Capítulo VIII


Blaine arrojó su móvil sobre la cama y se quedó estático por un momento viendo hacia el piso de madera, no se había percatado de que lloraba hasta que vio una redonda gota caer sobre el piso. Caminó lentamente hacia su puff, miró por la ventana intentado concentrarse en el cielo, en los árboles, en la gente. Quería concentrarse en cualquier maldita cosa que le alejara de la conversación que acaba de tener con sus padres.

Su madre le había saludado, y luego, había venido la serie de interminables cosas que había hecho Cooper, el hijo perfecto, el hijo modelo, el hijo mayor, el mejor de los Anderson. Era como escuchar un infomercial donde su madre le daba santo y seña sobre la perfección de Cooper,

Luego, su padre… Siempre le preguntaba si necesitaba dinero y luego la obligada pregunta sobre la escuela. Para su padre era una pérdida de tiempo espantosa estudiar arte en una universidad como Columbia. Su padre hubiese preferido que Blaine estuviese allí estudiando leyes, administración o medicina. Peter Anderson lo había dicho un día: ¿de qué vas a vivir?

Lo peor era la sensación que le quedaba después de hablar con sus padres. Era obvio que no estaba siendo lo suficientemente bueno como hijo. Odiaba eso, odiaba sentirse así, sobre todo cuando no estaba haciendo nada malo. Él sólo quería ser artista, quería ser músico, tal vez actor pero lo más importante es que estaba siendo feliz, ¿por qué sus padres no podían ver eso?

Desde niño se había sentido así. Era como si, por más que hiciera, jamás podría impresionar a sus padres. Tuvo las mejores notas en su colegio, pero, eso no importaba porque antes su hermano mayor había hecho lo mismo. Era bueno en los deportes, pero, eso nadie lo notaba porque, antes, Cooper había sido una estrella en el instituto. Luego, decidió luchar por su sueño y ser artista en lugar de un aburrido empresario, ¿y que recibía a cambio? Una sonrisa casi condescendiente de su padre y una frase que le amargaría los días: Por lo menos siempre podrás recurrir a tu hermano mayor.

Era como si ser artista no fuera un trabajo de verdad. Sus padres le daban palmaditas y lo veían como si fuera un pobre tipo, sin ninguna aspiración en la vida, más que vivir de la fortuna de la familia, protegido por su hermano todo poderoso.

Ni siquiera les había dicho que se presentaría esa semana a cantar en un lugar que, tal vez no era muy grande, pero si estaba siendo famoso. ¿Para qué decirles? Aun que él vendiera millones de discos, sus padres seguirían pensando que lo que hacía era burdo, tonto e inútil.

—Ey —Blaine se limpió las lágrimas cuando escuchó la voz de Kurt —. ¿Está todo bien? —Dijo Kurt cuando se acercó lo suficiente como para ver que había estado llorando.

—Oh, sí. Estaba viendo el Diario de Noah —Blaine sonrió lo más brillante que pudo —. Tú sabes, eso hace llorar a cualquiera —Kurt lo evaluó por un momento. Tal vez le ayudo que Kurt ya lo había visto lloriquear por otras películas o tal vez había sido que realmente nunca lo había visto triste; después de unos largos segundos de evaluación, Kurt le sonrió con ternura.

—Carson invitó a Dave a tu presentación.

—Genial. Entre más mejor. Ahora sólo espero que tu hermano no se burle de mí por el delineador o por la pajarita multicolor.

—No te preocupes. Voy a defenderte del cruel y malvado Carson.

Kurt bromeó para después acercarse y besarlo. Blaine estaba encantado con esa sensación de pertenencia y de amor. Era algo que necesitaba más que nada.


—¿Entonces tú crees que las cosas que se hacen en países como en Estados Unidos, son mejores de lo que se hacen en países que malamente llaman "latinos"? —Carson levantó sus manos enguantadas para hacer unas comillas.

—Yo no dije eso. Además no entiendo porque dices que malamente —Kurt saludó a su hermano y Dave que, como siempre, tenían esas acaloradas conversaciones donde ninguno de los dos quedaba con la verdad absoluta.

—Les dicen Latinoamérica porque utilizar lenguas romance. Pero realmente es porque Estados Unidos quería distinguirse en el continente y se inventó una estupidez para lograrlo —Dave rió —. No te rías maldito norteamericano promedio. ¿Sabes cómo es el sistema de salud en Estados Unidos de América?

—No. Ilumíname —Dave se giró para ver a Carson a los ojos.

—Como aquí tenemos todos los recursos habidos y por haber, nuestros valerosos médicos hacen toda clase de estudios antes de llegar a un diagnóstico. En Latinoamérica, hay países que disponen de limitada tecnología, y los que la tienen, deben cuidarla. Entonces los médicos tienen que hacer las preguntas adecuadas, investigar lo suficiente en la vida del paciente, hacer un análisis entre miles y miles de enfermedades y luego hacer un estudio para corroborar lo que ellos diagnosticaron porque no hay dinero para hacer cientos de estudios —Carson cogió el vaso con agua cuando terminó de hablar.

—Ok. Eso es muy loable pero ¿a la gente le importa eso? Lo importante es la eficiencia del sistema de salud. A la gente le importa un pepino lo que haga el médico o el hospital, lo importante es que curen, y que además, le den la seguridad de mantener saludable a la población —Dave sonrió pensando que tenía un punto importante en ello. Él mismo sentía un gran resentimiento con los médicos, ¿por qué ninguno notó que había algo raro con respecto a su madre?

—¿Crees que en éste país existe eso? —Dave movió positivamente la cabeza —. Cuesta millones curarse, existen miles de estadounidenses que no tienen acceso a los hospitales por falta de dinero, aún teniendo trabajo, sus seguros médicos no cubren la totalidad de ciertas enfermedades.

—Tienes un punto, pero dime, cuántas personas hay que pasan del sistema y cobran pensiones y reciben medicamento gratis sin necesitarlo de verdad. O las casas de custodia que a veces tienen diez o doce chicos y nadie regula eso porque los trabajadores sociales no se dan abasto.

—Más puntos a mi favor. Estados Unidos de Norteamérica se cree la nación entre las naciones. Hasta se da el lujo de minimizar a los otros países con los que comparte el continente para que al final del día sea un país más.

—Sus conversaciones a veces logran darme jaqueca —Kurt dijo agradeciéndole al mesero que le acaba de traer su tequila.

—Tú piensas lo mismo que yo hermanito, no te hagas el santo —Kurt se bebió el chupito y sonrió.

—Claro, sólo que soy políticamente correcto y congruente porque soy parte de eso que denominas norteamericano común y además soy capitalista y globalizado —Carson asintió.

—Nadie dijo que yo no lo fuera. Tengo una Mac, uso un IPhone —señaló su chaqueta —, Tommy —tocó sus vaqueros —Levi's —y observó sus zapatillas —. Y lo más americano del mundo, unos converse. Soy un consumidor, me gusta el internet, me gusta informarme. Lo que me molesta de esta nación es lo que molesta del mundo. Vivimos en una sociedad que acepta ser una doble cara y a nadie le importa. Estados Unidos deja que países como México o Colombia luchen contra el narco mientras aquí, donde están los capos reales, no existe una guerra frontal. Evidentemente los mayores consumidores están aquí, es más que obvio, la droga que se fabrica y siembra en esos países se vende aquí y de alguna forma tiene que llegar, ¿cómo? Habrá que ver hasta qué nivel llega la corrupción entre nuestros representantes. Ahora, ¿crees que a los países europeos les interese lo que pasa en América? Claro que no. Entre sus recesiones y su falta de empleo, lo mismo le da que América se consuma en el fuego del narcotráfico. El mundo está lleno de eso. Los países no se hermanan por nada ni por nadie.

—Lo único que puede hermanar al mundo es una desastre —Dave bebía distraídamente su cerveza —. Ya sabes, algo que nos ponga en riesgo, el Ébola o algo así.

—Lo cual dice mucho de nosotros como sociedad ¿no crees? —Concluyó Carson alternado su mirada entre Dave y Kurt.

La música interrumpió la acalorada conversación entre los tres. Blaine estaba en medio del escenario sentado frente a un piano que emitía una melodía complemente ajena para Hummel. Kurt estaba extrañado, Blaine era el tipo que siempre cantaba canciones pop de moda pero no pudo más que vibrar cuando escuchó la voz de Blaine, clara y segura.

I'm thinking about you, and I remember everything, all of us. I look at the ocean, but still I can't see anything… but all of us

Podría jurar que todas las personas en el lugar estaban conteniendo la respiración. Incluso Carson observaba a Blaine con otros ojos. Era como si de pronto hubiese dejado ese plano unidimensional al cual los tenía acostumbrados. Blaine mantenía los ojos cerrados entregándose a la música.

The time of open hearts. The time before the rest of life begins. The learning who we are… what I'd give to be December boys again.

Blaine abrió los ojos pero… era distinto. Era ver a un Blaine que se estaba entregando a sí mismo, como si de pronto estuviese cantando desde un lugar oculto dentro de sí. Un lugar que, tenía un poder enigmático y atrayente.

But nothing was easy, but I would do it all again, and never change a thing. It's all about choices, but I couldn't watch you walk away, without following.

Algo había cambiado en Blaine. Algo se había roto y Kurt podía sentirlo al igual que todas las personas sentadas en el lugar que observaban con fascinación la forma en la que Blaine les estaba transmitiendo ese sentimiento de añoranza, esa nostalgia de un pasado.

The lines of broken dreams. The lines dividing strangers from your friends. We live in you and me. Ah, what I'd give to December boys again.

Blaine terminó la canción y pareció darse cuenta que había estado cantando para otros cuando las luces lo iluminaron. Aplaudían, todos los hacían, incluso Carson. Blaine agradeció con un gesto que asemejaba una sonrisa. Cuando llegó a la mesa Kurt lo observó pero Blaine rehuía a su mirada, estaban a punto de tener una de esas conversaciones serias, cuando Dave Karofsky se levantó para gritarle al mesero que quería invitar una ronda de tragos.

Blaine casi besó a Dave para agradecerle la distracción, y el resto de la noche, pues supo muy bien cómo ayudarle para no hablar con Kurt y no tener que darle esa explicación que tanto quería.


Esa mañana había empezado como cualquier otra. Tal vez un poco más lenta, Carson se había dilatado un par de veces pero Kurt no lo había notado porque estaba muy ocupado pensando en otras cosas. Sólo tenían que ir a la biblioteca de la universidad, era algo tan sencillo. Kurt había salido primero del departamento, Carson había salido detrás de él cerrando la puerta y luego... regresó.

Kurt observó sus zapatos. Tres días después de la noche en el bar, se preguntó si aquello sólo había sido un aviso de la tormenta que estaba por caer en su vida. Escuchó los pasos de Carson y, lentamente, elevó el rostro viendo a los ojos a su hermano. Carson tragó saliva, era la primera vez en la vida que lo veía nervioso, Kurt intercambió su peso entre un pie y el otro.

—Está cerrada…

Las palabras de Carson cortaron el silencio denso y desolador que se había instalado entre ellos. Kurt recordaba muy pocas cosas de su infancia porque para él siempre había sido un borrón. Una parte del tiempo que no tenía grandes significados para él, por lo menos no hasta ese momento, porque en su mente se dispararon algunas imágenes. Todas ellas relacionadas con un número que Carson conocía muy bien.

—Lo sé. Es la tercera vez que te cercioras de ello…

Vio a Carson empuñando sus manos y Kurt bajó el rostro de nuevo. Los recuerdos inundaron su mente en forma de imágenes inconexas. Carson y sus tres veces lavándose las manos, Carson y sus tres veces lavándose los dientes, Carson y sus tres veces guardando sus cosas para el colegio… Carson abriendo y cerrando tres veces las puertas… Carson cerciorándose por tercera vez si la puerta estaba cerrada.


Para ustedes q me comentan semana tras semanas. Gracias.

Estamos en la recta final.