Sonrisas (con garras)
VIII
Había una vez, en una celda oscura vivía un niño llamado Mukuro junto a sus amigos…
Tsuna parpadea, despertándose después de un sueño más revelador que reparador— Ah—murmura para sí mismo, ignorando el ceño fruncido que Kyoya dispara hacia él—. Me disculpo—dice entonces, sonriendo a su amigo con una dosis extra de ternura— pero voy a tener que dejarte.
Y se va antes que el Prefecto Demonio pueda descongelarse de la sobrecarga moe.
Kusakabe tiene la mala suerte de llegar minutos después.
(Él se pregunta qué demonios hizo en su otra vida. No podía haber sido tan malo, ¿cierto?)
La sombra más grande engancha su paso con facilidad con el niño, una expresión oscura que nadie puede ver pero se refleja perfectamente en el rostro joven de Tsuna, quién se desliza por las calles en una búsqueda urgente. Él encuentra a su objetivo caminando por la calle y éste no tarda en notar la emergencia escrita en los ojos sombríos.
— ¿Tsuna-san?—interroga, porque a pesar de que sabe que el niño más pequeño es un monstruo no siente más que respeto y gratitud –junto con tal vez algo más- por quien lo protegió y espantó a los matones para siempre.
(Aún hoy, Shoichi a veces se pregunta exactamente qué hizo con ellos. La parte oscura de sí no puede evitar sentirse satisfecho por el temor en sus ojos.)
Sonrisa de helada Tsuna es maravillosamente suave— Shoi-chan—saluda, y parece por un instante que su sombra es mucho más grande lo que él es—, necesito tu ayuda.
Hay un tirón en su estómago, y sin embargo, no existe duda— Por supuesto.
La forma en que esa sonrisa se transforma en garras afiladas es hermosa.
(Aún si su estómago está comenzando a empeorar.)
Mafia en Namimori.
Mafia en Namimori.
Experimentando en niños.
Tsuna puede oírse hablar en el fondo, con un tono que no traiciona ninguna pizca de la absoluta ira que está bullendo en su estómago. Él solo quiere ir allí y cortar en pedazos a todos, manteniéndolos vivos para que sufran con cada cortada de sus cuchillas. Él realmente lo desea.
Sin embargo, él no es tan impulsivo como Kyoya y reconoce que no puede simplemente caer en el centro para eliminar sus asquerosas presencias. No. Primero necesita un plan, y lo bueno es que tiene al chico indicado para ayudarle.
Shoichi es un genio.
Y la seguridad de su objetivo es una mierda para sus estándares.
Diez y media de la noche una figura se enfrenta a una construcción de apariencia común.
Él cierra los ojos y se concentra.
Sonríe.
Sus ojos son fuego vivo.
Es momento de reducirlo todo a cenizas.
En otra parte de Namimori, un chico de cabello negro abandona la casa de alguien más, dejando atrás a un pelirrojo asustado.
Él está completamente furioso.
Alguien va a morir esa noche.
Lo siento, Tsuna-san, Soichi piensa, estrujando sus manos en señal de nerviosismo antes de tocar el pequeño aparato en su oreja.
— La alondra ha dejado el nido.
No hay señal de que fue oído pero él sabe mejor.
Tsuna debe estar más que furioso.
Había una razón por la que no había invitado al Prefecto Demonio, después de todo.
Sonríe suavemente.
El fuego lame las paredes como una canción desesperada, dejando oscuras huellas de quema tras de sí.
Hay una risa salvaje en algún lado y mientras los cuerpos de los hombros de batas blancas caen y se vuelven cenizas él piensa que es el sonido más bonito que ha oído nunca.
La puerta se abre y él puede ver a su salvador, igual que en ese sueño.
Está teñido de sangre y llamas y es tan hermoso…
El niño le sonríe, la habitación llenándose de suave fuego.
Finalmente… estás aquí.
No recuerda nada después de eso.
Tsuna está llevando al muchacho mayor entre sus brazos cuando el brutal Prefecto llega al lugar, sediento de sangre y sin ningún blanco más que él.
— Tsunayoshi—gruñe, como una sentencia de muerte.
— Ahora no, Kyoya—es lo único que dice, antes de dejar su carga preciosa contra un árbol y entrar otra vez a la sede para rescatar a los otros niños. Y mientras él hace exactamente eso, Hibari frunce el ceño aún más en la ira y mira hacia dentro y luego hacia el chico de pelo púrpura.
Siente un odio instantáneo hacia él.
Escasos minutos después, Tsuna se desliza hacia fuera con dos chicos más, tan dormidos como el primero.
— Voy a necesitar tu ayuda—mirando desde bajo sus pestañas, suspira—. Prometo que te explicaré todo ni bien lleguemos a la Central.
Airado, Kyoya piensa en simplemente dejarlo allí e irse, pero echando un vistazo a los ojos todavía naranjas le hace replantear su decisión. Finalmente, asiente, antes de que quitarle los dos mocosos y comenzar con su camino.
Sosteniendo al niño más grande entre sus brazos, Tsuna se desliza fácilmente en su ritmo.
Un rato después, Tsuna está sentado con una taza de té mientras Hibari lo observa fijamente, como si estuviese esperando a que explotase.
Después de un trago, los ojos suaves contestan la mirada mientras comienza— Voy a contarte una historia, Kyo-chan, de hace mucho tiempo atrás—sonríe—, una historia de hombres y dioses. Pero más importante, de llamas y sangre.
Y Kyoya escucha.
Entiende fácilmente que es mucho más que un simple cuento.
Eh, un poco más largo que los anteriores, ¿cierto? ;)
En el próximo veremos más acerca de la historia, aunque tal vez vaya incorporándolo capítulo a capítulo como un flash back o algo así… mmm… ideas, ideas…
Y hablando de eso, vuelvo a repetir, si hay alguna parcela dando vueltas en su cabeza son bienvenidos a decir ;)
Muchas gracias a todos por leer y añadir a favoritos ^^ ¡un gran abrazo especial a 97fizhy03dt, Dark Sennin, Quesito2015, Victoria Chacin618 y PczZitoO por comentar!
Saludos~
Pdta: ¿A qué personaje les gustaría ver aparecer pronto? :D
