Capítulo 7
Interiores.
Un suave murmullo me despierta apenas y en lugar de poder despabilarme, me acurruco más en la cama.
Las sabanas son tan suaves y calientitas como la camisa que traigo puesta.
¿La camisa que traigo puesta?, razono internamente y abro los ojos de golpe.
Hecha un ovillo miro alrededor sin poder reconocer la habitación toda de madera y olor a bosque. Entro en pánico inmediato y me siento de una sola.
¿Dónde mierdas estoy? ¿Quién me trajo aquí? ¡¿POR QUÉ ESTOY USANDO ESTO!?
El lugar parece un hotel campestre carísimo. La luz entra por la ventanas y parece más bien una lujosa lámpara de cine en HD. No tengo dinero ni siquiera para pagar el papel de baño de este sitio.
Rebusco con la vista y me tallo la cabeza con nerviosismo. ¿Qué hice? ¿Acaso cumplí con el objetivo de mi noche? ¿Mi zorra interna tuvo éxito acaso? Me devano los sesos y niego rotundamente.
—¿Tuve sexo con un desconocido? — me pregunto en voz alta.
Oh, no.
De pronto la ducha se oye abrirse y yo doy un brinco en la cama. ¡Con una mierda, no estoy sola!
—¿Hola? ¿Hay alguien ahí?
La regadera se oye fuertemente, quizá no me escuche.
Me levanto rápidamente y busco mi ropa sin éxito alguno. Esto no me puede estar pasando, ¿Y si fue secuestrada? ¡Y SI ESTOY EN OTRO PAÍS SIENDO VENDIDA COMO ESCLAVA SEXUAL! Reviso mi cuerpo y no encuentro ningún tipo de herida.
Corro por la habitación y me tropiezo cayendo estrepitosamente de boca, ¡Joder!
El golpe es sonoro.
—¿Hola? ¿Has despertado ya?
¡No, no, no! ¡Me escuchó!
Busco rápidamente por toda la habitación y encuentro un bóxer masculino y unos zapatos de corte italiano que me quedan enormes. Seguro que estos calzones de niño pasarán como un short en mí y por supuesto que no podré correr en zapatillas.
—Eh, sí. ¿Quién eres?
—En un momento salgo— me avisa.
—Oh, no, no, no…— le pido buscando mi celular y tirando las sábanas al piso—. No es necesario.
—No te preocupes, termino de bañarme y salgo. Será rápido.
Todo color abandona mi cuerpo. ¿Qué será rápido? ¿Mi secuestro? ¿Mi violación? ¿¡MI MUERTE!?
Un grito se atora en mi garganta.
—Yo… Yo… Tengo que irme…— murmuro.
—¿Dijiste algo? — pregunta con el chorro de agua de fondo.
Niego sin poder respirar bien.
—¿De casualidad dormimos juntos? — pregunto.
Se escucha una risa.
—A cada lado de la cama.
¿QUÉ? Me golpeo el rostro.
—¿Usamos condón? — pregunto.
¿Por qué mierdas estoy preguntando esto? ¡Podría ser mi secuestrador!
No hay respuesta.
Paso un enorme trago de saliva.
—¿Qué me acabas de preguntar? — inquiere con confusión. Por un momento pienso que este chico no tuvo la charla con sus papás.
—¿Sabes? Tengo que irme— apunto caminando a largas zancadas hacia la puerta.
—Pero tu ropa está en la lavandería, la ensuciaste ayer con…
¡Oh, no, no, no, no! Hago un gesto de asco, no quiero saber con qué la ensucié ni de qué modo él lo supo.
—¡Quién necesita ropa! ¡Gracias por todo, adiós! — me despido sin más y abro la puerta con tanta felicidad al saber que no estoy encerrada. Corro rápidamente con los zapatos saliéndome por los talones, este chico calza grande. El estúpido pensamiento me asalta que de verdad debe ser bien proporcionado.
Me muerdo los labios al esperar el elevador.
Cuando este se abre, presiono rápidamente el botón que da hacia el lobby y mi última imagen del pasillo es un chico semi desnudo envuelto en una toalla y mojado, que corre detrás de mí.
—¡No te lleves mis calzones! — grita sin más y las puertas se cierran.
Nerviosa me recargo en la pared de la cabina y al abrir corro hacia la calle. Las personas en el hotel me miran raro al verme corriendo en ropa interior masculina y unos estúpidos zapatos que me queden como payaso.
En la calle, chiflo para que un taxi se detenga.
Nerviosamente espero y alguien grita sobre el tercer piso del edificio.
—¡Oye, chica! ¡Vuelve aquí! — me grita.
Tengo la brillante idea de girar el rostro y el mismo chico semi desnudo agita las manos e intenta llamar mi atención. Me quedo embobada al admirar su perfecto estomago bien marcado y sus enormes brazos, su cabellos oscuro goteando en agua y la increíble vista desde abajo donde me doy cuenta de que de verdad no está usando ropa interior. Todo pasa en cámara lenta mientras abro los labios fascinada, mientras me muerdo los labios y me entrepierna quema.
Me obligo a no mirar y entro al taxi rápidamente.
¡Está desnudo debajo de la toalla!
¿Será porque estás usando su ropa?, me pregunta sarcásticamente mi subconsciente.
—¿Está bien, señorita? —me pregunta el chofer cuando mis mejillas arden y comienzo a abochornarme.
—Sí-i— titubeo—, por favor lléveme a Ralph av., por favor.
—Como usted ordene— responde el hombre y yo me hundo en el asiento trasero.
x.x.x
Llego corriendo a casa y me encierro a cal y canto.
¿Qué pasa conmigo? ¿Por qué me empeño en hacer el ridículo? ¿POR QUÉ MIERDAS ME PASAN ESTAS COSAS EXTRAÑAS A MI? Miro el reloj y son cerca del mediodía. No he comido nada. Me desvisto y me pongo algo que sí es de mi propiedad. En mi habitación al quitarme la camisa, me quedo embelesada con el perfume del hermoso extraño bien proporcionado. Huele delicioso.
No parece un perfume corriente, más bien de diseñador.
—Carajo, tuve sexo con un hombre riquísimo y no lo recuerdo— me arrepiento.
Me miro al espejo fijamente y nada parece diferente. Es más, me veo horrible, delineador y rímel corrido, pinta labios a medio color, cabello sucio y alborotado y tengo una marca enorme de saliva en la comisura del labio inferior.
GE-NIAL.
Parezco una vagabunda.
Reviso bien y no parezco haber tenido relaciones, no hay rastros. Con suerte no hubo nada. Debo pasar a la farmacia por un anticonceptivo de emergencia ya mismo.
Y un examen de la sangre también. No sé, pudo haber pasado lo que sea.
Reviso en mi monedero y estoy en ceros. El dinero de mi indemnización ya se está acabando y no he conseguido trabajo. No quiero pedirle dinero a Alice, ya ha hecho bastante por mí.
Quizá pueda vender cremas raras de mi madre por Internet. No, esa no es buena idea.
Cierro mi bolso y una tarjetita cae al piso. Es la de Riley. Observo detenidamente el número luego de levantarla y suspiro.
¿Será demasiado tarde para llamarlo? Con mi mala suerte, quizá ya debieron haber ocupado el puesto.
Necesito el trabajo ya.
Corro hacia el teléfono y tecleo los dígitos, nerviosa espero.
—¿Diga? — responde la voz de un hombre.
—¿Riley?
—Sí, él habla.
—Soy yo, Isabella… La chica chef — digo como referencia para que no empiece con sus bromas.
Se ríe.
—Claro… Isabella. La chica tam…
—Esa misma— tajo.
—Disculpa, ¿qué se te ofrecía?
Me pongo nerviosa.
—Bueno, verás. Sé que me tardé mucho en contactarme contigo, pero quería saber si aún está disponible el puesto de chef que me habías comentado.
Suspira.
—Me parece que sí. Verás, mi hermano es bastante exigente y creo que ningún candidato le ha gustado lo suficiente como para contratarlo. ¿Qué te parece si hacemos una entrevista?
Yo sonrío fascinada.
—Claro, ¿dónde?
—¿Qué te parece en tu casa? Puedes preparar un menú especial para que él lo deguste. Lo haríamos en el mismo restaurante pero comenzaron las instalaciones de los hornos y estufa apenas hace unas horas y no hay lugar para trabajar. ¿Estás de acuerdo?
—Claro, con gusto lo haré.
—¿Cuándo podrías estar disponible?
Bueno, no es como si tuviese una vida social muy grande y el trabajo me urge. Hago un conteo mental de mi cuenta en el banco y seguro puedo pagar los ingredientes.
—Esta noche estaría perfecto.
—¡Excelente!
—Te enviaré mi dirección por mensaje de texto y ¿nos vemos a las siete en punto?
—Muy bien, le comentaré a él. Está desesperado por encontrar chef, créeme. Sé que lo dejarás sin habla.
—Eso espero— digo emocionada.
—Te llamaré cuando estemos cerca, ¿de acuerdo?
—Claro, hasta pronto.
—Hasta pronto, Isabella— se despide y cuelgo.
Suspiro emocionada.
—Debo hacer las compras— tomo mi bolso y después lo pienso—, pero primero me iré a bañar, me regreso decidida a quitarme la cara de espanto.
x.x.x
Para las seis de la tarde la cena ya está lista, incluso el postre ya está sacado del horno. Me he esforzado en hacer la comida más cercana Italiana que alguna vez he preparado, incluyendo el vino.
Me voy a cambiar me visto elegantemente con una falda a tubo color negro, una blusa tono vino con un ligero pero discreto escote, maquillaje de noche, un peinado recogido en ondas, zapatillas y perfume. Arreglo mi casa lo más pulcro que puedo y espero sentada en el comedor.
Mis dedos tintinean en la mesa de modo nervioso, mis labios color borgoña son mordidos a causa de la ansiedad, debo causar una buena impresión.
Mi celular suena al anunciar un mensaje.
Riley C.
Mi hermano va en camino, tuve un contratiempo no podré asistir. Llegará en 10 minutos, ¡suerte!
Bueno, seremos solo él y yo, suspiro teniendo algo de calor.
La puerta suena de una sola mediante el timbre y yo me levanto acomodándome la falda. Llegó antes. Bueno, al mal paso darle prisa.
Carraspeo y me acomodo la blusa, respiro hondamente y practico mi sonrisa amistosa.
Tú puedes, nena. Tú puedes hacerlo, pienso.
Tomo la perilla y sonrío ampliamente para después abrirla.
—Bienvenido a mi casa, señor…— me quedo sin habla y mi sonrisa se esfuma.
El hombre más atractivo sobre la tierra vestido elegantemente, de hermosos ojos verdes, alto y fornido que he visto en mi vida, sonríe ampliamente y parpadeo sorprendido.
—Buena noche, señorita Swan— me saluda.
Mi voz se atora en mi garganta, ¡Alguien denme una bofetada para reaccionar!
—Usted… Usted es…
—Edward Cullen— se presenta—, mucho gusto. Creo ya tuvimos el placer de encontrarnos, ¿no es así?
Yo muevo los labios sin proferir sonido alguno.
—Por cierto— suspira—, ¿Por qué se llevó mi ropa interior?
Estoy a punto de desmayarme. ¡Le robé los calzones al que podría ser mi jefe!
O pudo, querida, me regaña mi consciencia y como un diablillo hijo de puta me susurra roncamente en el oído: No olvides que ya te revolcaste con él.
Me. Voy. A. Morir.
