Capitulo 8
FairyTail no me pertenece, es propiedad de Hiro Mashima LOL
Aquellas calles llenas de casas elegantes, amplias y con jardines arreglados y llamativos le resultaban tan ajeno. No se parecía en lo absoluto a lo que estaba acostumbrado.
Reconocía ya, desde cuadras atrás, la casa de ella. De su amiga.. amiga.
Atravesó la reja que daba a los bonitos jardines llenos de flores coloridas y llegó a la enorme puerta de madera oscura de la entrada principal. Llamó a a puerta.
Esperaba que Levy ya estuviera en casa. Pero estaba nervioso, y eso le molestaba. ¿Por qué estaba nervioso? ¿Por la reacción que pudiera tener la pequeña chica al encontrarse con aquel que la abandonó sin decir ni una palabra? Levy no era rencorosa. Lo que temía era lo que pudiera haberle pasado, o mejor dicho, lo que pudieran haberle hecho cuando el no estaba.
Se encontraba recargado en la blanca pared de concreto que rodeaba la entrada principal, observando un punto infijo en el suelo cuando Lucian apareció en el umbral tras la puerta. Miró a Gajeel con sorpresa y confusión. Lo había conocido ya, había ido varias veces a casa de Levy. Lo que lo extrañaba era que estuviera solo.
-Hola Gajeel
Saludó Lucian confundido.
-Hola. ¿Levy ya llegó?
Preguntó el moreno lo más educado que pudo.
-No, no ha llegado aún. Me extraña que no esté contigo. Por tu vestimenta supongo que no fuiste a la escuela hoy.
-No, no fui, y es por eso que la busco. ¿Cree que esté aun ahí?
Lucian lo miró, ahora con preocupación. Sonaba agitado y ansioso, bajo sus ojos había ojeras moradas y en su brazo había un corte rojizo rodeado de piel blanca.
-Es lo más probable pero,…
Dudó unos instantes, pero prosiguió
-¿Qué te sucedió en el brazo?
Gajeel se miró el brazo y maldijo por lo bajo.
-Nada importante, no se preocupe.
Y salió cruzando el jardín y la reja rumbo a la Academia Oak.
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Esa mañana, después del "incidente" en el laboratorio, Levy no logró reunir la fuerza suficiente para entrar al resto de las clases. Se confinó en la biblioteca hasta que dio la hora de salida. Se sentía tan pequeña, vulnerable. Sola.
Había tenido que ocultarse de la maestra Juvia que había entrado en algún momento del día, mientras Juvia cogía libros de estantes y papeles de aquí y allá Levy se escondía tras un sillón viejo al fondo de la habitación. Había metido la mano debajo de este en mero acto de nerviosismo y había tocado algo frio y metálico. Cuando la maestra salió, lo alzó para poder verlo, y lo soltó frenéticamente. Era un cuchillo.
Decidió esperar a que la escuela se despejara de todo el alumnado. Iría al laboratorio como se suponía debía de, y limpiaría lo más pronto posible para poder irse a casa.
No quería distracciones ni burlas por parte de nadie. Nadie
Habiéndose prácticamente vaciado el edificio cogió su mochila para salir de la biblioteca hacia los pasillos y el salón de química.
Miraba ocasionalmente a los lados para evitar que los maestros de las clases a las que no había entrado la viesen. Lo más desapercibida que logro ser, llegó a su destino y cerró la puerta detrás de ella.
Miró a su alrededor y suspiró. Era un soberano desastre. Los estragos de la explosión sumado a los papeles y envolturas de comida que los alumnos habían dejado a lo largo del día. Se preguntó cómo fue capaz el profesor Totomaru de dar clases con el salón en esas condiciones, ella, de solo entrar, se había sentido ansiosa Al menos sería un motivante para su tarea.
Comenzó a limpiar el exceso de polvo de encima de las mesas y sillas con trapos y toallas que halló en el pequeño cuarto de limpieza. Con tan solo pasar el trapo una vez se llenaba de motas blancas y grises que limitaban la segunda pasada. Tenía que enjuagar los trapos casi con cada pasada.
Apretó el trapo con fuerza mientras exprimía. No debería ser ella quien estuviera haciendo eso. Pero luego pensaba en Miko y la navaja. La maldita navaja.
Todo era culpa suya. Por tener miedo. Por no ser lo suficientemente fuerte como para afrontarlo. Por depender del chico que ese día había decidido abandonarla. No, no era su responsabilidad, no la abandono, solo faltó a clases como cualquier adolescente.
Sin darse cuenta estaba llorando de nuevo. Se sentía tan impotente, no tenía ni siquiera la fuerza suficiente como para no llorar. Era débil. Y lo sabía.
Lo que no sabía era que, en ese mismo momento un profesor se asomaba por el vidrio de la puerta del laboratorio. No sabía que alguien la observaba con compasión y preocupación.
Los ojos de Juvia derrochaban angustia. Al ver a esa pequeña chica tan desolada y destrozada. Decidió que iría a hablar con Totomaru.
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Había transcurrido como una hora y Levy ya había terminado de limpiar mesas y sillas. Faltaba el suelo y las pizarras llenas de manchas de marcador mal borrado y polvo grisáceo.
Sus lágrimas se habían secado ya. Comenzaba a mover las sillas para poder barrer y trapear. Le dolían los pequeños brazos y su frente estaba llena de sudor. Apilaba sillas cuando de pronto la puerta se abrió de golpe.
Levy volteó la cabeza sorprendida, y se sorprendió aún más al encontrarse a un chico jadeante de ojos escarlata, cabello alborotado y piercings.
Pero su expresión de sorpresa fue reemplazada por una de frustración y resentimiento. Desvió la mirada y siguió su labor.
Gajeel recorrió el laboratorio con la mirada, luego a ella. No parecía lastimada, al menos. Pero, ¿Por qué estaba limpiando el laboratorio?
-Te he buscado por toda la escuela, ¿Qué es lo que haces?
Al oir su voz sintió una opresión en el pecho. Las ganas de llorar volvían pero las reprimió con todas sus fuerzas.
-El laboratorio estaba muy sucio y decidí limpiarlo.
Su voz sonó tan sarcástica que a ella misma le sorprendió.
-Oye Levy, no te enoj-
-¿Qué no me enoje? ¡No! No estoy enojada, ¿Cómo puedes pensar eso?
La voz de Levy era un grito cortado, y las lágrimas corrían ahora como caudales desembocando.
Gajeel suspiró. Su mente era bloqueada al verla llorar; pero de inmediato supo que aquel desastre no era su culpa.
-¿Quién te hizo esto?
Preguntó Gajeel con furia contenida. Un día. Un maldito día y la habían quebrado. Levy ahora lloraba silenciosamente, siendo audibles solo sus sollozos.
-Te contaré cuando llegue a casa.. si me ayudas.
Confundido por su cambio de expresión tan repentino, Gajeel se limitó a asentir. Los ojos de Levy seguían brillosos y abiertos y sus mejillas sonrojadas por el llanto.
-… y si prometes contarme tú también. Me debes una explicación.
Asintió de nuevo, oprimiéndole el pecho aquellas palabras llenas de ansiedad.
Entre ambos, terminaron de mover todo para limpiar el suelo. Cuando hubieron terminado, sin decir una palabra, tomaron rumbo hacia casa de Levy.
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Al llegar a casa de Levy, por fortuna, no coincidieron con Lucian, por lo que ambos cruzaron la casa escaleras arriba y a la recamara de la peli azul.
Entraron, Gajeel detrás de ella, y cerraron la puerta. Levy dejó su mochila en la esquina predestinada y se desplomó en el suelo con la espalda recargada en la pared.
-Bueno, comienza a cacarear.
Murmuró Levy, apenas audible para su amigo y con la vista fija en el suelo.
-No.
Levantó la vista, sorprendida.
-Ese era el trato.
Gajeel la miró desde su posición; de brazos cruzados al pecho y la espalda recargada a la pared, de pie.
-No. Tu primero.
Levy suspiró. No tenía ánimos para empezar una discusión, mucho menos en algo tan trivial.
-De acuerdo…
Levy contó todos los acontecimientos de ese día; iniciando con la clase de química, pasando por su estadía en la biblioteca y hasta su llegada. Gajeel solo escuchaba atento e inexpresivo, hasta que, al final de la narración ella rompió en llanto, poniendo sus pequeñas manos sobre su cara y escondiéndola en sus rodillas. La expresión de el se tornó a una de completo espanto. No tenía idea de cómo podía consolarla. ¡Y demonios que quería hacerlo!.
En un intento desesperado se puso de cuclillas, a la altura de ella, y comenzó a acariciarle la parte superior de la cabeza, desordenando los rebeldes cabellos azules.
Al instante, Levy levantó la cabeza y lo miró. Gajeel desviaba la mirada con un levísimo rubor en las mejillas. Conmovida, la peli azul, en un acto impulsivo, rodeó el cuello del moreno con ambos brazos, quedando sentados en el suelo, ella en las piernas de el, ahogando sus sollozos en su pecho.
-Soy tan débil Gajeel,… no soy capaz siquiera de… pasar un día en la escuela sin que… me hagan algo. Soy tan vulnerable,… frágil.
Gajeel bajó la cabeza, la chica en sus brazos era tan pequeña que le llegaba no mas arriba de los hombros. No sabiendo que decir para animarla, continuo desordenándole aun mas el cabello azul.
-… Debes… debes contarle a tu padre.
Levy movía la cabeza negativamente aun recargada en el.
-No,… no puedo… no puedo ser una carga mas…. El ya tiene suficiente con que lidiar.
Gajeel negó con la cabeza desaprobatoriamente.
-No eres una carga, y mucho menos para el, además, tiene derecho a saber lo que le sucede a su hija ¿o no?
Levy continuaba con su cabeza de lado a lado, sollozando aun mas.
Entonces fue cuando Gajeel escuchó pasos desde fuera de la habitación.
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Lucian tomaba un descanso de su trabajo y se dirigía a su habitación a tomar un libro que había iniciado hacía poco. Pero, al pasar frente a la puerta que daba a la recamara de su hija se detuvo. Le pareció oír a alguien llorar.
Preocupado, volvió en sus pasos hasta quedar frente a la puerta y volvió a escuchar atentamente. Lo que le había parecido un llanto ahora era una risita inocente y descontrolada. La risa que Levy soltaba cuando le hacían cosquillas. Una sonrisa se dibujó en su rostro y continuó su camino. Adolescentes.
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-¡Gajeel… para!
Exclamó Levy entre risas combinadas con los sollozos restantes de su llanto.
-¿A que han venido las cosquillas?
Gajeel la miró, y desvió la cabeza antes de contestar.
-Tu padre… pasaba por aquí, no quise que te oyera llorar.
Levy agachó la cabeza. Se sentía culpable; por no tener el valor de decirle a su padre, y por haber implicado a alguien mas.
-Entonces, lo que escuchó ¿fue mi risa?
El asintió.
-¡Oye! ¿Y si piensa algo… equivocado?
Preguntó Levy sonrojada de repente. Gajeel soltó una risa inusual. Su risa característica.
-Gihi, tu risa es demasiado inocente como para que alguien pueda pensar algo.
Levy frunció el seño, aunque no parecía molesta en realidad.
-Pues, señor no inocente, tu aun me tienes que contar por que no fuiste hoy.
Dijo haciendo ademán de indignación, cruzando sus brazos a la altura del pecho.
-Uhm…
-¡Lo prometiste!
Gajeel suspiró.
-De acuerdo…
Muahahahahaha, soy tan mala :B.
OK, la historieta de Gajeel será larga y me dio pereza ponerla en este mismo captulo asi que tendrán que esperar hasta la próxima actualización, pero, ya no prometo nada ._. La escuela y mis clases me traen loca, pero si continuaré la historia don´t worry!
De nuevo, muchas gracias a los que dejan review, es un bonito detalle c:
Nos veremos, (con suerte) el próximo miércoles… o jueves… o viernes… la siguiente semana :l
Deja review si odias a Miko!
Sayonara!
