— ¿Qué pasa? —pregunté por quinta vez siguiendo a Moira mientras caminaba tan rápido que me tenía casi trotando a su lado—. ¿Por qué estás tan acelerada? —seguí.

— Nos vamos mañana, todos —explicó tajantemente.

— ¿Por qué?

— Si no detenemos lo que sea que está pasando una guerra mundial va a explotar. Erik está seguro de que encontraremos a Shaw esta vez —se detuvo en seco.

— ¿Qué? ¿Tú irás? Es muy peligroso.

— Lo sé, pero tengo que ir —nos miramos—. Tú puedes ayu…

— No —contesté al momento—. Yo me voy a casa.

Qué valiente —me volteé para darle una mirada glacial a Erik, el intruso en nuestra conversación, quien caminaba pasos más atrás de ambas. Oí a Moira suspirar.

— Erik, no es cosa de valentía —le expliqué, muy a mi pesar.

— Eh, ustedes dos, nos vemos en un rato, tengo que encontrar a Charles, no sé dónde se ha metido ahora… —Moira me tocó el hombro y reanudó su paso rápido hasta que desapareció. Algo me decía que no quería oírnos discutir pues todo el mundo estaba un poco tenso, incluso había oído a Raven hablar a los gritos con Alex hace un rato, así fue como me enteré de que algo en realidad hubo de importante en el discurso del presidente que todos escucharon.

— Estaría encantada de ayudar, pero no sé cómo —continué más calmada. Erik, a diferencia de Moira, estaba especialmente tranquilo, lo cual me tranquilizaba a mí también—. Ustedes son más que suficiente, ustedes y Moira.

¿Cómo estaba tan segura de eso? Pues por Hank. Hank siempre ha pensado en todo y en todos desde que llegó a este lugar…

¿Me puedes decir qué es eso? —pregunté asombrada. Había llegado un poco más temprano y había encontrado a Hank trabajando en algo muy distinto a lo que estábamos ya acostumbrados.

Trajes con todo lo necesario para cada uno de nosotros —me dijo—. Siento no haberte dicho, como estábamos trabajando en otra cosa pensé que…

No tienes que disculparte, esto es maravilloso —dije avanzando hacia los trajes que tenía colgados en fila para observarlos más de cerca, la tecnología de punta que había utilizado para confeccionarlos se podía sentir con tan solo un vistazo, si es que eso era posible, y estaban todos listos para una posible emergencia, la que hasta ahora no había sucedido, por suerte—. ¿Puedo?

Hank asintió arreglándose las gafas. Toqué uno de los trajes por sus distintas texturas y sonreí.

Se supone que puede ajustarse a cada uno de nosotros pese a que luzcan un tamaño estándar y, además de eso, se adaptan a las necesidades de cada uno, ya sabes a lo que me refiero—habló mientras yo seguía inspeccionándolos.

Sí, sus poderes. ¿Cuándo se los mostrarás a los demás?

Aunque parezcan listos, seguiré trabajando en ellos mientras tenga tiempo —me alejé suavemente y me situé al lado de Hank, mirándolo con admiración—. Además, los usaremos cuando sea el momento, no antes…

Fruncí el ceño.

¿El momento de qué, exactamente? —pregunté dubitativa.

De ir por Shaw, claro —nos miramos y asentí.

Erik me espantó poniendo su mano en mi hombro, sacudiéndolo un poco.

— Estaba diciendo… —explicó cuando volví a la realidad desde mis recuerdos—. …que no eres una humana testaruda como Moira. Le he insistido a Charles que no es necesario que…

— Oh, si lo es, en asuntos diplomáticos, deberían contar con al menos una humana importante y que sepa con exactitud lo que sucede. Ustedes están enfocados en Shaw, pero a su alrededor la situación con los países no puede ser peor…

— Debo insistir —prosiguió Erik educadamente, quitando su mano de mi hombro, lo cual me dejó con una sensación de vacío, de frialdad en aquella zona. Lo observé con incomodidad, había recordado de pronto todo lo que había sucedido la noche anterior, en la cocina, antes de que un muchacho sonámbulo nos interrumpiera.

Sacudí la cabeza con el ceño fruncido, ¿Qué demonios estaba sucediendo conmigo? El mundo entero tiene cosas más importantes que pensar, yo tengo cosas más importantes que pensar que… eso.

Por enésima vez agradecí, al ver la mirada que me enviaba Erik, que él no tuviera los poderes que Charles poseía.

— Bien, en todo caso, eso deberías decírselo a Charles —continué con la conversación.

— ¿Estás bien? —preguntó con un tono casi irónico—. Creo que te has perdido por un momento.

— Estoy bien —le sonreí vagamente—. Como sea, debería ir a alistar mis cosas, y tú también.

Nos detuvimos en un punto del pasillo en donde dábamos nuestro tranquilo paseo mientras todos corrían de aquí para allá, sin descanso, y el silencio reinó entre ambos pese al ruido exterior. La tensión podría haberse cortado hasta con un cuchillo para la mantequilla.

— ¿Dónde vas? —preguntó, torciendo el gesto sin perder esa expresión calma y seria que siempre tiene.

— A casa —musité, ahora sí realmente perdida.


Por la noche se dio una de esas extrañas circunstancias de la vida en donde me encuentro con Charles sin haberlo concertado con anterioridad o algo por el estilo, lo cual, repito, es extraño. Iba saliendo de mi salón favorito, la biblioteca, y estaba apagando las luces.

— ¿Día duro? —lo sorprendí cuando cerraba la puerta de espaldas a mí. Se volteó con una sonrisa tensa y asintió sin poder mentir.

— Bastante —dijo.

— Deberías dormir, dormir es un placer estos días —le aseguré amablemente, deseando en mi interior haberlo conocido mejor, aún me parecía el profesor a quien le debo guardar respeto, respeto a su misterioso ser.

— Sí, probablemente —concedió, un poco taciturno—. Aunque me temo que eso solo es retrasar lo inevitable para los chicos y para mí.

Excluyó evidentemente a Erik de la frase.

— ¿Pasó algo? Aparte de lo… que ya ha sucedido —balbuceé, sin saber cómo explicarme.

Charles pestañeó y se puso las manos en los bolsillos, abriendo y cerrando la boca, sonriendo como si algo le pareciera increíblemente irónico, o gracioso.

— ¿Sabes? Tenías razón —murmuró, era posible que lo hubiera descubierto en el momento, o al menos eso concluí con sus gestos.

— ¿En qué? —pregunté, confundida.

— Me ayudaste a hacerlo más poderoso —apreté los dientes al darme cuenta de que era Erik de quién hablábamos y, con solo eso, podía intuir lo que me diría luego—. Y, a pesar de todo lo que puede hacer con ese poder, no pude lograr que… dejara de ser quien es.

Era la primera vez que Charles me enseñaba algo de lo que sentía, y ese algo era devastación. Estaba perdiendo a Erik, y eso es lo inevitable, eso es lo que no se arreglará ni con dormir bien esta noche, porque al amanecer todo seguirá su marcha hacia ese rumbo, y él fracasó hasta en pensar siquiera desviarlo, construir una ruta de retorno o un camino alternativo.

— Charles —no sabía qué decir con exactitud, pero debía decir algo, lo que fuera, me urgían las ganas de decirle que eso no era su culpa, él había hecho tanto por todos aquí adentro de su propio hogar, no podía esperar más—. Debes estar orgulloso de lo que han hecho en este tiempo, esos chicos que tienes aquí creen en sus capacidades y han llegado a ser lo que son por ti.

"pero Erik…" pensé, ¿Qué podría decirle sobre su querido amigo? El único que lo dejó caer.

— Erik es quien es —solté tristemente—. Eso está fuera de tu alcance, así como tú esencia está fuera de su alcance y tú no cambiarías por seguirlo.

Charles inspiró fuertemente y resopló, sonriéndome con algo más de ánimo.

— Sea lo que sea que pase mañana, me agradó conocerte —me aseguró, algo que de algún modo también me animó a mí.

— Lo mismo digo —sonreí abiertamente, haciendo que él se rindiera y me devolviera la misma sonrisa.

Pronto dijimos adiós temporalmente y nos fuimos cada uno por un camino distinto; Charles a su recámara, probablemente —aunque por el rumbo que iba era mucho más probable que fuera a la cocina—, y yo al cuarto de alguien más. Era hora de despedirme para siempre de Erik, quien mañana emprendería un rumbo que yo, ni en sueños, podía seguir.

Era casi paradójico que al final, al cierre, mis sentimientos se abrieran ante mí como una revelación algo tardía. Lo único que podía pensar mientras caminaba a paso rápido hacia su habitación era eso.

Siento algo por él y se irá.

Siento algo por él y se irá.

Siento algo por Erik y ese Erik se irá para siempre mañana.

Estaba por llegar —era la primera habitación doblando al final del pasillo en el que estaba— cuando hice la curva y me encontré con Raven casi cara a cara, solo que ella me daba la espalda, y estaba desnuda, es decir, en su forma natural, con ese azul brillante y hermoso en todo su cuerpo, y salía en ese momento de la habitación de Erik con sigilo.

Contuve la respiración de golpe cuando ella me vio, obviamente, y tuve que pretender que solo deambulaba por ahí y no iba a detenerme justo en la puerta donde ella estaba de pie.

— Buenas noches, Mischa —me dijo cortésmente, avanzando hacia mí, haciéndome sentir un poco tonta e increíblemente humana, no había tomado tanto en cuenta mi condición de humana desde que llegué aquí, me había fusionado entre ellos, era casi invisible, pero aquí estaba, siendo humana, comparándome con ella en todo sentido: Ella era una mutante increíble, hermosa y bastante poderosa, ¿Qué era yo, entonces?

— Buenas noches, Raven —le sonreí como pude y pasé de largo a paso rápido, dejando caer mi mirada al suelo.

Quizás ni siquiera necesitaba despedirme, después de todo…