Puedo ser la chica floja en pantuflas con gripa.
Pero nunca Suzanne Collins a quien pertenecen todos los personajes, la idea y mi corazón XD
CAPÍTULO 8
El poco viento que se cuela por la ventana le cala los huesos haciéndola tiritar más. Rodea su cuerpo con los brazos meciéndose hacia adelante y hacia atrás tratando de mitigar el cúmulo de sensaciones, emociones y pensamientos; no se da cuenta del momento en el que la puerta se abre y el hombre que conduce el auto la toma en brazos ayudándola a salir. Ella se rebate instándolo a soltarla cosa que consigue sintiendo el frío en los pies al tocar el suelo, pero no es capaz de avanzar unos pasos, sus rodillas flaquean desvaneciéndose delante del auto. El hombre intenta ayudarla nuevamente, ella le gruñe rechazándolo con la mano y con un esfuerzo que le hace escocer los ojos se incorpora lentamente hasta quedar de pie, esta vez no rechaza el brazo que se extiende a su lado únicamente para detenerse y comenzar a avanzar con lentitud el tramo que la separa del Refugio. Avanzan unos metros hasta que el aroma de una fragancia masculina conocida inunda sus fosas nasales; Cinna hace ademán de alzarla en brazos pero el hombre a su lado le indica con un movimiento de cabeza que eso no es conveniente. Ella finge no ver el brillo acuoso en los ojos de su estilista, ni las miradas que intercambia con el hombre que había fungido como conductor del mismo puñetero auto que la llevaba a cada destino asignado por el presidente siempre que debía tratar asuntos en el Capitolio.
Cinna encierra una de sus manos entre las suyas invitándola a soltarse del hombre e ir con él dentro del Refugio. Ella lo sigue sin chistar dedicando al sujeto un último vistazo, nunca antes se había fijado en la profundidad de esa mirada capaz de transmitir cientos de emociones directamente a su alma, como si las palabras no fueran el medio indicado para él; ella da un paso hacia atrás cerrando con debilidad en un puño la camisa del conductor deteniendo su marcha.
_ Gracias _ murmura, porque no puede alejar ese rostro de sus pensamientos cuando al borde de la histeria él la había encontrado, consolado, sostenido y conducido sin recordar el orden cronológico de esas acciones. Nunca olvidas el rostro de la persona que era tu última esperanza, exactamente como había pasado con la chica pelirroja al servicio del 12 en el Edificio de entrenamiento
El hombre no dice nada, únicamente aprieta la mano sobre su camisa transmitiéndole fuerza y ella puede entender sus palabras mudas casi al instante y lo comprende después de tantas veces de verlo al volante: es un avox. Tal vez eso lo hace más especial. Él estuvo al pie del ascensor, la sostuvo cuando las puertas se abrieron quitándole el equilibrio haciéndola caer al piso; no lloraba ni gemía pero todo le resultaba tan doloroso como si acabara de salir de la arena, él la alzó en brazos y sus músculos se quejaron al unísono aunque no rechazó la acción. Quiso cubrir las partes de su cuerpo que estaban expuestas sin conseguirlo, las náuseas volvieron al ver el hilo de sangre resbalar por sus muslos, estaba segura que tenía algo desgarrado entre las piernas. La idea la hizo vomitar manchando la ropa del hombre y lo que quedaba de la suya, pero él no la soltó, por el contrario, la había apretado más contra su pecho infundiéndole confianza. Si hubiera llorado en un momento hubiera sido ese.
Cinna murmura algo con los labios pegados a su cabello intentando contener los sollozos. Ella niega con la cabeza queriendo decirle que no debe preocuparse, que estas cosas simplemente pasan aunque sabe que no es así, que esa clase de ideas son las que ellos quieren que tenga y ahora sabe que en su mente no podrá haber otro tipo de pensamiento. Había pasado.
No sabe cómo llegan a la habitación con el número 12, pudieron haber sido segundo u horas de trayecto, su mente no decide si quedarse en el presente o perderse. Cinna la conduce hasta el cuarto de baño regulando la regadera, le pregunta si puede sostenerse en pie por sus propios medios a lo que ella afirma alejándose de su contacto. Con el agua cayendo por su cuerpo vuelve a ser consciente del aspecto que tiene y desea que Cinna se aleje de ahí, que la deje sola y se olvide, que borre su imagen de la memoria… Su ropa sencilla y anticuada para los gustos exigentes del Capitolio era algo que no se reconocía por donde quiera que la mirase, estaba desgarrada por la parte de enfrente dejando al descubierto un mal colocado sujetador sin un tirante, mientras la parte inferior del anteriormente hermoso vestido se encuentra desgarrado justo por la mitad dejando visibles las marcas de dedos presionados con demasiada fuerza en sus muslos y el hilillo de sangre seca que dibujaba un camino descendente entre sus piernas, perdiéndose en la pantorrilla. El agua resbala poco a poco por su cabeza deshaciendo el rastro del semen en su cabello, refrescando el ardor y la hinchazón del pómulo derecho donde indiscutiblemente ha recibido un golpe que ha comenzado a tornarse morado.
_ Intentaste defenderte _ no es una pregunta, el tono de Cinna es más parecido a una súplica mientras regula otra vez la temperatura de la ducha, haciéndola más cálida.
Ella niega con la cabeza.
_ ¿Cuándo ha habido oportunidad de hacerlo? _ se frota la mejilla con cuidado como si de esa forma desaparecieran la marca morada y las palpitaciones _ Lo gané por negarme a colocar en mi boca su... _ Cinna frunce el ceño y ella aparta la vista, tiene muchos recuerdos horribles y no quiere guardar entre ellos la expresión (sea cual sea) de su estilista.
La idea de haber hecho algo y no sólo dejarse hacer le provoca un escalofrío que dispara los latidos de su corazón, porque seguramente así comenzaba todo, de la misma manera en la que es mejor sonreír, fingir y hacer en vez de luchar, evitar y contener. Está segura que así habían empezado Finnick, Cashmere y tantos otros, cuando los pensamientos de libertad y de justicia son aniquilados entre cuatro paredes, sobre un colchón fino, debajo del cuerpo de un extraño, embestida tras embestida deseando que el hombre se aleje, que todo termine… y cuando creía que así era él volvía a embestir, preparado para otra ronda. Las palabras vulgares, la presión en su cuerpo y los golpes formando parte del ingrediente extra.
Aún no ha terminado de bañarse cuando tres personas desconocidas vestidas de blanco irrumpen en el cuarto de baño y dicen algo a Cinna, a ella no le importa lo que sea que hayan ido a decir y por razones de más no siente nada al saberse desnuda. Sin chistar se recuesta sobre la cama donde le untan una pasta, la inyectan un par de veces, la rocían, tallan y demás cosas que no desea saber. Uno de ellos, una mujer de cabello ondulado y recogido le habla informándole su estado general, haciéndole preguntas. Sabe que le responde con "Sí" o con "No" cuando le pregunta "¿Te duele?" enlistando algunas partes de su cuerpo.
_ Quita esa cara – le dice a Cinna horas más tarde _ No me fue tan mal.
Han terminado con ella cuando el reloj marca las 4 en punto y sabe que es tiempo de marcharse. Los pantalones vaqueros, las botas de caza y la remera sencilla vuelven a cubrir su cuerpo reconfortándola al recordar que pronto estaría en el 12. Echa un vistazo debajo de la cama donde una caja de madera brillante y pulida espera ser llevada al destinatario; parece tan lejano el día que había pedido aquello a Cinna, cuando algo cálido crecía en su pecho y había sonreído al recordar al joven artista que trabajaba con tiza en el patio de su casa. ¿Qué había esperado de todo eso? Sí, él dibujaba a los tributos tal como eran, como personas comunes y normales que piensan, sienten y mueren. ¿Y? No todos podían vivir, las cosas simplemente pasan. ¿Y? Así era la vida, ¿o no?
Cinna toma la caja obligándola a sujetarla con ambas manos, recordándole que no debe olvidarla. No quiere llevar eso a su distrito pero está cansada de hablar. ¿Cinna iba a hacerle caso? Lo mira con expresión ausente antes de abrir la puerta para marcharse pero él la detiene sujetándola de los hombros y en un murmullo que le hiela la sangre su amigo agrega:
_ No volverá a pasar, eso puedo jurarlo.
La lluvia cae con fuerza cuando el tren se detiene en la destartalada estación del 12, la puerta se abre dándole la indicación de que se marche. Lo único que hay en la estación es un perro echado en una esquina evitando las enormes goteras del techo protegiéndose de la lluvia. Ella sube la capucha hasta la cabeza emprendiendo el camino a casa sin detenerse por el lodo, los charcos o el torrencial que azota el distrito. El repiqueteo de agua contra lona provoca que eche un vistazo a la esquina contraria de la estación donde un hombre alto y de ojos grises la mira impávido.
_ ¿Qué haces aquí?
Nunca, salvo el día que volvió de los 74º Juegos del Hambre, alguien la había esperado en la estación a su regreso, ni Prim, ni su madre, ni Gale. Después de la Primera compra tuvo un deseo impulsivo de que ese mismo hombre que espera debajo de un paraguas aguardara en ese mismo lugar pero no fue así, ella había tenido que caminar hasta la Aldea de los Vencedores e ir a buscarlo. Esta vez no desea su compañía; comienza a caminar entrando de lleno bajo la lluvia torrencial dejando atrás a Haymitch, le hubiera gustado pensar que la lluvia iba a calmar su ánimo y a refrescar su mente pero no hay nada de eso en ella, ni ánimo ni pensamientos, se siente como una hoja en blanco mecida por el viento, llevada por la corriente. Ni siquiera se detiene a pensar en lo extraño de esa sensación. El agua se cuela por la chamarra impermeable mojando su espalda. ¡Qué más da!
La lluvia deja de mojarla y es consciente de que Haymitch camina a su lado cubriéndola con el paraguas. Sin intercambiar palabra en el camino se encuentran frente a la puerta de la casa Everdeen, ella ni siquiera le dedica una mirada, sin ganas abre la puerta y la cierra tras de sí. Prim gime con sorpresa ante la empapada visión de su hermana, su madre sale de la cocina y exclama con preocupación que debe cambiarse antes de pescar un resfriado. Toma una ducha y bebe leche caliente, le preguntan sobre por qué no había vuelto al distrito el día anterior con Haymitch, sobre cómo se siente con todo lo del Vasallaje, que no debía preocuparse por tal o cual cosa y lo cansada que debe estar, ella responde a todo como siempre, dejándolas fuera de todo aunque sabe que esta vez no suena nada convincente. Los párpados le pesan y se siente flotar quizá debido al exceso de cansancio. Antes de cerrar los ojos y permitirse unas horas de descanso se descubre diciendo a Prim con voz dulce:
_ Todo está bien. Todo está bien.
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_ ¿Cuántos han sido? ¿6, 7? _ suelta una risotada_ No te ha ido nada mal, parece que el viejo Corolanius sabe hacer negocios. Lo que ha obtenido por ti haría que su nieta viviera con comodidad por 10 años… ¡Puuff! Mentira, quizá 5, esa chiquilla es muy caprichosa.
Nunca intenta entablar conversación sobre nada, generalmente llega, se deja hacer y se marcha, sin embargo, quizá ese sexto sentido que le indicaba hacia dónde correrían las presas para escapar de la muerte era el que le decía que ella estaba justo en esa posición y creyó, rogando en el fondo, que si se mostraba amable dejaría de ser la presa y sólo sería una compra más.
_ ¿Pagó mucho esta vez? _ al instante se arrepiente de haber preguntado y se muerde la lengua. Saber su precio en oro no hace más que hacerla sentir un simple objeto.
El hombre ríe abiertamente derramando un poco de whisky del vaso. Su cabello castaño despeinado cayendo sobre sus ojos decorados por unas largas pestañas que simulan un par de dagas al filo de éstos.
_ No, lindura. Ésta vez es el pago de un favor _ ella sólo piensa en la botellita de infusión que no ha traído consigo _ Quité de en medio a un hombre que Coriolanus creía un peligro, un amigo suyo, no hizo falta mas que mi ingenio, un par de putas baratas, una piscina y una navaja. ¡Ni los Vigilantes hubieran podido planear mejor escenario! _ fija los ojos verdes en los suyos, sabe lo que va a pasar antes de que pase _ Fue una suerte que hubieras enviado el hacha, Coriolanus se reusaba a pagarme contigo hasta ese momento. Y aquí estamos Chica de fuego. Sin reglas, sin límites.
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A mitad de la noche abre los ojos de golpe, el grito ahogado atascado en su garganta incapaz de salir de su boca, le arden los ojos. Las palabras hacen eco en sus oídos: "Es el pago de un favor". Hay sudor en su frente y tiembla tanto que puede escuchar sus dientes castañear, toma una almohada hundiendo la cabeza en ella tratando de mitigar el sonido, el nerviosismo y esa cosa enorme en su pecho que no puede definir pero la ahoga segundo a segundo. No recuerda haber ingerido mas que la leche que Prim le ofreció pero es suficiente para que suba desde su estómago a su garganta obligándola a levantarse de la cama y llegar justo al baño antes de vomitar. De rodillas frente al inodoro con el sabor del vómito en la boca recuerda la sensación en la lengua cuando se encontró en una posición semejante frente al hombre... Las arcadas vuelven con movimientos espasmódicos en su estómago pero no hay nada más que vomitar. La piel le pica y el temblor la controla nuevamente, se deshace de su ropa encendiendo la ducha para tallar su cuerpo otra vez e intentar detener ese vacío que se expande con cada inhalación. No es como si nunca se hubiera sentido así pero esta vez es diferente, es como si todas las sensaciones pasadas se hubieran unido decididas a absorberla y aniquilarla dejándola vacía y seca como una flor marchita.
Intenta dormir otra vez sin conseguirlo y aunque su cuerpo le grita que necesita un buen descanso se viste para ir al bosque sin desayunar. La lluvia ha comenzado a hacer del bosque un lugar más verde y abundante, incluso el lago se ve más grande y cristalino; puede ver las nuevas trampas de Gale teniendo cuidado de no tocarlas pues no está muy segura de lo que puedan hacer, recoge algunas frutas dentro del saco de caza y va en busca de su viejo arco para ir por algunas presas menos sencillas. Una repentina ola de ira la golpea dejándola sin aliento cuando sus dedos tocan la firme madera del arco, aunque al principio lo intenta desiste de tranquilizarse al darse cuenta del objetivo de su ira: ella. Katniss. Observa el arma con desprecio y se arrepiente de hacerlo porque de alguna forma sus arcos siempre son la conexión con su padre, gracias a él y a todo lo que le había enseñado sobre el bosque ellas habían sobrevivido. Gracias a él y a... La ira vuelve. ¿En qué maldito momento había permitido que la gente entrara en su vida? ¿Gale, Madge, Peeta, incluso Haymitch? Y aunque visualizar sus rostros le molesta el verdadero enojo es hacia sí misma, por ser como era, porque no necesitaba cargar con alguien más, porque tenía suficiente con su propia vida. Porque en el fondo siente que es injusto que esas personas sientan un poco de afecto por alguien como ella. Porque las ha decepcionado. El temblor vuelve a invadir su cuerpo y siente asco de sí misma. ¿Qué hacía ella ahí?
Su estado de ánimo es contraproducente con las presas y su puntería falla estrepitosamente. Vende en el Quemador lo poco que recolectó y pasa de largo por la casa de Gale, no tiene el valor para entrar y dar a Hazelle el dinero obtenido. Intenta no pensar en lo que la gente piensa de ella y su brillante papel en el Vasallaje aunque no puede evitar la sensación de las miradas sobre ella.
Por primera vez en años se mete en la cama al medio día y no despierta hasta bien entrada la noche. El sudor hace pegajoso su cuerpo y la idea de destilar por los poros el calor añejo de otro cuerpo le da asco metiéndose a la ducha nuevamente. Un día perdido no estaba nada mal, mañana sería diferente. Pero no es así.
Prim le lleva sopa caliente a la cama, su mirada es de intensa preocupación pero no dice nada ni pregunta por la repentina necesidad que Katniss siente de darse un baño. Escucha el sonido de la puerta y el timbre conocido de una voz cálida y tierna, cubre sus oídos con las manos esperando que ese chico rubio se vaya.
_ Peeta ha venido _ dice Prim al entrar en la habitación. Toma el cepillo y comienza a cepillarle el cabello _ Se ha pasado por aquí todos los días, creo que le preocupaba tanto como a nosotros la manera en la que tomaras lo que pasara en el Vasallaje.
Ella no dice nada, cierra los ojos y vuelve a dormir.
La primera vez que abre los ojos el reloj de la pared marcan la 1 am y el sudor escurre por su frente, intenta volver a dormir y dejar de pensar, dejar su mente en blanco y perderse para no rememorar todo lo que siempre evitó en las compras, evitar el recuerdo del color de sus ojos y sus pupilas dilatadas por la excitación, la sensación de su cuerpo sudoroso y el vello de su pecho sobre su torso, el ardor y la confusión en el rostro cuando él la golpeó con fuerza con el dorso de la mano, la sensación y la textura de sus dedos, la desesperación cuando desgarró su vestido. Respira fuerte, el sudor baja por su espalda enfriándose haciéndola tiritar y sabe que el frío proviene de su interior.
"Todo está bien, Katniss, todo está bien". Se cubre hasta la cabeza con las sábanas haciéndose un ovillo sobre la cama. Casi puede aspirar el aroma de ese aliento alcohólico, la sensación húmeda de esos labios sobre su rostro, sobre su cuello, lastimando sus pechos… "¿Qué voy a hacer?". Y no espera contestar esa pregunta. "¿Cuándo volverá a pasar?". Su mente es un remolino y tras todos esos meses en los que fue la fuerte y valiente Katniss el teatro se viene abajo, las máscaras de indiferencia, bienestar y alegría habían terminado por gastarse y no tiene más fuerzas para buscar una nueva. Una vez hace muchos años había tenido el mismo sentimiento de derrota y soledad, cuando su madre se había ausentado y Prim dependía de ella, sin embargo, con el paso de los meses encontró en quién refugiarse, en quién confiar, a quién proteger y sobretodo alguien por quien sentirse protegida, no obstante, Gale ya no era una opción, ya no era un refugio y jamás volvería a serlo. "Los magnates del Capitolio pagan por mí para tener sexo". ¿Es que él podía entenderla y protegerla? ¿Podría decir eso sin que jurara matar a alguien y actuara impulsivamente? Ella sólo necesitaba decirlo, y sabe que esas simples palabras harían ausentar a su madre, llorar de dolor a Prim y buscar la muerte de Gale. No, nada era como hacía algunos años, esta vez estaba realmente sola y darse cuenta de eso no hace más que aumentar el temblor en sus huesos. "¿Qué vas a hacer Katniss?".
Quiere llorar pero las lágrimas también se han ausentado.
No sabe si el cansancio la vence o la tortura continúa, lo único que sabe es que cuando ha mirado nuevamente el reloj las manecillas muestran las 4 am y vuelve a tener la sensación de asfixia que experimentó cuando ese cuerpo extraño la invadió. "Todo está bien, todo está bien. Todo está bien Katniss, todo está bien". Aunque lo ha pensado descubre su propia voz en el aire repitiéndolo, rompiendo el silencio en un tono suplicante y quebrado. ¿Qué estaba pasando con ella? Se deshace de las sábanas temblando de frío sabiéndose a unos pasos de la histeria. ¿Cuánto tardaría en enloquecer? Tiene la ropa pegada a la piel dándole una horrible sensación pero tomar un baño no es opción esta vez, nunca lo es, el agua no logra llevarse las sensaciones y las imágenes, las marcas, las huellas. El agua no logra limpiarla y conforme pasan los días siente que las capas de suciedad aumentan, sofocándola. Piensa en los animales del bosque, en los pájaros que limpian sus plumas con el filo de sus picos, en los siervos que tallan sus astas en los árboles y los osos (solo había visto uno cuando era pequeña y había ido en compañía de su padre) que limpian su pelaje restregándose con los troncos. La idea de frotar su piel con algo menos suave que el agua y una esponja embota su mente quitándole la única migaja de sensatez que le queda, casi puede sentir el duro y rasposo contacto de una roca contra su cuerpo capaz de quitarle toda esa escoria de la piel.
Evita la ropa del día anterior despojándose de la que lleva debajo del pijama también, buscando con desesperación ropa interior y exterior en los cajones de la cómoda, ansiosa por fundirse en el bosque y deshacerse de esa sensación asquerosa de su cuerpo. Jala la ropa con brusquedad lanzando fuera algo brillante.
Una repentina calma la invade cuando se arrodilla estirando la mano izquierda debajo de la cama para alcanzar el frasquito que ha tirado al sacar la ropa del cajón, conociendo el contenido y sus efectos, maldiciéndose por no haberlo adherido a su piel como un miembro más y haberlo llevado consigo durante el Vasallaje de los Veinticinco; agradeciendo el hallazgo porque lo veía como un respiro en medio de la tormenta aunque no es algo que pueda saber si está bien o no porque su mente es incapaz de ordenar los pensamientos. Gira la rosca de la tapa y bebe hasta la última gota.
Ríe y gime. Se acalora y se congela. Cae y se eleva. Cae, cae, cae… Y no deja de hacerlo.
El mismo ritual de la pesadilla al amanecer se repite semana tras semana. Los días se arrastran dolorosamente uno detrás de otro sin haber diferencia entre ellos, la lluvia cae en el distrito día y noche sin conseguir que la gente permanezca en sus casas, demasiado ocupados tratando de llevar algo de comer a sus familias como para amedrentarse con algo como un chubasco. La hierba en el bosque ha crecido tanto que incluso Gale puede ocultarse entre ellas arqueando levemente la espalda mientras que Katniss consigue permanecer escondida del todo, escabulléndose entre el follaje hasta llegar al lago, donde se deshace de su ropa y se sumerge en el agua helada para despejar su mente y acallar sus sensaciones, segura de que un dolor distrae al otro y aunque en realidad no le duele nada ese NADA le consumía las entrañas, porque no podía sentir, ni pensar, ni esperar...
Su mundo se encoje cada día y desea que todos se alejen de ella. Su relación con Gale se vuelve casi nula debido a su falta de palabras y la molestia de él ante su actitud, sin mencionar el repentino remordimiento que se unió al abismo de sentimientos que de por sí ya tenía al recordar por qué Lile le parecía conocida: Gale y ella habían salido hace unos años.
_ De verdad no quería...
_ Nadie quería Katniss. No es como si perdiera al amor de mi vida _ ríe con tristeza _, simplemente que… formó parte de mi vida_. Guarda silencio unos minutos que son incómodos para ella, no quiere saber nada más de lo que pasó entre él y Lile aunque tiene una vaga idea, por ese tiempo Gale acostumbraba a desaparecer en el bosque dejándola sola. No hay nada romántico en el pensamiento _ Aunque me alegro de que la loca Mason se pusiera lista al final, hubiera sido más frustrante si hubiera ganado un profesional.
Ella no quiere decirle qué pasó en realidad. No tenía caso.
La venta de sus presas disminuye notablemente, hasta la carnicera le ha dado un ultimatum con respecto a la mala condición en la que llegaban los animales muertos: llenos de agujeros. Y no era para menos, la puntería le fallaba como jamás había sucedido, tardaba horas persiguiendo a la presa, no lograba ser silenciosa a pesar de las ventajas que le proporcionaban las hierbas altas, la flecha se negaba a seguir el recorrido necesario e incluso los árboles parecían reacios a ser escalados por ella. A ese paso Rory terminaría pidiendo teselas al llegar el invierno como muy amablemente le recordó Gale con la molestia llameando en sus ojos. Un día entero trató de centrar la puntería en la X marcada con tiza en un árbol, como solían hacer cuando eran unos novatos, pero no lo consiguió, esa repentina ira hacia sí misma volvía con fuerza cada vez que tocaba una flecha y así como llegaba se esfumaba, dejándola sin fuerzas. La semana siguiente a su regreso desistió de utilizar su arco por primera vez en 7 años, centrándose únicamente en recolectar y colocar trampas, desde entonces el arco permanecía estático escondido en el hueco de un árbol.
Prim había comenzado a hablarle con un tono preocupado aunque intentara sonar alegre, segura de que Katniss tenía alguna enfermedad extraña dándole de beber cuanto menjurje se le ocurría, producto del libro de las plantas, para reanimarle y curarla porque a su parecer podía ser una infección la que la hacía más delgada cada día y la hacía vomitar a cualquier hora. La conclusión a la que habían llegado su madre y ella, a espaldas de Katniss, había sido el exceso de presión durante el Vasallaje y tal vez el remordimiento por la muerte de los dos tributos del 12. ¿Quién no iba a traumarse por eso? A Haymitch lo había convertido en un alcohólico. Un alcohólico que la miraba de cerca todo el tiempo y bajo cualquier pretexto se pasaba por su casa, de hecho se estaba haciendo una costumbre que cayera de casualidad por su casa al atardecer y su madre lo invitara a cenar, además de comer y beber furtivamente de la petaca que sacaba de entre su ropa intentaba sonsacarle algo, cualquier cosa, sobre el estado de Katniss, quien no probaba mucho bocado y se marchaba de inmediato a su habitación ignorando a quien fuera su mentor en los Juegos.
Aunado a ello casi siempre huye de Prim y sus cariños, incluso su madre había comenzado a ser más maternal de lo normal y ella odiaba eso. Madge se pasa un día por su casa y por primera vez el silencio sí es incómodo entre ellas. Evita acudir a la panadería sabiendo que Peeta se ha pasado por su casa casi todos los días, tal vez no por la persona, sino por todo lo que creyó que valía la pena en la vida, por la absurda idea de poder vivir con todo aquello y esperar por una salida.
Una tarde, tras vender por muy poco unas ardillas en el Quemador Haymitch la pilla desprevenida antes de entrar a su casa.
_ Un mocoso trajo esto de la estación, dijo que lo olvidaste en el tren. ¿Para qué traías esta mierda?
Ella observa la caja de madera barnizada, brillante aunque con un golpe en un costado que había dejado la tierna fibra al descubierto. Se acerca arrodillándose frente a ella buscando la forma de abrirla encontrando un broche en la parte superior, jala un poco un artilugio de metal y la caja se abre por la mitad dejando ver varios cajoncitos a los costados, compartimentos y herramientas, pequeños tubos de colores, frascos con líquidos turbios, pinceles de diferentes tamaños y cerdas de todos tipos, espátulas, esponjitas y en al costado muchas hojas de papel, suave y rugoso, liso y brillante. Nunca había visto algo parecido en el distrito, al menos no en la Veta. ¿Qué había esperado de eso? Acaricia un pincel con los dedos, lo toma con fuerza partiéndolo por la mitad.
_ Puedes hacer lo que quieras con él.
_ Es tu basura. Llévatela _ aunque su tono es de reto y desdén como siempre que tenían una conversación, él escudriña en las expresiones de ella intentando averiguar para quién era el cacharro. Ella no dice nada, toma la caja con brusquedad entrando en la casa donde esconde el objeto en el rincón del armario y aunque tirar el contenido es lo más sensato que se le ocurre no lo hace, tal vez porque muy en el fondo cree que tal vez algún día llegue al destinatario.
El sol está en lo alto cuando se despereza con palpitaciones en la cabeza e incapaz de enfocar nada, la luz lastima sus ojos debiendo parpadear varias veces para acostumbrarse y volver a la realidad, donde viste únicamente con ropa interior y una sábana ligera cubre su cuerpo. Bosteza. ¡Wow! Su mente aún la hace flotar, la hace marearse al ponerse de pie, colocarse una blusa, pantalones, ver el vaso de leche y pan tostado con mermelada que seguro Prim ha colocado en la mesita de noche y devora todo con ganas.
Su madre entra preguntando cómo se encuentra, dibujando una sonrisa al verla de pie. Katniss por su parte intenta devolverle la sonrisa pero la infusión cada día tiene menos efecto , el pozo de incertidumbre comienza a ensancharse poco a poco. Le indica que debe ir donde Hazelle, al bosque y al Quemador, toma la bolsa de caza y cruza la valla. En realidad ni Hazelle ni el Quemador son prioritarios en su itinerario, conforme los minutos pasan el espacio nebuloso en el que se encontraba va dando paso a la cordura y no desea que la consuma de nuevo. Necesita más. Se escabulle de las trampas de Gale, pasa de largo por el fresal buscando debajo de los árboles grandes entre la humedad de los troncos esas hierbas y hongos que llenarán la botellita en su bolsillo.
Aunque dicen que el tiempo hace olvidar ella en realidad no espera nada, ¿de qué iba a servir olvidar si nuevamente pasaría? Se siente tan cansada y el pensamiento de terminar de una vez con todo cruza una y otra vez por su mente. Ya estaba de más vivir por alguien, ya fuera por Prim, por su madre o simplemente para mantenerse fuerte y ser un ejemplo como Finnick y Beete le habían dado a entender en el Vasallaje, si vivía era por ella misma y sabía muy bien cómo terminar con su vida, el punto era que aún no lo hacía, continuaba viviendo en ese sopor entre la infusión, la realidad y el cansancio, como si se tratara del intermedio, el preludio de algo que no sería tan malo. Jamás ha esperado nada, y esta vez lo esperaba de verdad aunque no de manera consciente.
_ Podría preguntarte por qué lo haces pero de antemano sé que mentirás.
La voz de Gale es lejana a pesar de tenerlo a escasos centímetros. No es como si se sorprendiera al descubrirla mezclar la hierbas en una cacerolita y ponerla al fuego, y a ella parece no importarle que la haya descubierto, sabe que tarde o temprano pasaría pues estaba dejando de ser cuidadosa. Al paso que iba terminaría gritando entre delirios lo que con tanto esfuerzo calló durante meses.
_ ¿Qué vas a decirme entonces? ¿Vas a regañarme?
Gale la ayuda a atizar el fuego sacándola del sopor ante la sorpresa.
_ No. ¿Para qué? Seguirás haciéndolo y últimamente te pareces tanto a Haymitch que no me sorprende que traigas puesta la misma ropa de la semana pasada ni que prefieras perder la cabeza como buen Vencedor. Te estas volviendo un parásito como él.
Es el Gale serio y directo de siempre, al que no le interesa la rudeza de sus palabras con tal de hacerle llegar el mensaje, sin embargo, la comparación con Haymitch le mueve algo por dentro sintiendo enojo por primera vez en mucho tiempo. ¡Es tan extraño sentirlo!
_ Tú no sabes lo que ocurrió con Haymitch.
_ Ni lo que pasó contigo. Creo que la fama no te cayó muy bien, ¿eh?
_ Sí, la fama _ su voz es vacía, la mirada fija en el agua burbujeante de la cacerola que comienza a emitir un leve vapor de fuerte aroma. Repentinamente la bota de minero de Gale se hunde entre el carbón disminuyendo el fuego, golpeando el improvisado soporte haciendo caer el recipiente con un sonido seco salpicándola de agua hirviendo en los brazos, ahogando el fuego por completo.
_ No sé qué demonios te pasa y a estas alturas me importa un bledo, pero deja de hacerlo Katniss. Jamás, desde que nos encontramos por primera vez en este bosque, te consideré una persona egoista, por el contrario, me sorprendía la rudeza con la que enfrentabas la vida y cuidabas de los tuyos, incluso durante los Juegos la gente amaba la fuerza no de la Chica en llamas con bonitos vestidos, sino la de la pobre chiquilla del 12, la de Katniss, la que aprendió a cazar con un arco pequeño labrado por su padre, la que escala árboles como nadie, la que aprendió a hacer trampas magistrales, la que puede ser dulce y tierna con Prim, la que es capaz de colocar la punta de una flecha allá donde posa los ojos. Esa Katniss. Mi Catnip _ baja la voz recogiendo un trozo de hongo mojada del suelo _ ¿Te has convertido en esto?
_ No querrás saberlo. Es mejor así.
_ No, ya no quiero saberlo, claro que es mejor así _ suelta con brusquedad el trozo húmedo y viscoso _ Ya no tienes que fingir que vienes a ayudarme con la caza para hacer esta mierda _ mira con desdén la cacerola volcada en el suelo _ Rory pidió teselas esta mañana. Gracias por todo, Katniss.
Con las botas llenas de barro, el cuerpo adolorido y las palabras de su mejor amigo (no sabe si aún lo es) vuelve del bosque con la vista en la tierra evitando a toda costa encontrarse con la mirada de Haymitch que la observa desde su ventana.
_ ¿Katniss?
Enfoca al interlocutor muy tarde ya que echarse a correr en ese momento para evitarlo no haría más que demostrar una marcada falta de educación, no es como si le importara lo que la gente piensa es sólo que ese chico... ¡Qué extraño escucharlo pronunciar su nombre! Peeta está sentado en la escalera del pórtico mirándola fijamente, a su lado Prim observa con atención algunas hojas del papel que se utiliza para envolver el pan.
_ ¿Qué haces aquí?
El rostro de él refleja con claridad lo herido que se siente por la brusca pregunta aunque logra ocultarlo fácilmente.
_ Creí que... Sólo quería saludarte. Hace mucho que no se te ve ni el polvo.
_ Será porque he acudido al Quemador, donde suele ir la gente común y corriente.
Él frunce el ceño. Se pone de pie bajando el escalón para quedar frente a ella; en esa posición él es mucho más grande llevándole poco más de una cabeza de altura.
_ Veo que estás bien. Me alegra. Tal vez... _ desiste y da la vuelta para marcharse, despidiéndose de Prim.
Su pequeña hermana la mira confundida haciendo varia muecas que intenta le transmitan el mensaje de no estar siendo nada cortés con Peeta.
_ Creo que realmente ha estado preocupado por tí _ dice _ Sabes que sólo ha venido a preguntar cómo te encuentras, ¿verdad?
_ Yo no le pedí en ningún momento que me estuviera acosando.
_ Lo siento, preciosa _ gira él sin detenerse, avanzando unos pasos de espaldas _ Lo entiendo claramente.
Lo observa marcharse hasta que desaparece de la Aldea de los Vencedores. ¿Cómo la había llamado? El enojo no disminuye, al contrario, aumenta al sacar la conclusión de que Peeta Mellark había estado hablando con Haymitch, ¿de dónde si no había sacado lo de preciosa? Aprieta los dientes con rabia. Para él era fácil observar la vida de los demás, jamás le había faltado nada y estaba segura que nunca le faltaría.
_ ¿Qué te pasa, Katniss?
Había olvidado que Prim estaba ahí y el enojo cede un poco para poder hablar a su hermana con lo que ella cree es sinceridad aunque en realidad no sabe por qué lo ha tratado de esa forma. El simple impulso de escupirle en la cara que jamás entendería a alguien como ella y no tenía derecho a meterse en su vida había brotado de pronto de su pecho y si se detenía a pensarlo iba a sentirse avergonzada.
_ Odio que se metan en mi vida.
Por una parte era cierto, el Capitolio la manipulaba lo suficiente.
_ Y nos estas sacando a todos de ella _ responde Prim con una nota aguda de molestia al final de la frase _ Él sólo quería mostrarte esto.
Le extiende las hojas de papel marchándose enojada. Katiss apenas si echa un vitazo a la primera de las hojas cuando el rostro de Glenn la mira sonriente plasmado con tiza.
Los Juegos, el distrito, el Capitolio, la gente. Ella. ¿Es que nunca iba a terminarse? Recuerda haberle dicho a Peeta que quería ver los dibujos de los tributos a su regreso pero ya no encuentra lógico aquello. ¿Para qué querría verlos? Entra a la casa subiendo la escalera rápidamente, entra a su habitación cerrando la puerta de un golpe y una a una rasga las hojas sin ver el contenido. No quiere recordarlo. No quiere saber nada. ¿Para qué hacerlo si no hay nada que hacer? Las hojas se reducen a un montón de papelitos arrugados e irregulares regados por el piso, pero el enojo no mengua. Abre la puerta del armario tomando la caja barnizada que Cinna le había conseguido en el capitolio. La tira contra el suelo abriéndola y regando algunos pinceles. Toma todo lo que puede arrojándolo hacia todos lados, regando el contenido de muchos frascos, rompiendo y rasgando, tirando y pisoteando. Maldiciendo.
Cuando su pecho duele y su respiración es rápida es consciente del tiradero que ha hecho pero no lo lamenta. Se sienta en el suelo con la espalda en el borde de la cama abrazándose a sí misma, frotando sus brazos. Ese dolor nunca se va, sólo se esconde y espera el momento para asfixiarla y destruirla. Quisiera poder enterrar la cabeza entre las rodillas y llorar, liberar la presión, liberar el enojo, la frustración, el vacío. Pero no hay nada, los ojos no le escocen, ni arde su garganta. Sólo el vacío gana unos centímetros más en su cuerpo, recordándole que a fin de cuentas ella jamás podrá ganar el juego.
Lamento mucho la tardanza, espero que ahora en las vacaciones pueda actualizar más seguido.
Lamento el giro tan raro de la historia, estaba planeado desde el principio porque digo, la "trata" de personas es algo horrible (penas máximas para los que se atreven a vender a otras personas!) y me pareció que Collins fue muy suave con el tema cuando Finnick cuenta su historia, seguro que le pasaron muchas cosas feas :S
Muchas gracias por sus reviews a quienes siempre están al pie del cañón con esta historia: martina, sombras, lucinda, katniss luz, los invitados y a Misari (creo que ya te quiero y no te conozco XD, siempre me hacen sonreir tus mensajes), aunque también agradezco a los followers que leen y no comentan. MUCHAS GRACIAS A TODAS!
Saludos!
