La señora Crawley y el doctor Clarkson dejaron de besarse después de un largo rato. Isobel se incorporó en el sofá. Casi sin darse cuenta se había ido inclinando hacia Richard y habían acabado los dos tumbados encima del sofá. Ella apoyándose en él.
Isobel: Deberíamos volver antes de que se den cuenta de nuestra ausencia.
Richard: Ojalá pudiera quedarme aquí con usted toda la noche…
Isobel le sonrió y se inclinó para darle un beso casto en los labios antes de levantarse.
Cuando estaban saliendo por la puerta de la biblioteca fueron sorprendidos por Tom, que parecía estar esperándoles en el hall. Ambos se sorprendieron. Delante del doctor Clarkson Tom fingió no haberlos visto. Se acercó a ellos.
Tom: La estaba buscando, señora Crawley.
Isobel estaba un poco nerviosa.
Isobel: ¿Ha pasado algo?
Tom: No, sólo que se le ha caído su pulsera en el salón.
Isobel: Gracias, Tom. Qué amable de tu parte venir a dármela.
Tom miró al doctor Clarkson, quien permanecía callado y un poco tenso al lado de la señora Crawley.
Tom: Doctor Clarkson… ¿Me permite hablar un momento a solas con la señora Crawley?
Richard: Claro.
El doctor Clarkson se giró hacia Isobel.
Richard: Señora Crawley. Estaré en el salón pero seguramente no tardaré mucho en irme. Por si luego no la encuentro para despedirme, ha sido un placer compartir esta velada con usted.
Tom pensó que el doctor Clarkson estaba en lo cierto. Seguro que para él había sido un auténtico placer compartir esa velada con la señora Crawley…
El doctor Clarkson miró a Tom.
Richard: Señor Branson.
Luego se fue. Tom e Isobel se quedaron solos.
Isobel: ¿De qué querías hablar conmigo?
Tom: Es un tema delicado… Mejor se lo digo paseando por el jardín.
La señora Crawley y el señor Branson dejaron la gran casa y se adentraron en los jardines que rodeaban Downton. No era una noche especialmente fría.
Isobel se preguntaba por qué tanto misterio. Tom la había llevado a los jardines para que nadie escuchara su conversación. Especialmente para que no la escuchara lord Merton – quién acababa de llegar a Downton por sorpresa –.
Isobel: Me estás preocupando, Tom.
Tom: Perdóneme, sólo quería alejarme un poco de la casa para decirle esto.
La señora Crawley lo miró a los ojos. Esperaba ansiosa las palabras del hombre.
Tom: Disculpe por decirle esto así pero… Antes la he visto con el doctor Clarkson en la biblioteca.
Isobel palideció de repente.
Isobel: ¿Cómo?
Tom: Yo había salido en su busca para darle la pulsera. Barrow me había dicho que la había visto en el hall. He oído voces y…
Isobel bajó la cabeza, avergonzada.
Tom: He abierto la puerta de la biblioteca y les he visto… besándose. Entonces…
La señora Crawley lo detuvo. Era tal la vergüenza que estaba pasando que prefería que no siguiera el relato de los hechos. ¿Qué iba a pensar Tom? Ella no era la clase de persona que jugaba con los sentimientos de los demás. No era la clase de persona que no respetaba los compromisos. ¿O sí lo era? Porque ella misma lo dudaba dadas las circunstancias.
Isobel: No sigas por favor.
Tom: La estoy incomodando. Lo siento. Lo siento.
Isobel: Sé que lo que ha pasado en la biblioteca no está bien. Créeme, tengo remordimientos por esto… Oh dios, no debería contarte esto.
Tom: Puede confiar en mí. Yo no se lo voy a contar a nadie.
Isobel: Cuando estoy con el doctor Clarkson no puedo evitar sentir toda esa pasión que has visto en la biblioteca… Me siento muy mal por Dickie pero mis sentimientos por el doctor Clarkson me han superado.
Tom: Todavía puede echarse atrás. Quiero decir no casarse. Hable con lord Merton.
Isobel: Oh, no. No podría dejar a lord Merton. Él ha sido tan amable y considerado conmigo. Compartimos tantas cosas. Está tan ilusionado con la boda…
El señor Branson dejó de caminar, obligando a Isobel a detenerse también. Tom cogió una de las manos de Isobel y la puso entre las suyas. La señora Crawley se sorprendió ante ese gesto pero no se sintió incómoda en absoluta.
Tom: Usted sabe que la aprecio mucho. Muchísimo. Fue la única aliada que tuve después de que Sybil les dijera a todos que se había casado conmigo. Y aun lo sigue siendo… Después de la muerte de Sybil, estuvo a mi lado. Por ese motivo me voy a tomar la libertad de aconsejarle que siga a su corazón. No intente ir contra él porque es realmente imposible ser feliz sin la persona que uno ama. Yo lo aposté todo por Sybil. Porque la amaba. Y aunque nuestra felicidad duró poco… Fue completa.
La señora Crawley lo miró con lágrimas en los ojos.
Isobel: Gracias por ser tan bueno conmigo y por aconsejarme. Pero a mi edad todo se ve de un modo diferente. La pasión quizás no es tan importante como la lealtad, el compromiso, la tranquilidad. No creo que pudiera dejar a lord Merton.
Tom dejó libre la mano de la señora Crawley y empezó a andar de nuevo. Esta vez aproximándose a la casa.
Tom: Entonces no creo que sea justo que engañe a lord Merton… Él está tan enamorado de usted… Es muy cruel hacerle esto si se va a casar con él.
Isobel volvió a sentirse avergonzada por su comportamiento.
Isobel: Tienes razón. Se lo voy a decir. Voy a ser honesta con él. Le voy a pedir perdón…
Tom: Si se lo dice, le destrozará el corazón…
La señora Crawley estaba bastante sorprendida de que Tom la estuviera aconsejando en esa materia pero se sentía reconfortada por él. Realmente estaba en una situación complicada y apreciaba los consejos que pudieran venir de él.
Isobel: Entonces… ¿Crees que es mejor que no se lo diga?
Tom: Si de verdad quiere casarse con él, yo creo que lo mejor sería que finalizara la relación que tiene con el doctor Clarkson y que no le dijera nada. Como si no hubiera sucedido. Si a mí Sybil me hubiera confesado algo así, me hubiera hundido…
Isobel reflexionó unos instantes.
Isobel: Creo que seguiré su consejo.
Tom: De todas formas ha sido una imprudencia lo que han hecho esta noche. Muy arriesgado…
Isobel: Lo sé.
Tom: Sobre todo teniendo en cuenta que lord Merton hubiera podido verlos, hubiera podido encontrarlos en cualquier momento.
Isobel: ¿Lord Merton? ¿Lord Merton está aquí?
Tom: Sí, ha llegado hace poco por sorpresa. Pensé que usted sí que lo sabía.
Isobel: ¡No! ¡Oh dios no! No tenía ni idea. En teoría hoy cenaba con sus hijos. ¿Y si nos hubiera visto?
La señora Crawley estaba muy nerviosa.
Tom: Tranquilícese. No les ha visto.
En ese momento, ambos oyeron una voz que provenía del gran balcón de Downton que daba a los jardines. Esa voz llamaba a Isobel.
Tanto la señora Crawley como el señor Branson se giraron para descubrir quién era la persona que requería a Isobel. Se trataba de lord Merton, que había salido solo al balcón y los estaba observando.
Dickie: ¡Isobel, cariño! Te estaba buscando.
Lord Merton bajó las escaleras exteriores de Downton y se adentró en los jardines para llegar donde ellos estaban.
Isobel: Oh… Está viniendo.
Tom: Sí, tranquila. No sabe nada.
Isobel: Ni debe saberlo. Nadie.
Tom: Nadie. Por mí puede estar tranquila.
Tom se dispuso a marcharse antes de que lord Merton llegara, para darles intimidad. Isobel lo cogió del brazo antes de que se fuera.
Isobel: Gracias por todo.
Tom: De nada. Usted ha hecho esto y más por mí miles de veces.
Los dos se sonrieron y Tom se marchó.
Lord Merton sólo tardó unos segundos en aparecer. La saludó afectuosamente y le dio un pequeño beso en los labios. Luego le sonrió. Isobel notaba el brillo de sus ojos al mirarla. Sabía cuánto la amaba ese hombre y le rompía el corazón pensar que ella le había estado engañado. Se sentía realmente mal. Se abrazó a Dickie.
Dickie: ¿Qué te pasa, Isobel? ¿Y dónde está Tom?
Isobel se reprimió las ganas de llorar antes de mirarlo otra vez a los ojos.
Isobel: Se ha marchado para dejarnos intimidad.
Lord Merton sonrió pícaramente y acercó su boca al oído derecho de la señora Crawley.
Dickie: Para dejar intimidad a la feliz pareja que se va a casar en un mes…
Isobel asintió intentando sonreír.
Isobel: ¿No deberías estar cenando con tus hijos?
Dickie: La cena ha acabado pronto y quería darte una sorpresa.
Isobel fingió su sonrisa de nuevo. Pero Dickie empezaba a conocerla demasiado bien.
Dickie: Cariño… ¿Sucede algo?
Isobel: No. Es sólo que…
Dickie: Dímelo. Sea lo que sea, yo estoy aquí contigo.
Lord Merton la rodeó con los brazos e hizo que se apoyara en él. Dickie era tan bueno con ella e Isobel se sentía tan mal por haberlo engañado…
Isobel: Es solo que Tom está pensando en mudarse a Estados Unidos con la pequeña Sibbie y si lo hace lo voy a echar mucho de menos.
Isobel había mentido para ocultarle a lord Merton la verdad. Dickie le dio un beso en el pelo.
Dickie: No te preocupes. Iremos a visitarle, si quieres.
La señora Crawley sonrió.
Isobel: ¿Sabes qué? Ya tengo el vestido de novia.
La expresión de lord Merton cambió. En su cara se reflejaba felicidad pura al oír eso. Lord Merton se moría de ganas por ver lo bonita que iba a estar su prometida vestida de blanco.
Dickie: ¿Y cómo es?
Isobel sonrió, pícara.
Isobel: No te lo voy a decir.
Dickie empezó a besarle el cuello poco a poco.
Dickie: ¿No, eh?
Isobel movió la cabeza de lado a lado para volver a decirle que no y lord Merton siguió besándole el cuello luego subió por su barbilla y llegó a sus labios. Los besó con ternura en un beso largo que subió la temperatura de los dos.
La señora Crawley disfrutaba de los besos de lord Merton aunque comparado con todo lo que los besos del doctor Clarkson la hacían sentir, con los de Dickie no notaba nada.
Dickie: Eres tan hermosa… Y hueles tan bien.
Isobel permitió que lord Merton se volviera a mover de su boca a su cuello inclinando su cabeza hacia la derecha y mirando hacia la casa. En la otra punta del jardín había un hombre de pie, con una copa de champagne, que parecía observarlos. Isobel entrecerró los ojos para verlo mejor. Era de noche y le costaba identificar personas y objetos lejanos pero gracias a la gran luna llena que había esa noche pudo distinguir en cuestión de varios segundos al doctor Clarkson. Isobel dio un respingo involuntariamente.
Dickie abandonó su cuello y la miró.
Dickie: ¿Qué pasa?
Isobel no le contestó pero lord Merton miró hacia donde Isobel estaba dirigiendo la mirada y vio al doctor Clarkson solo y de pie en el otro extremo del jardín.
Dickie: ¿Ese no es el doctor Clarkson?
Isobel: Sí, creo que sí.
Dickie: Vayamos a saludarlo.
Isobel: No, no hace falta.
Dickie: Quiero agradecerle que te cuide mientras trabajas en el hospital. Sé que sois muy amigos, sería maleducado por mi parte no saludarlo.
Isobel sacudió la cabeza. ¡No podían ir allí! No como pareja… No después de lo que había pasado esa noche, lo que había pasado los últimos días entre el doctor Clarkson y ella.
Isobel rodeó el cuello de lord Merton con sus brazos y trató de besarlo.
Isobel: Pero cariño… Yo quiero estar aquí a solas contigo…
Lord Merton la miró con indulgencia.
Dickie: Va Isobel… Lo saludamos y luego podemos estar a solas el tiempo que quieras.
La señora Crawley se resignó y lo siguió en su camino hacia Richard. Trataba de caminar lenta pero sabía que igualmente tarde o temprano llegarían donde estaba el doctor Clarkson y tendría que enfrentar la situación de alguna manera.
Una vez allí, lord Merton saludó amablemente al doctor Clarkson. Isobel ni siquiera lo miró, no podía. Richard sabía que esa situación era tan incómoda para él mismo como para la señora Crawley.
Richard: Yo ya pensaba irme. Si me disculpan.
Dickie: Espere un momento. Quería agradecerle que cuide de mi prometida cada día en el hospital. Creo que usted la ve más a menudo que yo.
Lord Merton rió.
Richard fingió su sonrisa. Su prometida. Se puso profundamente celoso al oír esas palabras. Miró a Isobel. Ella estaba mirando al suelo, incapaz de mirar al doctor Clarkson a los ojos.
Richard: Créame que es la señora Crawley quien cuida más de mi. El otro día me caí y si no llega a estar ella, nadie se hubiera dado cuenta de que estaba inconsciente, con un golpe en la cabeza.
El doctor Clarkson se señaló la pequeña marca que le había dejado en la cabeza su caída.
Richard: Por suerte, la señora Crawley la curó perfectamente y ha cicatrizado rápido.
Isobel no se podía creer que Richard estuviera alargando el tema de conversación y que además el tema versara sobre ella. Quería desparecer.
Lord Merton, al oír esos elogios hacia su futura mujer, la abrazó con su brazo derecho mientras le daba un beso en la frente. Isobel no sabía cómo actuar pero seguía evitando los ojos de Richard.
El doctor Clarkson volvió a sentir un ataque de celos ante aquel gesto de amor. Richard no pudo aguantar más cuando lord Merton empezó a hablar.
Dickie: Tengo una prometida maravillosa, ¿no es así doctor?
Richard: Sí, sí lo es. Completamente maravillosa…
Dickie: Y es tan bonita…
Lord Merton fijó su mirada en Isobel, que no levantaba la suya del suelo. A Dickie le extrañaba su comportamiento.
Richard pensó que Isobel era preciosa, como decía lord Merton, y envidió fuertemente a éste último, quien podía sujetarla entre sus brazos en público y quien se iba a casar con ella. Por primera vez en años, Richard sentía unas ganas incontenibles de llorar.
Richard: Creo que me voy a retirar ya. Estoy cansado.
Alargó la mano hacia lord Merton para estrecharla con la suya. Dickie hizo lo mismo. Luego Richard miró a Isobel para despedirse, pero ella seguía sin mirarlo.
Una vez el doctor Clarkson se hubo marchado. Lord Merton se giró hacia Isobel. Ella ya había despegado su mirada del suelo.
Dickie: ¿Por qué te has comportado así con el doctor Clarkson, mi amor?
Isobel no dijo nada. Lord Merton se preocupó. ¿Desde cuándo Isobel no decía nada? Si lo difícil era hacer que dejara de hablar. Algo había pasado con el doctor, seguro.
Dickie: ¿Os habéis enfadado, no es así?
La señora Crawley vio en esa pregunta una excusa ideal.
Isobel: Sí, es eso.
Dickie: ¿Y por qué no me lo habías dicho? No me habría acercado a saludarle. ¿Por qué os habéis enfadado?
La señora Crawley dijo lo primero que se le ocurrió.
Isobel: Por asuntos del hospital…
Dickie: Puedes explicármelos, si quieres.
Isobel: Mejor no. Es una larga historia pero creo que dejaré de trabajar en el hospital.
Dickie: ¿Tan grave ha sido?
Isobel: Desgraciadamente sí. Bastante grave.
Dickie frunció el ceño. Era una lástima que una amistad de años acabara así por una discusión.
Dickie: ¿Quieres que hable con el doctor Clarkson del asunto?
Isobel: No. Mejor no hagas nada, querido.
Dickie: ¿Seguro?
Isobel: Por favor, por favor. No intervengas en eso.
Dickie volvió a atraerla hacia él con su brazo derecho y la besó en la frente.
Dickie: Está bien. Como tú quieras, cariño.
Ya era noche cerrada cuando lord Merton se despidió de ella en la puerta de su casa. Isobel estaba nerviosa. Quería que se fuera rápido para poder ir a visitar al doctor Clarkson. Tenía que decirle que no volvería al hospital. Que cualquier relación que pudiera haber entre ellos – tanto personal como profesional – se había acabado.
Una vez lord Merton se hubo marchado, Isobel le pidió a Molesley que avisara a un cochero. Le daba igual lo que costara a esas horas. El caso era que no podía pedir el de Downton porque se arriesgaba demasiado a que el primo Robert o la prima Cora le preguntaran dónde iba a esas horas. Tampoco podía ir andando, pues a esas horas era peligroso para una mujer como ella andar por los caminos, sin apenas iluminación.
El coche la dejó delante de la casa del doctor Clarkson. Isobel bajó, aun vestida de fiesta, y caminó hacia la puerta. Aunque pueda parecer extraño, la señora Crawley nunca había estado en casa del doctor Clarkson. Desgraciadamente, esa vez tampoco iba a conocer la casa por dentro puesto que no tenía intención de atravesar el umbral de la puerta.
Llamó al timbre. Esperaba que el doctor Clarkson no se hubiera acostado ya. Él abrió rápido la puerta, aun llevaba su chaqué. Se sorprendió al verla.
Richard: Señora Crawley…
Isobel: Hola.
Richard: ¿Quiere pasar?
Isobel: No.
Trató de suavizar su respuesta.
Isobel: Tampoco creo que sea lo más apropiado a estas horas.
Richard: No sería apropiado, no.
Isobel: Siento mucho lo que ha pasado esta noche.
Richard: Yo también.
Isobel: Ha sido una situación muy incómoda.
Richard: Sí, realmente lo ha sido.
Isobel: Es por eso que creo que deberíamos dejar de vernos.
Richard se quedó en silencio unos segundos.
Richard: Estoy de acuerdo.
Isobel: ¿Lo está?
La señora Crawley tenía la idea de que el doctor Clarkson se mostraría más reticente a la idea de dejar de verse.
Richard: Si se va a casar con lord Merton, lo mejor es que dejemos de vernos para evitar cualquier tipo de…
Isobel: Sí, lo entiendo. Es lo que yo he pensado.
Richard se quedó pensativo unos segundos.
Richard: Porque… ¿Se va a casar con él, no?
La señora Crawley tragó saliva. Entendía perfectamente lo que quería decir el doctor Clarkson pero también sabía perfectamente su propia respuesta.
Isobel: Sí, me voy a casar con él. Es mejor que dejemos de vernos, doctor Clarkson.
Richard: Estoy completamente de acuerdo.
A la señora Crawley le había extrañado al principio la actitud del doctor Clarkson. Pero luego pensó que tratándose de un hombre tan noble como él, sabía lo que era correcto, lo que debía hacer.
Isobel: Eso significa que no voy a volver a trabajar en el hospital.
Richard: Sí, lo lamento. Realmente la necesitamos allí.
Isobel dudó.
Isobel: Quizá pueda volver algún día, más adelante…
Richard: Eso espero.
El ambiente era extraño. La conversación fría. El doctor Clarkson no la miraba con los mismos ojos cálidos de siempre. Parecía estar enfadado. Isobel quería marcharse.
Isobel: Me voy.
Richard asintió. Pero al verla moverse para alejarse definitivamente de él, algo en su rostro cambió. Se aclaró la garganta, haciendo que ella se girara hacia él.
Richard: Me ha hecho muy feliz compartir tantos momentos con usted en estos últimos años.
Isobel: A mí también.
Richard e Isobel se sonrieron levemente. Eso suavizó el ambiente. En realidad, querían besarse para despedirse. Besarse como lo habían hecho en la biblioteca de Downton esa noche. Pero sabían que no podían.
Isobel: De verdad. Ha sido una persona muy importante en mi vida.
Richard: Y usted en la mía.
La señora Crawley se alejó andando hasta el coche. Se subió y el coche arrancó. Ambos se siguieron con la mirada hasta que desaparecieron el uno y el otro de sus respectivos campos de visión.
Richard cerró la puerta de su casa y se puso a llorar. Las lágrimas empezaron a rodarle por las mejillas por primera vez en muchísimos años.
