Disclamer: Yugioh! así como todas sus variantes y personajes no me pertenecen, pertenecen a su pertinente autor (al cual adoraré toda mi vida por haber creado esa maravillosa serie). Este fanfic ha sido creado sin ánimo de lucro, sólo es mero entretenimiento de unos fans para las fans. Este fanfic es un SetoxCrista (un personaje de alguna de mis historias que gustó mucho en una página y me pidieron que juntase...). También hay un JoeyxCrista extraño y no sé si poner algún SetoxJoey así con disimulo kukuku. Esto está siendo escrito por simple diversión y entretenimiento.
Capítulo 8. Devolviendo golpes.
— No juegues conmigo y menos cuando voy conduciendo –ordenó mirando mal al castaño que se inclinó adolorido por el golpe. Tras eso, se pusieron el cinturón y fueron a buscar a Kaito que, al ver el coche de su madre, corrió sonriente a subirse en el asiento trasero.
— Hola mamá, ¿qué tal el día…? –se interrumpió el pequeño al notar la presencia de Seto Kaiba en el coche- ¡¿qué haces tú aquí?!
— Lo mismo que tu madre, además me debéis una comida –añadió el aludido aún frotándose el vientre por el golpe de antes, Crista tenía mucha fuerza.
— Tú sólo ignórale, cariño, ¿dónde quieres ir a comer, cielo? No tienes que escucharle si no quieres –explicó Crista a Kaito mientras le echaba una sonrisilla maliciosa a Seto.
— Umm –exclamó el pequeño mirado a su padre biológico. Enseguida entendió la actitud de Crista y, sonriendo de la misma forma que su madre, procedió a elegir –me apetece ir a un Telepizza –informó el pequeño haciendo que a Seto le recorriese un escalofrío por la espalda. Esos dos parecían realmente dispuestos a hacerle de rabiar puesto él detestaba la comida basura, bien lo sabía Crista. Crista apretó el acelerador hasta parar en el primer Telepizza que encontró bajando entonces del coche con los otros dos ocupantes.
Los tres entraron en el edificio y se pusieron a la cola del mostrador pacientemente. Seto miró con asco las mesas llenas de gente comiéndose las pizzas que había encargado mientras Kaito se reía de las caras de asco que su padre biológico estaba profesándoles. Tras pedir una pizza de sabor barbacoa (en contra de la voluntad de Seto), se sentaron en la mesa y abrieron la caja. Seto miró asqueado como su hijo y la madre de este cogían la comida con las manos llevándosela a la boca con sendas sonrisas siniestras hacia él y más cuando Kaito la ensanchó provocando al castaño un sudor frío.
— ¿Qué pasa "papa", no vas a comer? –cuestionó el pequeño dándole un mordisco a su porción de pizza.
Seto entendió que le estaba retando por lo que le miró con mucho odio mientras acercaba su mano a la caja y tomaba una porción de eso a lo que los otros dos integrantes de esa mesa llamaban "pizza". Su cara de asco no se hizo esperar al notar como el queso caía a ambos lados de esta ante lo fundido que estaba. Kaito miró a Seto con suficiencia… y Crista a Kaito asustada de ver lo mucho que se parecían padre e hijo, es más, lo que más la atemorizaba era que el temperamento de este primero siempre había sido muy cambiante. Si Kaito seguía jugando así con su padre este podría estallar y eso no era conveniente.
Seto acercó su cara a la pizza haciendo el amago de morderla pero el asco que ese alimento le daba le repelía enormemente obligándole a alejarse. Kaito, por su parte, intentaba no reírse en la cara de Seto ante el esfuerzo que este estaba haciendo mientras que su madre empezaba a arrepentirse. Tal vez se habían pasado un poquito con el empresario.
La irritación del presidente ejecutivo era palpable. Desprendía hasta calor de lo frustrado que se sentía. ¡No podía dejar que ese maldito mocoso se saliese con la suya! ¡Y más delante de Crista! Por mucho asco que le diera tenía que hacerlo. El decidido castaño acercó su boca a la porción de pizza dándole un bocado que le supo a victoria y que le hizo sentirse sucio por haber manejado alimentos de una manera tan poco higiénica.
Los dos von Light se quedaron pasmados por el logro del castaño. Realmente no esperaban que lo hiciera… pero fue tan sumamente inesperado que no pudieron evitar echarse a reír a carcajadas lo cual, por cierto, incomodó más al castaño.
— ¿De qué os reís ahora? Me lo he comido, ¿no? –preguntó el castaño refunfuñando.
— S-sí… vale, vale, eso es un punto a favor. Le has echado valor al asunto –se siguió carcajeando el pequeño.
— En mi vida te había visto comer pizza Seto. Lo siento pero es demasiado –le conminó Crista. Seto se levantó de golpe de la mesa enfurruñado. ¡Pero qué humillante! Ahora iba a ser él el que se iba –espera Seto… –le pidió la rubia quitándose las lagrimillas que la risa había formado en sus ojos. El castaño se volvió hacia ella. Ahora que se fijaba, le estaba llamando por el nombre. ¡Incluso parecía tratarle con más calidez! –no te enfades, sólo era una broma. La pizza es el plato favorito de Kaito así que lo que te acaba de decir es un elogio. Por favor, discúlpanos.
El castaño rodó los ojos algo sonrojado antes de volver a sentarse sin saber a dónde dirigir la mirada, era una situación en extremo vergonzosa para él.
— Bueno, ¿qué quieres saber de mí? –intervino Kaito más relajado. Al fin y al cabo, si veía que Seto se volvía a portar mal como el día anterior sólo tenía que hacerle comer otra porción de pizza.
— ¿Eh? Ah… bueno… ¿qué clase de cosas te gustan? –preguntó Seto algo ido para deleite de los otros dos comensales. Y es que, el ver a Seto Kaiba sin palabras era todo un espectáculo.
— Pues… me gusta el ajedrez, los puzles, ver pelis y jugar a videojuegos… también me gusta ir de viaje con mamá a la playa. Nos lo pasamos muy bien juntos –explicó el pequeño comiéndose otra porción de pizza.
— Umm… ¿la playa? –repitió el mayor de los castaños pensativo maquinando algo en esa cabecita de genio engreído que tenía. Madre e hijo asintieron como única respuesta terminándose la pizza a la velocidad de la luz. ¡Ni la saboreaban si quiera! ¡Esos engullían, no tragaban!
— Sí, así es. Bueno, señor Kaiba, tenemos que retirarnos. Aún quedan cosas por hacer en la casa y Kaito se tiene que acostar temprano –anunció Crista levantándose de su asiento. Seto torció el gesto con molestia, ¿ya volvía a tratarle de usted?
— Os acompaño –pidió el castaño tirando la caja de ese, según él, nauseabundo alimento dentro del contenedor que ahí había.
— No es necesario, podemos ir solos… –intentó evadirse la rubia dando la manita a Kaito el cual ya estaba de pie al lado de su madre.
— Insisto, además me gustaría acompañaros mañana hasta vuestra nueva casa –inquirió Seto cruzándose de brazos frente a ellos. No iba a dar su brazo a torcer de ninguna de las maneras. Crista frunció el ceño molesta, ¿es que les había tomado por criminales con antecedentes por huir de la justicia o algo así?
— De acuerdo, pero solo para que no sigas insistiendo –refunfuñó ella mientras salían del local.
El castaño sonrió para sí mismo con suficiencia. Si tenía un poco de suerte y el crío se iba a acostar pronto podría terminar lo que empezó aquella mañana con la joven rubia.
Kaito entró de un salto dentro del coche en el asiento de atrás al mismo tiempo que Crista se sentaba en el del conductor cosa que, por cierto, no agradó al mayor de los Kaiba quien sólo se metió dentro del coche rodando los ojos. ¡Qué poco le gustaba el asiento del copiloto! ¡Y más con las razones que la rubia le había dado! ¡Ni que él condujese mal!
El motor empezó a rugir al meter la llave cuando Crista accionó el contacto provocando que el castaño pegase un pequeño bote al ser sacado de sus pensamientos. Crista había puesto por fin rumbo al modesto pisito en el que Kaito y ella habitaban por lo que el castaño no veía el momento de llegar. Demasiado tenía que aguantarse en ese anticuado coche cuando en su mente sólo se materializaba un deseo, el de buscar con disimulo el cuerpo de su secretaria.
En el asiento de atrás, Kaito miraba fijamente a su padre como si de un guardaespaldas se tratara incomodando al castaño que podía notar los fríos y azules ojos de su hijo clavarse en su persona puesto que este no estaba dispuesto a permitir que ese hombre que se hacía llamar su "padre biológico" se saliese con la suya con tanta facilidad. Ese niño se lo iba a poner difícil, y más porque Crista hacía todo lo que su pequeño le pedía.
Por fin estacionaron el coche frente al bloque de pisos en el que vivía el pequeño con su madre. Seto fue el primero en bajar del coche. Tenía demasiada prisa por alejarse de la mirada acusadora de su hijo el cual no apartaba su vista del mayor de los castaños mientras descendía del automóvil con un tierno saltito. Crista, por el contrario, bajó del coche con la suavidad con la que caería sobre un colchón de plumas o al menos así le pareció al empresario que veía de reojo como su largo cabello rubio formaba ondas con cada movimiento que la rubia efectuaba.
Seto se humedeció los labios un segundo, no podía dejar de pensar en ella ni por un momento. Fue un golpe suave en su brazo lo que le hizo reaccionar. Era Kaito, que le observaba con el ceño fruncido y sus enormes ojos azules que le identificaban como hijo del mayor fijos en él.
— "Papá", vas a desgastar a mamá de tanto mirarla. Su novio podría poner celoso –sonrió el niño con "dulzura" y "aparentemente" sin mala intención. El castaño sacudió la cabeza reaccionando al escuchar lo dicho por el "tierno y dulce angelito" que tenía por hijo.
— ¿Novio? –preguntó Seto perplejo apunto de preguntar sobre la identidad de su, por lo visto, rival. No le gustaba un pelo que tocasen algo que era suyo, y Crista entraba dentro de esa descripción. Era SU secretaria, SU amante y la madre de SU hijo le pesase a quien le pesase. Ya averiguaría quien era ese tío para dejarle las cosas bien claritas.
— Bueno, ¿qué? ¿Entramos? –sugirió Crista acercándose a ellos con la cabeza bien alta.
— ¡Sí! –gritó de felicidad el pequeño corriendo hacia las escaleras de las cuales salió Joey con una bolsa de basura colgando de su brazo en ese mismo momento – ¡tío Joey! –le llamó el pequeño acercándose a él y abrazándole.
— ¡Ey peque! ¿Cómo estás? ¿Y tu madre? –preguntó el rubio acariciando con su mano libre la cabeza del menor distraídamente. Crista sonreía con calidez al ver la dulce sonrisa de su hijo. Siempre que veía a su amigo Joey se le veía tan feliz…
— ¿… Wheeler? –exclamó Seto pálido como un cadáver. El rubio, al escuchar la voz del empresario, se giró hacia él perdiendo todo el color que una vez hubo en su rostro de golpe y porrazo. El labio del rubio tembló como si estuviese viendo una horrible visión fantasmagórica frente a él y sus ojos se abrieron desmesuradamente casi queriendo salirse de sus órbitas. Kaito frunció el ceño confuso, ¿su tío Joey conocía a aquel hombre que se hacía llamar su padre? Y si era así… ¿de qué se conocían?
— ¡K-Kaiba! –gritó Joey apuntándole con el dedo como si eso fuese a hacer que el castaño se desvaneciera en el aire – ¡¿qué haces aquí?! ¡¿Acaso ahora te dedicas a acosarme?! ¡¿No te bastaba con haberme jodido todos mis años de instituto?! –acusó el rubio moviendo el brazo de arriba abajo. Seto se cruzó de brazos irritado, ¿es que ese rubio se pensaba que no tenía nada mejor que ir a molestarle precisamente a él o algo así? ¡Si hacía años que ni se veían!
— Obviamente no he venido aquí por ti, perro. Si he venido es para acompañar a la madre de mi hijo y a mi primogénito hasta su casa. ¿No serás tú el que me acosa a mí? –se la devolvió el empresario con altanería. La sangre de Joey hirvió de rabia dentro de sus venas, ¿ya volvía a desprestigiarle e insultarle como hacía en el instituto?
— ¡Escúchame de una vez cerdo! ¡Ni yo soy un perro ni tengo ninguna intención de seguir a un tío prepotente y altanero como tú! ¿Madre de tu hijo dices? ¡Je! Yo no veo que te rodee ninguna mujer ni ningún niño que coincida con esa descripción Kaiba. Me parece que estás solo como siempre has querido estar y sólo estás fanfarroneando para darte aires –se regodeó Joey orgulloso cruzándose de brazos frente al castaño que sólo levantó una ceja poniéndose junto a Crista y rodeando su cintura con un brazo ante la atenta mirada de Joey.
— Vuelve a mirar, payaso. ¿O es que te has quedado ciego y no ves a la preciosidad que tengo a mi lado? –se burló Seto dándose aires. Crista apretó los labios molesta con una prominente e hinchada vena palpitando en su frente, ¿es que Kaiba no aprendía nunca? Alzó su mano pellizcando la de su jefe con enojo. ¡A ver si así aprendía de una vez a dejar de acosarla de esa manera!
— Señor Kaiba, preferiría que evitase el contacto físico con mi persona, gracias –añadió ella provocando un saltito de sorpresa de parte del castaño al sentir el pellizco que la joven le había dedicado.
— Espera… tú… ¿eres el padre de Kaito? –exclamó Joey con los ojos abiertos como platos. Miró de Kaito a Seto unas dos o tres veces buscando sus similitudes con pasmo, ¿cómo no se había dado cuenta antes? ¡Kaito era un Kaiba en miniatura! ¡Incluso tenía sus ojos! ¡¿Pero cómo era posible que Kaiba y Crista…?! ¡Crista y Kaiba habían…! – ¡Crista! ¡¿Conocías a Kaiba…?! N-no… ¡¿te acostaste con Kaiba?! –razonó Joey con la boca abierta de par en par de la impresión.
— Bueno… s-sí pero… –intentó excusarse la rubia sin entender cómo habían llegado a esa situación… es decir… ¡ella ni si quiera sabía que Seto y Joey se conocían! ¡Suficiente tenía con haber trabajado para Kaiba y haber tenido un hijo suyo, ¿no?! – ¡pero eso fue hace muchísimo tiempo! Sólo fue una noche, Kaiba y yo nos acostamos cuando trabajaba para él como su secretaria, engendramos a Kaito y dos meses después, cuando descubrí que iba a tener un hijo suyo, vine a España… espera… ¿tú conocías a Kaiba, Joey? –articuló Crista intentando aclararse.
— ¡¿Qué si le conozco?! ¡Este cerdo me hizo la vida imposible en el instituto! Éramos compañeros de clase y nunca dejábamos de discutir. Después del instituto cada uno se fue por su lado, eso es todo –le recriminó Joey. Seto fulminó al rubio con la mirada, ¿pero qué se creía?
— ¿La vida imposible? Mira payaso, si no fuese porque eras, y seguramente sigues siendo, el ser más molesto y cargante que hay, haya habido y posiblemente habrá sobre la faz de la Tierra probablemente ni si quiera tendría la imperiosa necesidad de hablarte. De todas maneras, ¿de qué conocéis vosotros al perro? –exigió el castaño con furia contenida hacia el rubio.
— No es un perro, tío Joey y mamá son amigos de un antiguo trabajo y ahora vive en el piso de arriba… –señaló orgulloso el pequeño Kaito mirando de reojo a Joey y sonriendo con malicia. Ese niño era un pequeño genio del mal o algo por el estilo –… y además es el novio de mamá –mintió el pequeño. Kaiba afiló sus fieros ojos azules mirando hacia el rubio, ¡eso clamaba al cielo! ¿Ese novio del que el pequeño hablaba era el perro de Wheeler?
— Kaito… ¿qué estás…? –exclamó Crista al escuchar la trola descarada del menor.
— … Sí, Crista es mi pareja –le conminó Joey acercándose hasta Crista y apartándola del castaño de un manotazo – además la he ayudado a criar a Kaito desde que era un bebé. Si sólo has venido para romperla el corazón llegas tarde, ahora su corazón es mío, Kaiba –espetó él cruzándose de brazos ante la impresionada mirada de la rubia.
— Joey… –susurró la rubia intentando llamarle. Seto estaba que hervía de rabia frente a ambos. Todos esos años buscándola y ella, la amante huidiza a la que tanto deseaba… ¡¿estaba saliendo con Wheeler?! ¡Peor! ¡Wheeler había estado criando a su hijo!
— Crista, este tío no es alguien con el que uno quiera juntarse. De hecho, Kaito es lo único bueno que este cerdo ha hecho en su vida –rugió Joey provocando más al castaño.
— Mira payaso, me da igual que seas el novio de Crista. Hagas lo que hagas la vas a perder y ella volverá conmigo porque quiera o no me pertenece. Me perteneció antes y volverá a hacerlo, es un hecho demostrado. Y en cuanto a Kaito es mi hijo así que no te preocupes, desde ahora lo voy a criar yo. No es necesario que vuelvas a acercarte a él nunca más –gruñó Seto.
— ¡Kaiba! –le regañó Crista empezando a enfadarse.
— ¡Eso es mentira! –gritó el pequeño Kaito iracundo. Todos le miraron sorprendidos ante su arrebato. Durante un segundo se habían olvidado del pequeño que ahora abrazaba las piernas de su madre con una mirada de odio desbordante hacia el castaño – ¡serás mi padre pero eso no me convierte en tuyo! ¡Y mi madre tampoco te pertenece! Mamá me quiso proteger de ti y es por eso por lo que se fue, ¡porque eres un egoísta que no hace nada por nadie más que por sí mismo! ¡Te odio Kaiba! –gritó Kaito furioso soltándose del agarre que ejercía hacia su madre para subir corriendo las escaleras del bloque de pisos.
Los tres adultos parpadearon un par de veces ante el numerito que había armado el menor. Durante unos instantes se reprocharon con la mirada los unos a los otros el haberlo provocado antes de decidirse a seguir con la discusión. Había mucho que aclarar, por desgracia para los agotados adultos.
— ¿Y qué vamos a hacer ahora? –se atrevió a intervenir Crista.
— Yo creo que… deberíamos volver todos a casa –sugirió Joey evitando mirar al castaño.
— Yo no pienso irme de aquí. Mañana Kaito y tú venís a vivir conmigo y no voy a dejar que os fuguéis o algo por el estilo –objetó Seto mirando hacia el lado contrario hacia el que miraba Joey con los brazos cruzados sobre su propio pecho.
— Pues después de este numerito no creo que Kaito quiera verte hoy… –le recriminó Crista.
— ¡Espera! ¡Crista y Kaito no se van de aquí! Kaito es como mi sobrino. No voy a dejar que te los lleves para torturarlos con tus malas artes Kaiba –acusó el rubio. Seto se giró hacia él enfurruñado, ¿cómo se atrevía el perro de Wheeler a hablarle así?
— ¡Ni de broma te voy a dejar entrar en mi casa, perro, así que más te vale que te alejes de Kaito y de Crista! –ordenó Kaiba.
— ¡¿Y yo no tengo derecho a opinar?! –gritó Crista enfadándose al comprobar lo poco que valía su opinión para aquellos dos hombres.
— ¡Como si tuvieses elección! ¿Te tengo que recordar que Kaito es mi hijo y puedo reclamarlo cuando quiera? –espetó el castaño afilando su mirada hacia la mujer.
— ¡Ni se te ocurra volver a amenazar a Crista, Kaiba! ¡Kaito es tan hijo suyo como tuyo! –reclamó Joey.
— ¡La amenazo si me da la gana, perro! ¡Crista es mía y Kaito también! Además, Crista no te quiere tanto como afirmas. No te lo ha contado, ¿verdad? Hoy nos besamos, perro. Suspiraba de encantada con cada una de mis caricias –contraatacó el castaño haciendo sonrojar a la rubia que le dio una soberbia bofetada al escuchar aquello de los labios del castaño.
— … Ni se te ocurra alardear de cómo te has intentado aprovechar de mí, Seto Kaiba. En lo que a mí respecta tú y yo sólo nos hablamos porque me guste o no eres el padre de Kaito. No te hagas ilusiones –reclamó Crista iracunda. Seto abrió los ojos impresionado ante la ira que desprendía la rubia mientras se llevaba una mano a la adolorida e hinchada mejilla.
— … ¿Qué le has hecho? –le interrogó Joey furioso agarrándose a la solapa de su gabardina amenazante. Seto se deshizo de él con un simple movimiento de muñeca. Le estaba costando mucho no lanzarse a apalear a Joey por su imprudencia.
— Nada que ella no quisiera –respondió Seto malhumorado.
— ¡No se te ocurra si quiera insinuar que algo como eso puede llegar si quiera a gustarme! –gritó Crista enfadada –mirad, solucionad vuestros problemas como queráis, yo me voy a casa con Kaito y espero no veros a ninguno de los dos en todo lo que resta de día –gruñó la joven marchándose con el imperioso deseo de perderles de vista a los dos. Ambos cruzaron sus miradas incómodos por la presencia del otro. ¡Ahora encima se quedaban solos!
— … Puedes venir a mi casa. Total, Crista y tú no duraréis –accedió el castaño orgulloso. Joey le dedicó una mueca de profundo desagrado, ¡qué poco le gustaba la actitud altanera de Kaiba al hablar!
— … Y tú puedes quedarte en la mía esta noche. Para ti es importante el estar con ellos mañana, ¿no? –se creció Joey tratando de demostrar a Kaiba que era muchísimo más generoso que el castaño.
— Jum –resopló Seto caminando hacia el bloque de pisos con altivez. Joey rechinó los dientes enojado, ¿cómo podía ser tan sumamente orgulloso?
— Kaiba… sobre lo que pasó en la secundaria… –trató de declarar el rubio.
— … No quiero hablar de eso Wheeler. Lo que pasó, pasó. Tú seguiste tu camino y yo el mío. Simplemente no salió bien –replicó el castaño deteniéndose aún de espaldas a Joey.
— Te juro que no sabía lo que se proponían Noah y tu padre… –se intentó excusar el rubio.
— ¡He dicho que no quiero hablar de eso Wheeler! ¡¿Estás sordo o qué?! –gritó Seto volteándose hacia él –mira… tú tomaste una decisión. Decidiste confiar en Noah antes que en mí. ¡Te decidiste por él! ¿Esperabas acaso que corriese como un idiota enamorado a impedir que embarcases en ese avión después de eso? No Wheeler… las cosas no son así –exclamó Seto inamovible. Joey soltó un sonoro suspiro. El relacionarse con los Kaiba no solía tener resultados agradables desde luego –además… ahora tú tienes contigo a alguien que deseo. No pienses que voy a ser suave contigo, Wheeler. Sabes bien que siempre consigo lo que quiero –añadió Seto con frialdad.
— …Será en lo único que coincidamos porque no pienso dejar que te la lleves, Kaiba… porque yo también la quiero –declaró Joey en el mismo tono de voz. Kaiba dio un pequeño bote al escuchar al joven de ojos miel con la confusión reflejada en su mirada.
— … Creo que te estás confundiendo, Wheeler… yo no tengo ningún sentimiento hacia ella. Es mía y punto… así como tú también quedaste marcado por mí –corrigió el castaño dándole la espalda de nuevo. Joey se sonrojó bajando la mirada dolido mientras giraba su rostro hacia otro lado para no verle.
— … Será mejor que vayamos subiendo, ya empieza a oscurecer –señaló Joey adelantando al castaño sin responderle mientras subía las escaleras.
Seto se quedó en el sitio durante un momento viendo subir al rubio. ¿Y si tenía los mismos sentimientos hacia Crista que los que una vez tuvo hacia Joey? Y también estaba eso… él… ¿seguía enamorado de Joey? No… no podía… se prohibió a sí mismo sentir nada por nadie nunca más en ese sentido. Si volvía a enamorarse seguro que volvería a sufrir como lo hizo en el pasado. Pero… si era así… ¿Por qué le había molestado tanto que los dos rubios pudiesen estar saliendo juntos?
— Kaiba… ¿vienes? –preguntó Joey asomándose por la escalera al ver la inmovilidad que estaba presentando el castaño en ese momento. Seto agitó la cabeza reaccionando en una fracción de segundo. Se había quedado en Babia durante varios minutos. El presidente empresarial asintió provocando que algunos de los largos mechones de su pelo se le metiesen un poco en los ojos tras lo que se obligó, aún ausente, a subir las escaleras. Joey sólo le veía meditar sin articular palabra mientras abría la puerta de su desorganizado apartamento que el castaño pudo juzgar con solo echarle un vistazo.
— … Joey Wheeler… ¿cuándo piensas aprender a mantener tu casa ordenada? –le acusó con el ceño tan arrugado que las cejas parecían querer tocarse. El aludido tragó saliva… eso no iba bien… ya se veía toda la tarde limpiando.
Crista acostó suavemente a su pequeño retoño en la cama arropándole con suavidad. Llevaban todo el día sin hablar del tema y la secretaria empezaba a inquietarse por lo absorto que su hijo parecía mientras cavilaba una y otra vez sobre lo que quiera que estuviese rondándole por su tierna cabeza castaña.
Tras besar su frente, se levantó, liviana como era, caminando hacia la puerta del dormitorio del pequeño con lentitud. Mañana tendrían que abandonar aquella casa les gustase o no así que sólo les quedaban unos pocos muebles por recoger. El madrugón iba a ser destacable.
— Mamá… siento mucho el haber dicho esa mentira acerca de ti y de tío Joey –murmuró el pequeño recogido entre sus sábanas. Su madre sonrió con calidez desde el pórtico, eso era lo único que Kaito había dicho desde la discusión de aquella tarde.
— No te preocupes… sé que lo hiciste con buena intención. Puedes estar tranquilo Kaito, volveremos a ver a tío Joey aun que tengamos que irnos con ese hombre, ¿vale? –prometió la rubia haciendo sonreír al pequeño que parecía brillar con luz propia cuando la dedicaba aquellos gestos dulces y tiernos.
— Vale mamá, buenas noches –se despidió el chico cediendo ante los designios de Morfeo.
— Buenas noches… mi pequeño Kaito.
Seto se metió en la estrecha cama del apartamento mirando hacia el lado contrario a la pared sin mediar palabra con el rubio con el cual compartía aquel lecho quien sólo se dedicaba a mirar hacia el lado contrario en completo silencio para irritación de su invitado. Se habían juntado el hambre con las ganas de comer, vaya.
— Podrías haber comprado otra cama para los invitados, ¿no? –le recriminó el castaño con dignidad.
— Si tanto te molesta puedes dormir en el sofá, yo, desde luego, no pienso moverme de aquí –dijo Joey ignorando las quejas del otro joven.
— No pienso dormir en tu mugriento sofá, suficiente tuve con comer esa porquería de comida basura que comes porque no te apetecía llamar a un restaurante de los que me gustan a mí –contraatacó el castaño.
— No tengo dinero para eso y tampoco voy a ceder a los deseos de un señorito como tú –añadió Joey acurrucándose entre sus mantas.
— Antes bien que lo hacías, Wheeler –recalcó el castaño recibiendo una patada en la espinilla de parte de su compañero.
— No tengo por qué darte ninguna explicación sobre lo que hago o dejo de hacer Kaiba, así que sé bueno y duérmete de una maldita vez –replicó Joey afligido.
— Sólo intenta no tirarme de la cama, no tengo ganas de acabar pringado con toda la guarrería que tendrás desperdigada por el suelo –comentó altanero el castaño iniciando otra discusión que seguramente les mantendría despiertos hasta la madrugada.
N/A: Bueno, y esto es todo de momento, espero que os esté gustando la historia y eso y bueno, que ya sabéis que a mí los reviews me vuelven loca. Y ahí tenemos mi intento de SetoxJoey. Vaya dos liantes, de verdad y vaya genio que tienen ahí todos jajaja.
