La Soledad de Sam
Sam Winchester no podía creer lo que había sucedido en las últimas horas, y no le quedaba más que recordar esos momentos tan dolorosos. Primero estaba la violación que había vivido por su hermano, bueno por el demonio que lo había poseído para hacer que Sam fuera tan fértil como una mujer, después se había comportado como una perra en celo que necesitaba ser violada, y Dean se había comportado como todo un caballero al salvarlos de los demonios, llevarlo al hotel y hacerle el amor como sólo dos machos de la talla de los Winchester podían hacerlo. Por supuesto tenía que haber consecuencias: el menor de los hermanos estaba embarazado.
Caminó por el reducido cuarto de hotel con techos bajos tratando de recordar como es que habían llegado a la biblioteca, pero ahí habían terminado después de todo eso, después las sombras cubrieron su existencia y a oscuridad envolvió su alma. Recordaba estar parado frente a Dean, besándolo, acariciándolo y después la ligereza de su propia irrealidad. Despertó en la cama del hotel como de una pesadilla en que había atacado a su hermano, y el bebé demonio que llevaba en el vientre había tomado control de su cuerpo adulto. No podía explicarlo, y lo que más le preocupaba era la forma en cómo Dean había de parte de bebé. Era de los dos, había dicho Dean, y por eso él también tenía una decisión sobre la vida del no nato. Era producto de un amor incestuoso que no podía morir, que vivía entre Sam y Dean. ¿Por qué su hermano mayor tenía que ser tan cabezotas para algo así? Dean había gritado, se las había dado de macho misógino y se había alejado con el Impala a beber con alguna rubia que lo hiciera alejarse de sus problemas, pero su verdadero amor estaba lejos, en un cuarto de hotel con las manos en el vientre recordando historias de una infancia perdida y el sabor de unos gruesos labios que los volvían loco.
Sam estaba aún preocupado por su hermano mayor cuando las luces empezaron a titilar, su computadora se apagó de repente y un aire frío bajó a la habitación. Los vidrios se empañaron. Una nube blanca se elevó desde la alfombra mostrando a una joven muy hermosa semitransparente que Sam reconoció de viejas fotografías sepia.
"Margaret Brewster", dijo el Winchester recordando al fantasma de la casa que habían ido a investigar.
Y en realidad era ella, pues los rasgos finos de su cara, y las lágrimas de ectoplasma que rodaban por sus mejillas eran inconfundibles. Era ella, el fantasma que estaba detrás de todo aquello.
"Sé por lo que has estado pasando, Sam Winchester, el padre del niño que llevas te rechaza al igual que me rechazaron a mí."
"No te estoy oyendo", respondió Sam al volver su rostro contra la pared opuesta.
"Es un crimen muy terrible el de ser estar destinado a la soledad de una maternidad no esperada. Yo tengo la solución a todo eso. Toma mi mano."
"¡No te estoy oyendo!" repitió Sam con un grito espantoso, sin darse cuenta que el fantasma ya estaba sobre él, tocándolo con la muerte como un velo fino que apenas alcanza a tocar la piel.
El primer pensamiento que vino a la cabeza de Sam fue el de su hermano, que lo necesitaba ahí para salvarlo, para alejar al fantasma de ahí, pero después pensó en el bebé que llevaba en el vientre y el bebé pensó en él. La maldad del demonio empezó a extenderse a lo largo de su cuerpo hasta que los ojos del joven Winchester estuvieron negros. Estaba completamente poseído. El Sam demoniaco le sonrió al fantasma y le dio su mano.
"Ya verás que no te vas a arrepentir, es la mejor decisión que has hecho. Una vez que te lleve a la casa y obedezcas cada una de las órdenes que te dé, estarás libre de ese hombre que te oprime y de ese bebé que no quieres" dijo el fantasma sin entender que ya estaba tratando con un demonio.
"Te sigo, entonces", respondió Sam con una voz gutural proveniente directamente del infierno.
"Toma un cuchillo y no me pierdas de vista", ordenó el especto al usar su poder para abrir la puerta de la habitación del golpe.
El demonio-Sam hizo como se lo habían dicho y empezó a caminar por la calle, la carretera, por un sendero oculto en el bosque lo llevó directamente a la casa embrujada que habían investigado tan sólo algunas horas antes. El fantasma entró, subió las escaleras para entrar en el cuarto que le había pertenecido en vida, sólo que ya no era madera vieja que crujía ni papel viejo que se despejaba de las paredes empolvadas, estaba decorado como alguna vez lo había estado en el pasado.
"Quítate la ropa y recuéstate en la cama."
Como otras veces, Sam obedeció con una sumisión natural las órdenes que le eran dadas y desnudo se acostó sobre la cama con sábanas de encaje rosa. El demonio estaba disfrutando su victoria más que nunca.
"Ahora quiero que pienses en ese hombre, en el padre de tu hijo, y te cortes las venas."
Por la mejilla de Sam rodó una lágrimas mientras el cuchillo se acercaba a sus muñecas y caía la primera gota de sangre.
