No se confundan por el titulo..xD Robert no va a dejar a Maryse..xD pero ya verán a que se debe..! espero adoren a Michael tanto como yo..!=D
Anahi Chan: Que bueno que amas el Waywood.. ya vez el título de este capi..xD estoy segura de que amaras a Michael aun mas..=D y por qué todos creen que cuando Alec hable por primera vez será con una persona en especifico..? bueno ya no falta casi nada... ya verás..! Espero tu review..=D
Stephanie-nii-san: Ya falta muy poco para Magnus..!=D ten paciencia..! por ahora, conozcamos a Michael y su familia..! son unas linduritas y espero que tu también lo pienses...!=D disfruta el capi..!
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Waywood..!
Robert en realidad no esperaba que su Parabatai fuera a visitarlo. Había sido un completo idiota con él y había causado que se distanciaran. Fue por eso que no solo él, sino también Maryse, se sorprendieron de sobremanera cuando alguien había tocado la puerta muy temprano la mañana siguiente y se habían encontrado de frente con Michael Wayland.
-Michael- susurró Robert con los ojos muy abiertos.
-Buenos días- dijo el rubio. Maryse miró de su esposo al hombre en la puerta con la boca y ojos muy abiertos- lamento la tardanza, leí tu carta ayer pero necesitaba pensar las cosas.
-Michael- volvió a decir Robert y, sin poder contenerse, se lanzó a abrazarlo.
-Woah- Michael casi se va de espaldas, pero logró mantener el equilibrio y devolver el abrazo. Maryse los miró, Michael le devolvió la mirada por encima del hombro de Robert. La mujer le sonrió y asintió con la cabeza antes de girarse y dirigirse a la cocina.
-Lo siento... lo siento tanto- murmuró el ojiazul sin dejar de abrazar al rubio. Michael suspiró, no sabía cómo se sentiría al volver a ver a su Parabatai, pero nunca se esperó que el enojo se esfumara tan fácil. Robert Lightwood era una de las personas más orgullosas que conocía, y se había disculpado repetidas veces en la carta, y ahora no dejaba de disculparse también. Le dio un par de palmaditas en la espalda antes de empujarlo levemente para separarse. Escuchó la voz de un niño hablando con Maryse, supuso que los hijos de Robert ya habían bajado a desayunar.
-Quieres dar un paseo?- le preguntó. Quería hablar con Robert para entender la situación familiar antes de involucrarse. No tenía idea de por qué le había pedido que lo visitara, pero parecía importante.
-Sí, vamos- dijo Robert saliendo de la casa. Tomaron los caballos y emprendieron camino, sin decir nada, al lago Lyn. Hablaron poco en el trayecto, alguno que otro comentario sobre cómo estaban los niños y las esposas, presumiendo las habilidades de los chicos, platica típica de amigos que no se han visto en años, pero ni un solo comentario sobre lo explicado en la carta. Llegaron a la orilla del lago y dejaron a los caballos pastar cerca del bosque mientras ellos iban a sentarse en el pasto.
-Tantos recuerdos en este lago- dijo Michael mirando hacia el agua. Robert se dejó caer recostado en el pasto, cerrando los ojos y dando un profundo respiro. Se quedaron en silencio unos minutos hasta que Michael volvió a hablar- en tu carta... dijiste que algo terrible había pasado en tu familia- Robert abrió los ojos, pero no miró a su Parabatai- también mencionaste que tu hijo, Alec... que le hiciste lo mismo que a mí.
-No lo mismo, pero casi, creo que algo peor- murmuró Robert sin atreverse a mirar a Michael.
-Es tu hijo- dijo Michael, no sabía que podía ser peor que una de las personas que más te importaba en el mundo te apartara de su vida por ser quien eras. Robert cerró los ojos con dolor.
-Por favor, Michael- suplicó. Sabía que había cometido la idiotez de su vida al enviar a Alec a Islandia y odiaba que se lo recordaran.
-Robert, dime qué pasó- le pidió el rubio suavemente. Robert suspiró y abrió los ojos, las nubes ahora se veían borrosas y fue entonces que se dio cuenta que tenía los ojos llenos de lagrimas.
-Arruiné la vida de mi hijo, Michael. Eso pasó- dijo al fin girándose a mirar a su Parabatai. Hablaron durante horas. Robert le confesó todo, desde que Alec había salido con un chico, la decisión tomada por ellos y Valentine, cuando habían ido a rescatar a Alec y, finalmente, su decisión de salir del Instituto y mudarse para poder estar solos. Michael escuchaba todo con el corazón latiendo descontrolado- Alec sigue sin hablar. Actúa como si todo estuviese bien, pero es más que obvio que no es así.
-Tienes que darle tiempo- dijo Michael.
-Ya le hemos dado tiempo y no funciona. Alec necesita ayuda- le dijo Robert- el estar con sus hermanos y con Jace le hace bien. Estar alejado del Instituto también. Maryse y yo intentamos hablar con él, intentamos descubrir que podemos hacer para que mejore, pero no podemos... no sabemos. Es tan frustrante, Michael, ya no se qué hacer.
-Tranquilo, tranquilízate- Robert ocultó el rostro entre sus manos y Michael le sobó la espalda para calmarlo. No se imaginaba como se debía sentir, siendo padre no podía imaginarse que haría si algo como eso le pasaba a su hijo- Alec va a mejorar, se que lo hará. Ustedes lo aman, eso siempre lo va a tener presente y lo ayudará.
-No sé cómo- dijo Robert levantando el rostro y mirando hacia el lago. Tenía silenciosas lagrimas bajando por sus mejillas- siento que no quiere hablar con ninguno de nosotros porque no lo entenderíamos.
-Claro que no lo entienden- le dijo Michael, Robert lo miró- esa es una situación terrible que no se puede entender hasta que te pasa. No pueden llegar diciéndole "Se cómo te sientes" porque no lo saben, eso solo lo molestarán.
-Ya lo sé, ya lo sé- Robert miró a su Parabatai y se mordió el labio- de hecho fue por eso que te escribí.
-Yo? Robert a mi nunca...
-No, no por... no por lo que pasó con Aldergold- lo interrumpió el ojiazul- a Alec, bueno, a Alec le gustan los chicos y tu... bueno, no sé si a ti también... quiero decir, no sé si tu... si... solo fui yo o... oh maldición, lo siento. Estoy tan desesperado y...
-Lo haré- lo interrumpió Michael, Robert levanto la mirada hacia él.
-De verdad?- preguntó esperanzado.
-Si puedo ayudar en algo a Alec lo intentaré, hablaré con él- le dijo Michael asintiendo con la cabeza. Robert soltó un suspiro aliviado.
-Gracias- dijo mirando a su Parabatai. Michael le sonrió y ambos se quedaron en silencio otro rato, viendo como el sol seguía subiendo, llenando de luz y sombras el paisaje. Cerca de medio día decidieron volver, llegaron después del almuerzo. Alec y Jace estaban cepillando al caballo de Maryse mientras Max, con muchos esfuerzos, llevaba una cubeta con agua para que el animal bebiera- hola chicos.
-Hola- respondió Jace sin dejar de cepillar al caballo. Max llegó hasta ellos y solo entonces se dio cuenta que había derramado más de la mitad del agua de la cubeta en el trayecto, suspiró dramáticamente y volvió a la llave para volver a llenarla.
-Alec, Jace, quiero que conozcan a alguien- ambos chicos dejaron lo que estaban haciendo y se giraron hacia los adultos- chicos, él es Michael Wayland. Michael, mis hijos Alec y Max. Y él es Jace Herondale, hijo de Stephen.
-Mucho gusto, chicos- dijo Michael con una amable sonrisa. Alec lo saludó con un movimiento de la mano y Jace asintió con la cabeza.
-Papá, es tu Parabatai?- preguntó el pequeño Max, llegando junto a los caballos que acababan de llegar y dejando la cubeta, ahora con un poco mas de agua, a su lado, el caballo de Michael bebió gustoso.
-Sí, Michael es mi Parabatai- le dijo Robert acariciándole la cabeza a su pequeño.
-Pensé que ya no tenías contacto con tu Parabatai por culpa tuya- dijo Jace.
-Y yo pensé que ya habíamos hablado de la imprudencia- le dijo Robert alzando una ceja.
-Eso dice mi madre todo el tiempo, aun no entiendo porque- dijo Jace encogiéndose de hombros mientras volvía a cepillar al caballo de Maryse. Robert rodó los ojos.
-Alec, quería que... me gustaría que habláramos un momento con Michael, solo nosotros dos- dijo Robert acercándose a su hijo. Jace dejó su tarea nuevamente al escucharlo y levantó la mirada. Alec miró de Michael a Robert sin saber qué hacer.
-Hablar solo ustedes? Que quieren hablar?- preguntó Jace. Max había vuelto a tomar la cubeta para traer agua al otro caballo.
-Solo vamos a hablar un momento, si?- preguntó Robert mirando a su hijo. Alec miró a Michael, el hombre le sonrió amablemente intentando ganarse su confianza.
-Pero...
-Jace, termina con los caballos, ya volvemos- Robert pasó un brazo por los hombros de Alec, causando que el chico se estremeciera.
-Alec...- Jace estuvo a punto de seguirlos, pero Max se tropezó en ese momento, derramando toda el agua de la cubeta en sí mismo. El chico rubio chasqueó la lengua echándole una última mirada a su Parabatai y a los dos adultos antes de girarse a ayudar a Max.
-Vayan yendo a la biblioteca, ya los alcanzo, prepararé té y...- Alec se aferró a la mano de su padre antes de que pudiera dar un paso rumbo a la cocina. Robert bajó la mirada y se encontró con la aterrada mirada de Alec, lo entendió inmediatamente y apretó el agarre a la mano del chico- oh, Alec, yo...
-Yo prepararé el té, ustedes vayan- dijo Michael entendiendo la situación rápidamente. Le sonrió a Alec antes de dirigirse a la cocina, el chico simplemente bajó la mirada acercándose mas a su padre.
-Vamos, Alec- ambos Lightwood fueron a la biblioteca y se sentaron en los cómodos sillones. Robert se giró en su lugar para quedar de frente a Alec- escucha, hijo, Michael es mi Parabatai, confío en él y creo que puede ayudarte. Él me ayudó en muchas ocasiones cuando éramos pequeños, es muy bueno hablando y... bueno, no tienes que hablar si no quieres, por supuesto. Pero Michael da buenos consejos, podrías escucharlo.
Alec miró a su padre fijamente, sabía, por rumores más que por su propio padre, que Michael y él se habían distanciado por culpa suya. Y ahora, su padre se había disculpado con él y hasta le había pedido de favor que fuera a hablar con Alec, todo por su bien. El chico podía ver la desesperación en los ojos de su padre. Sonrió y asintió levemente. Robert respiró aliviado y le devolvió la sonrisa a su hijo.
-Maryse envía galletas también- los Lightwood se giraron para ver a Michael maniobrar con una charola al entrar a la biblioteca, les sonrió a ambos mientras dejaba las cosas en la mesita de centro- tu hija es muy enérgica, Robert.
-Es una Maryse miniatura- dijo el hombre con una sonrisa en los labios.
-La segunda tanda de galletas esta en el horno, aunque estas aun siguen calientitas- dijo Michael tomando una de las galletas en forma de lo que aparentaba ser una estrella, una estrella bastante regordeta.
-Come, Alec- dijo Robert tendiéndole una galleta a su hijo, tal vez un poco de dulce lo ayudaría a calmarse. Alec tomó la galleta por pura cortesía, estaba demasiado nervioso para comer. Robert se dio cuenta pero no dijo nada.
-Me alegro mucho de al fin conocerte, Alec- le dijo Michael intentando romper el hielo- a ti y a tus hermanos. Siempre pensé que por la limitada paciencia de Maryse solo tendrían un hijo.
-Solo me tiene limitada paciencia a mi- dijo Robert con una leve sonrisa. Alec los miraba mientras mordisqueaba la galleta- tu si te quedaste con uno.
-Bueno, intentamos darle un hermanito, pero no lo logramos- le dijo Michael metiéndose una galleta entera a la boca.
-Puedes traerlo a pasar el día, si quieres- le dijo Robert sirviéndose té.
-Suena bien- le dijo Michael con una sincera sonrisa- siempre pensé que los hijos de mi Parabatai serían como si fueran los míos.
-Entonces tendrías cuatro- Robert miró a Michael con una triste sonrisa. Él también había pensado muchas veces como sería ver crecer a sus hijos junto a los de Michael, como si fueran una familia. Alec se estiró y tomó otra galleta. Ambos adultos lo observaron sin decir nada, el chico comenzaba a sentirse un poco mas cómodo.
-Tu también tienes un Parabatai, no es así, Alec?- le preguntó Michael y Alec asintió mientras mordía una de las patas de la estrella- aun eres muy joven, pero después comenzaras a pensar todo tipo de ridiculeces, y todas incluirán a Jace, tenlo por seguro.
Alec le sonrió a Michael sin dejar de comer su galleta. Siguieron hablando hasta que las galletas se terminaron. Hablaban de cosas sin importancia, más que nada para hacer que Alec se sintiera un poco mas cómodo. Michael le hablaba y le hacía preguntas, el chico parecía entrar en confianza, pero sabía que tenía que moverse con cuidado.
-Alec- lo llamó su padre, el chico se giró a mirarlo- Michael quiere hablarte de otra cosa- el chico le echó una rápida mirada al rubio y volvió a su papá- él... él ya sabe todo lo que pasó y...
Alec se tensó de inmediato bajando la mirada. Cada vez mas y mas personas se enteraban de lo que le había pasado. Era sumamente vergonzoso. Cerró los ojos con fuerza para evitar que las lagrimas salieran.
-Escucha, Alec- escuchó a Michael hablarle, pero no abrió los ojos para mirarlo- yo no le diré nada a nadie, ni siquiera a mi familia, entiendes?- Alec abrió sus ojos vidriosos y miró al adulto- no quiero hablar de eso, si tú no quieres, claro. Pero me gustaría hablar de otra cosa.
El chico miró a Michael y respiró un poco más tranquilo. Parecía sincero, y si no hablaba del incidente en Islandia entonces Alec podría soportar una charla. No sabía de qué pero suponía que no era nada malo.
-Creo que Michael puede ayudarte- dijo Robert, Alec lo miró un poco confundido- yo... bueno él...
-Alec, te importa si hablamos un minuto a solas?- le preguntó Michael tranquilamente, pero Alec lo miró aterrado. El chico abrió enormes sus ojos azules y miró a su padre, asustado. Robert miró a su Parabatai antes de volver a su hijo.
-No me iré si no quieres, Alec- le aseguró su papá, y Alec volvió su vista al otro adulto.
-Te juro que no haré nada, solo quiero hablar- le dijo Michael levantando las manos a modo de rendición- y la verdad es que sería mas fácil decírtelo si tu padre no está presente.
Robert lo miró un segundo, confundido, y después volvió a mirar a su hijo. Alec miraba a Michael, se mordía el labio nerviosamente y seguía luciendo asustado. Ambos adultos lo miraban, esperando su respuesta. Alec lo pensó, su padre confiaba en ese hombre, pero también había confiado en Valentine, y peor, en Aldergold, al momento de dejarlo solo. Sacudió con la cabeza para no pensar en Islandia y volvió a mirar a Michael. No parecía una mala persona, además, esa vez su padre se quedaría cerca, vigilándolo y listo para ayudarlo si lo necesitaba. Sus padres estaban desesperados por ayudarlo, y él lo sabía, tal vez merecía darle una oportunidad. Miró a su papá, soltó un suspiro y después asintió levemente.
-De acuerdo- dijo Robert asintiendo también- los dejaré un momento. Estaré justo afuera, Alec, si?- preguntó Robert poniéndose de pie. Alec pasó saliva y asintió levemente, el corazón le latía desbocado. Robert le dedicó una última mirada a su Parabatai antes de salir lentamente de la biblioteca, cerrando la puerta detrás de él.
-Muchas gracias por acceder a hablar conmigo, Alec- le dijo Michael una vez que Robert cerró la puerta. El chico lo miró aun asustado, frotando sus manos nerviosamente- quédate tranquilo, solo quiero que me escuches, si?- Alec asintió casi imperceptiblemente, pero para Michael fue suficiente, se aclaró la garganta antes de comenzar a hablar de nuevo- Alec, asumo que tu padre nunca te dijo porque él y yo nos distanciamos por tantos años, cierto?
Alec negó con la cabeza, dándole la razón. Su padre siempre había evitado el tema de su Parabatai. Pero al vivir en el Instituto rodeado de miembros del Circulo, se escuchaban platicas y rumores. Así que Alec no estaba del todo perdido.
-Bien, Alec, quiero contarte algo- dijo Michael acomodándose en su lugar, girándose un poco para poder mirar a Alec de frente. El chico, ya asustado por estar a solas con el adulto, se tensó y se hecho para atrás, mirándolo fijamente- tranquilo, tú en tu sillón y yo en el mío, no pasa nada.
Alec pasó saliva pesadamente, su papá estaba justo afuera, y Michael parecía ser buena persona, tenía que calmarse. Michael se aclaró la garganta y juntó las manos, mirando a Alec antes de empezar a hablar.
-Alec, cuando tu papá y yo éramos jóvenes nos convertimos en Parabatai- comenzó el rubio- asistíamos a la Academia de Cazadores de Sombras y fue ahí que conocimos a Valentine. No te contaré de Valentine, claro que lo conoces- Alec pasó saliva y desvió la mirada, Michael continuó- con el tiempo, comencé a sentir cosas por Robert. Intenté ignorarlo, intenté convencerme de que eran solo ideas mías, pero el sentimiento se hizo cada vez más fuerte, sabes?
Alec miró a Michael sin saber muy bien a que se refería. Michael miró a Alec fijamente antes de suspirar.
-Alec, no quiero que te asustes, si? Es solo una pregunta- Alec lo miró confundido- vi el modo en que miras a Jace y...- el chico pegó un brinco y se puso de pie rápidamente- Alec, espera- el ojiazul negó rápidamente con la cabeza mientras los ojos se le llenaban de lagrimas- por favor, Alec cálmate. Solo quiero hablar, quiero terminar de contarte la historia, por favor.
Alec negaba con la cabeza mientras retrocedía en dirección a la puerta. Michael rezaba por que el chico no sollozara y Robert entrara a detenerlo, necesitaba que Alec lo escuchara.
-Alec, por favor- pidió levantando las manos frente a él, intentando calmar al chico- escucha, olvida lo que dije, si. Olvidemos a Jace, estábamos hablando de tu padre y yo. Déjame terminar, te lo suplico.
Alec cerró los ojos con fuerza y respiró profundamente, Michael le dio tiempo para que se calmara. Pasaron dos minutos enteros antes de que Alec volviera a sentarse, y en otro lugar un poco mas apartado de Michael. El adulto no mencionó nada.
-Gracias. Bien, me quedé en que conocimos a Valentine- siguió- como ya sabes, Valentine puede ser muy persuasivo. Las cosas... comenzaron a complicarse. Así que un día, decidí dejar de fingir, decidí no ignorarlo mas- Alec volvió a mirarlo con curiosidad- le confesé a tu padre que estaba enamorado de él.
Alec abrió los ojos a más no poder, en definitiva no se esperaba eso. Pensó en que Michael le había preguntado sobre Jace. Solo los había visto juntos unos minutos, pero tal vez... él se veía a si mismo reflejado en Alec?
-Le dije lo que sentía, era mi Parabatai, pensé que me entendería- Michael desvió la mirada unos segundos, suspirando- pero no lo hizo, no fue muy bueno conmigo. En realidad no fue nada bueno, se comportó como un idiota- le dijo a Alec con una triste sonrisa- despues me di cuenta de que debí saber que Robert reaccionaría así. Robert tiende a reaccionar por una cosa más que nada: miedo. Reaccionar por miedo es lo peor que se puede hacer, porque no se razona. Ahora sé que Robert no tenía intención de... en realidad él no... bueno como sea, eso no importa ahora.
Alec miró a Michael, parecía intentar convencerse a sí mismo de sus propias palabras. El chico nunca pensó que alguien más sintiera eso. Que alguien más fuera como él.
-Bueno dejemos la estupidez de tu padre aparte- siguió Michael- solo quería que supieras, que te entiendo, comprendo la presión que sientes por... por Jace- Alec lo miró y pasó saliva pesadamente- quiero que sepas que no estás solo en eso. Es una relación muy cercana y especial, puede llegar a confundir a cualquiera. Sentir algo por tu Parabatai no es malo. No eres el único, estoy seguro de que no somos los únicos.
Alec sentía como si un enorme peso se le fuera de los hombros. Había pasado tanto tiempo reprendiéndose a sí mismo por lo que sentía por Jace. Pensaba que nadie nunca lo entendería. Si bien ya no sentía lo mismo que en un principio sentía por Jace, seguía queriendo a su Parabatai. Justo como Michael quería a Robert ahora. Alec miró al rubio. Michael lo miraba atento, listo para estudiar su reacción. El ojiazul le sonrió ampliamente. Se sentía realmente bien poder hablar, o al menos escuchar, a alguien que había sentido lo mismo que él. Poder identificarse con otra persona, saber lo que había hecho con la situación y lo que había pasado. Michael le sonrió también, respirando tranquilo al ver que lo que había dicho si le había servido a Alec.
-Sabes, Alec, sé que no es de mi incumbencia- dijo Michael- pero siento, por lo que vi allá afuera y por lo que se, que puedes hablar con Jace si quieres- la sonrisa de Alec desapareció al instante- se que Jace no va a reaccionar como reaccionó tu padre conmigo. Jace es más tolerante, y...
Alec negó con la cabeza frenéticamente y Michael suspiró.
-Alec, eres una de las personas más importantes para Jace- Alec seguía negando con la cabeza y con la mirada fija en el suelo- mira todo lo que ha hecho, se mudó aquí para estar contigo, para ayudarte- Alec lo miró poniéndole atención- no estoy diciendo que tienes que hacerlo, solo que podías decirle lo que sientes. Podrías...
Pero Alec volvió a negar con la cabeza cerrando los ojos con fuerza. Michael suspiró derrotado, pero no lo presionó.
-De acuerdo, está bien, si no quieres hacerlo no hay problema, no tienes porque- le dijo Michael suavemente para calmarlo. Alec volvió a mirarlo, ahora con los ojos llenos de lagrimas- lo siento, no quería hacerte sentir mal.
Alec negó con la cabeza luciendo preocupado. No quería que Michael pensara que no lo había ayudado, en realidad lo había hecho sentir muchísimo mejor. Alec se puso de pie y se cambio de lugar a donde había estado en un principio, en el sillón enseguida de Michael. Le sonrió al adulto y Michael, sorprendido pero sin demostrarlo, le devolvió la sonrisa.
-Bueno, creo que se está haciendo tarde, tengo que tomar camino ya, es un viaje largo hasta Alicante- dijo Michael poniéndose de pie, Alec también se puso de pie, su sonrisa decayendo un poco- pero ya sabes, si necesitas hablar o si te apetece escuchar alguna otra historia loca, no dudes en buscarme- le dijo con una amable sonrisa al chico, Alec también le sonrió- solo envíame un mensaje de fuego, o pueden visitarnos cuando quieran. Mi hijo John tiene tu edad, puede darles un paseo por la ciudad.
Alec asintió con la cabeza y Michael sonrió aun mas. Ambos se dirigieron a la puerta. Afuera, Robert estaba de pie, recargado en la pared frente a la puerta. Al ver a su hijo y Parabatai salir de la biblioteca, se enderezó y se acercó a ellos rápidamente.
-Todo bien?- le preguntó a su hijo. El chico asintió levemente y Robert pudo respirar tranquilo.
-Fue una buena charla, verdad?- preguntó Michael mirando a Alec. En ese momento escucharon pasos apresurados acercarse a ellos desde la entrada principal y se giraron para ver a Max y Jace dirigirse a las escaleras rápidamente.
-Pero que les pasó?- preguntó Robert mirándolos, estaban cubiertos de lodo de pies a cabeza.
-Les dijiste que bañaran a los caballos?- preguntó Maryse, apareciendo detrás de los chicos.
-No, solo que los cepillaran- Maryse miró a los chicos con ojos entrecerrados, ambos le dedicaron una mirada de dulce inocencia que hizo que los tres adultos rodaran los ojos.
-Mamá! Puedo revisar las galletas?!- escucharon la voz de Izzy desde la cocina.
-No, te vas a quemar, no abras el horno!- gritó Maryse antes de girarse hacia Michael- no te quedas a cenar?
-No, tengo que regresar a casa, pero muchas gracias- le dijo Michael.
-Eres nuestro tío ahora?- preguntó Max haciendo que Michael soltara una risa.
-Si quieres que sea tu tío por mí no hay problema- le dijo Michael antes de echarle una mirada a Robert, quien le sonrió ampliamente.
-Tengo un tío!- exclamó Max emocionado mientras daba un brinco, soltando un montón de lodo en el suelo.
-Oh por el Ángel- dijo Maryse soltando un suspiro- al baño, los dos, los quiero limpios antes de la cena.
Jace y Max soltaron una risa y corrieron hacia las escaleras.
-Despídanse, niños!- les dijo Robert justo antes de que comenzaran a subir los escalones.
-Adiós!
-Adiós, tío Michael!
-Adiós, chicos!- exclamó Michael.
-Deberías traer a Jonh algún día- le dijo Robert a su Parabatai.
-Oh si, cuando queramos que el apocalipsis inicie- le respondió haciéndolo reír.
-Mamá! Las galletas están echando humo!- escucharon a Izzy de nuevo.
-Por todos los Ángeles, Isabelle! Deja las galletas, ya voy!- exclamó Maryse antes de girarse hacia Alec- cariño, puedes subir a vigilar a Max y Jace, por favor?
Alec asintió con la cabeza con una pequeña sonrisa, después se giró hacia Michael.
-Volveré a visitarlos pronto, si?- Alec sonrió ampliamente y, sorprendiendo a los tres adultos, se lanzó hacia adelante y abrazó a Michael fuertemente. Los padres Lightwood miraron boquiabiertos la escena, Maryse se cubrió la boca con la mano. Michael se recuperó de la sorpresa rápidamente y devolvió el abrazo ligeramente, sin querer asustarlo. Solo fueron unos segundos, pero era un avance agigantado para Alec. El chico se despidió con la mano, sin dejar de sonreír, antes de girarse y subir las escaleras para vigilar a los revoltosos.
-Definitivamente tienes que volver- dijo Maryse poniendo una mano sobre el brazo de Michael. El hombre le sonrió, Maryse le dio un apretón a su brazo antes de volverse para ir a la cocina con su hija. Robert miró a su Parabatai con los ojos brillantes.
-No tengo palabras para...
-No tienes nada que agradecer- lo interrumpió Michael mientras caminaban hacia la puerta- me alegra haber podido ayudar a Alec aunque fuera un poco.
-Lo ayudaste mucho más de lo que yo podré ayudarlo- le dijo Robert abriendo la puerta principal.
-Lo ayudaremos entre todos a que se recupere, tenlo por seguro- le dijo el rubio y Robert asintió soltando un suspiro. Michael abrazó a su Parabatai fuertemente- me alegro de volver a verte, Robert.
-Yo también- le dijo el ojiazul apretando mas su abrazo- no tienes idea de cuánto.
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Los meses pasaron y Michael y su familia se habían vuelto muy cercanos a los Lightwood. Su esposa Eliza era muy amable y mucho mas ama de casa de lo que Maryse podría aspirar a ser, por lo que le daba muchos consejos para mantener la casa en pie y Maryse le ayudaba a entrenar. Jonh tenía la misma edad que Alec, pero sorpresivamente se llevaba mejor con Isabelle. Max había sido el que más había ganado, sus ahora tíos Eliza y Michael los visitaban al menos dos veces por semana y siempre le llevaban un regalo. Y Jonh, que siempre había querido un hermanito, jugaba con él todo el tiempo.
Ya habían pasado cinco meses desde la primera visita de Michael, y los Lightwood y Wayland se habían unido como una sola familia en ese tiempo. El cumpleaños de Robert se acercaba y las mujeres, Izzy incluida, habían planeado una gran cena para toda la familia. Pronto se arrepentirían de haber aceptado la ayuda de la chica al cocinar. Sería una pequeña fiesta sorpresa, aunque Robert ya supiera, se sorprendería falsamente para los chicos. Y a solo dos días para la cena, las chicas y Max habían ido a Idris para comprar todo lo necesario. Isabelle le había encargado firmemente a Michael distraer a su papá para que no preguntara a donde iban a ir. Así que él y Robert se habían quedado en la casa Lightwood entrenando a los chicos. Michael estaba ayudando a Jace y Alec a entrenar con espadas y Jonh estaba con Robert, entrenando con el arco.
-Muy bien Jace, justo así- decía Michael mientras observaba los perfectos movimientos del chico rubio, a Alec lo había visto disparar con el arco en varias ocasiones y tenía que admitir que era brillante en eso, pero en el combate cuerpo a cuerpo era otra historia- Alec, no cedas terreno, no dejes que Jace avance hacia ti.
-Ataca! Ataca, ataca!- exclamaba Jace con cada estocada. Alec se defendía bien, pero no hacia ningún movimiento a la ofensiva.
-Alto, deténganse. Alec, tienes que mover la espada mas fluidamente, no tensarla como cuando disparas tu arco, mira- Michael se acercó y cambió la posición del agarre de Alec antes de tomar su muñeca para mostrarle como moverla- tienes que poder moverla hacia cualquier lado que vaya la espada, lo sientes?
Alec, que se había tensado en cuanto los dedos de Michael se habían cerrado al rededor de su muñeca, no lo escuchaba. El chico miraba fijamente la mano del adulto, grande a comparación de la suya, como se apretaba suavemente indicándole como mover la espada. En ese momento no pensaba en que Michael solo intentaba enseñarle algo para entrenar, lo único en lo que podía pensar era en la mano de Aldergold, cerrándose al rededor de su muñeca mientras la detenía por sobre su cabeza.
-Alec?- preguntó Jace al ver que su Parabatai se removía incomodo y lucía asustado.
-Alec?- preguntó Michael, siguiendo la mirada de Jace. Alec removía su mano suavemente, cambiaba el peso de su cuerpo de un pie a otro y había comenzado a respirar agitadamente con la mirada fija al suelo.
-Suéltalo!- exclamó Jace al darse cuenta de lo que pasaba. Michael soltó a Alec como si le hubiera quemado. El ojiazul se quedó muy quieto, temblaba levemente.
-Alec, lo siento mucho- el chico pareció reaccionar, miró a Michael y después a Jace, dándose cuenta de que lo miraban preocupados- no fue mi intención...
Pero Alec no siguió escuchando, se sentía tan avergonzado de su reacción estúpida. Se giró rápidamente y entró a la casa. Escuchó a Jace llamarlo pero no se detuvo. Subió las escaleras rápidamente y se encerró en su habitación. Se sentía tan apenado, tan estúpido, tan débil. El simple hecho de que lo tomaran por las muñecas lo desarmaba completamente. Se recargó en la puerta y se dejó caer hasta quedar sentado en el suelo mientras sollozaba.
-Alec? Alec, ábreme- escuchó a Jace tocar. Negó con la cabeza aunque sabía que Jace no podía verlo- Alec, por favor- el ojiazul lanzó la cabeza hacia atrás, golpeando la puerta dos veces. Jace escuchó los golpes, se dejó caer frente a la puerta y se asomó por el pequeño espacio de abajo. Podía ver que había algo recargado en la puerta, rápidamente asumió que era Alec. Suspiró dejándose caer junto a la puerta- aquí voy a estar, si? Cuando te calmes y quieras abrirme, aquí estaré.
Alec cerró los ojos con dolor, Jace estaba preocupado por él. Se sentía sumamente estúpido por su reacción. Sollozó levemente y, sin darse cuenta, se aferró a la espada que aun llevaba en la mano. Tenía que dejar de hacer eso. Nunca iba a mejorar si cualquier cosa que algún adulto le hiciera le recordaba a Aldergold. Michael solo intentaba ayudarlo, a diferencia de ese monstruo que solo había pretendido querer ayudar. Un flashazo de imágenes voló hacia su mente provocando que sollozara nuevamente y apretara mas su agarre al filo de la espada. Jadeó de sorpresa cuando registró un agudo dolor en su mano. Soltó la espada de golpe. Sin darse cuenta, se había cortado la palma de la mano. Aun sumamente sorprendido, se quedó mirando el corte en su mano. Ya no lloraba, el corte en su mano lo había distraído. Entonces se dio cuenta de algo.
-Alec? Estas bien?- escuchó la voz de Jace del otro lado de la puerta.
Alec reaccionó rápidamente y se puso de pie. El corazón comenzó a latirle con fuerza mientras tomaba su estela y se encerraba en el baño. Se sentó en el borde de la tina de baño y tomó un puñado de papel para que la sangre de su mano no cayera al suelo. Siguió observando la herida, fascinado. El dolor provocado por el corte había superado el dolor que sentía al recordar. Al menos momentáneamente. Tomó su estela, listo para aplicarse un Iratze, y entonces se le ocurrió una idea.
Pensar en Aldergold le hacía daño pero no podía evitarlo. Lo recordaba todos los días, por una cosa u otra. Escuchó los golpes de Jace en la puerta de su habitación y casi de inmediato recordó esa noche en la que había logrado escapar y encerrarse en el baño, Aldergold casi había logrado tirar la puerta a golpes. Su corazón se comprimió dolorosamente y Alec tomó una rápida decisión. Soltó la estela y tomó una daga de su cinturón de armas, trazando rápidamente otra línea en la palma de su mano, paralela a la que había causado la espada. Jadeó cuando el dolor se hizo presente, sacándolo de sus pensamientos y devolviéndolo a la realidad.
"Funciona", pensó sin poder reprimir una pequeña sonrisa. El dolor de las heridas lo hacían dejar de pensar en Islandia. Respiró aliviado mientras disfrutaba del dolor en su mano. Sabía que lo que hacía estaba mal. Pero era lo único que le había funcionado en todo ese tiempo. El arresto y encarcelamiento de Aldergold no le había servido de nada. Hablar con sus padres era demasiado vergonzoso. Ni que decir de Jace. Michael lo había ayudado, pero aun no se había recuperado. Aplicó un rápido Iratze en su muñeca cuando escuchó que Jace abría la puerta de su habitación y lo llamaba. Eso le funcionaba, y si aplicaba los Iratzes en lugares estratégicos nadie se daría cuenta. Era la mejor oportunidad que tenía para que todo volviera a la normalidad.
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Dos días después, los chicos y las esposas estaban preparando todo para la cena "sorpresa" para Robert. Michael se había llevado a su Parabatai a dar un paseo a caballo para darles tiempo de acomodar todo. Jonh, Jace y Alec eran los encargados de acomodar la mesa y decorar el comedor, mientras que las chicas se encargaban de la cocina, pero pronto las dos madres se dieron cuenta que Max era mejor ayuda en la cocina que Izzy.
-Y tú qué haces aquí?- preguntó Jace al ver a la chica salir de la cocina con los brazos cruzados.
-Me echaron- le respondió haciendo un puchero. Alec le dio un par de palmaditas en la espalda y luego le tendió un paquete de serpentinas para que las colgara del candelabro para decorar.
Las horas pasaron y los chicos se ponían cada vez más inquietos. Los mayores habían decorado el comedor y Max había hecho un letrero que ponía "Felisidades Papá!". La S estaba tachoneada con una C sobrepuesta, pero la intención era lo que contaba. Entre todos llevaron la comida a la mesa, acomodándola para que se viera como un banquete. Los chicos estaban demasiado ocupados buscando un escondite perfecto para poder sorprender a Robert, y ninguno se dio cuenta de que los dos hombres adultos estaban afuera, practicando la reacción de sorpresa para que se viera natural. Cuando al fin Michael y Robert entraron en la casa, los cinco chicos saltaron fuera de su escondite gritando un "Sorpresa!". Alec lanzó un montón de confeti en dirección a su padre.
-Oh, por el Ángel! Chicos, muchas gracias, no debieron molestarse!- dijo Robert poniendo su mejor cara de sorpresa, pero ninguno de los chicos, tal vez Max sí, pero ninguno de los mayores se lo tragó.
-Vaya, pero que falsedad- dijo Jace rodando los ojos.
-Nos hubieran dicho que ya sabía- dijo Jonh negando con la cabeza.
-Oigan, si me esforcé!- se quejó Robert dándole un manotazo a Michael, que había soltado una carcajada.
Todos se dirigieron al comedor y tomaron asiento. Era un ambiente familiar, tan acogedor que Alec se sintió sumamente cómodo. Miró a su alrededor, todas esas personas eran su familia ahora, se preocupaban por él y querían que estuviese mejor. Tenía que dejar de preocuparlos. Se sirvió puré de papas mientras miraba a su padre reír con su Parabatai. Jace hablaba con Jonh mientras maniobraban para que las madres no se dieran cuenta que evitaban servirse vegetales. Alec no pudo evitar una risita cuando su madre se dio cuenta de lo que los chicos rubios hacían y los reprendía a ambos. Podía hacerlo, sabía que todos estarían felices, pero no quería llamar mucho la atención. Ese día era para su papá, no quería arruinarlo. Se aclaró la garganta suavemente antes de levantar la mirada.
-P... podrían pasarme el pan, por favor- dijo Alec mirando fijamente el plato de pan. Se hizo un silencio profundo en el comedor, las platicas, movimiento de cubiertos y de mas habían cesado. Incluso el pequeño Max se había quedado enmudecido al escuchar a su hermano mayor. Jace reaccionó rápidamente al ver que las mejillas de Alec comenzaban a encenderse al ser el centro de atención.
-Aquí tienes!- dijo Jace, demasiado emocionado, pasándole el pan a su Parabatai.
-Gracias- murmuró Alec en voz baja. Robert se apresuró a quitar la atención de su hijo para que no se sintiera abrumado.
-Entonces- dijo con su potente voz- chicos, que planean para mañana? Jace me dijo que necesitaban los caballos.
-Iremos a Alicante con Jonh porque hay un evento, verdad Alec?!- preguntó Isabelle mirando a su hermano. Alec asintió.
-Jonh nos consiguió boletos gratis para la demostración de chakrams- dijo Alec mirando a su padre.
-Gratis, eh? Genial, eso es genial- dijo el hombre. Robert no podía de felicidad, ese era el mejor regalo que pudieron haberle dado. Alec le sonrió antes de darle una enorme mordida a su pan. Michael le dio un apretón al antebrazo de Robert, los dos sonrieron ampliamente antes de seguir con su comida. La noche siguió tranquila, todos hicieron pequeñas platicas con Alec, por la cosa mas mínima querían hablarle, no fuera que el chico se arrepintiera y dejara de hablar de nuevo.
-Aquí viene el pastel- dijo Eliza entrando en el comedor con un pastel repleto de velas encendidas.
-Exagerados, eso parece un incendio forestal- dijo Robert mirando a sus hijos con ojos entrecerrados pero con una enorme sonrisa en los labios, todos rieron.
-Vamos, papá, apágalas- le dijo Izzy. Robert sentó a Max en sus piernas y le pidió ayuda para apagar la enorme cantidad de velas. Después de varios intentos, y con la ayuda de Izzy, lograron apagar todas las velas del pastel y todos los presentes aplaudieron. Alec estaba contento. Su familia parecía realmente feliz de escucharlo hablar de nuevo. Suspiró acariciando suavemente las cicatrices en la palma de sus manos. Cambiar un dolor por otro le había funcionado. Y mientras su familia no se enterara de lo que lo había ayudado a volver a hablar, entonces todos seguirían felices. Él sería feliz. O al menos le sería mucho más fácil aparentarlo.
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Los años pasaron y la familia Lightwood era feliz. Robert y Maryse le dedicaban mucho tiempo al entrenamiento de sus hijos. Al tener que ir solo a misiones con el Circulo, y no se involucraban en asuntos con la Clave, tenían tiempo de quedarse en casa. Jace seguía viviendo con ellos. Se iba cada fin de semana al Instituto a visitar a sus padres, pero ya se había acostumbrado a estar con los Lightwood y en realidad el ambiente en el Instituto no le parecía tan divertido. Le encantaba pasar tiempo con Isabelle y Alec, y algunas veces Robert y Maryse los dejaban ir a cazar a las ciudades cercanas en Alemania. Jonh también iba con ellos.
Isabelle, a sus quince años, era una guerrera excepcional. Robert y Maryse le habían regalado un látigo cuando había comenzado a entrenar y ahora era un arma mortal al usarlo. Alec seguía siendo asombroso con el arco. Estaba por cumplir la mayoría de edad y, a pesar de las múltiples visitas de Valentine, seguía negándose a unirse al Circulo o si quiera visitar el Instituto. Sus padres lo entendían y lo apoyaban, cosa que a Valentine no le gustaba para nada, pero al menos tenía a Jace, quien se aseguraba muy disimuladamente de ignorarlo por completo.
Los Lightwood, viviendo lejos de todo en las grandes explanadas de Idris, usualmente no se enteraban de nada de lo que pasaba con el Circulo o en Alicante. No era sino hasta que Michael los visitaba que les reportaba todo acontecimiento en la capital. Eran las ocho de la mañana y los chicos Lightwood entraban al comedor para el desayuno. Sus padres ya estaban ahí.
-Buenos días- se escuchó el coro cuando todos hablaron al mismo tiempo.
-Quien quiere café?- preguntó Maryse mientras se servía una taza a ella y una para Robert.
-Yo, por favor- pidió Alec sentándose en su lugar usual, al lado de su padre. Todos atacaron sus platos en silencio. Era una mañana típica, los chicos ya estaban vestidos, excepto Max, seguía en pijama.
-Terminen su desayuno rápido si quieren ir con Jonh hoy- les dijo Maryse- los quiero en casa antes del anochecer.
-Madre, ya estamos grandecitos como para tener hora de llegada- dijo Izzy tomando una cucharada de yogurt.
-No me importa si tienen cuarenta años- le dijo Maryse- mientras vivan conmigo acatan mis reglas- Isabelle rodó los ojos.
-De hecho tengo que ir al Instituto hoy- dijo Jace sirviéndose tocino- mi padre me dijo que tenía algo que decirme.
-Dormirás allá hoy?- le preguntó Alec antes de beber jugo.
-Yo creo que sí, si volvemos tarde de Alicante iré directo para allá- le respondió Jace.
-Bien, entonces lleva el caballo de Robert, yo necesitaré el mío para...- un par de golpes en la puerta interrumpió a Maryse, todos se miraron entre sí, usualmente no recibían visitas y los Wayland ya no se molestaban en tocar la puerta.
-Yo iré- dijo Robert poniéndose de pie. Los chicos siguieron con su desayuno y Maryse se medio asomó para poder ver la puerta principal. Robert abrió la puerta y se encontró con un hombre de baja estatura, vestía un equipo de viaje y llevaba una pequeña bolsa de cuero atada en el lado izquierdo de su cinturón.
-Maryse y Robert Lightwood- anunció el recién llegado, Maryse se acercó rápidamente a su marido.
-Sí, que sucede?- preguntó Robert.
-Están citados a juicio mañana por la mañana- les dijo entregándoles una carta con el sello del Cónsul en ella.
-Juicio? Pero de qué habla?- Robert tomó la carta sin entender nada y leyó los nombres en ella.
-Todos los miembros del Circulo que queden deben ir a juicio- explicó el hombre.
-Los que queden?- preguntó Robert.
-No han oído?- el mensajero miró fijamente los confundidos rostros de Maryse y Robert antes de suspirar- hubo una batalla, Valentine Morgestern huyó con su hijo.
-Qué?- jadearon Maryse y Robert sin creer lo que escuchaban.
-Tienen suerte de vivir aislados, la batalla fue dura- les dijo el mensajero volviendo a subir a su caballo.
-La batalla... fue en Alicante?- preguntó Robert preocupado.
-No me preocuparía por eso si fuera ustedes- les dijo el mensajero dirigiendo su corcel- mañana a primera hora en el Gard.
-Pero...
-Robert y Maryse Lightwood están acusados de traición a la Clave- dijo claramente el hombre antes de dar un golpe con los tobillos en las costillas de su caballo y salir rápidamente galopando colina arriba. Los Lightwood se miraron sin saber que decir. Acusados de traición. Y Valentine se había esfumado. Eso no pintaba nada bien.
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Las cosas comienzan a complicarse de nuevo..! A partir de los siguientes capítulos es donde comienzo a tomar como base los libros.. Y no se olviden de los Wayland que seguirán en esta historia hasta el final..=D Espero les siga gustando y dejen Reviews..!
