MASHED POTATOES.

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Meyer. Sólo me adjudico la historia y algunos personajes.

Beteado por Lucero Silvero (Betas FFTH)

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Capítulo VIII

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Corrí hasta la cafetería sintiendo que mi corazón saltaba de mi pecho con ahínco, la adrenalina fluyó por mis venas y la preocupación colmó mi paciencia. Fui hasta la escena para ver como mi novio terminaba por propinarle una fuerte paliza en el rostro al muchacho que me había lastimado accidentalmente con el casillero.

— ¡Edward, no! —exclamé acercándome y queriendo intervenir en la pelea, mas Charlotte, Jessica y Alice me frenaron con sus brazos e impidieron mi paso.

Edward no escuchó mi voz porque el resto de los estudiantes alentaba la pelea. El joven tenía un ojo morado y el rostro hinchado, más lo que en verdad me asustó fue ver que Edward tenía un pequeño lastimado en el labio. Le habían golpeado también.

Grité una y otra vez para que terminaran la pelea, que alguien la parara, pero eso sólo ocurrió cuando dos profesores se acercaron al círculo, eran el profesor de Actividades Físicas y el de Geografía, los que los separaron.

— ¡Paren ustedes dos de una vez! —exclamó uno de los profesores, pero aun así, ambos se removían de los brazos de los profesores, con las ganas de seguir peleando.

— ¡Si siguen así serán expulsados de forma inmediata y definitiva de esta escuela! —bramó el profesor de Geografía y ellos procedieron a calmarse. El resto de los estudiantes permanecimos en silencio.

— ¿Qué clase de comportamiento es este? —Preguntó de muy mal humor el mismo profesor a Edward y al muchacho—. ¡A la rectoría! ¡Ahora mismo!

El profesor llevó a Edward y al joven tirando de sus camisas hasta que ellos caminaron por su propia cuenta, con el rostro enfurruñado.

— ¡Muy bien! ¡El resto de los estudiantes a clases! ¡Ahora! —ordenó el primer profesor, obligando a que el resto volviese a las aulas. Se escuchó un leve "oh" desanimado en el comedor.

No me importó lo que nos habían ordenado, yo fui directamente hacia la rectoría para saber cómo se encontraba Edward.

Esperé en la puerta con impaciencia, profesor de Actividades Físicas salió de la rectoría y me miró con asombro.

— Señorita Swan, ¿qué hace aquí? ¿No le dicho que vuelva a clases? —me reprendió molesto.

— Quiero ver a Edward —exigí conteniéndome—. Necesito saber si está bien.

— El señor Cullen estará bien, pero usted no puede estar aquí. Vuelva a clases o usted también tendrá que ver al rector —me señaló el pasillo con el brazo y me miró con autoridad.

Mordí mi labio y gruñí por lo bajo. Deseaba saber qué es lo que había ocurrido con Edward, pero lo último que me faltaba era ser sancionada por el rector. Suspiré con desgano y volví hasta mi clase.

De más está decir que no presté atención a mi clase de literatura, Edward era mi compañero en esta materia y no estaba, lo único que quería era verlo.

Sonó la campana y fui la primera en salir corriendo hasta la rectoría. Me dijeron que él se encontraba en la enfermería y me preocupé aún más. Fui hasta allí, toqué la puerta y me dejaron pasar. Él estaba allí, sentado en una camilla, siendo atendido por la enfermera de la escuela.

— ¡Edward! —jadeé corriendo hacia él, para luego arrojarme a sus brazos. Él me recibió en un abrazo. La enfermera carraspeó, estaba ocupada curándolo. Debía separarme.

Ahora podía observarlo mejor, sólo tenía una herida en el labio.

Esperé a que la enfermera se retirase a un costado para poder regañarle.

— ¿Qué rayos estabas haciendo? —le reclamé muy, pero muy molesta—. ¿Por qué golpeaste a ese chico?

— Porque él te había hecho daño —se justificó gruñendo.

— ¡No me hizo daño, tonto! —expliqué anonadada.

— Lo hizo a propósito —replicó él, enfurruñando—. Lo conozco, él te fastidiaba antes, ¿o no?

¿A propósito…?

— Sí, pero…

— Por eso mismo. Me irrita la idea de que alguien pueda hacerte daño, que alguien crea tener el derecho de ponerte una mano encima —escupió con odio—. Lo vi en la cafetería como si nada… y no pude contenerme, necesitaba golpearlo.

Edward decía aquellas palabras con una expresión contenida, con mucha ira… contenida. Realmente le sacaba el hecho de ver a alguien lastimarme.

— Pero mira lo que te ha hecho, ahora tú te has lastimado —acaricié suavemente su barbilla.

— Fue un simple descuido —puso los ojos en blanco—. Definitivamente podía ganarle.

— Edward… pelear no es bueno, te mete en graves problemas —repetí aquellas palabras con seriedad, una por una.

La enfermera volvió para vendarle la herida en la comisura de su labio.

— A ver si dejas de meterte en problemas, Edward. Tu padre no pagará siempre tus expulsiones —replicó la enfermera, suspirando.

Padrastro —corrigió él inmediatamente, molesto.

Lo miré estupefacta.

— ¿No es la primera vez que peleas en la escuela? —pregunté sin poder creerlo.

Edward frunció aquellos labios adoloridos mientras me miraba con vergüenza.

Oh, Dios…

Él contuvo un par de palabras, suspirando.

— Te dije que tengo problemas de conducta —me recordó, tenso.

Y vaya que los tenía… tenía serios problemas con la ira.

La puerta de la enfermería se abrió y apareció el señor Vanderson, el padrastro de Edward. Tenía una expresión helaba… estaba molesto, pero era respetuoso.

— Vamos a casa, Edward —anunció mientras se acercaba a nosotros. Vestía un traje de oficina—. Tendré que pagar por tu expulsión para que te reintegres de nuevo. De otra forma, no volverías en meses —. Amenazó a Edward con esa voz filosa que me ponía de los nervios.

Edward no parecía intimidado por su presencia, pero se notaba que estaba a la defensiva. A él no le agradaba el otro tampoco. ¿Qué clase de relación conflictiva llevarían estos dos?

El señor Vanderson se dio cuenta que yo estaba allí y me sonrió con suficiencia.

— Hola, Bella —saludó, educado.

— Hola, señor Vanderson —respondí yo, tragando saliva.

Él volvió a mirar a Edward y ladeó la cabeza.

— Vamos —exigió cortante.

Edward se acercó a mí y me dijo al oído:

— Te veo luego.

Y se marchó con frialdad, acompañando a su padrastro.

Volví a casa en compañía de las chicas. Ellas me contaron que, efectivamente, no era la primera vez que Edward provocaba, intervenía, fomentaba o terminaba una pelea en la escuela, pero que nunca había sido expulsado ya que su padrastro ofrecía sobornos a cambio de la reintegración de Edward a la institución.

No le vi ese día. Por supuesto, debía de estar castigado.

No hice otra cosa más que pensar en el motivo por el que Edward contenía tanta ira. Su problema de conducta residía en las cosas que se guardaba, la frustración debajo de su personalidad dulce y serena, lo que siempre me enseñaba.

Al día siguiente, no me buscó para ir a clase y eso me sorprendió bastante. Traté de no darle tanta importancia porque tenía un examen de química. Me fue pésimo.

A la salida de la clase, Edward me buscó y me sentí muy aliviada.

— Edward, me has tenido preocupada —suspiré abrazándolo con fuerza y luego besé sus labios con cuidado. No se veía tan mal ahora, sólo un poco morado—. ¿Qué ocurrió en tu casa?

— No mucho —le restó importancia, sin ganas de hablar de ello—. Sólo me regañaron, eso es todo.

Vaya, qué alivio.

— Te extrañé mucho. No vuelvas a hacer algo como eso —volví a abrazarlo, enterrado mi rostro en su cuello. Olía fantástico.

— Yo también —besó mi hombro con cuidado y luego se separó—. Oye, ¿qué opinas si hoy, después de clases… vienes a mi casa?

¡Oh! Esa propuesta captó mi atención por completo, era la primera vez que me ofrecía ir a su casa.

— ¿A tu casa, dices? —pregunté con sorpresa.

— Sí, digo… antes de la cena del viernes — se encogió de hombros. El viernes nuestras familias cenarían juntas—. Siempre vamos a tu casa, ¿por qué no tomamos la clase de hoy en la mía?

Cierto, hoy tocaba una clase particular de matemáticas.

— Está bien —acepté gustosa.

Mientras volvíamos a casa juntos después de clases, me puse a pensar en que él nunca antes me había hablado de su familia o invitado a su casa. No quise preguntarle por qué; no parecía estar cómodo hablando de eso y supuse que de allí vendrían un par de problemas de base.

Cuando llegamos a la entrada de su casa, tomó la llave y torció una mueca.

— Sólo por si acaso… —me advirtió—. Ignora a Vanderson. Suele ser pesado.

¿Oh?

Entramos a su casa y aprecié las paredes blancas y los muebles oscuros del living. Su casa estaba mejor decorada que la mía, sin duda alguna.

Reinaba el silencio. ¿No había nadie aquí?

— Alice fue a casa de Jasper y Emmett siempre vuelve a la noche —respondió a la pregunta que no había hecho en voz alta.

Mi cuerpo se tensó en cuanto el señor Vanderson apareció, con ropa casual.

— Oh. Hola, Bella —me saludó primero a mí con una sonrisa, luego de mirarnos a ambos—. No esperaba encontrarte aquí. ¿Cómo estás?

— Hola, señor Vanderson. Bien —lo saludé con la mejor sonrisa que podía salirme. Él me intimidaba.

— ¿Y mamá? —preguntó Edward sin saludarlo, tomando mis cuadernos.

— Salió a hacer unas compras —respondió con tranquilidad—. Ahora mismo estoy acomodando un par de muebles en la sala.

Edward asintió secamente.

— Okay. Iremos a mi habitación para estudiar —Avisó enseñándole los cuadernos a su padrastro y tomó mi mano para dirigirnos hasta el segundo piso, donde debía de estar su dormitorio.

— Ah, Edward. ¿Puedo pedirte un pequeño favor? ¿Me ayudarías a mover esta biblioteca? Tengo unos espasmos en la columna que me han estado matando desde la mañana…

Estábamos casi subiendo las escaleras cuando el señor Vanderson le pidió esto a Edward. Me paré en seco para mirarle a la cara y asegurarle que no tenía problema en esperar, pero en cuanto él se detuvo, dijo una grosería muy sucia en voz baja y le miré con asombro.

— Edward, no seas malo, ve a ayudarlo —le reprendí en voz baja al darme cuenta que estaba a punto de decirle que no.

Puso los ojos en blanco y bufó. Aceptó y me entregó los cuadernos para que los sostuviese y bajase a ayudar a su padrastro.

Me pregunté a qué se debía la pésima relación entre ellos, era obvio que Edward le tenía mucha bronca. ¿Sería porque sentía que era un reemplazo de su padre? A decir verdad, él tampoco me había hablado de su padre biológico…

Terminó de ayudarlo y el señor Vanderson le agradeció. Nos preguntó si deseábamos algo para beber y Edward contestó un "estamos bien" sin siquiera preguntarme. Comprendí que no era su intensión ser maleducado, sólo no quería volver a interactuar con él.

Subimos hasta su habitación y la encontré particularmente varonil. Paredes azules, posters de equipos de béisbol, una cama espaciosa y ciertamente acogedora.

— Tienes un escritorio, ¿ves? Puedes estudiar aquí —bromeé al tocar el escritorio de madera con mis manos. Me sonrió.

Pasamos el resto de la tarde tratando de estudiar, porque nos desconcentrábamos fácilmente al estar sentados uno al lado del otro. Pero no llegamos lejos ya que sabíamos que su padrastro estaba abajo.

Eran las siete de la tarde cuando decidí que ya era suficiente y que debía volver a casa.

— ¿No quieres quedarte un rato más? —me preguntó torciendo una mueca. A veces sentía que quería estar conmigo para no tener que convivir con Vanderson.

— Papá se va a molestar —me mordí el labio. Claro que deseaba pasar el rato con él.

Me acerqué a él para besarle en los labios y susurrar:

— Si deseas, puedes colarte en la noche. Podemos hablar un rato —dije coquetamente.

— Uhm… hablar… —se reía él con picardía.

Golpeé su hombro.

— Pervertido. Dije "hablar", sólo eso.

Bajamos al primer piso entre risas y nos topamos con Esme, su madre, llegando recién a casa.

Ella sonrió como nunca al verme.

— ¡Oh, Bella! ¡Preciosa! ¿Cómo estás? —me saludó con dos besos en las mejillas. Me sonrojé.

— Bien, ¿y usted? —saludé.

— Algo agitada —enseñó las bolsas de supermercado, sonriendo.

— Dame, mamá —Edward tomó las bolsas para ayudar a su madre. ¡Qué caballero!

— Muchas gracias, tesoro —le sonrió ella con agradecimiento y luego volvió a mirarme a mí—. Edward no me avisó que venías. ¡Hubiese preparado algunas galletas! ¿Ya te vas?

— Oh, es que estábamos estudiando —me expliqué—. Ya hemos terminado, así que debo volver a casa.

— Me hubiese gustado verte, corazón —dijo con pena—. Recuérdale a tu padre lo de la cena de este viernes, ¿sí?

— Okay —asentí sin problemas. Ella en verdad me caía muy bien.

Saludó al señor Vanderson cuando se acercó y ellos se dieron un casto beso en los labios. Miré hacia otro costado, incómoda. Por la forma en que ella le sonreía, se notaba que lo amaba. Miré a Edward, él no lucía contento con esa muestra de afecto.

— Oh, ¿quién movió los muebles? —preguntó su madre frunciendo el ceño. Su tono de voz era dulce, pero no estaba muy cómoda con lo que veía.

Esperamos a que el señor Vanderson contestara; ella observó la biblioteca que Edward había ayudado a mover.

— Edward movió la biblioteca —respondió el hombre.

Estuve esperando a que él confesara que Edward lo había movido porque él se lo había pedido, pero no dijo nada. Esme miró a Edward frunciendo el ceño.

— Cariño, no muevas los muebles sin consultármelo, ya lo hemos hecho el mes anterior, ¿por qué ahora? No vuelvas a hacerlo —le reprendió ella con dulzura, casi sin darle importancia.

Yo miraba atónita la escena. Miré al señor Vanderson que estaba serio como si nada hubiese pasado y a Edward, con una mueca tensa. Estaba conteniéndose, de nuevo.

— Okay—aceptó él, suspirando largamente.

— Vuelve a visitarnos pronto, Bella. ¿Sí? —terminó por saludarme ella cuando nos marchamos.

— ¿Por qué no dijiste que tú no moviste la biblioteca? —pregunté incrédula, mientras me acompañaba a cruzar la calle.

— Porque no importa. Déjalo así —él gruñó en respuesta, frunciendo el ceño. Tenía ambas manos en los bolsillos.

— Edward, de nuevo te contienes, te estás enfadando —le recordé, preocupada.

— Mira —se puso en frente de mí cuando ya habíamos llegado a mi casa—. No quiero problemas. Es mejor no meterse con Vanderson, sólo eso.

¿Qué significaba eso?

Él suspiró y me acercó a su cuerpo para abrazarme antes de despedirse con un "te amo" y un suave beso en mis labios.

Lo vi volver a su casa preguntándome por qué actuaba de ese modo con su padrastro, pero sintiendo que de a poco sabría el motivo de su frustración.

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El día viernes llegó más pronto de lo esperado.

Papá invitó a Sue a la cena porque la consideraba parte de nuestra familia, no es que tuviésemos un lazo especial, pero ella no me caía mal. Usé mi mejor vestido para impresionar a los Cullen pese a que todos los miembros ya me conociesen de antemano.

Sue nos cocinó una tarta de arándanos como ofrenda para la cena.

Cruzamos la vereda y tocamos la puerta. Esme nos atendió.

— ¡Ah! ¡Hola! ¡Bienvenidos! —su voz histriónica y dulce nos hizo sentir cómodos mientras nos saludaba uno por uno.

— Trajimos esta tarta, la he preparado hace unas pocas horas —Sue la enseñó. Yo era testigo de que ésa era una muy buena tarta.

— ¡Oh! ¡Muchas gracias! Se ve muy deliciosa —elogió Esme recibiendo la tarta con una gran sonrisa—. Pasen, estaba a punto de servir la cena. ¡James! ¡Emmett! ¡Alice! ¡Edward! ¡Los Swan ya llegaron!

Recibieron nuestros abrigos y saludamos a la familia cuando se presentó. Alice no me saludó especialmente porque ya la había visto unas horas antes. Edward me dio un corto y educado beso en los labios para no llamar la atención a los demás. ¿Por qué era tan hermoso?

Nos sentamos en la mesa mientras Esme servía la comida con ayuda de Alice. El plato era pollo ensalzado con puré de papas y verduras.

— No tienen idea, Esme ha estado todo el día en la cocina preparando los platos de hoy —El señor Vanderson, sentado en la punta de la mesa, halagó a su mujer con diversión.

— ¿No tienen una criada? —preguntó Sue siguiendo la conversación.

El señor Vanderson se entró a reír a carcajadas.

— Oh, no, definitivamente no. Estamos a favor de la segregación racial* —nos informó—. Nuestra familia puede encargarse de sus propias tareas sin la ayuda de esos negros.

Mi familia no estaba cien por ciento a favor de la segregación racial por el simple hecho de que no nos interesaba mucho el conflicto. Además, Mallory se había vuelto una buena servidora de nuestra familia. Oí que mi padre y Sue soltaban risas políticas, levemente incómodas.

— Iguales pero separados —citó Esme con una dulce sonrisa, haciéndole caso a su esposo mientras se reían.

Traté de ignorar aquello.

Terminaron de servir los platos y dimos las gracias en la mesa. Papá, Sue y yo nos sentamos del lado derecho y del lado izquierdo estaban Emmett, Alice y Edward, quien estaba frente a mí. En las cabeceras, el señor Vanderson y Esme.

La cena tuvo un tinte bastante incómodo cuando las discusiones políticas se hicieron presentes. Un par de semanas atrás, hubo conmoción en nuestro Estado tras el asesinato de los activistas pro derechos civiles: Chaney, Goodman y Schwerner. Se decía que habían sido amenazados, agredidos y finalmente asesinados por miembros del KKK** y de la oficina del condado de Neshoba, Mississippi.

— Creo que todos podemos tener distintas opiniones, pero no justifico en absoluto tal acto de brutalidad y crueldad —replicaba mi padre, consternado por la noticia.

— Fue una acción muy precipitada la que ellos hicieron —El Señor Vanderson contestó haciendo referencia al último discurso que ellos habían dado—. Estados Unidos no está preparado para semejante diferencia.

— ¿Y qué me dices de la educación? —preguntó mi padre sonriendo con sorna, pero educado—. ¿No crees que ellos también tengan derecho a asistir a las escuelas como tus hijos? ¿A ser educados? ¿No haría a Estados Unidos un mejor país?

La mesa quedó en silencio, en espera a la respuesta del señor Vanderson, quien se rió después de pensarlo.

— Pues, después de la muerte de Kennedy, podría esperar cualquier cosa —respondió con cautela—. Pero tolerar no es lo mismo que aprobar.

Mi padre soltó un bufido mientras bebía de su vaso con vino.

— Creí que "respetar" y "aceptar" iban de la misma mano —terminó por contestar él, dándose cuenta que no iban a llegar a un punto muerto.

Esme rompió el silencio con una risita.

— ¿Alguien quiere postre? —propuso levantándose para servirlo.

La tarta de Sue recibió muchos cumplidos.

— Y díganme, ¿cuándo planean tomar el siguiente paso? —preguntó Esme con picardía, sacándoles varias risitas a ellos.

— No creo que eso pase ya que la Iglesia nos lo prohíbe. Estamos bien como estamos —respondió mi padre con una buena sonrisa, acariciando suavemente la mano de Sue por encima de la mesa.

— Uhm. Matrimonio. Suena algo terrible —Alice desechó la idea y todos reímos.

— Oh, Alice, no dejes que malas experiencias en el amor te hagan ver el matrimonio como algo malo —dijo Esme.

— Estoy bien como estoy —se limitó a contestar. Según Edward, sus padres no sabían que ella salía con Jasper.

— Espero que alguno de ustedes confíe en el matrimonio —El señor Vanderson sonrió a la mesa, más específicamente a los chicos.

— Pues, tal vez dentro de un buen rato —respondió Emmett riéndose y frunciendo el ceño.

— Quién sabe, tal vez Edward sea el primer en casarse, entonces —Edward alzó la cabeza, sorprendido por las palabras de su padrastro.

Me sonrojé con violencia.

— Oh, no —mi padre negó, echándose a reír—. Mi Bella es muy joven para eso.

El señor Vanderson no esperaba esa respuesta.

— Ah, no. Me refiero a casarse con cualquiera —siguió él con una sonrisa encantadora.

Ese comentario incomodó a la mesa entera. Él suponía que Edward y yo no llegaríamos al matrimonio, o en el peor de los casos, no duraríamos lo suficiente para ser tomada en serio.

Nadie respondió nada, Siguieron insertos en sus platos. Compartía miradas con Edward que me pedía disculpas con los ojos, porque eso también había sonado incómodo para él.

Más tarde, pasamos al living para sentarnos, charlar y tomar un poco de café. Iba a acercarme a Edward, pero noté que desapareció inmediatamente en la cocina en compañía del señor Vanderson.

Revisé que nadie estuviese cerca para que pudiese espiar la conversación que iban a llevar.

— ¿Por qué tuviste que decir eso en medio de la mesa? —preguntó Edward de mal humor. Me tensé.

— ¿Qué esperabas que dijese, Edward? ¿Querías que hablara acerca de los maravillosos planes de futuro que albergas con esa jovencita, cuando ni siquiera tienes en claro lo que quieres para los próximos cinco años? —le discutió él.

— ¡Claro que sé lo que quiero, y la quiero a ella! —refutó Edward y mi corazón se detuvo.

Hubo un momento de silencio. Edward suspiró.

— Mira, yo no te caigo bien, tú no me caes bien y esa es la realidad —sentenció con sequedad. La voz del señor Vanderson sonó ruda y me sentí nerviosa, como si estuviese a punto de escuchar a alguien golpear a otro—. Esta es mi casa y tú vas a respetarme, ¿me has oído?

No los veía, pero juraría que tenía a Edward sujeto de la camisa, amenazándolo. Esa amenaza me había puesto los pelos de punta.

Lo soltó y se escuchó un bufido.

— No me interesa lo que hagas, pero mientras vivas bajo mi techo seguirás mis órdenes y no me levantarás la voz, ¿entendiste? —volvió a gruñirle en voz baja. No oí nada.

— Este no es tu techo —oí que Edward respondía muy, pero muy bajito.

— ¿Qué es lo que has dicho? —mi cuerpo entero tembló de miedo cuando oí que el señor Vanderson se acercaba violentamente a Edward, como si estuviese por golpearlo.

Me apoyé contra la puerta por accidente y se oyó un pequeño sonido que mantuvo la cocina en silencio. Estaba a punto de salir corriendo, pues si él me descubría escuchando, sería peor.

Luego, se oyó un suspiro.

— Escucha, si vuelves a contestarme así, lo lamentarás. Y no creas que me limitaré porque haya invitados aquí. Has lo que tengas que hacer con esa chica y bótala. Enfócate en tu futuro.

Eso se sintió como una cuchillada en mi corazón. El señor Vanderson me estaba tratando de golfa.

Cuando oí que se aligeraban los pasos, rápidamente huí hasta el living para reencontrarme con mi familia, con el corazón latiendo a mil.

Mi papá se dio cuenta de esto.

— Bells, ¿por qué esa pinta? Pareciera que has visto un fantasma —comentó para todos y ellos se rieron.

Tragué saliva, mortificada.

— ¿Te encuentras bien, cielo? —me preguntó de nuevo, esperando que contestara.

— Sí —mentí.


* Segregación racial: Consiste en la separación de distintos grupos raciales en la vida diaria, ya sea en restaurantes, cines, lavabos, colegios o a la hora de adquirir o alquilar casas. Puede estar dictada por la ley o puede existir a través de las normas sociales.

*** KKK (Ku Klux Klan): Es el nombre que han adoptado varias organizaciones de extrema derecha en Estados Unidos, creadas en el siglo XIX que promueven principalmente la xenofobia, la supremacía de la raza blanca, homofobia, el antisemitismo, racismo, anticomunismo y anti catolicismo. Con frecuencia, estas organizaciones han recurrido al terrorismo, la violencia y actos intimidatorios como la quema de cruces, para oprimir a sus víctimas.

N/A: Esto transcurre durante 1964, un año más tarde del asesinato de John. F. Kennedy y durante el enfrenamiento de E. y la U.R.S.S por lo que nos encontramos en épocas de la Guerra de Vietnam. También cabe destacar que durante esta época se vio la participación de activistas defendiendo derechos civiles (derechos de igualdad entre blancos y gente de color). He incluido un hecho verídico que es el asesinato de tres activistas (mencionados en el capítulo) por el KKK y el gobierno del condado de Neshoba, Mississippi. Vale también aclarar que Mississippi es un Estado del sur de los , comúnmente conocido por su persecución racial y por ser conservadores. Es un tema que seguiré abarcando porque resulta ser importante para esta historia.