Basado en los títulos 30 días de tú OTP.


Love Story.

Día ocho: Haciendo compras.

A Kise le gustaba hacer comprar, y no, a comparación de lo que todos creían que era una obsesión por comprar cosas que quizás no necesitaba, no era por eso. Era por Kasamatsu Yukio, su superior y capitán del equipo de baloncesto de la escuela Kaijou.

— ¿Y bien, qué es esta vez?—preguntó el otro con una ceja alzada, mientras tomaba un poco de agua. El sudor le escurría por el cuerpo y le pegaba un poco la camisa de deporte a su pecho, dejando a un feliz Kise.

—Mi gustaría ir a comprar un poco de ropa. —comentó, bien era una excusa, pero eso significaba que Kasamatsu saldría con él, aunque al final del día no comprara nada y recibiera unas buenas patadas por ello.

— ¿Por qué no invitas a una chica?—la mirada del capitán era casi indiferente, lo cual decepcionada a Kise.

—Es muy difícil elegir por una. —suspiró. Eso era verdad, si invitaba a una chica entonces esta lo divulgaría y, bueno, se formaría una pelea campal en la escuela.

—Tenemos el fin de semana libre. —dijo el otro, guardando la botella de agua. —Te veré en la estación central a las doce, llegas tarde y te mato. —advirtió alzando un dedo.

Kise no podría estar más feliz.

Finalmente el día tan esperado por el modelo juvenil había llegado. Estaba demasiado emocionado, por lo cual no había podido dormir en toda la noche y había amanecido con unas horrendas ojeras en el rostro, si su agente lo hubiese visto ese día lo habría fusilado allí mismo.

Un poco mareado por la falta de sueño, fue a tomar un baño, quizás eso lo despertaría por completo. Y en una parte fue así, al menos hasta que volvió a entrar en calor y el sueño lo golpeo con aún más fuerza, aun así, siguió.

—No dejaré plantado a Senpai. —se murmuró frente al espejo, mientras su mirada comenzaba a distorsionarse. — ¡Despierta, Ryota!—golpeándose las mejillas, logró que su vista se enfocara de nuevo.

Y no le gusto lo que vio.

Tenía bolsas debajo de los ojos pintadas con un leve tono oscuro. Tomando un poco de maquillaje comenzó a ocultar aquello que lo había avergonzado.

Una vez que salió de su casa, se dirigió a los trenes. Había elegido la mejor ropa posible, una que recientemente su agente le había regalado en forma de disculpa por obligarlo a saltarse las clases para una sesión de fotos.

Al llegar a la estación más cercana noto que había mucha más gente de lo usual, por lo que opto por ponerse un gorro y lentes de sol, para que nadie pudiera reconocerlo. No obstante el tren tardaba demasiado, llevaba minutos de ventaja por haber salido más temprano, pero si seguía tardando más, llegaría justo si no es que un poco tarde.

Finalmente el tren había tardado veinte minutos más, haciendo que el tiempo de Kise se redujera increíblemente, aun así, sí el tren no volvía a pararse llegaría corriendo, pero a tiempo. Al arribar el tren, fue golpeado por una ola de gente subiendo mientras que se golpeaba con los numerosos cuerpos que de por sí ya había en el vagón.

El calor era insoportable, el aire acondicionado del vagón apenas se sentía por la masa de gente que había. Ryota casi podía sentir como el sudor le escurría en todas las partes del cuerpo, sin embargo no podía secarlo porque no podía moverse y la gente, que al parecer iba al mismo destino que él, no hacía más que aumentar en cada estación.

Faltaba una estación para llegar a la estación central, tenía dos minutos de retraso pero seguramente Kasamatsu-senpai se lo perdonaría si le decía que el tren había tardado en llegar. Y entonces su mala suerte ataco. El tren se había atascado a unos cuantos metros de llegar a la estación.

Con mucho esfuerzo saco su celular y miró la hora, llevaba ahora siete minutos de retraso, tendría que avisarle a Senpai para que no se marchara, bien, tenía señal, incluso podría hacer una llamada, no obstante, la mala suerte no se había olvidado de él. Algunos de los pasajeros al quererse acomodar mejor, lo aventaron, provocando que el celular saliera de sus manos y este se metiera en la bolsa de la chica de enfrente, la cual lo miró con una ligera sonrisa de compasión.

—Te lo daré en cuanto bajemos. —comentó, un poco avergonzada.

Kise tuvo ganas de gritar allí mismo, pero sólo pudo asentir con la cabeza.

El tren llevaba al menos diez minutos atorado en el mismo sitio, había un problema al parecer, no lo pudo comprender bien, estaba enfocado en que su celular había sonado al menos tres veces y estaba seguro de quién era. La chica de enfrente había tratado de moverse para sacarlo al ver la desesperación reflejada en lo que se veía del rostro del otro, pero sus esfuerzos eran inútiles. Había demasiada gente.

Y, para acabar con un día malo, los truenos se escucharon en el cielo. No tardó mucho para que comenzara a llover, abochornando más el vagón y provocando que el estrés del ace de Kaijou fuera más allá de los límites.

Pero eso no era todo, cuando fijo su vista en la ventana notó algo a lo lejos, afilando la mirada e inclinándose un poco pudo ver de quien se trataba. Aunque sólo fuera su silueta, podía reconocer a Kasamatsu Yukio refugiándose de la lluvia bajo un paraguas azul, parado al lado de una lámpara.

—Maldita sea… Senpai…—chilló molesto. Sabía que su agente lo mataría si llegaba a abrirse el labio de una mordida, pero tenía que desquitar su enojo con algo y a falta de movilidad sólo le quedaba morderse los labios.

El golpe de gracia fue cuando notó que la silueta de su Senpai se movía en dirección contraria, en dirección al autobús. Sintió las lágrimas acumularse en su rostro, tal vez Kasamatsu ni siquiera volvería a hablarle. Las primeras gotas saladas salieron cuando el tren comenzó a avanzar justo en el momento en que el camión donde su querido capitán iba, arrancaba.

La gente salió de golpe, sintiendo un aire fresco golpeándolo.

—Aquí tienes. —comentó la chica, devolviéndole el celular.

—Gracias…—masculló, ido. Cómo pudo salió del tren, casi arrastrando los pies. Sentía el maquillaje escurrido en su cara por el sudor, su cabello le daba un poco de comezón por el gorro y seguramente si alguien lo viera hubiese imaginado que habría corrido mucho o estado en la lluvia.

Cuando miró su celular notó esas tres llamadas perdidas que eran de Yukio. Con un suspiró y preparándose para lo que venía, marcó el número de contacto mientras buscaba donde sentarse.

Diga.

—…

¿Kise?

—…

¡KISE!

—Senpai…—llamó con la voz rota. Le costaba hablar al pensar que quizás Senpai no le volvería a hablar.

¿Te encuentras bien?—preguntó notando la voz ronca del otro.

—No…Senpai lo siento tanto…el tren…y yo…—agarró su cabeza con desesperación, estaba al borde del llanto.

— ¿Qué mierda dices? No comprendo nada. —bufó una voz delante. Kise alzó la mirada rápidamente, notando que Yukio lo miraba expectante.

—Senpai… ¿por qué?—balbuceó. — ¿Por qué sigue aquí? Yo lo vi irse.

— ¿Irme?—preguntó el otro confundido. —He estado aquí desde hace media hora, me enteré que los trenes se iban a atrasar así que como habían pronosticado lluvias para hoy, decidí esperarte dentro dela estación. Te llamé, pero no contestaste.

—M-Mi…celular, cayó. —sonrió, confundido. ¿Acaso por el pánico había confundido la silueta de Kasamatsu? — P-pensé…que…no volvería a hablarme.

— ¿Eh?

—Por dejarlo plantado…usted…yo no sabía que sabía lo de los trenes. —murmuró. Kasamatsu tuvo que evitar una risa mal contenida. — ¡Senpai!

—Lo importante es que lo supe, ahora vamos. —sonrió, intentando darle confianza a Kise. Lo cual logró.

— ¡Compremos un paraguas para los dos, Senpai!—gritó alegre.

—Yo traigo el mío. —comentó, mostrando uno transparente. Confirmando las sospechas del modelo de haberse equivocado de persona.

—Pero yo no, venga conmigo. —sonrió, avanzando. Justo fuera de la estación una persona comercializaba aquellas cosas, para los transeúntes que salían apurados.

Kise termino comprando uno color rojo, y antes de que Kasamatsu se diera cuenta, este le había arrebatado su propio paraguas, guardándolo en la mochila que llevaba.

— ¿Qué mierda haces, Kise?—regañó, metiéndose dentro del paraguas del rubio, el cual sólo sonrió y comenzó a caminar. — ¡Te estoy hablando, idiota!

—Quiero compartir con Kasamatsu-senpai. —contestó. Yukio frunció el ceño y desviando la mirada, siguió avanzando a paso del rubio.

"Después de todo, eso hacen los enamorados."


¡Día ocho, arriba!

Al final si terminaron haciendo compras XD Muchas gracias por leer.

See you next week! (?) –sufran-

Con cariño,

MimiChibi-Diethel