Tabla objetos: Martillo.

Pareja: Ann-Momo.

Advertencias: Ooc,.

El rugido llegó desde el salón. Ella cerró un ojo y estiró los labios, mostrando los dientes. Sabía qué había pasado. Y desde luego, no podía culparle por la larga retaría de palabrotas que siguieron al ruido sordo y luego, el sonido de una ventosa, indicando que se había llevado el dedo a la boca y lo mamaba con intenciones de calmar los espasmos del dolor.

Abrió la nevera y cogió el primer paquete del congelador que encontró y después avanzó hasta el salón. Lo vio maldecir con la mirada al martillo y luego, tensarse cuando la vio entrar, esperando seguramente que le regañara por soltar tal sarta de palabrotas delante del bebé. Pero ella tan solo le sonrió amablemente, le tomó la mano con cautela y…

Le plantó el congelado sin cuidado alguno sobre el dedo.

El gruñó entre los dientes y después la miró con algo de miedo, tragando saliva.

—Bueno, ya que el martillo no es tu amigo, llamaremos a alguien para que termine de montar la estantería por ti— dijo—. Desde luego, las tareas de la casa que los hombres hacen no es cosa para ti, Takeshi. Devuelve el martillo a la caja de herramientas y ponte a mirar la televisión antes de que te lesiones.

Luego, se dio la vuelta y regresó a la cocina. Esperó unos segundos y después, volvió a escuchar el martillo, esta vez con más ganas y a la par, más cuidado. Sonrió divertida.

No había nada mejor que herir el orgullo de un hombre para que trabajara en serio en la casa.

Quizás, Takeshi aprendiera a trabajar mejor en las labores del hogar. O al menos, a manejar mejor el martillo y no dañarse los dedos.