Capitulo#8 Puesta en marcha
Maka dejó de arrastrarme a través del salón y regresó a mirarme sorprendida. Mi atención recayó sobre el vestuario que llevaba. El vestido resaltaba su figura y su cabello recogido me permitía una vista fascinante de sus hombros descubiertos.
Ambos nos miramos por unos segundos, ella se acercó a mí ligeramente ruborizada.
-Qué quieres decir con eso de que querías verme? -susurró cerca de mi rostro.
Mordí mi labio mientras estudiaba su rostro ¡Esto era un estúpido juego, maldición! Sin embargo, no podía evitar sentirme embelesado por ella.
Tragué con fuerza mientras recorría nuevamente su rostro y sus hombros, mi garganta empezaba a arder, sintiendo la imperante necesidad de aflojar mi corbatín.
-Y bien? -Maka clavó sus ojos en los míos -Explícame
Esa era la oportunidad perfecta de dar el gran paso, tal vez Maka rechazaría mis sentimientos. Sin embargo, quedaría plasmado en su cabeza por el tiempo suficiente para hacerla caer en unos pocos días.
-Maka…-
Nos vimos interrumpidos por una mano que se agitó frente a nuestros rostros.
-Kid, que bien que llegaste! -Soul.
¡Maldita sea! Ese momento iba a ser difícil de conseguir nuevamente y aquí aparecía el retardado guardaespaldas amante a arruinarlo todo, de nuevo.
-Qué bien que llegaste? -cuestionó Maka -Sabias que venía?
Evoqué una pequeña sonrisa.
-Bueno lo escuché de Mendel hace unas horas- respondió él, encogiéndose de hombros.
-Y no pudiste decírmelo cuando estábamos…- se detuvo.
Regresé a mirar con furia a Soul. ¿Otra vez?
Él sonrió nervioso.
-Vaya, ¿ese no es Black Star? -tartamudeó -Los dejo, disfruten la velada.
Maka enarcó una ceja mientras lo veía alejarse.
-Que calor que está haciendo- dije, aflojando el cuello de mi camisa -Creo que iré un momento al jardín.
La segunda prueba de la noche necesitaba confirmar que tan hondo había cavado en ella. Si decidía marcharse con sus amigos ya encontraría otra oportunidad.
Ella dejó salir un largo suspiro.
-No conoces a nadie en este lugar- dijo -te acompañaré al jardín y luego puedes unírtenos, ya conoces a los chicos de vista.
Mi corazón saltó emocionado, ¡lo había conseguido!
Nos dirigimos hacia la gran puerta que daba al jardín, esquivando al mar de gente que se atravesaba por nuestros caminos. Una vez que llegamos, nos sentamos en uno de los banquillos de mármol que adornaban el lugar.
-Vaya es maravilloso- susurró Maka, mirando hacia el cielo.
Dirigí mi mirada a ella, tratando de recordar todo lo que había estudiado en ese estúpido curso de seducción. Debía aprovechar cada momento para lograr derretir el hielo en su corazón y de esta forma lograr su cometido.
Ella me miró de reojo, encontrándose con mi mirada sobre sí misma. Un ligero sonrojo cubrió sus mejillas.
-Acaso te gusta lo que ves? -preguntó con una sonrisa socarrona y un tono burlón.
-Demasiado…-mascullé.
Sus ojos se abrieron desmesuradamente mientras regresaba a mírame. Mi rostro confundido la debió tomar de sorpresa, las palabras dejaron mi boca antes de si quiera poder detenerlas.
Analicé mi postura, ¿sería posible que esté sintiendo realmente cosas por ella?
Maka continuaba mirándome, esperando a que dijera algo más.
Suspiré derrotado. Ya no importaba si sentía o no algo por ella, había ido demasiado lejos como para detenerme ahora.
-Maka, sé qué te parecerá confuso- comencé -no llevamos mucho tiempo conociéndonos, sin embargo…-
Clavé mis ojos a los suyos mientras me acercaba lentamente a ella, asentando mi mano en su mejilla.
-Realmente me gustas- susurré cerca de sus labios.
Sus ojos se cerraron mientras se inclinaba hacia mí, acortando el espacio y juntando nuestros labios. Una corriente atravesó mi cuerpo desde lo más profundo de mi ser, cuando sus labios empezaron a moverse sobre los míos. La apegué a mí, cerrando mis brazos sobre su cintura a medida que profundizábamos el beso.
De pronto, un pensamiento me golpeó. Había sido un tonto, esto no significaba que ella me quería, Maka buscaba precisamente lo mismo, enamorarlo. Por supuesto que no iba a perder la oportunidad cuando le confesó que le gustaba.
Salí de mis pensamientos cuando ella deslizó sus brazos alrededor de mi cuello, atrayéndome más. Nuestras lenguas se enroscaban con fervor mientras nuestros cuerpos se presionaban apasionados. Cualquiera que nos llegara a ver en ese momento, creería que ambos somos amantes.
Y vaya que no lo somos. A lo lejos, pude distinguir la figura de Mendel, una sonrisa perversa cruzaba su rostro. Regresé mi mirada al rostro de Maka, sus mejillas sonrosadas y sus facciones angelicales eran una delicia. Pensar que estaba besándola hizo que por primera vez fuera consciente del hecho. Mi cuerpo, percatado, empezó a responder tardíamente. Mi corazón se aceleró y mi rostro se ruborizó.
Maka deslizó su mano desde mi cuello hasta mi pecho, enviando pequeños flujos de electricidad por donde pasaban hasta detenerse y agarrar con fuerza mi camisa. Un pequeño quejido salió de mis labios al sentirla presionarse contra mí.
Maka abrió sus ojos de par en par, los mismos que aterrizaron en mí. Se separó jadeante y se levantó bruscamente.
-Maka, no…- traté de detenerla, horrorizado -yo no quise…
Ella sonrió con lascivia, tomando mi brazo y arrastrándome tras ella.
-Espera, ¿a dónde vamos? -pregunté confundido, regresó a mirar por sobre su hombro.
-A mi habitación.
La puerta se cerró tras de mí y no pude evitar sentirme nervioso. En el camino hacía su habitación pude sentir la mirada de Mendel y de Soul penetrando mi cuerpo. Maka me arrastraba fervientemente a través del salón. Una vez que subíamos las escaleras me di cuenta de que no habría marcha atrás.
Maka estaba parada frente a mí, sus ojos escudriñaban mi cuerpo de arriba abajo. Tragué con dificultad, su mirada estaba nublada y apagada.
-Estás segura de que quieres hacer esto? No te ves muy convencida, casi hasta pensaría que te sientes obligada- me acerqué a ella y acaricié su mejilla -si es por mí, ten por seguro que no me enojaré si decides dejarlo.
-Kid- murmuró ella, clavando sus grandes orbes olivas en mí -No quiero que pienses que yo soy este tipo de chica.
Enarqué una ceja.
-Es decir- ella se pegó a mí -No te voy a mentir, esta no es mi primera vez. Sin embargo, jamás he tenido relaciones con alguien que apenas conozco y, mucho menos, cuando es la tercera vez que nos vemos-
Sonreí complacido, sus palabras sonaban sinceras. Actuación o no, me estaba volviendo loco.
Sus manos aterrizaron en mi cuello mientras se acercaba lentamente a mí.
-Realmente espero que no…- no la dejé terminar, estrellando mis labios contra los suyos.
Como si no nos hubiéramos separado del último beso en aquel banco de mármol, la pasión volvió a encenderse mientras nuestras lenguas batallaban por dominancia. Maka llevó sus manos a mi chaqueta, despojándome de ella y apresurándose a hacer lo mismo con mi camisa.
Unos minutos después estábamos en su cama, uno sobre el otro. Mis manos eran un desastre, sin saber realmente dónde colocarse o dónde les era permitido tocar. Maka sonrió entre los besos, se apoyó en sus codos y se separó.
-Kid, es esta tu primera vez? -preguntó divertida
No lo era, pero ella me entorpecía. No llevaba la suficiente cantidad de tiempo conociéndola para entender sus reacciones.
Maka mordió su labio con sensualidad mientras ahogaba una risilla. Rodé los ojos hacia atrás.
-No te enojes- dijo, acercando sus labios a mi cuello y depositando pequeños besos -Es decir, si quieres hazlo. Pero no te detengas-
Me estremecí cuando mordió delicadamente el lóbulo de mi oreja. Mis pantalones empezaban a asfixiar mi falo, desesperado por liberarlo. Me lancé encima suyo mientras reía divertida. Mis manos acariciaron su espalda hasta toparse con la cremallera del vestido. Maka tarareó en aprobación cuando sintió que el cierre bajaba. Me miró con lujuria mientras se deshacía de la prenda, dejando sus pechos al descubierto.
Mi miembro vibró y ella pudo sentirlo pues su mirada se dirigió hacia ese punto.
-Estoy totalmente desnuda, sin embargo, aún llevas demasiada ropa encima- se quejó con un mohín.
Sonreí, poniéndome de pie frente a ella y comenzando a desabrochar mi cinturón. Me miró con impaciencia mientras seguía cada uno de mis lentos movimientos.
-Oh, que torpe soy- mascullé, sonriendo socarronamente -No puedo sacar este estúpido cinturón.
