De arenas y cantos rodados
El tiempo pasaba como el agua de la clepsidra y nosotros nos hacíamos cada vez más amigos. "Amigos con derecho y sin derechos". Enamorados en la ausencia y desconocidos en las noches. Y a pesar de todo, muchos se arriesgaban a decir que parecía como si nos conociéramos de toda la vida.
Sin embargo y pese a todo, por otra parte, aunque no llegué a recordar el episodio de la borrachera con claridad, durante las noches y en los ratos de ocio no podía borrar de mi mente sus pechos redondos. Los veía en todos lados. Y no podía evitar soñar que los besaba y los acariciaba. Y no podía dejar de sentir a la pelirroja debajo de mí, pellizcando mi espalda y mordiéndome el cuello.
Ese día me desvelé y caí de la cama. Observé el Citizen que llevaba en la muñeca, y me sorprendí de ver que eran las ocho y siete minutos. Y aunque era temprano para mí, decidí levantarme y tras unos instantes de reflexión, resolví que era tiempo de sorprender a Rika. Después de todo "aunque sea una nerd cohibida y tímida es hermosa como la mujer del demonio y me excita terriblemente… y lo más importante de todo: me encanta".
Me vestí apurado y corrí hacia la calle, contando los pasos de ansioso que estaba por llegar a la playa.
- ¿Ryo?- inquirió visiblemente sorprendida, quitando los ojos del libro que leía –Creí que no te gustaba la playa… ¿qué haces aquí tan temprano?
- Te extrañé…- dije, besando su mejilla con rapidez, sin poder evitar el posar mis ojos en su pecho, que lucía un traje de baño rojo.
- ¿Qué sucede? ¿Qué ves? ¿Por qué estás tan cariñoso?- inquirió ella, incorporándose velozmente de su silla.
- Quedas preciosa en traje de baño…- comenté, tratando de inhibir con palabras todas las imágenes que se me vinieron a la cabeza al ver su cuerpo semidesnudo, cubierto tan sólo con esas piezas rojas.
- Quiero verte a ti sin ropa- dijo sin atender a mis palabras y mis ojos perdidos- Quítate la remera…-pidió, jalando una de las mangas de la misma.
Así lo hice y la joven no pudo evitar quedar boquiabierta. La miré sorprendido, pues era la primera vez que lograba llamar su atención tan repentinamente.
- Sería una verdadera lástima que te achicharraras…- comentó, acariciando mi torso musculoso, antes de proceder a frotarlo con la crema de protección solar.
Nos sentamos y permanecimos silenciosos unos largos minutos. Estaba a punto de sacarle conversación cuando se levantó y me invitó a entrar al agua.
Nadaba como una sirena. No podía dejar de mirarla. Aprovechando mi distracción, la joven me salpicó y se alejó rápidamente. Comencé a correrla hasta que la alcancé y la apretujé contra mí.
Salimos y me ofreció su silla. Ella, entretanto, se acomodó en una lona. No podía dejar de mirar el agua escurriéndose en su piel apenas dorada.
- ¿Te gusta la arena, Ryo?- inquirió, pensando que era eso lo que yo miraba.
- La verdad, no le encuentro nada especial… es simplemente tierra amarilla…
- ¿Tierra amarilla? ¿Qué dices?
- ¿Qué? ¿No es así?- comenté, mirándola a los ojos con atención.
- No. Ven, acércate. Mira esto…- murmuró, tomando un puñado de arena para mostrarme.
Vi mientras la joven separaba cada grano de arena.
- ¿Ves?- me dijo- ¿Puedes decirme qué ves?
- Arena… arena amarilla…
- ¿Estás viendo, Ryo? Me parece que no… mira bien…-pidió.
Acercó su mano hacia mi rostro para que forzar aún más mi detenimiento.
- Un grano marrón…, otro rojo…, otro amarillo… ¿y eso blanco qué es?
- ¿No es una almejita bebé?
- ¿Y eso negro?
- Un mejillón pequeñito… ¿y ves las piedritas?
- Sí… es cierto… no puedo creerlo… siempre pensé que eran granos amarillos todos iguales.
- Bueno, Ryo… la arena se compone de partículas de rocas…
- ¿La arena es piedra?
- Sí, piedra en pedacitos… Arenisca, se llama.
- ¿Y los granos son siempre iguales?
- No. Claro que no… el limo es mucho más pequeño. Y más pequeña aún es la arcilla…
- ¿Limo?
- ¿Recuerdas los sedimentos del Río Nilo?
- Sí, ya lo recordé. ¿Y los granos más grandes?
- Grava se llaman. Luego, aún más grandes son los cantos rodados, y más aún, los bloques.
- ¿Cómo sabes tanto de arena?-inquirí sorprendido.
- No sé demasiado… pero hice algunos cursos de geología… por eso tengo alguna idea…
La joven se incorporó para estirar un poco las piernas. Me levanté y me paré frente a ella.
- ¿Qué es lo que tú no sabes? ¿Y si sabes tanto, porqué te niegas a enseñarme?- le pregunté, rodeando su cintura con ambos brazos, atrayéndola hacia mí.
- ¿Qué quieres que te enseñe? Creí que ya lo sabías todo…- respondió, sin poder dejar de mirar mi boca.
- No sé todo, de la arena no sé nada…- musité, acariciando sus labios con los míos- De besos sé muy poco…
- No me mientas…- respondió, pensando que debía alejar su rostro del mío, aunque sin voluntad de hacerlo.
Le dirigí mi última mirada antes de cerrar los ojos y atacar sus labios. Sin embargo, un grito de "Cuidado" me detuvo. Un hombre muy gordo perseguía una sombrilla que volaba hacia nosotros.
Casi que por instinto, corrí a la joven junto conmigo, evitando posibles golpes o heridas. La sombrilla amainó su velocidad al entrar en contacto con el agua. Corrí hacia ella y con mofa se la entregué a su dueño.
- ¿Está bien?- preguntó- ¿La chica está bien? ¿No los tocó? Disculpe… Gracias…- culminó avergonzado, alejándose.
Me acerqué nuevamente a Rika.
- Vaya susto…- comentó aún un poco nerviosa por la brusquedad con que se suscitó la situación de la sombrilla- Reaccionaste muy rápido… si era por mí, moría ensartada con la vara de la sombrilla en la nuca, como aquel adolescente en Mar del Plata… ¿recuerdas?
- ¿Murió? ¿Estás segura? Vaya… Bueno, es que es muy peligroso…
- Sí… Todavía estoy un poco asustada…
Apoyé una de mis manos es su pecho agitado. Su corazón latía a muchísima velocidad.
- Ya pasó… ya está…- murmuré en un tono muy tierno, acariciando esa zona tan frágil y especial de su cuerpo con suavidad.
- Gracias, Ryo…- musitó, apoyando su mano delgada sobre la mía, que aún no se separaba de su corazón- Ya estoy mejor…
- Al menos interrumpió algo que habría sido un error…
- ¿El beso?
- Lo siento… ya lo habíamos hablado… Rika... me equivoqué…
- No te preocupes.
- ¿No te enojas conmigo?
- No, claro que no… ¿Por qué? No te preocupes…
La joven sonrió y plasmó un suave beso al costado de mi boca.
- Bueno…- comencé a decir, separando mi mano de ella, al percibir que el ritmo de sus latidos se había normalizado – Se me hace tarde pues tengo que ir al gimnasio… Sabes que si necesitas algo estoy a tu disposición… Nos vemos, Rika.
- ¿Ya te vas?
- Sí. Tengo que ir a hacer un poco de ejercicio. Además... no quisiera seguir haciéndote el amor en mi mente… Adiós, muñeca. Y ten cuidado con las sombrillas voladoras.
- Adiós…
