Disclaimer: El universo de Harry Potter pertenece a J. K. Rowling y a la Watner (Bros). La trama es mía, no robes. No escribo con ánimo de lucro.
N/A: Me meto en cada follón... ay Dios lo que he sufrido yo con esto XDD Gracias a Thaly por Nunca llueve eternamente, pero ahora parece que no va a parar, y por todo lo demás. Gracias tbién a Mer, por la de cosas que me ha beteado (aunque no esta viñeta en particular, precisamente XD) y gracias a las alegres fruitis que gritaron un poco al saber el pairing (heheh).
INCERTIDUMBRE
El Ministerio parece que se caiga a pedazos pese a que al entrar dé la falsa impresión de que todo es tan maravilloso como siempre. Dolores Umbridge se pasea por allí a sus anchas, y cada vez que Tonks ve el ojo de Alastor en la puerta le entran unas ganas tremendas de llorar, de cogerlo en un impulso irrefrenable y guardarlo en el ataúd sin cuerpo que enterraron todos juntos como homenaje a tan gran hombre.
El miedo es algo tan real, tan presente en todas partes, que parece que si levantas la mano e intentas coger el aire entre tus manos sentirás como se te llenan de tensión y pavor. La gente llega con ojeras y se va con algo manchado en su interior, los mortífagos hacen del Ministerio su hogar (nadie mueve un dedo, si lo hace se lo cortan), se promulgan leyes nuevas y todo parece una locura, el sueño de un demente convertido en La Realidad.
Por eso, cada vez que Tonks ve a Kingsley una sonrisa (diminuta, efímera) asoma a sus labios.
Porque Kingsley es alto y de espaldas anchas, se rapó al cero hace ya mucho tiempo e inspira una confianza enorme, tan enorme como él mismo. Y le habla (cuando parece que todo se va a hundir, la esperanza perdida) con esa voz suya, profunda y lenta, y ella se calma y tiene ganas de rodearle esa espalda tan grande con los brazos, poner la mano encima de la suya (blanco y negro, pequeño y gigantesco) e incluso, quizás besarle.
Porque Kingsley consigue que todo desaparezca. Le hace creer que puede esconderse detrás de él eternamente, protegida por el traje a rayas que lleva al volver de velar por la seguridad del Primer Ministro muggle.
Porque Kingsley consigue lo que Remus (con su callada serenidad y resignación) no hace: que una joven de pelo rosa chicle y cara con forma de corazón se tranquilice, el corazón vuelva a latirle a ritmo normal y, por unos instantes, se olvide de la Guerra (siempre en mayúsculas, legado de un Alastor gruñón) y sólo piense en cogerle de la chaqueta y besarle, besarle, besarle.
(Así que lo hace).
-La verdad es que no sé si el Ministro... -cuando habla todo se difumina, Tonks se pone de puntillas y se acerca a él hasta que sus narices se rozan-. ¿Qué... qué haces?
-Creo que voy a besarte.
Se miran largamente (en realidad no, son dos segundos contados) antes de que Kingsley se encoja de hombros y sonría a medias. No es tan buena persona como aparenta, Remus le importa una mierda y media.
Así que la besa. Le coge el pelo (que empieza a cambiar de color de repente), junta sus labios con fuerza. Uno empieza y el otro le sigue, un paso detrás de otro.
Se muerden los labios, casi, de lo rápido que quieren ir de repente. Tonks es suave, pero la verdad es que Kinglsey no.
En un principio tenía que ser un beso, uno sólo. Unos besos, incluso, si nos ponemos considerados. Pero no entraba en los planes de ninguno el acabar así. Sí, así. Las piernas de Tonks se abren y Kinglsey le lame el ombligo, posa la mejilla encima suyo y luego baja, y lame, y todo resbala. Y Tonks gime, gime tanto y tan fuerte que parece que la van a oir en la otra punta del mundo, como si estuviese dejando escapar todo eso que le aprieta en la boca del estómago con cada gemido descontrolado.
En un principio tenía que ser un beso, uno sólo.
-Ohjoder -la mano de Tonks es decidida cuando se cansa de esperar a que Kinglsey deje de jugar.
Unos besos, incluso, si nos ponemos considerados.
Insultos, alegres y amables menciones a la madre de Merlín, gemidos varios, piernas de mujer alrededor de las de Kingsley, los pantalones en los tobillos, los pechos de Tonks que se levantan cuando esta echa la cabeza hacia atrás.
Pero no entraba en los planes de ninguno el acabar así.
