Por fin estoy de nuevo aquí. ¿Me esperábais ansiosos/as? No, verdad... bueno, da igual, el caso es que aquí estoy de vuelta, igual de puntual que siempre. Si es que soy un amor, a que sí? xDDD Nah, no tanto. Bueno, antes de nada, aclaro que sale un nuevo personaje en este capítulo. Pero sale por unos momentitos de nada en una conversación telefónica (así que ya sabréis quién es), pero ya no saldrá más (o eso tengo pensado). Necesitaba ponerlo un poco como "enemigo", pero que conste que lo quiero un montón, eh? Es que no sabía a quién poner. No penséis que me cae mal por darle ese papel... "hasta los héroes a veces tienen que hacer de malos...". ¡Ah! Bueno, también digo que a lo mejor tenéis que leer el último trocito del capítulo anterior, al menos la conversación de antes del Flash Back, porque aquí empieza justo después de eso, por si se os olvidó o algo saber seguir con todo. Vamos no sé, lo digo porque a mí a veces me pasa que tengo que volver un pelín para atrás, pero ya allá cada uno, no sé. Era por avisar.
Bueno, y también quiero decir algo que nunca digo y que se me deberías reprochar v.v Quiero dar las gracias a todo el mundo que lee este fic, porque cuando empecé a publicar no pensé que fueran a ser tantos. Por poquitos que seáis, para mí sois suficientes y muy importantes, sobre todo habiéndoos mantenido constantes. Yo que pensaba que esto sólo lo leerían los más allegados... muchas gracias. Me hacéis muy feliz con vuestros reviews. Y he de decir que, sinceramente, no es una buena época, así que necesito y agradezco que me llegue esa poca felicidad que me dais con vuestra atención en algo tan simple a primera vista. Pero para mí, significa haber dado un pasito minúsculo (pero a la vez enorme) para cumplir un sueño olvidado...
8. "Pequeño... Pequeño... Pequeño..."
-…
-¿Ocurre algo? –me preguntó el pelirrojo alzando la cabeza, desconcertado. No había retirado sus brazos de mi cuerpo. Mas yo tampoco hice nada por apartarme de su lado, aun cuando ambos estábamos desnudos, piel con piel, rozándonos sin apenas movernos y sintiendo el calor mutuo. Mi corazón se agitó violentamente bajo mi pecho y no paró, haciendo que Gaara lo notara-. ¿Sasuke?
No, después de todo, como él me dijo, no sólo dejé que él actuara. Yo hice lo propio. Eso no podía ser real, todo tenía que tener alguna explicación razonable que mi estúpida mente fuera capaz de asimilar. Porque no lo asimilaba. No podía, no quería, no debía. Me sentí mareado y noté como si mis piernas temblasen, invitándome a caer al suelo estrepitosamente. Pero traté de mantener el equilibrio.
-Sólo que… ¡Esto no puede estar pasando!
Gaara dejó caer los brazos pesada pero lentamente. Sé que en esos momentos no era su intención, pero los deslizó inconscientemente por mi espalda y sus manos resbalaron por mis nalgas con una suave caricia. La misma caricia que mi cuerpo pidió a gritos cuando se interrumpió. El chico dio un paso hacia atrás y frunció el ceño, mirándome a los ojos fijamente. Se mantenía tan impertérrito que me daba miedo. No podía averiguar qué estaba pasando por su cabeza en ese instante, por mucho que me lo imaginara. Porque desgraciadamente, sí, me lo imaginaba.
-¿Te estás quedando conmigo, verdad Sasuke? –su voz era una sutil mezcla de ironía ofensiva con una dolorosa decepción.
-… no –respondí desviando la mirada. No podría haber soportado ver cómo una lágrima intrépida se lanzaba mejilla abajo. Me deshice en arrepentimientos, sobre todo por haber permitido que aquello pasara la noche anterior, por eso no me quedaba más remedio que aclarar las cosas cuanto antes. Por mucho que me doliera hacerle daño-. Lo siento, no me estoy quedando contigo, pero…
-¡¿Qué coño te crees que soy?! –gritó enfurecido. Yo cerré los ojos y me encogí ligeramente, aguantando lo que se suponía me merecía-. ¡¿Acaso piensas que te puedes follar al tonto de Gaara para desfogar y hale?! Yo no lo hice con esa intención.
-Pero Gaara, en realidad…
-Déjalo,. ¿quieres? No hace falta que me expliques nada.
Se alejó de mí, hastiado. Cogió una camiseta y unos pantalones, nada más, y se marchó del cuarto, aún desnudo –imagino que se vestiría fuera- y sin importarle el no llevar zapatillas o calzoncillos. Supongo que ése era, entonces, el menor de sus problemas.
Me dejé caer sobre el colchón, aturdido. Suspiré intentando no pensar en nada ni en nadie. Ni siquiera en mí. Sólo dejé que mi esencia volara lejos y se olvidara por unos momentos de mi cuerpo, como un desecho inservible. Pero no pareció querer alejarse demasiado, porque casi al instante recuperé esa sensación de que yo estaba ahí, tan mezquino y taimado como para utilizar a mi mejor amigo sólo por un poco de sexo. Y sin embargo no era ésa la razón ni había sido jamás mi intención, porque debía reconocer que me gustó y que sólo me dejé llevar, compartiendo con él, durante una sola noche, la única felicidad placentera en tres años. No obstante, no podía evitar sentirme, tras sus palabras, como un cabrón que jugó con él.
Me senté en el colchón, dejando las piernas por fuera, y mi cabeza cayó hacia abajo como si pesara unas cuantas toneladas. Me fijé en mi cuerpo desnudo. Recordé de nuevo esas imágenes que no sabía si llegaban a atormentarme o, por el contrario, a complacerme. Me froté las sienes como si así fuera a revolver mis pensamientos en mi cabeza para que éstos estuvieran más pendientes de reorganizarse en lugar de seguir torturándome.
Me levanté y me vestí despacio, con la mente en blanco. Salí del dormitorio y caminé en silencio –Naruto seguía dormido y por suerte no oyó nada- hasta el salón, esperando encontrar a Gaara e intentar hablar más calmadamente con él. Pero no había rastro de él por ningún lado de la casa. Me dejé caer, con un cansancio antinatural, sobre el sofá, ahora sí, pensando en mil cosas y sin prestar mucha atención a ninguna.
En realidad, no llegamos a hacer el amor. Puede que si por él hubiera sido, habríamos llegado hasta eso. Pero lo conocía muy bien. Debió pensar que era adelantarse demasiado y precipitar las cosas, por lo que seguramente se conformó con lo que vivimos. Total, yo le estaba demostrando que había aceptado algo que, en el fondo, me era imposible. Porque yo no quería demostrar nada. Había estado casado con una mujer y había tenido un hijo suyo. No podía llegar de la noche a la mañana y reconocer una homosexualidad que –ahora ya no lo tenía claro- no debía existir.
---
-¿Diga? –contesté con los ojos cerrados, soñoliento, notando cómo el teléfono móvil resbalaba despacio por mis dedos sin ser yo consciente casi, debido al sopor que aún me embargaba. Me vi recostado en el sofá del salón, con una pierna encima del mismo y percibiendo por dentro una extraña debilidad.
-¿Sasuke-san? –preguntó una voz insegura, como si supiera que era imposible encontrarme pero sólo quisiera asegurarse.
-Sí, soy yo –contesté extrañado, sin reconocer la voz del hablante-. ¿Quién es?
-Soy el doctor Hatake. ¿Se puede saber dónde estás?
-Pues… en mi casa –dije como lo más lógico del mundo.
-¡Ah, claro, muy normal eso! –espetó alzando el volumen. No sabía si estaba enfadado realmente o no, pero mis sospechas se disiparon rápidamente-¡Mueve el culo hasta aquí ahora mismo y ponte a trabajar como todo el mundo!
Miré el reloj de la pared. ¡No! Ya llegaba con tres horas de retraso. Me había dormido nada más levantarme por la mañana. Y esta vez sin haber puesto el despertador, si bien anteriormente no me sirvió de mucho. Pero el tiempo no espera a nadie y, ahora, yo debía recuperar el tiempo que había perdido inconscientemente. Aunque no era eso lo único que tenía que recuperar…
-Lo siento mucho, pero ahora mismo no puedo…
-Ni ahora mismo ni leches –me cortó tajante-. ¡Ven aquí ya!
No había notado a mi jefe tan enfadado nunca conmigo, siempre me había tratado bien. Pero no me importaba que eso hubiera cambiado, el trabajo ya no me importaba. Ya casi nadie me importaba. Y uno de los que sí, no pensaba perderlo tan fácilmente por un trabajo que no sólo no me llenaba como persona, sino que además cada día me dejaba un vacío más grande. Lo que no iba a aguantar es que aquel hombre me gritara como si tuviera todo el derecho a hacerlo.
-¡Le digo que ahora no puedo!
-¡¿Qué?! –exclamó más enfadado aún, seguramente por mi grito de respuesta-. ¡¿Pero tú quién coño te has creído que eres para gritarme así?!. ¡Que vengas ya!
-¿Y a usted que narices le interesa quién sea yo? –lo desafié.
-Sasuke, puedo entender tu situación, pero eso no te da derecho a ignorar tu trabajo así como así –comentó más calmado, como si mostrando una actitud más comprensiva y benévola fuera a servir para hacerme cambiar de idea-. ¡Te espero en cinco minutos!
Iba a colgar, pero yo no pensaba dejarme amedrentar. Y mucho menos iba a permitir que nadie me pisoteara como a un trapo viejo.
-¡¡Métase su asqueroso trabajo por donde le quepa!! –vociferé, justo antes de colgar. "Esos cinco minutos… podrían ser muy importantes…".
---
¿Qué se había creído?. ¿Qué yo era un simple juguete? Yo lo quería de verdad, me importaba mucho. Esa noche... ni siquiera pensé llegar tan lejos, sólo quería besarlo, sentir sus labios con los míos y paliar mis ansias de tenerlo a mi lado. Eso me hubiera bastado. Pero él accedió a continuar. Por fin me sentí verdaderamente feliz conmigo mismo. Ya no me sentía sucio y vacío. Por fin podía decirse que mi interior se había purificado de una mancha tan profunda que yo solo no era capaz de borrar.
Y por la mañana… ¿Se pensaba que no dolía? Mis esperanzas y, sobre todo, mi felicidad, se rompieron dentro de mí como si fueran un simple cristal, fino y frágil. No podía permitir que se riera de mí, que me utilizara para saciar sus ganas de sexo –aun cuando por lo menos no llegamos a tanto- y luego tuviera la desfachatez de mandarme a paseo con sus estúpidas excusas de la heterosexualidad.
-¿Diga? –me contestaron al fin por el teléfono, tras un largo rato esperando a que se dignaran a dar señales de vida al otro lado de la línea.
-Soy Gaara… quisiera… quisiera verte… Itachi.
Me dolía tanto saber que toda esta situación venía de él. Si me hubiera pasado con cualquier otra persona, un desconocido incluso, no le habría dado tanta relevancia. Lo habría mandado a tomar por culo y hubiera vuelto a mi vida tan campante. Pero Sasuke… no quería creerlo, no podía creerlo. Porque si lo creía, entonces tendría que matarme…
---
No estaba seguro de adónde debía ir. Sólo andaba. Andaba sin cesar y sin rumbo fijo, sin nada en mente y sin poder quitarme a Gaara de la cabeza. Era todo tan confuso que incluso lo encontraba muy lógico y coherente. Y eso me asustaba. Porque no podía dejar de recordar lo que vivimos, lo que sentimos. Y casi quería repetirlo. Pero no por puro placer físico. Empezaba a entender que yo necesitaba su cariño, el placer que me daba con su sola presencia, con sus palabras, su mirada juguetona que se intuía a primera vista tan fría y distante.
¿Dónde se había metido? Me arrepentía enormemente de haberle hablado así, de haber conseguido que se sintiera mal consigo mismo. Sabía que debía sentirse como un juguete sexual al que yo tomaba o dejaba dependiendo de mis necesidades, satisfaciendo mis impulsos más básicos. Y con sólo una vez que esto había pasado, era más que suficiente para que así lo creyera. Por eso ahora debía desengañarle. No me estaba comportando bien con él. No era justo.
"Gaara… no me lo pongas más difícil…".
Me senté finalmente en un banco de un parque perdido. Estaba vacío, sin nadie que pudiera inmiscuirse en mis asuntos o que me molestara. Porque yo entonces sólo quería pensar, aclarar mi mente de todas esas estúpidas y tan fáciles ideas que me invadían. Me sentía confuso conmigo mismo y con Gaara, con Naruto y con el futuro. No entendía nada, y aunque quería entenderlo, algo dentro de mí se empeñaba en cerrar las puertas que pudieran abrirse para que todo se resolviera. Me revolví el pelo con ambas manos, frustrado. Un fogonazo cruzó mi cabeza de manera precipitada. Y lloré. Suerte que el parque estaba vacío, sin nadie para verme llorar por algo tan sencillo de lo que nunca quise darme cuenta.
---
Ya era hora de volver a casa, comenzaba a declinar el Sol. Había dejado a Naruto casi todo el día con la vecina aun cuando ese día no trabajaba. Posiblemente al otro tampoco. Ni al otro… ¿Qué más daba? No me llamaba ya la atención, tal vez un descanso no fuera tan grave. Recogí al pequeño rubito y, con él en brazos, me dispuse a entrar. Pero, para mi asombro, dentro ya había gente. Encontré, en mi dormitorio, al pelirrojo recogiendo la ropa que un día trajimos, con el ceño fruncido y los labios apretados, respirando por tanto, violentamente, por la nariz. Estaba molesto.
-¿Gaara?
-¡¿Qué?! –espetó sin parar de doblar –por llamar de algún modo al amasijo de arrugas en que estaba convirtiendo su ropa-, concentrado.
-Quiero hablar contigo –le dije en voz baja, abatido-. Naru-chan,. ¿por qué no vas a ver la tele? –le dije dejándolo en el suelo e invitándole a que nos dejara tranquilos para no verse metido en lo que posiblemente acabara en discusión, tal y como se presentaba el panorama.
-¿Le pasa algo al tío Gaara? –preguntó entristecido, lo que consiguió hacer que el pelirrojo se detuviera y mirara al niño, desconcertado. No me pasó inadvertido.
-No, no, no te preocupes por eso. Sólo tenemos que hablar de una cosa –lo tranquilicé. El rubito se dio la vuelta, sin dejar de mirar de reojo al muchacho, hasta que empezó a andar muy despacio hacia la puerta, justo antes de echar a correr cuando le di una pequeña y cariñosa palmada en el trasero para que se apresurara a salir.
Por fin solos.
Miré entonces a mi amigo. En cuanto nuestras miradas se cruzaron, volvió a reflejar una actitud desafiante y desdeñosa, retomando su tarea de maltratar la ropa en un descarado intento de escucharme, pues hubiera podido terminar hacía un buen rato. En realidad, debía querer verme, aunque tampoco sabía cuánto tiempo llevaba en casa recogiendo.
-¿Y bien? –me instó a hablar a causa de mi silencio.
-Bueno, he estado pensando… pero antes de eso, al igual que Naruto, me fijé en que te pasa algo, me estás preocupando. ¿Qué te ocurre?
-¿A mí? Nada. ¿Por qué tendría que ocurrirme algo? –dijo con indiferencia.
-Estás muy raro. Y enfadado. ¿Aún estás así por lo de esta mañana? Siento mucho lo que dije, incluso lo que tú entendiste –metí la pata. No debí hacer referencia, fuera verdad o no, a que el culpable fuera él por entenderme mal-. Algo te debe pasar.
-¡Pues mira, sí! –explotó poniéndose de cara a mí-. ¡Llevo años enamorado de un tío que no me ha hecho caso en ese sentido, que se casó y tuvo un hijo al que ahora adoro y que al mismo tiempo me duele mirarlo por saber que no es mío, que a pesar de haber estado siempre a su lado, no he conseguido que sintiera nada por mí porque él no es homosexual, al que acabé chupándosela para que a la mañana siguiente me dijera que eso no debió pasar, me vi tan desesperado y dolido que por no cortarme las venas de nuevo, acabé drogándome…! –gritó sin evitar su llanto. Y yo sentí ganas de hacer lo mismo mientras escuchaba sus palabras, tan cargadas de sentimientos que me dolían incluso a mí-. ¡Ah, y no olvidemos que como ya debía suficiente dinero, la necesidad de meterme algo me impidió negarme a… a…!
Miré cómo Gaara caía al suelo de rodillas, temblando y sin parar de llorar. Quise acercarme a él, pero tuve miedo. Miedo a herirlo más si cabía. Porque, de un modo u otro, yo me sentía el culpable de todo, directa o indirectamente.
-¿A qué? –fue lo único que atiné a decir, aunque bien debí morderme la lengua y arrancármela de cuajo si con ello no escuchaba lo que seguidamente contestó.
-A que me follara un tío al que detesto y que me da tanto asco, pero aún así entró en mí para que yo pudiera tomar una mierda que me está matando y no puedo dejar de desear día sí y día también…
Lo observé boquiabierto. No podía creer que mi hermano se aprovechara de él de esa forma. ¿Pero qué estaba pensando? Por supuesto que podía creerlo. Era despreciable y renació por enésima vez en mí ese odio hacia esa parte de mi familia. Esa parte que parecía perseguirme desde mis peores pesadillas hasta la realidad de mi mundo.
Gaara… el pobre pelirrojo estaba destrozado, sus ojos me lo decían a través de la niebla de lágrimas que los cubría. Y yo lo había inducido a que se drogara otra vez, si bien me prometió que no volvería a hacerlo más. Pero claro, era yo quien le había hecho daño, no tenía por qué cumplir su promesa para conmigo. Era más que comprensible, no podía reprochárselo. Eso sí, no pensaba dejar que se marchara de casa, tal y como parecía estar pensando mientras recogía su ropa. Ahora mi deber era enmendar mi error y ayudarlo a seguir adelante.
-Pequeño… -susurré agachándome a su lado y posando mi mano en su cabeza.
-¡No me toques! –exclamó apartándose violentamente, cayendo por tanto hacia atrás-. ¡Y no me llames así!. ¡No soy tu pequeño!
Lo miré entristecido. ¿Tanto había llegado a odiarme en un solo día? No era posible. De hecho, es lo que él intentaba, pero ambos sabíamos que en realidad no podía odiarme. No al menos como él deseaba en esos momentos. Me aproximé apenas nada, imperceptiblemente. Y entonces, impulsivamente, me lancé sobre él y lo abracé con vehemencia, estrujándolo entre mis brazos mientras él se revolvía frenéticamente, tratando de zafarse.
-¡Suéltame!. ¡Te dije que no me tocaras!. ¡Que me suel…!
-Pequeño… Pequeño… Pequeño… -repetí en su oído incansablemente, mientras dejaba que mis lágrimas resbalaran hacia abajo, sujetándolo con fuera para que no escapara. Mis palabras lo calmaron e hicieron que se callara, pero seguía moviéndose con fuerza para alejarme de él. Hasta que seguí hablando, haciendo que se quedara paralizado-: Eres mi pequeño…
Nos quedamos en silencio; yo abrazándolo con todas mis fuerzas, él inmóvil y supongo que intentando asimilar lo que acababa de decir. Parecía todo un sueño difuso que se paseaba por nuestras mentes, de una a la otra, sin previo aviso y con total libertad. Pero lo cierto es que era aquello que Gaara había estado queriendo desde hacía tanto tiempo, en silencio, gritándolo para sí mismo sin que yo lo supiese hasta hacía poco. Aquello que yo nunca quise comprender pero siempre había estado ahí, en mi interior, como una parte de mi ser inseparable.
-¿Sasuke?
-¿Hum?
-¿Qué estás diciendo?
-Que eres mi pequeño –susurré melosamente, esbozando media sonrisa, invisible para él, pero que, a fin de cuentas, mostraba cómo se habían disipado todas mis dudas. Me separó despacio de él y me miró con los ojos muy abiertos, sin llegar a entender al cien por cien.
-Pero…
-Schhh –puse un dedo en sus labios, haciéndole callar. Mejor era no decir nada en ese instante. Mejor dejar que hablasen nuestros ojos, sin interferir nosotros. Así todo se haría más fácil de decir; más fácil de comprender. Sobre todo, para mí.
Gaara sonrió ampliamente, por debajo de las lágrimas que no dejaban de salir. Creo que lo hice feliz. Todo era nuevo y extraño para mí, pero para él… era un sueño hecho realidad. Y tal vez, al descubrirlo, eso me bastó a mí para responder a esa sonrisa con otra igual. Acababa de darme cuenta, sin quererlo, que lo que más me importaba era que él fuera feliz, por encima de todo. Y si podía ser yo el causante de esa felicidad, creo que entonces sería yo también feliz. ¿Era eso amor?
Acerqué mi rostro al suyo con parsimonia, sin dejar de mirarlo a los ojos. Sus mejillas se tornaron rojizas, con ese leve resplandor que trataba de imitar a su pelo. Suspiré sobre su boca, que reaccionó abriéndose levemente para dejar escapar un quejido ahogado de la impresión. Y más consciente de mis actos que muchas veces en mi vida, junté nuestras bocas en un beso que distaba mucho de los que compartimos por la noche. Acaricié su mejilla sin dejar de mirarlo, mientras él hacía lo mismo. Al tiempo que nos besábamos, sintiendo cómo nuestras lenguas buscaban desesperadamente la del otro cuando la perdía, nos mirábamos fijamente sin dejar de hablar en silencio, sin dejar de sentir lo que tanto nos gustaba y que yo siempre había querido ocultar.
Cuando nos separamos, el muchacho rompió a llorar desconsoladamente, entrecerrando los ojos mientras éstos brillaban por las copiosas lágrimas. Era un llanto bello y puro, pero al mismo tiempo, lleno de un sufrimiento extraño que no acababa de entender. Me rodeó el cuello y hundió el rostro en mi hombro, con ligeras convulsiones incontrolables. Acaricié su espalda con delicadeza, de arriba abajo, para transmitirle todo el poyo y comprensión que era posible.
-¿Qué pasa?
-Rompí mi promesa –dijo muy quedo-. Y además me acosté con Itachi…
Sonreí tristemente, sin que me viera. Lo ayudé a ponerse en pie y caminé hasta la cama, donde hice que se tumbara. Salí rápidamente del cuarto y le dije a Naruto que viera la tele hasta la hora de la comida. Al regresar al dormitorio, me encontré al pelirrojo acurrucado y sollozando, como si le hubieran apaleado y apenas pudiera moverse salvo para agarrarse a sí mismo y autocompadecerse. Se me hizo un nudo en la boca del estómago. Me acerqué a él y me senté en el borde de la cama, posando mi mano en su hombro y mirando su espalda.
Silencio.
Me quité las zapatillas y subí las piernas en la cama. Me deslicé con suavidad hasta su lado, pasando un brazo por su cintura y abrazándolo por la espalda, apretándome contra él. Por mucho que estuviera más que claro, deseaba que supiera que estaba ahí, que me tenía para lo que necesitase y no pensaba dejarlo solo. Y todo eso, sin palabras. Eran innecesarias. Él siguió llorando, ahora en silencio, mientras con una de sus manos agarraba la mía, y terminaba por entrelazar nuestros dedos, impidiéndome apartarla.
-Tranquilo –dije pausadamente-. Duerme y descansa. Ya arreglaremos esto como sea. No por algo… se supone que estamos juntos... ¿no es así?
Aquí se ha acabado el capítulo de hoy. Debería decir lo de "Continuará...", para que quede más misterioso, no? xD No, da igual, si sabéis de sobra que esto va a continuar, porque soy más cansino que el de "Cruz y Raya" xD... : "el cansino, ha llegado el cansino, señores, el cansinooo..." xDDD (Bueno, quien me haya escuchado decirlo en persona, con mi velocidad al hablar, sabrá que puedo ser estresante xDDD). Y no sé, que este capítulo tampoco me gusta mucho (volvemos al principio), y mucho menos el principio. Sobre todo porque creo que le he dado a Naruto una personalidad y demás más madura de tres años, pero en fin, lo siento. Aunque la parte de la reconciliación y tal, aunque sea muy cutre, sí que me gusta, al menos en mi mente es tan... bonita? Bueno, que si no lo hubiera escrito yo, a lo mejor hasta me hacía llorar... (no os imagináis lo difícil y meritorio que sería eso... xD). Ains, que me enrollo, voy a contestar el review que me queda del capítulo anterior:
Valentina: hola!! Bueno, no es que dijera que quedaba fuera de lugar, sino que me daba la impresión de que quizá pareciera un poco de "transición", como si la historia no perdiera sentido sin ese capítulo. Aunque en el fondo, véis que sí que perdería, o eso creo yo. Y sí, los flash backs los seguiré usando, y también los cambios de "mente", como se ve en este capítulo. He de decir que la parte en cursiva es porque se trata de Gaara. Creo que está claro, pero por si acaso... Ya dije que a partir del capítulo anterior lo explotaría bastante. Y sí, tú también los usas muy bien (es que de verdad que quedan guays xD)... pero no dejaré de indicarlo poniendo "Flash Back", lo siento... soy un poco torpe... Ah! Me alegro que no parezca que va rápido la cosa, porque creo, desde mi experiencia, que de rápido nada... bueno, ya lo sabes tú muy bien lo que a mí me costó... xD (Ahora que pienso... también fueron 3 años, no? xD). Y sí, todo lo que pasó al final fue real. Espero que no haya dudas en la parte que la mente de Sasuke se inventó. Y sobre mis partes explícitas... por qué dices que "parece que ya tenga experiencia"? Si es que la tengo, sé bien de lo que hablo... xDDD Es broma, ojalá. No sé, lo cierto es que trato de imaginar lo que yo sentiría en ese momento para hacerlo lo más real posible. Por supuesto, en caso de tener experiencia, como tú dices, me quedaría mucho más real, eso seguro. Y no, no entiendo eso de porqué te echas a llorar... así que me lo tendrás que explicar, que conste... que es sexo... llorar por eso, no entra en mi lista de "lo entiendo perfectamente" xD. En fin, gracias por tus últimas palabras, no tengo nada que contestar... v.v Lo siento. Que te vaya a ti también y aquí lo dejo, que al final voy a hacer tu contestación más larga que el capítulo como me descuide n.n' Así que nos vemos, cuídate mucho. Arrivederci!
