Bella POV:
Adoraba ver como todos gritaban ante la presencia de uno de los demonios. En este lugar se nos eran conocidos como los demonios del abismo. Pero esto estaba más que claro, que vivíamos en armonía, ya que, a cambio de su sangre, les brindábamos el agua pura de nuestra cascada, ya que ningún humano tenía permitido cruzar nuestro bosque, y hasta habíamos construido hogares para ellos. Pero este tratado había tomado algunos cambios, ya que no nos dejábamos ver por nadie, y muchos humanos deseaban darnos caza. Solo algunos, por ejemplo mí misma, iba por la cena y se dejaba mostrar a la poca luz que había. Este pueblo carecía de sol, siempre cubierto de nubes color perla, pero eso nos hacía más fácil el trabajo, ya que necesitábamos de la sombra para sobrevivir, el sol era mortal para nosotros, como decían las leyendas del pueblo. Sin dejar de pensar eso, volví a golpear a la mujer que yacía asustada y ensangrentada bajo mis brazos.
- ¡Por favor, tengo un hijo! – Suplicó. ¿Y eso a mí qué? Pensaba decirle. Pero no había tiempo para charlar. Era hora del verdadero show. El esposo de la mujer me estaba disparando con flechas, pero apenas si sentía como alguna que otra atravesaba mi cuerpo, ya que algunas ni llegaban a clavarse en él.
- ¡Atrápenla! – Gritó un hombre, sonreí feliz. Adoraba esto, era muy divertido. ¿De verdad creen que van a atrapar a uno de los demonios? No lograban ni atrapar a Sophie, que era solo una niña. Volví a golpear a la mujer con mis uñas, que quedó inconsciente y la tomé del brazo con la boca, para arrastrarla hacia el bosque. "Eso es, sigan al demonio" Pensé, malignamente.
- ¡Escapa! ¡Síganla! – Gritó un viejo, con una boina marrón encima de sus blancos cabellos. Todos empezaron a seguirme con sus antorchas y flechas. Sí que parecía que estábamos en el siglo XV.
Pero en cuanto ellos se empezaron a adentrar entre los frondosos árboles, uno de ellos se cayó (O fue tirado) enfrente de ellos, bloqueando el paso, a lo que los campesinos, frustrados volvieron al pueblo. ¡No, maldita sea! Fue lo que pensé al ver a Edward mirándome.
- ¿¡Que has hecho? Esa era la cena – Le recriminé, furiosa. ¿Cómo se atrevía a frustrar mis planes? ¿Acaso no ve que estoy trabajando?
- Bella, necesito hablar contigo – Anunció, tomándome de los hombros. Le gruñí fieramente, necesitaba llevar a esa humana a Yasmin y a Erick. No tenía tiempo para ridiculeces.
- Bueno, pero rápido, no tengo tiempo ni ánimos de oírte – Le avisé. Él hizo una mueca de dolor. ¿Qué quiere que haga? Dios, esto es irritante.
- Bella… - Empezó él, pero su voz se cortó. ¡Bien, esto es el colmo!
- ¡Te dije que no tengo tiempo! – Le grité, enfadada. ¿Me ve con cara de que me sobra tiempo? Él me miró, tristemente. No me tendría que importar que él sufriera ¿Él no había echo lo mismo? - ¡Si no tienes nada que decir, me voy y déjame en paz! – Y con esto me intenté dar vuelta pero, firmemente, tomó mi brazo y me hizo darme vuelta. Y aferrándome las mejillas, sin darme oportunidad de escapar, ni aunque mordiera, declaró:
- Te amo. – Y clavó su boca en la mía. Mis nervios se pusieron de punta. Mi conciencia empezó a batallar sola.
¿¡Que está haciendo este, infeliz? Se quejaba mi parte buena.
No sé, pero es genial. Decía la parte que me impulsaba a que dejara de hablar, y disfrutara del placer. ¡No podía ser que tuviera el mismo efecto en mí que hace treinta años! Al parecer así era, pero él estaba desesperado al parecer, ya que casi intenta morderme el labio con sus dientes. Los suyos se movían descontrolados contra los míos, pero no podía hacer nada para detenerlo.
- Suelta..me – Le ordené, entre sus labios, pero mi voz murió dentro de su boca. Ni siquiera pareció haberme oído. Es más, si lo había echo, me estaba ignorando.
- No quiero, te amo – Respondió al cabo de unos minutos. Pasó su lengua por mis labios, tratando a toda costa de entrar en mi boca, cosa que no le fue concedida. Empezó a gemir en mi boca, casi a los gritos. ¿Podía parar? ¡Estaba traicionando, técnicamente, a Jack! Lo que pareció una eternidad, se separó de mí, jadeando.
- Te amo – Volvió a repetir, apenas con voz. Negué con la cabeza firmemente.
- Basta, Edward. Ya oí suficiente – Dije, tristemente. ¿Qué podía hacer ahora? No podía volver con Jack y fingir que nada había pasado, que no estaba enamorada de Edward, pero…Aún lo estaba, el beso lo había comprobado. No podía hacer nada más que alejarme y contarle a Jack la verdad.
- Pero… - Empezó él, pero le cubrí la boca con mi mano.
- Basta. No puedo. – Le contesté. Sus ojos se llenaron de dolor, y pasó la lengua por mi mano. – Edward, basta. – Él volvió a gimotear, adolorido – También te quiero, pero… - Él se soltó de mis manos y me volvió a besar.
- ¿¡Me quieres? – Gritó mientras me besaba con fuerza. Me alejé de él, no podía seguir así.
- Edward… - Mi tono era de regaño. Él bajó la cabeza, avergonzado por su impulsividad. – Lo siento. No puedo. Mi vida está armada ya, no puedes hacer nada contra ello. – Le confesé.
- ¿Qué no puedo? – Su voz sonaba enfadada y ofendida. ¿De verdad era tan tonto como para creer que podía derrotar a Jack? Ni siquiera toda su familia podría con él. Por que con él, viene la familia, y con Vane y Marcos en el equipo, era imposible perder. Nunca nadie les había vencido, jamás.
- Edward, no puedes ¿Te quedó claro? Yo también amo a Jack – Admití, alzando con cuidado la mirada, temiendo encontrarme con lo que no deseaba…Efectivamente, allí estaba: Dolor.
- Por favor, Edward, no lo hagas más difícil. – Supliqué sin esperanzas, no podía verlo así.
- Te amo – Volvió a decir. Mi corazón se encogió, aún cuando eso lo había dicho muchas veces en esta tarde. Pero entonces escuché la voz que nunca quise oír: Jack.
- ¿¡Que coños estás haciendo con ella? – Chilló él, agitando las manos.
- ¡Jack, cariño, cálmate! – Le supliqué, al ver que sus furiosos ojos borgoña destilaban odio y apuntaban solo a Edward.
- ¿¡Como quieres que me calme? ¿¡Que te estaba haciendo? ¡Dímelo antes que lo asesine! – Gritó él, alzando las garras. Edward, algo asustado, dio un paso atrás. - ¡Oh, vamos, cobarde, si la amas pelea! – Volvió a aullar mi pequeño ángel, mostrando unos afilados colmillos que crecían un poco más conforme pasaban los segundos. Entonces, Edward se dio vuelta bruscamente, también gruñendo. No pude frenarlo, él, veloz como un rayo, dio un brinco, con sus fauces abiertas y amenazantes.
- ¡Jack, no! – Le grité, pero él no pareció escucharme, creo que me estaba ignorando. Edward apenas si podía defenderse de de los zarpasos que las largas y filosas uñas de Jack intentaban darle. También sus colmillos intentaban alcanzar su carne. Pero él evadía todo lo que podía, pero no era lo suficiente. Jamás lo sería. Por un momento, Edward logró quitarse de encima a Jack, que salió disparado contra un árbol, pero cuando iba a llegar a su corteza, sus pies hicieron impulso para volver a atacar. De verdad era muy bueno, nunca lo negaría. No podía intervenir sin que me mataran o se mataran entre sí, estaba más que claro, así que solo chillaba y pedía el término de esta batalla.
- ¡Basta ya, Jack Danwson Van Helling! – Gritó una voz delicada. Por favor, que sea ella. Pues sí, en efecto lo era. Vanessa chasqueó la lengua en disgusto.
Jack automáticamente dejó de moverse e intentar morder. Se dio la vuelta, mirando con miedo a nuestra líder.
- ¿Qué significa esto? – Preguntó Vanessa, haciendo una mueca enfadada. Me acerqué a él, tratando de protegerlo. Edward se sacudió la ropa toda rasgada de la tierra que había en ella.
- Ah y-yo, Vane – Tartamudeó Jack, sin formar una frase comprensible. Vane alzó su nívea mano, para detener sus balbuceos.
- Está más que claro que no tienes suficiente control para estar en estas misiones, siempre te descontrolas en cualquier cosa que pasa – Habló ella con dura voz. No tenía que ser cruel con él. Aunque…Se lo merecía, un poco.
- Pe-pero – Volvió a intentar decir él, pero lo volvieron a callar.
- Ya basta, Jack. Dijimos que nada de daños a nuestros visitantes, y mira como está él – Ella agitó la mano hacia Edward con un gesto de desacuerdo.
- ¡Pero estaba con Bella, Vane! – Gritó Jack, mostrándole los dientes nuevamente a Edward, quien retrocedió algo asustado.
- Jack, esa es la oportunidad que otorgamos, hay que ser justos – Dijo ella, parpadeando con sus ojos color rubí. Él bajó la cabeza, avergonzado. Vanessa con suave sigilo se acercó a Edward, quien la miró algo confundido por su preocupación.
- ¿Estás bien? – Le preguntó ella, alzándole la barbilla con las negras uñas. Aún siendo tranquila, era escalofriante.
- Creo que sí – Admitió él, que estaba rasguñado por todas partes. La líder buscó entre los bolsillos de su vestido negro algo, pero cuando, creo, lo encontró, sonrió satisfecha. De ellos, sacó un pequeño frasco con líquido púrpura, que tenía aspecto de ser tan ligero como el agua. Extendió la mano con el frasquito del tamaño de un dedo, hacia Edward.
- Ten, sirve para heridas, cura cualquiera. Tómalo – Vanessa desplegó una sonrisa medio forzada hacia Edward. Él, aunque algo desconfiado, lo bebió hasta la última gota. Empezó a toser.
- ¡Eso sabe a cartón! – Dijo. Pero al parecer, valía la pena por que los arañazos que Jack le había dado estaban empezando a desaparecer.
- No te quejes. – Dijo Vane, dándose la vuelta. Miró a Jack severamente y ordenó: - Jack, vámonos. Bella, Edward, si quieren vengan con nosotros.
Automáticamente la empecé a seguir, no quería seguir discutiendo con Edward. No quería seguir sufriendo, pero aún quedaban seis días más por soportar de su estadía. ¿Podría sobrevivir?
Edward POV:
Habían pasado cosas positivas y cosas negativas hoy. Las negativas eran que había visto que Bella se había convertido en una máquina sádica de matar, y también que su novio casi me mata. Las positivas, era que por fin había logrado hablar con Bella, y había logrado que dijera que me quería. ¡Que feliz había sido aquel momento! Su boca seguía igual de deliciosa que antes, y su aroma también, salvo que ahora me provocaba otro tipo de hambre. Ya podía ver a mi conciencia moviendo las cejas sugestivamente.
- Puedo ver que las cosas no te salieron del todo bien – Comentó Marcos, sonriendo casi burlón. Él ahora estaba acostado en la amplia cama blanca con los brazos en la cabeza.
- Algo – Admití, moviendo la cabeza hacia un lado. Solté una sonrisa para él.
- Si, te veo los labios rojos y dudo que sea por sangre humana – Soltó unas risas. - Creo que debería felicitarte. – Dio unos pequeños aplausos con sus esqueléticas manos. - ¡Viva el Team Edward! (N/A: Sí, no pude evitarlo :D)
- Cierra la boca, Marcos – Le ordené. Ahora podía tomarme esas libertades con él, ya que él no era como su hermana: Firme, frío y sádico. Se podía decir que era todo lo contrario.
- ¿Dándole ordenes al señor de esta habitación? – Preguntó, fingiendo estar ofendido. – Eso merecerá su expulsión. – Bromeó él, intentando disimular una sonrisa.
Le devolví su sonrisa, este fue un buen día, exceptuando lo negativo de la vida, pero, pude obtener un pequeño cambio, y eso era bueno. Mañana tenía otro plan listo y no pensaría nada más que en mi objetivo.
¡Viva! Terminé el octavo capítulo. Prepárense para el Lemmon de Jack y Bella ¿Saben? dicen que las reconciliaciones entre parejas son las mejores. ¿Por qué lo digo? Ya verán :D
Bueno, al parecer Edward fue mordisqueado por el sexy de Jack. Deberían crear un Team Jack ya que él es tan…Lindo ^^
Pero también tiene un lindo amiguito rubio y divertido llamado Marcos. El dulce y el odioso se juntan para crear un plan malévolo ;)
- Se despide, Vane.
