¡Hola a todos de nuevo! Perdón por no actualizar antes, pero estaba un poco ocupada con los deberes de la escuela, bien para empezar quiero aclarar que este episodio contiene temas sexuales tal y como su nombre lo indica, y si no te gusta ver este tipo de cosas ahora es el momento indicado para abandonar esta página. Si no saben de lo que hablo les recomiendo que vallan al primer episodio y lean la trama, pero si ya lo saben cómo he dicho en ocasiones anteriores leerlo es totalmente su decisión. Por otra parte quisiera aclarar que es la primera vez que escribo algo de este tipo, (es decir lemón) y no sé si me salio bien ó mal, así que agradecería sus comentarios al respecto. Sin más que decir me despido de ustedes, ¡Nos vemos en el próximo episodio! Y por favor dejen reviews.
Grado de violencia:
-Alta.
-El siguiente episodio contiene material lemón, ecchi, hentai, sexual (ó cómo prefieran llamarlo)
Capitulo 8: La violación
Contado por Kagome:
Era viernes en la mañana, tal y cómo los otros días le lleve el desayuno a Inuyasha y arregle su habitación, curiosamente él no estaba ahí, y pude hacer mi trabajo en paz, supuse que él al fin había entendido que no deseaba verlo, todavía estaba molesta con él por lo que había hecho hace unos días ¿Cómo se había atrevido a besarme? Aún recordaba aquella desagradable sensación de sentir sus labios sobre los míos. Recordaba perfectamente que después de el beso lo primero que hice fue lavarme la boca, realmente no podía creerlo ¡Él me había besado! Pero después de el enojo vino la tristeza, me sentía culpable, decía que amaba a Sesshomaru pero me había dejado besar por Inuyasha… Me sentía realmente mal: Mi primer beso fue robado y ni siquiera me gusto…
Mientras pensaba en todo esto, vi que todas las muchachas estaban más ocupadas de lo normal, y no tuve tiempo de hablar con ninguna, y me pregunté la razón del por qué actuarían así, y cuándo quise preguntarle a la señora Kaede está me regaño diciendo que yo debería hacer lo mismo, no entendí nada hasta que vi cómo a las 4.00 P. M. salir a la señora Izayoi en el auto, que era conducido por el chofer Mioga, el mismo que me había entrevistado. Me encargué de arreglar el estudio, que ya tenia listo desde hace 2 días, pero Inuyasha me obligo a hacerlo de nuevo.
Todavía me sorprendía que el día de ayer cuándo llegué el chico no quisiera verme y me mandará a decir con una muchacha Yura, que le preparará algo para comer con lo que había traído, y que más me valía que fuera un banquete. Bien sólo tendría que cumplir sus ordenes un poco más, hasta pagar todas las deudas que tenía y entonces no volvería a ver su odiosa y horrorosa cara.
Cuándo salí de ordenar el estudio, estante por estante, pieza por pieza, etc., debido a que el joven Inuyasha me pidió estrictamente que ni un solo libro tuviera polvo, ni el más mínimo objeto estuviera sucio. Lo que me llevó horas tratando de revisar que no hubiera ni una sola mancha de suciedad, ya que él había dicho que si había aunque fuera sólo una, por mas pequeña que fuera lo lamentaría, yo lo veía todo limpio, pero mi concepto de limpieza y el de Inuyasha parecían tener un mar de diferencia. Cuándo salí me sorprendió el hecho de que no había nadie en la casa, ni en la sala, en la cocina, en el comedor, en las recamarás, en el patio: Ni en un sólo lugar había un alma. Eso me asustó, cuándo de pronto escuche esa tan angelical voz que ya me conocía de memoria, pero que últimamente a mí me parecía irritante.
-No te esfuerces Kagome, no hay nadie-Me dijo con calma-
Me voltee y entonces lo vi apoyado en la pared del pasillo en el que ahora estábamos. Desconcertada le pregunté:
-¿No hay nadie?
-No lo has confirmado ya tú misma-Me respondió con calma-
No supe por que pero de pronto tuve un mal presentimiento, y sin pensarlo empecé a lanzarle los nombres de todas las sirvientas que recordaba.
-Ukyo… Akari… Sakura… Yura… Ayuna… Azune…-Él movía la cabeza levemente negando a cada nombre que le daba, dándome a entender que no se encontraban en la casa, entonces lancé mi última y única opción- Kaede.
Inuyasha bajo la cabeza y luego me contestó.
-Fue a ella a la que me dio más trabajo convencer, no sabes el esfuerzo que me causo, pero al final cuándo le dije que le había dado el día libre a todas, incluida tú, y no tendría a nadie a quien ordenarle hacer los trabajos decidió irse-
Lo miré sintiéndome cada vez más asustada.
-¿Le diste el día libre a todas y todos los empleados?
-Si-Contesto sin más-
-¿Por qué le dijiste a la señora Kaede que me habías dado el día libre, y cómo fue que ella te lo creyó?, ¿Por qué lo hiciste?
El chico sonrío con calma y luego me contestó.
-En realidad Kagome, si no le hubiera dicho eso, no hubiera podido deshacerme de ella-¿Deshacerse de la señora Kaede?, ¿Para qué o por qué razón?, seguramente él se dio cuenta de mi duda, pero aún así continuo hablando tranquilamente-Respectó a cómo lo creyó, ¿No te preguntaste la razón de el por qué te mande limpiar el estudio de esa forma, demasiado estricta? La razón fue esa, al no verte durante tanto tiempo, la señora pensó que lo que le decía era verdad-Se calló de súbito, bajo la mirada y cuándo me vio de nuevo, en ese momento tuve miedo de Inuyasha. Su rostro se había transformado: Una sonrisa escalofriante adornaba su cara y su mirada no era la de siempre, ni siquiera aquella en que parecía desvestirme, esta era aún más intensa y perversa. Tanto que resultaba casi sádica.
-Bueno respectó a la razón digamos que tengo otros planes para ti, por esta noche-Su sonrisa se ensanchó mucho más y por un momento incluso su voz cambio, se escuchaba cómo una extraña mezcla entre ronca y lúgubre-
Sin saber por que de pronto sentí un escalofrío en todo el cuerpo, un miedo inexplicable y por instinto natural empecé a correr hacía el único lugar que creía me mantendría a salvo: Aquella habitación, la única habitación dentro de aquél pasillo que era un callejón sin salida, y del cuál Inuyasha me impedía salir. Corrí y entré en ese precisó momento me dí cuenta de dónde estaba… ¡Era la habitación de Inuyasha!
Lo vi entrar sonriendo a la habitación, y en ese justo momento tal y cómo un conejito asustado trate de buscar un lugar en dónde esconderme, al no hallarlo volteé a verlo, y sólo entonces noté que el muchacho se acercaba a mí, antes de que pudiera reaccionar él me sujetó de las muñecas.
-¡Suéltame Inuyasha, y déjame salir!-Le dije mientras trataba de liberarme de su férreo agarre-
Al oír esto el chico puso cara de estar dolido y me dijo:
-Kagome, por favor tranquilízate-Al ver mi rostro de enojo, su expresión de dolor desapareció y me sonrío peligrosamente, de aquella misma manera que minutos antes había visto, me causaba miedo él parecía más bien un animal feliz por haber capturado a su presa-
-Suéltame-Intente liberarme una vez más-aléjate.
-¿Hasta cuándo vas a rechazarme?-Murmuro con angustia en la voz-Me torturas todos los días… Kagome… Lo que haces es cruel… Me provocas y debo conformarme con baños de agua fría… Para apaciguar este ardor… Que tú misma causas… Por tú culpa me siento atrapado en las llamas del infierno-Su forma de hablar me sorprendió parecía haber perdido la razón, esto tenia que ser una broma, sólo eso...
-¡Inuyasha no, no puedes estar hablando en serio!-Le mire casi con pánico. Quería creer eso, pero algo dentro de mi me lo impedía y esa inseguridad aumentaba al ver a Inuyasha sonriéndome de aquella escalofriante manera-
-Créeme que si estoy hablando en serio-Me dijo él sin dejar de sonreírme-
En ese instante él empezó a jugar con mi cabello, yo no entendía que era lo que le pasaba, nunca lo había visto comportase de semejante manera; pero tampoco me quedaría de brazos cruzados y no intentaría nada para liberarme. El único problema es que no tenia ni la más minima idea de que hacer, fue en ese instante cuándo él comenzó a acercar su rostro al mío con obvias intensiones de besarme ¡No! ¡No podía permitirle eso! Y en arranque de pánico hice lo primero que se me vino a la mente: Lo golpee en un lugar que era más que sabido que a todos los hombres, solamente por el hecho de serlo les tiene que doler…
Inmediatamente los brazos de el chico me soltaron y él callo al suelo gimiendo de dolor. Pero yo no tenia tiempo para preocuparme por eso, mire hacia la puerta: El camino estaba libre permitiéndome huir, no lo pensé 2 veces y me lance contra la ella esperando salir, gire la perilla, Una… Dos… Tres veces ¡Estaba cerrada con llave!, ¡No esto tenia que ser un mal sueño! ¡Una pesadilla! Escuche un leve ruido detrás de mi y supe que al chico seguramente ya se habría pasado el dolor, sintiéndome atrapada y sin muchas ganas voltee a verlo, el muchacho estaba libido de furia, me miraba de una manera que me aterraba. El chico se acerco lentamente a mi y entonces de pronto me aventó a la cama y empezó a quitarse la chaqueta que portaba y la camisa.
-Eres una pequeña b…-Le escuche decir en un tono aterrador, pero inesperadamente se callo de súbito, suspiro profundamente y me miro de nuevo, yo por mi parte lo mire asustada, Inuyasha no podía estar pensando de verdad en…-
-¿Qué es lo que quieres?-Le pregunté mientras retrocedía asustada intentando refugiándome en un rincón de la pared, el muchacho me sonrió y luego de quitarse toda la ropa que le cubría de el pecho hasta la cintura se acerco gateando hasta dónde yo me encontraba y se posó encima de mí, me encontraba atrapada entre el cuerpo de Inuyasha y la cama…
Intentaba escapar de la prisión en la cuál estaba, pero el cuerpo de Inuyasha me tenia completamente atrapada, apenas y podía moverme, me sentía tan pequeña bajo el grande y bien moldeado cuerpo masculino.
-¿Qué que es lo que deseo? Eso es simple…-Se acercó y me susurró al oído-Quiero que seas mía.
Esa frase me impactó completamente, jamás pensé que algún día me pasaría este tipo de situación. Por un momento me quede congelada, pasmada aún no podía creer que de verdad él me había dicho eso. Desperté abruptamente en el momento en el cuál Inuyasha se acercó con ímpetu a mis labios y los barrio con una pasión que era desconocida para mí, ni siquiera la primera vez me besó con tanta pasión, me besaba cómo loco… Sentía que en cualquier momento me desmayaría, no quería creer que todo esto era real. Entonces las manos de Inuyasha, empezaron a delinear mi cuerpo con lentitud. Sentía deseos de llorar, Inuyasha no podía hacerme esto.
-Inuyasha, por favor basta, detente-Le supliqué con voz temblorosa, en la esperanza de que reaccionara y se detuviera, le dije esto mientras sentía cómo sus labios empezaban a descender por mi piel-
-Kagome, no tienes una idea de lo mucho que he estado deseando esto. No debiste provocarme tanto pequeña-Me respondió él y luego de decir eso continuo besando mi cuello, de pronto sentía nauseas-
Esa confesión me abrumó, él no tenia ni la más mínima intención de terminar con esto. Entonces de pronto se detuvo, y pensé que tal vez habría recuperado la cordura, toda mi ilusión se esfumo al ver a Inuyasha romper la parte de arriba de mi uniforme de sirvienta.
-No… Espera… Qu… ¿Qué hac…?-Intenté protestar, estaba súbitamente aterrada y la voz me temblaba pero él no pareció darle importancia a mis débiles protestas-
Estaba asustada y aún no podía entender porque él se comportaba así, fue en ese instante que me di cuenta que Inuyasha trataba de abrirme las piernas, ¡No! ¡No le permitiría llegar tan lejos! Así que mientras él trataba de hacer eso, yo intentaba evitarlo, las rodillas de Inuyasha y las mías chocaban constantemente por causa de esto, mire el rostro de el muchacho esperando tal vez compasión, pero al parecer la situación le divertía. No pude detenerlo por mucho más tiempo, finalmente con un sollozo de mi parte él logro lo que se proponía, en ese momento escuche a Inuyasha reír con malicia, mientras se posicionaba entre mis piernas abiertas, justo en ese momento se levanto un poco, sólo lo suficiente para mirarme y me dijo:
-Tú me pusiste así, ahora remédialo mi vida.
No supe a que se refería hasta que lo sentí por primera vez; pude sentir la dureza de su sexo chocando contra el mío, él estaba presionado su ingle contra la mía, la rozaba, se restregaba contra ella. ¡No! Yo no quería me causaba tanto asco… No pude evitar gemir de dolor al sentirlo tan cerca de mí, rozándome de esa manera, sabiendo que eso tendría que introducirse en mi interior. Me sentía morir, Inuyasha estaba culpándome de algo que yo nunca quise provocar y ahora me pedía que lo solucionara ¿Y cómo? Acostándome con él, sentía que las ganas de llorar empezaban a ganarme.
-¡No detente! ¡No me hagas eso! ¡No ahí!-Solloce. Pero entonces en lugar de escucharme él presiono con más fuerza su miembro contra mi centro de calor, mis ojos se abrieron sin que pudiera evitarlo-¡Ahhh! ¡Detente, por favor detente!-Me retorcí bajo él-
Inuyasha empezó a acariciar mis pechos-Ahora desnudos-con sus manos, sentía sus dedos recorrer aquella parte de mi piel y su tacto me causaba repugnancia, entonces sentí cómo él poso uno de sus dedos sobre uno de mis pezones y lo aplastó, eso me dolía…
Estaba aterrada, lo único que quería era que él se detuviera y se alejara de mi. No quería que sus asquerosas manos volvieran a tocarme, no quería…
-¡No, no los toques así!-Le grite, entonces él rodeo mis 2 pechos con sus manos y los apretó fuertemente, mientras yo lloraba por el dolor, justo entonces él pronunció:
-El color y la textura perfectos, veamos cómo es su sabor-No pude evitar mirarle horrorizada, e intenté taparme los pechos con las manos, eso evidentemente lo molestó, se levantó un poco, sin descuidar la poción que tenía entre mis piernas y tomando la cinta que se encargaba de servirme cómo cinturón al igual que mis manos, las ató a los bordes de la cama, dejándome totalmente indefensa: Con las manos atadas y él entre mis piernas.
-Tranquila sólo quiero ver si el resto de ti sabe igualmente delicioso-Lo escuche decir ¿Que estuviera tranquila? ¿Cómo podría estarlo? Oírlo decirme eso me aterro, mi respiración se estaba volviendo forzada y había comenzado a temblar, pero a Inuyasha no parecía preocuparle-
Trate de cerrar mis piernas y hacer que se alejara, pero lo único que logré fue atraerlo más a mí propio sexo, Inuyasha río con perversidad y luego me susurro al oído:
-Te mueres por ser mía ¿No es verdad?-No podía creer que él hubiera dicho eso y en seguía le contradecí-
-¡Por supuesto que no!, estás loco, tú contacto me enferma y te detesto con toda mi alma.
-Pues tal vez me odies niña estúpida, pero estoy seguro que tú cuerpo adorará todo lo que pienso hacerle-Me sorprendió el tono que desprendía su voz, me hablaba cómo con rencor, no entendí el porqué, pero no tuve tiempo de reflexionar sobre aquello ya que de sólo de imaginar lo que me haría me estremecía-
Pensé que no podía hacerme nada más malo de lo que ya me hacía y entonces lo sentí: Me embestía, si no fuera por la ropa que tenía y servía de escudo entre su ingle y la mía, no supe que habría pasado, ya no sabía que hacer tenía tantas ganas de todo esto fuera tan sólo una horrible pesadilla, y que al abrir los ojos él ya no estuviera aquí, sin embargo el muchacho seguía embistiéndome y volvió a hacerlo una y otra y otra vez, no lo soportaba, quería que se detuviera pero contra mi voluntad la parte más sensible de todo mi cuerpo empezó a humedecerse, ¡Mis bragas estaban húmedas!, Inuyasha lo sintió y se río.
-¿Qué sucede Kagome?-Lo escuche hablar de nuevo-Creí que tú no querías que esto pasara y sin embargo ahora estás tan húmeda ¿Te gustan que te traten cómo en verdad te lo mereces? ¿No es cierto?-Me pregunto él con una creciente burla en la voz-
-No… De… Déjame…
-No quieres que te deje Kagome… Y si quieres, lo dejaras de querer. Ya lo verás preciosa ¿Porqué no te portas esta noche cómo la zorrita que eres y me dejas disfrutar de ti?-Continuo él con una evidente sorna. No podía creer que él, precisamente él, me hablara y tratara así-
-No… Aléjate… No me gusta que me toques…-Le grite con rencor-
-Claro que si…-Lo oí decir con un tono de tranquilidad que me irrito mucho más-
-¡Por supuesto que no!-Lo contradecí-
-Pues que mala suerte hermosa… Porque esta noche me perteneces…-Lo mire con rencor en la mirada-No te resistas Kagome o será mucho peor. Vas a ser mía por las buenas o las malas.
Inuyasha se acerco a mis pechos para continuar con lo que había estado haciendo antes de que yo lo interrumpiera, y él me atará, sus labios se acercaron a uno de mis pezones acariciándolos suavemente ¿Por qué él me hacía esto? ¿Por qué a mi?…
-Espera no lo hagas… Inuyasha no… -Trate de hacer que desistiera, pero fue en vano, ya que sus labios no se detuvieron, sentirlo acariciándome de esa manera me causaba repugnancia-
Entonces sentí algo que nunca había sentido, y mis ojos se abrieron completamente en el momento en el que Inuyasha empezó a juguetear con él: Lo besaba, Lo lamía, Lo mordía, lo envolvía con sus labios y lo succionaba como si estuviera sediento…
-¡Mmmmmm!… Kagome te deseo más que a nada… Te he deseado por tanto tiempo…-Lo escuche pronunciar, sin embargo yo no le preste atención, podía sentir sus labios jugando con mis pezones, él los estaba chupando, Inuyasha estaba chupándome sin que yo pudiera hacer nada, me estaba acariciando íntimamente… ¡Yo no quería!-
-¡Ahhh! ¡Inuyasha basta! ¡Detente!-Le suplique, sus labios eran cómo un ardiente fuego sobre mi piel, nunca antes nadie me había tocado así, y yo no deseaba que él lo hiciera-
-Mmmm... Sabes tan bien Kagome… Hmmm…-Me contesto pero aún así sus labios no abandonaban mis pequeños pezones-
-Por favor… ¡Para!-No lo soportaba, no quería sentirlo acariciándome de esa manera, su lengua me era áspera-
Por la intensidad de sus caricias, mis bragas se humedecieron a tal punto que mojaron mis piernas y el pantalón que él aún llevaba puesto.
-Inuyasha, detente por lo que más quieras-Le suplique-Ya no lo soporto más-Empecé a lloriquear, tratando de hacer un esfuerzo sobre humano por no ahogarme en mi propio terror, entonces él me contestó:
-Lo que más quiero es a ti, ¿No lo comprendes? Te deseo a morir. Daría mi vida por una hora haciendo el amor contigo, y mi alma por una noche- Después de decir esto volvió a su tarea con mi pequeño seno-
-¿Por qué lo haces? No me toques así, por favor-Le pedí con lágrimas en los ojos, lo único que quería hacer era llorar, sabía que de nada serviría pedir ayuda estábamos completamente solos-
-¡Cállate!-Me regaño molesto-Tú eres la que me provoca. ¿No te das cuenta?, Me vuelves loco niñita tonta.
Inuyasha desgarro lo poco que me quedaba de ropa, desde la falda, hasta mis bragas dejándome totalmente desnuda bajo él. Dejando al descubierto mi más grande tesoro. Tocaba mi piel ya sin defensas, totalmente expuesta para él. Yo presa del miedo no podía evitar temblar, él mientras tanto tomo un tiempo para mirarme detenidamente y memorizar cada parte de mi cuerpo. Yo sólo trataba de no mirarlo sabiendo que no podía cubrirme de su lasciva mirada.
-¡Por Dios! ¡Que hermosa eres!…-Le escuche decir-
Entonces subió su cuerpo encima de mi y empezó a lamerme, pasando su descarada lengua sobre mi piel, desde la oreja derecha que también mordió, bajando por mi cara y mis mejillas, mis senos en los cuales se detuvo por un momento, después hasta llegar a mi vientre bajando más, su lengua se deslizaba por cada parte de mi cuerpo, sentirlo hacerme esto me causaba un asco, una repulsión y lo peor era que no podía detenerlo. Mientras él lamia mi vientre bajo, una de sus manos empezó a acariciarme las piernas, subiendo hasta que me llego a mi entrepierna la cual estaba húmeda, estaba asustada, ¿Cómo no estarlo? Yo nunca imagine que mi primera vez seria de esta manera, de pronto los dedos de Inuyasha me tocaron justo en mi intimidad presionándola, solloce estaba más que claro que él no se detendría ante nada, el chico continuaba su recorrido por mi piel mientras sus manos acariciaban mi feminidad, yo me retorcería debajo de él, no… No… ¿Porqué él no se detenía? Era horrible sentirlo haciéndome todo esto sin que yo pudiera defenderme. Sus dedos se movían sobre mi intimidad de forma lenta y tortuosa, temía que él quisiera introducir sus asquerosos dedos en mi interior, pero él simplemente continuaba lamiéndome y acariciándome. No había acabado de reponerme de eso, cuándo en ese instante el muchacho se incorporo y cuándo lo observe lamerse los dedos con sumo detenimiento me estremecí. Cuándo hubo acabado de hacerlo volvió la mirada hacía mi que lo miraba horrorizada, entonces de la nada me abrió las piernas mucho más de lo que ya lo estaban a la fuerza y se inclino para acercarse hacía mi propio sexo, trate de cerrarlas, pero Inuyasha me lo impidió con sus manos en mis piernas obligando a que permanecieran abiertas.
-¡No, no veas ahí!-Le grité-
Lo veía observar mi feminidad con un rostro inescrutable, yo simplemente temblaba de los pies a la cabeza ¿Qué era lo que Inuyasha quería hacerme? Fue en ese momento cuándo… Sentí su lengua lamiendo esa parte de mí, me quería morir…
-¡No, no lo hagas! Inuyasha, por piedad ¡No! ¡Ahí no! No…
Pero el continuo en su tarea, asiéndome estremecer cada vez que su talentosa lengua rozaba esa sensible zona de mi piel, aumentando cada vez el ritmo en que lo hacía.
-¡Inuyasha!-Exclame un gemido entre dolor y placer, soltando pequeñas lágrimas de esos mismos sentimientos, apretando fuertemente mis manos detrás de las ataduras… Jamás antes había sentido eso-
Pero si no podía con eso, menos pude cuándo lo sentí introducir su ardiente lengua en mi interior, saboreando, degustando todo lo que hallaba a su paso, era realmente doloroso, podía percibir su lengua acariciándome de mil formas diferentes, intente inútilmente de apartar el rostro de Inuyasha de ese lugar cerrando las piernas, eso no sólo no funciono sino que al parecer excito aún más a Inuyasha, que introdujo aún más profundo su lengua en mi interior moviéndola de arriba hacía abajo.
-No… ¡Inuyasha no!…-Insistí de nuevo mientras seguía intentando apartar su cabeza de mi sexo-
El muchacho siguió lamiendo esa parte de mi a placer, me sentía tan avergonzada mientras escuchaba mis propios gemidos emerger de mi boca a contra mi voluntad, ¡No quería! Podía sentir con claridad cómo aquella húmeda lengua se deslizaba cómo una experta por cada rincón de mi interior ¡Era demasiado! Apreté los parpados, cerrando los ojos, mientras sentía cómo la áspera lengua de Inuyasha se deslizaba dentro de mi, sintiendo que esas lágrimas de dolor mezclado con placer querían volver a salir.
-¡Inuyasha!, ¡Ahhh!
El muchacho se separo lentamente de mi intimidad y cuándo al fin se levanto, sus dedos al igual que las comisuras de su boca tenían ese liquido blanquecino, en parte rosa que brotaba de mí interior. Me estremecí al verlo relamerse los labios, y luego saborear y deleitarse con el líquido que aún tenía en sus dedos, para después sonreírme de una forma tan perversa y sensual que hizo que se me derritieran hasta los huesos; y al mismo tiempo me lleno de ira, verlo de esa forma me irrito más de lo que pudiera soportar.
Entonces él se sentó sobre mi-Aún entre mis piernas- y se desabrochó el cinturón, para luego quitarse el pantalón y quedar en la misma situación que yo, verlo desnudo me dejo pasmada, demasiado ya había sido verlo sin camisa, nunca antes había visto desnudo a un muchacho y presentía que no seria lo peor que me pasaría esta noche. Baje la mirada y mi cara se puso totalmente roja en el momento en el cual divise aquél miembro erecto, viril y enorme que lo distinguía cómo el hombre que era. No pude soportarlo y llorando subí la mirada me fije en su cara pero no fue mejor, él estaba sonriéndome con perversidad, casi con arrogancia. Él lo haría, estaba más que segura: Me tomaría, me haría suya a pesar de que yo no lo deseara…
Cuándo él poso su sexo desnudo y caliente sobre el mío que estaba en la misma forma, la sensación fue abrumadora y me sentí desfallecer por la pena, entonces Inuyasha restregó su sexo desnudo contra el mío, me dolía, pero no podía detenerlo, estaba atada de manos y con las piernas inmovilizadas, lo sentía frotarse contra mi y podía sentirlo tan duro, grande y caliente, me retorcía debajo de él tratando de cerrar las piernas y haciendo hasta lo imposible por alejarlo, pero al contrario de mis intensiones no lograba nada y el muchacho parecía desearlo mucho más que antes, dentro de unos cuantos segundos Inuyasha estaría haciendo comigo todo cuánto desease. No podía evitar las ganas de llorar, él me hacia eso y yo no podía defenderme.
-Kagome he querido hacer esto desde la primera vez que te vi… Había soñado tantas veces con tenerte así…-A estas alturas las lágrimas cubrían mis ojos-
Sentí como se pocisionaba a la entrada de mi centro de calor, y al sentirlo tan caliente, endurecido e inmenso, asustada intente alejarme, pero los fuertes brazos de Inuyasha no me lo permitieron, cerré los ojos apretándolos fuertemente deseando que aquello pasará rápido, pero entonces lo escuche suspirar, abrí los ojos y observe su rostro, el chico se acerco a mi oído y me susurro:
-Relájate, te va a gustar créeme-A diferencia de las ocasiones anteriores que me había hablado, ahora su voz se escuchaba muy tierna y dulce, pero eso no me importaba ¿Gustarme? ¿Cómo podría gustarme que él me hiciera eso? ¡¿Cómo?-
El muchacho se acerco a mi rostro, besándolo y lamiéndolo, yo ladee el rostro para no mirar su cara y entonces sentí cómo él empezaba a penetrarme lentamente, mientras sus labios descendían por mi cuello, mis ojos se dilataron por el dolor y la vergueza que sentía en ese instante, pensar que en ese momento estaba perdiendo lo único que tenia para ofrecerle a la única persona que de verdad amaba…
Sentí como la punta de él se había introducido en mí, y luego salió, de nuevo sentí la esperanza de que hubiera recapacitando, pero entonces…
Sentí como si un millón de cuchillos se clavaran en mi vientre, cómo si me atravesará un rayo y millones de hormigas bajaran por mis piernas, en el momento en el que él me penetro de golpe, el dolor era terrible, mis puños se cerraron detrás de las ataduras, cerré los ojos apretando los dientes intentando olvidarlo y en ese momento proferí un grito de dolor, la sangre, prueba de mi virginidad empezó a correr por mis piernas…
En ese momento las lágrimas rodaron libremente por mis mejillas, más por la impotencia de no poder detenerlo, que por el dolor que sentía.
-Kagome sentirme dentro de ti… Se siente maravilloso… Quiero adorar tu cuerpo antes de que esta noche termine-Llore al escucharlo decir aquello, él se sentía bien y yo… Yo me sentía en lo más profundo del infierno..-
No me adaptaba a la sensación de tenerlo dentro de mí grande y duro… Demasiado grande, ¡Era un intruso dentro de mi cuerpo! Me sentía tan incomoda, el dolor de tener algo tan grande dentro de mi, me revolvió el estomago, sentía tantas ganas de vomitar, creí que eso era todo ¡No podía haber nada peor que eso en el universo! Entonces lo sentí… Se movía, se presionaba en mi interior… Se movía dentro de mi, primero lento y luego más y más rápido… Luego empezó a salir y entrar. ¡No lo soportaba! Si era lento podía sentir sentirlo más detalladamente dentro de mi, y eso me hacía sentirme en lo profundo de un abismo… Y cuándo se movía rápido me dolía…
¡Lo único que quería era que Inuyasha terminará con esa tortura!, por que era una tortura, sentirlo moviéndose dentro de mi tan libremente… Un recordatorio constante de mí impotencia…
-No…¡No!.. No Inuyasha… Duele… Es dem… Ahhh… Demasiado-Le pedí con voz sollozante… Me sentía tan débil, tan desvalida, tan humillada … No encontraba palabras para describir el desagrado que sentía por mi misma-
Él no hizo caso a mi petición y continuo besándome, con besos sofocados por la pasión, podía sentir su intrusa e invasiva lengua explorando el interior de mi boca de forma deseosa y desesperada, casi cómo si quisiera devorarme…
Con lágrimas en los ojos y sintiendo su asqueroso cuerpo encima de mi. Trate de olvidarlo y dejar que el tiempo pasará, pero por más que lo intentará, cuando lograba hacerlo, era cómo si Inuyasha lo supiera por que era justo en esos momentos era cuándo me embestía más fuerte y se hundía mucho más en mi…
Él lo estaba disfrutando, lo sabía por los sonidos que profería, eran cómo… Llenos de satisfacción… Al fin había logrado tomar lo que quería… Yo por mi parte no podía hacer otra cosa más que llorar… Odiaba todo lo que él me hacia, cómo se movía dentro de mí, cómo iba invadiéndome, algunos gemidos salieron de mi boca, pero acompañados de protestas, ¡Era horrible! Él me hacia todo esto contra mi voluntad, sin mi consentimiento…
-Por… Por fav… ¡Ahhh!… Favor…¡Detente!
-Kago…¡AHHH!..Mmmmee…¡Me vuelves loco!
-In… Inuyash…¡Aaahhh!
-¡KAG… KAGOMMMME!
Fue entonces cuándo lo sentí derramarse en mi interior, no pude evitar sentime más feliz, ¡La tortura había acabado!, o eso pensaba yo… Por qué en ese instante Inuyasha alzó la mirada y me dijo:
-Kagome quiero que entiendas algo… Te deseba más que a nada… Y lo sigo haciendo… ¡Cada uno de tus malditos gestos me provoca!…-Creí que él mentía cuándo entonces lo sentí crecer en mí interior, no, no podía se cierto, ¡Inuyasha no podía volver a hacerme eso!-
La historia se repitió una y otra vez durante la noche, ya no estaba segura si al finalizar, seria la última o continuaría… Sólo lo sentía hundirse dentro de mi una y otra vez, no podía reaccionar estaba tan desolada y triste ¿Porque todo esto tenia que pasarme a mi? ¿Porque yo? Podía sentir el calor de el cuerpo de Inuyasha abrazándome por completo, cómo su cuerpo sudoroso me aplastaba por completo con cada embestida que me daba, podía sentir como el cabello de su flequillo rozaba mi rostro, pero no me atrevía a verlo, no quería creer que esto era real, no podía ser real; era demasiado cruel…
En la última vez Inuyasha dijo una palabra, una frase que me dolió en lo más profundo de alma:
-¡MIA!, Eres toda mía pequeña.
Y cuándo en aquella ocasión se derramó dentro de mi me hizo sentir devastada, por que me hizo confirmar la verdad de sus palabras: Era suya, ¡Más suya que nunca!
Era verdad aún en contra de mí voluntad él había logrado tomarse y hacerme suya, no sé cuántas veces, sin embargo sólo el pensarlo me hacía sentir profundamente mal.
Cuando finalmente Inuyasha terminó, se quedo recostado sobre mis senos tratando de recuperar la respiración y musito:
-Kagome… Eso fue increíble… No puedes imaginar cuán feliz me haces pequeña…-Él se sentía feliz, yo por mi parte sentía asco de mi misma él había usado mi cuerpo para aplacar sus deseos, sin importarle lo que yo pudiera sentir-
Inuyasha se levanto de sobre mi y subiendo un poco más desató mis manos que tenia amarradas, tenia enrojecidas las muñecas de los cientos de veces que intente liberarme, para intentar hacer que él disminuyera el ritmo tan enloquecedor que llevaba; luego se quito de encima de mí. Lo único que pude hacer en ese momento fue abrazarme a mi misma, me sentía tan sucia, tan impura, tan usada…
Él se volvió a mirarme con una sonrisa llena de satisfacción:
-Kagome, será mejor que te vallas las demás sirvientas llegarán en aproximadamente medía hora.
-¿Por qué te molestaría que ellas se enteraran de lo perverso y ruin que puedes llegar a ser?-Le conteste con rencor-
-Kagome, solo te diré unas cuántas cosas:
1-Ni una sola palabra de lo que pasó está noche.
2-No pienses que está será la última vez que estemos así, y por último…
3- Que ni se te ocurra renunciar.
Esas 3 cosas que él me dijo, o más bien me ordeno me noquearon, era obvio que no le convenía que eso se supiera, pero volver a soportar su asqueroso cuerpo dentro de el mío… Acostarme con él ya había sido bastante malo, aún así pensaba que podría vivir con esa vergüenza. Pero someterme a él una y otra vez… Convertirme prácticamente en su amante ¿Cómo podría vivir así? El sólo pensarlo me provocaba asco y nauseas… Y por último me bloqueaba mi única salida, para escapar de él: El poder renunciar; estaba molesta, no aún más que eso, no pude evitarlo y le conteste furiosa.
-¿Y qué tal si no cumplo con lo que me pides?-Volteo a verme aún sonriente-
-Bueno… Supongo que no querrás que mis padres, las demás sirvientas, la señora Kaede… Y sobre todo Kikyo y…-No podía haber nadie que se enterará de ello, peor que Kikyo-Sesshomaru-Eso me asustó, ¿Cómo sabía él, de lo que sentía por Sesshomaru?, pero cuando yo les dijera que él fue quien me forzó, seguramente me comprenderían-Bueno se enteraran de que el día en que mis padres no estaban y les dí el día libre a todos los empleados, tú regresaste…-¿De qué estaba hablando?- Te metiste a mi cuarto, te desnudaste ante mí, y me rogaste que te hiciera mía… Y que yo al negarme, me amenazaste con decirle a mi "amada y querida" novia Kikyo-Pude notar el sarcasmo al decir esos adjetivos, ¿Seria que él no sentía nada por Kikyo?-Que yo te acosaba, y de esa manera tuve que acceder…
-¡Pero esto no pasó así!-Protesté-
Él me miró con burla y luego me contestó:
-Sé sincera Kagome, ¿A quién crees que le creerían si tuvieran que elegir entre tú y yo? A mí que me conocen de toda la vida y saben que siempre he tenido una cordura intachable… O a ti, una chica a la que acaban de conocer.
Lloré de impotencia nuevamente, era obvio que si tuvieran que elegir le creerían a él, lo que me dejaba totalmente a su merced, tendría que quedarme callada de la porquería que él me había hecho está noche, tendría que soportar sus ataques hasta qué él se cansará de mí, y no podría renunciar…
-Kagome, te repito que te vallas-Ahora su rostro y su voz sonaban cómo siempre, cómo si entre nosotros no hubiera pasado nada, me levante fui a hacía dónde él estaba y levante la mano para darle una buena bofetada, pero él me sujeto nuevamente de las muñecas y acercándome a su cuerpo me besó apasionadamente introduciendo su lengua en mi boca, antes de que pudiera darme cuenta el chico estaba acorralándome contra la pared y haciéndome sentir entre las piernas la dureza de su erección, poco después obligándome a abrirlas, -Para que él se sintiera más a gusto-empezó a embestirme levemente mientras suaves gemidos salían de su boca, cuándo terminó de besarme, aún sin dejar de embestirme me preguntó:
-¿Quieres… Que… Mmmm… continmmm… mmnuemos? -Asustada moví la cabeza, negando a su propuesta- Entonces… Temmmm… Sugiero que… Mmmmm… Temmmm vallas-A pesar de haber terminado de hablar continuo haciéndome lo mismo durante algún tiempo, mientras yo sólo sentía cómo él se empujaba una y otra vez contra mi feminidad cada vez de manera más fuerte, salvaje y ruda que la anterior, sin poder hacer nada para evitarlo, mis ojos se cubrieron nuevamente de lágrimas cristalinas, el tiempo se me hizo eterno mientras él me tenia así, finalmente se alejo de mi, pero antes de soltarme me dio una fuerte embestida que me hizo abrir los ojos del dolor-
En cuánto el chico me soltó, tomé una toalla que él me ofrecía-Mis ropas habían sido desgarradas-y corriendo salí llorando de la habitación, mientras me iba recordé de nuevo el rostro de Inuyasha, sus gemidos, sus gritos, sus caricias, sus besos, su insaciable y ardorosa pasión, el contacto con su piel…
Las lágrimas seguían brotando de forma amarga, e inevitablemente no pude más que sentir rencor hacía él por la forma tan cruel en la que me había tratado, al llegar a mi habitación, solté la toalla y me metí al baño, necesitaba quitarme la asquerosa sensación de sus manos sobre mi piel, sus besos sobre todo mi cuerpo, la sensación que el tenerlo dentro de mí dejó aún me dolía, mi intimidad me dolía de una forma que jamás pensé que podría existir, está incomodidad entre las piernas, las marcas y chupetones por todo mi cuerpo, no desaparecían por más Jabón que les pusiera y más fuerte que las tallara, el agua caía sobre mí, y entre el agua podían escucharse claramente mis sollozos, sólo eso podía hacer… Llorar, porque no podía hablar sobre eso, no podía rechazarlo y no podía huir.
Aparte el agua de mi rostro recordando cómo él me tocaba, ahora me causaba asco, ese maldito había abusado de mí, me había violado sin piedad por toda la noche, y estaba segura, debido al momento en el que me besó y pude sentirlo, antes de salir de aquella habitación, que si no fuera por que las sirvientas vendrían, aún me tendría en esa cama haciendo conmigo todo lo que deseaba…
Estaba completamente inconsolable…
Fui violada mi primera vez… No lo hice con alguien que me gustará… No fue hermoso…
Inuyasha; jamás lo perdonaría por lo que me había hecho.
Contado por Inuyasha:
Esa noche me desperté otra vez cómo de costumbre, después de un corto e inquieto sueño con el inolvidable rostro de Kagome y me encontré nuevamente acorralado con la marea de mi pasión. Comprendía que ella me gustaba, la deseaba de una manera desesperada, loca, pecadora e irremediable, pero ella quería a mi primo y eso me partía el corazón…
Me senté en la cama de mi habitación meditando, Kagome; esas malditas palabras que había leído en su diario me atormentaban, "Pienso que cada vez amo más a Sesshomaru, espero el día en que llegué el momento de poder ser finalmente suya en cuerpo y alma", ser suya en cuerpo y alma, sólo sobre mí maldito cadáver, pero a pesar de ese dolor que tenia en el pecho, había uno mucho mayor en mi entrepierna, uno que me sofocaba.
-Kagome, niña estúpida, mira lo que has hecho-Dije mirando mi hinchado miembro-
Suspire pesadamente, lo que más deseaba por sobre todas las cosas era el dejar de sentir esto por ella, esta pasión obsesiva y enfermiza que me hacia desear quererla sólo para mi y morir de los celos al saber que ella amaba a otro, una pasión totalmente absurda puesto que ella era apenas una niña, quería dejar de sentir esto de lo que ella no tenia la culpa.
Miré el reloj, apenas eran poco más de las 2.00 de la mañana, todavía tenía una larga noche por delante…
Trate de dormirme en vano durante varias horas, toda esta situación me tenia harto. Me toqué la cabeza con pesar, de verdad que ésta me dolía a morir, ya que no me pude dormir, había pasado la noche entera en pensar en cómo iba a deshacerme de todos los demás criados, que ahora sólo me causaban molestia, pero lo que de verdad ocupaba toda mi atención era todas las cosas que iba a hacerle a esa pequeña sirvienta que me volvía completamente loco cuándo al fin estuviéramos solos.
Era viernes por la mañana decidí salir de mi habitación para no toparme con Kagome, y poder cumplir con el plan que tenía, todas las sirvientas estaban demasiado ocupadas pues la señora Kaede les había ordenado trabajar de más para que en el viaje de mi madre todo saliera perfecto, mi madre salió de la casa a las 4.00 de la tarde, unos minutos después Kagome termino de limpiar mi habitación, me topé con ella y le pedí que arreglará el estudio de nuevo y que por favor esta vez si quedará limpio, ya que la última vez había quedado en pésimas condiciones-Naturalmente era mentira, pero eso era parte de mi plan-
Durante el tiempo que Kagome estaba en el estudio, me encargue de llamar a toda la servidumbre, excepto la señora Kaede, y les dí el día libre, ellos preguntaron la razón, les dije que no los necesitaba, y que ya le había dado el día libre a Kagome, y por eso no la veían, su sentido de "justicia y equidad" les hizo pensar que eso era lo correcto y aceptar de inmediato, poco después apareció la señora Kaede llamando a una de las muchachas Yui, y al chico encargado de vigilar que todas cumplieran con sus deberes, más o menos un tipo de mayordomo, al ver que no estaban, me preguntó, por ellos y yo le respondí que les había dado el día libre a ellos y a toda la demás servidumbre, entonces me pregunto el por qué, le dije, que ahora que mis padres no estaban en casa, deseaba un poco de privacidad, y además tenía que practicar, le recomendé que se fuera también, ella dudo un momento y preguntó en seguida por Kagome, le respondí que ella había sido la primera en irse, y por eso no la veía, le comenté que al no estar las demás para que se quedaba, ella lo medito un momento y luego acepto mi propoción, pero me prohibió, hacer alguna fiesta, o algo parecido, y me previno que si encontraba, la casa en malas condiciones lo lamentaría, le sonreí, y le asegure que no sería así. ¡Perfecto!-Pensé- ahora lo único que me quedaba era encargarme de Kagome, haría a esa pequeña niña tocar el cielo con las manos…
Pude ver el momento en el cuál ella salio de el estudio y fue a la cocina, a la sala, y a cada rincón de la casa, sin encontrar a nadie, en ningún momento se percató de que yo la seguía. Mientras ella caminaba mi mirada se detuvo en su cuerpo tan sólo cubierto por aquella ridícula prenda que conformaba su uniforme, no pude evitar preguntarme cómo se vería ese pequeño cuerpo debajo de aquél vestidito, que era tan pequeño que bien me permitía contemplar más de lo que debería, aunque no tanto cómo yo lo deseaba… Sabía que no había sido decisión de Kagome que su uniforme fuera así, pero verla usando aquella prenda, estaba inevitablemente provocándome… Llamándome…
Mis ojos se cerraron mientras me imaginaba recorriendo aquél hermoso cuerpo con mis manos… ¡Sentía que la cabeza iba a terminar explotándome! O al menos terminaría volviéndome loco en cualquier momento…
Había soñando tantas veces con hacerla mía… Y sabía que también lo había estado evitando, había tratado de contener mis deseos… ¡Pero ya no podía más! Tenía, sentía un infernal deseo de poseerla… Y estaba decidido a hacerlo.
Realmente a pesar de todo tenia que aceptar me dolía que fuera así, no podía dejar de ver en mi mente esos inocentes y cálidos ojos, y esa dulce sonrisa, no quería lastimar a un ser tan puro cómo ella, pero no tenía otra opción…
Observe la expresión de duda en el bello rostro de Kagome, y decidí que ya era hora de aclararle las cosas, por eso y por que la pasión que ella había despertado en mí me quemaba hasta lo más profundo del alma, y dolía, dolía mucho…
-No te esfuerces Kagome, no hay nadie-Le dije intentando aparentar paciencia, pero la verdad me moría por tenerla en ese instante-
Ella se volteo para verme y me miró desconcertada.
-¿No hay nadie?
-No lo has confirmado ya tú misma-Le respondí-
Supongo que su sentido de supervivencia le indico que algo estaba mal, por que se puso a decirme los nombres de varías chicas, intentando saber si se encontraban ahí.
-Ukyo… Akari… Sakura… Yura… Ayuna.. Azune..-Moví la cabeza levemente negando cada una de sus opciones, y entonces- Kaede
Baje la cabeza, y recordé las dificultades que tuve para convencerla, pero que al final lo logré. Entonces le respondí:
-Fue a ella a al que me dio más trabajo convencer, no sabes el esfuerzo que me causo, pero al final cuándo le dije que le había dado el día libre a todas, incluida tú, y no tendría a nadie a quien ordenarle hacer los trabajos decidió irse
Ella me miró de pronto con temor en los ojos, ¿Así que empezaba a hacer conclusiones en su mente?
-¿Le diste el día libre a todas y todos los empleados?
-Si-Le respondí con simpleza, deseaba terminar con todo esto lo más pronto posible-
-¿Por qué le dijiste a la señora Kaede que me habías dado el día libre, y cómo fue que ella te lo creyó?, ¿Por qué lo hiciste?
Sonreí, y luego le respondí
-En realidad Kagome, si no le hubiera dicho eso, no hubiera podido deshacerme de ella-Pude ver su cara de preocupación-Respectó a cómo lo creyó, ¿No te preguntaste la razón de el por qué te mande limpiar el estudio de esa forma, demasiado estricta? La razón fue esa, al no verte durante tanto tiempo, la señora pensó que lo que le decía era verdad-
Me callé de pronto, y la vi, ya no lo soportaba más, necesitaba hacerla mía en ese mismo instante o desfallecería, quería, cómo anhelaba hacerla mía de una forma tan profunda que pudiera tallarle en el cuerpo y en el alma la pasión que sentía por ella. Levante la mirada mientras sonreía y por primera vez le deje ver en mis ojos ese deseo que me consumía por dentro, y cuándo lo hice pude ver el miedo en los ojos de Kagome.
-Bueno respectó a la razón digamos que tengo otros planes para ti, por esta noche-Mi sonrisa se volvió más grande-
La observe correr hacía el final del pasillo asustada, pero era demasiado tarde, no escaparía de mí, no me rechazaría más, cómo lo hizo las 2 primeras veces cuándo intente y cuándo logré besarla, recordarlo me dolía todavía. Sonreí, al ver a dónde la había llevado su frenética carrera: Mi habitación. Ella misma se había metido en la boca del lobo. Kagome realmente ¡Que niña tan tonta! De todos los lugares a dónde podría haber ido, había elegido precisamente mi habitación y eso me facilitaba mucho más las cosas…
Camine en silencio hasta llegar a la puerta y luego entré sonriendo, pude ver que Kagome buscaba algún lugar dónde pudiera refugiarse de mí, aproveche ese momento, para cerrar la puerta con llave, ella no escaparía…
Al ver que no había dónde huir, volteó a verme, a pesar de que trate no pude evitar sentirme triste por eso ¿Realmente deseabas huir de mis brazos Kagome?, al darme cuenta de la verdad de mis palabras la furia y la tristeza me dómino, camine hacía ella y la tomé de las muñecas, al hacerlo ella me gritó:
-¡Suéltame Inuyasha, y déjame salir!
Ella me odiaba, no pude evitar sentirme dolido por ello.
-Kagome, por favor tranquilízate-Trate de calmarla pero en ese instante ella me miró con enojo, todo dolor que hubiera dentro de mí desapareció, sólo quedo la furia-
-Suéltame-Ella intentó soltarse del agarre, que yo tenia en sus muñecas- aléjate .
-¿Hasta cuándo vas a rechazarme?-Recordé el incidente con el beso-Me torturas todos los días… Kagome… Lo que haces es cruel… Me provocas y debo conformarme con baños de agua fría… Para apaciguar este ardor… Que tú misma causas… Por tú culpa me siento atrapado en las llamas del infierno-Está niñita aprendería que no era nada bueno provocarme a tal extremo-
-¡Inuyasha no, no puedes estar hablando en serio!-Ella me miró con pavor-
-Créeme que si estoy hablando en serio-Le respondí siempre sonriendo-
De pronto pude sentir en el aire una cálida fragancia: El dulce aroma de Kagome, no pude resistirme y con una de mis manos tome uno de los mechones de cabello de Kagome llevándolo hasta mi nariz y oliéndolo. Ese aroma… Ese irresistible aroma… Me provocaba tanto el de deseo de… Sin resistirme por más tiempo acerque mi rostro al de la pequeña muchacha, pero antes de que pudiera besarla sentí un intenso dolor que me hizo soltarla y caer al suelo ahogándome en aquel repentino sufrimiento
Levante lentamente y sutilmente la sólo para encontrarme con la imagen de Kagome intentando salir ella haló de la perilla tantas veces cómo pudo, pero yo sabía que eso era totalmente en vano. A pesar de todo no podía dejar de sentirme enojado por su reciente desprecio. Me levante lentamente al tiempo que la jovencita volvía a mirarme, camine hacia ella mirándola con rencor. Sólo podía pensar en algo y eso era que ella no me quería ¡Ella no me quería!
Aventé a Kagome sobre la cama, y empecé a desvestirme, por el ardor que sentía la piel me quemaba.
-Eres una pequeña b…-Le grite, sin embargo trate de tranquilizarme, me calle y suspire profundamente, Kagome no se merecía que yo la tratara así. Demasiado ya tenia con lo que planeaba hacerle-
Volví mi mirada hacia ella que me miraba con miedo, ya sabía lo que yo quería hacer.
-¿Qué es lo que quieres?-Me preguntó con aquella voz de niña ahora envuelta con temor
¿De verdad que ella me preguntaba eso?, ¿Era tan inocente cómo para no saber que era lo que me proponía? Le sonreí, y luego de acercarme lo suficiente, me coloque encima de ella, tenia su cuerpo apretado contra el mío y eso me volvía loco, no podía creerlo estaba a punto de cumplir mi más grande fantasía, mi más anhelado deseo….
Kagome, me era imposible creer que de verdad podía tenerte así, pronto pude percatarme de que sin darse cuenta la muchachita temblaba cómo una hoja, la pequeña sirvienta estaba atrapada, al tenerla tan cerca pude percibir el olor de su fragancia, ella me tenía completamente impregnado de su dulce aroma, lo que hizo que mi miembro, se pusiera aún más duro, ¡Maldita sea!, me acerqué aún más a ella, y pude sentir la tibieza de su piel, entonces le susurre al oído:
-¿Qué que es lo que deseo? Eso es simple… Quiero que seas mía-Tenia que aceptar que durante todo este tiempo había tratado de oprimir mi deseo, ¡Pero no podía! ¡Ya no podía esperar más! La deseaba demasiado…
No pude resistirme y dejándome llevar por la pasión que ella me provocaba, la besé, ¡Cómo había deseado besarla durante tanto tiempo! Me sentía perdido en el sabor de sus labios ¡Cómo deseaba en esos momentos detener el tiempo y tenerla por siempre así! Pero sabía que Kagome no lo disfrutaba en lo absoluto y eso me hacia sentir culpable. Podía sentir su aliento mezclarse enteramente con el mío mientras movía mis labios sobre los de ella, yo era el único que participaba en dicha caricia ya que Kagome no ceso en ningún instante de resistirse a mi. Busque su lengua dentro de su boca, escuchando a la pequeña chica jadear en el momento en el que lo hice. Trataba de desahogarme en sus labios, saboreando de la sensación de que era el poder sentir cómo temblaban inevitablemente mientras los aplastaba con los míos. Se sentía tan bien el disfrutar de los temblorosos labios de Kagome. Podía escuchar a la muchachita sollozando y forcejeando tratando de quitarme de encima de su pequeño cuerpo, pero era imposible, era demasiado fuerte comparado con ella. Sentí tanta lastima de mi mismo al darme cuenta de lo que hacia, tener que forzarla a algo tan cruel sólo por que ella no sentía lo mismo que yo…
Empecé a acariciar su cuerpo lentamente. Kagome… Era inevitable, el sólo tenerla cerca hacía que mi sangre hirviera en el deseo de tenerla entre mis brazos, y poder besarla, abrazarla… Y es que tan sólo su dulce aroma me hacia perder el control…. ¡Estúpido maldito aroma al que era adicto tal y cómo si se tratara de una droga!
Mis labios no se apartaban de los suyos, estaba cómo loco, poseído por el deseo de poder hacerla mía, de devorarla completa… Mis manos buscaban el poder controlar esta viva pasión acariciando cada parte de su suave y blanca piel, cada parte de su hermoso cuerpo que estuviera a mi alcance, mientras pensaba en lo que estaba por venir… ¡No sabía que hacer, tanta pasión estaba matándome!
Suspire. Kagome ¿Cuantas veces no había soñado con poder tenerte así? Sentir que te rendías ante mis caricias y me pedía que te hiciera mía, porque me deseaba de la misma forma anhelante y desesperada en la que yo te deseaba a ti…
Suspire pesadamente realmente no quería lastimarla, pero ¡Maldición estaba tan excitado! Y si y no lo hacia ¿Quien garantizaba que Kagome no se entregaría a Sesshomaru poco después? El sólo pensarlo me hacia hervir de los celos, ¡La quería y la quería sólo para mi! Y demonios ¡Cuánto me costo aceptarlo! ¿Yo interesado en una niñita tonta? Continúe acariciándola ¡Esa maldita ropa me irritaba, tenía que quitársela!, Sentí cómo ella se erizaba entre mis brazos.
Pero ¡Por Dios! Me encantaban poder sentir ese pequeño, frágil y delicado cuerpo aprisionado debajo de el mío, deseaba tanto poder acabar con esta hambre de tenerla, de esta necesidad de poseerla, a ella sólo a ella, deseaba saciarme con su pequeño cuerpo hasta el cansancio… Poseerla hasta que se me escapara el último aliento de el alma, hasta que ya no quedara en mi cuerpo más energía que pudiera gastar…
Kagome estaba demasiado asustada, lo sabía, pero no podía dejarla irse, no ahora que finalmente podría tenerla de la manera en la cuál siempre la desee…
-Inuyasha, por favor basta, detente-Ella me suplicó, ¡Pero yo no quería detenerme!-
-Kagome, no tienes una idea de lo mucho que he estado deseando esto. No debiste provocarme tanto pequeña-Trate de calmar un poco la excitación que tenia, pero era imposible y mucho más teniéndola a ella tan cerca, sonreí hoy acabaría con esta horrorosa agonía, por que Kagome esta noche ¡Finalmente sería mía!
Entonces me dediqué a besar su cuello tal y cómo había estado deseando, su sabor tan dulce me tenía hipnotizado, me detuve, ¡Esa maldita ropa me estorbaba!, entonces sin mirar a Kagome, rompí la ropa que le cubría de la cintura para arriba.
-No… Espera… Qu… ¿Qué hac…?-Le escuché protestar, pero aún así, termine de desgarrar su ropa., y después hice lo mismo con el pequeño sujetador que portaba, apartando de su piel cualquier pedazo de tela, dejándola desnuda de la parte del dorso, estaba fascinado con su tersa y blanca piel, me provocaba el deseo de lamerla… Y había decidido no sucumbir a ningún deseo que sintiera de ella, me disponía a hacerlo pero entonces pensé que había algo que me importaba más en este momento…
Con mis rodillas trate de abrirme paso a través de las hermosas y perfectas piernas de Kagome, sin embargo casi inmediatamente la chica se dio cuenta y empezó a hacer hasta lo imposible por evitarlo, me causaba tanta gracia sobre todo cuando contemplaba el sonrosado rostro de la muchachita con aquél gesto extraña mezcla entre el miedo y la preocupación; y si bien fue divertido, no podía permanecer toda la noche de esta manera, así que dejando atrás el juego le abrí definitivamente las piernas a Kagome en ese momento no pude evitar reír con malicia, Kagome, pronto, muy pronto serias mía, total y únicamente mía… Luego sin tomar en cuenta a la muchacha me coloque entre sus piernas abiertas, tal y cómo si lo hubiera hecho para mí.
-Tú me pusiste así, ahora remédialo mi vida-Le dije con sorna-
Me acomode mejor entre sus piernas y entonces ¡Que sensación tan maravillosa!, es cierto que mi miembro se puso más duro, pero diferencia de otras veces, la tibieza del sexo de Kagome contra el mío era increíblemente placentero, ¿Si así se sentía, sólo el estar sobre ella, cómo se sentiría estar en su interior?
No pude evitarlo y restregué mi miembro con fuerza contra el sexo de Kagome, ¡Se sentía tan bien!, lo volví a hacer otra vez, ella empezaba a humedecerse, ¡Y ni cuenta se había dado! ¡Mmmmmmmmmmmmmmmmm! Se sentía tan suave y húmedo, lo seguí haciendo…
-¡No detente! ¡No me hagas eso! ¡No ahí!-Me enfureció que ella me rechazará de nuevo, y otra vez me restregué contra su sexo, esta vez con más fuerza que las veces anteriores-¡Ahhh! Detente, por favor detente,-¡Ella, había dejado ir un gemido!, Pero aún así me pedía que me detuviera…
Empecé a acariciar sus pechos ahora desnudos, solamente para mí, no pude evitar fijar mi mirada en uno de aquellos botoncitos rosados que adornaban el centro de los mismos, ¡Ella me había lastimado y ahora debía pagar por eso!, coloqué uno de mis dedos sobre uno de sus pezones y lo aplasté, sabía que eso le dolía, pero para mí era todo lo contrario, sentí un gran placer.
-¡No, no los toques así!-Me grito ella, decidí cumplir sus petición, y rodee sus pequeños-Pero aún así más un poco más grandes que mis manos-y suaves pechos con mis manos, y los aplasté,¡Qué placer! Escuché a Kagome, llorar por el dolor, era suficiente. Sin alejarme de ella, pronuncie:
-El color y la textura perfectos, veamos cómo es su sabor-Ella debió suponer lo que deseaba hacer, por que me miró horrizada, actuaba cómo una niña, ¡Ella era una niña!, lo sabía, pero por más que mi conciencia me decía que me detuviera, mi cuerpo pedía otra cosa; y más que nada la deseaba, ¡La deseaba a morir! Jamás en toda mi vida me había sentido tan ansioso, tan necesitado, tan estúpidamente loco cómo me sentía ahora.
Y es que cada vez que sentía su pequeño cuerpo debajo de mi, no podía evitar pensar en lo deliciosamente placentero que seria el poder hundirme hasta el fondo en su delicada y tierna piel… Porque la deseaba a ella, sólo a ella, sabía que no era correcto pero ella era la única que podría liberarme de esta desequilibrada y ardorosa pasión…
Me acerque para lamer ese pequeño botoncito rozado, pero entonces; ella lo cubrió con sus manos, no permitiría que nadie, ni siquiera Kagome, interrumpiera este momento, tome esa pequeña cinta blanca que adornaba graciosamente su cintura, y tomando sus manos, me medio senté en la cama, sin salir de sus piernas, ¡No abandonaría ese lugar por nada del mundo! Las até a los bordes de la cama, dejándola indefensa.
-Tranquila sólo quiero ver si el resto de ti sabe igualmente delicioso-Trate de calmarla, mientras me acercaba a sus pechos-
Sin embargo cuándo termine de hablar me di cuenta de que ella intentaba salir de debajo de mí, y en un intento desesperado, cerró las piernas tratando de expulsarme de ellas, pero lo único que logró fue acercar mi miembro aún más a su centro de calor-Adoraba esa ingenuidad en Kagome, pensar que al hacer eso me alejaría de ella, sin saber que tendría el efecto contrarío-Sentí la humedad y la carne de Kagome en ese lugar, contra mi dura excitación, y me sentí sofocado por el placer… ¡Simplemente delicioso!
Aproveche ese momento, para jugarle una pequeña broma, deseba prolongar este momento un poco más. Reí con perversidad y le susurre con malicia en el oído:
-Te mueres por ser mía ¿No es verdad?-En seguida ella me contradeció-
-¡Por supuesto que no!, estás loco, tú contacto me enferma y te detesto con toda mi alma-
Eso me dolió en el alma, estaba seguro, que si fuera Sesshomaru, ella no actuaría así, y es por eso que me encargaría hasta el último momento de recordarle que era yo y no él quien le hacía el amor…-
-Pues tal vez me odies niña estúpida, pero estoy seguro que tú cuerpo adorará todo lo que pienso hacerle.
Enseguida empecé a embestir contra ella, la sensación era exquisita, Kagome, era tan deliciosamente dulce…
Sin embargo esa maldita falda de sirvienta de nuevo se oponía, pero me sentía tan bien golpeando contra ella que no me detuve, ¡Estaba embistiéndola!, ¡Qué delicia!, al parecer a Kagome le molestaba, pues sentí su cuerpo ponerse rígido debajo de mí, eso me irrito un poco, y sólo para hacerla sentir peor, para que supiera cómo me sentía yo, embestí con más fuerza contra ella… ¡Se sentía tan bien!…
Entonces logré lo que quería, ella empezó a humedecerse más de lo que ya lo estaba, pude sentirlo, ¡Sus bragas estaban húmedas!, no pude evitar reírme ella me odiaba, pero su cuerpo me respondía…
-¿Qué sucede Kagome? Creí que tú no querías que esto pasara y sin embargo ahora estás tan húmeda ¿Te gustan que te traten cómo en verdad te lo mereces? ¿No es cierto?-Le dije con burla y rencor en la voz, sabía que no tenia ningún derecho a hablarle así, no tenía por que ofenderla ¡Pero es que no soportaba su rechazo! Sólo quería liberar todo este resentimiento que sentía -
-No… De… Déjame…-La escuche decir-
-No quieres que te deje Kagome… -Trataba de convencerme de ello, pero sabía que ella aborrecía todo lo que le estaba haciendo-Y si quieres, lo dejaras de querer. Ya lo verás preciosa ¿Porqué no te portas esta noche cómo la zorrita que eres y me dejas disfrutar de ti?-Le dije de último recordando aquellos modales tan infantiles, si ella no hubiera actuado así no estaría en esta situación. Parecía cómo si ella hubiera intentando provocarme a propósito, sabía que eso era imposible, pero una parte de mi se empeñaba en creerlo-
-No… Aléjate… No me gusta que me toques…
-Claro que si…-Dije yo, sabía que ella decía la verdad y eso me dolía, pero no le dejaría ver lo mucho que me dolía su desprecio-
-¡Por supuesto que no!
-Pues que mala suerte hermosa… Porque esta noche me perteneces…-Le dije y ella me miro con un creciente rencor en la mirada, nunca había visto tanto dolor y odio en la mirada de Kagome. Pero trate de que eso no afectara la fingida voz que estaba usando-No te resistas Kagome o será mucho peor. Vas a ser mía por las buenas o las malas.
Quería humedecerla aún más, y sabía cómo hacerlo, sin embargo quería hacer esto con lentitud para poder disfrutarlo mucho más, así que me acerqué a su rostro besándolo, empezando a bajar lentamente hasta llegar a sus pechos deseando con ansias continuar lo que iba a hacer antes de que ella me interrumpiera, mis labios rodearon su pezón, dándole suaves caricias, entonces la escuche decir:
-Espera no lo hagas… Inuyasha no…
Sin embargo la ignore y lo probé, su sabor me encantó, era tan dulce, tan suave y sensible, y la entrepierna de la pequeña Kagome, ahora se sentía más cálida, me sentía morir ante tanta perfección, lo besé, lo lamí, lo mordí, lo succione ¡Kagome, me brindaba tanto placer!, Y eso que aún no habíamos empezado…
-¡Mmmmmm!… Kagome te deseo más que a nada… Te he deseado por tanto tiempo…-Le confesé guiado por el placer, sin dejar de jugar con sus rosados pezones-
-¡Ahhh! ¡Inuyasha basta! ¡Detente!
-Mmmm... Sabes tan bien Kagome… Hmmm…-Le dije mientras disfrutaba del dulce sabor que ella poseía-
-Por favor… ¡Para!-La escuche suplicar y trate de ignorar el dolor que nacía en mi pecho por su rechazo. Ella no me quería, ¡Pero yo a ella si! Y es por eso que esta noche Kagome seria mía, yo disfrutaría de su cuerpo, seria mía y ella no me lo iba a negar-
Entonces lo sentí, ella se humedeció tanto que su humedad mojó mi pantalón, ¡Haciéndome desfallecer de placer!
-Inuyasha, detente por lo que más quieras, ya no lo soporto más-Ella me suplicó, y empezó a lloriquear, ¿Lo que más quisiera?, esa niña no entendía nada, entonces le conteste:
-Lo que más quiero es a ti, ¿No lo comprendes? Te deseo a morir. Daría mi vida por una hora haciendo el amor contigo, y mi alma por una noche-Después de hacerle entender aquello continúe besando sus pechos-
-¿Por qué lo haces? No me toques así, por favor-Ella me rogó-
-¡Cállate!-Le grité, odiaba, que ella me pidiera que me detuviera, por que eso me recordaba, que Kagome, no sentía lo mismo que yo-Tú eres la que me provoca. ¿No te das cuenta?, Me vuelves loco niñita tonta.
Desgarré su faldita, y todo pedazo de tela que le cubriera, hasta llegar a sus pequeñas bragas, jalé de ellas y las rompí, dejándola totalmente desnuda debajo de mí, su piel indefensa, sólo para mí…
Empecé a acariciarla, y me detuve un momento para mirarla ahí estaba, Kagome, desnuda ante mí, era tan esplendida, había soñado tantas veces con tenerla así, me encontraba completamente sorprendido por el cuerpo de Kagome, ella era una niña, se veía tan tierna, tímida e inocente, pero su cuerpo era el de toda una mujer. Ese pequeño cuerpecito debajo de mi me encantaba ¡Y maldición! Mi miembro se puso más duro. Aún me era difícil creer que pronto Kagome seria mía, completa y únicamente mía…
-¡Por Dios! ¡Que hermosa eres!…-Musite sin darme cuenta de ello, hasta que lo hube hecho, sin embargo no me arrepentí de nada, realmente ella me parecía preciosa, ahora más que nunca-
La deseaba tanto. Pero ella se veía tan dócil y tierna, era tan suave y cálida, ¿Quién era yo para arrancar aquella inigualable pureza que Kagome poseía? Sabía que Kagome era pura inocencia, pero era eso lo que tanto me perturbaba. Por un momento casi me arrepentí de seguir, tal vez no debería hacerle esto, después de todo ella no se lo merecía, pero ella era tan… Kagome, jamás pensé que existiera alguien que podría llegar a causarme algo cómo esto, ansiaba sentir el calor de su pequeño cuerpo contra el mío, necesitaba de ella, esa pequeña niña había despertado en mi un deseo irrefrenable, algo que nunca antes había sentido. Casi deseaba que ella fuera sólo de mi propiedad. No sabía que era exactamente lo que sentía por ella, sólo que me gustaba, me atraía de una forma que creía completamente irracional, ¡No tenía sentido! Pero ella me volvía malditamente loco…
Entonces subí mi cuerpo sobre el de ella, que inevitablemente temblaba, al ver su blanquecina piel no pude contenerme y empecé a lamerla primero en la oreja la cuál mordí, Kagome era increíblemente dulce, continúe lamiéndola haciéndolo en un tenue descenso, bajando por su suave rostro y sus sonrosadas mejillas, por un momento pude sentir en mi boca no sólo el sabor de su piel, sino también el de sus lágrimas, ella estaba llorando no pude evitar sentirme culpable por eso… Continúe saboreando de su dulce sabor, pase por el cuello, los hombros, sus pechos… Ummmm, ¡Ella era tan deliciosamente exquisita! Disfrute de ese pequeño lugar por un momento más, siendo tan perfectos merecerían un poco más de atención, mi lengua se paseo ansiosa por cada rincón de sus senos hasta llegar a sus pezones, mientras escuchaba a Kagome pedir desesperadamente que me detuviera, me dolía tanto lastimarla, pero no podía y no quería detenerme, después de que hube disfrutado de sus senos tanto cómo lo desee continúe bajando hasta llegar a su vientre, mientras yo hacia esto no pude resistirme y una de mis manos empezó a acariciar sus perfectas piernas, suaves, la piel de Kagome era tan suave, tierna y delicada. Intentaba no recordar que se trataba tan sólo de una pequeña niña pero era imposible, y a cada caricia que le hacia la culpa dentro de mi aumentaba y aún sabiendo que cuándo esto terminara me odiaría por el resto de mi vida, no pensaba ni de broma en detenerme. La mano que acariciaba sus piernas subió hasta llegar a la entrepierna de la pequeña Kagome, ella estaba tan húmeda, era increíble pensar que de verdad hacia todo esto por la fuerza por la manera en la que su cuerpo me respondía, aunque también si contábamos que para mi siempre fue demasiado fácil manipular a las personas para que hicieran lo que deseaba, esto no era verdaderamente algo de que sorprenderse…
No pude resistirme y mis dedos empezaron a acariciar a Kagome en su diminuta feminidad, sentía cómo ella se retorcía debajo de mi, a Kagome verdaderamente no le gustaba, pero se sentía realmente tan delicioso hacerlo… La escuche llorar con fuerza mientras yo seguía acariciándola, ella no me quería, estaba más que seguro de eso, pero al menos sabía que no podría escapar de mi…
Me encantaba ahora más que nunca, sentir como ella se negaba tanto a mis caricias, sabía que al final terminaría sometiéndola, pero por ahora, había descubierto que entre más se negara ella y tratara de apartarme o detenerme, mucho más la deseaba. Me estaba excitando a niveles que nunca antes había alcanzado…
Continúe lamiéndola disfrutando de su adictivo sabor mientras mis dedos acariciaban sin prisa el cálido sexo de Kagome, sin embargo toda esta situación me excitaba mucho más de lo que ya lo estaba así que me reincorpore, observando a la pequeña niña que yacía debajo de mi, la cuál me miraba aterrada, Kagome… Nunca desee dañarla de esta manera, pero era algo completamente inevitable…
Desvíe mi mirada hacia mis manos, y entonces observe que mis dedos estaban manchados con el brilloso liquido rosado que nacía de la hermosa sirvienta, me pregunté de improvisto ¿Cuál seria su sabor?, no pude resistirme y los acerque a mi boca degustando de el dulce sabor de el que estaban cubiertos. Cuándo hube terminado, estaba completamente seguro de lo que deseaba hacer…
De forma casi brusca y a la fuerza le abrí las piernas a Kagome mucho más de lo que ya lo estaban, después me acerque al caliente sexo de la hermosa jovencita, ella trato de cerrar las piernas pero yo se lo impedí, obligándola a tenerlas abiertas, la observe durante un instante, incluso ahí ella era perfecta.
-¡No, no veas ahí!-La escuche gritar de pronto-
Pude observar ese líquido brilloso en la parte rosa de el centro del sexo de Kagome, recordé el dulce sabor que había degustado momentos antes, no pude resistirme y me acerque a lamerlo…
-¡No, no lo hagas! Inuyasha, por piedad ¡No! ¡Ahí no! No…-Oí protestar a la muchachita-
Pero aún así no me detuve, a medida que yo lamía esa parte tan sensible de Kagome, ella se retorcía cada vez más.
-¡Inuyasha!-Gimió ella, en su voz pude distinguir el dolor, pero también el placer, sonreí para mí mismo; ¡La había hecho gemir de placer!-
Era delicioso, poder hacerle eso ¡Kagome era deliciosa! ¡Única y profundamente deliciosa!, quería saborear más a fondo ese exquisito sabor que emanaba de ella, y tratando de encontrar eso que deseaba, introduje mi lengua en su interior, ¡Era incluso más delicioso que antes! Y era aún mucho mejor por que se lo hacía a Kagome, Kagome, Kagome ¡KAGOME! ¡Esa pequeña niña despertaba todos mis sentidos!
-¡Inuyasha!, ¡Ahhh!-La escuché gemir de nuevo-
Poco después sus pequeñas piernas temblorosas trataban de apartarme de ella, pero ello sólo me provoco más e introduje mi lengua aún más profundo en el delicioso sexo de Kagome y seguí disfrutando del néctar prohibido de esa perfecta feminidad-
-No… ¡Inuyasha no!…-Volvió a pedir ella mientras seguía intentando apartarme de el lugar en el cuál estaba-
Continúe disfrutando del dulce sabor que brotaba de Kagome, lo único en lo que podía pensar era en lo malditamente delicioso que ella sabía, pero en ese instante observe las lágrimas que ella estaba derramando… Era demasiado.
Me levante y me sentí algo frustrado al tener que renunciar a ese dulce afrodisíaco que nacía de ella, entonces recordé que aún tenía un poco de ese líquido en mis labios y me los relamí, para luego lamer el líquido que tenía en los dedos ¡Delicioso! Cómo era de esperarse tratándose de ella, entonces le sonreí ¡Aaahhh! ¡Kagome me volvías loco!
Sin embargo sentía que mi cuerpo entero estaba ardiendo. Me senté sobre ella, siempre permaneciendo entre sus piernas, me desabroché el cinturón, me despoje del pantalón y demás ropa, hasta quedar completamente desnudo, entonces posé mi sexo desnudo e hirviente de deseo sobre el de ella, podía disfrutar del exquisito roce entre su sexo y el mío ¡La sensación era Fascínate! ¡Simplemente exquisita!, ¡Profundamente exquisita y maravillosa!, pude sentir su humedad ya sin nada de por medio, entonces en un impulso empuje mi virilidad contra el sexo de Kagome, ¡Era tan delicioso!, entonces mi miembro empezó a arderme, a dolerme con intensa necesidad, me picaba, el calor era insoportable y me abrumó, era demasiado para mi, había llegado a mi limite, sin embargo pronto, muy pronto terminaría con está tortura, podía sentir la humedad de la pequeña sirvienta, tener la humedad de Kagome bañando mi sexo era como tener lava hirviente alrededor de mi miembro…
-Kagome he querido hacer esto desde la primera vez que te vi… Había soñado tantas veces con tenerte así…
Me pocisione en la entrada de aquella pequeña cavidad de Kagome, sin embargo ella se sentía tan tensa, suspire pesadamente, la deseaba mía ahora, pero si Kagome estaba tan tensa sólo seria mucho más doloroso para ella. Trate de tranquilizarme no tenia nada que perder, ya tendría la noche entera para hacerla mía una y otra vez, para poder disfrutarla sin cesar, tenia toda la noche para hacérselo una, mil veces e incluso más que eso si así lo deseaba…
-Relájate, te va a gustar créeme-Le susurre al oído-
Y sin poder esperar más comencé a besarla y lamerla en las mejillas y el cuello mientras empezaba a presionar mi hinchado miembro contra esa pequeña, tersa y suave entrada, que a medida que fui presionando se fue abriendo, ¡Y apretó la punta que ya había entrado tan deliciosamente!¡Mmmmmmmmmmmmmmmmm! Kagome era tan exquisita y dulce. Me volvía loco, no soportaba más, ¡Era tan delicioso! ¡Mejor que todo lo que había soñado!, entonces salí de ella …
Para poder introducirme en Kagome de un solo golpe, la carne húmeda me rodeó y rompí aquella extraña barrera, para entrar completamente en ella… En ese instante las sabanas blancas de mi cama se tiñeron de rojo, escuché a Kagome soltar un gritó de dolor, y no pude más que sonreír, para mí… Virgen, ¡Ella era virgen!
-Kagome sentirme dentro de ti… Se siente maravilloso… Quiero adorar tu cuerpo antes de que esta noche termine-Le dije, lo único que quería era poder grabar cada parte de su cuerpo en mi memoria, poder disfrutar de ese cuerpo tan hermoso que nunca antes había sido tocado… Quería disfrutar de ella y nada me lo impediría, incluyendo a la hermosa muchachita que temblaba y se revolvía debajo de mi-
Entonces me centré en lo que mí cuerpo estaba sintiendo, me sentía acogido en el mismo paraíso, ¡Completamente en la gloria! era una sensación indescriptiblemente maravillosa y única, cuándo sentí las paredes de su interior, apretar deliciosamente contra mi miembro, comencé a moverme dentro de ella disfrutando la sensación, primero lento, me costaba creer que de verdad estaba de esta manera con ella, me presione en su interior haciéndole saber que yo estaba ahí, luego lo hice más duro, salí de ella y empecé a darle suaves embestidas, pero la calidez dentro de ella me volvió loco y la embestí con más fuerza y rapidez, sentí cómo su cuerpo me apretó con más fuerza, incitándome a ir hacía su interior más y más, el deseo que sentía por ella hizo que la embistiera más violentamente, yendo cada vez más rápido; me sentía entre el cielo y el infierno, cada vez que entraba y salía de ella, ¡Kagome era la misma gloria! Entonces un pensamiento resonó en mi cabeza: "Estoy haciéndole el amor a Kagome", "Estoy haciéndole el amor", me sentía tan bien, por que esto no era un sueño del que despertaría insatisfecho, esto era la realidad, tenía a la real y pequeña sirvienta, esa dulce e ingenua niña totalmente desnuda debajo de mí, con las piernas abiertas y acogiéndome en lo más profundo de su ser, ¡Estaba haciéndole el amor a esa pequeña sirvienta que me volvía loco!, estaba perdido en ese pensar, cuándo la escuche decir:
-No…¡No!.. No Inuyasha… Duele… Es dem… Ahhh… Demasiado-Obviamente refiriéndose a la sensación de tenerme acogido dentro de esa pequeña cavidad, que ella poseía, ¡Era demasiado grande para ella!, pero no le hice caso, sino que para callarla la besé, ¡Maldición! sus besos sabían tan bien… Kagome lo único que deseaba era que me correspondieras por esta noche, por favor no quería que tú me odiaras, deseaba que entendieras que no hacia esto para lastimarte sino ¡Porque realmente te necesitaba!
eso lo único que deseaba por esta noche…
Sólo quería hacerla sentir bien, que ella no sufriera tanto porque… Le haría el amor, una y otra vez hasta quedar saciado de ella, hasta acabar con está locura, hasta que este fuego que sentía se apagará, ¡Hasta que ya no tuviera sentido de la identidad y no fuera Kagome, sino mía, únicamente mía!
Me deje llevar por la pasión y cerré, los ojos al momento mi rostro se contrajo por el placer que sentía, ¡El placer que estar de dentro de Kagome me producía!
Sentía su pequeño y tibio cuerpo sudoroso temblando debajo de mi, ella realmente no deseaba esto, pero era tan débil al compararse conmigo que bien podía manejarla con tanta facilidad cómo si no opusiera resistencia alguna, cómo si en verdad se estuviera entregando a mi…
De vez en cuándo, abría los ojos y veía a Kagome llorando y con los ojos cerrados, seguramente tratando olvidarse de lo que le estaba haciendo, ¿Tanto me detestaba que trataba de olvidarse de mi, aún en estos momentos? Pero me lo había dicho a mi mismo, me encargaría de hacerle saber que yo estaba ahí, dentro de ella, y en esos momentos era cuándo la embestía más fuerte y profundamente.
¡Lo disfrutaba tanto! Hacerle el amor a esa ingenua sirvienta, era mejor de lo que había soñado, entonces, la escuché decir:
-Por… Por fav… ¡Ahhh!… Favor…¡Detente!
De nuevo aquellas estúpidas protestas, no le hice caso y permanecí sumergido en las sensaciones que su cuerpo envolviendo el mío, me producían.
-Kago…¡AHHH!..Mmmmee…¡Me vuelves loco!
-In… Inuyash…¡Aaahhh!
-¡KAG… KAGOMMMME!
Fue entonces cuándo finalmente me derrame en su interior…¡Pero maldita sea! Aún no me sentía satisfecho, pude sentir el cuerpo de Kagome relajarse, ¡Esa pequeña niñita creía que ya había acabado con ella!, levante la mirada y le hable:
-Kagome quiero que entiendas algo… Te deseba más que a nada… Y lo sigo haciendo… ¡Cada uno de tus malditos gestos me provoca!…
La historia se repitió no sé cuántas veces, me derramaba dentro de ella y volvía a tomarla…
Y sin embargo a pesar de todo el placer que me embargaba me sentía tan culpable, realmente ¡Nunca creí que la culpa se sintiera tan bien! Cada vez que entraba en ella la sentía recibirme tan suave, caliente y húmeda; permitiéndome sentir el más sublime placer que jamás había soñado conocer. Estaba tan agradecido con ella, agradecido de que podía hacerle esto, de saber que era mía ¡Sólo mía! lo sabía, ella era sólo mía… No pude contenerme más y grite:
-¡MIA!, Eres toda mía pequeña-Jamás en mi vida había sentido tanto placer, luego de decir eso me derrame dentro de ella sintiendo de inmediato una sublime satisfacción…-
Hubiera deseado continuar, pero por la hora era imposible y no podía quejarme… ¡Kagome había sido mía por una noche entera!, ya luego continuaríamos…
Decidí permanecer sobre ella un momento más sintiendo la suavidad y la tibieza de su piel.
-Kagome… Eso fue increíble…-No recordaba cuándo fue la última vez que me sentía tan feliz… A decir verdad… Nunca estuve tan feliz cómo ahora ¡Nunca!-No puedes imaginar cuán feliz me haces pequeña…-Le susurre-
La desaté, me levanté y luego, voltee a verla con una sonrisa de completa satisfacción, pude observar cómo Kagome se abrazaba a si misma, y cómo su cuerpo temblaba sin que pudiera evitarlo, nada en este mundo podría compararse con el dolor que reflejaba su mirada, podía darme cuenta que cualquier movimiento por más mínimo que fuera le provocaba un intenso sufrimiento, y también pude darme cuenta de que ella lloraba de forma inconsolable y que por sus sonrosadas y suaves mejillas resbalaban miles de lágrimas silenciosas; no me gustaba verla así, me hacía sentir demasiado culpable, sentía una culpa que apenas y me permitía respirar, suspire profundamente y entonces haciendo un gran esfuerzo pude decirle:
-Kagome, será mejor que te vallas las demás sirvientas llegarán en aproximadamente medía hora-Cuándo yo dije esto inmediatamente sus hermosos ojitos, se enfocaron en mi, para después responderme:
-¿Por qué te molestaría que ellas se enteraran de lo perverso y ruin que puedes llegar a ser?-Me sorprendió el tono de rencor que ella empleó, pero luego de violarla sin piedad, ¿Que más esperaba? Sin embargo eso me hizo sentir infinitamente triste y como un maldito bastardo miserable que no merecía perdón, pero no podía dejar que ella lo notará, así que le hable fingiendo naturalidad-
-Kagome, solo te diré unas cuántas cosas:
1-Ni una sola palabra de lo que pasó está noche.
2-No pienses que está será la última vez que estemos así-Sabía que antes de tomarla había decidido que esta seria la primera y la última vez que estaría con ella de esta manera, ¡Pero era imposible! Ahora que sabía lo placentero que resultaba hacerle el amor no renunciaría a ella, mi cuerpo la deseaba aún más que antes- y por último…
3- Qué ni se te ocurra renunciar.
Tal y cómo lo esperaba ella me respondió furiosa
-¿Y qué tal si no cumplo con lo que me pides?
Voltee a verla con gran sonrisa en el rostro, aunque estaba destrozado por dentro, me dolía que Kagome me rechazará, y mucho más que para poder tener algo de ella tuve que recurrir a un método tan vil e infame…
-Bueno… Supongo que no querrás que mis padres, las demás sirvientas, la señora Kaede… Y sobre todo Kikyo y… Sesshomaru… Bueno se enteraran de que el día en que mis padres no estaban y les dí el día libre a todos los empleados, tú regresaste… Te metiste a mi cuarto, te desnudaste ante mí, y me rogaste que te hiciera mía… Y que yo al negarme, me amenazaste con decirle a mi "amada y querida" novia Kikyo-Emplee el sarcasmo al decir esos adjetivos- Que yo te acosaba, y de esa manera tuve que acceder…
-¡Pero esto no pasó así!-Protestó de inmediato ¡Por supuesto que no fue así! Si Kagome sintiera al menos una décima parte de lo que me provocaba, yo estaría plenamente feliz y no desfalleciendo de deseos cada vez que la veía-
La miré con burla y luego le sonreí, para hablarle con sarcasmo.
-Sé sincera Kagome, ¿A quién crees que le creerían si tuvieran que elegir entre tú y yo? A mí que me conocen de toda la vida y saben que siempre he tenido una cordura intachable… O a ti, una chica a la que acaban de conocer-Noté que ella reflexionaba sobre lo que acababa de decirle, decidí interrumpir sus pensamientos-Kagome, te repito que te vallas-En esa última parte imité el típico tono de mi voz normal-
De repente ella se acerco hacía mí, e intento pegarme, pero yo la sujete de las muñecas y aproveche el momento para poder besarla, la pasión que aún sentía me embargó, e introducí mi lengua en su boca, para poder degustar mucho mejor su sabor, la acorrale contra la pared, y empuje mi sexo-Nuevamente duro-contra las suaves y delicadas piernas de Kagome, obligándola a abrirlas para poder sentir de nuevo cómo su sexo desnudo se rozaba contra el mío-En igual manera-dándome el consuelo-A este ardor-que tanto buscaba, sin poder resistirme empecé a embestirla, ¡Era tan rico y delicioso el poder hacerlo! Lo hice mientras suaves gemidos salían de mí boca. Deseaba poder tirarla de nuevo en la cama y nuevamente poseerla en su total plenitud, pero no podía hacerlo…
Termine de besarla, -Sabiendo que si continuaba, ya no podría contenerme, ni detenerme- pero continúe con las embestidas, Kagome me acogía tan dulce y satisfactoriamente en su entrepierna, que no deseba detenerme, y aún sin dejar de embestirla le pregunté:
-¿Quieres… Que… Mmmm… continmmm… mmnuemos?
Notablemente asustada ella se negó a mi propoción. Continúe embistiéndola.
-Entonces… Temmmm… Sugiero que… Mmmmm… Temmmm vallas- Sin embargo a pesar de ya no tener nada que decirle me negué a soltarla, quería disfrutar aunque fuera por un poco más de la increíble sensación que era el poder embestir su sexo desnudo con el mío, la golpee salvajemente tantas veces cómo quise, pero entonces recordé la hora que era, tenia que dejarla ir, pero antes de hacerlo dí una fuerte y placentera embestida contra el sexo de Kagome…
A regañadientes la solté y le ofrecí una toalla, no podía salir desnuda de mi habitación. Cuándo ella salio llorando me sentí de nuevo como la peor escoria del mundo, ¡Había violado a una pequeña niña de 15 años!, ella no se lo merecía, me sentía tan culpable; desde un principio había sabido que esto seria una de las consecuencias, pero nunca pensé que fuera tan devastador sentir esta culpa, lo que había hecho había sido el acto de un verdadero canalla y aún sabiéndolo, no dejaba de encantarme al recordar lo bien que se había sentido. El hacer mía a Kagome había sido la experiencia más maravillosa que jamás soñé que pudiera siquiera existir, el más grande placer que pude haber sentido, la más sublime gloria que mi cuerpo pudo experimentar en toda mi vida. Pero a pesar de todo eso me sentía tan culpable, era una sensación horrorosa. Sin embargo esa era una culpa que no cambiaria por nada de el mundo, en otra circunstancia jamás hubiera podido comprender los encantos que la culpa podía traer consigo y sabía que sin pensarlo con gusto volvería a llenarme de esa misma culpa. Me sentía culpable, no podía negarlo, pero eso había ya sucedido y ahora no podía y de nada servia arrepentirme, una sonrisa se plasmo en mi rostro: Kagome había sido mía, y ahora podría tenerla todas las veces que quisiera, todavía tenía un millón de fantasías que quería hacer realidad con ella…
