La Diferencia entre el sexo y el amor II

Capítulo VIII: Fiel a ti eternamente

"Unidos"

Con todo el pesar de su alma, salió corriendo de aquella casa que antes podía considerar suya, en donde convivía en completa armonía y devoción junto al que llamaba "su esposo" Eiri. Había sido engañado sin contemplaciones, ahora su cuerpo se movía por aquel impulso llamado cólera, decepción, traición. Muy a pesar de que se había dispuesto a creer ciegamente en él, acabó siendo golpeado por la espalda. Lloró mientras avanzaba su caminata hacia un nuevo rumbo. El saber que su vida al lado de él no había sido más que una farsa…realmente le dolía, porque él lo había entregado todo e incluso habría dado mucho más por Eiri. Y él… ¿cómo le había pagado todo este tiempo? Engañándolo, burlándose de él, le había ocultado aquella aventura que tuvo con esa mujer…que ahora se atrevía a reclamar muy airosa la paternidad del rubio. Pero Shuichi pensaba que su peor error fue…que su voz había sido derrotada por el silencio, por ese amor devoto que sentía hacia el escritor, era tanta la intensidad de aquel amor…que habría hecho lo que fuese. Si Eiri sabía como era el amor que el pelirosa sentía hacia él… ¿por qué lo había traicionado así?

Pero… ¿podría irse y dejarlo así, sin más?

¿Podría realmente alejarse de él y dejar las cosas como estaban?

- Tengo que hacerlo.

Pero nuevamente pensaba en él, sin importar cuanto hiciera por olvidar su rostro. ¿Qué debía hacer para culparlo sin piedad y herirlo como lo había herido a él? No podía envenenar sus pensamientos ni su mente por aquel novelista que tanta felicidad le había proporcionado, al fin y al cabo nunca podría ser capaz de mirarlo a los ojos y decirle que no lo amaba, ya que sería la mentira más vil y compungida del universo. Amor por Eiri…sentía de sobra. Siguió caminando rápidamente muy alejado de su esposo, sin importarle tener que arrasar con la cáfila de personas alrededor suyo que en todo momento diseminaban al cantante por obtener la exclusiva del día sin importarles los sentimientos de los involucrados en tan polémico tema.

Pero el acosado solo siguió caminando, ya casi llegaba a su destino.

Pronto todo estaría bien. Pronto podría llorar hasta el cansancio si eso quería, porque con esa persona no tenía que temer ni fingir nada.

- Shuichi… ¡que bueno que has llegado! –dijeron delante del pelirosa.

- Hola, mamá. Estoy en casa.

La madre de Shuichi le permitió a este último el acceso a su hogar y cerró con mucha molestia la puerta de entrada, dejando impacientes a los reporteros que decidieron no darse por vencidos, no hasta que tuvieran noticia alguna que llevar a un periódico. La mujer se dirigió a la cocina mientras que Shuichi se acomodaba en uno de los sillones de la espaciosa sala que siempre que venía se le hacía demasiado grande. Miro todo alrededor de él, absolutamente nada había cambiado en aquella mansión en la que antes él solía vivir en conjunto con aquella deferente familia.

- ¿Por qué no te recuestas un rato, Shuichi? Debes sentirte cansado.

- No lo necesito, mamá. Solo…quiero hablar contigo.

Su madre de corazón se acercó a él a paso muy lento y tranquilo, mientras que Shuichi se recostaba en el sofá, ya sofocado y aturdido por los últimos acontecimientos sucedidos en torno a él y a Eiri, su aún amado esposo. Amado…y crapuloso. Ella se sentó al costado de su pequeño hijo, sin mirarlo, esperando que fuese él quien iniciara su plática.

- Dime, mamá… ¿lloraste mucho cuando mi padre falleció? -preguntó a su vez que se sentaba nuevamente.

- Por supuesto, él siempre será el amor de mi vida y el perderlo fue muy doloroso…

- Pero al menos él jamás te traicionó, siempre se mantuvo fiel a ti.

La castaña abrazó a su hijo maternalmente, como pocas veces había tenido la oportunidad de hacerlo. Sabía a la perfección que su hijo, su pequeño Shuichi estaba atravesando un momento difícil y su deber como madre era cuidar de él y consolarlo si se presentase el caso. No es que fuese una madre modelo o admirable, simplemente le nacía ese amor por aquel pelirosa que realmente no era su hijo, sin cognación alguna, pero que consideraba como tal, como un canoro de esperanza, como un corpúsculo de convicción y de ternura. El pelirosa inmediatamente dejó fluir sus lágrimas por sus mejillas ligeramente carmines, asustado, decepcionado, dejando en evidencia tales sentimientos tan compungidos.

- Mi pequeño se siente traicionado y dolido… ¿Él ha decidido no confiar en la persona que más ama en el mundo?

- Fue tan doloroso, mamá –espetaba apenas, ya que las lágrimas lo hacían inútil de hablar.- Fue tan doloroso enterarme y verlo rogándome porque no me fuera de la casa.

- Si te rogó por algo de credulidad de tu parte, eso quiere decir que quería tu apoyo… ¿Se lo diste?

- ¡Te juro que traté, mamá! Ignoré los comentarios de la prensa cuando comenzaron los rumores, me tragué el orgullo aún cuando ellos decían que no podía ganarle a esa mujer a pesar de ser su esposo. Y luego, la prueba del ADN…Ese fue el límite de mi paciencia.

- Shuichi, no es que conozca demasiado a Eiri, pero…si él te rogó que le creyeras aún a pesar de los rumores, eso quiere decir que él estaba intentando buscar pruebas para demostrar su inocencia. Él no es del tipo de hombres que retienen a su pareja por algo inevitable. Tú lo conoces mejor, deberías haberte dado cuenta.

- No puedo perdonarlo, mamá. Me siento muy dolido.

- Lo sé, mi pequeño. Solo espero que cuando estés mejor…no sea demasiado tarde.

Shuichi se recostó en las piernas de su madre mientras que esta le sobaba dulcemente la cabeza, repitiéndole una y otra vez que todo estaba bien, que no debía temerle a nada, que solo debía pensar bien las cosas y poner en orden sus ideas esparcidas por aquel remolino llamado duda. Ella sabía mejor que nadie como era su hijo de contumaz y capitulado cuando se sentía traicionado por alguien importante para él. Así era el antiguo Shuichi, el pequeño infante que encontró claudicado en una noche de nieve hace ya más de diez años, resentido y traicionado. Pero no…ella no iba a permitir que su hijo olvidara como perdonar…Dejó de proporcionarle aquellas tiernas caricias para luego sentir que el pequeño se había rendido ante el encanto hechizante de Morfeo, aun con las lágrimas estropeando su hermoso rostro demacrado.

- Mi pequeño, de verdad espero que no sea demasiado tarde…Tienes que ser fuerte, por Eiri también.

&.&.&

La luz de la luna se colaba rápidamente por la ventana de su casa, ahora ya no había nadie dentro de ella, más que él, solo él y su tan amada soledad. Ya no escuchaba los chillidos de Rikku ni mucho menos podía quejarse de la voz "odiosa" de su pequeño Shuichi, porque se había ido, lo había abandonado muy a pesar de que se humilló nuevamente a sí mismo par rogarle que se quedara en la casa y creyera en su inocencia, pero no sucedió ni lo uno ni lo otro. Fue completamente abandonado…por su mayor adoración, por quien creía tenía un amor ilimitadamente devoto hacia él, incapaz de dejarlo por ningún motivo.

- Se siente…tan solitario. –dijo a su vez que introducía un cigarrillo en su boca. Sin embargo, en seguida lo tiró al suelo.- Ya nada me contenta.

- Supongo que yo podría ser de ayuda.

De repente sintió como la luna dejó de emitir aquella preciosa luz, una sombra que le parecía sumamente repulsiva y tenebrosa la había bloqueado completamente, dejándolo entre pura oscuridad. Esa horrible sombra…había echado a perder la catarsis de aquella hermosa luminosidad divina. Se puso de pie sin siquiera mirarla de frente, le dio la espalda y en aquella postura se quedó. Empezó él la charla.

- Lárgate de mi casa.

- Ahora no hay nadie ¿verdad? Creo que debería hacerte compañía.

- No la necesito. Lárgate de mi casa ahora mismo. Si te vuelvo a ver…soy capaz de matarte.

- Atrévete si puedes. Sabes muy bien que si lo intentas…todo Japón enardecerá por la noticia de que su más amado escritor es un maldito asesino.

- Eres una maldita venenosa. Lárgate y esparce tu veneno por otro lado. ¿Acaso piensas que voy a darle mi apellido a ese niño? No te equivoques, porque voy a descubrir tu maldito juego.

- Aunque seas capaz de descubrirlo, ya es tarde.

El ambiente se silenció repentinamente. La miró, ignoró por ese momento su rara vestimenta, cubierto su rostro con un pañuelo blanco. Su creativa mente no lograba liar las ideas y asimilar las palabras escuchadas por su ex amante. Su mayestática actitud de hombre firme y serio se fue a la basura apenas pudo entender las últimas palabras mencionadas por Tania, su cuerpo ardía en furia, su corazón estaba a punto de estallar, como si quisiese desquitarse con algo…o alguien.

- Entonces…lo del ADN fue un engaño. Me engañaste para lastimar a Shuichi. M-Maldita…

- Ya todo está hecho, Eiri…No hay forma de volver atrás.

- Desgraciada, ni pienses que voy a reconocer a tu bastardo. Bájate de tu nube de una buena vez. Si sigues con esto…la vas a pagar caro. ¡Tengo que ir con Shuichi y hablarle!

- Ya veremos…si podrás hacerlo.

La hermosa rubia descubrió su rostro y para la sorpresa absoluta de Eiri, se encontraba levemente golpeada en la cara. Al principio no comprendió, la vio sonreír cínicamente como siempre lo había hecho desde que la conocía. Lo que ella hizo a continuación lo dejó totalmente asustado y desconcertado.

- ¡Por favor, ayúdenme! ¡Me va a matar! ¡Auxilio! ¡Policía!

Se arrojó al suelo ella, llorando desconsoladamente mientras que Eiri no sabía qué hacer. Ella lo miró, totalmente fuera de órbita, nervioso y enojado a la vez. Sonrió burlándose…mientras que le dirigía unas últimas palabras al escritor de ojos mieles.

- Si no te quedas conmigo…tampoco te quedarás con él. Sin que te dieras cuenta vine con un par de policías llenándolos de cuentos sobre ti y tu agresividad. No tardarán en venir después de haber escuchado mis gritos.

Shuichi

- M-Maldita…

- Adiaŭ, Uesugi Eiri…

&.&.&

Había dormido demasiado durante la tarde gracias a las dulces caricias de su madre, ahora sufría de un pesado insomnio. Solo se la había pasado pensando en cómo estaría Eiri sin él. Nuevamente manaba en él un inmenso sentimiento de culpa y de dolor por haber claudicado al escritor. Totalmente cogitabundo…no se dio cuenta en que momento los enormes gritos de su hermana pequeña invadieron completamente la casa en la que se encontraba hospedado.

- ¡Shuichi! ¡Shuichi!

- Maiko, hija, ¿por qué estás gritando así?

- Mamá, no vas a creer lo que acaba de salir en la TV.

- Maiko, no lo sabré si no me lo dices, hija.

La chica prendió el aparato totalmente nerviosa, preocupando aún más a su madre, quien no entendía qué razón pondría a su atolondrada hija en ese estado tan lunático. Shuichi salió hacia la cocina para beber algo, cuando escuchó una importante noticia en la televisión…que lo dejó helado.

"En exclusiva: El famoso escritor Uesugi Eiri es detenido por oficiales de la policía al haber atentado contra la vida de una mujer quien le reclamaba la paternidad de su hijo. Creemos que por estas causas, su esposo, el cantante de BAD LUCK, se separó de él."

- M-Mamá… ¿qué es lo que están diciendo en las noticias?

La mujer volteó a ver a su hijo mayor, entre lágrimas.

- ¡Han apresado a mi cuñado, Shuichi! –gritó a toda voz su hermana.

- N-No puede ser… ¡Eiri no! ¡Eiri no puede…! ¡Él jamás sería capaz de golpear a alguien!

Apenas pudo recuperar el aliento al gritar y ya lo había perdido de nuevo. Cayó rendido hacia el suelo, auxiliándolo después su familia, no podía detener las lágrimas de desesperación. Ahora sí que esto no cuadraba para nada. Eiri no sería capaz de golpear a nadie, mucho menos a una mujer. Él que siempre cuidaba su imagen, él que siempre era un tipo serio y centrado, que no se dejaba llevar por sus impulsos. Indudablemente, Eiri no era responsable de tal bajeza, lo conocía muy bien. Y lo peor es que ahora…ya no podía dudar de Eiri.

- ¡Hijo, tienes que ser fuerte!

- No puede ser. Eiri no sería capaz… ¡Es mentira!

- ¡Maiko, trae agua! ¡Rápido!

- ¡Si, mamá!

No podía recuperar el aliento a pesar de que luchara por ello. Por fin podía ver a Eiri de nuevo y era de la peor forma: Detenido, a punto de ser encerrado en una jaula para criminales. "Un criminal" Él no era un sucio bandido capaz de cometer un crimen, eso podía jurarlo poniendo su vida de por medio.

El timbre de la entrada sonó repetidamente sin detenimiento.

- ¿Quién es? –preguntó la madre de Shuichi.

- ¡Abran por favor! –se oyó tras la puerta.

- ¡Es Mika-san, estoy seguro! ¡Mamá, abre, por favor!

Ella hizo caso al pedido de su hijo. Se dirigió a la entrada y abrió la puerta. La ola de reporteros ponían sus manos al lumbre por tratar de entrar a pesar del forcejeo, todos querían una explicación acerca de la reciente noticia del apresamiento de Eiri. Mika entró difícilmente junto a la dueña de la casa y cerraron entre ambas la puerta. La cuñada de Shuichi inmediatamente se acercó a él y le ofreció el teléfono.

- Mika-san…

- Él me llamó y me ha pedido que te pase el celular.

- ¿Él? ¿Eiri...?

Ella asintió. Shuichi tomó de inmediato el aparato.

- ¡¿Eiri?!

Mocoso idiota, no grites tanto. Puedo oírte sin necesidad de que levantes la voz.

- Amor… ¿qué te pasó? ¿Por qué esa mujer te acusó de…? –preguntó entre lágrimas.

Tonto, no tienes que llorar. Esa mujer…admitió que alteró las pruebas de ADN para que yo asumiera la paternidad de ese niño.

- Eiri…-la culpabilidad lo invadió.- perdóname…No debí dejarte solo.

Ya me las cobraré contigo después…Shuichi, de verdad, te amo…no dudes de mis palabras. Puede que sea la última vez que te lo diga.

- No digas estupideces, tú vas a salir libre. Lo juro.

Llamé a Mika primero porque me va a ayudar a encontrar las pruebas para salir de aquí. Ya sabes que solo tengo opción a una llamada, por eso preferí hablar con Mika y después le pedí que corriera a buscarte para que hablara contigo.

- Pero… ¿y qué hay de la fianza?

La fianza que ella quiere es que le de la mitad de mis bienes, que reconozca a su hijo y también que lo mantenga. Sé que tengo mucho dinero, pero en base a sus condiciones, no voy a darle el gusto, además no perderé mi dinero por ella cuando ni siquiera lo merece.

- Eiri…Iré a verte ahora mismo…

Por ahora las visitas están prohibidas. Déjame arreglar esto, Shuichi. Te juro que todo saldrá bien. Créeme esta vez, por favor.

- Lo sé. Te creo, Eiri.

Ya tengo que colgar, se acabó mi tiempo.

- N-No, por favor, no te vayas.

Todo está bien. Cree en mí. Y, Shuichi…

- ¿Dime?

Te amo con toda el alma, seré fiel a ti eternamente.

Se colgó la llamada. Shuichi comenzó a llorar.

- Y yo a ti, amor. Te amo y siempre seré fiel a ti. Eiri, te amo…

Continuará!

N/a: Resucité minna! Je, je, je. Bueno, les daré un adelanto como siempre. Shuichi se enfrenta a la prensa defendiendo en todo momento la imagen de Eiri, mientras que Tania vuelve a la luz nuevamente yendo a visitar a Eiri para burlarse de él. Se encuentra con Shuichi en la cárcel, cara a cara. El pelirosa defiende su puesto como esposo de Eiri ante la muchedumbre. Por otro lado, Touma y Mika reciben la visita del verdadero padre del pequeño hijo de Tania. ¿Será esta la salvación de Eiri?

No se pierdan el próximo capítulo: Nuestro amor solemne.

Bye bye!