Disclaimer: Twilight/Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer

Esto es una TRADUCCIÓN la idea original de esta historia pertenece a poeticsoul19

Nota de la traductora: hay que ver la cantidad de reviews que hubo para el último capítulo. Os aviso desde ahora... ¡¡Alerta lacrimógena!! Y de nuevo gracias por todos los comentarios que vais dejando, me alegro de que a la gente le guste esta traducción. Bye bye

Él me enseñó a llorar

Capítulo 8: Anaencefalia

Bella se quedó congelada frente a la puerta, su mano todavía agarrando el pomo. Lentamente, se giró para mirar a Edward. Levantó la cabeza para mirar a los ojos a Edward. La mano de él la soltó el brazo.

Bella frunció el ceño, mientras todavía le seguía mirando a los ojos.

"¿Quién te da el derecho?" – dijo ella suavemente. Sus ojos no mostraban lágrimas, su voz no sugería dolor.

"Soy el padre; creo que eso es derecho suficiente" – dijo Edward poniéndose recto y preparándose para lo que viniera. Él tenía la mandíbula tensa y le mantenía la mirada a Bella.

"Oh ¿en serio? Tal y como yo lo recuerdo, no querías saber nada de la situación" – dijo Bella enarcando las cejas y riendo – aunque esa risa no contenía atisbo de humor.

"¿Qué le ocurrió al bebé?" – volvió a preguntar Edward, mirando al suelo para luego volver a mirarla a los ojos.

Bella volvió a entrar al apartamento, y se dirigió a las fotos de Edward de pequeño en los brazos de su madre. Ella pasó su mano acariciando el marco de la foto; observando a Edward con solo cuatro años de edad.

Su sonrisa en la misma – amplia y contagiosa. Su pelo era más corto y con unos ligeros rizos. La madre de Edward, Esme, le levantaba en el aire y le sonreía, los ojos de ambos brillaban con amor y felicidad.

El corazón de Bella se contrajo y en sus ojos se empezaron a formar lágrimas. Mirando esa foto vio como su vida podría haber sido. Era doloroso.

Bella desvió la mirada y se dio cuenta de que Edward la había estado observando. Se pasó la mano por el pelo y suspiró levemente. Pestañeó rápidamente, intentando parar las lágrimas antes de que se escaparan.

Se dio la vuelta y se sentó en el sofá. Sabía que había llegado el momento. Habían pasado tantos años desde que había articulado estas palabras… pero ahora… era el momento.

"Habían… pasado unas doce semanas antes de que supiera que estaba embarazada. Para entonces ya habíamos roto. Pasó bastante tiempo, no sabía cómo contártelo. Tenía mucho miedo" – confesó Bella.

Bella levantó la mirada cuando notó que Edward se sentó a su lado, y continuó cuando vio que él permanecía en silencio.

"Yo no quería decirte que estaba embarazada, pero Alice insistió…" – prosiguió Bella.

"¡¿Alice lo sabía?!" – exclamó Edward, perplejo.

"Sí, era mi mejor amiga y por supuesto que lo sabía, pero ese no es el tema, así que, por favor, ¿puedes escucharme sin interrumpirme?" – dijo Bella mirando a Edward, el cual asintió; así que tomo aire y continuó: "De acuerdo, así que Alice insistió en que te lo dijera, ella dijo que tenías derecho a saberlo, ya que eras el padre, así que accedí a contártelo. El día antes de llamarte fui al médico, por aquel entonces yo ya estaba de tres meses y medio, y descubrió que había problemas con el bebé" – dijo Bella, y vio con el rostro de Edward cambió interesado a curioso, y por último a preocupado: "Me explicó que el bebé sufría una enfermedad llamada Anaencefalia; era una enfermedad muy rara que haría que el bebé naciera ciego, sordo, inconsciente e incapaz de sentir dolor" – Bella notó como las lágrimas de deslizaban por sus mejillas, pero se obligó a continuar.

"El médico me dijo que la Anaencefalia no tenía cura y que normalmente los bebés no sobreviven al parto; no había nada que yo… solo había dos opciones: o llevaba al bebé durante 9 meses y moría en el parto, o abortaba. No había otra opción. Lo tenía que… lo tenía que hacer" – dijo Bella.

Los recuerdos volvían a la mente de Bella como si hubieran ocurrido ayer. Podía recordar la compasión en los ojos del médico mientras le explicaba la condición del bebé; cómo su corazón se encogía con cada palabra. Recordaba que las siguientes horas no había podido hacer otra cosa que mirar al vacío – su mente se centraba se descentraba. Había tenido tanto miedo… tanto miedo.

Ni siquiera podía recordar las palabras que Alice le dijo cuando salió de la consulta del médico. Los recuerdos que le seguían estaban difusos… había estado tan sola… incluso la presencia de Alice, aunque era de agradecer, no había conseguido apaciguar el miedo y la soledad en su corazón.

Bella había empezado a apreciar la idea de tener un bebé. Tanto si Edward estaba presente, como si no; ella ya se había empezado a imaginar como sería su bebé y como se sentiría cuando lo tuviera por primera vez en brazos.

Se lo imaginó mirándola con ojos grandes e inocentes, observando el mundo que le rodeaba, y viendo por primera vez a la persona que siempre estaría ahí para él, pasase lo que pasase.

Bella lloró como nunca lo había hecho esa noche; Alice se había quedado con ella toda la noche, todas las preguntas fueron olvidadas, simplemente pasó sus manos por el pelo de Bella. Bella se quedó en la cama, en posición fetal, toda la noche.

Ya por la mañana, las lágrimas se habían secado pero el dolor de su cuerpo permanecía. Su estómago le dio un vuelco y Alice le apartó el pelo para que ella vomitara.

Bella decidió llamar a Edward ese mismo día. Aunque no estuvieran juntos, ella sabía que él estaría con ella en estos momentos – él no era un monstruo.

Así que le llamó. Escucharle decir que lo abortara, hizo que Bella supiera que a él no le importaría aunque se lo dijese… así que no lo hizo.

Bella esperaba que estuviera ahí con ella en estos momentos difíciles… pero escuchar su crueldad había hecho que se disipara cualquier atisbo de esperanza, así que lo hizo sola.

Bella ni siquiera le dijo a Alice que iba a abortar, porque habría querido venir con ella y no quería eso. No quería enfrentarse a las palabras amables y compasivas de Alice; simplemente quería acabar con todo, para superar el dolor y seguir con su vida.

Porque nada superaría jamás a la pena de haber tenido que matar a su propio hijo.

Racionalmente, Bella sabía que era su única opción.

Aparte de mantener al bebé durante nueve meses, encariñarse de él, para luego verlo morir… no había otra alternativa.

Así que hizo lo que tenía que hacer. Sola.

Pero en su corazón, ella sentía que había abandonado a su bebé cuando más la necesitaba. Había cometido el mayor crimen.

Las lágrimas de Bella seguían cayendo mientras miraba al vacío. Todavía percibía la presencia de Edward a su lado, pero él no se había movido ni había dicho nada desde que ella terminó. Bella no se giró para mirarle, ya que eso querría decir que quería saber lo que sentía, cuando en realidad no era así.

Ya no le importaba.

La había hecho vivir un infierno.

Ella era tan joven por aquel entonces… y la dejó con el peso del mundo sobre sus hombros.

"Yo… yo… yo lo siento Bella. No lo sabía. Lo siento tanto" – dijo Edward.

Bella finalmente giró la cabeza en su dirección, y no vio nada más que remordimiento y dolor nublando los ojos de Edward. Él había derramado unas lágrimas, y parecía que soportaba algún dolor físico. Sus ojos estaban abiertos y sus hombros caídos; balanceaba la cabeza hacía los lados, como negando todo lo que acababa de oír.

Puso su cabeza sobre sus manos, y Bella pudo oír sus sollozos mientras sus hombros comenzaban a agitarse violentamente.

Bella lo miró por última vez, mientras las lágrimas caían de sus ojos, y se levantó del sofá.

"Bella… Bella, por favor" – solloza Edward.

Bella se giró hacia él, y la pilló desprevenida cuando se arrodilló frente a ella y la abrazó, la cabeza de Edward reposada sobre el estómago de ella.

"Por favor… por favor… perdóname" – suplicó él.

Bella se quedó inmóvil, sin hacer ningún esfuerzo por consolarle, ni apartarse de él.

Se resistió a la necesidad de consolarle. No se merecía su consuelo ni su compasión. Ni siquiera se merecía su rabia.

Simplemente se quedó quieta mientras continuó llorando sobre su jersey.

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Bella se despertó al día siguiente agotada. Sólo había sido capaz de dormir durante dos horas. Abrió los ojos mientras recordaba la, emocionalmente, extenuante noche que había vivido apenas horas atrás.

Bella ayer, después de que Edward parase de llorar y de suplicar su perdón, le pidió a Edward que la llevara a casa. El trayecto en coche hasta su casa fue en silencio, ninguno de los dos sabía que decir o hacer. Bella simplemente quería descansar y reflexionar sobre todo lo que se había dicho hoy.

Edward la dejó a la puerta de su casa, ella se bajó del coche, todavía sin decir nada y se dirigió hacia su casa. Ella escuchó como él esperó a que ella entrara en casa para arrancar el coche para irse.

En la cabeza de Bella, todavía esto no parecía real. Después de todos estos años, Edward por fin sabía lo que había ocurrido en realidad. Muchas cosas se habían aclarado. Bueno… muchas cosas… salvo una. Todavía se preguntaba a quién había buscado James para hacerse pasar por ella y ¿por qué demonios lo había hecho?

Sólo se habían visto una o dos veces desde que Edward y ella empezaran a salir, entonces… ¿por qué se molestaría tanto en separarles? ¿Tenía él algo en contra de ella? Bella no lo podía entender, pero ahora tenía que prepararse para ir a trabajar… con Edward.

Odiaba el hecho de tener que verle. Ahora incluso más, después de contárselo todo. ¿Cómo serían las cosas a partir de ahora? ¿Se seguiría comportando como un cerdo o empezaría a enmendar todo con ella después de tantos años?

Fuera como fuera, Bella todavía tenía un trabajo que hacer, y después de eso… ¿quién sabe? quizás nunca volvería a ver a Edward. Lo único que quería Bella era aclarar el tema de la cinta, y entonces, quizás, pudiera olvidarlo todo. Por fin podría dejar todo atrás y empezar de cero.

Bella llegó a la cafetería dónde Edward desayunaba todos los días. Definitivamente era más grande y extravagante que cualquier otra cafetería, pero por supuesto, una superestrella no podía ir a cualquier cafetería. Bella entró y enseguida vio a Edward sentado en una mesa, pero no estaba solo.

Tanya Denali estaba sentada con él, de espaldas a Bella, aparentando más glamour que cualquier otra persona a esa hora de la mañana. Pero, por supuesto, Tanya Denali no era cualquier persona. Bella tomó aire y se preparó para la batalla que sin duda iba a ocurrir.

Cuando Edward se percató de la presencia de Bella, su pose se enderezó y sus ojos se volvieron amigables. Notando que algo había cambiado en el comportamiento de Edward, Tanya giró bruscamente la cabeza hacia la dirección de Bella, y abrió los ojos como platos cuando se dio cuenta de quién era.

"¿Qué está ella haciendo aquí?" – Bella oyó como Tanya le preguntaba a Edward.

"Tanya, te dije que era una periodista. Ella va a estar aquí toda la semana" – respondió Edward con voz cansada. Tanya resopló y no dijo nada más mientras Bella se sentaba en la silla vacía al lado de ellos.

Bella se sentó ahí, sin saber que hacer, así que se dedicó a mirar a sus alrededores y contemplar la belleza de la cafetería y de la gente que la frecuentaba. Había paredes por doquier, comiendo y charlando alegremente. Bella se empezó a sentir más incómoda. Ella no encajaba aquí.

"¿Vas a comer algo o no te lo puedes permitir?" – preguntó Tanya pretensiosamente, interrumpiendo los pensamientos de Bella.

"Comí en casa" – respondió Bella, sin querer alargar la conversación. Simplemente iba a hacer su trabajo, y eso no implicaba socialización.

Bella notaba la mirada de Edward sobre ella, pero se negaba a darse cuenta. Él se había traído a su novia para que desayunase con ellos después de la conversación tan intensa que habían tenido ayer. Evidentemente no había significado lo mismo para él, ya que se había traído a la cabeza de chorlito con él. Con Tanya ahí, era imposible hablar de lo que había sucedido ayer… en realidad era imposible hablar de nada, ya que no se callaba ni debajo del agua.

Incluso ahora, parloteaba sin cesar sobre un trabajo al que había ido y la habían preguntado si posaría en topless. Aparentemente, ella había montado en cólera y se había ido, asegurando que ella era una mujer decente, y que jamás haría algo así.

Si, seguro. Probablemente no ofrecían suficiente dinero – pensó Bella para sí, mientras esbozaba una sonrisa que no podía reprimir.

"¿Algo te hace gracia?" – preguntó Tanya a Bella, mirándola con mosqueo.

Bella negó con la cabeza, y dejó que su mente se fuera a otro lugar, mientras Tanya seguía con sus historias. Edward permaneció callado, solo asintiendo en los momentos oportunos para hacer que Tanya continuara hablando.

Aún así, de vez en cuando, Bella podía sentir la intensa mirada de Edward sobre ella. Bella todavía no podía comprender por qué se había traído a Tanya, cuando evidentemente necesitaban hablar de lo de ayer. Obviamente, a él ya no le importaba tanto como ayer.

Bella esperaba con paciencia, sin prestar demasiada atención a la rutina diaria de Edward. Simplemente se preocuparía de lo que fuera a escribir cuando llegase el momento. Bella estaba muy metida en sus pensamientos cuando alguien los interrumpió.

"¡Oh dios mío! ¡Es Edward Cullen! ¡¿Me puedes dar tu autógrafo?!" – una chica joven estaba al lado de Edward, sonriendo de oreja a oreja y parecía a punto de desmayarse. También había una mujer al lado de chica, entornando los ojos.

"Siento interrumpir su desayuno, Sr. Cullen. Mi hija es una gran fan. Habla de usted a todas horas" – explicó la mujer a modo de disculpa.

Edward cogió la servilleta de la mano de la chica, y miró alrededor, buscando un bolígrafo. Bella, discretamente, le dio un bolígrafo que siempre llevaba en el bolso. Siempre llevaba uno encima, ya que nunca se sabe cuando necesitarías escribir algo. Eso es lo que hacía un buen periodista.

Edward asintió con la cabeza para agradecer el gesto y rápidamente firmó la servilleta. Se la devolvió a la chica mostrando su famosa sonrisa seductora. La chica se lo agradeció y no podía parar de reír emocionada, mientras su madre la llevaba de vuelta a su mesa.

"¿No odias cuando los fans están alrededor tuyo vayas donde vayas?" – dijo Tanya mientras se pasaba el pelo para atrás con un movimiento de mano: "Me molesta tanto cuando me pasa a mí" – continuó diciendo mientras le dedicaba una mirada hostil a la mesa donde ahora estaba la chica.

Edward simplemente encogió los hombros y continuó comiendo.

"¡¿Qué te ocurre hoy?! ¡Tú silencio me está cabreando Edward!" – dijo Tanya, irritada.

Edward la miró, mientras continuaba masticando, y volvió a encoger los hombros.

"¡Ahh! ¡Me pones de los nervios! ¡Llámame cuando no estés con el síndrome premenstrual!" – dijo Tanya levantándose de la mesa y marchándose.

Bella observó cómo se marchaba, y se preguntó por qué Edward no corría detrás de ella disculpándose. De todas maneras, daba igual; probablemente era así como él trataba a sus novias ahora.

Edward dejó su tenedor sobre la y se limpió la boca con una servilleta cuidadosamente. Cuando terminó puso la servilleta sobre la mesa de nuevo. Elevó la mirada lentamente, y miró a los ojos de Bella; se echó hacia atrás, para apoyarse contra el respaldo de la silla, sin romper aún el contacto visual.

"Ahora que se ha ido, tú y yo podemos tener una pequeña charla" – dijo él.