron a asechar todo lo bueno que tenían.
Vómitos, mareos… fiebre, intensos dolores de cabeza y su excesiva agitación la hicieron parar en el hospital.
-Tiene… una enfermedad muy rara al corazón… los médicos piensan dejarla en observación lo que sea necesario –había dicho su madre al llegar a casa. Con los ojos llenos de lagrima y sin Sakura.
Meses de infierno, su padre su madre y él… sin poder ver a Sakura.
Médicos… peste, enfermedad, fue lo único que rodeo a esa casa durante casi un año y entonces sucedió. Su madre trajo de vuelta a Sakura. La Odió, la detestó por su decisión… pero... Sakura siempre había sido su preciado tesoro. Y su madre vivía en ella y en cada una de las cosas, en él... en las flores, en el aire. El perfume de su madre rodeaba hasta los días de hoy toda la casa. Y luego del revuelo en el hospital, de la amenaza de su madre a los doctores, llego la prensa metiendo el dedo en la yaga, dándole más dolor a una familia que había perdido uno de sus pilares más importantes.
-Papá… yo no…
-Tú tranquilo que tu madre ha hecho uno de los sacrificios más grandes que he visto. –su padre lloraba en ese entonces, lloraba hasta sin llorar, cuando reía sus ojos también lloraban, mucho tiempo vivió de esa manera, mucho tiempo antes de deshacerse de su culpa. Él supo a pesar de ser muy pequeño que cualquier cosa que le dijesen esos malditos periodistas sobre su madre iba a doler, y mucho.
-¿Cuando… cuándo podremos ver a Sakura? –pregunto Touya mientras por alguna razón intentaba que sus ojos no se humedeciesen, su padre lo necesitaba fuerte y él lo sería así le costase la vida entera, porque le había prometido a su madre cuidar de Sakura y porque era el pequeño hombre de la casa.
-En unos días más, cariño –y ese padre suyo no paraba de llorar. Recordaba claramente su cabellera castaña, su rostro liso inundado en lágrimas, sus amargos y tristes ojos y esa aura de dolor que le rodeaba que sólo lograría desvanecer el tiempo.
Luego de ese primer golpe vino lo peor, el colegio, la prensa… y el llanto silencioso de la pequeña Sakura, que gracias a unos periodistas imprudentes se convertiría a sus cortos cuatro años en una fría y amarga depresión.
Un nuevo dolor para ella y para ellos también porque el dolor de la pequeña Sakura condeno a su padre y a su hermano por largos dos años a un duro y lastimero sufrimiento.
Pero luego Sakura estuvo bien, creció hermosa y saludable. Su mente se había encargado de encerrar en los oscuros escondrijos del inconsciente todos los recuerdos amargos que podían torturarla hasta desear morir. La cuidó siempre, la protegió siempre y procuro que ese largo letargo de sufrimiento que había sido su infancia y se había ocultado en los mares de la inconsciencia permaneciese así.
Pero ahora un maldito mocoso había echado todo a perder.
Volvió a pasear de un lado a otro. Lo habían llamado cerca de las doce de la mañana y ya eran cerca de las una, lo único que habían dicho los doctores era que dejará todo en sus manos, que confiara en ellos.
Se sentó en uno de los muchos asientos y casi se estrujo el cabello por toda la frustración. No quería que Sakura permaneciese ni un maldito minuto más en ese colegio. Tubo que amenazarlos de muerte para que le soltaran todo lo que le había sucedido a su pequeña hermana, sino jamás hubiese sabido que un maldito mocoso (no le quisieron decir el nombre pese a que les amenazo a muerte) había mostrado todo ese revuelo a Sakura… y su costilla rota parecía haber sucedido por lo mismo… ¡Días atrás! Como demonios no se había dado cuenta.
Revolvió sus cabellos con frustración. Mataría a ese desgraciado.
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Había permanecido junto a Sakura desde que había salido de la escuela. Había pospuesto todas sus reuniones, sus entrevistas y la junta con los accionistas, su madre le reñiría y seguramente algunos pocos empresarios comenzarían a creer que había algo extrañó en el intachable Li Shaoran pero la verdad es que en esos momentos poco y nada le importaba.
Abrió las puertas de urgencias para ir por un café, estaba cansado y preocupado por Kinomoto. No entendía porque pero el estado de ella era crucial para que todo volviese a funcionar con normalidad, pero definitivamente eso era una realidad. La sala de espera para los familiares de los enfermos de urgencia era realmente confortable. Él le había ordenado explícitamente al médico que le dejase permanecer a su lado, necesitaba estar con Kinomoto y después de que la estabilizaron, cosa que demoro media hora, el pudo estar a su lado todo el tiempo.
Miró el salón y quiso ver a alguien con las características de la muchacha, o siquiera una que pudiese ser su padre… pero no encontró a nadie, sólo a un tipo de pelo oscuro frustrado y dolorido.
Se dirigió a la máquina de café para tomar un late y luego se sentó junto al hombre que estaba con las manos en la cabeza.
-Tú…e tú te vi salir de urgencia quiero saber… quiero saber cómo demonios me permitirían entrar ahí.
Lo miró, tenía los ojos de un hombre al que no le gusta relacionarse con otras personas, lo sabía porque seguramente él miraba de la misma forma.
-Creo... creo que podría hablar con el médico ¿A quién quieres ver? –le preguntó mientras se levantaba del asiento.
-Quiero… quiero ver a mi hermana… Sakura., Kinomoto Sakura, ese es su nombre.
¡Él… ese tipo que en esos mismos momentos se levantaba de la silla era él hermano de Kinomoto! Valla, realmente no tenían mucho parecido.
-Yo acabo de estar con ella… la traje desde él colegio y… -el rostro de ese tipo se había desfigurado tanto que le era difícil reconocerlo.
-Con que eres tú el maldito infeliz que lastimo a mi Sakura.
Y sin que antes siquiera pudiese darse cuenta el tipo lo había empujado con tanta fuerza que estaba ya en el suelo.
-Tranquilo… yo… yo no le hice nada a Kinomoto, sólo la he traído a la clínica.
El hermano de Kinomoto pareció calmarse.
-Soy Li Shaoran.
-Soy… soy Kinomoto Touya, lo lamento pero esto que ha pasado tiene mi cabeza hecha un lio y yo, no he sabido reaccionar –le dijo mientras le ayudaba a levantarse del suelo. Y mostraba un gesto de frustración y desconcierto.
Parecía realmente acomplejado.
-¡Llévame donde está Sakura! –le ordenó y Shaoran pensó por un segundo que ese tipo tenía un serio problema de actitud, pero obedeció, porque esos ojos estaban tan dolidos y furiosos que cualquier cosa que hiciese mal los volvería locos y aquello no le convenía.
Caminaron por los pasillos y antes de que los detuviese uno de los médicos identifico a Li.
-Que sucede joven Li.
-Buenas tardes, me preguntaba si él podría entrar conmigo esta vez.
El médico puso cara de circunstancias.
-Lo lamento señor Li... pero sólo nos permitimos haberlo dejado pasar a usted. Kinomoto Sakura aún no debe recibir visitas y…
No supo en qué momento pero Kinomoto Touya ya tenía al doctor Nakamura tomado por la camisa y lo miraba con ojos fieros y amenazantes. Aquel había sido un estimulo para desbordar todas sus emociones. Suspiró mentalmente, sabía que algo así podía pasar, ahora entendía porque Kinomoto tenía esa actitud.
-¡Soy su hermano con un demonio! si no me dejan pasar entrare a la fuerza… y usted no quiere que entre a la fuerza ¿Verdad doctor?
Y aun cuando a él no le gustaban esos métodos debía aceptar que había sido muy efectivo pues parecía ser que había funcionado.
Y lo dejó a él solo con su hermana ¿Cuándo… despertaría Sakura? Se golpeo mentalmente… cuando despertaría Kinomoto. Así sonaba mucho mejor.
Volvió a la sala de espera y apenas pudo sentarse cuando vio el cabello rubio de Tetsuya pasar a toda velocidad frente a él. Ni siquiera le había visto, de seguro estaba muy ocupado intentando encontrar a Kinomoto.
Se acercó un poco a él.
-¡Hey! Inokuma –le llamó mientras le daba suaves golpecitos en el hombro. Pero Inokuma parecía tan fuera de sí que ni siquiera lo sentía.
-¡Demonios! que no vez que intentó hablar con un jodido doctor. –le regaño mientras apartaba su mano de un golpe.
-Inokuma.. soy yo, Li.
-Li… -pareció reaccionar por fin. Se volteó y le agarró la mano que antes había apartado. –Li… tú debes saber dónde está, llévame hasta Sakura.
Definitivamente nunca había visto a Inokuma tan desesperado como se veía ahora. Quizás sólo una vez, una vez desgraciada y desafortunada… pero esa era harina de otro costal.
-Yo… lo siento Inokuma pero… -El rostro de Tetsuya se desfiguro por completo. –En estos momentos Sakura se encuentra con su hermano y…
-¡Oh Dios! Me habías asustado hombre.
-No fue mi intención. –se disculpo con una seriedad sepulcral.
-¿Has hablado con los médicos? –Le preguntó Inokuma ansioso. Como un pequeño niño que necesita pedir un regalo realmente importante. El era ansioso en muchas circunstancias sin embargo lo sorprendente era la seriedad que tenía de fondo esa tormentosa ansiedad.
-No, no he hablado con ellos.-De hecho acababa de salir del cuarto en el que se encontraba Kinomoto, no había tenido tiempo de nada realmente.
-¡Pero que acaso eres idiota!
-Tranquilo, yo sólo sé que está estable, pero aún no despierta –Lo miró seriamente mientras meditaba acerca de esa impresión que le había dado el estado de Kinomoto -he estado con ella todo este tiempo y me da la sensación de que ella prefiere estar dormida.
-Ese maldito Eriol.-gruñó entre dientes Inokuma, con los ojos enrabiados. Realmente era algo poco frecuente verlo de esa manera, el ánimo de Inokuma generalmente era bueno, sosegador, pero hoy en ese lugar, su cuerpo parecía arder en llamas.
-Lo sé, pero en estos momentos no tiene caso que hagas nada contra él.
-En estos momentos, lo único que realmente tiene importancia es hablar con un doctor y ver a mi linda Sakura.
Mi… ¿Tetsuya había dicho mi?
Tum, tum, tum.
Miró su pecho ¿Por qué demonios su corazón había comenzado a latir tan aprisa? Decidió olvidarlo, sin embargo, había algo en ese adjetivo posesivo que no le gustaba para nada. Pero tal vez no le gustaba como no le gustaba lo impulsivo que podía ser Inokuma cuando hablaba.
Se sentaron y permanecieron en silencio esperando que uno de esos benditos doctores apareciera por una de esas puertas, y gracias al cielo su suerte no había sido mala.
Inokuma saltó de su asiento como si este trajera resortes.
-Buenas tardes.
-Buenas tardes –saludo a su vez el médico.
-Soy Inokuma Tetsuya y me gustaría saber el estado de paciente Kinomoto Sakura.
Valla, pensó que Inokuma saltaría lleno de impaciencia al lado del doctor, pero definitivamente le habían enseñado muy bien a ese tipo cómo comportarse en cada situación.
-Verá… señor Inokuma, no nos está permitido dar información así como así, pero por usted podríamos hacer una excepción.
-Se lo agradezco –le respondió Tetsuya muy cortésmente. Algo muy impropio de él en esos segundos, tomando en cuenta sus ansias.
-La señorita Kinomoto, ha presentado en su primera instancia problemas con sus costillas y sus pulmones, una de ellas había perforado levemente el pulmón derecho. Al parecer no ha guardado todos los cuidados debidos, con una lesión como esa.
Inokuma parecía palidecer a cada instante.
-Pero hemos saldado esa situación con éxito, y la paciente en estos momentos se encuentra estable, sin embargo, no la hemos podido despertarla.
-Qué… qué quiere decir con eso. –Preguntó Inokuma alterado.
-Que al parecer, la Señorita Kinomoto no despierta porque no desea hacerlo.
¿Que no deseaba hacerlo? Recordó las imágenes del gimnasio mientras veía como Inokuma continuaba conversando con el médico de Sakura, es decir, de Kinomoto… debía dejar de hacer eso.
Eriol, se había pasado esta vez, ni siquiera él mismo podría haber soportado todo lo que tuvo que soportar Kinomoto ese día. Y dudaba realmente que alguien lo hiciese. Seguramente ella se había olvidado de todo eso, seguramente su propia cabeza había intentado protegerse de esas imágenes y ese sentimiento aberrante de tener por corazón el de su propia madre…
Admiraba realmente a esa chica.
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Las clases de ese día habían terminado por fin y él parecía un león enjaulado dentro de su habitación. Que demonios le pasaba a él y a esas malditas emociones suyas que no dejaban de tranquilo! Estaba preocupado, no podía negarlo pero… ¿Por qué?
Kinomoto… Kinomoto era tan jodidamente estúpida, tan jodidamente testaruda… ¡Dios! Como detestaba sentirse así.
Se tiró en su cama y se dedicó a mirar el techo, un techo extraño, un techo nuevo, nunca lo había visto, nunca se había percatado que las tablas tenían mil y una imperfecciones imposibles de aceptar para un Hiragizawa, pero ahora pese a que le llamaba la atención no le importaban en lo más mínimo.
La puerta de su habitación sonó, pero él no atinó a abrirla.
-Señorito…
-No molestes –le gritó a su ama de llaves mal humorada.
-El señor Hiragizawa lo ha llamado, lo espera en su despacho, cumplo con informar. –dijo ella con cortesía, escondiendo todo el rencor que tenía por el y por su padre tras esas palabras, en esa casa, realmente no había nadie más.
Y sé fue, dejándolo solo nuevamente.
¿Qué demonios querría su padre? Nunca lo veía, mucho menos solicitaba su presencia en algún lugar, para que le querría ahora.
Se levantó de la cama y se arreglo un poco, para dirigirse hasta el despacho de su padre.
Odiaba su casa cuando sus padres estaban en ella.
Tocó la puerta y escuchó una invitación seca a entrar.
-Buenos días, padre. –dijo con toda la cordialidad que era capaz de emplear.
-Eriol… -le dijo él. Sus cabellos tan azulados como los de él mismo brillaban en una cabellera que parecía tener deseos de volverse entrecana. –No has ido a ninguna de las últimas reuniones.
¡Las reuniones! Esas benditas reuniones, se le había olvidado completamente.
-Lo lamento padre, es sólo que no he tenido tiempo y…
-Hiragizawa Eriol, no puedes anteponer nada al futuro de la empresa que mi padre y yo hemos forjado con tanto esfuerzo –su padre se tomo la cabeza con frustración en los ojos, en la voz. ¿Eso era lo que él provocaba en su padre? ¿Frustración? Apretó sus dientes con rencor. –además que demonios te sucedió en el rostro? –en el rostro... se toco la mejilla y recordó el golpe que le había dado Shaoran, y por desgracia suya volvió a recordarla a ella. Qué demonios era todo eso, lo frustraba lo alteraba, lo encloquecía descubrir que se estaba sintiendo… culpable. –Eriol… te he hablado –le dijo su padre con el ceño fruncido y una mirada reprobatoria. Él procuró volver a parecer presentable.
-Lo siento padre. Y con respecto a lo anterior, me he golpeado con una de las puertas del colegio.
-Demonios Eriol, que no vez que tu imagen es importante ¿Qué pensarían los accionistas si te viesen así?
Eriol no respondió, en esos momentos realmente le importaba poco lo que creyesen los accionistas, el tenía la mayoría de la empresa o no? De hecho tenía el noventa por ciento de ellas, que más le daba lo que pensaran unos pocos accionistas.
-De todas maneras, quiero que sepas que si fallas en cualquiera de los objetivos que te hemos propuesto la empresa Hiragizawa, ya sean los hoteles, las acciones en otras empresas, la empresa de juguetes y tecnología, todo, todo pasará a manos de nuestro vicepresidente.
No tenía por qué recordárselo, él lo sabía bastante bien, porque cada vez que deseaba hacer algo que no se encontraba dentro de los estándares de su padre, le amenazaba con quitarle todo lo que era suyo.
-Lo lamento padre, no volverá a suceder.
Detestaba todo eso, lo aborrecía. Pero sobre todas las cosas, sobre el tono de voz petulante de su padre, sobre las ineficientes camareras y todo lo que rodeaba esa condenada casa, odiaba la presencia de su padre, una presencia enfermiza infecciosa que contaminaba todo su maldito cuerpo cuando estaba cerca, tan solo con mirarlo, con mirarlo con esos ojos llenos de requerimientos, de esperas y reproches, lo odiaba incluso más de lo que odiaba a su madre y eso era mucho decir.
-Lo sé, porque si no cumples todas las expectativas, no tendrás nada de esto Eriol.
-Lo sé padre, lo sé, me lo acabas de repetir y no paras nunca de decírmelo. Si no soy el niñito perfecto que siempre anhelaste para llenar tus expectativas, no podré poner mis manos en tu dinero. Lo tengo perfectamente claro
-No me hables de esa manera Eriol. –casi le grito su padre, no alcanzó a hacerlo única y exclusivamente porque era una persona 'educada'
-Yo… lo lamento padre –dijo después de darse cuenta por enésima vez que no podía permanecer más de cinco minutos en una habitación a solas con su padre. –Ahora, por favor, me gustaría retirarme, debo hacer mis deberes.
Y justo cuando él ya tenía la manó en la puerta la repulsiva voz de su padre volvió a sonar en el despacho.
-No aceptaré que faltes nuevamente Eriol, porque no habrá una segunda oportunidad.
-No faltaré –le contestó el sin mirarle.
Y no quiso escuchar más porque tan pronto abrió esa puerta para salir de ahí, la volvió a cerrar.
Llegó a su habitación, con la cabeza agacha y las manos empuñadas pudo liberar toda su furia, fragmentarse en dos y volver a unificarse. Apagó la luz, no quería ver nada, ese que debía ser su día triunfal se vio convertido en un fracaso por… por esa muchacha. Se tiró en su cama y los sentimientos de odio por su padre fueron desplazándose rápidamente por los de ella.
¿Cómo se encontraría Kinomoto?
Su teléfono sonó, lo miró por unos minutos pero no tenía ánimos de contestar así es que no se movió ni un milímetro de su cama. Se sentía estúpido ese día, se sentía más… humano y detestaba eso.
Pero algo más alteró su pacifica calma, esa en la que quería estar metido por lo menos hasta el siguiente día.
El ruido de las escaleras era tan alborotador que ni siquiera se podía oír así mismo dentro de su cabeza.
Se levantó de la cama con mal humor, abrió la puerta y ahí se encontró justo en medio de las innecesariamente largas y lujosas escaleras a Inokuma peleando con su mayor domo.
-Si no me deja pasar llamaré al señor Hiragizawa y le diré que uno de sus sirvientes le ha negado la entrada a un Inokuma.
-Lo lamento pero tengo ordenes del señorito, para que nadie le moleste y…
-Déjalo pasar.
-Pero señorito…
-Déjalo. –jamás, jamás en toda su vida había visto a Tetsuya tan enojado. Ni siquiera cuando ella se había ido –Qué demonios haces aquí, Tetsuya…
Pero antes de que pudiese siquiera insultarlo Inokuma había arremetido contra él. Y por segunda vez en el día un puño masculino golpeaba su rostro. Y entre tropiezo y empujones Inokuma ya lo tenía a él dentro de su propia habitación. Y otro de sus puños se impactaba justo en su nariz.
-¡Que demonios te sucede! Maldición –dijo mientras se limpiaba la sangre de su boca y nariz.
-Que demonios te sucede a ti Hiragizawa! en algún tiempo pensé que podías tener razones para ser como eras, pero me equivoque Hiragizawa, eres un perro por naturaleza propia.
Inokuma sacaba fuego por los ojos… jamás en todos los años que llevaba de conocerlo le había visto así, ni si quiera aquella vez.
E Inokuma volvió a levantarle la mano, pero el también sabía pelear y supo defenderse.
-Haces todo esto por Kinomoto. –le dijo mientras sostenía la mano de Inokuma y este forzaba su cuerpo para lanzar un nuevo golpe.
-No, lo hago porque eres un Idiota y un cretino.
Y por alguna razón que no lograba comprender sentía que merecía todas esas cosas, todo ese desprecio cuando visualizaba la imagen de Kinomoto con lágrimas en los ojos y sangre en los labios.
Y suavizo su defensa por lo que otra arremetida de Inokuma chocó contra su pierna derecha.
-Cómo… como está ella.
-Eso a ti no te importa, de hecho dudo que tengas derecho a preguntar.
Y ahí estaba el tranquilo y pasivo Inokuma queriendo caerle a golpes nuevamente. Retrocedió tres pasos, a Inokuma realmente le importaba la muchacha, podía verlo en su rostro.
Su corazón… se había vuelto loco de repente.
Aprovechó que Tetsuya se había tranquilizado medianamente para sentarse en la cama. No quería pelear más, no tenía los ánimos para eso.
-¿Qué demonios le sucede a ustedes dos con Kinomoto he? –se golpeó mentalmente ¿por qué demonios había preguntado eso?
-Qué tienes tú contra ella Eriol, eres tú el que ha hecho de todo por sacarla, no lo habías hecho con los demás.
-Nadie había tenido tanto coraje como ella.
-Es lo único sensato que he escuchado de tus labios.
-¿Cómo está? –volvió a preguntar y se volvió a abofetear mentalmente.
-Estable –dijo Inokuma mientras caminaba hacia la ventana cerrada de esa habitación y apoyaba sus manos en el marco–pero aún no ha despertado, el médico nos dijo que era porque no deseaba hacerlo.
Tum Tum Tum Tum
Porque… se sentía tan angustiado. Porque demonios se sentía culpable.
-Puedo… puedo ir a verla... –y aquello se le había escapado como se escapa un suspiro.
-Tienes una mente realmente retorcida Hirawizawa. No te daré la alegría de ir para disfrutar tu victoria… no permitiré que aquello suceda. –dijo Inokuma mientras se volteaba y caminaba hacia la puerta dejándole solo nuevamente.
Sólo… como siempre.
