Maura se frotó la sien lentamente y cerró los ojos al sentir el efecto del vino. Al lado de la cama había una pequeña lámpara que iluminaba la habitación lo suficiente para permitirle llegar a ella sin tropezar con algo en el espacio desconocido que era la habitación de invitados.

Hacía mucho tiempo no bebía tanto vino. Una copa siguió a otra entre temas que nunca pensó conversar con una persona que apenas conocía. Maura Isles siempre había sido muy reservada.

Se dejó caer sobre la cama y cerró los ojos para volverlos abrir unos segundos después. Se le hacía más difícil mantenerlos abiertos con cada segundo que pasaba. Una de su mano reposó sobre su abdomen y sintió la textura de la blusa que Jane le había prestado. ¿Qué es lo que hacía en esa habitación? Pudo haber llamado a un taxi, en ese momento no estaba tan ebria. Sabía el por qué. Jane era el por qué. La había convencido tan fácilmente para quedarse que no lo pensó dos veces. Pero en aquel momento, y ahora, Jane seguía teniendo razón: solo tenía unos días más en Boston y luego regresaría a Nueva York. Tenían que aprovechar el poco tiempo que le quedaban.

Recordaba la sonrisa en los labios de Jane antes de soltar una carcajada por la cara que había puesto al mostrarle la ropa que ahora vestía para dormir.

-Flashback-

—No es de seda pero creo que será lo suficientemente cómodo para dormir —había dicho y luego añadió—. Por lo menos yo lo encuentro de ese modo.

—¿Lo has usado? —preguntó Maura, tambaleándose un poco, sosteniéndose del brazo de la morena.

—Cuidado. No te vayas a caer o peor, vomitar. Y claro que lo he usado pero no te preocupes que está lavada. —Las dos se sostenían la una de la otra, lo cual no ayudaba a ninguna de las dos porque se tambaleaban de un lado a otro.

Las dos se empezaron a reír sin razón alguna antes de que Maura tomara la blusa.

—¿Me puedes ayudar? He perdido un poco mis habilidades motoras.

—¿He? —dijo Jane antes de caer en cuenta que Maura se había girado y ahora estaba intentando encontrar el broche de su vestido—. C… Claro.

—¿Crees que mañana despertemos? —preguntó para hacer el cabello dorado a un lado, ya que Maura se lo había librado anteriormente de la coleta que lo sostenía.

—Bebe mucha agua para mantenerte hidratada.

—Me lo hubieras dicho antes de empezar a beber. —Comenzó bajar el broche lentamente.

—Sí te advertí que cerveza y vino no era una buena combinación…

—… ¿ Y tampoco el vodka?

—Te arrepentirás mañana.

—Ya me estoy arrepintiendo. Te prometo que no soy así —dio un paso atrás. Maura murmuró un "Gracias" y comenzó a deslizar el vestido por su cuerpo hasta llegar al suelo. Jane, al darse cuenta de lo que estaba pasando, se dio la vuelta. Maura había bebido de más y aunque no la conociera mucho, estaba segura que lo que acababa de ocurrir se debía en parte al alcohol.

—No suelo beber de este modo. Solo cuando hay algún juego y lo estoy viendo con mis hermanos o mi padre.

—Ya me habías dicho… —Se dejó caer sobre la cama, cerrando los ojos por varios segundos, esperando a que la habitación dejara de dar vueltas.

—¿Estás bien?

—Puedes girarte, Jane —le dijo y Jane pudo escuchar la sonrisa que se había dibujado en sus labios.

Jane no hizo comentario pero le sorprendió que le quedara tan bien la blusa, podría asegurar que Maura no tendría muchas así. Hasta ahora toda la ropa que ha vestido parecía haber sido sacada de una revista de moda.

—No tenía algo más grande —se apresuró a decir cuando notó que Maura se miraba el pecho. La blusa a ella le quedaba un poco más ajustada alrededor del torso.

—¿Segura? Podría buscar algún pijama, estoy segura que Gabriel ha de tener algo nuevo en su tamaño.

Maura hizo una mueca que no pudo contener y por varias razones. Empezando con que no se pondría algo de Gabriel, aunque fuera nuevo, y otra razón es que estaba cómoda con la blusa de Jane.

—Mejor no —rectificó Jane, riendo—. Te dejaré dormir ahora, espero poder llegar a la habitación. Recuerda, cualquier cosa que necesites estoy a la derecha al final del pasillo. Buenas noches, Maura.

Maura asintió y le dio las buenas noches.

—Jane —dijo antes de que la mujer cerrara la puerta—. Gracias por la invitación y la conversación, ha sido muy grata y hace mucho tiempo que no me divertía tanto hablando con alguien.

—Yo también me he divertido —confesó con una sonrisa dibujada en sus labios antes de cerrar la puerta.

-Fin de Flashbak-

Sus sentidos comenzaron a despertar poco a poco. Primero olió el aroma de Jane que la envolvía gracias a la blusa y después sus ojos registraron la oscuridad de la habitación. ¿Acaso estaba teniendo una pesadilla? No. Pensó haber escuchado algo.

Se mantuvo inmóvil por varios segundos, atenta al menor ruido hasta que lo escuchó, era distante pero era como si alguien estuviera hablando. ¿Tal vez Jane estaba hablando en el celular?

Un grito agonizante hizo que se sentara en la cama en un respingo y su corazón se aceleró al volver a escucharlo.

—Jane —Se bajó de la cama, corriendo hacia la puerta, tropezándose antes de llegar y cayéndose al suelo. La punzada de dolor en su cabeza le recordó las copas que se había tomado. Se levantó con la misma velocidad que cayó y caminó usando la pared como apoyo hasta llegar a la puerta de la habitación de la mujer—. Jane. —No respondió pero escuchó otro gemido de dolor. Sin pensarlo un segundo más, agarró el pomo de la puerta y lo giró, abriendo la puerta lentamente hasta quedar completamente abierta.

—No…¡NO! —gritó Jane y Maura se apresuró a ella, encendiendo la lámpara al lado de la cama.

—Jane estás teniendo una pesadilla —dijo angustiada al ver el rostro de Jane iluminado y brilloso por el sudor—. Es Maura… —susurró y su mente quedó en blanco sin saber qué hacer para que despertara.

El cuerpo de la morena se estremeció de repente con otro gemido de dolor.

Maura la miró boquiabierta, paralizada por varios segundos antes de tocar su hombro, sintiendo la piel húmeda por el sudor, y la sacudió suavemente.

—Jane despierta… —El dolor reflejado en su rostro era demasiado y el corazón de Maura palpitaba a un ritmo alarmador—. Por favor.

—Ho…Hoyt —se quejó, apretando sus manos, cerrándolas en un puño.

—Jane, es una pesadilla. Soy Maura, despierta. —Observó cómo los nudillos de la mano izquierda de Jane comenzaban a tornarse blanco—. Es Maura —repitió y cubrió el puño con su mano.

—¡NO! —Los ojos de Jane se abrieron de repente antes de sentarse en la cama con una velocidad que provocó que Maura ahogara un grito por la sorpresa que le dio el repentino despertar.

—Soy… —Su voz le falló, entrecortada y jadeante—. Soy Maura —susurró, sintiendo el frío metal del cañón en contacto con la piel de su sien.

Jane aún no reaccionaba. Su cuerpo ardía y daba bocanadas de aire intentando llenar sus pulmones de oxigeno otra vez. Ojos claros la miraban y reconoció el miedo en ellos pero no entendía el por qué… hasta que notó el cañón de su pistola presionado contra la sien de la mujer. Inhaló con fuerza y ahogó un gemido. La pistola resbaló de sus dedos, cayendo en el colchón y luego al suelo con un estruendo que la regresó a la realidad.

—Maura… —Se miró las manos y luego otra vez el rostro de la mujer—. Maura —se repitió como si estuviera procesando que la mujer que estaba sentada al borde de su cama fuese realmente Maura. Se alejó de ella, moviéndose con sus manos y pies hasta que su espalda colisionó con el espaldar de la cama—. ¿Qué he hecho…? Yo…yo casi…

—Jane —logró decir.

—No. No… mantente lejos de mí. Yo casi… Oh Dios. Lo siento Maura… —Sus manos temblaban descontroladamente, todo su cuerpo lo hacía.

—No lo hiciste —dijo con firmeza, aun sintiendo sus palpitaciones fuera de control.

—Maura por favor… —Cruzó sus brazos en forma de cruz sobre su torso, intentando detener o al menos disimular sus temblores pero era inútil. Toda ella temblaba—. Esto no… No debiste. —Se maldijo en voz baja al no poder detener las lágrimas que comenzaban a deslizarse por su rostro, una detrás de la otra.

La reacción de Maura las sorprendió a las dos. Eran pocas las veces que Maura Isles actuaba sin pensar. Su cuerpo se movió por sí mismo tomando vida propia. Primero se levantó solo para agarrar impulso con sus piernas y subir sobre la cama, acercándose hasta Jane, posicionó sus rodillas a los lados de los muslos de la mujer y la sostuvo en un fuerte abrazo. Jane permaneció inmóvil por varios segundos antes de romperse y aferrarse a la cintura de Maura.

Los minutos pasaron entre ellas como segundos mientras Jane sollozaba con su rostro escondido en el pecho de Maura.

—Lo siento…

—Shhh —Maura continuó deslizando su mano de arriba abajo por la espalda de Jane, calmándola poco a poco. Besos fueron dejados sobre su cabello y sonrió levemente al notar que los sollozos de Jane cesaban—. Cuando era pequeña tenía muchas pesadillas… —comenzó a decir en apenas un susurro y continuó cuando Jane asintió con el rostro escondido en su pecho—. Ella me ha cuidado desde que tengo memoria, es la asistente de mi madre pero también fue mi niñera. Mi padre murió cuando tenía cinco años y fue cuando comenzaron las pesadillas. Despertaba como tú… y Ella me abrazaba hasta quedarme dormida otra vez, siempre que lo hacía no volvía a tener una pesadilla esa noche. Por un tiempo le creí que era magia —dijo con un tono más alegre y sonrió al sentir la sonrisa de la morena en sus brazos—. No sabía que más hacer… —admitió y entendió que ya no hablaba de Ella, sino del abrazo.

Maura se separó lentamente hasta sentarse a su lado, apartándole un mechón de pelo humedecido por el sudor en su rostro.

—Me cambiaré esta ropa… He arruinado la blusa, te buscaré otra. —Aclaró la garganta y bajó de la cama, caminando hacia la puerta a la derecha que Maura dedujo era la del cuarto baño.

—No es necesario. Estoy bien con esta.

Jane la miró confundida por varios segundos hasta sacudir los hombros y desaparecer de su vista al cerrar la puerta del cuarto baño. Maura no se movió hasta escuchar el agua del lavamanos. Se miró la blusa humedecida por las lágrimas y sudor de Jane y suspiró cerrando los ojos. ¿Por qué había hecho algo así? A Jane no le pareció molestarle pero la más sorprendida con sus acciones era ella misma.

Se movió un poco, colocando sus pies descalzos sobre el suelo, inclinándose para recoger la pistola del suelo. Se sentía pesada, sin duda estaba cargada. El despertar de Jane la había tomado desprevenida y no había notado que había sacado la pistola de debajo de la almohada. ¿Acaso Jane dormía así todas las noches? ¿Acaso siempre tiene esas pesadillas? Dejó la pistola sobre la mesita de noche y justo en ese instante la puerta del cuarto baño crujió un poco.

—Mucho mejor —avisó al salir. Se había cambiado la blusa y ahora vestía un camisón extra grande con un bóxer de mujer; al menos así le llamaba ella—. Gracias —le dijo al notar la pistola sobre la mesita.

—¿Estás mejor? —preguntó, deseando saber qué más podría hacer para ayudarla. Nunca había pasado por una situación así; no había tenido muchas amigas para confortar, no de esta forma.

—Siento mucho que hayas presenciado eso… —susurró subiendo en la cama, apoyándose en el espaldar.

Maura asintió levemente y permaneció callada por varios instantes. No estaba segura si fuese apropiado preguntar algo. Jane había dicho el nombre de Hoyt y hasta ahora lo único que sabía era que Jane fue quién lo mandó a la cárcel. Estaba familiarizada con los casos del Cirujano, pero no tenía conocimiento del historial que tenía con Jane. ¿Acaso Jane era consciente de que había dicho el nombre de Hoyt?

—Estabas agonizando. —Permaneció de pie al lado de la cama.

El rostro de Jane se tensó notablemente.

—No quiero hablar de esto ahora, Maura —dijo evasiva.

—No debí… perdón —se disculpó con un tono ligeramente contrito—. Mejor regreso a la habitación —añadió a media voz.

Jane no respondió, se limitó a observar la figura caminar hasta la puerta que había quedado completamente abierta.

—Maura. —No dijo nada más por varios segundos al notar que su voz se volvió un susurró tembloroso. Estuvo agradecida de que se detuviera en la puerta—. ¿Te molestaría quedarte? —preguntó.

Maura giró su cuerpo completamente para quedar cara a cara con la morena. Movió la cabeza a cada lado antes de cerrar la puerta y caminó de regreso hacia ella. La cama crujió y osciló con su peso. Jane apagó la lámpara a su lado y quedaron envueltas en la oscuridad.

Como había anunciado en mi FB, estaba decidiendo en poner lo que tenía hasta ahora escrito o esperar a tener todo lo que tengo en mente para este capítulo. He decidido poner lo que tengo, significando que para este finde a más tardar estará la siguiente parte. Perdonen por los errores que puedan ver, mi mente no está procesando las cosas muy bien _.