Antes que nada, debo advertirles que me puse un poco oscura para escribir esta vez (y no es solo por el título, aunque si tiene en algo que ver), pero creo que es justo y necesario, como todo lo que se viene de ahora en adelante en este fic. Solo les pido, de antemano, ¡que no me odien por favor! :D
Declaimer: Pokemon no me pertenece… y la verdad esto es solo rutina porque todo el mundo sabe que es así, pues la serie es japonesa y yo soy chilena... O sea, no hay por donde xD
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Cap VII.
Oscuridad
Había sido poco cuidadoso, todo lo contrario a como se lo había propuesto las innumerables veces en que se imaginó estando en una situación similar. Sabía que para la chica tuvo que haber sido
sorpresivo, más que mal, él siempre se caracterizó por ser un despistado por excelencia en temas del corazón, pero confiaba en que la pelirroja ya lo había superado; o por lo menos en eso quería creer.
–Aunque como se lo planteé anoche… ¡demonios, creerá que soy un estúpido engreído que piensa que ella aún no puede vivir sin mí!
No quería levantarse; era curioso, pero estar nuevamente en esa habitación que ocupaba en su infancia y adolescencia lo hacía sentir extrañamente protegido.
– Ash... –se escuchó desde la puerta –hijo, ya es hora.
El moreno suspiró, quiéralo o no debía cumplir con ese estúpido deber y peor aún, compartirlo con Misty, de quien esperaba recibir su furia tras los dichos de la noche anterior.
Pero erró.
No había tiempo para reflexionar lo que le había dicho Ash la noche anterior, ya no era la niña de doce años que habría salido corriendo desconsolada ante la actitud tan fría de su primer amor o avergonzada por el descubrimiento de su gran secreto, pero ¿hace cuánto lo sabía? ¿Será que durante sus viajes fingió no darse cuenta de cuanto lo amaba?
– ¡Demonios concéntrate en tu trabajo! –Refunfuñaba para sí.
– Misty... –Le habló Dawn quien había acudido al igual que todos a despedirse de la pareja que emprendía tan peligrosa misión y cuya tímida voz ahora interrumpía sus pensamientos. Misty la miró con una sonrisa percatándose de inmediato de como la peli azul estaba con la cabeza agachada, algo raro en ella conociendo el entusiasmo natural que siempre reflejaba. – ¿Podemos hablar un momento? – la pelirroja asintió y siguió a la chica hasta una de las habitaciones, apartándose un poco del alboroto que su partida implicaba. Se sentaron en un pequeño sofá y tras respirar profundamente, la peli azul habló – Sabes Mist... siempre tuve algo de envidia hacia ti. Desde que era una niña principiante y comenzó mi viaje, siempre sentí celos... porque... porque...
– Solo dime Dawn... – dijo Misty en tono dulce – Somos amigas, puedes decirme lo que quieras.
– Es Ash. – Misty frunció un poco el ceño. Ash, ¿por qué todo tenía que ver con él últimamente? –Siempre te nombraba y hablaba de lo fantástica que eras, lo talentosa con los pokemon acuáticos, lo fuerte de tu carácter, además de la fuerza y ánimos que siempre le diste para seguir adelante...y yo me sentía tan tonta, siempre él me daba concejos como si no supiese nada, diferente a ti que te veía como un igual, yo era tan poco talentosa, tan débil tan...
–Espera – interrumpió – No entiendo porque tomabas tanto en cuenta lo que ese niño decía. Ya Sabes, él siempre fue un poco torpe en su trato con las chicas, además era natural que me recordara si pasamos mucho tiempo juntos y fuimos tan ami...
– ¡Yo lo amaba Misty! – Supuso que Dawn diría eso, pero no quería escucharlo. A pesar de estar
un tanto incómoda por la confesión de la peli azul, intentó seguir escuchando con naturalidad mostrándose abierta a que la joven se desahogase. – Siempre...sentí cosas por él. Al principio peleábamos mucho, lo que era natural si aún éramos muy niños, pero después...
– Descubriste lo gran amigo que era y el gran corazón que poseía. – Dawn asintió – ¿Pero por qué me dices todo esto ahora, a que viene...?
– Nunca deje de amarlo. Y ahora que lo volví a ver después de tanto tiempo, lo corroboré. – Los ojos de la joven se llenaron de lágrimas aunque dejaban ver una gran firmeza y convicción en sus palabras – ¡Lo amo más que a nada y no sé qué hacer con esto que siento! Sé que cuando niña
quizás me ilusioné un poco con que él podría sentir lo mismo que yo pero...
– Nunca fue así ¿verdad? … a Ash no le preocupaban ese tipo de cosas – Mintió la pelirroja, pues tras la confesión hecha por el moreno la noche anterior, sabía que Ash no era tan despistado como solía pensar.
–Misty... –agregó la chica limpiándose un poco las lágrimas del rostro – Esto jamás se lo dije a otra persona y he decidido confiártelo porque estoy aterrada... tengo pánico de que algo pase y él nunca sepa lo que siento. Sé que ha estado en situaciones peligrosas toda su vida, pero esta es diferente, algo en mi lo dice. Y en cierta forma me alegra que tú lo acompañes en esto, que lo cuides.
– Pero él puede cuidarse solo...
– No nos engañemos Mist. No sé si tú escuchaste a Sam la primera vez que nos reunimos todos, ella ha velado por su bienestar todo este tiempo, además, tú sabes que durante sus viajes éramos nosotros quienes cumplíamos esa función. Siempre escuché muy buenas cosas sobre ti, que siempre lo cuidabas… sé que ahora lo seguirás haciendo.
Misty observó por unos momentos a la joven. En cierta forma entendía lo que ella decía, Ash era, por lo menos de niño y adolescente, un personaje que a pesar de muchas veces tener poco tacto era bastante atrayente por el gran corazón que poseía, además de la pasión y entrega que demostraba en cada cosa que decidía hacer; características que distaban mucho del hombre que era hoy en día.
No quiso mencionarle a Dawn que no comprendía como podía estar enamorada del que ahora era un perfecto desconocido, además de omitir la rabia que sentía al estar casi segura de que el moreno siempre supo los sentimientos de su amiga al igual que como pasó con ella ¿También llegaría un día a sacárselos en cara como lo hizo con ella la noche anterior? No iba a pasar así, no si lo podía impedir y si bien, la noche anterior había quedado un poco descolocada ante la confesión del entrenador, su fuerza hizo que diese por cerrado el asunto sin mayores problemas. Pero con Dawn era diferente, ella sentía cosas por el joven, algo fuerte que a pesar de los años y los cambios no había desaparecido, eso sin contar que era infinitamente más sensible con respecto a ese tipo de cosas, de la misma manera en como ella misma solía serlo años atrás.
–Dawn... – Dijo con sumo cuidado – Tú sabes que Ash ya no es el mismo.
– Eso es mentira, Misty. – Rebatió la joven levantando firmemente su mirada azul en frente de la pelirroja –Ash puede que quiera demostrar ser otro, pero ambas sabemos que el corazón y la esencia de una persona nunca cambia. Es por eso que al verlo no vi a ese tipo terco y ermitaño que todos pensaron tener en frente, sino que me encontré con el Ash que daría todo por sus amigos, como lo hace por ti ahora. – El llamado del Profesor Oak sacó a las muchachas del raro ambiente que se generó tras éstas palabras. Ya era hora, debían partir. Dawn fue la primera en salir de la habitación en la que se encontraban y dándole una última mirada a la pelirroja, sonrió con calidez. – Confio en ti. – Sentenció finalmente, tras lo cual se dirigió hasta donde todos se encontraban.
Misty la siguió unos minutos más tarde. Llegó hasta el lugar donde ya estaba todo preparado para emprender ese extraño viaje y por unos instantes observó al moreno que intercambiaba unas palabras con Gary ajustando los últimos detalles.
– Definitivamente lo mío fue un amor de infancia. – pensó – No logro ver la esencia ni el corazón de Ash de la forma en que lo hace Dawn. – El moreno tenía a Pikachu en uno de sus hombros y fue el ratón amarillo quien primero se percató de la presencia de la pelirroja, haciendo que Gary le hiciese señas para que se acercase unos cuantos pasos – ¿Todo listo? – preguntó.
– Solo faltan saber cuál de sus pokemon llevarán.
– ¿En serio solo podemos llevar un pokemon?
– Es muy riesgoso que lleven a más pelirroja. No sabemos con lo que se encontrarán ni como es ese ambiente para los pokemon, tampoco sabemos si las maquinas aguantan a más elementos orgánicos además de lo estrictamente necesario; así que deben escoger con cuidado cual usarán.
Ash se trasladó en silencio hasta un rincón de la habitación. La pelirroja vio de lejos como el ratón amarillo bajaba de sus hombros y escuchaba atentamente las indicaciones que su entrenador daba y como en respuesta agitaba sus patas delanteras en señal de molestia, para finalmente asentir con sus orejas agachas. Al parecer no estaba muy convencido con lo que el moreno le decía.
Por su parte Misty observó sus pokebolas. De los tres pokemon que quedaban, sabía que no podía arriesgar a Psyduck, si bien era un pato fuerte, el pobre tenía muy poca tolerancia ante las situaciones de extrema presión, sin contar el hecho que no sabía nadar. Quedó descartado. El siguiente en su lista era Gyarados, su fiel compañero dragón el cual tantas victorias le había regalado; el problema era su inmenso tamaño y en caso de que necesitase un pokemon para escabullirse, con él fuera de su pokebola ese no le sería útil, además era el único pokemon que quedaba para sus hermanas por lo que prefería dejarlo a cargo de la seguridad de su familia. El
último en su lista era Marril. Quizás, si hubiese tenido con ella a Starmie o Corsola, habría preferido llevar a uno de ellos en vez de a su azul pokemon, pero no tenía más opciones. Debía confiar en la valía de ese pokemon que ella crió desde que era un huevo y lo fuerte que podría llegar a ser.
Decidió salir hacia los jardines de la reserva pokemon y hablar con su equipo para comunicarles la noticia. Gyarados aceptó solemne la misión que su ama le encomendó como guardián de su familia y su Psyduck, a pesar de reusarse a apartarse de su ama, dentro de su jaqueca comprendió que quizás sería de mucha más utilidad si se quedaba en casa junto al pokemon dragón; o al menos eso es lo que Misty quiso que creyera. Por su parte Marrill sabía que el papel más pesado había recaído sobre él y que sería en ese instante donde años de entrenamiento mostrarían sus frutos.
Tras esta pequeña charla, la joven guardó a sus pokemon dentro de sus respectivas pokebolas y regresó al interior del laboratorio. Allí le esperaba impaciente el profesor para que le comunicase cuál sería su compañero de viaje.
– Hay que hacerle algunos chequeos y darte los implementos necesarios para la seguridad de Marrill – dijo el hombre tras haberle informado el pokemon elegido – Ahora solo falta... ¡Ash, Por fin! – Exclamó tras ver al joven acercarse – y dime, ¿cuál escogiste?
– Supongo que Pikachu no irá esta vez – Dijo Gary – él odia estar dentro de la pokebola y ahora eso es necesario...
– Pikachu irá. –La afirmación del entrenador y la confirmación del pokemon sobre sus hombros causó extrañeza en ambos investigadores y la pelirroja. – Pikachu estará dentro de la pokebola –añadió adelantándose a la obvia lluvia de preguntas que se le avecinaba, al tiempo en que acariciaba la cabeza de su tranquilo roedor amarillo. – Ambos sabemos que comprometerse con una misión implica hacer sacrificios, eso sin contar que Pikachu es uno de mis pokemon más fuertes y mi mejor amigo. Prefiero que él me acompañe por el bien de nuestra seguridad… y de todos – finalizó al tiempo en que miraba a Misty de reojo.
Tras comunicar su decisión, Gary hizo entrega de todos los utensilios necesarios para garantizar un traslado lo más seguro posible, al tiempo en que el profesor revisaba por última vez las enormes maquinas que conducirían a ambos jóvenes a tan misterioso destino.
Por su parte, los muchachos se dirigieron hacia la sala donde todos aquellos que se habían involucrado en este asunto los estaban esperando. Misty recibió el abrazo afectuoso de sus hermanas y perdió bastante tiempo en consolar a Daisy quien se mostraba más sensible que de costumbre y no paraba de recriminar lo mal que se sentía porque su hermana menos no estaría en el nacimiento de la primera hija de una Waterflower.
– Estarás bien Daisy. Cuando regrese podré disfrutar de mi sobrina y te ayudaré todo lo que sea necesario. Si quieres hasta me puedo quedar un tiempo en Pueblo Paleta…
– Oye feíta – intervino Lily – ¿Y qué quieres que le digamos a Giorgio? En algún minuto notará que desapareciste y no podemos decirle que te fuiste a una tierra perdida con uno de los solteros más codiciados del mundo pokemon.
– ¡Lily por favor! – Regañó Misty al tiempo en que su cara adquiría la misma tonalidad fuerte de su cabello.
–No te apenes –dijo Violet –Es normal sentirse así si Ash es un galán...–suspiró – y pensar que lo tuviste tan cerca y a tu disposición cuando era un flacucho bobo de diez años. Si hubiésemos sabido que se convertiría en esto…
– ¡Ya dejen de apenarla! – Defendió Daisy – no ven que la pobrecita se incomoda y… – ahogó un sollozo nuevamente y colgándose del cuello de su hermana menor continuó lamentándose y llorado su partida.
Estaban las hermanas tan concentradas en su despedida, que no notaron que en un rincón, un tanto apartado del grupo, Ash había escuchado como tres de las cuatro fantásticas se referían a su persona. A pesar de la imagen que se había encargado de construir al mundo, proyectándose como un chico rudo y carente de sentimientos, era evidente la tonalidad rojiza que su cara había adoptado tras oír los halagos de las hermanas mayores de Misty, siéndole imposible, como siempre, negarse a sí mismo que seguía siendo un niño en ese tipo de cosas. Soltero codiciado, quien lo diría, ni él mismo creía esas cosas, por lo menos durante las mañanas no lograba encontrar en el espejo aquel hombre por el cual las mujeres suspiraban, o quizás simplemente no quería verlo. Suspiró.
– Veo que no te es indiferente lo que piensen otros de ti – Habló una voz femenina interrumpiendo por sorpresa tras la cabeza del moreno. No necesitaba voltear, sabía que Samantha era quien lo quiso sorprender. La rubia se situó a su lado con una amplia sonrisa de satisfacción, le gustaba pensar que era casi como un fantasma para su buen amigo, apareciendo en lugares donde él no tenía previsto verla.
– Estás loca – bufó el moreno aun sin mirarla
–Gracias por el cumplido amigo mío, aunque en esta ocasión esperaba una bienvenida algo más tierna considerando que viajé kilómetros desde Jotho para poder despedirme de ti… y veo que no fui la única.
– Sigues diciendo estupideces. Todos ellos están aquí porque quieren despedirse del mismo Ash que conocieron al comienzo de sus viajes y lo cierto es... que ese Ash no está aquí.
– Yo pienso que si – comentó Sam casi con un tono juguetón, manteniendo la misma sonrisa triunfante que ya era imposible de ignorar por parte del moreno ¿Qué era lo que tramaba esa mujer? Porque si en algo la conocía era que la sonrisa de triunfo aparecía, al ganar una buena batalla o cuando se traía algo entre manos; y últimamente, no había peleado con nadie digno de merecer esa expresión.
– No me conoces…
– Te equivocas – Se adelantó Samantha. – si te conozco y mejor de lo que tú piensas. A diferenci de muchos de los que están acá que solo conocen a ese antiguo Ash, como tú dices, yo conozco al viejo y al nuevo. Déjame decirte para tú mala suerte, que sigues siendo igual, el mismo que todos aquí esperan despedir; solo que lo tiene escondido bajo ese personaje que te vienes inventando desde que decidiste subordinarte a la liga tras ese suceso donde…
– No lo digas, – interrumpió – no quiero que menciones aquello.
La rubia alzó sus brazos en señal de rendición – Pero me parece algo estúpido – refunfuñó a pesar de la clara molestia del pelinegro. Suspirando, Samatha nuevamente enfocó su mirada en aquellos que estaban en la sala –En fin… solo creo que necesitas el impulso de algo o alguien para volver a ser tú. –Tras estas palabras los pardos ojos de la muchacha se situaron en un punto fijo hasta donde cierta pelirroja se había logrado librar de sus hermanas y hablaba alegremente con una entusiasta Iris que daba saltos de emoción causando la risa de la muchacha. Ash siguió los ojos de su amiga hasta detenerse en la que ahora volvería a ser su compañera de viaje, seguro de que ésta nueva travesía nada tendría que ver con aquellas que compartieron en su niñez.
Estaba tan concentrado observando a Misty, que no se percató que desde uno de los sillones de la sala, Dawn apenas prestaba atención a lo que Max y Ritchie le comentaban, pues sus azules ojos estaban clavados en ese distraído entrenador que sin importarle que alguien se percatase del detalle, no perdía movimiento hecho por la pelirroja. Frunció el ceño molesta ante el comportamiento de Ash, mientras la incómoda y desagradable sensación de molestia y repulsión se apoderaba de su pecho y estómago. Sacudió su cabeza tratando de expulsar aquellos malos pensamientos que comenzaban a invadir su mente, al tiempo en que la voz del profesor Oak anunciaba que todo estaba listo. Al igual que todos los demás se incorporó de su asiento para darles el último adiós a los viajeros, y vio como ambos jóvenes desaparecieron tras la puerta que llevaba a la sala donde ambas máquinas se encontraban. Sintió una fuerte punzada en su pecho al ver el gélido rostro del moreno quien le dedicó una última mirada a quienes lo habían ido a despedir, contrastando enormemente con la cálida sonrisa que Misty les regalaba a sus amigos. El silenció invadió la sala y Dawn exhaló un último suspiro, resignada a que ya estaba todo hecho, que no había marcha atrás y aunque habría matado por ser ella quien acompañase a Ash, la pelirroja ya estaba a su lado.
– Quizás… – pensó – no debí confiar en ella.
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Llegado el momento, Ash debió respirar profundo para experimentar por única vez en su vida lo que era guardar a su pikachu voluntariamente dentro de una pokebola mientras el pokemon solo cerró fuertemente sus ojos tratando de relajarse al momento en que sentía como su cuerpo se desvanecía dentro de la bola mientras era envuelto con el láser rojo. Misty lo miraba con asombro, en serio no creía vivir para presenciar el momento en que el roedor decidiese entrar en una pokeball sin carbonizar a su entrenador en el intento.
– Ya estamos listos. – dijo Gary – Por favor, ingresen dentro de sus respectivas máquinas.
Ambos jóvenes suspiraron y por última vez se dedicaron una mirada antes de ingresar a esa especie de cápsulas que los transportaría quien sabe dónde.
– Tranquila, va a estar todo bien –dijo Ash observando directamente los angustioso ojos verdeazulados de Misty, quien sintió como se paralizaba durante los segundos que duró aquella mirada chocolate sobre ella, transmitiéndole una calma que no pensó volver a sentir gracias a él –pues bien, ¡A la carga! – y posando nuevamente su vista al frente, sin dudarlo más, ingresó en esa especie de cápsula, siendo imitado por la pelirroja. Acto seguido, apoyaron sus espaldas donde Gary les había indicado, sujetando fuertemente las manillas puestas al costado del respaldo
– Buena suerte muchachos... y que Dios nos ayude…. – susurró Samuel al momento en que presionaba un botón rojo activando todo el proceso de traslado.
Lo último que vieron ambos viajeros fue la mirada preocupada de Oak y su nieto, y en cuestión de segundos, el caos se apoderó de sus sentidos dejándolos completamente entregados a la suerte que el destino les tenía preparada. Un intenso y fuerte remolino sacudió sus cuerpos haciendo desvanecerse hasta quedar practícame inconscientes. Más pronto de lo que ellos habrían querido solo fueron compañeros del atormentante silencio, la nada.
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Corrió lo más rápido que le dieron sus piernas hasta llegar a ese pequeño café a la misma hora que había estado en dicho lugar el día anterior, teniendo la infantil esperanza de que quizás el hombre quien le había regalado ese muñeco frecuentara siempre el lugar. Estaba aturdida, lo ocurrido la noche anterior había sido el colmo de lo que pudo su raciocinio haber soportado y ya no había una justificación lógica a tal acontecimiento. Ella no había soñado que ese Meowth había llegado a sus manos, no había soñado que desapareció de la nada, que se movió frente a sus ojos.
Pero era simplemente ridículo, y el solo encontrarse pensando seriamente en esa posibilidad la encontraba absurda por decir lo menos, más aun si pensaba planteársela a un completo desconocido como si nada. Pero no tenía otra opción, siguiendo la lógica de las cosas ese extraño debería saber de qué se trataba todo lo que pasaba, quien sabe, quizás tenía la respuesta a las raras sensaciones que venía experimentado desde hace ya un tiempo, coronadas por este acontecimiento. De pronto frenó su carrera bruscamente. Había llegado a la puerta del café y se planteó la idea una vez más. Quizás era una locura, quizás la opción era internarse voluntariamente en un manicomio, quizás Alexa tenía razón y jugar tanto en una Nintendo le estaba removiendo el cerebro.
Pero ya estaba en el lugar, así que respirando profundo entró y se situó en la misma mesa que el día anterior. Pidió un cortado con un pedazo de tarta para amenizar la espera, aunque apetito casi ni tenía pues los nervios hacían que en su garganta y estómago solo estuviese formado un gran nudo que le impedía hasta respirar, haciendo que el tiempo que lentamente transcurría fuese su peor aliado en estas situaciones de ansiedad. Y de aquel hombre misterioso, no había señal.
Sin embargo, la joven no se había percatado de que desde fuera del recinto tres personas no perdían ninguno de sus movimientos, absorta en sus pensamientos que no admitían nada más que querer ver aquel individuo, sin saber que estaba más cerca de lo que creía.
Habían llegado al lugar minutos antes que la muchacha arribara, sabían que trataría de buscar respuestas sobre todo luego de la casi dramática llegada que había hecho Meowth la noche anterior, lo que les hizo desechar la idea del rapto rápido de inmediato. Si querían entregar el muy valioso y raro paquete, debían actuar mejor que nunca y Steven era quien más tenía claro cada uno de estos puntos. Si bien el estar en compañía de los que él consideraba la peor escoria de la organización al principio le molestó, le habían guiado casi sin percatarse al objetivo que su jefe perseguía. Era obvio, si se la llevaba, la gloria sería suya, y por fin su plan estaría en marcha, la libertad que tanto ansió sería suya, y que mejor, lleno de un poder que ni siquiera ese hombre que se hacía llamar su jefe podría imaginar. Era personal, debía llevar aquella encomienda y sacaría a quien fuese del camino para poder conseguirla.
Tras una hora, Helena se hartó de la espera y al no encontrar al personaje que estaba buscando, se levantó de su silla con un claro gesto de decepción para salir a paso lento del recinto. La soledad que la joven irradiaba se hacía evidente, lo que hizo que Steven sonriera oscuramente al ver en aquella tristeza un claro punto a su favor. Si todo seguía así, estaría de vuelta en menos de lo que había pensado al principio.
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Helena caminó sin rumbo por un par de horas hasta ser interrumpida por el sonido de su móvil, haciéndola salir obligadamente de sus pensamientos. De mala gana buscó el aparato dentro de su pequeño bolso, apresurándose en contestar tras ver en la pantalla el nombre de quien llamaba. La voz de Bill se escuchó del otro lado del auricular, pidiéndole a la muchacha el poder verla para solucionar las cosas que el día anterior habían dejado pendientes. A decir verdad, la joven no tenía muchos ánimos para ver a su novio, por lo menos esa tarde; pero el joven era insistente y no le dejó más remedio que aceptar, aunque de mala gana, una cita en el parque.
Se encontraron en el mismo punto donde solían tener aquellas conversaciones que tanto desagradaban a la muchacha, casi como cumpliendo un ritual de discusiones bajo el mismo árbol y sentados en la misma banca de siempre. El joven ya se encontraba allí cuando la morena llegó al lugar y tras una charla superficial, Bill intentó excusarse por lo ocurrido el día anterior, aunque solo quedó en una tonta divagación de palabras de disculpa que pronto fueron disipadas por una gran cantidad de excusas, restándole importancia a los hechos, como solía ser la dinámica de aquellas conversaciones.
Pero la muchacha apenas escuchaba y sin prestar mayor atención, distraídamente respondía con monosílabos cuando algo alcanzaba a captar de lo que Bill hablaba; a cambio tocaba casi por instinto la piedra que colgaba de su pecho tal y como lo había hecho el día anterior.
–¡Así no dan ganas de hablar contigo!
El grito molesto del muchacho la devolvió bruscamente a la realidad, aquella en que otra vez el comenzaba a recriminarle cada detalle que encontrase mal, lo que a la joven ya comenzaba a hartarla y si tenía que ser sincera, eso la hacía cansarse de la relación. Lo amaba, pero casi no soportaba las constantes recriminaciones de su novio, su abandono cada vez que podía estar con otros en vez de ella y la poca tolerancia que mostraba, sin contar su falta de comprensión.
Sentía de pronto aquella voz interna comenzaba a anhelar la libertad, misma que le había ofrecido y regalado su compañero, pero ahora sentía que le era arrebatada por el mismo. Cinco años sumaban desde que estaba a su lado ¿será que nada es para siempre, o es que el amor que al comienzo se profesaban no era tan poderoso como solía pensar?
– Ya no me amas – dijo de pronto mirando directamente los verdes ojos de Bill.
– Claro que no es así pequeña – respondió el muchacho – pero hay cosas que debes cambiar, dejar a ras aquello que solo daño causa y te hace estar en la luna cada día, olvidar de una vez. Ese collar por ejemplo ¿de qué te sirve tener algo de una familia que no existe? Hay que mirar al futuro, estás sola y…
– ¿Dices que debo tirar lo único que me recuerda que alguna vez tuve el cariño de una familia, de mi madre? – La expresión de Helena se volvía cada vez más dura ¿cómo se atrevía a decir, si quiera pensar en que debía olvidar a su familia? – estas mal – murmulló – Tú sí que estás mal… ¡Claro que estas mal, no yo! Eres quien me recrimina, quien me deja sola por ir tras amigos que poco valen en tu vida al lado de lo que yo he hecho por ti todo este tiempo, ¿y me pides olvidar a mi madre tirando lo único que ella me dejó, quien crees que eres? ¡No tienes idea de lo que se siente estar en mi posición, solo en el mundo!
– ¿Vez que solo eres tú la que pierde el control? – Respondió el rubio casi con una tranquilidad burlesca – Debes madurar Helena, los muertos, muertos están y eso deberías saberlo mejor que nadie.
– ¡Cállate! – Volvió a gritar la muchacha cubriéndose los oídos casi de forma desesperada al tiempo en que su vista comenzaba a nublarse de lágrimas – ¡Cállate, no quiero seguir escuchando!
– Solo me tienes a mi…
– ¡Bill, basta…!
– No van a volver, lo sabes mejor que nadie…
– ¡Por favor para…!
– Solo estoy yo acá… a nadie más le importas.
– ¡Que te calles! – Gritó aún más fuerte al tiempo en que dejaba su mano estampada en el rostro del joven; acto seguido, corrió lo más rápido que pudo hasta alejarse de aquel lugar ¿Cómo podía ser alguien tan hiriente? Sobretodo Bill que supuestamente sabía todo lo que ella había pasado.
Corrió hasta que sus piernas ya no pudieron más y solo quizás de suerte nada se interpuso en su loca carrera permitiéndole cruzara varias calles sin respetar señalización alguna y salir ilesa de ello, llorando como hace mucho no lo hacía. Era él, Bill el único capaz de causarle aquel dolor tan grande abriendo y cerrando heridas a voluntad aunque ella a veces olvidase que estaban allí.
Y sin darse cuenta, se había alejado bastante del centro de la ciudad.
Habían pasado varias horas desde su discusión, con su móvil apagado y los ojos hinchados tanto llorar no se había percatado que la noche y la oscuridad cubrían las calles levemente iluminadas por unos débiles focos a mal traer ¿Cómo había llegado tan lejos sin darse cuenta? El ser distraía, en momentos de tristeza, se agudizaba.
Buscó con la mirada un lugar donde tomar un bus que la llevase hasta el centro de la ciudad, pero no halló nada, por lo que decidió caminar quizás más adelante encontraría algún lugar, pero para su desilusión, solo vio un enorme sitio eriazo.
– Genial, el límite de la ciudad.
Se dispuso entonces a dar la vuelta y regresar, pero dos hombres estaban en medio de la calle. Les esquivó, para luego sentir tras ella los pasos apurados que la adelantaron rápidamente y obstruyeron su camino.
– Tan tarde y tan solita – dijo uno de ellos, que apenas y sobrepasaba su altura –te podemos hacer compañía.
– Y tú puedes ser buena compañía para nosotros – agregó el segundo hombre, bastante más alto e imponente que el primero.
– No gracias, tengo prisa –respondió decididamente Helena, dispuesta a seguir su paso y salir lo más rápido posible de esa solitaria calle, pero su apurado paso se vio nuevamente interrumpido, esta vez por la mano fuerte de uno de los tipos que sujetaba bruscamente uno de sus brazos.
–Tranquila – dijo el más alto esbozando una repugnante sonrisa – Si te relajas no será tan doloroso.
No bastó un gesto más para que la joven estuviese segura de las intenciones de los extraños. Desesperadamente comenzó a tironear sus brazo aunque sin logra mayores resultados que ser aprisionada ahora por la espalda por el otro hombre, cuya cara deforme y repugnante dejaba en claro el deseo oscuro que los guiaba a capturarla de esa manera, haciéndose más hambriento el enfermizo deseo al percatarse del horror que la muchacha comenzó a sentir al tener en claro su destino. Trató de gritar, pero unas sucias manos taparon su rostro apenas y dejándola respirar, a la vez que era arrastrada hacia aquel sitio eriazo que, en conjunto con la oscuridad se transformaron en sus enemigos mortales.
Sin cuidado la tiraron contra el piso ¿Qué hacer ahora? Su nuevo intento de escape fue inútil al sentir como sobre ella caía bruscamente el peso del cuerpo repugnante del más pequeño de los hombres mientras el otro le aprisionaba los brazos sobre su cabeza, casi ordenándole que gritase todo lo que quisiera. Pero nada sacaba, cualquier grito de auxilio nadie lo escucharía.
Se rindió ¿Qué más quedaba por hacer? No creyó que acabaría así, que ese fuera el fin de todo.
Una lágrima rodó por su mejilla al tiempo en que sentía como uno de los tipos forcejeaba con sus piernas, mientras lentamente ella perdía la conciencia de lo que alrededor suyo había.
Pero lo siguiente fue muy rápido.
Un mundo borroso dio paso a una enceguecedora luz verde haciendo que la soltasen casi por impulso en cuestión de segundos, mismo tiempo que duró el resplandor que se apagó tan sorpresivamente como nació. Sabía que estaban titubeando ¿Es que ya no le harían nada? Fue entonces cuando sintió que una tercera persona, daba un grito desconocido para ella al tiempo que una nueva luz iluminaba el lugar por cuestión de segundos el lugar dejando a ambos tipos lejos de ella
– Todo va a estar bien – fue lo último que escuchó mientras una sombra al parecer golpeaba en el piso a uno de sus captores. Lo siguiente, solo fue oscuridad.
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Ok, dije que no era tan lindo…
Solo decir que reitero lo que dije arriba, solo espero que no me odien por como se viene esto... jeje…
¡Gracias una vez más a Andy por revisar este fic!, pero no te dedico este capítulo, cuando haga uno más lindo y menos depre, ese si será para ti ;)
¡Y a todos los que dejan review siempre! Les aseguro que los leo y los agradezco en el alma, siempre me alegran el día al saber que leen este producto de mi mente loca ¡Mil gracias! (Se los responderé, lo juro!... pero creo que por mensaje privado para no alargar más esto jeje)
¡Un saludo a todos y nos leemos pronto! :D
