Capítulo 7
Nya… n.n De nuevo gracias pos los consejos y halagos, me alegran la vida, en serio :D Siempre digo lo mismo… Pero es verdad. En fin, a ver qué tal este capítulo… no avanza mucho la trama general de la historia, pero creí que sería conveniente explicar un poco los sentimientos, que estaban un poco confusos… En el siguiente habrá más acción n.n
Para Sirius Black, dormir es sinónimo de pérdida de tiempo.
Sin embargo, aquella mañana todo parecía diferente. La habitación de los chicos de quinto de Gryffindor se hallaba sumida en la penumbra y en el silencio. Se contaban cuatro camas, pero sólo una de ellas ocupada; entre las mantas, dos siluetas, reposando, respirando con calma. Durmiendo. Es curioso que a Sirius no le moleste dormir entonces; con Remus al lado, acurrucado sobre su pecho, recuperando las horas de sueño que perdió en luna llena, él también descansa, sin importarle, como dice siempre, que ahora podría estar ligándome a alguna chica, a lo que James respondería, ¿aún hay alguna aparte de Lily a la que no te hayas ligado? Y la broma continuaría a raíz de la pelirroja, que les miraba siempre, siempre, de reojo…
Duermen durante horas, con el agradable calorcito de las mantas rodeándoles. El sol sube en el cielo, las clases se suceden unas a otras y ninguno de los dos se presenta a ellas, uno con excusa, el otro sin remordimientos. La tarde empieza a caer, y se nota que es invierno porque apenas son las 4 y media y el día ya quiere oscurecerse. Como con un reloj incorporado, Sirius abre los ojos media hora antes de que comience el entrenamiento de Quidditch. Sus ojos grises se posan sobre el cabello claro del chico que duerme con él, y allí pasan un buen rato, unos largos minutos admirando esa belleza. Piensa en un libro del que una vez le habló Remus. Un filósofo dijo un día que el arte es sólo el intento del hombre de plasmar la belleza, porque algunos hombres la perciben más que otros, y, como homenaje a esa belleza, pretenden hacerla atemporal, reflejarla en algo tangible que dure más que un instante. Preguntándose a qué academia de arte habrían ido los padres de Remus antes de decidir tenerle, empezó a moverse con cuidado para levantarse sin despertarle. De todas formas, una vez hubo salido de la cama y se hubo puesto de pie, Remus abrió los ojos, echando en falta la calidez del otro chico.
- ¿Sirius…?
- Buenos días, bello durmiente.
- ¿Qué hora es…?
- Las casi las 5 menos cuarto. - contestó, rebuscando entre la pila de cosas desordenadas y ropa arrugada de encima de su cama, en busca del uniforme de Quidditch.
- Um…
Sirius se giró con el uniforme arrugado en la mano. Con un gesto de su mano, sin varita, la sala se iluminó un poco, como si las ventanas, antes ofuscadas, hubieran vuelto a su estado original. La nueva luz permitió que las miradas de los dos chicos se encontraran; al cabo de un segundo se separaron, Remus sonrojado y Sirius algo inquieto. Después de aquél abrazo, Remus había llorado un poco más en silencio, sobre el hombro de Sirius, ya estirados en la cama. Éste no le había preguntado nada, simplemente le había apoyado, y Remus se lo había agradecido con la mirada. Cuando se hubo quedado dormido, Sirius le había llamado, y casi se había alegrado de no haber obtenido respuesta; quería hablar con él… no, debía hablar con él acerca de lo que había pasado unas noches antes en la Casa de los Gritos, pero no sabía cómo diablos sacar el puto tema, joder. Y menos tras haberle ignorado 2 semanas como un completo imbécil. Coño.
Al despertar, sin embargo, Remus tenía muy buena cara, y Sirius decidió no preguntarle nada por el momento. Sabía que Remus no iba a empezar la conversación, por aquella manía suya de esconder los sentimientos, pero Sirius había aprendido a ver cuándo estaba bien y cuándo no, así que, de momento, estaba bien así, como estaba. Ya hablarían más tarde, cuando tuvieran que hablar. Esa era la manera de hacer las cosas de Sirius.
- Me voy al entrenamiento de Quidditch…
- Oh… de acuerdo.
- Nos vemos en la cena entonces - sonrió y salió de la habitación rápidamente antes de que Remus contestara, sin admitir excusas, para no llegar de nuevo tarde.
El licántropo se quedó estirado en la cama, pensando. Había dolido, había dolido mucho tener a Sirius durante un instante, alrededor suyo, embriagándole, ahogándole con el beso más intenso que nunca le habían dado, y haber estado entonces alejado de él durante casi 2 semanas. Aquello sólo había servido para que Remus se percatara de cuánto le quería y para que se diera cuenta de que Sirius era libre y podía volar cuando quisiera, y era aquello lo que dolía como nunca nada había dolido. Se había torturado durante 14 días pensando, y al fin la noche anterior Sirius había vuelto, con aquella mirada en los ojos que gritaba que sólo vivía por sus amigos y nunca se separaría de ellos; le había abrazado y le había consolado, de la manera que más apreciaba y agradecía Remus: en silencio. Entonces se había dado cuenta de que, por mucho que Sirius volara lejos de él, siempre estaría atado por los lazos invisibles de la amistad. Volvería, y él había sido un tonto al pensar lo contrario. Sonrió vagamente, levantándose de la cama y vistiéndose poco a poco, para adelantar algo del trabajo que se le había acumulado durante el día y tenerlo listo antes de la cena. Pero, a pesar de todo… Aún quedaba una cuestión por resolver, pensó Lupin.
¿Por qué me besaría…?
Cuando bajó a cenar aún estaba dándole vueltas
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- ¿Lo viste, Canuto, lo viste¿Cuándo esquivé la bludger y atrapé la snitch después de dar una vuelta de campana? - James se giró hacia Peter y Remus, que no habían visto el entrenamiento de aquella tarde - Fue realmente alucinante.
- Lo que es alucinante es tu falta de modestia, Jamie. - dijo Sirius, y se llenó la boca con un inmenso trozo de pollo.
- Habló quien pudo, tú que te halagas hasta debajo del agua. ¿Qué intentas, ahogarte con el pollo porque me he lucido más que tú? Qué bajo has caído, tío…
- Cállate la boca, capullo - dijo el moreno tras tragar la comida que tenía en la boca, no sin cierto esfuerzo - La bludger sólo me rozó, y fue por que tú apartaste tu cara de troll de la trayectoria.
- Claro, y yo tendría que haber sacrificado mi cara bonita por salvar la tuya, más fea que la gárgola del tercer piso. ¿Es eso?
- Imbécil.
- Maricón.
- Tu padre.
Cómo había echado Remus de menos aquellas discusiones entre risas durante dos semanas… No pudo regocijarse mucho, de todas formas, ya que alguien le tocó la espalda con un dedo un par de veces para que se girara.
- ¿Charles?
- Hola - sonrió el otro. James y Sirius pararon de bromear en presencia del chico de Ravenclaw. - ¿Vienes un segundito a la biblioteca antes de que cierren? Te agradecería que me ayudaras con un detalle de mi redacción para Runas.
- Por supuesto, justo he acabado de cenar ahora. - se giró hacia los merodeadores y se despidió con una sonrisa antes de levantarse e irse con Charles, saliendo del Gran Comedor. Sirius le siguió con una mirada escrutadora, mientras James le pinchaba la mano con el tenedor sin obtener respuesta.
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Una vez fuera, Charles se detuvo delante de la biblioteca, sin entrar en ella. Remus paró de andar también, en el vestíbulo levemente iluminado por algunas velas.
- Parece que estás mejor - dijo Charles, en un tono agradable.
- ¿Eh? Ah… sí.
- ¿Es por la persona que me dijiste hace días?
- Em… supongo… ¿qué era eso de Runas que querías que…?
- No tengo deberes de Runas.
Remus se quedó parado, mirándole extrañado.
- ¿Y bien?
- Sólo quería hablar contigo. - dijo el otro - Me alegro de que estés mejor. Me gustaría que me explicaras lo que te pasa, somos amigos… Pero bueno, eso de ser reservado es parte de tu carácter, así que no te lo reprocharé. Y no te voy a pedir que me digas quién es esa persona porque sé que no vas a hacerlo. En lugar de eso, te aviso de que voy a descubrirlo por mis propios medios.
Antes de que Remus respondiera, sorprendido por ese brillo travieso que nunca había visto en los ojos de Charles, sus amigos salieron del Gran Comedor, y, asombrados de verle allí, se detuvieron en seco. Charles se despidió del pasmado Remus con su habitual gesto bonachón y volvió a la mesa de Ravenclaw con sus compañeros.
- Cada vez veo más claro que estás liado con ése. - dijo Sirius. James le dirigió una fugaz mirada sin buenas intenciones, y susurró por lo bajo algo que sonó como a …marica celoso… y que se hizo audible para los cuatro merodeadores - ¿Decías, Bambi?
- Que quiero acostarme contigo esta noche.
- Que te follen.
- Oh, sí… Tú, si puede ser.
Subiendo las escaleras, sorprendido e intrigado por los ¿celos? de Sirius y las exageradas bromas de James con temática homosexual, Remus cree que ese día le matarán de asombro cuando Sirius sugiere (que, tratándose de una sugerencia de Canuto, es más parecido a una obligación) que el viernes que viene podemos ir a una discoteca muggle que hay en un pueblo cercano a Hogsmeade. James tarda menos en aceptar animadamente que en detectar a Lily por las mañanas, Remus se encoge de hombros, podría ser interesante, y Peter…
Si hay algo de lo que Remus está seguro es de que el rostro de Peter revela que no entiende nada últimamente.
