"La mejor manera de pagar por un momento encantador es disfrutándolo."
Ocho Años después.
Era una noche hermosa a pesar del frío. Diciembre estaba llegando a su fin y una gruesa capa de nieve cubría las aceras y los tejados de las casas, todo brillaba de blanco. Las navidades eran las fiestas favoritas de los Potter, probablemente, porque eran los días en que se reunían con el resto de la familia. Algunos años, los pasaban con los Malfoy; y otras, con los Weasley. Mientras que las fiestas en la mansión, en compañía de sus amigos, solían ser tranquilas y relajadas, las reuniones en la Madriguera siempre dejaban anécdotas que serían recordadas por años. Era de esperar porque la casa se llenaba de niños pequeños, todos los Weasley visitaban también a los abuelos y la familia se multiplicaba entonces por cuatro. Algunos de sus sobrinos eran, por supuesto, pequeños terremotos; no se podría esperar menos del hijo de George Weasley, y el carácter travieso de Dominique podría atribuirse también a la influencia de sus tíos. Harry pronosticaba que las cosas serían más difíciles de controlar en cuanto James – o los nuevos gemelos Weasley, que según Luna les había dicho, ya comenzaban a caminar – fueran un par de años mayores.
- … Oh, y mamá vino a visitarnos esta tarde – le comentó Ginny durante la cena. Ella estaba meciendo en brazos a Albus, que acababa por fin de quedarse dormido, y Harry negociaba con James para que se acabara la cena. – Sigue quejándose de que cada año debe hacer más suéteres para estas fechas. Me parece que este año comenzó a tejer en julio… ¿cómo te ha ido a ti?
- No hubo avances, resulta frustrante… - dijo Harry, suspirando cansinamente – Por otro lado, Neville fue a cubrir la charla de Defensa contra Las Artes Oscuras por mi ayer, y me ha contado que la profesora McGonagall se retirará al final del próximo curso, parece que Phoebe Spleen ocupará su cargo como directora. Y Sprout también se retirará, así que Neville piensa pedir el puesto como profesor de Herbología.
Ginny sonrió. Podía ver totalmente a Neville como profesor en Hogwarts.
- Seguro que se lo darán. Siempre se le ha dado muy bien. ¿Pero entonces se mudarían los tres a Hogsmeade? ¿Neville, Daphne y Frank?
- Es lo más probable. Aunque de momento no es más que una posibilidad – dijo Harry -. Sería una gran pérdida para el departamento.
Harry había decidido ser auror por una razón: evitar que algún otro mago o bruja tenebroso reuniera tanto poder como Ryddle en su momento. Y aunque – por fortuna – el mundo era mucho más seguro ahora de lo que había sido durante las dos décadas pasadas, todavía había males que arrancar de raíz, y más frecuentemente de lo que a ellos les gustaría. En las últimas tres semanas había habido dos asesinatos de muggles que el Ministerio presumía había sido consecuencia de una maldición asesina, ya que no había quedado rastro alguno. Ginny sabía que era algo que tenía preocupado a Harry, como líder de su escuadrón.
- Lo encontrarás pronto – le aseguró ella con confianza, regalándole una sonrisa – Lo sé.
Harry se inclinó hacia ella para darle un beso.
- Gracias. Pero ahora, cuéntame cómo ha ido lo del Profeta.
- Oh, lo olvidé por completo. Dijeron que estaban buscando cronistas para los juegos, y me ofrecieron un trabajo. Podría hacer casi todo desde casa, lo cual nos iría muy bien, aunque claro, tendría que ir a los partidos…
- ¿Pero te gusta la idea? – preguntó Harry.
Ginny realmente no necesitaba trabajar, no por el dinero al menos – algo de lo cual habían hablado un par de veces -, pero dado que había renunciado a seguir jugando al Quidditch, necesitaba hacer algo más para sí misma.
- Creo que no están tan interesados en mis posibles habilidades para narrar el juego que por el hecho de que mi nombre aparezca al pie de los artículos – dijo Ginny distraídamente, mientras se inclinaba con una servilleta en mano para limpiar la mejilla de James, sucia de comida.
El peso del nombre, como siempre. Harry comenzaba a asimilar que, tal vez, la gente nunca olvidara, y que él seguiría siendo "El Elegido" y "El niño que vivió" para la comunidad mágica por mucho tiempo más. Aparte del hecho de que ser recordado por sucesos tan desgarradores era doloroso para él, lo que más le preocupaba siempre era el efecto que tendría en toda su familia. Ginny lo llevaba bien, porque ella era una mujer fuerte, ¿pero sus hijos? ¿Qué pasaría cuando James y Albus crecieran?
- …pero será divertido - continuó Ginny, sonriéndole, y Harry sonrió de vuelta -., y como dije, puedo hacerlo casi todo aquí en casa. Creo que voy a tomarlo.
Kreacher les ayudó limpiando la cocina, mientras ellos iban a acostar a los niños. Albus, que había sido totalmente lo opuesto a James desde que nació, siguió durmiendo plácidamente cuando Ginny lo dejó en su cuna. Allí donde James era todo un Weasley, Albus era la viva imagen de su padre, incluso había heredado sus ojos color esmeralda. Seguramente el carácter tan tranquilo también lo había sacado de Harry, porque Ginny estaba segura que ni ella ni ninguno de sus hermanos fueron así.
Acostaron a James en su cama, se sentaron a su lado, y le leyeron un cuento antes de dormir. Algunas veces lo hacía ambos, había días en que uno de los dos estaba muy cansado y se turnaban la tarea, pero en general, ese era uno de los momentos que podían compartir en familia. James no tardó en dormirse luego de que le contaran el cuento, ya que se había pasado la tarde jugando con la escoba de juguete que Harry le había regalado – ambos solían comentar orgullosos ese detalle a sus amigos y a la familia, porque por supuesto un hijo de Harry Potter y de Ginny Weasley tenía que jugar Quidditch algún día -. Dándoles a ambos los besos de buenas noches, Harry y Ginny permanecieron un rato en la puerta, a oscuras, observándoles descansar.
- No puedo creer que estén creciendo tan rápido. – Dijo Harry – Estoy seguro de que James ha crecido un centímetro desde esta mañana hasta ahora.
Ginny rió ante la exageración de su esposo y lo abrazó, apoyando la cabeza en el hombro de Harry. Se quedaron allí, en la comodidad y la paz del silencio por un rato más.
A Harry le gustaba pensar, en esos momentos de perfecta paz con su familia, que sus padres estarían orgullosos y felices con él. Que Sirius, y también Lupin, se sentirían orgullosos. No pasaba un día sin que él los recordara, a ellos y a todos los que habían muerto en la guerra, por causa suya. Ginny diría que no era su culpa, pero evitar sentirse de esa manera era imposible: demasiadas vidas se habían perdido. En cierta manera, su motivación para hacer lo mejor de su vida había sido por varios años el pagar, al menos en parte, lo que otros había hecho por él. Si hacía las cosas bien, tal vez un día podría ser perdonado.
Sin embargo, su motivación cambió con la llegada de James y de Albus. Lo más importante, la razón que impulsaba todas sus acciones, era la felicidad y la seguridad de sus hijos. Entendía mejor que nunca lo que sus padres habían hecho, muriendo por él, porque él haría lo mismo por los niños. James y Albus lo valían todo. Para ellos, necesitaba construir un mundo mejor del que había recibido.
- Bueno, dejémosles descansar – dijo Ginny, tirando suavemente de su mano. Sus ojos brillantes estaban fijos en él, y Harry volvió a maravillarse de cómo ella podía volverse más hermosa cada día – Ven, vamos a la cama.
Harry asintió. Todavía tenía el día de mañana para estar con ellos. Y con suerte, el siguiente. Con un poco más de suerte, toda la vida. Definitivamente, estaría del lado de su familia todo el tiempo que la vida le pudiera regalar.
