Disclaimer: Los personajes pertenecen a Hiro Mashima. (¡Ya denme el siguiente cap del manga, malditos! (?.)
Advertencia: Este capítulo ha sido realizado con la llegada de Andrés Niagara, por favor, no matar a la autora por su contenido extraño y cambiante (Y especialmente el Ooc) – Se va corriendo —
Octava Regla.
Resbalón en una visita.
— Entonces... ¿De qué trata?
— Es una visita...
— ¿Visita?
Ella asintió.
— Es importante, ya que no se me permite verle cualquier día.
Y allí estaba él, arrancándose los pelos de la curiosidad.
¿A quién tenía que visitar la enana?
¿Por qué se veía tan decaída cuando mencionó esa visita?
Definitivamente la curiosidad que le daba el saber más de esa mujer lo iba a matar.
— Gajeel — Lucy entró en la oficina y dejó unas hojas sobre su escritorio — La señora Belno…
— Si, ya me dijo — Observó el papel superior y lo tomó para leerlo detenidamente. No podía dejar que justamente la coneja se enterara de su estado actual, por lo que simplemente relajó el rostro y como si no fuera nada del otro mundo, dijo: — ¿Tú lo sabes verdad? – La mujer frente a él solo asintió, él suspiró pesadamente.
— Vamos, no es tan malo… — Le restó importancia.
— Lo es — Se atrevió a contradecir — Lo es para… — Entonces calló. No lo podía decir, era algo que su amiga le dijo como secreto; no podía simplemente lanzarse a decirlo.
— Para nadie — Se recostó al asiento no sin que antes pasaran dos personas por su cabeza. Y después cayó en cuenta de que era normal que se preocupara por una pero respecto a la otra… Eso era simplemente un sueño imposible ya.
— Entonces me retiro — Lucy salió cabizbaja. Dejando a un Gajeel al que parecía no importarle nada, ni siquiera la persona quien le había ayudado tanto en esos días.
¿Ahora qué le decía a Levy?
Quedó muy aturdida cuando la señora Belno la llamó la noche anterior para avisarle de la llegada de unos documentos relacionados con la unión de dos empresas.
"Empresa Metallicana y Construcciones Loxar"
Y esto por medio de un matrimonio; y obviamente el novio no era nadie más que Gajeel; el mismo hombre del cual su mejor amiga estaba enamorada. Y ella mandada por esto, la enterró más en la boca del lobo. Todavía recordaba lo feliz que la vio el día anterior cuando salieron de trabajar. Había hecho que su amiga terminara completamente pérdida por él.
Era una idiota, ¿Una? ¡La más grande idiota que puede existir en el mundo!
Se había comenzado a dar de cabeza contra el escritorio mientras se decía en voz baja simultáneamente "Idiota, tonta, imbécil, maldita rubia".
Pero levantó la cabeza y miró al techo hablando con voz clara y fuerte.
— Dios, yo pensaba que eso de que las rubias somos tontas era mentira… — Se quejó con el ceño fruncido — Debiste de mandarme alguna señal y decirme que de hecho soy la más tonta — Se llevó las manos a la cabeza y comenzó girar en la silla, estresada.
Por su parte Redfox; tuvo intención de salir, pero solo se quedó con la puerta medio abierta ya que pudo observar todo el teatro que había hecho su secretaría. Por lo que prefirió retroceder y regresar a su asiento.
No la quería molestar ¿Y si de nuevo estaba en sus días? De hecho… ¿Cuántas veces les repite eso a las mujeres por mes? ¿No era solo una? Pues la secretaría principal parecía que estuviera en esos días todos los putos días del mes.
En el asiento del transporte público fue observando las calles y sonriendo al aire. Soñar despierta no tenía nada de malo, y ese día por alguna razón se sentía ligera y optimista. Si tenía un poco de suerte el horóscopo que había leído en el periódico antes de salir, podría ser realidad: "Hoy será el mejor día. Pero ten cuidado con resbalar"
Aunque aún no entendía lo último se aseguró de ponerse zapatos deportivos, así era más difícil el que pudiera caer. No podía ser un mal día.
— Hola — Levy tomó asiento frente la ventanilla que los separaba. Al otro lado estaba un hombre de cabellos azules, ojos cafés, y un tatuaje rojo bajo el ojo derecho. Que después de sonreírle también la saludó amablemente.
— Hola ¿Cómo has estado?
— Ya sabes… Trabajando — Lo educado era realizar la misma pregunta a esa persona, pero Levy sabía que si lo hacía, iba a ser insoportable durar un poco más ahí.
—Y supongo que leyendo también.
— Algo así… Pero no siempre…
— Sí, comprendo, comprendo. Solo cuando estás comiendo o cuando se supone que debes de dormir, o en tus ratos libres, y mientras trabajas; en la ducha no porque se mojan los libros — Se burló con una gran sonrisa y aguantando las ganas de carcajearse.
— ¡Jellal! — Le recriminó ella, inflando las mejillas, ofendida — Ya dejé de leer cuando almuerzo, ya no es siempre — Sonrió orgullosa siguiendo la jugarreta y luego comenzó a reír junto a ese hombre.
— Gran logro, nunca creí que tal avance fuera posible — Asintió. Levy dejó de reír y lo contempló con una gran sonrisa.
— Antes era solitario, ahora realmente he conseguido a buenas personas a mi alrededor… — Observó al pequeño hueco que había bajo el vidrio, solo podía pasarle algo pequeño y tampoco estaba segura de si al final él se lo quedaría.
— Me alegro por eso — Sonrió ampliamente — ¿Cómo están nuestros padres? — Preguntó sin dejar su tono de voz, no quería que su pequeña hermana comenzara a llorar.
— No los he visto — Negó con la cabeza — Pero estoy segura que todavía esperan tu regreso.
—Ya veo… — Esperó unos segundos para meditar aquello y después continuó — ¿Y Wendy? ¿Cómo está?
— He ido a su colegio unas cuantas veces; parece que está perfectamente; pero ¿Sabes? — Se acercó un poco para susurrar cuando el mayor la imitó — Me he enterado que hay un chico tras ella y que a ella le gusta alguien — Sonrió pícaramente. Su hermano quedó mudo y cuando regresó a erguir la espalda su rostro reflejaba seriedad absoluta.
¿Su pequeña y linda Wendy con novio? ¡Nunca!
— Voy a pedir un hacha — Sonrió finalmente. Levy comenzó a reír nuevamente. Jellal no dejaba de ser sobreprotector; por lo que, aún si se le ocurriese mencionarle que estaba enamorada de su superior. Nunca lo haría. O era capaz de llegar con una escopeta a la empresa y amenazarlo de muerte, tortura permanente y hasta de castración.
Jellal sólo la observó, estaba feliz de que siguiera siendo la de siempre. Y permaneció así un rato, hasta que Levy lo sacó de su trance; pues en un momento se había hasta olvidado de que tenía que decirle algo importante.
— Jellal ¿Qué ocurre?
Él espabiló y negó con tranquilidad.
— Nada, en absoluto. Por cierto, te tengo una… Supongo que buena noticia.
— ¿En serio? ¿De qué trata? ¿Al fin me comprarás ese libro que te pedí a los quince?
— No, aquí soy más pobre que tú en una librería — Jellal rio.
Levy calló, de hecho puede que tuviera razón y no tenía con qué atacarlo de vuelta.
—Se trata del tiempo de penalidad.
— ¿Qué ocurrió con eso? — La joven tragó saliva ¿Y si había empeorado? ¿Y si nunca antes volvía a ver a su hermano libre?
— Si todo sale bien, en un año terminará esto.
¿Acaso estaba soñando? Porque la suave voz de su hermano resonó como una campana en año nuevo. Fuerte, clara, agradable y llena de esperanza.
Tanto que las lágrimas de alegría comenzaron a caer de sus ojos avellana. Y de pronto el día era más claro y el sol no quemaba. A pesar de estar bajo un techo y rodeada de paredes, que cubría cualquier vista al exterior; ella podía sentir una brisa agradable rozar su rostro; solo con aquellas palabras.
— ¿En serio? — Se tapó el rostro controlándose, no podía ser una chillona, especialmente porque además de su hermano habían unos cuantos guardias.
— Sí — Asintió, deseaba poder consolarla pero, no la alcanzaba — Guarda las lágrimas para el día que esté fuera — Y de nuevo con esa delicada manera de hablar le acariciaba los oídos, ella no podía hacer más que obedecer. Así que se deshizo del agua que salía de sus ojos y puso una gran sonrisa mostrando sus dientes. Estaba realmente feliz, su hermano lo sabía, y siguió añadiendo:
— Todo es gracias a la abogada Scarlet — Bajó el rostro — Me ha ayudado mucho, realmente le estoy muy agradecido, no sé cómo voy a… — Regresó la vista al frente y su cara se alarmó enseguida que se percató de la mirada pícara de su hermana.
—Aja… ¿Y cómo ha sido esa ayuda, eh?
—No imagines de más — Negó rápidamente rojo de vergüenza.
— Bien, haré que te creo que no hay más — Dejó a su hermano con dudas y comenzó a buscar en su cartera. Sacó una caja de galletas — Toma — Las pasó por el pequeño hueco —No dejes que te las quiten, las compré con lo poco que me quedaba después de comprar tantos libros — Dijo con sarcasmo. Su hermano negó divertido y las tomó como pudo teniendo en cuenda que tenía las esposas puestas — Y… Estoy feliz — Lo miró con nostalgia. No podía esperar a que aquello que decía se hiciera realidad, pero, aún debía de esperar — A ver si te casas de una vez también; ya estás viejo.
Nuevamente rieron.
— Ya veremos esa posibilidad.
— Ojalá sea con la abo… — Fue interrumpida por un fuerte siseo de parte de su hermano y rio nuevamente — Bien, bien... Yo no soy quien para decidir a tu esposa.
Continuaron conversando hasta que la hora establecida culminó. Levy salió de la cárcel central con una gran sonrisa, casi creía que realmente cualquier cosa era posible y que pronto todo regresaría a la normalidad. Solo había un inconveniente en todo eso... Sus padres.
Pero, ese día ya no le importaba, todo era brillante, y su sonrisa resplandecía más que el mismo sol.
Caminó un poco y se quedó un rato descansando en el parque "Magnolia". Curiosamente, era el mismo nombre de la ciudad.
Hace tiempo que no tenía una mañana tan relajada como esa. Así que la disfrutaría todo lo posible. Fue por un postre y hasta se dio el pequeño lujo de mirar de vez en cuando la ropa nueva que veía en los almacenes por los que pasaba. Recordó que cuando paseó con Gajeel por ahí, no fue tan tranquilo, pues el hombre a veces tenía un ánimo de los demonios. Pero a fin de cuentas se divertía estando con él.
Se rio de sí misma por recordarlo justamente a él, y no a Lucy; con quien normalmente salía a fisgonear lo próximo que les gustaría estuviese en sus armarios. Que traición que le estaba haciendo a su amiga, pero, solo por ese día, solo ese día sería un poquito egoísta y se daría el gusto de pensar en ese morocho que era mal genio y que aun así, la cargaba de cabeza.
Miró su reloj, eran las doce, Gajeel tenía que estar saliendo para ir a ver al pequeño Lily. Y si no mal recordaba le había dicho que estudiaba en la escuela Fairy. La misma a la que asistía Charle; la amiga de Wendy.
¿Sería malo pasar por ahí? Después de todo, solo estaba a tres calles.
Lo pensó diez segundos y se decidió que pasaría solo a saludar.
Llegó a la puerta y al ver que no había nadie fuera, además de unos pocos padres de familia, sintió curiosidad y revisó nuevamente su reloj.
Todavía eran las doce y cuarto, faltaban quince para la hora de salida. Era verdad que con solo tres calles no se iba a llevar media hora, ni porque caminara lento.
Pero, la verdad es que se suponía Gajeel ya debía de haber llegado ¿O era de los que esperaban la hora justa para salir? Imposible, Lucy le había dicho que siempre salía a las doce.
Entonces... ¿Llegaba justo acaso?
No importaba, igual, si llegaba tarde se llevaría a Lily a comer un helado y después le recriminaría lo irresponsable.
Mientras tanto en la esquina de la calle ocultándose tras la pared, estaba Gajeel; con tantas dudas en su cabeza que no podía responder.
Y la principal: ¿Qué hacía Levy en la entrada de la escuela Fairy? ¿Esperando a Lily? ¿O esperándolo a él? Agradecía, que siempre parqueaba a un lado de la escuela. Así no lo vería, pues estaba más concentrada en mirar al interior de la escuela.
Si estaba esperando a Lily no había ningún problema, al contrario le agradaba que su sobrino le haya caído en gracia. Pero si era a él... ¿Y si Lucy le había contado ya lo de su compromiso? No sabía por qué, pero no quería que se enterara, y menos por boca de terceros.
Pero no creía a Levy capaz de ir a reclamarle tal cosa frente a la escuela.
Pero, tenía los brazos cruzados y fruncido el ceño, realmente se veía molesta. Aunque también adorable con ese pantalón rosa pastel y la blusa blanca combinada con el cintillo y zapatos.
Aunque no le agradaba que fueran tan ajustados; remarcaban sus piernas, caderas y bien formado trasero. Muchos pervertidos ya habían volteado a verla más de una vez, y claro ella no se daba cuenta. Lo que le molestó en gran medida, pues, no quería que nadie más la viera. Es más ni siquiera él debía de hacerlo. Pero ahí iba de nuevo, recorriendo con la mirada la figura de Levy.
Y creía que ese hábito lo había dejado desde que se veían tanto.
Cuando eso ocurría estar borracho no era tan mala idea, al menos así le decía lo que pensaba sin miedos.
No, mejor dejaría de beber alcohol.
Pronto sería la hora de que Lily saliera, y si se quedaba ahí su sobrino nunca lo encontraría y después lo insultaría sutilmente.
Pero ¿Qué hacía?
Giró el rostro y encontró a muchos hombres, padres de familia y otros que pasaban y se la quedaron viendo.
Ya no lo soportó y salió de su escondite.
Se paró a su lado lanzando una mirada de muerte a los demás interesados, quienes no se lo pensaron ni cuarto de segundo para inmediatamente girar el rostro a cualquier otra cosa por ahí.
— ¡Gajeel! — La inocente y linda voz de la mujer lo hizo voltear para encontrarse con una bonita sonrisa. Los colores se le subieron al rostro y tuvo que girarlo no sin antes tapar parte de este con la mano — ¿Qué ocurre?
— N-Nada... — Negó y respiró profundo hasta normalizarse. Llevó ambas manos a los bolsillos y miró a la peli azul — ¿Qué haces aquí?
— Bueno... — Al principio vaciló pero mejor era decir la verdad — Terminé mi visita y pasee un rato, luego me di cuenta que estaba cerca, así que pensé que no sería mala idea pasar a saludar a Lily.
— Ah... Vienes a ver a Lily — Se sintió aliviado, no tenía nada que ver con él. Lo que también lo hizo sentirse más solo que Nyan Cat tratando de encontrar la línea de llegada.
El mocoso le estaba ganando con solo una hora de conversación. Eso era una pesadilla.
— También quería saber si hiciste los resúmenes — Rio bajo. El azabache quedó mudo. Al menos ya no se sentía tan solo... Pero... ¡Olvidó esos resúmenes de mierda!
¿Ahora que hacía? Debía de pensar en una buena excusa.
— Tú sabes... Al final se me complicó un poco porque una cosa y la otra...
— Se te olvidó ¿Verdad? — Ella levantó una ceja con una media sonrisa dibujada en los labios. Lo que casi la hacía parecer la mala de la película y eso era igual a un Gajeel aguantando las ganas de llevársela al auto y hacer muchas cosas.
— Sí — Confesó sin más remedio, ella negó y palmeó su brazo — Esta noche te haré acuerdo ¿Bien? — Sonrió.
Él ya no sabía de dónde sacaba tanto autocontrol.
La campana sonó y después de que la estampida de niños pasara encontraron a Lily saliendo tranquilo con sus amigos.
Se acercaron.
— ¿Señorita McGarden? — El pequeño se sorprendió de verla ahí, ella solo le sonrió y le hizo con la mano — ¿Qué hace aquí?
— Venía a saludar — Se agachó a su altura y observó a los tres niños — Hola — Rio levemente y luego dirigió su mirada en la pequeña — Charle, tiempo sin verte.
— Igual — La pequeña la miró confusa — Wendy no me dijo que vendrías.
— Bueno, ella no lo sabe — Negó levemente — Saldrá pronto así que seguro pronto ha de venir por ti — Le acarició la coronilla, la pequeña simplemente sonrió.
— ¿Por qué yo soy el único que no la conoce? — El pequeño de cabellos azules infló las mejillas en desagrado. No era justo.
— Porque ella, a tu hermano ni lo voltearía a ver — Dijo Charle con soberbia. El pequeño de los Dragneel continuó molesto. Levy esta vez lo miró y estiró la mano.
— Levy McGarden, un gusto — Entonces el pequeño sonrió y correspondió el gesto.
— Happy Dragneel.
— ¿Dragneel?
— Es el hermano del flamita que conociste en la cena — Le mencionó Gajeel desde atrás. Estaba ahí desde que se los encontraron pero decidió no entrometerse desde que la escuchó saludar a la niña — Ya es hora de que nos vayamos. Enana, deja de hacer amiguitos y vámonos, tú también Lily, no estés tan sorprendido.
— Gajeel es un aburrido — Dijo el pequeño de cabellos azules.
Levy se reincorporó y miró a Gajeel.
— Vamos, no seas así, tengo tiempo sin ver a Charle. Además no todos los días se conoce a un Dragneel — Sonrió y Gajeel suspiró con las mejillas rosadas.
— Aunque me digas eso...
— Gajeel — Llamó Happy, los dos mayores los miraron — Te guuuuusta — Los miró pícaramente.
— ¡C-Cállate! — Los rostros de ambos se habían vuelto rojo fosforescente, y ni se miraron — ¡Lily, vámonos! — Comenzó a caminar echando humo seguido del pequeño que solo se quedó confundido. Aquello que dijo Happy era algo obvio. Pero... ¿Y Juvia?
Estaba preocupado.
— Tú también enana, ven.
— ¿Eh? — Después de mirar una y otra vez a los dos lados, decidió dar una rápida despedida a los otros dos pequeños y después aceleró el paso hasta alcanzar al Redfox. Internamente estaba alegre de que no haya negado lo que dijo el pequeño.
De alguna manera terminó acompañando a los Redfox hasta la casa de ellos; y por exigencia del mayor tuvo que quedarse a almorzar.
La comida de Bisca sin duda era de lo mejor que había probado en su vida, pero, de vez en cuando le echaba una mirada al de ojos rojos. Todavía tenía curiosidad por saber cómo sería su comida.
Después de comer se quedaron conversando un rato más y el tiempo pasó más rápido de lo esperado.
— Espérame aquí, después de todo todavía tenemos que hablar.
— ¿Cambiarte?
— Claro. No pienso regresar a la empresa a esta hora — Levy observó su reloj, eran las cuatro de la tarde ¿Cuánto conversaron de trivialidades? Aunque el hecho de que Bisca buscara cualquier momento para molestarlos no dejaba que dejaran de inventar excusas y así pasar a otro tema.
Gajeel subió a su cuarto dejando a Levy en la sala. Lily había subido desde que terminó de comer, pues según le habían dejado mucha tarea.
En su cuarto se cambió ese traje del demonio para ponerse algo más fresco. Y cuando buscó entre sus cosas se encontró con cierta sorpresa.
¿Quién había puesto eso ahí? Sabía que no eran suyos porque él normalmente los dejaba en el baño.
Pero definitivamente tenía que ser alguien de esa casa. Ya haría un interrogatorio acerca de eso, más tarde.
Salió de su habitación y se encontró con Bisca que al parecer iba a entrar a la habitación de su madre.
— Gajeel… — Le llamó la mujer de cabellos verdes.
— ¿Qué ocurre? — La observó confundido, no era normal que lo llamara.
— Espero me disculpes, pero tu madre me pidió que los guardara por alguna emergencia – Guiñó un ojo pidiendo perdón y al hombre se le deformó el rostro.
— ¿Tú dejaste estos en mi cuarto? — Preguntó mostrando la caja de condones con rabia.
— Es que la señora me pidió que te consiguiera los de mejor calidad y los que tienes no son completamente seguros… — Se percató de que el hombre frente a ella estaba a punto de convertirse en súper sayayin, por lo que hizo una rápida reverencia e ingresó a la habitación de Belno lo más rápido que pudo — Ah — Asomó la cabeza antes de perderlo de vista — Azuka está en el jardín así que no hay de qué preocuparse – Y cerró la puerta seguido del golpe de una cajita estrellándose con madera. Bisca sabía que más que molesto, en realidad estaba avergonzado. Por lo que solo se rio de la actitud del hijo de su jefa.
Gajeel decidió relajarse y no mostrarle la cara de perros que cargaba a Levy, sino preguntaría y no sabría qué contestar.
Pero… La verdad ¿Realmente debía de pasar por todo eso, solo por un maldito capricho de su madre? Que molestia. Y lo que más le parecía incordio es que no se equivocaba respecto a que quería estar con esa enana.
¿Cómo estando tan lejos podía saberlo? ¡¿Cómo?! ¡Bruja!
Además el que le hagan eso justo antes de tener que conversar con ella de algo serio… ¿Podría mantenerse firme? Además iban a estar solos.
Una idea pasó por su cabeza, en la cual se quedó clavado varios segundos. Hasta que una tonada lo despertó de sus pensamientos. Era su celular.
Levy se sentó en el primer mueble que vio y se dedicó a apreciar la casa. Era grande, pero confortable.
Le agradaba.
Cerró los puños que estaban sobre sus muslos.
Es verdad, Gajeel quería hablar con ella. Y de hecho por eso mismo estaba ahí. No para pasar una linda tarde de visita al chico que le gusta, sino para escuchar lo que tiene que decir.
Mas ese chico por alguna razón se estaba tardando bastante ¿Qué estaría haciendo? Solo era a cambiarse de ropa que iba, nada más... O eso le dijo.
— Enana — Escuchó su voz, ella por reflejo miró en dirección de su proveniencia. Era la primera vez que veía a Gajeel con ropa de casa, así que se sintió un poco intimidada, de verlo con bermuda y camiseta; aunque el día que despertó en su cama estaba con algo más cómodo. Pero igualmente el sentimiento estaba.
Y se agravó cuando él decidió que se sentaría a un lado de ella, teniendo más muebles alrededor, escogió ese de dos puestos para sentarse.
Quizá era el día de suerte de Levy y ella ni enterada. Aunque no podía ilusionarse de más. Pero, cuando lo pensó mejor, solo estaban ella y Gajeel.
Lily seguramente estaba en su cuarto jugando, pero... ¿Y los demás? ¿Y Bisca? ¿Azuka? ¿Algún otro ayudante de casa? ¿Nadie? ¿Solo los dos? Eso no lo sentía como suerte, ya no.
Osó mirar a Gajeel de reojo, cuando se percató que lanzó la cabeza hacia atrás y había estirado los brazos a lo largo de la cabecera del mueble.
¿Sería bueno escapar?
— Enana... — Escuchó de nuevo. Giró completamente el rostro hacía él y corrigió al instante.
— Levy.
— Dame una opinión — Sin esperar respuesta continuó — ¿Qué piensas de un hombre que se va a casar pero ha comenzado a sentir... cosas por otra persona ajena al matrimonio y quien recién conoce?
— ¿Eh?
— Solo contesta
— Pues...Siempre he escuchado que si la persona con la que te vas a casar fue tan especial como para pedirle aquello, no hay que tomar decisiones apresuradas por algún tercero que aún es desconocido, podría estar apostando a ciegas.
— ¿Qué ocurre si ese hombre nunca ha visto a su futura esposa como mujer?
Levy ladeó la cabeza, Gajeel que la observó de costado añadió.
— No está enamorado de ella... Nunca lo estuvo.
— Si no está enamorado de ella... ¿No es mejor casarse con quien uno ama?
— ¿Qué pasa si está obligado? No por los padres pero sí consigo mismo.
— ¿Obligado?... Bu... Bueno... Yo... creo... — Levy comenzó a debate consigo misma, pero, no hallaba la respuesta adecuada. Y su cerebro terminó doliendo por el esfuerzo que puso — Lo siento, no encontré nada — Miró a Gajeel bastante preocupada por esa respuesta que dio para encontrarse con un rostro de sorpresa, seguido de risas.
— Vamos, no es para que te lo pienses hasta explotar.
Levy abrió los ojos como platos, y no porque Gajeel se estuviera riendo de algo que había dicho, de hecho ya era sorprendente que se estuviera riendo. Pero lo que la dejó atónita fue que Gajeel posó la mano sobre su cabeza y comenzó a palmarla suavemente y después solo la despeinó un poco.
¿Qué pasaba? ¿Había hecho algo bien? ¿O solo la estaba tratando como a su mascota?
Pero cuando sintió que bajaba a su nuca, ya no sabía que pensar.
— Y Levy...
Ahora sí que debía estar soñando. La había llamado por su nombre y no por uno de sus apodos. Quizá debería de espabilar, después de todo, quizá se quedó dormida en el transporte camino a la cárcel y no se dio cuenta.
Se pellizcó el brazo y le dolió. Y lo más extraño era que seguía ahí, por desgracia ya tenía una pequeña zona de su brazo rojo y doliendo levemente, pero, lo bueno, o quizá peor que malo, era que estaba despierta.
— ¿Qué haces? — Su Jefe se vio confundido y ella rápidamente negó con las manos.
— Es simplemente que quise percatarme de que no estaba soñando o algo así.
— ¿Soñando? Estás rara hoy — Volvió a sonreír, pero esta vez mostrando los dientes.
Levy después de que los labios le temblaran un rato, se armó de valor y rechistó.
— ¡El que está raro eres tú! — Frunció el ceño e infló las mejillas, confundida. Además su rostro se había tornado rojo, lo que a Gajeel le pareció infantil. Y decidió que prefería verla cuando no parecía un globo a punto de estallar.
Con su mano libre le tomó el rostro y le apretó las mejillas haciendo que un "Pfff..." inesperado saliera de ella. Lo que la puso más roja y cuando pensó que Gajeel se volvería a reír pudo observar su rostro a escasos centímetros.
— ¿Qué piensas de la infidelidad en el matrimonio?
Preguntó bajo, casi en un susurro tan grave y ronco que Levy no supo que estaba pasando. Y cuando se quiso alejar no pudo, sus manos la tenían rodeada de cara a nuca.
Era vergonzoso, tan vergonzoso que la quedara mirando de esa manera, tanto que miraba para todos lados tratando de ser optimista y pensar que cuando regresara su vista, él estaría mirando en otra dirección. Pero no fue así, se mantenía firme en no dejarla escapar ni de esos ojos rojos tan acechantes.
Llegó un momento en que ya no soportó y hasta intentó con sus propias manos alejarlo, tomando los grandes y fuertes brazos del hombre, sin, obviamente, ningún resultado. Por lo que lo único que le quedaba era adaptarse a lo que estaba ocurriendo, lo que no fue difícil cuando se olvidaba de que era justamente su jefe y el hombre del cual estaba enamorada. Por lo que pudo quedarse tranquila y mirarlo casi atenta; lo que fue peor, porque encendió un interruptor que Gajeel hubiera preferido dejarlo a medio camino. Porque él sabía que lo que estaba haciendo era una locura, pero se iba a arriesgar, porque no iba a tener esa oportunidad de nuevo en la vida.
Entonces se percató de que los labios de Levy comenzaron a moverse.
— Cr-Creo que depende de... — Y hasta ahí llegó, Gajeel se había acercado lo suficiente para rozar sus labios de tal manera que al fin pudo percatarse de su acelerada respiración que estaba mezclándose con la de él en un compás casi perfecto de no ser que ella perdía de vez en cuando la compostura e inhalaba de más.
— ¿Gajeel? — Pudo murmurar de manera nerviosa, su rostro quemaba y estaba encandilado, tanto que hasta la respiración tibia del Redfox le parecía helada.
— ¿Te molesta?
Ella quedo de piedra por un segundo y después solo murmuró un simple, nervioso pero seguro "No"
Y Gajeel maldijo y bendijo todo al mismo tiempo. Le había dado la oportunidad de que él se arrepintiera a ir más lejos, de que se diera cuenta que estaba tratando de recapacitar, se la dio. Y aun así no la aprovechó como él esperaba que lo hiciera. Ya no había marcha atrás, unió sus labios con los de ella en un beso rápido y suave, la miró de nuevo, y lo volvió a hacer siendo respondido de la misma manera, y así repitió la acción: tres, cuatro, cinco veces. Hasta que las cuentas eran lo que menos importaban y ya no quiso que sus labios se separaran ni un milímetro. Y después de que la mano con la que sostenía el rostro de Levy fue hasta la espalda femenina, sin perder de tocar todo el camino hasta la meta; comenzó a devorarle la boca sin pudor ni compasión.
Tanto que Levy tardó en seguirle el paso, no solo de sus labios sino también de su lengua, que hacía lo que le placía dentro de su cavidad bucal.
¿Cómo podía permitirle que jugara con ella de ese modo? En un momento, hasta sintió como esa mano en su espalda bajaba a tocar todo a su paso sin siquiera pedir permiso.
Eso era demasiado atrevido, hasta para Gajeel, o quizá, lo había idealizado un poco, pues, era la primera vez que tenía un encuentro así con el azabache.
Pero la verdad es que, no le importaba, si era Gajeel, no le importaba. Ni siquiera si se le ocurría desvestirla ahí...
Puede que se estuviera volviendo loca, o quizá estaba demasiado metida en ese beso, que ya no era tan inocente como en un principio. Pero, no estaba incómoda, quizá, un poco con la posición; ya que aún si estaban sentados, ella tenía que poner el rostro hacia arriba, el cual Gajeel acariciaba de vez en cuando como si de seda tratase. Pero no estaba incómoda con la persona. De hecho, no podía pedir mejor besador. Y eso que en el colegio le habían advertido que los chicos con apariencias de malos besaban como dioses. Nunca esperó que tal razón fuera verdad.
En un instante se permitió recorrer los músculos de aquel hombre desde su abdomen hasta los brazos, aunque solo fuera sobre la camisa, estaba demasiado bien marcado, antes quizá se lo hubiera pensado dos veces antes de hacerlo. Pero ya no se podía controlar a ella misma.
Toqueteo, lametones, mordidas, haladas.
Gajeel sentía que por fin podía sacar todo lo que se había reprimido desde la vez que esa maldita enana osó en sentarse en sus piernas. Agradecía que Lily no bajara a la sala hasta terminar sus tareas, y que Bisca fuera tan diligente como para percatarse de sus intenciones, y más de que Juvia lo llamara diciéndole que tenía una reunión de profesores. Si no fuera por eso, no se estaría arriesgando a tal escena en plena sala principal.
Por lo que se podía relajar y saciar su apetito. Sin miedo a ser interrumpido.
Quizá estaba haciendo más de lo que planeaba en un principio, pues, hace un momento solo quería probar sus labios para poder tener un pequeño recuerdo táctil de esa enana.
Pero, desde que comenzó, esa suavidad, ese olor, y esa suave voz lo embriagaron como ningún whisky había logrado, ni lograría. Así no se le hacía tan raro, si realmente, se había dejado llevar y habían tenido sexo la noche de aquella fiesta.
Pues Levy era hermosa, y su pequeña figura le estaba obligando a pecar. Pero debía parar, aunque no quería; menos cuando ella empezó a tocarlo también. Debía de parar antes de terminar arrepentido.
Con delicadeza, la tomó de los hombros y la separó suavemente, le dio una última mirada.
Estaba roja, sofocada, ansiosa, y sus ojos brillaban de lujuria. El mismo estado en que se encontraba él.
Y después de darle un último beso en esos labios hinchados, con los que por fin pudo hacerse, y por último en la frente, se levantó; dejando a Levy confundida con la mano en el último lugar tocado por sus labios.
— Supongo que debemos de hablar — Se rascó la cabeza y no se atrevió a mirarla, ya no, ya no se sentía tan valiente, y tampoco gozaba ya de autocontrol. Además su rostro estaba tan encendido como las luces de un carro de bomberos.
Ya no sabía cómo había terminado haciendo lo anterior ¿Qué había pasado? ¿En serio lo había hecho? ¿En serio la enana se lo permitió? ¿En serio estaban solos?
Y solo podía repetirse una cosa en la cabeza: "Mierda".
Ahora sí que estaba condenado. No sabía cómo hablar; pero tenía mucho que decir. Lo que le frustró más. Sólo él podía ser tan imbécil.
No dijo nada más. Y calló, esperaría a que Levy le respondiera algo o a que al menos hiciera un sonido.
Pero Levy tampoco supo que decir. Ni siquiera se atrevía a preguntar que había sido eso.
"Eso" que ella decidió permitir y que disfrutó como nunca esperó. Es decir, ya hubo un instante en el que pudo haber fantaseado con besar a ese brabucón de mala leche. Pero la realidad sobrepasó cualquier fantasía que le haya pasado por la cabeza.
¿Qué hacía?
Gajeel se exasperó, nadie decía nada y ese silencio fue el más incómodo que había tenido en su vida. Si la enana no decía nada entonces él no sabía cómo arreglar eso.
Sacó valentía de donde no tenía y la miró. Seguía roja y sostenía su rostro dudoso con sus manos temblorosas.
¿Realmente sería capaz de decirle la verdad? Ahora sí que no quería.
— Enana — Los ojos de Levy lo buscaron aún sin entender nada; ya había hablado; ahora debía continuar — Sobre lo de ser mi prometida falsa… Hay cosas que debes saber — Ella prestó atención.
¿Qué quería hablar sobre eso?
— Yo… Estoy comprometido con alguien más — Agachó la mirada con pesar.
Levy abrió los ojos grandes, impactada.
¿Cómo? ¿Entonces por qué ella estaba embarrilada en todo eso?
No tuvo más opción que contener las ganas de golpear a ese hombre y más que nada de llorar.
— Entonces… — Murmuró casi inaudible — Entonces — Repitió levantando la voz y tratando de no sonar dolida – ¿Ya no es necesario que me haga pasar por tu falsa prometida, verdad? — Trató de sonreír, lo que no funcionó pues tuvo que morderse el labio inferior para no perder la compostura.
— Eso… Es aparte… Todavía necesito que lo hagas… — No la miró. A él le dolía. Maldito el momento en que decidió hacer lo que hizo. Y más maldita ella por corresponder.
— ¿¡Por qué!? — Ella se levantó bruscamente. Se exaltó; no podía creer que después de haberla ilusionado y besado haya decidido contarle aquello — Si ya tienes una… ¿De qué sirvo yo?
— Porque tanto mi madre como yo estamos mal de la cabeza… — Se golpeó lo nombrado hastiado. Seguramente lo quería matar. Y si lo golpeaba o le insultaba; era parte de lo que se merecía por imbécil.
— No comprendo — Negó y se tapó el rostro con las manos. Sentía que el corazón punzaba cada vez con más fuerza. Cayó al mueble nuevamente y se quedó muda mirando al vacío ¿Al final que estaba haciendo ahí? ¿Ella que tenía que ver si a Gajeel le hacían cualquier cosa? La verdad es que nada. Ella no era nada.
El hombre se acercó y quedó a un lado. Comenzó a hablar.
— Se supone que esto debía de decírtelo de antes, pero… — Se calló. Se arrepentía una y otra vez de todo.
— ¿Pero? ¿¡Pero!? — Repitió con más fuerza en su voz. Se sentía terrible y quería explicaciones — ¿Por qué esperaste tanto para decírmelo? ¿Por qué me llevaste a mí a la cena? ¿Por qué me trataste tan bien? — No dejaba contestar a Gajeel. Estaba desesperada. Los ojos le comenzaron a vidriar hasta que aquel líquido cristalino comenzó a caer de sus ojos avellana — Gajeel… ¿Por qué me besaste? — Preguntó rogando. Estaba confundida; antes ya habían estado en situaciones para eso. Pero como nunca se concretaba, al final del día terminaba pensando que eran solo imaginaciones suyas.
— ¿Acaso no es obvio? — Por fin pudo tomar la palabra; y a pesar de querer limpiar el rostro de la peli azul esta no se lo permitió, alejándose — Levy… Tú… — Tragó saliva y dejó unos segundos al aire aquello — La verdad… Me gustas — Supo que no se lo esperaba, pues sus lágrimas pararon; pero apenas podía hablar ya que al instante comenzó a gaguear. Él sonrió al mirarla así; pues prefería verla confundida a verla llorar.
— Pe-pero…
— Es la verdad — Después de mirarla a los ojos, vio al suelo — Pero, no puedo obligarte a que te quedes a mi lado bajo estas circunstancias.
— Ni siquiera sabes si quisiera hacer eso… — Volteó el rostro. El azabache negó levemente.
— Ese beso me confirmó muchas cosas.
— Idiota — Acertó a decir.
— La cosa es… Sé que aunque te lo dijera; obviamente te negarías a ser mi…
— Por favor, no lo digas — Pidió moviendo las manos — Gajeel — Llamó tímida — ¿Hasta cuándo durará esto?
Él suspiró pesadamente.
— En seis meses será la boda… Así que…
— Comprendo… — Ella se levantó y se acercó a la salida lo más rápido que pudo — Nos vemos en el trabajo — Abrió la puerta y salió corriendo. Gajeel se quedó de piedra mientras trataba de entender el comportamiento de esa mujer de bolsillo.
¡Ni siquiera le dio tiempo para decirle que la llevaba a casa! ¡Ni para explicarle nada más! Pero si iba tras ella seguramente sería peor.
Entonces… Sí que lo había jodido. Pues claro, sacando algo como la simple idea de tenerla de amante era algo que la iba a molestar. Ella no iba a soportar eso.
Se recostó en el sillón agotado. Habían sido muchas emociones en un momento ¿Todavía querría aparentar aquello? Lo más seguro era que no y que le odiaba.
Se hizo de noche. Lucy tocó la puerta apurada y su amiga le abrió.
Le había enviado un mensaje diciéndole que era urgente. Por lo que ni esperó dos segundos para salir de su casa.
— Lu… — Levy corrió a abrazar a su mejor amiga — Lu… — Se escondió como pudo, cuando ella la socorrió — Gajeel… Gajeel…
— Lo sé… — Murmuró simplemente — Por eso vine — Simplemente le sonrió levemente. Su amiga estaba triste, tan triste como nunca antes había visto. Ya luego vería qué hacía para tratar de animarla y también tenía que vérselas con ese hombre. Por el momento, dejaría que se desahogara todo lo posible
El sábado llegó y con eso una mañana tranquila para la casa de los Redfox.
Gajeel se levantó y tranquilo fue por su desayuno, el que casi ni tocó. Quizá estaba demasiado tranquilo, tanto que hasta Juvia sintió la necesidad de preguntar.
— Gajeel ¿Qué sucede? Desde ayer estás más callado que de costumbre — Su amiga de ojos azules le miró preocupada.
El nominado le dedicó una mirada y sonrisa vacía. Algo le pasaba y Juvia lo sabía y no estaría tranquila hasta que se lo dijese.
— Juvia quiere saber, solo así puedo ayudar a Gajeel — Dijo sin quitarle los azules de encima. Gajeel dejó escapar una pequeña risilla y después negó.
— Te lo diré, pero no ahora, primero come y de ahí acompáñame a mi cuarto.
Juvia sonrió y asintió animada. Tenía tiempo sin una plática de sinceramiento con su mejor amigo: Gajeel Redfox.
Terminaron de desayunar, y todo lo dicho fue realizado al pie de la letra, Juvia, sentada a filo de cama al lado del moreno, no se lo creía.
— Gajeel también pierde ante las tentaciones ¿Eh? — Esta vez lo observó compasiva, comprendía a su amigo, ella también se había enamorado alguna vez, por lo que su manera de actuar no le incomodó, ni abrumó, más bien, le pareció de lo más normal, más cuando lo contaba desde el punto de vista de él, quien cuando quería no saltaba ni un detalle. Hasta recordaba el lugar e instante en el que había caído en cuenta de que estaba loco por la mujer de bolsillo, como le solía llamar a sus espaldas.
— Soy hombre ¿Sabes?
Juvia le mostró una gran sonrisa y palmeó su espalda fuerte.
— Ve por ella — Le brillaron los ojos sin importarle las quejas de Gajeel respecto a que casi le sacaba los pulmones.
— Pero... Ya la cagué.
— Solo debes de limpiarlo, ya sabes como una real...
— ¿Insinúas que es tan fácil como eso?
— Bueno, no creo que aquello sea fácil para todos. Especialmente para los recién nacidos – Rio un poco. Gajeel entendió esa metáfora, aunque fuera lo más sucio que hubiera escuchado — Gajeel, tú eres un poco bruto, y si no me equivoco es la primera vez que te ocurre algo como esto, por eso mismo, no eres muy diferente a un niño recién nacido en estos casos. Debes de arreglar lo que hiciste, sin importar que tan sucio quedes al final. Todavía te puedes lavar.
Gajeel solo la miró atónito y comenzó a reír.
— ¿Cómo hemos terminado hablando de mierda real?
— Pero... — Trató de excusarse Juvia.
— Lo sé, trataré de arreglarlo — Al fin sonrió animado. Juvia lo conocía bien. Quizá, era la que mejor le conocía, y por eso, la quería tanto. Aunque no compartieran sangre era como si tuviera a esa hermana que nunca tuvo.
— Y todavía me la tienes que presentar — Sus azules fueron reemplazados por estrellas llenas de energía. Estaba animada ¿Qué clase de persona sería la mujer de la que su prometido se había enamorado? Realmente la quería conocer.
— Sí, sí… Cuando arregle todo… — Dijo con dudas de lo último. Juvia solo dio pequeños saltitos sonriente.
— Voy a la piscina — Dijo cuándo se levantó.
— Cuidado con ahogarte — Bromeó Gajeel, antes de que saliera, ella le sacó la lengua en juego.
Después de que desapareciera de su vista; escuchó a Bisca llamándole.
— ¿Qué ocurre? —Preguntó una vez en la sala.
—Verá… Uno de sus amigos está…
— ¿Flamita?
— No… Es… ¿Congelado?
— ¿Hielito?
— Ese, está en la cocina — Gajeel no esperó más y salió corriendo al lugar nombrado. Mala idea. "Hielito" se había encontrado primero con Juvia.
Se estaban mirando, como si no supieran cómo comenzar una conversación. Por lo que tuvo que meter sus narices.
— Hielo derretido — Saludó. Los otros dos le miraron.
Se arrimó al lado de la ventana y dio una prolongada vista al paisaje que esta daba: Juvia estaba en bañador, haciendo calentamiento muscular. ¿Se habría puesto bloqueador? Después de todo, hacía bastante resplandor. Gray siempre pensaba en esto por la blanca piel de la chica. Quizá debería de ir y preguntarle.
— Supe que estabas de gira ¿Qué has venido hacer acá? — Gajeel se cruzó de brazos y le amenazó con la mirada.
— Terminamos hace tres días, íbamos a comenzar con un nuevo single pero, la canción principal es una bazofia, no me ha gustado, y me he enfadado con la disquera — Pudo ver claramente el chapuzón que se elevó al clavado de Juvia, no evitó sonreír, y miró a su amigo.
— Sigues siendo un insolente Gray.
— No es insolencia, saben el género que toco, y aun así, se esmeran en meter otras cosas.
— No me refería a eso.
— Ah... — Se alejó de la ventana y se sentó frente a Gajeel, este le sirvió una copa de whisky, Gray, sin pensárselo mucho, bebió — Lo siento — Quedó mirando la copa — Tengo tiempo sin verla.
— Y será mejor que ni te le acerques.
— ¿Celoso?
— ¿Lo preguntas en serio?
— Obviamente... Después de todo, solo están comprometidos por conveniencia — Aquella frase le vino como un trago amargo y dejó el vaso en la mesita frente a él.
— Eso no te concierne ahora Gray.
— Lo hace — Se volvió a levantar y comenzó a caminar.
— No te atrevas siquiera a ilusionarla.
— Eso trataré.
Gajeel intentó detenerlo pero él ya estaba fuera y su celular sonó. Era Belno.
— Juvia — Gray se acercó al filo de la piscina y observó cómo, a mitad de piscina, lenta y tímidamente la nominada asomaba la cabeza sobre el agua.
— Gray... — Pronunció despacio con una pequeña sonrisa — ¿Qué ocurre? ¿Gajeel te ha exiliado del cuarto de licores?
— Piensa que me los terminaré — Se encogió de hombros y le hizo un ademán para que se acercara más. Juvia sin prisas hizo caso y medio nadó para quedar bajo su oscura y hermosa mirada azul. Ella se sonrojó; Tenía tanto tiempo sin ver a su adorado Gray, que tenerlo así frente a ella la dejaba desprotegida de la valentía que alguna vez pudo tener.
— Entonces ¿Prefieres beber el agua con cloro de la piscina? — Jugueteó con la mirada, mirando a Gray y a los bordes de la piscina cada tanto.
— Se ve más tentador — Gray comenzó a desvestirse sin miramientos.
Y ¡Oh por Dios! ¡Qué cuerpo se tiraba ese hombre tan apuesto!
— Espera, Gray... — Juvia se tapó los ojos avergonzada.
— ¿Acaso ahora tienes vergüenza de verme semidesnudo? — Echó una pequeña carcajada.
— No es eso... — Ella, como pudo lo señaló — Al menos ponte ropa interior.
— ¿Eh? — Gray bajó la mirada a su inexistente bóxer y gritó levemente — ¿Dónde se fue? — Giró la cabeza varias veces tratando de encontrarlo, Juvia se había girado y había comenzado a reír bajo.
Gray no cambiaba, seguía siendo despistado, pero así, como él no lo hacía ella tampoco, aún lo quería como la primera vez que lo vio; y hasta más.
Entonces escuchó cómo el pelinegro se tiró al agua como si nada. Eso era señal de que había encontrado su ropa interior.
Se acercó a ella con una sonrisa. El rosado de sus mejillas no bajaba. Había pasado tiempo desde que había estado tan cerca de Gray y acercarse justamente en una piscina, era bastante penoso, pero igual estaba feliz.
— Cuanto tiempo sin verte – Lo abrazó sin importarle nada. Gray la tomó de los hombros para poder verle la cara y sonrió.
— Mucho tiempo.
— ¡Hey, ustedes! — Gajeel llegó impidiendo el beso que Gray pensaba darle a la oji azul. Lo que lo hizo refunfuñar.
— Gajeel — Juvia lo miró dudosa — ¿Qué ocurre?
— Ven acá — Le dijo a su amiga, la que se acercó sin salir de la piscina pues Gajeel se acuclilló al borde, para poder hablar con más facilidad — La anciana me acaba de avisar sobre una fiesta de accionistas…
— ¿Acaso tengo que ir? — Se preocupó, no quería.
— Como mi prometida, obviamente; es esta noche.
— Pero… — Le dio una rápida mirada a Gray; ella sabía que él no se iría tan pronto; y por eso regresó una mirada insistente a Gajeel.
Éste suspiró rendido. No podía negarle nada a esa idiota.
— Bien, iré solo…
—Pero… Ve con… ¿Enana?
Gajeel rio.
— Levy.
— Levy – Sonrió ampliamente.
— Pero, no creo que quiera…
— Seguro que sí.
— Mejor le digo a la coneja que me excuse…
— Gajeel — Le recriminó. Él volvió a suspirar sin ganas.
— Bien…
— Le puedo prestar uno de mis vestidos — En seguida el azabache negó — ¿Por qué?
— Créeme… No le quedarán.
MY GAAAAH!
Que capítulo más laaaaargooooo.
Por esa razón me he tardado. Pensaba traerlo para antes de año nuevo porque la navidad se me hizo pesada. Pero de nuevo el año nuevo fue una locura (Gorda se queda uno).
Peeeeroooo… Hice lo mejor que pude para traerlo antes de recomenzar las clases.
¿Qué les pareció el cap? :3
¿Creen que pasó muy rápido lo de nuestros tórtolos? ¿O ya estaban hartos de esperar a que eso ocurriese? xD
Yo no sé; mis días me cogieron de sorpresa y pues… Así terminó –w—
Maldita indecisión que da en estos días – llora.
Espero que les guste y no me maten por lo raro que está (?
Y decir que el próximo capítulo por fin comenzaré con los pasados de todos :'v
Primero comenzaré con el Nalu porque… bueno, es el más rápido y menos complicado de todos, la verdad xDD
Aunque no lo parezca en un principio, hay bastantes enredos en la vida de nuestros protas (?
Y kahsjasjajhasdgdkjhasj esos comentarios… — Se va al Everest grita y regresa con una sonrisa de psicópata – Lo siento.
Gracias a quienes me dejaron un review – corazoncito –
Hacen que sienta que realmente les gusta +w+
Me animan tanto :'D Algún día podré contestar uno por uno. Yo lo sé, solo denme tiempo, menos festividades y más vacaciones xD
Espero les guste el cap.
El asunto del Gruvia será explicado en los próximos caps… como todo lo demás (Al fin va a contar la historia la tonta esta) Seguro que piensan eso (?
Gracias por leer :D
